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sábado, 22 de febrero de 2020

La fiesta de la Cátedra de san Pedro que hoy celebramos nos invita a vivir en comunión con Papa y con toda la Iglesia universal escuchando la Palabra que nos guía




La fiesta de la Cátedra de san Pedro que hoy celebramos nos invita a vivir en comunión con Papa y con toda la Iglesia universal escuchando la Palabra que nos guía

1Pedro 5, 1-4; Sal 22; Mateo 16, 13-19
Hoy es una fiesta litúrgica muy especial para toda la Iglesia aunque con especial relevancia en la Iglesia de Roma. Es por eso por lo que hemos vuelto a escuchar el evangelio que recientemente se nos ha ofrecido en la liturgia de cada día del tiempo ordinario. Hoy es la fiesta llamada así de la ‘Cátedra de san Pedro’.
¿Qué significado tiene? La cátedra es la sede desde la que enseña el maestro, el catedrático. Algo así como la silla donde se sienta para impartir con autoridad su enseñanza. Para que un poco nos entendamos recordemos que los profesores titulares, podríamos llamarlos así, de una universidad son los catedráticos, tienen cátedra, tienen la autoridad de la enseñanza porque así se le reconoce siendo así algo más que un titulo, porque es la autoridad de su saber, de su enseñanza.
Hablar de la Cátedra de Pedro es pensar en la autoridad que le dio Jesús sobre toda la Iglesia. ‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré la Iglesia… Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’. Así lo hemos escuchado hoy en el evangelio, como podríamos recordar que le dice que se mantenga firme para que confirme en la fe a los hermanos. Y ya sabemos como después de la resurrección allá en la orilla del lago de Galilea le confirma esa misión tras aquella triple declaración de amor, ‘apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos…’
Antes de la reforma del calendario litúrgico tras el concilio Vaticano II había dos fiestas de la Cátedra de Pedro, una celebrada en este día 22 de Febrero que era la llamada Cátedra de Antioquia, y el 18 de enero se celebraba la Cátedra de Roma. Se unificaron en una sola celebración en este día sin mención especial al lugar sino al hecho de la Cátedra.
Así como tenemos en Roma con todo esplendor el signo de esa Cátedra y recordamos como en la Basílica de san Pedro el Ábside de la Basílica está totalmente dedicado a la Cátedra de Pedro, sin embargo en Antioquia de Siria – hoy territorio turco – que tanta importancia tuvo en la iglesia primitiva porque allí fue donde primeramente se llamaron cristianos los seguidores del camino de Jesús no quedan restos ni señales como no hay vestigios del cristianismo primitivo. Recordemos todo lo que se dice de la comunidad de Antioquia en los Hechos de los Apóstoles. En las afueras de la ciudad nos encontramos unas ruinas muy mal conservadas de lo que pudo haber sido un templo que nos recuerdan esa Iglesia primitiva y esa cátedra de Pedro en aquel lugar. He podido tener la suerte de estar en ese lugar.
Pero centrémonos en lo que ha de significar esta fiesta y celebración en nuestra vida cristiana. Una invitación a la comunión, porque nos sentimos una Iglesia de Cristo que en comunión con el Papa y todos los Obispos, sucesores de Pedro y de todos los apóstoles conformamos la Iglesia de Cristo sobre la tierra. Una invitación a dejarnos conducir y a dejarnos guiar, manteniendo íntegra nuestra fe, alimentando ese amor de comunión en la celebración de la Eucaristía y de todos los sacramentos, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios que con toda fidelidad nos transmite la Iglesia. Sabemos que la Iglesia está asistida por la fuerza del Espíritu del Señor que nos prometió que estaría siempre con nosotros hasta el final de los tiempos.
Esa Iglesia que conformamos todos los que creemos en Cristo como nuestro Salvador, aunque en medio de debilidades y también muchas veces oscuridades queremos mantener íntegra nuestra fe y nuestro amor. Porque confiamos en la asistencia y fuerza del Espíritu nos sentimos seguros en nuestro caminar y nos sentimos fortalecidos para el amor y para la comunión. Es una invitación a que nos sintamos Iglesia, a que amemos a la Iglesia como cosa nuestra que es, a que con orgullo nos manifestemos también como miembros de esa Iglesia y la defendamos también cuando es necesario.
Es ese espíritu de comunión el que nos hace escuchar con toda atención y amor la enseñanza de la Iglesia que nos llega por el ministerio del Papa y de los Obispos. Prestemos atención a su palabra, a su enseñanza.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La Dedicación de la Catedral-Basílica de san Juan de Letrán en Roma nos ayuda a vivir una profunda comunión con el Papa y con toda la Iglesia

La Dedicación de la Catedral-Basílica de san Juan de Letrán en Roma nos ayuda a vivir una profunda comunión con el Papa y con toda la Iglesia

Ezequiel 47,1-2.8-9.12; Sal 45; 1Corintios 3,9-11.16-17; Juan 2,13-22

Si escuchamos la palabra ‘catedral’ todos más o menos tenemos una idea a lo que nos estamos refiriendo aunque muchas veces nos quedemos en la idea de esa iglesia grandiosa, quizá monumental por el arte en que ha sido construida y que existe sobre todo en grandes ciudades; más o menos sabemos que tiene como referencia al Obispo porque viene a ser el centro de ese territorio que es la diócesis en la que está; pero algunas veces existe una confusión entre lo que es una catedral y lo que es un monumento como sucede en algún sitio que llaman catedral a una iglesia simplemente por su carácter monumental sin realmente serlo; nos sucede en alguna ciudad de nuestras islas.
Pero si nos fijamos en el sentido de la palabra y su concomitancia con palabras semejantes, como pueda ser catedrático ya vamos entendiendo su sentido porque la referencia o raíz de la palabra está en la cátedra. La cátedra es el lugar desde donde enseña el profesor, el catedrático; es el lugar del maestro, del que enseña y al que acuden los discípulos, los que le siguen, para aprender de su enseñanza.
La catedral es, pues, la sede de la cátedra de nuestro maestro en la fe que es el Obispo. La catedral hace entonces referencia a la Diócesis, esa porción del pueblo de Dios en un territorio determinado que es presidido y guiado por su Obispo, como verdadero sucesor de los apóstoles, y que con su enseñanza es nuestro maestro en la fe. Ya sea monumento o ya sea un sencillo templo por ser la sede del Obispo la catedral es la cátedra que nos congrega para alimentar nuestra fe bajo la guía del Obispo, como pastor en nombre de Cristo de la Diócesis y para celebrar el culto y la gloria del Señor.
¿Por qué me hago todas estas explicaciones? Es que en este día celebramos la fiesta de una catedral importante para toda la Iglesia. Hoy estamos celebrando la Dedicación de la Catedral y Basílica de san Juan de Letrán en Roma. ¿Por qué tiene importancia? Porque es catedral de Roma, es la sede del Obispo de Roma, en consecuencia del Papa, la catedral del Papa.
Estamos acostumbrados a ver al Papa en el Vaticano, en la Basílica de san Pedro y nos puede parecer que esa es la Catedral de Roma, pero no es así. No siempre el Papa vivió en el Vaticano, pues durante siglos vivió en los palacios de Letrán que están junto a la Catedral Basílica de san Juan de Letrán. Por circunstancias de la historia que no nos vamos ahora a detener a explicar se vino al Vaticano, pero la sede del Obispo de Roma sigue siendo siempre san Juan de Letrán. Es algo que muchas veces los cristianos desconocemos y que necesitamos aclarar porque muchas veces incluso los medios de comunicación nos confunden por ignorancia de los que nos trasmiten las noticias.
Es, pues, esta fiesta que hoy celebra la liturgia de la Iglesia algo importante para todos los cristianos y que hemos de vivir con hondo sentido eclesial sintiéndonos en verdadera comunión de iglesia con el Papa como vicario de Cristo en la tierra y pastor también de toda la Iglesia. Creo que puede ser una buena ocasión para que viviendo esa comunión eclesial también nuestra oración se eleve al Señor por toda la Iglesia, por sus pastores, y en este día de manera especial por el Papa.
Es una ocasión, y esto daría para otras más amplias reflexiones, y pensar cómo nosotros somos ese verdadero templo del Espíritu Santo, morada de Dios, porque en el bautismo así fuimos consagrados, y desde lo más hondo de nuestro corazón saber ofrecer un verdadero culto al Señor desde la santidad de nuestra vida y desde nuestras buenas obras cantar la gloria del Señor.

sábado, 6 de septiembre de 2014

El templo Catedral nos simboliza cómo somos edificio de Dios, templo de Dios y signo de la presencia de Dios en medio del mundo


El templo Catedral nos simboliza cómo somos edificio de Dios, templo de Dios y signo de la presencia de Dios en medio del mundo

1Pd. 2, 4-9; Sal. 121; Lc. 19, 1-10
En nuestra Iglesia Diocesana, en esta fecha del 6 de septiembre,  tenemos una conmoración muy especial y significativa, es el aniversario de la consagración de la Catedral; en este caso 101 años de su consagración por lo que se está celebrando en nuestra diócesis un especial año jubilar. Podría ser una fecha que pasara desapercibida como nos sucede en la mayoría de las ocasiones, pero si consideramos la importancia y el significado que la Iglesia Catedral tiene en la Diócesis por ser la sede del Obispo que nos preside en la fe, como sucesor de los Apóstoles no tendríamos que dejarla pasar por alto.
En el prefacio de Misa de la Dedicación o Consagración de un templo se nos dice algo que viene a ser como un hermoso resumen del significado del templo. “Porque en la casa visible que nos has concedido construir, en este lugar donde proteges sin cesar a la familia que hacia ti peregrina, manifiestas y realizas de manera admirable el misterio de tu comunión con nosotros. Porque aquí te vas edificando aquel templo que somos nosotros y haces crecer la Iglesia, extendida por toda la tierra, unida como Cuerpo del Señor, hasta que la lleves a su plenitud, en la Jerusalén del cielo,  visión de paz” .
Un lugar santo y consagrado donde sentimos de manera especial la presencia del Señor que nos protege con su gracia - ‘lugar donde proteges sin cesar a la familia que hacia ti peregrina’, que decimos - y que por ser ese lugar donde la Iglesia se reúne congregada por el Señor estamos manifestando ‘de manera admirable el misterio de tu comunión con nosotros’. Un lugar, pues, que se convierte en signo de comunión.
Si esto lo podemos decir de todo templo, con cuanta mayor razón lo podemos decir de la Catedral; manifiesta el signo de unidad y comunión de toda la comunidad diocesana, precisamente en torno al templo que es la sede del Pastor que nos congrega y reúne en el nombre del Señor. ‘Es signo de unidad de la Iglesia particular, lugar donde acontece el momento más alto de la vida de la diócesis y se cumple también el acto más excelso y sagrado del oficio santificador (munus sanctificandi) del Obispo, que implica juntamente, como la misma liturgia que él preside, la santificación de las personas y el culto y la gloria de Dios’.
El templo material nos recuerda del templo de Dios que somos nosotros consagrados desde el Bautismo; y es en ese templo, en este caso la catedral, es donde al celebrar la liturgia nos santificamos en la escucha de la Palabra de Dios y en la celebración de los sacramentos. Pero en ese templo, sede y cátedra del Obispo, escuchamos su magisterio y enseñanza.
El Obispo es el Pastor, es el Maestro en la fe, como sucesor de los apóstoles, para toda la Iglesia Diocesana que ejerce su ministerio desde la Cátedra donde nos alimenta en la fe, desde donde cuida de toda la Iglesia Diocesana para que caminemos en la verdad, para que caminemos en fidelidad por los caminos del Evangelio desde el magisterio de la Iglesia.
Como  nos decía el Sr. Obispo en la carta pastoral con motivo de la reapertura de la Catedral después de su restauración el pasado enero, ‘podemos afirmar que a partir de la Catedral se va construyendo la historia de fe y salvación de nuestra diócesis. De ella, como si de una fuente se tratara, fluyen los medios de salvación por los que Dios enseña, santifica, guía a los fieles y así, en las distintas comunidades, parroquiales o de otro tipo, se va edificando la Iglesia, como pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo. Todo ello queda especialmente reflejado en las celebraciones que tienen lugar en la Catedral, como la Misa Crismal y la ordenación de los sacerdotes y diáconos que luego han de servir a las parroquias’. 
Por eso la importancia de esta conmemoración que hoy hacemos en este aniversario de la consagración de la Catedral. Nos viene bien recordar todo esto porque eso nos recuerda también cómo formamos parte de la comunidad diocesana. No somos unos cristianos o unas comunidades que vamos por libre, sino que hemos de sentirnos en profunda comunión de Iglesia en nuestro ser comunidad diocesana, pero también necesariamente en comunión con toda la Iglesia universal.
No nos quedamos, por supuesto, en el templo material ni en considerar su belleza o valor arquitectónica. ‘Vemos la figura y contemplamos la realidad: vemos el templo y contemplamos a la Iglesia. Miramos el edificio y penetramos en el misterio. Porque este edificio nos revela, con la belleza de sus símbolos, el misterio de Cristo y de su Iglesia’, como explicaba san Juan Pablo II cuando consagró la catedral de Madrid. Se convierte, pues, en un signo también de la presencia de Dios en medio del mundo.
El templo visible nos tiene que llevar a lo invisible; la comunión que allí vivimos y que allí alimentamos en la sagrada liturgia que celebramos nos ha de hacer profundizar en esa comunión de Iglesia, comunión en la fe y en el amor, que entre todos los creyentes en Jesús hemos de tener, y que de una manera intensa hemos de vivir en lo que es la Iglesia o comunidad diocesana; y la valoración del templo material nos ha de hacer considerar también cómo nosotros somos esos templos del Espíritu Santo velando y procurando esa santidad personal que ha de resplandecer en nuestra vida.

Y termino con palabras del San Juan Pablo II en la misma ocasión: ‘Y mirándonos a nosotros mismos, podremos decir con san Pablo: “Sois edificio de Dios... El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros” (1Co 3, 9.17). Éste es el misterio que simboliza el templo catedral». Esto es lo que hoy nosotros también de manera especial queremos celebrar.

sábado, 22 de febrero de 2014

AFIANZADOS SOBRE LA ROCA DE LA FE APOSTOLICA... CATEDRA DE SAN PEDRO



Afianzados sobre la roca de la fe apostólica mantengamos íntegra la fe para alcanzar la vida eterna

1Ped. 5, 1-4; Sal. 22; Mt. 16, 13-19
‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo’. Así la promete Jesús a Pedro tras la hermosa confesión de fe que había hecho: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo’. Hemos escuchado este texto en su paralelo de san Marcos hace pocos días. Es la piedra, el fundamento de la Iglesia unido a la roca que es Cristo; es el signo de la comunión y de la unidad de toda la Iglesia. Esa Iglesia depositaria de la gracia del Señor y que como administradora, valga la expresión, nos hace llegar a todos los que creemos en Jesús en la proclamación de la Palabra y la celebración de los sacramentos.
Por eso es que hoy estamos celebrando la Cátedra de san Pedro. Si en el 29  de junio celebramos la fiesta de los Apóstoles san Pedro y san Pablo y entonces también celebrábamos el día del Papa, en esta fecha de hoy la Iglesia quiere fijarse de manera especial en esa potestad y ministerio de magisterio y predicación que Cristo quiso confiarle. Por eso hoy hemos escuchado también este texto de san Mateo donde Jesús le hace la promesa a Pedro de ser la piedra de la Iglesia.
Celebramos hoy la fiesta que llamamos de la Cátedra de san Pedro. La cátedra significa el lugar desde donde se enseña y la potestad de enseñar. Es la misión que Pedro ha recibido de Jesús como pastor en nombre de Cristo - por eso lo  llamamos Vicario de Cristo - de  toda la Iglesia. Como el Obispo tiene su sede, su cátedra, en la Catedral, así el Papa, sucesor de Pedro la tiene sobre toda la Iglesia con esa asistencia especial del Espíritu Santo.
‘Yo he rogado por ti, le dice Jesús a Simón Pedro en la última cena cuando incluso le anuncia las negaciones en las que luego va a caer, para que tu fe no decaiga;  y tú, una vez restablecido, confirma en la fe a los hermanos’. Es la misión que Jesús le confía a Pedro y en él a sus sucesores. Por eso vivimos en comunión con el Papa toda la Iglesia Universal. Como un signo de esa comunión cada cierto tiempo los Obispos, como cabeza de cada una de las Iglesias locales, van a Roma en lo que se llama la visita ad limina - que significa la visita a las tumbas de los apóstoles - para expresar esa comunión con el Papa y con toda la Iglesia universal. Precisamente los obispos españoles, y con ellos nuestro Obispo, van a participar en las próximas semanas en esa visita ad limina,  en esa comunión con el sucesor  de Pedro allí donde tiene su cátedra.
Hoy en la liturgia, sobre todo en las oraciones, hay cosas hermosas para resaltar y expresar lo que tiene que significar esta fiesta de la Cátedra de san Pedro. ‘No permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica’, pedíamos en la primera de las oraciones. Y en este mismo sentido pediremos luego que guardemos, ‘bajo el pastoreo y la doctrina de Pedro, la integridad de la fe y llegar de este modo a la vida eterna’.
Es una afirmación de nuestra fe apostólica afirmada sobre la roca de Pedro lo que queremos expresar en este día. Y será entonces por un lado un compromiso de nuestra parte  en hacer todo lo posible por mantener íntegra nuestra fe; que nada nos perturbe, que nada nos aparte de la fe de la Iglesia; que nada nos aparte en esa fe de nuestra unión con Cristo; pero es al mismo tiempo esta celebración un signo de esa gracia del Señor que nunca nos faltará. Esa gracia que nos llega por la predicación de Pedro, por el Magisterio del Papa y de la Iglesia.
Que este misterio de redención que celebramos, como expresaremos también en la oración final ‘sea para nosotros  sacramento de unidad y de paz’. El concilio llamó a la Iglesia ‘Sacramento de salvación para todos’; que en verdad eso lo vivamos en la comunión con Pedro, con el Papa y con los pastores que en el nombre del Señor nos conducen hasta Jesús. Pero que nos mantengamos en esa unidad para que seamos ese signo de la salvación de Dios para todos los hombres.

viernes, 3 de agosto de 2012

Las contradicciones a la hora de escuchar y acoger a Jesús en la vida
Jer. 26, 1-9; Sal. 68; Mt. 13, 54-58

La reacción y la postura de las gentes de Nazaret nos pueden parecer muy contradictorias. En los versículos anteriores escuchamos que Jesús después de enseñarles con parábolas partió de allí y se fue a otra parte. Y en concreto el evangelista ahora nos dice que ‘fue a su ciudad y se puso a enseñarles en la sinagoga’, aunque no nos menciona directamente que fuera Nazaret pero lo deducimos fácilmente por lo que continúa diciéndonos.

En un primer momento surge la admiración, aunque veremos que comienzan a hacerse sus consideraciones y le rechazan de manera que ‘no hizo allí ningún milagro por su falta de fe’. Lo contradictorio está en esa primera reacción de admiración por su enseñanza y sus milagros y la posterior reacción. ‘¿De donde saca éste esa sabiduría y esos milagros?’ Luego reconocen su enseñanza y su poder. Pero pronto comenzarán las pegas.

Una pegas, podríamos decir, para rebajar el valor de lo que Jesús hace. Es uno de ellos. Allí están sus parientes. ‘¿De donde saca todo esto? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí sus hermanas?’ No insistimos en la interpretación de las palabras hermano y hermana, que ya lo hemos comentado recientemente. Pero era una manera de rebajar la autoridad y hasta el poder de Jesús. ‘Desconfiaban de Él… sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta’. Es el comentario del evangelista.

No nos extraña porque así se había hecho con los profetas anteriores, y eso se sigue haciendo de parecida manera. Ya escuchamos en la primera lectura cómo rechazan a Jeremías y hasta tratan de matarlo. Así lo hicieron con los profetas, como en alguna ocasión incluso Jesús recordará.

Pero ¿no seguimos haciendo de manera semejante en el mundo moderno? Pensemos cómo se trata de desprestigiar a la Iglesia y su magisterio por cualquier motivo. Se elige a este Papa y se sacan a relucir todos los prejuicios que sean necesarios para quitarle valor y hasta autoridad; indagan incluso en su vida y hasta en su niñez.

Hace unos años la Iglesia quiso celebrar un año sacerdotal y cómo surgió una campaña bien orquestada desde todos los rincones del mundo contra la figura del sacerdocio resaltando los errores o fallos humanos que pudieran haber habido con tal de descalificar de la forma que fuera a todos los sacerdotes. Y así podríamos recordar muchas cosas. De cuántos prejuicios llenamos nuestra mente contra los sacerdotes, contra la acción de la Iglesia, contra los que hacen el bien sean quienes sean.

Con qué facilidad se juzga, se critica a la Iglesia, se la mira con lupa pero desde criterios hasta políticos. Cuando la Iglesia en la voz de su magisterio quiere expresar claramente su doctrina y los planteamientos éticos y morales fundamentados en el evangelio, se le quiere quitar autoridad, se le dice que está fuera de lugar y se le quiere quitar el derecho de poder expresar claramente su pensamiento.

Cualquiera en nombre de la libertad de expresión puede decir lo que quiera, pero a la Iglesia no se le permite esa misma libertad de expresión para poder enseñar los principios del evangelio y hay que buscar la forma de cómo acallarla. Son las contradicciones de la vida y de la historia que se siguen dando ahora como entonces, como hemos escuchado hoy en el evangelio.

Con actitudes y posturas así qué difícil nos es que llegue la salvación de Jesús a nuestra vida y a nuestro mundo. Como sucedió en Nazaret. Dice el evangelista que ‘no hizo allí muchos milagros porque les faltaba fe’. Lo de menos, podríamos decir, es lo de hacer muchos o pocos milagros, pues diríamos que es una forma de expresar cómo así, si nos falta fe y nos llenamos de esos prejuicios, tampoco va a llegar la salvación a nosotros.

Que al menos en nosotros se despierte la fe para acoger a Jesús, su Palabra y su salvación. No cerremos nuestro corazón a la gracia de Dios.

viernes, 29 de junio de 2012


Confesamos nuestra fe y expresamos de forma viva nuestra comunión eclesial
Hechos, 12, 1-11; Sal. 33; 2Tm. 4, 6-8.17-18; Mt. 16, 13-19

‘Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios… tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…’ Una confesión de fe y el encargo de una misión grandiosa. Parece que están a porfía para ver quién dice cosas más hermosas. 

Es hermosa la confesión de fe que sale del corazón de Pedro. No lo hace por sí mismo porque llegar a ese convencimiento no es cosa meramente humana. Dios siempre nos gana la partida y es El quien llega a nuestro corazón y nos revela cosas grandes. Pero si el Padre ha puesto en el corazón de Simón esa capacidad para llegar a hacer una confesión de fe así, es porque es un elegido por el Señor para misiones grandes. 

Tras la confesión de fe, que viene a ser algo así, por hablar desde un lenguaje y pensamiento muy humano, como el paso de una prueba para ver hasta donde llega la fe, Jesús habla de su Iglesia, la herencia que nos va a dejar una vez que haya consumado su obra redentora. Quienes van a creer en Jesús y aceptar y recibir su salvación van a comenzar a vivir una unión nueva y distinta, que es la comunión de la Iglesia. De la confesión de nuestra fe en Jesús, como la de Pedro, nace la Iglesia, nace nuestra pertenencia a la Iglesia. 

A Pedro Jesús le confía una misión importante, va a ser piedra fundamental de esa Iglesia, nexo de comunión entre todos los que creemos en Jesús. Jesús le dirá un día que se mantenga firme, porque, cuando pasen todas las pruebas y en los momentos difíciles, él tendrá que confirmar en la fe a los hermanos, ayudar a mantenerse en esa comunión de fe y de amor a toda la Iglesia. 

¡Qué importante la misión de Pedro en medio de la comunidad, en medio de la Iglesia que nace! Tantas veces habían discutido por los primeros puestos y quien había de ser el primero y principal y Jesús le confía una misión de servicio en medio de los hermanos. Porque será grande, será el primero el que se haga el último y el servidor de todos. Y esa es la grandeza y la misión que Jesús confía a Pedro.

‘Siervo de los siervos de Dios’, se llama a sí mismo el sucesor de Pedro en medio de la Iglesia. Muchas veces nos encandilamos con brillos y oropeles cuando miramos la Iglesia, o miramos al Papa y a cuanto lo rodea. Herencia quizá de siglos que habría que purificar para que fuera más auténtica y a la manera como Cristo la quiso. Pero hemos de saber considerar y comprender bien la misión de Pedro y en Pedro de sus sucesores. Es la vida del servicio, de la entrega, del olvidarse de si mismo en esa misión universal de servicio en medio de la Iglesia y en medio del mundo. 

Tenemos que saber abrir los ojos de la fe para comprenderlo y para darlo a conocer de forma auténtica al mundo que nos rodea y no se encandile con falsas imágenes – que quizá muchos con no muy buena intención traten de difundir - que están bien lejos de lo que realmente es la misión del Pastor de la Iglesia. De todas maneras no hemos de temer porque ya Jesús promete que ‘el poder del infierno no la derrotará’. 

Cuando hoy estamos celebrando esta fiesta de los Santos Apóstoles san Pedro y San Pablo – es la fiesta de ambos apóstoles aunque muchas veces pareciera que sólo es la fiesta de san Pedro – cuando celebramos esta fiesta, digo, hemos de aprender a mirar la misión de los apóstoles en medio de la Iglesia; hemos de saber darle ese profundo sentido eclesial a nuestra fe y hoy de manera especial miramos con fe al Sucesor de Pedro en esa misión que en la Iglesia tiene. 

De alguna manera es el día del Papa al celebrar al primero a quien Cristo confió esa misión de ser piedra fundamental de la Iglesia. Es una fiesta la de este día para sentirnos en comunión con el Papa, porque es sentirnos en comunión con la Iglesia universal. Y es necesario que toda la Iglesia esté apiñada en torno al sucesor de Pedro y sepamos expresar nuestra comunión más sincera y auténtica con el Papa. Comunión que expresamos y sentimos en nuestra celebración – tendríamos que fijarnos como lo expresamos en la liturgia - y que manifestamos también fuertemente con nuestra oración por el Papa. 

Cargar sobre sus hombros todo el peso de los problemas de la humanidad y de manera especial de toda la Iglesia es una tarea grande y dura que solo podrá llevar con la fuerza y la gracia del Señor, con la asistencia del Espíritu Santo que nunca la faltará. Pero es necesario que oremos por el Papa; es necesario que la Iglesia ore por el Papa. Es bella la imagen que nos ofrecía el texto de los Hechos de los Apóstoles de la Iglesia orando mientras Pedro está en la cárcel.

Y expresamos también nuestra comunión eclesial, nuestra comunión con el Papa que expresar nuestra comunión con la Iglesia universal a la que pertenecemos, escuchando la voz del Papa, dejándonos iluminar por su magisterio que tanta luz da a todos los cristianos en el seguimiento de Jesús como Maestro y Pastor de la Iglesia que es. 

‘Haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquellos que fueron fundamento de nuestra fe cristiana’, pedimos en la oración litúrgica. Confesamos nuestra fe y expresemos de manera viva nuestra comunión eclesial que siempre ha de ser una comunión de amor nacida de esa fe.

viernes, 9 de diciembre de 2011

El que te sigue tendrá la luz de la vida


Is. 48, 17-19;

Sal. 1;

Mt. 11, 16-19

‘Yo, el Señor, te enseño para tu bien, te guío por el camino bueno…’ La enseñanza del Señor nos conduce siempre por el camino recto y lo que el Señor nos pide siempre nos llenará de las satisfacciones más hondas.

Quiere siempre el Señor el bien del hombre. Si en verdad buscarámos en todo lo que es la voluntad del Señor, los que son los caminos del Señor no sólo seríamos más felices nosotros sino que haríamos felices también a los que están a nuestro lado. Un fruto siempre sería la buena convivencia y armonía entre todos.

Como decíamos en el salmo ‘el que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida’. Cuando seguimos los caminos del Señor nos sentiremos llenos de las bendiciones de Dios. Como dice, ‘tendrá la luz de la vida’. Las imágenes que nos propone el texto profético que estamos comentado de eso quieren hablarnos, de esas bendiciones del Señor. ‘Si hubieras atendido a mis mandatos sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar’, que nos dice el profeta.

La fecundidad y la numerosa descendencia eran consideradas en los pueblos antiguos como una bendición del Señor. El hombre y la mujer que se ven prolongados en una descendencia numerosa se consideran bendecidos por el Señor. Recordemos cómo la bendición de Dios a Abrahán es una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como las arenas del mar. Desde un razonamiento natural incluso podemos comprenderlo si consideramos cómo en aquellos tiempos no era muy habitual llegar a largas edades e incluso era normal la muerte de muchos infantes. Quien pudiera contemplar, pues, una descendencia numerosa se sentía bendecido por el Señor. Así decía el profeta ‘tu progeníe sería como arena, como sus granos los vástagos de tus entrañas’.

Por otra parte Jesús nos dice que andamos como niños caprichosos que no sabemos lo que queremos y que parece que siempre fuéramos a la contra de todo. ‘¿A quién se parece esta generación?’ Y nos dice que somos como los niños que juegan en la plaza y mientras unos proponen un juego los otros estarán proponiendo siempre lo contrario.

¿Por qué dice eso Jesús? Hace referencia a lo que sucedía con la aceptación de Juan y con lo que sucedía con El mismo. Unos lo aceptan y otros lo rechazan. Unos son capaces de aceptar el mensaje que se les propone, y siempre habrá por otro lado quien se opone o le parece mal lo que se les enseña.

Nos sucede a nosotros en el mundo de hoy. Cuánto nos cuesta aceptar el camino bueno que se nos propone. Cuánto cuesta aceptar lo que es el magisterio de la Iglesia, cuánto rechazo, cuántos nos están diciendo continuamente es que la Iglesia tiene que adaptarse a los tiempos, que si de esto no debe hablar o tiene que modernizarse y así no se cuántas cosas más. Cuántos quizá sólo se fijan en las debilidades que pudiera haber en los miembros de la Iglesia para desautorizarlo todo y rechazar la misión y la enseñanza de la Iglesia.

Quizá muchas veces en el fondo lo que está es que nos cuesta aceptar los caminos del bien y de la recta moral porque lo que están haciendo es denunciar de alguna manera esas cosas no tan buenas que podamos tener en nuestra vida. Y cuando nos señalan que no estamos siguiendo el camino recto y se nos hace ver que tenemos que cambiar y corregir muchas cosas en nosotros afloran nuestros orgullos, aparece nuestro amor propio y ya no somos capaces de aceptar con humildad. Cuánto nos cuesta dejarnos enseñar.

Como recordábamos con el profeta al principio, el Señor nos dice ‘Yo, el Señor, te enseño para tu bien, te guío por el camino bueno…’ Dejémonos conducir por el Señor. Dejemos que el Espíritu del Señor nos guíe allá en lo más profundo de nosotros. El que sigue al Señor, tendrá la luz de la vida, como decíamos en el salmo. Que en verdad sea siempre nuestro gozo la ley del Señor y la meditemos día y noche rumiándola allá en el corazón.

martes, 22 de febrero de 2011

La cátedra de Pedro garantía para la Iglesia de la fidelidad y autenticidad del mensaje



1Ped. 5, 1-4;

Sal. 22;

Mt. 16, 13-19

Celebramos en este día 22 de febrero la ‘fiesta de la cátedra de san Pedro en Roma’. ¿Qué significa y qué sentido tiene esta celebración?

En primer lugar decir que cátedra dice el diccionario es el lugar donde el maestro enseñaba a los almunos o discípulos. Hablamos del catedrádico que es el profesor con mayor rango en la universidad, por ejemplo, y que es el que enseña desde su cátedra.

Pues bien, esto lo trasladamos a nuestro sentido o estilo eclesial y hablamos de catedral, por ejemplo, que es la sede del obispo, allí donde tiene su cátedra para ejercer su oficio de enseñar, para ejercer su oficio de magisterio con los fieles.

Hablar, entonces, de la cátedra de san Pedro en Roma es señalar que allí tuvo su sede, desde donde ejerció su oficio de Pastor y Maestro de toda la comunidad cristiana. Fue la misión que Jesús le confió. Cristo es nuestro único Maestro como es nuestro único Pastor. Pero esa misión la confió a la Iglesia y en la Iglesia a aquellos que iban a ser los pastores del pueblo de Dios. Eligió a los doce apóstoles para enviarlos a predicar, a anunciar el Reino y a curar enfermos y expulsar demonios; lo hemos reflexionado muchas veces. Pero como hemos escuchado hoy en el evangelio de entre los Doce escogió a Pedro para que fuera el primero y el servidor de todos, para que fuera la piedra sobre la que se fundamentara la Iglesia. ‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’, le dijo. También en otro momento le dijo, ‘mantente firme y cuando te recobres confirma en la fe a los hermanos’.

A Pedro le vemos en los Hechos de los Apóstoles primeramente ejerciendo su ministerio en Jerusalén. Más tarde sabemos que fue a Antioquía de Siria, por eso se habla también de la catedra de san Pedro en Antioquía. Pero finalmente se estableció en Roma donde recibiría el martirio y fuera enterrado precisamente en la colina Vaticana. Es lo que hoy celebramos. Por eso, además, los sucesores de Pedro en la Iglesia de Roma recibirán también la misión de pastores de la Iglesia universal, lo que llamamos el Romano Pontífice o Papa o Pastor de la Iglesia universal.

Celebramos, pues, esta cátedra de Pedro que se estableció en Roma. Y ese es el por qué de esta fiesta y de ahí arranca su sentido para toda la Iglesia universal por su misión. Por eso hemos pedido en la oración litúrgica que ‘no permitas vernos perturbados por ningun peligro tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica’. Pediremos también que ‘la Iglesia, bajo el pastoreo y la doctrina de san Pedro, podamos guardar la integridad de la fe y llegar de este modo a la vida eterna’.

¡Cómo tenemos, pues, que acoger y escuchar el magisterio de la Iglesia manifestado de manera especial en el magisterio del Papa! Es su misión ayudarnos a mantener esa integridad de la fe. Por eso ha de estar vigilante para que nada nos perturbe ni nos aparte de la verdadera fe. Es su misión de pastor y de maestro. Por eso escuchamos sus mensajes, sus enseñanzas, su magisterio en sus exhortaciones apostólicas o encíclicas. Es garante de nuestra fe con su magisterio ejercido de manera extraordinaria cuando nos habla ‘ex cáthedra’ (desde la cátedra) para definirnos nuestra fe con la asistencia del Espíritu Santo.

Como diremos en el prefacio ‘no abandonas nunca a tu rebaño, sino que por medio de tus santos apóstoles, lo proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guía la palabra de aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el evangelio’.

Sintamos siempre esa segura protección del Espíritu del Señor para nuestra fe alimentada en el magisterio de la Iglesia. Es la maestra que nos guía y que nos enseña. Y en el Papa, sucesor de Pedro, tenemos el Maestro y el Pastor a quien tenemos que escuchar.