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domingo, 25 de diciembre de 2022

Es Navidad, son días de alegría y de esperanza de las que queremos contagiar al mundo, porque ha nacido Jesús en Belén, porque ha nacido Dios en nuestro corazón

 


Es Navidad, son días de alegría y de esperanza de las que queremos contagiar al mundo, porque ha nacido Jesús en Belén, porque ha nacido Dios en nuestro corazón

Isaías 9, 1-6; Sal 95; Tito 2, 11-1; Lucas 2, 1-14

Qué paz más bonita sentimos en el corazón cuando vemos cumplidos nuestros anhelos y esperanzas; es como si un rayo de luz nos envolviera haciéndonos salir de las sombras del desaliento, del temor, de la angustia. Todo parece nuevo, todo nos parece lleno de luz, todo nos impulsa a la vida, una alegría inmensa inunda nuestro corazón y se vuelve contagiosa con los que están a nuestro lado. Sentimos un ansia grande de que todo se llene también de luz y pronto nos pondremos manos a la obra para que otros también se llenen de la misma paz y de la misma alegría.

Es lo que hoy vivimos los que hemos puesto nuestra fe y nuestra esperanza en Jesús cuando celebramos su nacimiento. No son alegrías pasajeras y superficiales las que sentimos. Algo nuevo comienza a surgir en nuestro corazón. No decimos navidad simplemente porque todo el mundo dice navidad, sino porque sentimos que hay navidad en nuestro corazón.

Ese corazón nuestro tantas veces apenado porque le cuesta caminar y tantas veces las sombras lo invaden; ese corazón nuestro que sufre solidariamente con tantas penas que envuelven nuestro mundo y la vida de tantos que nos rodean; ese corazón nuestro que se siente turbado cuando oye palpitar los sonidos de la guerra y de la violencia.

Hay ocasiones en que nos parece que nos envuelve la desesperanza y perdemos la ilusión, todo parece marchar mal, la sociedad la encontramos tan revuelta y tan confusa, la acritud se ha ido apoderando de las mutuas relaciones porque las ansias de poder nos subyugan, porque queremos imponernos los unos a los otros, porque las ambiciones son muchas y enturbian los corazones y las relaciones entre unos y otros, porque nos dejamos dominar por la vanidad y la soberbia. Sentimos que son muchas las sombras y nos cuesta encontrar caminos de luz.

Pero hoy sentimos que sí hay un camino de salida, que los deseos de que las cosas cambien a mejor no los tenemos que dejar por imposibles, porque sí hay una luz que pueda disipar todas esas tinieblas. En medio de la noche de Belén brilló una luz y el cielo y la tierra se vieron envueltos por su resplandor. Una nueva buena noticia comenzaba a circular por el mundo. Hoy nos ha nacido un Salvador.

Los profetas habían ido anunciando esa luz a aquel pueblo que caminaba en tinieblas, las hachas de la guerra un día serían enterradas y de las espadas se forjarían arados, eran los signos y señales de que llegaría la paz, los signos y señales de ese mundo que también nosotros hemos de descubrir. No vendría un rey con ejércitos poderosos para imponer la paz; no son esos los caminos que llevan a la paz. Un niño que había de nacer entre la pobreza de los más pobres sería la señal.


Hoy lo estamos contemplando. Es la señal que se da a los pastores de Belén que en la noche cuidan sus rebaños. No fue a los poderosos y entendidos a los que se le dio esa noticia, porque estarían muy entretenidos en sus cosas y en sus propios ‘saberes’. Cuando un día llegue la noticia a Jerusalén, los maestros de la ley y los sacerdotes rebuscarán entre las Escrituras y aunque encuentran la respuesta no se ponen en camino. Estaban en sus cosas. Fue a los pequeños y a los pobres a quienes llegaron los Ángeles con esa Buena Nueva. Y ellos comprendieron y aceptaron, y se pusieron en camino, y encontraron aquel niño envuelto en pañales y recostado entre las pajas de un pesebre. Y allí se manifestó la gloria del Señor.

Hoy lo estamos celebrando. Hoy lo queremos vivir. Hoy queremos sentir cómo renace la vida en nuestro corazón y nos llenamos de esperanza. Tengamos la ilusión y la esperanza de los pequeños y de los pobres. Es el camino para abrir bien los ojos. Es posible ese mundo mejor. En ello tenemos que sentirnos comprometidos. No podemos dejarnos envolver por la desesperanza. Ante el mundo tenemos que dar testimonio de que en verdad Cristo ha nacido para ser nuestra salvación. El mundo que nos rodea necesita escuchar con claridad ese anuncio que puede pasar desapercibido para muchos porque simplemente están en sus cosas y no son capaces de esperar algo nuevo.

Que en medio de todo ese bullicio con que celebramos estas fiestas en un momento dado resuene fuerte esa buena noticia; que seamos capaces de hacer saber que el importante de verdad en medio de todo este ajetreo que nos montamos es el Niño que nace en Belén, que es Dios con nosotros. Que no nos aturdan los ruidos de la fiesta de manera que no seamos capaces de escuchar en el silencio del corazón esa presencia de Dios.

Tenemos que dar señales de ello. No son necesarias cosas grandes, sintamos la paz en el corazón y vivamos con esa paz los unos con los otros, que brille la paz en nuestras familias, que sepamos tener gestos sencillos de paz y amor con los que están a nuestro lado, que hagamos crecer la amistad entre todos para que lleguemos en verdad a sentirnos hermanos.

Abramos las puertas de nuestro corazón a Cristo que llega a nosotros. Sepamos descubrir sus señales. Hagamos saber al mundo que nos rodea, porque en verdad nosotros estemos convencidos y lo vivamos, que es posible ese mundo nuevo porque ha llegado la salvación, el Salvador de nuestro mundo. Hagámoslo presente en el Belén de nuestra vida, en el pesebre de nuestra pobreza y nuestra pequeñez, en las pequeñas cosas de cada día, porque así se manifiesta el Señor.

Es Navidad, son días de alegría y de esperanza de las que queremos contagiar al mundo, porque ha nacido Jesús en Belén, porque ha nacido Dios en nuestro corazón. Vivamos con intensidad esa dicha y esa felicidad.

 

sábado, 25 de diciembre de 2021

Navidad es el milagro de la presencia de Dios en este mundo concreto que vivimos que nos llena de esperanza y nos pone en camino de un mundo nuevo de fraternidad y paz

 


Navidad no es una fecha

ni una fiesta más del calendario. 

Navidad no es un simple recuerdo o conmemoración

que podamos hacer con cierta nostalgia. 

Navidad es un hecho y es vida. 

Navidad es el milagro de la presencia de Dios

entre nosotros los hombres

porque se hace Emmanuel. 

Navidad es Dios que viene nuestro mundo y a nuestra vida

en la realidad concreta que vivimos. 

Navidad es Dios que responde

a nuestras inquietudes y problemas de cada día. 

Navidad es esperanza de un mundo nuevo

que con la presencia de Dios entre todos podemos construir. 

Navidad es ese mundo de fraternidad, de amor y de paz

que todos tanto deseamos. 

Hagamos una verdadera Navidad

celebrando y viviendo el nacimiento de Jesús,

el Hijo de Dios hecho hombre. 

De corazón feliz navidad.


Navidad es el milagro de la presencia de Dios en este mundo concreto que vivimos que nos llena de esperanza y nos pone en camino de un mundo nuevo de fraternidad y paz

Isaías 9, 1-6; Sal 95; Tito 2, 11-14; Lucas 2, 1-14

Llegó el 25 de diciembre y estamos celebrando Navidad. Hemos ido haciendo un recorrido a través de las cuatro semanas del Adviento y llega el momento de la celebración del nacimiento del Señor. Pero no es un día más, no es una fecha más que tenemos que celebrar, no es una fiesta como otras como algunas veces nos quieren hacer ver haciendo incluso desaparecer la palabra Navidad. Lo hemos de tener claro, lo hemos de vivir con toda intensidad, lo hemos de hacer notar de verdad los que creemos en Jesús.

También es cierto que para muchos es una fiesta o una celebración llena de nostalgias, porque comenzamos a pensar en las personas que han estado en otras ocasiones con nosotros, y al final terminamos llenándonos de tristeza, pero porque quizás por una parte nos falta esperanza, pero también porque parece que no siempre tenemos claro el sentido de la navidad.

Hay algo que no podemos olvidar, Navidad es el milagro de la presencia de Dios. Sí, presencia de Dios. El ha querido hacerse Emmanuel, Dios con nosotros, y es el hecho que celebramos, es lo que en verdad tenemos que vivir. Porque no se nos queda en una conmemoración o un recuerdo, es una vivencia que tenemos que sentir aquí y ahora, porque aquí y ahora Dios está con nosotros.

Está con nosotros en lo que es nuestra vida de cada día, con sus preocupaciones, con sus problemas, con sus angustias, con sus alegrías también. Dios en aquel momento se hizo presente en un pueblo concreto, que tenía sus problemas, que vivía su pobreza, que tenía sus inquietudes en el corazón. Un pueblo con su historia y además Dios se sirve incluso de esos momentos de su historia para que así se cumpliera su plan de salvación.

Hoy hemos contemplado a José y a María tener que caminar lejos de su pueblo para llegar a Belén porque a un gobernador todopoderoso se le ocurrió la idea de hacer un censo; pero Dios se vale de esas circunstancias para que Jesús naciera en Belén, porque era la ciudad de David y de él había de descender el Mesías. Y nace en medio de la pobreza de no tener ni una plaza en una posada para ser en verdad el que venía a traer la Buena Nueva a los pobres; los pobres serían evangelizados, los primeros a los que se anunciara la Buena Noticia, como había anunciado el profeta y lo vemos realizado en el anuncio del angel a los pastores de Belén.

Esto nos está diciendo como Dios hoy viene a nuestra historia concreta, en lo que vivimos en estos días concretos en nuestra sociedad y en nuestro mundo, porque Dios viene a dar respuesta en verdad a esos interrogantes que hoy se nos plantean desde la realidad que vivimos, pandemias, pobreza, inestabilidad social y desorientación de nuestra sociedad, angustias de tantos a los problemas que se les presentan, momentos duros como los que vive la sociedad actual o las catástrofes naturales como las que han azotado estos días a nuestra propia tierra canaria.

Todo eso produce inquietud en el corazón, interrogantes a los que no sabemos responder en ocasiones, dudas y sombras que ennegrecen nuestra vida; pero estamos celebrando a quien es la luz, el que ha venido como la luz del mundo, aunque las tinieblas de nuestro mundo no quieran reconocer o rechacen esa luz. Pero esa presencia de Dios en medio nuestro nos llena de esperanza, esa presencia del Señor nos hace levantarnos para no quedarnos hundidos en nuestras sombras y encontrar rumbo en nuestro caminar. Y es lo que queremos vivir en la navidad, es lo que tiene que significar la navidad para nosotros.

Navidad es esperanza de ese mundo nuevo que podemos construir con la presencia y la fuerza del Señor. ¿No anunciará Jesús precisamente la llegada del Reino de Dios? Será el anuncio y la tarea fundamental de su vida. Será lo que nos trasmite el evangelio; será a lo que nos invita convirtiendo nuestro corazón a El. Es el camino que se abre ante nosotros a partir de Navidad, a partir de que sentimos y vivimos la presencia del Señor en medio nuestro. Se encarnó y se hizo hombre para caminar a nuestro lado y enseñarnos a hacer ese camino.

Navidad es ese mundo de fraternidad, de amor y de paz que todos tanto deseamos. Son las palabras que más repetimos en estos días, son los deseos que tenemos los unos para con los otros; es lo que queremos expresar con nuestras felicitaciones de Navidad. Pero que no se quede en palabras, que sea compromiso de nuestra vida, que sea camino que queremos recorrer.

Y si estos días algo en lo que todos hacemos tanto hincapié son los encuentros familiares, los encuentros de los amigos y en lo que ponemos tanto empeño, que no sean cosas efímeras de un día, de un momento o de una ocasión, sino que estos reencuentros que hemos realizado o estamos realizando sean comienzo de nuevos reencuentros que seguiremos realizando. Que en verdad vivamos el compromiso de la fraternidad.  Si la palabra paz es la que más repetimos incluso de cara al nuevo año que va a comenzar, que sea en verdad compromiso para trabajar por esa paz.

Busquemos vivir con todo sentido y con toda profundidad nuestra navidad. Hagamos verdadera navidad en que celebremos ciertamente el nacimiento de Jesús el Hijo de Dios que se ha encarnado y se ha hecho hombre por nosotros. Es Emmanuel, es Dios con nosotros. En el relato del evangelio que tanto se ha repetido en estos días en nuestras celebraciones hemos contemplado el portal de Belén; allí en ese portal estábamos nosotros representados con nuestras pobrezas y también con nuestras esperanzas. Sobre aquel portal brilló la gloria del Señor con los ángeles cantando la gloria del Señor. Sobre nosotros tiene que comenzar a brillar también con toda intensidad esa luz de la gloria del Señor que nos llena de esperanza nueva de un mundo nuevo y mejor. Es la tarea de nuestra navidad.

De corazón para todos, Feliz Navidad.

martes, 29 de diciembre de 2020

Todos los que se encuentran de verdad con Jesús en sus vidas se sentirán transformados para convertirse en portadores de evangelio para el mundo que les rodea

 


Todos los que se encuentran de verdad con Jesús en sus vidas se sentirán transformados para convertirse en portadores de evangelio para el mundo que les rodea

1Juan 2,3-11; Sal 95; Lucas 2,22-35

‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’.

Es el cántico del anciano Simeón. Un hombre de fe, un hombre lleno del Espíritu, un hombre que mantenía viva la esperanza. Y sus ojos lo han visto. Se ha cumplido la esperanza, porque se han cumplido las promesas, porque para él también se ha cumplido la especial promesa del Señor. No vería la muerte sin haber contemplado antes al Salvador, al enviado del Señor como luz para las naciones, como gloria del pueblo de Dios.

No teme ya el punto final de su vida, sino que más bien lo desea, porque ya las promesas están cumplidas. Y él ha realizado su misión, mantener viva esa fe y esa esperanza; por eso estaba allí todos los días en el templo. Y tuvo ojos para ver y pudo contemplar, en aquel niño, uno como tantos, que aquellos aldeanos venidos desde la lejana Galilea ahora presentan al Señor.

¿Tendremos ojos nosotros para ver y llegar también a la contemplación? No nos apartamos del marco de la Navidad. También como los pastores hemos acudido a la llamada y hemos contemplado a un recién nacido envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Los ángeles en su anuncio así habían señalado que habíamos de contemplarlo. Los pastores creyeron y vieron la gloria del Señor y como dice el evangelista contaban a todos lo que les habían dicho de aquel niño. Por eso al llegar al establo contemplaron la gloria de Dios.

Y nosotros ¿hemos llegado también a la contemplación de la gloria del Señor? Sabíamos también lo que estaba anunciado y decimos que celebramos la navidad porque queremos ir también a Belén para ver al recién nacido envuelto en pañales y recostado en el pesebre. Hasta quizá lo hemos representado muy bien con muchos detalles en el Belén que habremos quizá elaborado. Pero cuidado que se haya ya quedado medio olvidado en un rincón; cuidado que ya nos parezca lejano, porque han pasado unos días, lo que contemplábamos en la noche del nacimiento o en el día de la navidad; cuidado que haya sido como un hecho más, como una anécdota que nos ha sucedido, pero no haya dejado huella en nosotros.

Para aquellos ancianos que se encontraron al Niño en el templo en brazos de sus padres todo no se quedó en una anécdota que luego contar; seguro que el gozo que vivieron en aquellos momentos, la experiencia de fe que inundó sus vidas sí que dejo huella en ellos, sí hizo que su vida desde entonces fuera diferente.

Simeón no solo da gracias a Dios y pone su vida en las manos de Dios sino que comienza a hablarle a María y a José lo que va a significar aquel niño, bandera discutida para muchos, causa de sufrimiento y dolor en el alma para María, pero luz de verdad y salvación que iba a ser para Israel y para todas las naciones. Por eso vemos que aquella anciana como una profetisa habla también de aquel niño a todos los que esperaban la futura liberación de Israel.  Se convirtieron en evangelizadores, en portadores de una Buena Noticia que no podían callar.

Es lo que les sucede a todos los que de verdad se encuentran con Jesús, no pueden callar aunque traten de impedírselo o se los prohíban. Lo vemos repetidamente en el evangelio en los primeros discípulos cuando se van encontrando con Jesús pronto comenzarán a hablar a sus familiares y amigos también de Jesús; es lo que contemplamos aquellos que experimentan la salvación de Jesús en sus vidas cuando son curados que no podrán hacer otra cosa que ponerse a hablar a todo el mundo de Jesús.

Por eso quizá tenemos que preguntarnos por nuestra contemplación del misterio de la navidad y si de la misma manera nos ha llevado a hablar de Jesús, a ser portadores de evangelio para los que nos rodean. De muchas maneras podemos hacerlo, grande es el testimonio que podemos dar, de alguna manera tenemos que saberlo reflejar en nuestra vida, en nuestras actitudes, en nuestra manera de actuar y de vivir.

viernes, 25 de diciembre de 2020

El nacimiento de Jesús aunque sean muchas las sombras que tengamos en la vida nos llena de luz y de esperanza


 

El nacimiento de Jesús aunque sean muchas las sombras que tengamos en la vida nos llena de luz y de esperanza

Isaías 9, 1-6; Sal 95; Tito 2, 11-14; Lucas 2, 1-14

‘No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre’.

Es la gran noticia que resuena en la noche de la Navidad. Es la gran noticia que sigue resonando y que necesitamos escuchar. No la podemos eludir. No la podemos disimular. No podemos hacernos oídos sordos. Es la gran noticia que tenemos que seguir proclamando. Necesitamos nosotros escucharla una y otra vez. Necesita escucharla nuestro mundo como la ‘gran buena noticia’, es la buena nueva que tiene que seguir resonando como la primera vez. No es noticia pasada, no es noticia de otros tiempos, es noticia para hoy, aunque el mundo se haga sordo, aunque muchos traten de camuflarla, aunque muchos se pongan otras músicas en sus oídos para no prestarle atención.

Cuando resonó por primera vez esa noticia la noche se revistió de luz. Era la noche y en la noche hay oscuridad. Pero era la noche porque faltaba la verdadera luz que iluminara el mundo. No eran tiempos fáciles porque la situación que vivía el pueblo de Israel estaba muy llena de sombras. No eran solo las cuestiones políticas de dominios o no dominios que mermasen la libertad y la soberanía de Israel. Eran otras luces las que se habían ido apagando y nuevas sombras de desesperanza se cernían sobre el pueblo.

Y el resplandor de aquella noche era para despertar las esperanzas, era para que se comenzara a creer en un mundo nuevo. Esa sería la Buena Noticia que se comenzaría a anunciar pronto, pero los corazones estaban cerrados, los caminos no terminaban de abrirse aunque más tarde el Bautista hiciera resonar su voz en el desierto para preparar los caminos del Señor. Pero la transformación necesaria era costosa como costosa es siempre la conversión porque cuesta salir de las tinieblas para encontrarse con la luz.

Para nosotros resuena también fuerte esta Buena Noticia de la Navidad porque también hay muchas sombras que nos inquietan. Se nos ensombrecen también las esperanzas en muchas ocasiones y nos cuesta entender qué camino habría que tomar, nos cuesta aprender las lecciones que la misma vida nos está dando a través de lo que está sucediéndonos y nos quedamos como apesadumbrados sin saber que caminos tomar.

Mucho se hablado estos días que es una navidad diferente. Pero para muchos es diferente porque no pueden seguir con las mismas rutinas de siempre, porque nos sentimos desbordados y como oprimidos porque no podemos hacer lo de todos los años, estamos como tristes porque se nos han limitado las posibilidades de fiesta. Y decimos que la navidad va a ser diferente.

Pero ¿quizá no tendríamos que preguntarnos seriamente ni no es que necesitamos hacer que la Navidad sea diferente? Nos obliga quizás a ir a lo esencial, pero hemos terminado por no saber qué es lo esencial de la navidad porque de tantas cosas la hemos llenado que la hemos desfigurado. El tener que despojarnos de muchas cosas que no son tan esenciales ¿no nos hará que nos encontremos de verdad con el niño recién nacido envuelto en pañales y recostado en un pesebre? Tendríamos que quizá apagar las luces que nos encandilan para encontrar la verdadera luz, porque con tantos guiños que recibimos de un lado y de otro no sabemos dónde está la luz verdadera.

Ojalá escuchemos muy bien el gran anuncio de esta noche y seamos capaces de disponernos como los pastores que se fueron derechos a Belén para encontrar aquello que los Ángeles les habían anunciado. Nuestra vida no se puede llenar de sombras cuando tenemos la luz verdadera que es Jesús.

Claro que tenemos que salirnos de muchos barullos para escuchar claramente el anuncio, tenemos que salirnos de algunas comodidades aunque digamos que estamos tan mal para ponernos en camino como hicieron aquellos pastores; eran pobres y estaban poco menos que al raso guardando sus rebaños en la fría noche, pero acurrucados unos con otros mantendrían algún tipo de calor, pero ahora tenían que levantarse y ponerse en camino aunque comenzaran a sentir con un poco más de fuerza el frío de la noche, pero aquel camino les llevaría a la luz verdadera y al que iba a ser fuego en sus corazones para encontrarse con la salvación.

Los pastores se convierten para nosotros en mensajeros y en estímulo para emprender el camino. Y nos encontraremos con el niño que es nuestro salvador en brazos de su madre María o recostado en un pesebre que le hacía de cuna. Es nuestra luz en medio de las tinieblas en que vivimos, es nuestra salvación que nos levanta de nuestros desencantos e incertidumbres, es el que va a dar sentido y valor a nuestra vida, es el que va a iluminar nuestro mundo con una nueva luz y una nueva esperanza.

Será así como hagamos verdadera navidad; será así como vamos a llegar a lo esencial; será así como vamos a sentir al Emmanuel, al Dios con nosotros, que camina con nosotros y nos enseña a hacer ese mundo nuevo. Una navidad nueva y distinta que hemos despojado de superficialidades para llegar a lo que es el verdadero sentido de la navidad.

Aunque estemos tristes por esas cosas que nos ensombrecen la vida va a surgir una nueva alegría de nuestro corazón porque nos llenamos de nueva luz, porque nos llenamos de Dios. El nacimiento de Jesús aunque sean muchas las sombras que tengamos en la vida nos llena de luz y de esperanza.

martes, 25 de diciembre de 2018

Feliz navidad porque sepamos encontrarnos con Jesús a quien vemos en todos los hermanos que están a nuestro lado


Feliz navidad porque sepamos encontrarnos con Jesús a quien vemos en todos los hermanos que están a nuestro lado

Isaías 9, 1-3. 5-6; Sal 95; Tito 2, 11-14; Lucas 2, 1-14

‘Hoy  nos ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor’ así cantamos y repetimos una y mil veces, de mil maneras en esta noche y en este día de la Navidad del Señor. Copiamos las palabras del anuncio del ángel y también nuestro canto, nuestra alegría, nuestros gestos con toda nuestra vida quiere ser, tiene que ser también anuncio ante del mundo de que tenemos un Salvador, Jesús, el Señor.
Todo se viste de fiesta y de luz en este día. Por todas partes parece que se contagia la alegría y los buenos deseos surgen del corazón y son las palabras que brotan casi espontáneas de nuestra boca en estos días. Es Navidad. Todos celebramos la Navidad. Todos nos contagiamos de la alegría que se vive en estos días. Todo porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, Príncipe de la paz, el Señor, el Salvador.
En medio de las sombras de nuestro mundo – cuántas son las sombras que amenazan a la humanidad, que llenan de dolor a tantos hermanos nuestros – aparece una luz que nos llena de esperanza, una luz que brota de la gruta de Belén, pero que es una luz que nos viene de lo alto, el Sol de justicia y salvación que ilumina y da vida a todos los hombres.
Nos amargan, es cierto, las tristezas y dolores de las gentes, el sufrimiento y el dolor que padecen tantos en tan diversas circunstancias, el odio y la violencia que no cesa en nuestro mundo, la corrupción y la injusticia que envenena tantos corazones, las esclavitudes que siguen oprimiendo de mil maneras a tantos hermanos nuestros, y así tantas cosas más. Alguien podría pensar cómo podemos cantar llenos de alegría, como podemos andar felicitándonos unos a otros, deseándonos tantos parabienes si hay esas sombras a nuestro lado.
Y es que con Jesús nace la esperanza en nuestros corazones. La imagen de María y de José caminando en los oscuros caminos de Belén sin encontrar una posada y refugiándose en la oscuridad de un establo refleja muy bien ese mundo de oscuridad en que vivimos. Pero allí nació una nueva luz, allí brillo una nueva luz, y los campos de Belén se llenaron de resplandores divinos llevando un anuncio de esperanza a los que allá andaban en el frió de la noche.
Por eso, creemos de verdad que Jesús es nuestro salvador y el salvador del mundo; tenemos la absoluta confianza de que si escucháramos y siguiéramos con fidelidad las palabras de Jesús para ese mundo de sombras hay salvación, para ese mundo atormentado y oscurecido por el mal hay luz. La tenemos en Jesús. Como brilló aquella noche para los pastores de Belén sigue siendo luz para los hombres de hoy.
Quienes esta noche y en este día cantamos con alegría el nacimiento de Ges lo hacemos con esperanza y con compromiso. Esos hermosos gestos que nos tenemos los unos a los otros en estos días queremos que sean semillas que germinen un mundo nuevo, un mundo distinto, un mundo en el que tenemos la esperanza de que un día todos podemos ser más felices. Jesús ha venido para sacarnos de ese pozo hondo en que hemos hundido a la humanidad y pone en nosotros las llaves, podemos decir, que abran la puerta de ese mundo nuevo a través de nuestro amor.
Celebramos la Navidad y queremos hacerlo con toda intensidad. Celebramos la Navidad porque tenemos la esperanza de ese mundo nuevo que nace con Jesús y en el que nosotros estamos comprometidos para construirlo día a día. Celebramos la Navidad y no queremos que sea la fiesta de un día sino que queremos que sea la alegría de todos los días para todos los hombres del mundo. Celebramos la Navidad y a eso  nos comprometemos, en eso queremos trabajar. Es la esperanza que los cristianos estamos obligados a trasmitir a nuestro mundo desde nuestra fe y desde nuestro compromiso de amor.
Sí, ‘ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación’, para arrancarnos de toda impiedad y de toda maldad e injusticia. ‘Encontraréis un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre’, fue la señal que dieron los ángeles a los pastores de Belén.
La imagen de ese niño nos aparece hoy por todos lados. No solo son las imágenes sagradas que tenemos entronizadas en nuestros templos y en nuestros hogares. Hasta su imagen sagrada acudimos en estos días con nuestras oraciones y nuestros cantos. Pero recordemos que ese Jesús nos dirá un día que lo que hicimos al hambriento, al sediento, al peregrino o al enfermo, al que estaba en la cárcel o a aquel que todos menospreciaban y nadie quería, a El se lo estábamos haciendo.
Nos está señalando un camino. Vamos al encuentro de esa imagen de Jesús que tenemos que saber ver en el hermano que está a nuestro lado, en el hermano que canta junto a nosotros o que sufre solo escondido en su rincón, en el amigo o familiar a quien queremos dar un abrazo de paz y felicitación en este día y en aquel que nadie quiere o que todos desprecian y que quizás ni miramos cuando pasamos a su lado. Son las imágenes de Jesús al que tenemos que hacer nuestra ofrenda de amor.
¿Seremos capaces de hacer una navidad así? ¿Será nuestra navidad de este año el comienzo de una vida nueva y de un mundo nuevo para mí y para cuantos nos rodean porque empecemos a amar de verdad?
¡Feliz Navidad! ¡Feliz encuentro con Jesús! ¡Feliz encuentro con nuestros hermanos!

lunes, 25 de diciembre de 2017

Cuando deseamos en esta navidad que Cristo nazca en nuestro corazón es porque estamos queriendo ser capaces de poner a todo hombre, a todo hermano en nuestro corazón

Cuando deseamos en esta navidad que Cristo nazca en nuestro corazón es porque estamos queriendo ser capaces de poner a todo hombre, a todo hermano en nuestro corazón

Lc. 2, 1-20; Jn. 1, 1-18
Anuncios de paz que llenan de alegría escuchamos en esta noche. La sorpresa en medio de una noche oscura aunque sea entre resplandores celestiales deja aturdidos a los que la reciben. Será la primera impresión que sientan aquellos pastores que en la placidez de la noche y sin sobresaltos hasta el momento cuidan sus rebaños. Pero los resplandores celestiales los despiertan, las voces angélicas los sobresaltan, pero las palabras que escuchan son una invitación a la paz y a la alegría.
‘No temáis…’ son las primeras palabras de los ángeles. No era para menos el llenarse de temor ante el sobresalto que significa aquella aparición. ‘Os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo’, continúa el mensaje angélico. ‘Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor’. La noticia era buena y era grande; será motivo de gran alegría para todos, y no solo los que esa noche la reciben, sino que a través de los siglos será la Buena Nueva que seguimos recibiendo y es motivo de gran alegría para todos. Igual seguimos haciendo fiesta por esa gran noticia.
‘Ha llegado la plenitud de los tiempos y nacido de una mujer… ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres’. La noticia que están escuchando aquellos pastores que abren sus ojos somnolientos en medio de la noche significa que las promesas se han cumplido. Ha aparecido la salvación, ha llegado el Mesías, es el Señor que ha visitado a su pueblo para derramar su misericordia y su salvación sobre todos los hombres.
Los ángeles cantan la gloria de Dios y anuncian la paz para todos los hombres porque son amados de Dios, para siempre se va a manifestar ese amor de Dios por la humanidad. ‘Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor’, resuena fuerte el cántico de los ángeles que se extiende como un eco por todos aquellos campos de Belén y aun seguimos escuchándolo hoy.
Se alegran los pastores y se aderezan para ir corriendo a la ciudad de David para contemplar lo que se les ha anunciado y nos seguimos alegrando nosotros. Por eso, esta noche es tan especial, este día es tan grande, todos tenemos que hacer fiesta y nos llenamos de alegría. Buscamos mil maneras de celebrarlo y queremos hacer posible esa paz que nos trae el amor de Dios en medio de toda nuestra humanidad.
Ha llegado el Salvador, el que nos va a redimir de nuestro mal y nuestro pecado para vencer para siempre la muerte. ‘No temáis...' seguimos escuchando porque se manifiesta el amor, porque nos llega la paz, porque va a renacer un hombre nuevo, porque en verdad podemos hacer una tierra nueva y sentir un cielo nuevo. ‘No temáis’, porque ese recién nacido que vemos entre pajas – así lo encontraron los pastores como les habían dicho los Ángeles, ‘envuelto en pañales y recostado entre las pajas de un pesebre’ – es nuestro Salvador que nos trae el amor y la misericordia del Señor.
La humildad de aquel pesebre en que está recostado el Niño nos está dejando una gran lección. Siendo Dios se hizo hombre y se hizo el último de todos para servirnos a todos. Es el camino nuevo que dará sentido a una nueva humanidad. Es el camino del amor y es el camino de la humildad, es el camino del que sabe hacerse el último y el servidor de todos porque esa será la grandeza del hombre nuevo que en Jesús ha de nacer.
No es el que viene desde arriba y desde un estadio superior se pone a decirnos como tenemos que hacer, sino que es el que se abaja y se hace el ultimo y lavando los pies a los demás nos está señalando con su propio hacer ese camino nuevo que tenemos que emprender.
Hoy es un día en que sentimos la tentación de decirnos bonitas palabras y expresarnos hermosos y buenos deseos los unos de los otros. Pero no son bonitas palabras y deseos lo que necesitamos sino ese compromiso serio de hacer que de verdad nos amemos, que no solo un día en el año nos encontremos las familias y los amigos sino que tenemos que aprender que la familia se construye día a día, que el encuentro de amistad no solo para ocasiones especiales sino que cada día tenemos que buscarnos para caminar juntos, sentirnos solidarios los unos con los otros y abrir nuestro corazón para que siempre todos puedan caber en él.
Sí, en este día nos felicitamos y eso está muy bien porque nos felicitamos porque Jesús ha nacido y nos trae la salvación y eso es gran motivo para que compartamos nuestra alegría haciendo felices a los demás. Pero creo que cuando hoy nos felicitemos de alguna manera le estemos diciendo al otro ‘te felicito, te deseo la felicidad porque te quiero llevar siempre en mi corazón’. Sí, tenemos que aprender a llevarnos en el corazón los unos a los otros porque eso significa que nos amamos y siempre procuraremos lo mejor mutuamente.
Hemos dicho muchas veces que deseamos que en Navidad Cristo nazca en nuestro corazón. Es cierto y tenemos que desearlo de verdad. Pero Cristo nacerá en nuestro corazón de verdad cuando seamos capaces de poner al hermano, a todo hermano en nuestro corazón. Así estaremos dándole cabida a Dios en nuestra vida y será auténtica Navidad. 

viernes, 25 de diciembre de 2015

Nace Jesús, nace la vida, nace el Salvador y todo se llena del resplandor del amor, de la paz, de la esperanza, de una nueva comunión

Nace Jesús, nace la vida, nace el Salvador y todo se llena del resplandor del amor, de la paz, de la esperanza, de una nueva comunión

Is. 9, 1-3.5-6; Sal. 95; Tito, 2, 11-14; Lc. 2, 1-20
‘La gloria del Señor los envolvió de claridad’ nos dice el evangelista tras el anuncio del ángel a los pastores de Belén. ‘Os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor’. Y la noche de Belén se llenó de resplandores.
Lo habían anunciado los profetas con la belleza de sus imágenes sugerentes. ‘El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en sombras de muerte y una luz les brilló’. Hoy es la noche del brillo de esa gran luz. Hoy es el día en que nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor, como anunciaban los ángeles. A nosotros también llega esa luz, ese nuevo resplandor. ‘Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres’. Es el regalo de Dios, ‘gracia de Dios’ que nos llena a todos de luz y de alegría.
Los pastores se llenaron de alegría y fueron corriendo hasta Belén donde encontraron todo como les había dicho el ángel. ‘Encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre’. Nosotros también en este día nos llenamos de alegría. La alegría de la Navidad contagia a nuestro mundo de manera que todos celebran navidad aunque algunos no sepan aún muy bien cual es la razón profunda de esa alegría tan contagiosa.
Es una alegría que tiene su origen en nuestra fe, en el misterio cristiano que nosotros celebramos, el nacimiento de Jesús. Pero toda alegría se contagia, y todos vivimos en alegría en estos días, todos queremos celebrar la navidad, aunque no todos lo celebren de la misma manera y desde las mismas motivaciones. Pero aprovechemos esos momentos de alegría y de paz que bien lo necesitamos en medio de nuestras oscuridades.
Es lo que estamos hoy nosotros celebrando y que hemos de vivirlo con toda intensidad y con hondo sentido. Es algo que tenemos que vivir hondamente. No podemos dejarnos por el ambiente de una navidad superficial. Algunos podrán pensar qué como podemos celebrar estas fiestas de navidad y vivir con alegría cuando son tantas las oscuridades de nuestro mundo hoy. Pero nosotros vivimos en esperanza.
Lo que nos decía el profeta del pueblo que caminaba en tinieblas y en sombras de muerte también nos describe nuestra situación hoy. Violencias y guerras, soledades y abandonos, odios y resentimientos, rupturas de todo tipo en la familia, en la sociedad, entre los más cercanos y los más lejanos se repiten, gente que vive a su aire encerrada en su individualismo nos encontramos por doquier y es tentación que todos tenemos, desesperanzas y tristezas, sufrimientos y angustias de todo tipo… son muchas las oscuridades que se resaltan en nuestro entorno y acaso también en nuestra vida.
Pero como decía el profeta ‘vio una luz grande… una luz les brilló’. Cuando nosotros en esta noche o en este día de Navidad estamos celebrando el nacimiento de Jesús estamos viendo aparecer esa luz. Nos brilla también a nosotros esa luz grande. Ya recordábamos como la noche de Belén se llenó de un nuevo resplandor y aquella luz comenzó a brillar en un humilde establo y a los primeros que iluminó fue a los pobres, a unos pastores que estaban al raso vigilando en la noche sus rebaños.
Para nosotros, para nuestro mundo tiene que brillar de verdad la luz de la Navidad que brota del nacimiento de Jesús, el Señor, el Salvador. Viene Jesús a nuestra vida para iluminar nuestras tinieblas, para que aprendamos a salir de nuestras oscuridades, para que aprendamos que es posible hace que brille una nueva luz en nuestro mundo, porque es posible transformar nuestros corazones, cambiar nuestras actitudes y nuestras maneras de vivir, comenzar a ser de verdad unos hombres nuevos que nacen de los resplandores de Belén.
Nace Jesús, nace la vida, nace nuestra salvación y ponemos paz frente a la violencia, ponemos esperanza ante tantas desilusiones que amargan los corazones de tantos, y ponemos espíritu de fraternidad y de comunión frente a tanta insolidaridad e individualismo, y pondremos cercanía y compañía para que nadie nunca se encuentre solo, y buscaremos la concordia y la comunión para romper las barreras de la desunión, y haremos vencer el amor sobre los odios y los rencores.
Es navidad. Es lo que queremos vivir. Es lo que es nuestro compromiso en el nacimiento del Señor. Pensemos que nosotros los cristianos tenemos que hacer visible en nuestro mundo esa presencia de Dios, esa visita de amor que El nos hace con el nacimiento de su Hijo. Viviendo esa nueva luz que surge del nacimiento del Señor nos convertiremos en signos y en testigos ante nuestro mundo para hacerles llegar la verdadera alegría, para hacerles vivir esa nueva y profunda alegría que surge del nacimiento de Jesús. Nos vamos a dejar transformar por su amor y por su vida para que en verdad hagamos un mundo mejor, un mundo donde todos nos amemos y seamos felices. Tenemos que darle hondura a nuestra navidad. Que de verdad hagamos entre todos una Feliz Navidad. Es lo que os deseo a todos de corazón.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

Una buena noticia de luz y de alegría: nace Dios

Is. 9, 1-3.5-6; Sal. 95; Tito, 2, 11-14; Lc. 2, 1-14
‘Oh Dios que has iluminado esta noche santa con el nacimiento de Cristo, la luz verdadera…’ Así comenzaba la oración de la liturgia de esta noche santa. Todo brilla lleno del esplendor de la luz de Cristo. En medio de la oscuridad de la noche, que nos habla de muchas oscuridades, el ángel del Señor se presentó a unos pastores que estaban en los alrededores de Belén guardando sus rebaños para anunciarles una Buena Nueva ‘y la gloria del Seños los envolvió con su claridad’.
‘No temáis, les dice anunciando la paz, os traigo una buena noticia - es un evangelio lo que anuncia -, una gran alegría para todo el pueblo, - siempre el evangelio es una buena noticia que llena de alegría y si no fuera así no sería verdadero evangelio -  hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador: en Mesías, el Señor…’
La noche de Belén se transformó; las tinieblas se disipan, los sufrimientos y las penas se mitigan, las tristezas se transforman en alegría, porque las promesas se cumplen. Por eso con todo sentido podíamos escuchar al profeta para recordar sus anuncios. ‘El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande… una luz les brilló…’ todos se llenan de alegría como los segadores se gozan al recoger sus cosechas, les dice el profeta. ‘Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado’.
Es la alegría grande que nosotros en esta noche también vivimos. Todo es fiesta y alegría en esta noche santa en que celebramos el nacimiento del Señor. Nos sentimos iluminados, arrancados de las tinieblas, nos ha llegado el Salvador, Dios está con nosotros porque tenemos al hijo nacido de la virgen, tenemos al Emmanuel anunciado por los profetas. Pero tiene que ser una alegría que vivamos desde lo más hondo de nosotros mismos porque nos sentimos de verdad iluminados y arrancados de las tinieblas. Por fuera manifestaremos también esa alegría con nuestros cantos y nuestras mutuas felicitaciones, pero tiene que ser algo que sintamos en lo más hondo de nosotros mismos.
Somos conscientes de cuantas tinieblas envuelven nuestra vida y nuestro mundo. Cuántas tristezas y oscuridades, cuánto sufrimiento y cuantas soledades nos envuelven. Contemplamos excesivas violencias y egoísmos en nuestro entorno; sentimos el dolor de tanta gente se encuentra como desorientada y sin rumbo en la vida porque no tiene fe ni esperanza; nos desgarra el alma la mentira y la falsedad en que se hunden tantos llenando de vanidad y de hipocresía la vida; nos hacen saltar lagrimas del alma la insolidaridad de tantos, o el desencanto y desilusión que viven los que no tienen esperanza y llenan su vida de pesimismo y de depresiones; tantas tinieblas de dudas y de increencia, de desconfianza de todo y de todos, tinieblas de orgullos, envidias y lujuria con las que dejan envolver su vida. Son muchas las tinieblas y las oscuridades que también nos pueden tentar a nosotros.
Pero esta noche es una noche de esperanza, de luz, de vida, de amor. Sabemos que esas tinieblas pueden ser vencidas.  Ha nacido la luz, ha nacido Cristo, luz verdadera que viene a iluminar nuestro mundo; y aunque las tinieblas se resisten y no quieren aceptar esa luz, nosotros tenemos un mensaje que trasmitir, una luz con la que iluminar, porque nosotros queremos dejarnos iluminar esa luz llenando nuestra vida de paz, de amor, de vida y con ella queremos contagiar a los demás.
Los ángeles anunciaron a los pastores que estaban en las oscuridades de la noche en los campos de Belén para que fueran al encuentro de la luz, porque en la ciudad de David les había nacido un salvador, el Mesías, el Señor. Ellos se dejaron envolver por aquella claridad y buscaron la luz verdadera y llegaron hasta Belén, llegaron hasta Jesús llenos de esperanza y de alegría.
A nosotros se nos ha hecho también ese anuncio de Luz en esta noche, pero nosotros ahora tenemos que ser como aquellos ángeles que resplandecientes de la luz de Dios llevemos ese anuncio a nuestro mundo. Las tinieblas no tienen la última palabra aunque se resistan a la luz. Ese mundo tan lleno de tinieblas se puede transformar. Hay una esperanza, es posible el amor, es posible la paz, es posible salirnos de nosotros mismos para vivir un nuevo sentido de solidaridad; es posible despojarnos de todas esas tinieblas; es posible transformar nuestro mundo.
Para eso ha nacido Jesús. Es la salvación que nos trae. Es la salvación que nosotros hemos de vivir dejándonos iluminar por su luz. Es la Buen Noticia que nosotros también tenemos que anunciar  a nuestro mundo.  Es navidad. Es el tiempo nuevo del amor y de la paz. Pero tiempo del amor, de la paz, de la fraternidad, de la solidaridad, de la justicia, de la verdad, pero no de un día sino para siempre que para eso ha venido Jesús.
‘Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres,  enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos’, enseñándonos a renunciar a las tinieblas para vivir para siempre en la luz. Es lo que esta noche celebramos. Es lo que esta noche queremos vivir. No lo celebramos como algo pasado, sino como algo presente y vivo ahora en nuestra vida. Celebramos el nacimiento de Jesús sintiendo que Dios llega ahora a nuestra vida y nos pone en camino de luz, en camino de vida nueva, en camino de amor. Lo celebramos porque lo vivimos. Lo celebramos porque también nos sentimos capacitados para hacer ese anuncio.
Los ángeles fueron los primeros portadores del evangelio del nacimiento de Jesús. Ahora somos nosotros los portadores de ese Evangelio, de esa Buena Noticia que nuestro mundo necesita escuchar. Tienen que desaparecer las desesperanzas y las tinieblas que oprimen tantos corazones porque hay un camino que podemos recorrer, un camino de una vida nueva con el que podemos en verdad transformar nuestro mundo. El nacimiento de Jesús que estamos celebrando nos pone en camino de ello.

Que sea en verdad feliz navidad porque nos llenemos todos de su luz.

domingo, 25 de diciembre de 2011


Ante el misterio de Belén confesamos nuestra fe y contagiamos de alegría y amor

Aunque el tiempo metereológico estuviera hoy con densos nubarrones sin embargo hoy es el día en que más resplandece el Sol. Ya entendemos que no es el sol que brilla en lo alto del firmamente sino el Sol que nos ha venido de lo Alto y que ha brillado con luz divina incluso en lo más denso de la noche.
Todo nos habla hoy de luz. Todo resplandece con un nuevo resplandor. Entre nosotros ha nacido el que es la Luz verdadera que ilumina a todo hombre. Por eso en medio de la noche de Belén había resplandores de cielo, porque allí estaba el cielo, allí estaba Jesús recién nacido que viene a iluminarnos con su luz. Por eso la liturgia puede decir ‘hoy brillará una luz sobre nosotros porque nos ha nacido el Señor’.
Es lo que los ángeles anunciaban en la noche de Belén a los pastores. ‘Os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y ahí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y costado en un pesebre’. Los pastores corrieron a Belén entre los resplandores del cielo mientras los ángeles cantaban la gloria de Dios y la paz para los hombres. Ya no necesitaban otra luz de luminarias de la tierra, porque les iluminaba la luz que venía del cielo y que se había posado en Belén. Y lo encontraron todo como les habian dicho los ángeles.
‘Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre’, nos dirá san Pablo. Se ha manifestado la gloria de Dios. ‘Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios… el Señor da a conocer su victoria’. Es el Señor, es el Rey, es el Mesías redentor que nos ha nacido, es el Salvador que viene a nosotros, es luz que viene a iluminarnos cuando tantas veces quizá rechazamos la luz, es el Hijo de Dios que se ha encarnado tomando nuestra naturaleza humana en el seno de María, es ‘la Palabra de Dios que se ha hecho carne y ha plantado su tienda entre nosotros. y hemos contemplado su gloria, gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad’.
Y es que ‘en el misterio santo que hoy celebramos, Cristo, el Señor, sin dejar la gloria del Padre, se hace presente de un modo nuevo entre nosotros’, que decimos con la liturgia. Así pues, ‘la luz de la gloria de Dios brilló ante nosotros con un nuevo resplandor’. Dios se hace visible, Dios está entre nosotros. Dios se hace Emmanuel y así podremos podremos contemplar la gloria de Dios, así podremos conocer a  Dios. Nos llega la Palabra, se hace presente entre nosotros el Verbo de Dios que se nos revela, se nos da a conocer, nos habla con palabras divinas que se hacen humanas para que lleguemos a comprender todo el misterio de Dios que es Amor.
Ante el misterio de Dios que se  nos revela y se nos manifiesta no nos queda otra cosa que confesar nuestra fe. Nos postramos y adoramos. Reconocemos y damos gracias. Confesamos nuestra fe con alegría y convencimiento y nos sentimos renovados y transformados. Admirable intercambio que se realiza y nos llena de salvación. El Hijo de Dios ha tomado nuestra frágil condición humana para levantarnos, para elevarnos, para sobrenaturalizarnos al llenarnos de la vida de Dios. La gracia de Dios llega a nuestra vida y nos hace hijos en el Hijo, porque viene a traernos el perdón pero viene a regalarnos su vida.
Sí, es momento para detenernos ante el Misterio, contemplarlo, meditarlo, rumiarlo en el corazón. Cuántas consideraciones podemos hacernos, cuánto amor tenemos que sentir en nuestro corazón. No  nos podemos cansar de contemplar y meditar, de hacerlo vida y hacerlo oración. Es momento para ponernos ante aquel pequeño pesebre y contemplar allí al Hijo de Dios y cantar al Señor, y darle gracias, y gritar nuestra fe.
Y bien alta tenemos que confesar nuestra fe para que todos lleguemos a reconocer en verdad a Jesús y sepamos acoger su salvación. Tenemos que gritarla muy fuerte para que no haya confusiones y no cambiemos la navidad por lo que no es Navidad. Lo que estamos celebrando no es otra cosa que el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre. Tenemos que celebrar la verdadera navidad.
Por eso es día de dicha y felicidad, por cuanto nos regala Dios con su amor que nos entrega a su Hijo único. De ese amor Dios que así experimentamos en nosotros nace toda esa dicha y felicidad para que sea la más verdadera, la más profunda, la que nunca se acaba. Y, claro, nuestra dicha y felicidad tendrá que desbordarse para que alcance a los demás y todos puedan llegar a descubrir la salvación de Dios. Es importante para nosotros la navidad porque estamos llenándonos e inundándonos del amor de Dios. Por ahí tenemos que comenzar para celebrar una verdadera navidad. Qué lástima los que celebran fiestas de Navidad sin acordarse de Jesús, sin tener presente a Jesús.
Es la fiesta del amor de Dios que se desborda sobre nosotros y claro tenemos que hacerla la fiesta del amor, del amor compartido, del amor que desde Dios llevamos a los demás para que todos nos sintamos hermanos, para que aprendamos entonces a querernos con un amor verdadero, para que entonces encontremos la verdadera paz de los corazones. Por eso nos felicitamos, nos alegramos mutuamente, nos deseamos lo mejor que es amarnos y querernos, y sentirnos hermanos, y llenarnos de paz. Que no sean sólo palabras que se queden en buenos deseos de un día. Que no sean sonrisas forzadas u ocasionales de un día las que brillen en nuestros rostros, sino que reflejemos la alegría verdadera que llevamos en el corazón.
Todo esto que estamos contemplando, meditando, rumiándo en nuestro corazón y haciéndolo oración y alabanza al mismo tiempo nos compromete. Todo ese inmensa maravilla de amor que descubrimos no nos la podemos quedar para nosotros. Porque si a nosotros nos llena de alegría y de esperanza grande el misterio de la Navidad que estamos celebrando, por qué no trasmitir esa alegría y esperanza a cuantos nos rodean cuando sabemos cuantos son los que caminan llenos de sufrimientos y desesperanzas a nuestro lado.
Esa luz que nos ha iluminado tenemos que llevarla también a los demás. Tenemos que disipar tantos negros nubarrones que se abaten sobre nuestro mundo. Si decíamos al principio que para nosotros brilla de manera especial el sol hoy porque nos ha nacido el Salvador, que ese Sol ilumine también a los que nos rodean, ilumine y llene de esperanza a todo nuestro mundo.
Sí, el mundo está necesitando esa luz; hay muchos hambrientos de paz y de amor; mucha sed de la verdadera alegría hay a nuestro alrededor. En nuestra mano está esa luz, esa paz y ese amor, esa alegría verdadera. De nosotros depende, de nuestra forma de vivir nuestra fe, el que la puedan encontrar. Gritemos nuestra fe en Jesús al mundo para que todo puedan encontrar esa gracia y esa salvación.
Permítanme que termine esta reflexión con unos versos que he tomado prestados y que os sirvan como mi felicitación de navidad:
En Navidad Dios quiere nacer en ti
para iluminar tu vida
y ayudarte a ser luz para los demás.
Acoge este rayo de luz que llega hasta ti:
Viene en forma de ternura:
déjate llevar por ella.
Viene en forma de alegría:
camina a su lado y contágiala.
Viene en forma de paz:
ofrécela a todos sin distinción.
Viene en forma de comprensión:
que sea alimento de la acción.
Viene con sencillez:
no la busques en las cosas complicadas.
Viene como generosidad:
entrégate intensamente a los demás.
Viene como perdón:
repártelo a todos y sé puente de unión.
Viene como armonía:
deja que llene tu corazón.
Viene como gratuidad:
sé agradecido en toda ocasión.
En esta Navidad y siempre te deseo…
ojos para ver el Misterio,
manos para ser buen samaritano,
olfato para rastrear lo nuevo,
pies veloces para acercarte al hermano,
gusto para saborear lo bueno,
oídos para escuchar al que está a tu lado,
presencias que acompañen en la vida,
acontecimientos que te ayuden a madurar
y ser más humano,
entrañas de misericordia,
y una vida plena que ofrezcas como regalo.
¡Feliz Navidad!

Una gran noticia: nos ha nacido Dios, nos ha nacido el amor, nos ha nacido la paz


Ya la noticia se ha producido. Acabamos de escuchar su anuncio. Es la Buena Noticia, el Evangelio que esta noche se proclamó solemne por los ángeles en Belén; es la Buena Noticia, el Evangelio que se repite esta noche en todos los lugares del mundo. Mensajeros nos la habían ido anunciando y para este momento nos habíamos venido preparando; los profetas, Juan el Bautista, María nos habían poniendo las señales y nos habían ido señalando el camino que habíamos de recorrer.
‘Mirad que yo envío mi mensajero para que prepare el camino ante mí’, habían anunciado los profetas. El mensajero llegó finalmente preparando los caminos y quienes escuchaban el mensaje purificaban su vida con la conversión del corazón. Juan Bautista lo señalaba ya bien cercano, porque nos decía que ya estaba entre nosotros y habíamos de aprender a reconocerlo.
Ha llegado el momento en que la Luz ha comenzado a brillar con fuerza y la noche ya no es noche, porque las estrellas han dejado paso al Sol que viene de lo alto y que todo lo ilumina. ‘Os traigo una buena noticia, una gran alegría: nos  ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor’.
‘El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en tierras de sombra y una luz les brilló’, había dicho el profeta. ‘La gloria del Señor los envolvió con su claridad’, y los ángeles cantaban a gloria. ‘Ha aparecido la gracia de Dios que nos trae la salvación para todos los hombres’ nos diría san Pablo para hablarnos del momento de la salvación, de la gloria, de la gracia que con Jesús nacía para todos nosotros.
Y nosotros también nos llenamos de alegría. Hoy es fiesta. Hoy es la fiesta grande del Nacimiento de Jesús. Todos se llenan de alegría y ya no sabemos ni cómo celebrarlo; tanta fiesta hacemos que hasta los que no terminan de creer en el Salvador también hacen fiesta. Todos nos contagiamos. Todos tendríamos que conocer bien la gran noticia, la Buena Nueva de Salvación que para todos nos llega. Tendríamos que saber contagiar de nuestra fe para que todos lleguen a descubrir la Luz verdadera que viene a este mundo y nos trae la salvación. Tendría que ser un compromiso de quienes hemos puesto toda nuestra esperanza en el Salvador que nos ha nacido.
La luz que esta noche brilla con tanto resplandor tiene que de verdad iluminar a todos los hombres. Las tinieblas de la desesperanza tendrían que desaparecer para siempre. Si escuchamos de verdad en lo  hondo del corazón esta gran noticia que se nos comunica tendrían que desaparecer para siempre tantas negruras que nos atormentan y nos hacen sufrir.
El Niño recién nacido que contemplamos esta noche entre las pajas de un pesebre o en los brazos de María es nuestro consuelo y nuestra fortaleza en nuestros sufrimientos y en nuestras debilidades; es nuestra vida y el que nos llena de paz que nos resucitará de tanta muerte y hará brotar en nuestros corazones nuevos sentimientos de entendimiento y de armonía para que sepamos entendernos y querernos, de humildad y de generosidad para saber ir al encuentro con los demás; es el que nos despierta para una vida nueva y pone en nuestros corazones gérmenes de paz y de amor para que llenos de esperanza y de ilusión todos comencemos a hacer un mundo nuevo.
Ese Niño recién nacido que es anunciado a los pastores como el Salvador, el Mesías y el Señor, es el Hijo del Altísimo encarnado en las entrañas de María para ser Dios con nosotros, para ser Emmanuel. El profeta lo había anunciado y el ángel así se lo comunicó a María en la Anunciación de Nazaret. ‘La Virgen concebirá y dará a luz un  hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros’, había dicho entonces el profeta. ‘Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo’, había anunciado el ángel.
No podemos olvidarnos. No podemos pensar en otra cosa ni darle otro nombre. Nuestra fiesta ya no es simplemente la fiesta del solsticio del invierno. El Sol que nos ha brillado con su luz no es una luz cualquiera, porque quien brilla entre nosotros es el Hijo del Altísimo, es el Hijo de Dios hecho hombre. No nos felicitamos por una fiesta cualquiera sino que nos felicitamos porque está Dios con nosotros. Nos felicitamos en el amor de Dios que se ha derramado sobre nosotros y nos trae la vida y la salvación. Nos felicitamos en el mundo nuevo de esperanza y amor que con Jesús nos ha nacido. Y esto tenemos que decirlo muy alto y muy claro para que no haya confusión.
Es navidad, es el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios lo que nosotros estamos celebrando y lo que tenemos que proclamar a los cuatro vientos. Es la fe que profesamos esta noche con rotundidad y es la fe que tenemos que trasmitir y contagiar a los demás. Nuestra alegría no es una alegría cualquiera. Es la alegría que nace de nuestra fe; es la alegría que nace del misterio que contemplamos y celebramos y que da sentido y valor a nuestra vida. Es el anuncio lleno de alegría que tenemos que llevar a los demás. Un anuncio alegre y entusiasta que nace del convencimiento de nuestra fe hasta contagiar a los demás.
Profesamos una fe que nos llena de esperanza para ver auroras de luz para nuestro mundo anunciadoras de tiempos mejores si en verdad nos disponemos a seguir a este Salvador que nos ha nacido. Por eso decíamos que las negruras tienen que desaparecer de nuestra vida y de nuestro mundo. Queremos celebrar la Navidad con tanto hondura y profundidad que ya nuestra vida tiene que ser distinta después de la vivencia de la presencia de Dios en medio de nosotros que experimentamos.
No puede ser una navidad cualquiera; no puede ser una navidad triste porque en el mundo haya problemas; tiene que ser una navidad llena de esperanza porque creemos que en Cristo es posible ese mundo nuevo y en el Niño recién nacido que contemplamos en Belén tenemos toda la fuerza de la gracia para nuestra lucha y para nuestro trabajo por hacer un mundo nuevo y mejor.
Es la gran noticia que esta noche recibimos, que nos llena de alegría y que nos pone en camino. Vayamos y comuniquemos a nuestro mundo que nos ha nacido un Salvador y que el mundo tiene ya esperanza, todos hemos de tener esperanza porque en Jesús nos nace un mundo nuevo que es el Reino de Dios.
Alegría, hermanos, que nos ha nacido Dios. Es nochebuena: nos ha nacido el amor, nos ha nacido la paz.