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viernes, 18 de octubre de 2024

También tenemos que ponernos en camino porque tenemos que contagiar y empapar a nuestro mundo del Salvación que Jesús nos ofrece

 


También tenemos que ponernos en camino porque tenemos que contagiar y empapar a nuestro mundo del Salvación que Jesús nos ofrece

Timoteo 4, 10-17b; Salmo 144; Lucas 10,1-9

Hacer camino no es solo una tarea que tenemos que hacer todos los días porque nos recomiendan que por nuestro bienestar no podemos hacer una vida sedentaria sino que necesitamos caminar, movernos, ejercitar nuestro cuerpo para lograr tener un mejor bienestar. Caminar es salud, nos dicen. Pero ¿no será algo más?

Caminar es una función muy importante de la vida y ya no estamos hablando solo de la vida de nuestro cuerpo. Caminar, ponernos en movimiento forma parte esencial de la vida, que en si mismo tiene que ser siempre crecimiento, pero que necesariamente nos tiene que llevar a salir de nosotros mismos, sí, para ponernos en camino, en camino de búsqueda, en camino hacia el encuentro, en camino hacia la vida misma. No nos encontraremos de verdad con la vida si no salimos y nos ponemos en camino; es descubrir otros mundos y otros pensamientos, es descubrir ese campo en el que tenemos que desarrollarnos, es descubrir el valor de las otras personas y buscamos el encontrarnos con ellas, es descubrir donde encontraremos la plenitud de nuestra vida, es descubrir que tenemos que elevar el punto de mira de nuestra vida para buscar más altas metas, es ponernos en camino hacia lo espiritual que es lo que nos eleva, es camino hacia Dios.

Tenemos un peligro de vivir un sedentarismo, llamémoslo así, espiritual, porque nos da pereza, porque queremos quedarnos en nuestra comodidad, porque nos acostumbramos y nos acomodamos en lo que estamos y perdemos de vista valores superiores que tenemos que buscar, porque tememos el conflicto, la dificultad, incluso la adversidad que podamos encontrar, porque nos llenamos de miedos, y estamos cortándoles las alas a la vida, no estaremos de verdad caminando a esa plenitud a la que estamos llamados, porque todos estamos llamados a crecer.


Hoy nos dice Jesús en el evangelio que nos pongamos en camino. En la fiesta litúrgica de san Lucas evangelista que estamos celebrando hoy se nos propone el evangelio del envío de Jesús de los setenta y dos discípulos que habían de ir porque donde luego El habría de ir también anunciando el evangelio. Es un primer anuncio el que tienen que hacer; y lo harán con su palabra, pero lo harán con el testimonio de su vida. Por eso Jesús los envía en medio de la mayor austeridad, ni alforjas ni pan para el camino, solamente un bastón en la mano para hacer el camino y un poder en su palabra y en su corazón para comenzar a hacer presente el Reino de Dios liberando a todos los oprimidos por el mal. Solo han ha de apoyarse en la fuerza del Señor con ese mensaje de la paz que han de transmitir.

Es también el camino en que nosotros nos hemos de poner, el camino que también hemos de emprender. Como decíamos antes, algo nos faltará a la vida si no sabemos ponernos en camino; no solo ya es ese camino humano que todos hemos de recorrer como personas, como miembros de la sociedad en la que vivimos y que nos lleva a ese crecimiento personal como decíamos. Es el camino que como creyentes en Jesús hemos de saber emprender. Es el envío que Jesús nos hace a nosotros también a ese mundo en el que vivimos, esa sociedad de la que participamos y a la que tenemos que hacer también el anuncio del Reino de Dios.

Nos entenderán o no querrán entendernos, pero el testimonio tenemos que darlo, el camino hemos de recorrerlo, el anuncio tenemos que hacerlo. Porque es anuncio de vida que vamos a hacer desde nuestra vida, en nosotros llevamos también esa fuerza del Espíritu del Señor para transformar nuestro mundo, para curar a nuestro mundo. El poder de Jesús en nosotros está, tenemos que saberlo utilizar; nos mostramos llenos de esa vida y de esa salud (salvación) que Jesús nos ha regalado y la compartimos, la contagiamos a los demás.

Una pregunta quizás tenemos que hacernos, ¿qué le pasa a nuestra vida de cristianos que no somos capaces de contagiar de esa salud al mundo en el que vivimos? ¿Todavía no nos habremos dejado curar del todo por Jesús?

viernes, 18 de octubre de 2019

El evangelio del amor y la misericordia de Dios no nos lo podemos guardar para nosotros sino que hemos de ser verdaderos evangelistas de ese mensaje para el mundo de hoy


El evangelio del amor y la misericordia de Dios no nos lo podemos guardar para nosotros sino que hemos de ser verdaderos evangelistas de ese mensaje para el mundo de hoy

2Timoteo 4,9-17a; Sal 144; Lucas 10,1-9
Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él’. ¿Qué misión les confiaba Jesús? Anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios que llegaba, anunciar el nombre de Jesús.
Algo que no podemos olvidar. Entonces, de entre todos aquellos que le escuchan y le comienzan a seguir Jesús escoge a setenta y dos que envía con su misma misión. Más tarde, después de la resurrección, Jesús enviará a los apóstoles (los enviados) por todo el mundo a hacer anuncio de la buena noticia, a hacer anuncio de la salvación que Jesús ofrece a todos los hombres. ‘Seréis mis testigos’, les dice, pero no solo en Jerusalén y Judea, sino hasta los confines de la tierra. Y es que todo los hombres han de conocer ese anuncio, todos los hombres han de recibir esa buena nueva, ese evangelio de Jesús nuestro salvador.
He querido comenzar recogiendo estos dos momentos en que se enmarca el evangelio de san Lucas, a quien hoy estamos celebrando, porque es crucial que recibamos ese anuncio y esa misión. El mismo Lucas al comienzo de su relato nos dirá que ha querido escribir por orden todos aquellos acontecimientos en torno a Jesús y su salvación para que a todos pueda llegar ese mensaje. Ha recogido el relato de aquellos que fueron testigos de la vida de Jesús, ha recopilado información de lo que ya algunos habían intentado hacer pues bien sabemos que bebió de otras fuentes, de otro primer evangelio escrito del que también bebió en sus fuentes Marcos para escribir su evangelio, los exegetas lo llaman Evangelio Q.
Pero no nos metamos ahora por esos vericuetos de la exégesis, sino que tengamos claro que como Lucas nosotros también bebiendo de las fuentes del Evangelio lo hemos de hacer vida en nosotros pero para ser testigos en el mundo de hoy que necesita escuchar el nombre de Jesús, escuchar esa buena nueva de salvación que también es para el hombre de hoy.
Tenemos que ser muy conscientes de esa misión que nosotros también hemos recibido. Porque quienes hemos recibido el regalo de la gracia, el regalo de poder conocer a Jesús y querer convertir el Evangelio en vida de nuestra vida, no nos podemos guardar ese regalo para nosotros sino que necesariamente nosotros también tenemos que convertirnos en testigos. Testigos del amor y de la misericordia de Dios que hemos experimentado en nuestra vida y a todos también hemos de decir qué grande es la misericordia y al amor del Señor. Recordemos que es un mensaje fundamental del evangelio de san Lucas. Ahí encontramos las más hermosas páginas, las más hermosas parábolas que nos hablan del amor y de la misericordia del Señor. Está muy patente en este evangelio esa buena noticia que es Jesús para los pobres y para los que sufren desde lo más hondo de su corazón.
El mundo necesita de ese anuncio. Aunque parezca que el sentido del pecado esté desapareciendo de las gentes de hoy sin embargo en el fondo de las conciencias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo ahí está latente ese darse cuenta de los errores que se comenten en la vida y de cómo muchas veces por ese mal que aparece en nuestras vida hacemos mucho daño a los demás. Y aunque se trate de disimular de falaces alegrías que quieran señalar una efímera felicidad en el fondo del corazón perdura la amargura y la angustia. En ese mundo en el que queremos hacer desaparecer cualquier elemento religioso que pueda responder a las inquietudes de nuestra vida, sin embargo acudimos más que nunca a sanadores del cuerpo y del espíritu en la psicología o la psiquiatría. Angustia en el corazón cuando no sabemos encontrar caminos que nos lleven a la verdadera paz que nos obtenga el perdón por lo malo que hayamos hecho.
No digo que no acudamos a estos hombres y mujeres de ciencia que puedan ayudarnos a abrir nuestros corazones a un equilibrio interior. Pero sigo diciendo que necesitamos el mensaje de Jesús y de su evangelio que nos habla de la misericordia y del amor que sí nos llena el corazón de paz cuando nos sentimos perdonados por el amor de Dios que nos hace abrirnos a mundo en el que hemos de saber poner paz porque sepamos encontrar los medios de reconciliación entre todos. Es lo que Jesús nos ofrece y que tantas veces rechazamos, de lo que el mundo no quiere oír, pero que necesita reencontrarse de nuevo con el verdadero mensaje del Evangelio.
Esta fiesta que hoy celebramos de san Lucas evangelista pienso que puede ser una buena interpelación para nosotros. Lo que Lucas conoció de Jesús no se lo guardo para él, sino que se convirtió en evangelista. ¿Nos podemos guardar para nosotros el mensaje del Evangelio sin anunciárselo a nuestro mundo que tanto lo necesita? Hemos de ser evangelista también con nuestro testimonio, con nuestra palabra, con todo el compromiso de nuestra vida.


martes, 18 de octubre de 2016

Es necesario de una vez por todas ponernos en camino para ir al encuentro de nuestro mundo con la Buena Nueva de la Paz que nos ofrece Jesús y tanto necesitamos

Es necesario de una vez por todas ponernos en camino para ir al encuentro de nuestro mundo con la Buena Nueva de la Paz que nos ofrece Jesús y tanto necesitamos

2Timoteo 4,9-17ª; Sal 144; Lucas 10,1-9

‘¡Poneos en camino!... Paz a esta casa… Está cerca de vosotros el Reino de Dios…’ Un mandato, una misión que compartir, un anuncio, es el encargo que Jesús les hace a los discípulos que envía. Es el encargo que nosotros también recibimos.
‘¡Poneos en camino!’ Quien ha recibido el mensaje de la salvación no puede quedarse encerrado en si mismo, no se lo puede guardar solo para él. Como Jesús tenemos que ponernos en camino; así lo vemos en el evangelio. No espera a que vengan a El; va allí donde está la gente, donde hay personas que sufren, donde hay gente ansiosa de paz. Camina por los pueblos y aldeas de Galilea, va siempre es búsqueda del que está atormentado, se hace el encontradizo con los que sufren por cualquier motivo, para todos tiene un gesto y una palabra de esperanza. Es siempre un camino de amor el que va realizando Jesús porque se va encontrando con las personas, porque va llevando la paz a los corazones, porque El mismo es Buena Nueva, es Evangelio para los demás, porque su presencia está anunciando un mundo nuevo, una vida nueva.
‘Paz a esta casa’. Es el anuncio de la paz; no una paz que buscamos en lugares lejanos, sino que la hemos de encontrar y disfrutar allí donde estamos, donde está nuestra vida que es donde están los conflictos. No es una paz lejana o que nos venga impuesta, sino que es una paz que hemos de aprender a sentir dentro del corazón; es la paz que nace de la misericordia y del perdón; es la paz que se vive cuando vivimos de verdad en el amor, cuando amamos; quienes aman no solo sienten la paz en su corazón sino que la hacen sentir a los demás; quienes aman de verdad son siempre instrumentos de paz, sembradores de paz, constructores de la paz.
‘Está cerca de vosotros el Reino de Dios’. Cerca porque hemos de sentirlo en nuestra vida; cerca porque cuando buscamos la paz con nuestro amor, con nuestra misericordia, con el perdón que recibimos y que también damos a los demás, estamos haciendo presente el Reino de Dios; cerca porque cuando vamos escuchando la Buena Nueva que es Jesús y lo vamos reconociendo  como verdadero Señor de nuestra vida ya comienza a haber un mundo nuevo en nosotros y entre aquellos que nos rodean.
Hoy estamos celebrando a san Lucas, evangelista. El supo trasmitirnos esa Buena Nueva de Jesús que nos dejó plasmado en su Evangelio y en como lo vivían las primeras comunidades cristianas como nos narra en los Hechos de los Apóstoles. Su celebración nos impulsa y nos compromete a ser nosotros también evangelio, porque nos pone en camino para hacer ese anuncio de la paz y del Reino de Dios. Nuestra vida, a través de nuestro compromiso, de lo que pensamos y de lo que hacemos, de nuestros gestos y de lo que decimos ha de ser siempre signo de Evangelio.
Muchos son los que necesitan ese anuncio, esos gestos y signos de nuestra vida para impregnarse también de la Buena Nueva de Salvación que Jesús nos trae. Muchos son, igual que en los tiempos de Jesús, los que están esperando esa Buena Noticia, necesitan recibir esa Buena Noticia desde sus vidas atormentadas, desde las oscuridades que los envuelven, desde sus desesperanzas y angustias, desde tantos sufrimientos en su cuerpo o en su espíritu, desde tantos vacíos que necesitan encontrar una luz y un sentido para sus vidas.
Hoy la Iglesia con intensidad desde la figura y desde los gestos y palabras del Papa Francisco nos está invitando también a ponernos en camino. Hemos vivido demasiado hacia adentro y el Papa nos recuerda que hemos de salir a las periferias, allí donde es necesario que sea anunciado el Evangelio de Jesús. En ese sentido van los planes pastorales en nuestras diócesis y en nuestras parroquias en los que es necesario que nos impliquemos más. La misma celebración del Domund que celebraremos el próximo domingo, domingo de las Misiones, nos lo recuerda también.

sábado, 18 de octubre de 2014

Una buena noticia para los pobres vivida desde la comunión en que nos sentimos unidos en un mismo corazón y un mismo espíritu

Una buena noticia para los pobres vivida desde la comunión en que nos sentimos unidos en un mismo corazón y un mismo espíritu

2Tim. 4, 9-17; Sal. 144; Lc. 10, 1-9
‘¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria!’ Es la antífona de entrada de la liturgia de este día. Celebramos, sí, al mensajero, el evangelista, el que nos trae la noticia de la paz anunciada para todos los pueblos, el que nos anuncia la Buena Nueva de la Salvación, el que nos va a ayudar a proclamar a Jesús como el Señor cuando le contemplemos resucitado en su evangelio.
San Lucas, evangelista, al que hoy celebramos, discípulo que había sido de san Pablo y lo habían acompañado en sus viajes y en momentos incluso en que el apóstol se había quedado solo. ‘Solo Lucas está conmigo’, le dice en la carta a Timoteo. San Lucas, el primer historiador de la Iglesia, porque nos deja reflejado en el libro de los Hechos de los Apóstoles lo que fueron los comienzos de la Iglesia y gran parte de los recorridos de Pablo en sus viajes.
Lucas no había formado parte del grupo de los discípulos de Jesús ni en consecuencia del grupo de los Doce apóstoles; llegó al conocimiento de Jesús más tarde, probablemente en alguno de los viajes de Pablo, pero supo recoger el espíritu de la Buena Nueva de Jesús y nos trasmitió su evangelio, entrando incluso en detalles de la infancia de Jesús en que no entraron los otros evangelistas.
‘Muchos se han propuesto componer un relato de los acontecimientos que se han cumplido entre nosotros’, nos dice precisamente en el comienzo de su Evangelio; ‘me ha parecido también a mí, después de haber investigado cuidadosamente todo lo sucedido desde el principio, escribir una exposición ordenada…’ continúa diciendo en la dedicatoria que hace al ilustre Teófilo, ‘para que llegues a comprender la autenticidad de las enseñanzas que has recibido’.  Y así nos ha quedado su Evangelio, su relato de la Buena Noticia de Jesús.
En la oración litúrgica de esta fiesta se nos da la clave de lo que es el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles que nos ha trasmitido san Lucas y que para nosotros es Palabra de Dios. Casi podríamos decir que es como una definición o una descripción de su obra. ‘Elegiste a San Lucas para que nos revelara con su predicación y sus escritos tu amor a los pobres’, nos dice en primer lugar.
‘Dichosos los pobres…’ así escuetamente nos dirá en la primera de las bienaventuranzas en el relato de Lucas. Pero allá en la sinagoga de Nazaret en el texto de Isaías que allí proclama Jesús dirá que el Espíritu está sobre El y lo ha ungido y lo ha enviado a anunciar el evangelio a los pobres. A lo largo de todo el evangelio veremos cómo Lucas nos va mostrando esa cercanía de Jesús para con los pobres, los enfermos, los que sufren.
‘Concede, a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y con un mismo espíritu’ es el segundo aspecto a destacar. Estas palabras de la oración copian, por así decirlo, la descripción que nos hace Lucas de lo que era la primera comunidad cristiana en Jerusalén. Es, por así decirlo, la traducción que nos hace del mandamiento del amor que ya nos vendrá reflejado a lo largo del evangelio y que Juan nos lo propondrá con mayor rotundidad. San Lucas nos lo traduce en hechos, en lo que vivía la primera comunidad cristiana espejo y reflejo de lo que ha de ser nuestra vida, la vida de nuestra comunidad cristiana, la Iglesia, hoy.
 ‘Concede… atraer a todos los hombres a la salvación’, decimos finalmente en la oración litúrgica. ‘Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se anunciará a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados’, pone en labios de Jesús al final de su evangelio después de la resurrección. Y cuando comienza el relato de los Hechos de los Apóstoles san Lucas nos narrará que mientras van de camino al lugar de la Ascensión Jesús les dirá: ‘Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra’. Lo que continuará relatándonos en los Hechos de los Apóstoles responderá a este anuncio de la salvación a todos los hombres.
Tres aspectos que tendrían que revertir en compromiso en nosotros cuando estamos celebrando la fiesta del evangelista san Lucas. Pobres nos hacemos para abrir nuestro corazón a Dios, pero evangelio que hemos de llevar también nosotros a los pobres. El anuncio del nombre de Jesús y su salvación ha de ser la alegría que llevemos a tantos corazones atormentados. Recordemos cómo se llenaban de alegría los pastores de Belén, los primeros pobres a los que se llevó la Buena Noticia, cuando el ángel le anunciaba la Buena Nueva del nacimiento del Salvador.
Nueva comunión de amor que hemos de aprender a vivir entre nosotros ‘para vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu’ que sea la traducción en nuestra vida del mandamiento nuevo del amor. Inquietud y espíritu misionero en nuestro corazón para llevar la alegría del evangelio a todos los hombres, más aún como estamos en vísperas de la celebración del Domund.

viernes, 18 de octubre de 2013

Qué hermosos los pies del mensajero que anuncia la paz y la misericordia

FIESTA DE SAN LUCAS, EVANGELISTA

2Tim. 4, 9-17; Sal. 144; Lc. 10, 1-9
‘¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria!’ Es la antífona con la que comienza la liturgia de la Eucaristía en esta fiesta del evangelista san Lucas. Así podemos decir del evangelista. Así contemplamos los pies de aquellos discípulos de los que nos habla el evangelio que fueron enviados por Jesús a anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, a llevar la paz. ‘Cuando entréis en una casa, decid primero: paz a esta casa… y decid: está cerca de vosotros el Reino de Dios’.
Celebramos en este día la fiesta del evangelista que no solo nos trasmitió el evangelio, llamado precisamente por su nombre, el evangelio de San Lucas, pero que nos trasmitió la historia de las primeras comunidades cristianas, en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Hemos escuchado por otra parte la referencia que hace san Pablo de la presencia de Lucas, ‘su querido médico’, a su lado, como lo había acompañado en gran parte del recorrido de sus viajes apostólicos, que luego nos trasmitiría.
Partiendo de lo que expresa la liturgia de la fiesta del evangelista en las antífonas o en los textos eucológicos (las oraciones) quería fijarme en algunos aspectos de lo que fue la trasmisión que El nos hace del Evangelio de Jesús.
‘San Lucas al darnos su evangelio nos anunció el sol que nace de lo alto, Cristo, nuestro Señor’, que nos propone la antífona del cántico del Benedictus en Laúdes. Es el anuncio que proféticamente hace Zacarías en ese cántico con el que bendice a Dios por el nacimiento de Juan. ‘Nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’, que canta Zacarías. Juan viene como precursor a preparar los caminos; no es la luz, como se nos dirá en el evangelio de Juan, sino el testigo de la luz; es el que viene a anunciar la llegada del sol que nace de lo alto. Cristo será nuestra luz.
¿Qué nos manifiesta esa luz? ¿Cómo ilumina nuestra vida? Llenándonos de la misericordia de Dios. Es el otro aspecto a destacar en el evangelio de Lucas. ‘Dichoso evangelista san Lucas, que resplandece en toda la Iglesia por haber destacado en sus escritos la misericordia de Cristo’. Así dice la Antífona de las vísperas al cántico del Magnificat. Es una palabra que se repite tanto en el cántico de Zacarías como el cántico de María. ‘Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos… realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres y recordando su santa alianza’, dice por una parte. Pero luego cuando nos anuncia ese sol que nace de lo alto lo hace desde el mismo sentido. ‘Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto…’
Pero María también canta la misericordia de Dios.  ‘Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación’, nos dice María como motivo grande de la alegría que hay en su corazón. Su ahora se están cumpliendo las profecías cuando en sus entrañas lleva ya al Salvador del mundo es porque el Señor ‘auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre’. Todo es cantar la misericordia del Señor.
No podemos extendernos en recorrer las páginas de este evangelio de la misericordia del Señor con su pueblo, pero podríamos recordar por una parte el encuentro de Jesús con la mujer pecadora donde se derrama la misericordia del Señor sobre su corazón lleno de amor, y la parábola del hijo pródigo que más tendríamos que llamar la parábola del padre misericordioso.
Y finalmente otro aspecto a destacar que nos lo subraya la oración litúrgica. ‘Elegiste a san Lucas para que nos revelara, con su predicación y sus escritos, tu amor a los pobres…’ Es san Lucas el que nos trae el episodio de la sinagoga de Nazaret donde se lee aquel texto de Isaías que anuncia al que viene ungido por el Espíritu del Señor para anunciar la Buena Nueva, el Evangelio, a los pobres.
Pobres pastores de los alrededores de Belén serán los primeros en acoger la Buena Noticia del nacimiento de Jesús en el anuncio de los ángeles. Y a los pobres les veremos no pasar necesidad en la primera comunidad de Jerusalén, como nos narrará en los Hechos de los Apóstoles, porque todo lo ponían en común para que nadie pasara necesidad. Muchos más textos podríamos aducir del Evangelio o de los Hechos de los Apóstoles para que corrobore lo que expresamos en la oración de la Iglesia.
Pues que lo que expresamos para concluir la oración litúrgica del día se vea en verdad reflejado en nuestra vida como un fruto de la celebración que ahora estamos viviendo. ‘Concede a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación’. Nos sentimos enviados también a hacer ese anuncio de la misericordia del Señor que sentimos en nuestra vida y no solo hemos de hacerlo con nuestras palabras sino con el testimonio de una vida en comunión de verdadero amor con nuestros hermanos, en especial con los que nos rodean y con los pobres y los que sufren.
‘¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria!’, como expresábamos al principio de nuestra reflexión recogiendo el sentir de la liturgia.

jueves, 18 de octubre de 2012


Con san Lucas testigos de la alegría de la fe y de la esperanza

2Tim. 4, 9-17; Sal. 144; Lc. 10, 1-9
Siempre tiene que ser así el evangelio, una buena noticia que nos llena de alegría, que suscita esperanza y que nos anuncia lo que es el amor y la misericordia del Señor sobre todo para los más humildes y los más pobres. Pero si decimos esto siempre del evangelio con muchísima razón lo decimos del evangelio de san Lucas, el evangelista que hoy estamos celebrando.
Lucas fue compañero de viaje de san Pablo y el que en momentos difíciles para el apóstol estuvo con toda fidelidad junto a él, como no lo recuerda el propio Pablo en la carta a Timoteo, ‘sólo Lucas está conmigo’.
‘El médico querido’, como lo llama el apóstol es ‘el cantor de la mansedumbre de Cristo’, como lo llama Dante. Interesado en trasmitirnos con toda fidelidad la Buena Noticia de Jesús, como él mismo dice en el principio de su evangelio, trató de investigar con todo detalle y cuidadosamente lo sucedido desde el principio para hacernos una exposición ordenada, como dice él mismo en el inicio de su evangelio.
Una Buena Noticia que nos llena de alegría, decíamos al principio de nuestra reflexión, y podríamos decir que así entre anuncios y constataciones de alegría está enmarcado todo su evangelio. Es quien nos habla del ángel que hace el primer anuncio del nacimiento de Jesús comunicando una gran alegría. ‘Os anuncio una gran alegría, les dice a los pastores, que lo será para todo el pueblo. Os ha nacido un Salvador, que es el Mesías, es el Señor’.
Terminará el evangelio hablándonos de nuevo de la alegría con que regresaron a Jerusalén los apóstoles después de la Ascensión del Señor. ‘Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén rebosantes de alegría’.
Es la alegría en la montaña por el nacimiento de Juan, como es la alegría de los apóstoles cuando se les manifiesta resucitado, de modo que ‘por la alegría y el asombro aún se resistián a creer’. Pero será la alegría y el gozo de los pobres y de todos los que sufren cuando se les anuncia la Buena Nueva del Reino de Dios. ‘Los pobres serán evangelizados’, anunció con el profeta en la sinagoga de Nazaret, pero que seria también la alegría de los ciegos que recobrasen la vista, o los inválidos que recobrasen el movimiento de sus miembros.
Buena Noticia que les llenaba de alegría cuando se sentían perdonados porque grande era la misericordia del Señor llega a sus fieles de generación en generación, como cantaría María en el Magnificat y llenos de esperanza se ponían en camino de una vida nueva y distinta que era el Reino de Dios que Jesús anunciaba y constituía, porque ‘eran derribados los poderosos de sus tronos y enaltecidos los humildes, los hambrientos se veían colmados de bienes, mientras los ricos eran despedidos sin nada’.
Estamos recogiendo algunos aspectos del mensaje maravilloso que nos trasmite Lucas en su evangelio. Como decíamos buena nueva de esperanza y de alegría, que nos manifiesta la misericordia del Señor y nos pone en el camino nuevo del amor. ‘San Lucas, como expresamos en una de las antífonas de la liturgia, al darnos su evangelio nos anunció al Sol que nace de lo alto, Cristo, nuestro Señor’. Por eso también, en la oración litúrgica, manifestamos que el Señor eligió a san Lucas ‘para que nos revelara, con su predicación y sus escritos, tu amor a los pobres’.
Como proclamará Lucas en las Bienaventuranzas ‘dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios, dichosos los que ahora tenéis hambre, porque Dios os saciará, dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis… alegraos y saltad de gozo ese día porque vuestra recompensa será grande en el cielo’.
Que cuantos hoy celebramos esta fiesta de san Lucas, como nos enseña él también, en los Hechos de los Apóstoles, lleguemos a vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación. Que seamos en verdad testigos de la alegría de nuestra fe y de nuestra esperanza, porque creemos en la misericordia del Señor que se derrama sobre todos los hombres. 

sábado, 17 de diciembre de 2011

Justicia y paz, compromiso de navidad


Gén. 49, 2.8-10;

Sal. 71;

Mt. 1, 1-17

Iniciamos estos ocho días de más intensa preparación para la Navidad, caracterizados por una parte por las llamadas antífonas de la O, que son las antífonas que en vísperas cada tarde acompañan el canto del Magnificat y en que la liturgia eucarística se nos proponen en el Aleluya antes del Evangelio, y por otra por los textos del evangelio del principio de san Mateo y san Lucas en referencia a los acontecimientos previos al nacimiento de Jesús.

Las antífonas a las que hacemos referencia son como aclamaciones a Cristo que viene a nosotros como Sabiduría de Dios, Jefe de la Casa de Israel, Rey de las naciones, estrella y llave de David, Raíz de Jesé, por sólo citar algunas.

Hoy escuchamos en el evangelio el inicio del de San Mateo, a quien seguiríamos escuchando también mañana, salvo que como es domingo tendremos los textos del cuarto domingo de Adviento. El resto de días iniciaremos el evangelio de san Lucas al que iremos leyendo de forma continuada, para concluir leyendo el relato del nacimiento de Jesús en la misa de la nochebuena.

Como decíamos hoy nos presenta san Mateo ‘la genealogía de Jesús, hijo de David, hijo de Abrahán’. Es el inicio del evangelio de Mateo. Es como su entronque en el pueblo judío, puesto que parte de los orígenes de la historia de Israel con Abrahán a quien Dios le había prometido hacer padre de un pueblo numeroso. Pero es también hablarnos del linaje de David, de la tribu de Judá en quien vemos precisamente en la primera lectura el anuncio en cierto modo mesiánico que le hace su padre Jacob.

‘No se apartará de Judá el cetro ni el bastón de mando entre sus rodillas’, le dice Jacob delante de todos sus hijos haciéndolo heredero de la promesa. Es lo escuchado en la primera lectura. Sería de la tribu de Judá de la que nacería el rey David, como del linaje de David es José, como nos dice el evangelio. Y a Jesús, como le anuncia el ángel a María ‘el Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin’. Es como el cumplimiento de lo profetizado por Jacob a su hijo Judá para su descendencia.

Recojamos el sentido del responsorio del salmo que hoy hemos recitado para hacerlo oración, hacerlo la petición de nuestro día. ‘Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente’, repetíamos. Como hemos venido escuchando en el anuncio de los profetas a través de todo este tiempo del Adviento, la justicia y la paz son los frutos que van a florecer con la venida del Mesías.

Es el mundo nuevo que Jesús va a instaurar. Es el Reino de Dios que nos anuncia y se constituye en El. El Reino de la justicia y de la paz. Los ángeles cantarán la gloria del Señor y la paz para todos los hombres a la hora del nacimiento de Jesús.

Cuánto tenemos que pedírselo al Señor. Cuánto lo necesitamos nosotros y lo necesita nuestro mundo tan convulso y tan revuelto con tantas cosas. Es nuestra oración y será también nuestro compromiso buscando siempre lo bueno, buscando siempre la paz, buscando que en verdad todos los hombres podamos vivir con toda dignidad.

Pensemos que nuestro compromiso tiene que ser que a partir de esta vivencia de la Navidad, sintamos más presente a Dios entre nosotros y todos podamos conocer más y vivir la salvación que Jesús viene a traernos. En eso nos sentimos comprometidos y de esa vida nueva de justicia y de paz tenemos que ser testigos.

martes, 18 de octubre de 2011

San Lucas, el cantor de la mansedumbre y la misericordia de Cristo

2Tim. 4, 9-17;

Sal. 144;

Lc. 10, 1-9

‘San Lucas, al darnos su evangelio, nos anunció el Sol que nace de lo alto, Cristo, nuestro Señor’. Así se proclama en una antífona de la Liturgia de las Horas en Laúdes en esta fiesta de san Lucas evangelista que hoy celebramos.

Efectivamente, casi en las primeras páginas del evangelio, en el cántico de Zacarías por el nacimiento de Juan así se nos dice: ‘Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte’. En medio de resplandores de luz nos describirá precisamente el evangelista san Lucas el nacimiento de Jesús. Y el anciano Simeón, también nos lo narra este evangelista, da gracias a Dios por sus ojos han visto al Salvador ‘a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’.

‘El cantor de la mansedumbre de Cristo’, llama Dante a san Lucas, porque en su evangelio como en ninguno se nos habla de la misericordia de Dios. Ya lo mencionábamos en el cantico de Zacarías ‘por la entrañable misericordia de nuestro Dios’, será igualmente en el cántico de María que bendice al Señor ‘cuya misericordia llega a sus fieles de generación en generación…’ Pero será sobre todo en las parábolas que nos hablan de la misericordia de Dios que nos trasmite de manera especial este evangelista – el hijo pródigo, la oveja perdida, la moneda extraviada, por ejemplo -, o todos los signos, milagros, que nos describe para manifestarnos así cómo es el rostro misericordioso de Dios que se nos manifiesta en Jesús.

O, como hemos pedido en la oración litúrgica de esta fiesta ‘elegiste a san Lucas para que nos revelara tu amor a los pobres’; por eso le pedíamos también lo que ya san Lucas nos describirá en los Hechos de los Apóstoles sobre el espíritu de aquellas primeras comunidades cristianas que ‘a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu para atraer a todos los hombres a la salvación’.

Quien nos trasmite la Buena Nueva, el Evangelio, de la misericordia, del amor a los pobres nos está enseñando también cómo ha de ser ese amor en nuestro corazón para todos, pero en especial para con los pobres y los que sufren. La Parábola del Buen Samaritano, única en este evangelio, nos enseña quién es nuestro prójimo y cómo hemos de acoger y tratar a todo prójimo, con amor y misericordia.

‘Para atraer a todos los hombres a la salvación’, decíamos antes que pedíamos y el evangelio de Lucas es lo que nos está enseñando. Primero serán los pobres, los pastores de Belén, a los que se les anuncia la Buena Nueva del nacimiento de Jesús; y serán los magos de oriente, venidos de lejos, los que vienen buscando al recién nacido rey de los judíos porque han visto surgir su estrella en el cielo – el Sol que nace de lo alto – y al que le ofrecerán oro, incienso y mira, reconociendo no solo su humanidad, sino tambien su condición divina de Hijo de Dios que trae la salvación a todos los hombres.

Antes de Pentecostés, ya en el libro de los Hechos, Lucas nos trasladará las palabras de Jesús que anuncian la presencia y la fuerza del Espiritu para que sean testigos no sólo en jerusalén y Judea, sino en Samaría y hasta los confines de la tierra. Pedro, nos narrará Lucas, bautizará al centurión Cornelio en Cesarea y Pablo se dedicará al anuncio de la Buena Nueva del Evangelio a los gentiles.

Cuando estamos celebrando la fiesta de este evangelista, he querido fijarme en algunas de las características del evangelio de Lucas y de los Hechos de los Apóstoles, de los que también es autor, porque quizá son aspectos que necesitamos resaltar en la vivencia de nuestra fe y en el testimonio de nuestra vida cristiana. Ese amor y misericordia de Dios manifestado para con todos, especialmente los pobres y los pecadores, que ha de ser también nuestro anuncio, el anuncio y el testimonio de la Iglesia hoy y que con nuestra vida hemos de proclamar manifestándonos así como verdaderos testigos de Jesús.

Que la intercesión de san Lucas nos ayude a vivir con ese mismo corazón y ese mismo espíritu para atraer a todos por nuestro testimonio a los caminos de la fe y de la salvación.

lunes, 18 de octubre de 2010

El evangelista de Buenas Nuevas de alegría a los pobres y de la misericordia del Señor


San Lucas Evangelista

2Tim. 4, 9-17;
Sal. 144;
Lc. 10, 1-9

Celebramos hoy al evangelista san Lucas, autor del tercer evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. Bien nos habla él en el principio de estos libros de su interés por conocer la verdad de Jesús con todos los hechos y acontecimientos de su vida y escribirlos con orden para que los podamos conocer.
San Pablo lo cita en sus cartas como compañero que permanece con él, incluso en momentos difíciles en que otros han dejado a Pablo. Lucas de origen o al menos de cultura griega un día conocería el evangelio de Jesús y se convirtió en discípulo; pero quiso ser más porque nos dejó el evangelio trasmitiéndonos así todo lo que él había conocido de Jesús. Es lo primero que hemos de destacar de Lucas, el evangelista, el trasmisor del Evangelio.
Muchas cosas se podrían resaltar del evangelio de Lucas. Destacaremos algunas cosas que nos puedan ayudar en su fiesta a conocerle, pero sobre todo a través de su evangelio a llegar también nosotros a un mayor conocimiento de Jesús.
Es el evangelista que nos anuncia buenas nuevas de alegría tanto en el relato del nacimiento de Jesús como en la resurrección. ‘Os anuncio una gran alegría…’ trasmitieron los ángeles a los pastores según el relato que nos hace Lucas. Alegría trasmitieron también los ángeles a las mujeres que iban al sepulcro al anunciarles que no buscaran entre los muertos al que estaba vivo porque Jesús había resucitado. Y por fijarnos en algunas cosas más Jesús en el evangelio de Lucas nos habla de la alegría del cielo cuando un pecador se arrepiente se convierte, igual que la fiesta que hace el padre a la vuelta del hijo que estaba perdido y lo habían de nuevo encontrado.
Pero es también el evangelista que nos habla de la Buena Noticia, el Evangelio, que se anunciará a los pobres. Será en la sinagoga de Nazaret cuando Jesús mismo lee al profeta Isaías comentando que lo anunciado por el profeta allí se estaba cumpliendo. Por eso el evangelista al darnos su relato de las bienaventuranzas llamará dichosos a los pobres porque de ellos es el reino de los cielos.
Será el evangelista que nos narrará las más hermosas parábolas que nos hablan de la misericordia de Dios cuando nos habla de la oveja perdida, la moneda extraviada o el hijo pródigo que marcha de la casa del padre, para hablarnos, como decíamos, de la alegría del cielo, pero de la misericordia de Dios que nos busca y nos ofrece siempre el abrazo de su amor y su perdón. Mucho más podríamos o tendríamos que profundizar en todo esto.
Finalmente destaquemos algo que nos repite Lucas en varias ocasiones en los Hechos de los Apóstoles que es la vida de comunión que hay, que tendría que haber siempre en consecuencia, entre todos los que creemos en Jesús. En los Hechos nos dirá de aquellas primeras comunidades que ‘el grupo de los creyentes pensaban y sentían lo mismo, de manera que nadie consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común todas las cosas'. Ya antes nos había dicho que ‘todos perseveraban unánimes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión y en la fracción del pan y en las oraciones…’
Lo pedíamos en la oración litúrgica, ‘vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación’. Que seamos capaces desde el conocimiento de Jesús en que vayamos creciendo más y más, vayamos creciendo en comunión entre nosotros. Desde que creemos en Jesús no es de otra manera como podemos vivir. Pero que eso despierte en nosotros también ese ardor misionero para anunciar el evangelio a los demás. Jesús había enviado a sus discípulos de dos en dos a anunciar el Reino de Dios y los Hechos nos relatarán esa acción misionera de la primera Iglesia.
Empapémonos del Evangelio cuando hoy estamos celebrando la fiesta de este evangelista. Y que arda en nosotros ese celo porque también ese evangelio sea anunciado a los pobres, a los que sufren, a todos, porque para todos es esa buena noticia y para todos es ese año de gracia del Señor.

domingo, 24 de enero de 2010

Una asamblea en la que se cumple la Palabra proclamada


Nehemias, 8, 1-10;

Sal. 18:

1Cor. 12, 12-30;

Lc. 1, 1-4; 4, 14-21


Una asamblea de creyentes, una proclamación de la Palabra de Dios, una presencia salvadora de Dios con una respuesta de fe por parte del pueblo creyente. ¿A qué asamblea nos estamos refiriendo? ¿la celebrada en el templo de Jerusalén en tiempos de Esdras y Nehemías? ¿la de la sinagoga de Nazaret? ¿o a esta asamblea cristiana congregada ahora y aquí que somos nosotros?
‘Hoy es un día consagrado a nuestro Dios… no estéis tristes pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza’, se dijo entonces. ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’, dijo Jesús en la sinagoga de Nazaret. ‘Palabra de Dios… Palabra del Señor… te alabamos, Señor… gloria y honor a ti, Señor Jesús’ , hemos aclamado nosotros.
‘Todo el pueblo estaba atento al libro de la ley…’ lloraba de alegría cuando ‘Esdras abrió el libro a vista del pueblo’, por lo que todo eran bendiciones para el Señor que así les hacía conocer su Palabra y a todos se les invitaba a la alegría y a la fiesta cuando se proclamaba el libro de la Ley y se les explicaba al pueblo. ‘Todos en la sinagoga estaban expectantes y tenían los ojos fijos en Jesús’. Quizá, sin embargo, tendríamos que preguntarnos si venimos nosotros con la misma expectación cada domingo y con la misma alegría y emoción en el corazón para escuchar la Palabra del Señor que se nos proclama.
Los textos hoy proclamados tanto Nehemías como el Evangelio nos ofrecen el testimonio de lo que podíamos decir una catequesis y una liturgia, una proclamación de la Palabra. ‘Los levitas leían el libro de la Ley de Dios con claridad y explicando el sentido de forma que comprendieran la lectura’. Por su parte san Lucas nos dice que ha resuelto ‘componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros. Siguiendo las tradiciones trasmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra… para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido’, le dice a Teófilo a quien dedica el evangelio.
Nos dirá Nehemías con detalle cómo fue aquella proclamación y lectura de la Ley, y nos contará Lucas la liturgia de todos los sábados en las sinagogas judías, con la proclamación aquel día en Nazaret del texto de Isaías.
‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’, que acabamos de escuchar tenemos que decir nosotros. Cristo está también en medio de nosotros en esta Palabra que nos congrega y que se nos proclama. Es la Palabra de Dios que planta su tienda entre nosotros. Cristo es el Ungido del Señor – recordemos lo que celebramos hace un par de domingos, el Bautismo del Señor -, el que está lleno del Espíritu del Señor, como nos dice hoy Isaías, y que viene con su Buena Nueva de vida y salvación para nosotros, para los pobres, para los oprimidos y faltos de libertad, para todo nuestro mundo trayéndonos la amnistía, el perdón, anunciándonos el año de gracia del Señor.
Es así cómo nosotros hemos de recibir la Palabra de Dios que se nos proclama. Es así cómo tenemos que experimentar en nosotros esa presencia viva del Señor que nos anuncia y trae la salvación. No son unos textos o unos relatos cualesquiera que pudiéramos sustituir por cualquier otro texto o lectura. Es la Palabra salvadora del Señor. Una Palabra que tiene que ser eficaz en nosotros transformando de verdad nuestra vida. Palabra que es nuestro gozo y nuestra fortaleza. Palabra que es Buena Nueva, Buena Noticia de gracia y salvación para nuestra vida. Palabra que nos ilumina los ojos del corazón y que nos libera de la peor cautividad y opresión que es nuestro pecado. Palabra que nos llena de gracia y de vida produciéndose la más hermosa y profunda renovación.
¿Es así siempre en nosotros? Depende, no de la Palabra que se nos proclama, sino de nuestra expectativa y nuestra respuesta. ¡Qué lástima cuando escuchamos decir a alguien que no viene a nuestras celebraciones porque se aburre y se cansa, porque siempre es lo mismo y no hacemos sino repetir las mismas cosas!
Tenemos que pedir fe. La Palabra de Dios no se repite, aunque sean los mismos textos, sino que siempre será noticia nueva y buena para nosotros. Si con fe la escuchamos abriendo nuestro corazón como tierra buena, entonces podremos escuchar esa Palabra nueva y viva que el Señor tiene que decirnos en este momento concreto en que la escuchamos.
En la Parábola del sembrador, que tantas veces hemos escuchado, la semilla es la misma, pero era la tierra la que no estaba preparada de la misma manera para recibirla y por eso sólo la tierra buena y bien dispuesta hizo que pudiera producir fruto al ciento por uno. Así nosotros, depende de nuestra actitud, de la apertura de nuestro corazón, de la fe con que la recibamos.
Una última cosa; no olvidemos que la Palabra que recibimos y escuchamos nos convierte también a nosotros en mensajeros de esa Palabra. Mensajeros con nuestra vida nueva y comprometida para hacer el anuncio, para llevar la luz, para anunciar y realizar también la liberación de los oprimidos. De cuántas maneras esa Palabra puede ser liberación y anuncio de salvación para los demás a través de nosotros. Cuánto podemos y tenemos que transformar con el anuncio de esa Palabra.
Una Palabra que nos congrega y nos hace vivir en unidad y comunión. Recordemos la imagen que contemplábamos al principio de el asamblea congregada y reunida para la escucha de la Palabra. Una Palabra que nos llena a nosotros también con la fuerza del Espíritu del Señor. No olvidemos que tenemos que ser otros Cristos, porque así hemos sido ungidos por el Espíritu desde nuestro Bautismo.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Las bienaventuranzas ¿una utopía irrealizable o el proyecto de Dios?

Col. 3, 1-11
Sal. 144
Lc. 6, 20-26


¿Utopía, sueño inalcanzable, proyecto de Dios? Hay quienes al escuchar el mensaje del evangelio, sobre todo cuando escuchan las Bienaventuranzas tal como nos las presenta Mateo o como Lucas como hoy hemos escuchado, piensan que eso es una utopía, queriendo decir que es un sueño bonito, sí, pero que eso no se puede realizar en la vida.
Consciente de la dificultad, sin embargo me atrevo a decir, es el proyecto de Dios para el hombre, un hermoso proyecto que nos haría inmensamente felices. Es que Jesús lo que quiere proponernos es algo nuevo, Buena Noticia, Evangelio. Nos plantea un nuevo sentido de vivir, una nueva óptica para ver las cosas, un nuevo corazón.
Por eso, no nos extrañe que comience su predicación precisamente invitándonos a la conversión, al cambio del corazón, de la mentalidad. Nos anuncia el Reino de Dios, pero para poder aceptarlo tiene que haber una nueva disponibilidad en el corazón, una apertura a lo grande y maravilloso que nos presenta, aunque de entrada pudiera parecernos inalcanzable.
Las palabras y los gestos de Jesús muchas veces nos desconciertan, nos encuentran mal colocados, pero sus palabras y sus gestos no son locuras, son hermosos proyectos de vida nueva que nos ofrece el amor inmenso de Dios.
En las Bienaventuranzas que nos propone Lucas y que hoy hemos escuchado, se nos habla de que serán dichosos los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los que son perseguidos. Ya decíamos que nos puede parecer desconcertante. ‘Dichosos los pobres… dichosos los que ahora tenéis hambre… dichosos los que ahora lloráis… dichosos vosotros cuando os odien los hombres, os excluyan y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre…’ ¿Y qué nos ofrece? ‘…porque vuestro es el Reino de los cielos… quedaréis saciados… reiréis… alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo’.
Todo esto se puede comprender con la esperanza del Reino de Dios. En la sinagoga de Nazaret en lo que hemos dicho que fue su presentación había dicho que los pobres serían evangelizados, que habría libertad para los oprimidos, alegría para los que lloran y para los que son perseverantes hasta el final a pesar de las dificultades era el año de gracia. En otro lugar también nos dirá ‘con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’.
Se anuncia pues la Buena noticia a los pobres y a los que sufren, a los que se sienten oprimidos y a los que lloran. En la esperanza ya sentimos el gozo. Pero es que ese gozo no es un sueño, sino es la consecuencia de la vida nueva que surge cuando de verdad hemos optado por el Reino de Dios. Cuando hemos optado por seguir a Jesús y vivir el Reino de Dios nuestra vida, la vida de todos ha comenzado a ser distinta; habrá más amor y más solidaridad, habrá más autenticidad en la vida del hombre y habrá más justicia. Y eso ¿no hará que la vida de los pobres y de los que sufren cambie? Comenzarán día de dicha y de felicidad porque nos hemos tomando en serio el seguir a Jesús.
Ya no es un sueño irrealizable sino que es algo que ya estamos comenzando a vivir. Es el proyecto de Dios. Y para realizarlo no nos sentimos solos y sin fuerzas. Si Jesús en la Sinagoga con Palabras del Profeta había dicho ‘el Espíritu está sobre mí porque El me ha ungido y me ha enviado…’ eso lo podemos sentir nosotros también. Somos los ungidos y los enviados con la fuerza del Espíritu Santo. No nos faltará nunca la gracia divina para que se cumplan esas esperanzas del Reino de Dios y lo comencemos a vivir.

sábado, 18 de octubre de 2008

La Buena Nueva del amor de Jesús a los pobres (San Lucas)

2Tim. 4, 9-17
Sal. 144
Lc. 10, 1-9

‘Designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos... Pones en camino... cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa... curad a los enfermos que haya, y decid: Está cerca el Reino de Dios...’
Es la misión de los enviados. Anunciar la Buena Nueva de que el Reino de Dios está cerca. Mensajeros del Evangelio, evangelizadores, evangelistas. Al final, antes de la Ascensión, serán enviados también para ser ‘mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra...’ Misión de todo creyente en Jesús que se convierte en testigo, en un enviado a evangelizar, a anunciar el Evangelio.
Hoy estamos celebrando a un Evangelista, Lucas. De origen pagano y probablemente de Antioquia, se convirtió a la fe, acompañó a san Pablo en alguno de sus viajes, y que se convierte en evangelizador, en evangelista que nos ha trasmitido el Evangelio que lleva su nombre.
No conoció a Jesús y sin embargo nos trasmite su evangelio lleno de detalles de la vida de Jesús, que incluso algunos que los otros evangelistas no nos trasmiten. Pero quiso conocer a fondo a Jesús e investigó. Como dice él mismo en el principio de su evangelio ‘me ha parecido también a mí, después de haber investigado cuidadosamente todo lo sucedido desde el principio, escribirte una exposición detallada para que llegues a comprender la autenticidad de las enseñanzas que has recibido’.
Como decíamos en la oración litúrgica, ‘elegiste a san Lucas para que nos revelara con su predicación y sus escritos tu amor a los pobres...’ Con todo detalle insiste el evangelista esa cercanía de Jesús a los pobres y a los que sufren, a los marginados y a los pecadores. Ya, cuando nos presenta a Jesús en la Sinagoga de Nazaret se nos habla de ese evangelio que se ha de anunciar a los pobres. ‘El Espíritu está sobre mí porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres...’ Y así lo veremos a través de todo el evangelio.
Evangelio de la misericordia, del perdón, de la paz y de la alegría. Las más bellas parábolas de la misericordia y del amor de Dios, como la del hijo pródigo, los gestos más sorprendentes de cercanía a los pobres y a los marginados, las más hermosas muestras del amor que se hace perdón – la mujer pecadora que llora a sus pies, la mirada de amor a Pedro tras la negación o la promesa del paraíso al ladrón arrepentido en la cruz -, la paz y la alegría que va repartiendo con su presencia – desde el anuncio invitando a la alegría por la llegada de la paz a los hombres de buena voluntad en su nacimiento o como hemos visto hoy mismo su mandato de llevar la paz anunciando el evangelio – y tantos otros momentos que sería bueno repasar en las páginas del evangelio.
Pero todo ello se ha de traducir luego en un nuevo estilo de vivir. Por eso, en los Hechos de los Apóstoles estaremos viendo la imagen que nos da Lucas de lo que han de vivir los que cree en Jesús. Es la descripción que nos hace de las primeras comunidades de Jerusalén. ‘Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común... en el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo, y nadie consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común...’ Todos se admiraban de ese nuevo modo de vivir y de cómo se amaban y con ese testimonio se convertían a la vez en anunciadores del Evangelio.
Es lo que también hemos pedido en la oración litúrgica, ‘Concede, a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación’.
Pero hemos de hacernos una consideración. Si al contemplar la obra y la figura de un evangelista, sentimos al mismo tiempo la urgencia de que nosotros hemos de ser también evangelizadores, porque a la larga esa es la misión que Cristo nos ha confiado, creo que antes tendríamos que saber hacer como Lucas. Nos pudo hablar con tanto conocimiento y tanto detalle y profundidad de Jesús y del Evangelio, porque antes se había preocupado de conocer a Jesús, como ya vimos.
Que nosotros también cada día más queramos crecer en ese conocimiento de Jesús, Que nosotros cada día más tengamos también esas ansias de empaparnos del Evangelio, y lo leamos, los reflexiones, no oremos para llenarnos verdaderamente de El y así podamos convertirnos en verdaderos evangelistas, evangelizadores, para los demás.
Que el Señor nos dé fortaleza para confesar con fe el Evangelio que san Lucas nos predicó’.