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jueves, 6 de noviembre de 2025

La alegría de Dios es perdonar, que nos contagiemos de esa alegría del cielo en la búsqueda de la oveja perdida o la moneda extraviada

 


La alegría de Dios es perdonar, que nos contagiemos de esa alegría del cielo en la búsqueda de la oveja perdida o la moneda extraviada

Romanos 14, 7- 12; Salmo 26; Lucas 15, 1-10

Nos encontramos a aquella persona, ¿un amigo? ¿Un familiar?, revolviéndolo todo como un loco. ¿Qué buscas? ¿Qué has perdido? Algo muy importante para mi; y daba vueltas y vueltas. Ya lo encontrarás, le decíamos; ¿qué es eso tan importante? Algun recuerdo pensamos, alguna cosa que compró un día y que significa mucho para él; por más que le decimos que ya podrá comprar otras cosas, que nada merece tanto esfuerzo y tanta locura, él nos sigue diciendo que sí es muy importante para él porque es algo único. No lo entendemos quizás y lo dejamos con lo que consideramos sus locuras.

Es de la locura que nos está hablando el evangelio. La locura de amor de un Dios por nosotros que nos envió y entregó a su Hijo. No siempre llegamos a entender en toda su hondura las parábolas que nos propone Jesús. Nos parece que aquella moneda que perdió la mujer en su casa en fin de cuentas no es de tanto valor; o nos parece que una oveja entre cien no significa gran cosa como que el pastor arriesgue su vida descolgándose incluso por barrancos para ir en búsqueda de aquella oveja perdida.

Pero la moneda era única para aquella mujer que barría la casa por todas partes; la oveja era única aunque tuviera noventa y nueve más en el redil para aquel pastor que así con tanto afán va a buscarla. Por eso su alegría, tanto de la mujer cuando encuentra la moneda extraviada, como el pastor cuando encuentra la oveja perdida; llamará a sus amigos y vecinos para decirle que la ha encontrado. No olvidemos que somos únicos para Dios.

¿Qué nos está queriendo decir Jesús? Somos únicos para El y siempre querrá nuestra salvación. Nos ama con un amor único e irrepetible. Aunque seamos lo que seamos, aunque seamos los pecadores más horribles del mundo, Dios sigue amándonos y buscándonos, sigue ofreciéndonos su perdón y su amor, quiere cargarnos sobre sus hombros como hace el pastor con la oveja herida.

Aquí podríamos preguntarnos muchas cosas, empezando por si nos gozamos en esa búsqueda de Dios y en ese nuevo encuentro con El. El padre hace fiesta cuando le hijo que se ha marchado y gastado todo de mala manera vuelve a casa. ¿Nos sentimos nosotros disfrutando de esa fiesta del amor y del perdón del Señor? Aquí nos preguntaríamos con qué sentido de fiesta celebramos el sacramento de la reconciliación y del perdón. ¿Saldremos con cara de fiesta tras ese encuentro de perdón? ¿Nos sentimos en verdad amados del Señor?

Pero a partir de esta reflexión que nos hacemos en torno a estas parábolas muchas más cosas tendríamos que preguntarnos. La motivación directa podemos decir por la cual Jesús nos propone estas parábolas son las criticas y comentarios de algunos porque Jesús se mezcla con aquellos que consideraban pecadores; les parecía que Jesús tenía que mostrarse con otro talante de dignidad. Pero Jesús con estas parábolas nos está diciendo que El va allí donde se ha extraviado el pecador y nos invita además a que nos alegremos por esas ovejas extraviadas que vuelve a traer al redil.  ¿Serán esas nuestras actitudes? ¿Nos alegramos con el pecador arrepentido? ¿Sentimos que su gozo en el reencuentro con el Señor es también nuestro gozo? ¿Seremos capaces de copiar en nosotros la alegría del cielo por un pecador que se arrepiente como nos dice Jesús hoy en el evangelio?

Y nosotros que seguimos pensando que hay personas que ya no tienen remedio, que no tenemos que perder tiempo con ellos porque nada vamos a sacar en limpio, que están tan llenos de pecado que tienen como una coraza que ya no atravesará la gracia divina. Porque esas cosas las seguimos pensando, porque en esas discriminaciones andamos, porque cargamos al pecador con su culpa al que dejamos marcado para toda la vida. 

Qué lejos estamos a veces del espíritu del Evangelio. Pero no podemos olvidar que con nuestras actitudes y nuestra manera de acoger a los demás tenemos que ser signos de la misericordia de Dios para nuestro mundo. Sepamos disfrutar del amor del Señor que tan misericordioso es con nosotros y que esa sea la forma cómo nosotros nos manifestemos con los demás. No olvidemos que la alegría de Dios consiste en perdonar y esa debe ser siempre también nuestra alegría. Es la buena noticia que recibimos y la buena noticia, el evangelio, que hemos de trasmitir para transformar nuestro mundo.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Como el pastor que busca la oveja perdida porque para él tiene su valor e importancia, buscamos y nos preocupamos del valor y de la dignidad de toda vida y toda persona

 


Como el pastor que busca la oveja perdida porque para él tiene su valor e importancia, buscamos y nos preocupamos del valor y de la dignidad de toda vida y toda persona

Filipenses 3, 3-8ª; Sal 104; Lucas 15, 1-10

Quizás en una civilización más urbana como la que estamos viviendo algunos no terminen de entender toda la hondura que quieren expresar algunas parábolas de Jesús como las que hoy nos propone nacidas más en un contexto rural y agrario, de trashumancia de ganados y del cuidado de aquellos animales que les servían para su sustento, pero que significaban mucho más en sus vidas. Hoy un poco lo vamos sustituyendo en nuestras ciudades y hasta en nuestros campos con las mascotas que adquirimos como animales que nos acompañan y que quienes los tienen saben de la relación entrañable que se puede establecer entre los humanos y sus animales de compañía.

Para algunos escuchar esta parábola que nos habla del pastor que hace lo imposible por encontrar a la oveja perdida quizás les pueda decir poco desde ese sentido urbano del que hemos hablado y una pérdida para alguno pueda significar un daño colateral a otras circunstancias que se puedan vivir y entonces no se le dé importancia. Son cosas que pasan dirán algunos. Pero Jesús nos está diciendo que para aquel pastor sí tiene importancia, como importancia tiene la moneda extraviada en la casa y que la mujer busca con tanto ahínco. ¿Una joya? ¿un recuerdo familiar? ¿el significado de un primer salario? ¿una herencia de antepasados que nos trae recuerdos e historias familiares vividas? Para aquella mujer no era una simple moneda. Tanto uno como otro al encontrar lo perdido o lo extraviado invitarán a sus amigos a unirse a la alegría y a la fiesta por haberlo recuperado.

Jesús ha propuesto la parábola en un entorno concreto; El buscaba a los pecadores y a los publicanos y no le importaba mezclarse con quien fuera con tal de ganar a alguno. Pensamos fácilmente en la salvación que Jesús nos está ofreciendo cuando a todos ofrece su perdón, a todos llama y a ninguno rechaza, cosa que no entenderán los escribas y los fariseos tan preocupados por sus purezas legales. ¿Cómo Jesús iba a sentar a su mesa a aquellos pecadores? ¿Pero Jesús no se había sentado también a la mesa del fariseo cuando tantas veces había denunciado su obstinación y su pecado?


Pero Jesús nos está hablando de algo todavía, podíamos decir, más profundo e importante. Nos está enseñando el valor de toda persona. Será algo que veremos repetido en el evangelio. Da igual la etiqueta de dignidad que nosotros les pongamos a los demás, porque ya sabemos cómo andamos con nuestras discriminaciones, nuestros separatismos, nuestros racismos… Todo ser humano tiene su dignidad y su grandeza, es una persona y en nuestro humanismo y antropología cristiana decimos más, porque decimos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Por eso toda persona merece nuestro respeto, nuestra atención, nuestro cuidado.

Por eso cuidamos la vida, toda vida, aunque algunos hoy que se tienen por muy avanzados nos digan que hay vidas que no merecen existir por sus deficiencias, por sus enfermedades, por sus limitaciones y no sé cuantas cosas más que nos decimos. Importa poco hoy eliminar una vida que se está gestando en el seno de su madre, y lo mismo buscamos la eutanasia para eliminar a aquellos que ya consideramos inservibles para la sociedad. Pueden parecer fuertes estas palabras pero es en realidad lo que se está haciendo o se quiere hacer en nuestra sociedad.

Por eso buscamos, cuidamos, valoramos, nos preocupamos de todo ser humano; no los podemos dejar a su suerte; hemos de preocuparnos de su dignidad y de su grandeza como personas y así hemos de tratarlos; y queremos la mayor dignidad para toda persona, como también nos preocupamos de su salvación, de arrancarlos de esos pozos hondos en los que algunos quieren hundirse destrozando sus vidas y ya sabemos de cuántas maneras hoy nos podemos destrozar la vida.

Tenemos que sentir esa inquietud en el corazón, tenemos que saber poner manos a la obra, ponernos en camino para ir siempre al encuentro del otro al que siempre podemos ofrecerle vida, luz, sentido, valor para su existencia. Está en nuestras manos hacerlo. Nos lo está pidiendo hoy Jesús en el evangelio. Que sintamos también la alegría cuando ayudamos a recuperar la dignidad de alguien que se encontraba hundido en las miserias de la vida.

 

lunes, 25 de noviembre de 2019

Abramos los ojos para ver cuanto bueno podemos encontrarnos en nuestro entorno y nos encontraremos a Dios caminando a nuestro lado


Abramos los ojos para ver cuanto bueno podemos encontrarnos en nuestro entorno y nos encontraremos a Dios caminando a nuestro lado

Daniel 1, 1-6. 8-20; Sal. Dn 3, 52-56; Lucas 21, 1-4
Es cierto que vamos caminando con los ojos abiertos, de lo contrario iríamos tropezando con todo y con todos, pero también hemos de decir, aunque parezca contradicción, que no siempre vamos con los ojos abiertos y suceden cosas delante de nosotros y ni las vemos ni nos enteramos.
Es mirar, prestar atención, detenernos, darnos cuenta del detalle o del gesto; no nos quedemos en una mirada superficial y ligera donde paseamos los ojos por todos lados pero al final no vemos nada. ¿Te diste cuenta de aquel detalle? Nos dice el que va con nosotros que sí ha sabido observar y se fijó en un detalle al que nosotros no prestamos atención. Pasan desapercibidos delante de nuestros ojos y no los vemos.
Ya sé que me vais a decir que hay muchos que se fijan en todo, que todo lo están observando para criticar, para ver lo malo o la segunda intención, pero yo te digo no mires con mirada turbia, porque algunas veces, es cierto, la maldad que llevamos en el corazón se convierte en persiana delante de los ojos para dejarnos ver solo lo que nos interesa desde nuestra maldad. Sin embargo hay tantas cosas hermosas que nos pasan desapercibidas; nuestros ojos se han ido entumeciendo y ya no nos permiten ver esas cosas tenues pero bellas que si nos fijamos en ellas tienen bello resplandor.
Hoy el evangelio nos habla de que Jesús estaba cerca de la entrada del templo y levantando los ojos vio a cuantos iban entrando y como estaba cerca el cepillo de las limosnas no podía menos que observar la ostentación con que algunos echaban sus limosnas, pero esos oropeles no le impidieron ver a una mujer sencilla, una pobre viuda que echó solo dos reales porque era lo que tenia. Aquella mujer hubiera pasado desapercibido, como realmente lo fue para la inmensa mayoría, frente a los sonidos tintineantes de las monedas que echaban los ricos o de los que hacían ostentación, que además querían hacerse notar.
Normalmente siempre destacamos, como lo hace el mismo Jesús, en este evangelio la generosidad y desprendimiento de aquella pobre mujer que echó cuanto tenía para vivir. Diríamos que en principio es el primer mensaje del evangelio de este día, pero como siempre decimos, con una lectura atenta podemos descubrir algo más. Y es en lo que hoy nos fijamos, la mirada de Jesús que nos enseña para nuestras miradas.
Porque hay tanto detalles en la vida que pueden ser Buena Nueva para nosotros, evangelio para nuestra vida, porque nos enseñan a vivir, nos abren los ojos para amar, nos ponen en una disposición distinta cuando nos hacen salir de nosotros, de nuestros anhelos, de nuestras preocupaciones y agobios para ver algo nuevo, para descubrir una nueva actitud, o para hacernos notar una nueva manera de mirar que hemos de tener en la vida.
Abramos los ojos para ver cuanto bueno podemos encontrarnos en nuestro entorno; abramos los ojos para ver más allá de las apariencias y poder descubrir el corazón de las personas; abramos los ojos llenos de luz para ver lo bueno, para llegar a descubrir que siempre en toda persona hay algo bueno, en toda persona puede florecer el amor, aunque si nos quedamos en lo externo solo veamos hojarasca y espinas; abramos los ojos para descubrir también el sufrimiento que muchos llevan calladamente en su corazón y necesitan el bálsamo de un corazón amigo que camine a su lado y podemos ser nosotros. Abramos los ojos y nos encontraremos a Dios en los que caminan a nuestro lado y en cuanto sucede en torno nuestro.