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viernes, 14 de febrero de 2025

No olvidemos nunca el evangelio que tenemos que trasmitir, no buscamos entretener con bonitas historias, sino un mensaje de vida y de esperanza para un mundo nuevo

 


No olvidemos nunca el evangelio que tenemos que trasmitir, no buscamos entretener con bonitas historias, sino un mensaje de vida y de esperanza para un mundo nuevo

Hechos de los apóstoles 13, 46-49; Salmo 116; Lucas 10, 1-9

Decimos de primeras que el conferenciante es ameno y entretenido si nos cuenta muchas anécdotas como historias que nos entretienen más allá del mensaje que nos quiere trasmitir. Pero no son historias contadas como anécdotas amenas o cuentos entretenidos los que nos dicen la verdad del mensaje, tenemos que ir a algo más hondo para ver si sus palabras nos convencen, sus palabras siembran en nosotros nuevas esperanzas o nos abren camino de algo mejor. Tendrá que hacerlo de manera que suene agradable quizás a nuestros oídos o a la sensación que vayamos sintiendo, pero tenemos que ver la hondura de lo que se nos quiere trasmitir. Podemos encontrarnos palabras amenas pero palabras vacías que nada nos dicen.

Hoy nos habla el evangelio de aquel envío que Jesús hace de los setenta y dos discípulos para que vayan haciendo un anuncio de la Buena Noticia de Jesús por aquellos pueblos y ciudades de Galilea; no hace pocos días hemos escuchado también el envío de los doce apóstoles que Jesús había elegido también con la misma misión. ¿Qué han de anunciar? No van a contar historias, no van a hablar de cosas aprendidas que hayan leído previamente en algún libro, no van simplemente a contar a las gentes que Jesús hace milagros, cura enfermos o da la vista a los ciegos.

Ellos van a despertar esperanzas de que algo nuevo está llegando, que el Reino de Dios está cerca, y van como testigos de quien es realmente esa buena noticia para todos. Van a estar con las gentes allí donde están y donde viven, por eso habitarán en sus casas cuando les den hospedaje y recorrerán los caminos de aquellos pueblos. Y han de ir dejando señales de su paso, señales de que el Reino de Dios es posible, porque es posible un mundo nuevo; por eso irán con la autoridad de curar enfermos, porque el mal hay que irlo arrancando de los más hondo de ellos mismos. ‘Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, en ella y decidles: El reino de Dios ha llegado a vosotros’.

Hoy se nos ofrece este evangelio porque estamos celebrando la fiesta de dos grandes misioneros de Europa en su tiempo, como fueron san Cirilo y san Metodio, patronos también de Europa. Y esta celebración viene a recordarnos esa vocación misionera que tiene todo cristiano. Todos estamos llamados a anunciar el Evangelio. Y cuando hablamos de esa misión no es solo para pensar en que tenemos que llegar a tierras lejanas, que también, sino cómo tenemos que ser misioneros en el día a día de nuestra vida allí donde estamos.

Por otra parte en Europa estamos necesitando de una nueva Evangelización porque en la Europa cristiana que fue misionera de nuevos mundos estamos viendo cómo se van perdiendo esos valores del evangelio y estamos llegando a una descristianización de nuestras costumbres y nuestra manera de vivir; no solo estamos sufriendo una atonía espiritual invadidos por el materialismo de la vida, sino que cada vez estamos más lejos de esos valores que nos proclama el evangelio, hay el peligro de que incluso la Iglesia pierda ese sentido de signo del Reino de Dios que tiene que ser en medio del mundo, y es necesario un nuevo anuncio del Evangelio.

No es solo cuestión de que contemos historias y la nueva evangelización no es solo contarnos los milagros que Jesús hizo y se nos cuentan en el evangelio, sino que la palabra y el testimonio que demos tiene que ser en verdad signo de ese Reino de Dios que queremos anunciar y construir en nuestro mundo. Es algo que tenemos que trasmitir no solo con nuestras palabras sino con la manera cómo nosotros nos acercamos a ese mundo que nos rodea para despertar esa nueva esperanza que el mundo necesita.

Hoy nos hablan las palabras de Jesús de esa nueva manera de estar en medio de nuestro mundo, no haciendo alarde de grandes cosas sino que a través de lo pequeño y lo humilde, incluso con una pobreza de medios, hagamos despertar esa nueva esperanza, esa nueva alegría de la vida. ¿En qué busca la gente que nos rodea y como esa alegría de la vida? Muchos sucedáneos buscan en las cosas de las que se valen y que puedan darle placer o puedan hacerlos sentirse en fiesta, pero que les llevan muchas veces a un vacío existencial.

No es ese el camino por donde nosotros queremos llegar, porque eso Jesús nos habla de nuestra disponibilidad y de nuestra generosidad, que no busquemos bastones o apoyos humanos sino que busquemos esa fuerza que el Espíritu pone en nuestro interior para poder dar ese testimonio que nuestro mundo necesita. No podemos entretenernos en el anuncio del evangelio en cosas efímeras y que pronto se diluyen y puedan dejar un vacío en nosotros sino en lo que verdaderamente da profundidad, da auténtica alegría a nuestras vidas.

No olvidemos nunca el verdadero mensaje del evangelio que tenemos que trasmitir. No buscamos entretener con bonitas historias, sino dar un mensaje de vida y de esperanza para hacer un mundo nuevo.

martes, 14 de febrero de 2023

Cristo cuenta con nosotros, en nuestras manos pone el evangelio, no podemos dejar que se apague esa luz que tanto necesita nuestra historia

 


Cristo cuenta con nosotros, en nuestras manos pone el evangelio, no podemos dejar que se apague esa luz que tanto necesita nuestra historia

Hechos de los apóstoles 13, 46-49; Sal 116; Lucas 10, 1-9

Un día llegó a nosotros un amigo con mucho entusiasmo y nos contó sus proyectos; estaba ilusionado, sabía que aquello podía salir adelante, que resultarían muchas cosas buenas; tenía grandes sueños sobre el resultado. Pero en su entusiasmo de pronto nos dice que quiere contar con nosotros, que quiere contar conmigo, que yo tengo parte en ese proyecto para sacarlo adelante y que soy importante para él y por eso quiere contar conmigo. Tras la primera sorpresa de lo que eran los sueños de los proyectos de nuestro amigo, viene una segunda sorpresa cuando nos dice que quiere contar conmigo y que yo voy a ser parte importante en eso que quiere emprender. ¿Cuál es nuestra reacción? Tenemos que pensarlo pero tal como nos lo presenta en nosotros se ha creado también una ilusión y una esperanza.  ¿Pondremos manos a la obra?

Pues eso es lo que nos estás diciendo Jesús, que quiere contar con nosotros, que quiere contar contigo, conmigo, con tantos que están a nuestro lado y que podemos y tenemos que ser parte importante ese maravilloso proyecto que está anunciando, el Reino de Dios. Es lo que escuchamos hoy en el evangelio que Jesús hace con aquellos discípulos más cercanos a El pero que no quiere que simplemente estén allí y nada más. Los llama, y los llama por su nombre y los envía a comenzar a realizar ese proyecto del Reino de Dios.

Hoy escuchamos este evangelio no simplemente quien aprende o constata aquellas cosas que Jesús hacía con sus discípulos, como si todo fuera un pasado, una parte de una historia recorrida y que no tiene que ver con nosotros. El evangelio sí tiene que ver con nosotros, el anuncio de esa Buena Noticia tiene que ver con nosotros, porque con nosotros Jesús quiere contar, está contando.

Hoy escuchamos este evangelio en un día que puede pasar desapercibido para muchos de nuestra sociedad entretenidos en eso de la fiesta del amor y todas esas cosas que hoy escuchamos y nos bombardean por todos lados en este sociedad consumista, porque muchas  veces más que enaltecer el amor parece que lo que se están mirando son las ganancias de caja de muchos interesados que están detrás de estas campañas.

Hoy es un día importante para los cristianos de Europa porque celebramos a san Cirilo y san Metodio, patronos de Europa. Dos grandes evangelizados en gran parte de Europa en su tiempo, sobre todo en las regiones más orientales de Europa, pero cuya fiesta tiene mucha importancia para los cristianos de Europa porque es una llamada a esa re-evangelización de nuestra tierra que tanto se nos ha descristianizado.

Por eso en la línea del Evangelio que hoy se nos proclama tenemos que decir que Cristo quiere contar con nosotros. En nuestras manos tenemos el evangelio, pero una noticia no es para guardarla en un archivo, sino que una noticia es para comunicarla. Es lo que tenemos que hacer con el Evangelio, es lo que Cristo está poniendo nuestras manos, es la llamada que tenemos que sentir en el corazón.

¿O acaso no nos importa la descristianización de nuestra sociedad? ¿Es que pensamos que el Evangelio no tiene nada que decir al hombre y a la mujer de hoy, de nuestra Europa? Nuestra historia, nuestra cultura, nuestro arte, y hasta ahora nuestra manera de vivir ha estado marcada por la señal del evangelio, por la cristianización que generaciones anteriores a la nuestra a través de los siglos se afanaron en realizar. Siempre la luz tiene peligro de apagarse si la azotan vientos que la ponen en peligro, y es lo que nos puede estar pasando en el mundo de hoy.


No podemos dejar que se apague esa luz del Evangelio. Nos empapamos de esa luz, pero queremos trasmitir esa luz, queremos contagiar de esa luz, queremos que se mantenga encendida esa luz en nuestro mundo de hoy. La necesitamos frente a tantas tinieblas. En nuestras manos está el seguir encendiendo esa luz. Con nosotros Cristo quiere contar.

jueves, 14 de febrero de 2019

Traduzcamos verdaderos gestos de amor tantas palabras bonitas que nos decimos estos días, para que no sean palabras falaces que se las lleva el viento, mientras seguimos envueltos en las mismas soledades



Traduzcamos verdaderos gestos de amor tantas palabras bonitas que nos decimos estos días, para que no sean palabras falaces que se las lleva el viento, mientras seguimos envueltos en las mismas soledades

Hechos de los apóstoles 13,46-49; Sal 116; Lucas 10,1-9
A estas tempranas horas de la mañana en que me siento a escribir esta reflexión de la semilla de cada día no sé cuantos corazones floreados y atravesados por flechas del amor he recibido ya con múltiples felicitaciones de mis amigos en el día del amor y de la amistad. Confieso que soy alérgico a este tipo de ‘días’ en que celebramos tantas cosas porque uno no sabe qué viene motivado por detrás y quienes son los que mueven los hilos de estas celebraciones.
Sin embargo he tratado de reaccionar a esta alergia y tratar de mirar en positivo estas cosas. Es bonito, sí, que nos felicitemos por el amor y la amistad, es bonito que nos felicitemos por tener amigos, sentir el aprecio que muchos pueden tener por nosotros y que nos lo manifiestan, quizá cayendo en esta espiral muchas veces engendrada por motivaciones publicitarias y económicas, pero que al menos hace que un amigo tenga un recuerdo de ti y manifieste esos buenos deseos de que la amistad no se pierda sino perdure. Es bonito celebrar onomásticas, cumpleaños, fechas que nos recuerdan cosas buenas y positivas de la vida, porque eso también nos hace caminar con ilusión alejando nubes oscuras de desaliento o del olvido.
Sí, feliz día del amor y de la amistad, y que este día acreciente en nosotros esos buenos deseos, que se mantenga vivo el recuerdo de los amigos y de los seres que nos aman, pero que cultivemos cada día esos sentimientos y seamos capaces de vivir emocionados porque sabemos que tenemos amigos que nos quieren, que están a nuestro lado en las duras y en las maduras, y que ese fuego de amor que ponemos en el amigo haga que crezca más y más esa hoguera de amor que incendie nuestro mundo para que todos queriéndonos seamos mas felices y hagamos felices también a cuantos nos rodean.
No quiero alejarme de lo que motiva esta semilla que quiere sembrar cada día por esos medios y que siempre tiene su fuente en la Palabra de Dios que cada día se nos ofrece como alimento de nuestra vida. Por mi parte esa siembra que cada día pretendo realizar arranca de esos deseos de amor y de paz para todos, para mis amigos y para cuantos se acercan a esta página, porque quiero con ello ir sembrando esa buena semilla que  nos ayude a ser mejores, que nos ayude a hacer un mundo más feliz para todos.
Aunque todos recuerdan este día por el día de san Valentín, sin embargo la liturgia de la Iglesia que también hace memoria de ese santo, celebra de manera especial a dos santos que son considerados también patronos de Europa por la tarea evangelizadora y transformadora de la sociedad de su tiempo que realizaron. Celebramos hoy a San Cirilo y san Metodio, dos monjes orientales que sembraron el evangelio en grandes regiones de Europa.
Y el evangelio que se nos propone en esta fiesta es precisamente el envío de los discípulos dedos en dos a hacer el anuncio del Reino. Nada han de llevar para el camino y su mensaje es el mensaje de la paz y del amor, señales que son del Reino de Dios. Un mensaje siempre actual, un mensaje que tanto necesitamos escuchar los hombres y mujeres de hoy, un mensaje que no se puede quedar nunca en bonitas palabras y deseos, sino que tiene que ser un compromiso que llevemos con la vida. 
Hoy, en este día del amor y de la amistad, es algo que repetimos hasta la saciedad, pero me pregunto si acaso a pesar de que tanto hablamos del amor y de la amistad, sin embargo no estaremos huérfanos de ella, no seguiremos con demasiadas soledades en la vida, con tantas carencias de un amor verdadero aunque tanto porfiemos por él. Tenemos que buscar la sinceridad de nuestras vidas, de nuestras palabras y de nuestras actitudes.
Todo eso bonito que nos decimos hoy tenemos que hacerlo palpable, sí, que el otro note que lo amamos con un amor verdadero, que tengamos verdaderos gestos de amor, de amistad, de cercanía, de compañía, de caminar juntos, de tendernos seriamente nuestras manos para no dejar que el amigo caiga o camine solo.
Traduzcamos verdaderos gestos de amor tantas palabras bonitas que nos decimos estos días, pero de lo contrario todo sería vaciedad sin sentido, palabras falaces que se las lleva el viento, mientras seguimos envueltos en las mismas soledades.

viernes, 14 de febrero de 2014

PEQUEÑOS Y POBRES EN NUESTROS MEDIOS Y CAPACIDADES, EN POBREZA Y AUSTERIDAD SOMOS LOS ENVIADOS DEL SEÑOR



Pequeños y pobres en nuestros medios y capacidades, en pobreza y austeridad somos los enviados del Señor

Hechos, 13, 46-49; Sal. 116; Lc. 10, 1-9
Celebramos hoy la fiesta de dos grandes misioneros de la Europa más oriental, los pueblos eslavos, y que han sido constituidos como patronos de Europa, san Cirilo y San Metodio. Su origen estaba en la Iglesia Oriental, puesto que en Constantinopla se habían formado y enviados por el patriarca de la Iglesia Oriental - aun no se había producido la ruptura de la Iglesia - fueron evangelizando grandes extensiones de la Europa Oriental.
Aunque Cirilo muere pronto en Roma, Metodio seria luego enviado como Obispo y legado papal a aquellas Iglesias que allí se iban constituyendo. Es importante la labor que realizaron de inculturización del Evangelio en aquellos pueblos  pues a ellos se debe el traducir el evangelio al lenguaje de aquellos pueblos eslavos, incluso inventando una nueva forma de escribir - caracteres cirílicos se les llama - para su mejor entendimiento.
Es por lo que el Papa los constituyó en Patronos de Europa junto con san Benito que hasta entonces era considerado el único Patrono de Europa y luego otras santas proclamadas en el mismo sentido por el Papa Juan Pablo II. No es momento ahora de extendernos mucho más en estos aspectos y patronazgos.
De ellos destacamos su tarea evangelizadora y que es por donde ha de ir el mensaje que nosotros recibamos en esta fiesta. Por una parte la lectura de los Hechos de los Apóstoles nos manifiesta la apertura del anuncio del evangelio a los gentiles, tarea a la que se dedicó de manera especial Pablo y en el evangelio hemos escuchado el envío que hace Jesús de sus discípulos de dos en dos para que anuncien a todos el Reino de Dios.
‘La mies es abundante, los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies’, les encarga Jesús a los discípulos cuando los envía. Y además los envía desde la pobreza y la austeridad; no han de preocuparse de llevar cosas materiales que les auxilien en su tarea. Han de ser mensajeros de paz. ‘Cuando entréis en una casa, decid primero: paz a esta casa’.
Nos quieren significar mucho estos encargos de Jesús cuando hace el envío de sus discípulos con su misma misión. Primero, la oración que será el motor verdadero de toda obra buena, de la tarea evangelizadora que hemos de realizar. Porque esto tenemos que mirarlo por nosotros mismos. Es la tarea de cada cristiano que se ha de sentir enviado por el Señor, porque siempre tenemos que ser testigos, pero me vais a permitir que piense en este momento en quienes hemos recibido una especial misión del Señor por una vocación, una llamada que hemos recibido del Señor; y pienso en los sacerdotes, en los misioneros, en los religiosos y religiosas que se han consagrado al Señor y que tienen y tenemos esta misión de Jesús en medio del mundo.
Si cuando consideramos la tarea que realizaron san Cirilo y san Metodio en aquellas regiones inmensas de Europa, también nosotros cuando nos sentimos enviados por Jesús nos damos cuenta del campo inmenso que tenemos por delante y nos podremos sentir pequeños y pobres ante la tarea que hemos de realizar. Pero no es nuestra tarea, es la obra del Señor; en su nombre somos enviados; con la fuerza de su gracia allá vamos nosotros a hacer ese anuncio del Evangelio. Por eso rogamos al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. En su nombre vamos nosotros a esparcir por el mundo la semilla de la Palabra de Dios.
Nos podemos sentir pequeños y pobres en nuestros medios y en nuestras capacidades, con esa pobreza y austeridad, decíamos, nos ha enviado el Señor. Como diría san Pablo en un texto que muchas veces habremos escuchado y meditado, ‘este tesoro lo llevamos en vasos de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios, no proviene de nosotros’. Somos siervos inútiles en las manos del Señor, pero de los que el Señor se quiere valer para que se haga ese anuncio del Evangelio. Somos débiles y pecadores los que tenemos que hacer ese anuncio, pero no es a nosotros a quienes nos anunciamos, sino que anunciamos el nombre de Jesús que en nosotros también obra maravillas, a pesar de nuestra debilidad y de nuestro pecado.
Por eso os pedimos que recéis al Señor por nosotros, para que, a pesar de nuestra debilidad y nuestra pobreza, seamos fieles al Señor y a la misión que se nos ha encomendado y seamos también cada día más santos porque sintamos que esa palabra que anunciamos es a nosotros a quienes primero tiene que llegar y producir sus frutos. Así tenéis que rezar por los sacerdotes, por los misioneros, por los religiosos y religiosas y todos los que se han consagrado al Señor para que seamos fieles, para que anunciemos de verdad el nombre de Jesús en quien nosotros, los primeros, hemos encontrado la gracia y la salvación.
Puede ser un buen compromiso que surja de esta fiesta de los patronos de Europa,  san Cirilo y san Metodio, que hoy estamos celebrando.

jueves, 14 de febrero de 2013


Compromiso apostólico en medio del mundo y oración por las vocaciones

Hechos, 13, 46-49; Sal. 116; Lc. 10, 1-9
Aunque apenas iniciamos ayer el tiempo de Cuaresma hoy sin embargo la liturgia nos ofrece la celebración de la fiesta de los Santos Cirilo y Metodio a quien Juan Pablo II declaró patronos de Europa. En el siglo X fueron apóstoles y misioneros de grandes regiones de Europa en las que sembraron las semillas del Evangelio. Habían sido enviados en principio por el Obispo de Constantinopla pues que procedían de aquella zona, fueron luego confirmados en su misión por el Papa de Roma que consagro obispo y envío como legado suyo a Metodio por aquellas regiones eslavas de la Europa oriental.
La Palabra del Señor proclamada en esta fiesta nos ha hablado en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles del momento en que Pablo y Bernabé que iban haciendo su recorrido e instituyendo las diversas iglesias, se dedican de manera especial al anuncio del evangelio a los gentiles, a causa del rechazo de los judíos. ‘Te he puesto como luz de las naciones para que lleves la salvación hasta los confines de la tierra, recuerdan cual era su misión’.
Por su parte en el evangelio hemos escuchado el envío de los setenta y dos discípulos de dos en dos a anunciar el Reino de Dios. Un camino que han de hacer desde una disponibilidad total y siempre con el mensaje del amor y de la paz. ‘Curad a los enfermos que haya y decidles el Reino de Dios esta llegando a vosotros’.
Pero hay también una recomendación que les hace Jesús. ‘La mies es abundante y los obreros pocos. Rogad por tanto al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Creo que la celebración de estos dos santos misioneros de Europa entre otras cosas nos ha de ayudar a reflexionar por una parte en esa misión que a nosotros también Jesús nos confía de anunciar el Reino de Dios.
Todo cristiano ha de sentir ese ardor misionero en su corazón de querer extender el Reino de Dios a todas partes. No todos quizás tenemos la vocación o la llamada del Señor para ir a lejanas tierras para hacer ese anuncio de Jesús y de su evangelio, pero si todos hemos de sentir la inquietud en el corazón de que Jesús sea conocido. No será necesario quizás ir a lejanas tierras para encontrar un lugar donde hacer ese anuncio de Jesús, porque a nuestro lado, cerca de nosotros tenemos a tantos que no conocen a Jesús.
Aunque creamos que todos somos cristianos no siempre es así porque nuestra sociedad se ha descristianizado, porque hay muchos a nuestro lado han perdido la fe, o su fe es tan débil que viven como si no tuvieran fe. Un campo inmenso donde tenemos que sembrar la semilla del evangelio, multitudes a nuestro lado que necesitan esa luz de Jesús. Y eso es tarea nuestra, preocupación y responsabilidad. Hemos de ser cristianos intrépidos que no tengamos miedo de hacer ese anuncio de Jesús con nuestra palabra y con nuestra vida para despertar la fe de tantos a nuestro alrededor que quizás la han perdido.
‘La mies es abundante, nos dice Jesús, los obreros son pocos’. Esa es otra hermosa tarea que tenemos que realizar. Rogar a Dios que sean muchos los llamados, porque el Señor siempre llama, pero que sean muchos los que respondan con generosidad a esa llamada de Dios. Que sean numerosas las vocaciones y numerosos los jóvenes o mayores que den respuesta al Señor para convertirse en evangelizadores en la vida sacerdotal, en la vida religiosa, o desde el compromiso apostólico desde su propia vida en el seno de sus familias o viviendo en el mundo del trabajo en medio de la sociedad.
Un compromiso y una oración, nos esta pidiendo la Palabra de Dios en la fiesta de estos dos grandes misioneros de Europa.

lunes, 14 de febrero de 2011

Un estímulo para nuestra tarea y compromiso de nueva evangelización

Hch. 13, 46-49;

Sal. 116;

Lc. 10, 1-9

Celebramos hoy a san Cirilo, monje, y san Metodio, obispo, patronos de Europa. Evangelizadores de extensas regiones de Europa el Papa quiso nombrarlos patronos de Europa, porque además nos son ejemplo y estímulo para nuestra tarea de evangelización hoy.

La tarea realizada por estos apóstoles y misioneros fue ingente. No podemos negar las raices cristianas de Europa nacida de la predicación del evangelio de misioneros y santos como los que hoy recordamos; aunque por ciertos sectores de nuestra sociedad se quiera negar, son muchos los siglos en los que el evangelio de Jesús fue fermento de vida y de unidad para toda Europa, base también de toda una cultura a la que no se le puede regar, repito, esas raíces cristianas.

Hoy que hablamos de una nueva evangelización, dada la descrinización creciente de nuestros pueblos, nos viene bien recordar a estos apóstoles de Europa y de ellos tomar ejemplo, al tiempo que sean intercesores nuestros para alcanzarnos la gracia de Dios en esta tarea.

La Palabra del Señor que hoy se nos ha proclamado por una parte nos presenta la decisión de Pablo y Bernabé de dedicar todos sus esfuerzos en el anuncio del evangelio entre los paganos cuando tantas veces habían sido rechazados por los propios judíos. ‘A vosotros había que anunciaros antes que a nadie la palabra de Dios, pero puesto que la rechazáis y vosotros mismos no os consideráis dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos…’ Se va cumpliendo así la voluntad de salvación universal querida por el Señor, de lo que ya hemos reflexionado recientemente.

El evangelio nos habla del envío de Jesús de los setenta y dos discípulos de dos en dos para anunciar el Reino allí donde había de ir luego Jesús. Una referencia a esto lo tenemos en el primer envío de estos dos misioneros, Cirilo y Metodio, por parte del Obispo de Constantinopla a predicar la fe cristiana. Luego con la muerte de Cirilo en Roma, será Metodio ya consagrado Obispo por el Papa el que continuará su tarea evangelizadora por extensas regiones.

‘La mies es abundante, pero los obreros pocos, nos dice Jesús en el Evangelio. Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies…’ Una invitación que nos hace el propio Jesús a orar al Padre pidiendo que sean muchos los llamados a trabajar en la viña del Señor. Algo que hemos de tener siempre muy presente en nuestras oraciones. Si queremos, como decíamos antes, empeñarnos en esa tarea de reevangelización de nuestro pueblo que ha ido alejándose de la fe cristiana y de la vivencia del Evangelio, necesitamos misioneros, apóstoles, pastores, gente comprometida en la acción pastoral de la Iglesia para realizar esa tarea. Nuestra oración por las vocaciones tiene que estar siempre muy presente en nosotros.

Finalmente quería fijarme en lo que expresábamos en la oración de esta fiesta. Que seamos un pueblo unido en la fe y en el amor. Vivimos una misma fe en Jesús como nuestra verdadera salvación. Necesitamos vivir esa unión y esa comunión de la fe. La unión en una misma fe nos fortalece; la expresión de esa unidad de fe y de amor será, por otra parte, el mejor testimonio que podemos dar para hacer que el mundo crea, como nos dice Jesús en el evangelio cuando pide por la unidad.

Que esa unidad de fe y de amor la expresemos cada día queriéndonos más, orando los unos por los otros, ayudándonos mutuamente a vivir esa fe y ese amor. El estímulo que recibimos de los santos que hoy celebramos tendría que ser para nosotros un aliciente más para esa firmeza de nuestra fe, para esa hondura de nuestro amor, y así seamos nosotros estímulo también para quienes nos rodean.