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martes, 6 de enero de 2026

Ponernos en camino para buscar y encontrarnos con Dios que viene a nuestro encuentro, pero ponernos en camino para anunciar la gloria del Señor a todos los pueblos

 


Ponernos en camino para buscar y encontrarnos con Dios que viene a nuestro encuentro, pero ponernos en camino para anunciar la gloria del Señor a todos los pueblos

 Isaías 60, 1-6; Salmo 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Ponernos en camino es imagen de la vida misma. Forma parte de nuestro mismo ser. ¿No podríamos decir que para eso tenemos dos piernas? Ya lamentamos quienes tienen atrofiados sus miembros de manera que no pueden moverse por sí mismos, no pueden caminar; les decimos de muchas formas aunque no todas son las más humanitarias, deficientes, inválidos, discapacitados, dependientes definiendo en cierta forma cómo se siente el que no puede ponerse en camino.

Desde que nacemos, podríamos decir, queremos caminar; qué alegría cuando un bebé llega a dar los primeros pasos iniciando así en cierto modo el camino de su vida. Ponernos en camino porque buscamos, queremos conocer, llegar a otros lugares o a otras personas, hacer la vida valiéndonos por nosotros mismos; ponernos en camino que desasirnos de muchas cosas para no sentirnos dependientes sino valernos por nosotros mismos; es una búsqueda y es un riesgo, abiertos a la sorpresa porque no sabemos bien lo que vamos a encontrar, pero con riesgo porque nos acechan los peligros; por eso hay quien tiene miedo, no quiere soltarse, quiere quedarse bajo la sombra de un paraguas que le proteja pero quizás porque no tiene metas, no se atreve a ir más allá de lo que tiene delante. Podríamos seguir diciendo muchas más cosas que a todos se nos pueden ocurrir, pero hoy se nos está diciendo que tenemos que ponernos en camino.

Aquellos Magos de Oriente, porque vieron una estrella se pusieron en camino, indagando lo que significaba, estudiando los anuncios antiguos, arriesgándose a un futuro incierto en ese camino que emprendían, sin temor a perderse. Pero para poder ver la estrella, no se quedaron solo mirando al suelo sino que se habían puesto a mirar a lo alto. Bien significativa la imagen. Buscaban el camino y la meta, pero miraban a lo alto para dejarse guiar por la estrella. Cuánto nos puede decir esta imagen.

Como nos dice el evangelio llegaron a Jerusalén y aquello fue una conmoción general. La sorpresa de la gente ante la comitiva que atravesaba la ciudad con aquella gente venida de lejos; Jerusalén fue siempre encrucijada porque la situación de Palestina entre el Oriente próximo y Egipto hacía que fuera un cruce de caminos, como lo vemos reflejado en la historia. Pero ahora era distinto porque preguntaban por un recién nacido rey de los judíos. Suspicacias en el palacio de Herodes que se creía grande y nadie le podía hacer sombra y la pregunta y búsqueda de aquellos Magos era inquietante. Sorpresa entre los Maestros de la Ley los Sumos Sacerdotes, porque les hizo revolver en las Escrituras para entender lo que podría suceder. Señalan el camino según las Escrituras, pero ellos se quedan a la expectativa de lo que pudiera ser.

Con el encargo – podríamos decir entrecomillas, como solemos expresarnos - de Herodes para que volvieran a decirle donde o como lo habían encontrado, de nuevo se ponen en camino. Y allí está la estrella que les guía y les conduce hasta donde está Jesús al que encontrarían como los pastores un día con María, su madre, pero ya no recostado en un pesebre. Le ofrecieron sus dones y cayendo de rodillas le adoraron. Era el reconocimiento de la luz que habían encontrado y que ahora se volverían a sus casas para llevar la noticia, como primeros portadores de evangelio, de buena nueva de salvación para todos.

Es nuestro ponernos en camino, el camino de nuestra vida y el camino de nuestra fe. ¿También tendremos que ponernos camino para buscar y para indagar, para encontrarnos con la luz y para llevar luego esa buena noticia a los demás? Es también nuestra tarea, es la búsqueda honda de nuestra vida; no podemos quedarnos encerrados siempre en lo mismo, no podemos estar como los que ya vienen de vuelta y no quieren saber nada, tenemos que arriesgarnos en nuestra búsqueda aunque ese ponernos en camino nos haga salir de allí donde estamos instalados, de lo que siempre se ha hecho porque siempre ha sido así como tantas veces decimos; tenemos que no temer lo que podamos encontrar porque siempre será una luz nueva para nuestra vida que nos pone en nuevo camino.

Nos hemos amodorrado en nuestra manera de vivir la fe y tratar de contentar a todos y a todo, pero no podemos quedarnos adormilados en el camino porque perderemos el rumbo y el sentido. Y eso nos está pasando a muchos cristianos que queremos seguir viendo en la comodidad de nuestras rutinas o viejas costumbres y ya el evangelio parece que ha dejado de ser novedad para nosotros; el evangelio siempre tiene que ser novedad porque es buena noticia, y las noticias son nuevas cada día.

Es una lástima que el árbol no nos permita ver el bosque; es lo que nos está sucediendo con esta fiesta de la Epifanía en la que tendríamos que contemplar ese gran regalo de Dios que se nos manifiesta – eso significa la palabra ‘epifanía’, manifestación – y la locura de los regalos que nos hacemos y creemos que tenemos que hacernos en este día nos hacen olvidar la grandeza y el sentido de esta fiesta y celebración.

¿Necesitaríamos arriesgarnos a ponernos en camino desde esta consideración? El profeta invita a Jerusalén a despertar para ver amanecer la gloria de Dios. ¿Nos postraremos también nosotros como todos esos pueblos para cantar la gloria del Señor?


sábado, 3 de enero de 2026

Estamos llamados como Juan a ser voz en medio de nuestro mundo que prepare también los caminos del Señor, con nuestra vida ser evangelio para los demás

 


Estamos llamados como Juan a ser voz en medio de nuestro mundo que prepare también los caminos del Señor, con nuestra vida ser evangelio para los demás

1Juan 2, 29 – 3, 6; Salmo 97; Juan 1, 29-34

Hemos venido contemplando y celebrando todo el misterio de la Navidad. Contemplamos ese momento maravilloso en que Dios nace hecho hombre en el niño que contemplamos en Belén. Contemplamos su pequeñez y su humildad, contemplamos su pobreza que nace, podíamos decir, en medio de un camino, mientras María y José se dirigen a Belén - ¡cuántas cosas  nos tendría que recordar este detalle que estamos resaltando! -, contemplamos al niño al que se busca su muerte y tendrá que salir errante como un refugiado camino de Egipto.

Hemos contemplado su gloria, el resplandor de los ángeles y del cielo cuando anuncian a los pastores el nacimiento de este niño que es el Salvador o cuando cantan diríamos que con toda la creación la gloria de Dios que nos trae la paz porque a todos sigue Dios amando, aunque para muchos pase desapercibido ese canto. Pudiera parecer que esas estrellas se van apagando, aunque aún tengamos que ver la de la Epifanía, como se van difuminando las luces de nuestros adornos de navidad y al final nadie sabrá que hemos celebrado el nacimiento del Salvador del mundo. ¿Hasta dónde llegará nuestro testimonio?

Pero la liturgia, para nosotros los cristianos que queremos seguir más de cerca todo este misterio de la Navidad, sigue erre con erre repitiéndonos y anunciándonos una y otra vez quién es ese Niño que hemos contemplado en Belén. Aunque haya pasado una semana aun no se ha acabado la Navidad, aunque para el creyente en Jesús casi tendríamos que decir que cada día y siempre tenemos que seguir viviendo el espíritu y el sentido de la navidad en nuestra vida.

Una vez más nos aparece la figura del Bautista, en lo que van siendo ya sus últimas apariciones en el Evangelio. Lo que hoy se nos relata es un hecho sucedido ya después del Bautismo de Jesús, aunque aún nos quedan días para celebrarlo cuando culminemos este tiempo de la Navidad. En torno a Juan permanecen los que le siguen escuchando fielmente. Y a ellos señala directamente quién es Jesús, aquel que de su mano había querido recibir aquel bautismo haciéndose uno con el pueblo que necesitaba preparar los caminos del Señor.

Pero el Señor ya está en medio de ellos. Es lo que viene a señalar Juan en esta ocasión. ‘Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel’.

Claramente  nos lo está señalando. ‘El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’. Y les recuerda lo que ya les había dicho. Él no lo conocía pero ahora él ha podido contemplar todo el misterio de Dios. Él había hablado de quién venía detrás de él pero que estaba delante suyo porque existía desde siempre. No lo conocía pero esa era su misión, ‘bautizar con agua para que sea manifestado a Israel’, preparar los caminos del Señor como había anunciado el profeta. Si ahora podía anunciarlo era porque se le había revelado en su corazón. ‘Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y eso lo había contemplado cuando lo bautizó con las aguas del Jordán. Allí se había visto la gloria de Dios.

Es lo que a nosotros también se nos revela y se nos recuerda. No nos quedamos en lo infantil que tantas emociones quizás nos haya producido. Necesitamos también saber maravillarnos en las cosas de Dios y tal como Él quiere manifestárnoslas. Todo ese misterio de Belén con todos esos detalles que tantas veces hemos recordado necesitamos también revivirlos en nuestro corazón. Pero hemos de dar un paso adelante para reconocer todo el misterio de Dios que se nos manifiesta en Jesús y lleguemos así a una fe madura y a una fe comprometida con el sentido y los valores del Evangelio. Porque es el evangelio total de Jesús el que tenemos que escuchar para que maduremos nuestra fe, para que lleguemos a ser esos cristianos comprometidos en medio del mundo.

¿Hasta dónde seremos capaces de llegar? Quizás tengamos también que reconocer como lo hacía Juan que nosotros quizás no habíamos llegado a conocerle de verdad; pero a lo largo de nuestra vida cuántos impulsos, cuántas revelaciones hemos sentido en nuestro corazón que nos llevaban a esa confesión de nuestra fe en Jesús.

Ya son cosas que no podemos echar en el olvido sino que han de dejar una marca en nuestra vida, y de ello tenemos que dar testimonio; estamos llamados también como Juan a ser voz en medio de nuestro mundo que prepare también los caminos del Señor, con nuestra vida tenemos que ser evangelio para los demás, también como Juan tenemos que señalar a Jesús que es nuestro único Salvador, la única Salvación para nuestro mundo.


sábado, 6 de enero de 2024

La Epifanía es el regalo del amor de Dios lo que se nos ofrece en Jesús, pero ha de ser también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios

 


La Epifanía es el regalo del amor de Dios lo que se nos ofrece en Jesús, pero ha de ser también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

¿Buscar siguiendo los rastros de una estrella? ¿Buscar un mundo desconocido más allá de las estrellas? ¿Buscar algo nuevo y distinto que nos dé nueva ilusión y esperanza? ¿Qué hay más allá? Quizás de niño nos preguntábamos que había más allá de las montañas que veíamos en horizonte, qué había después del mar tan inmenso que veíamos delante. No es cosa baladí. Siempre el hombre, la humanidad ha estado en búsqueda que no solo es lo que pueda haber tras las montañas, aunque eso haya despertado le entusiasmo de conquistadores o de buscadores de otros mundos.

Ahí tenemos la historia de la humanidad. Pero esa historia de la humanidad nos habla también de otras búsquedas, de nuevos pensamientos, de nuevas maneras de ver las cosas, de un sentido a lo que vemos, a lo que vivimos, a lo que nos sucede. Y surge una filosofía, una manera de entender las cosas, una cultura que se va forjando desde esa búsqueda que se hace belleza y arte, que se hace en ocasiones guerrera, que siempre abre a nuevos horizontes, que nos eleva también a estadios superiores, que se convierte en búsqueda espiritual.

¿Seguimos buscando? Tenemos que decir que sí, es el crecimiento de la vida, es la inquietud que siempre tenemos en el corazón, es el deseo de encuentros que nos hagan más felices, son los sueños que todos tenemos dentro y que a veces no sabemos cómo desarrollar, es esa lucha por la vida que en ocasiones se nos vuelve dura, son esos caminos que todos recorremos y que en ocasiones se vuelven enmarañados por los problemas, por las dificultades, por las ansias que tenemos de algo superior que no siempre encontramos, por esos deseos de felicidad que muchas veces no sabemos como realizarlos.

¿Seremos perseverantes en ese camino de búsqueda? ¿Sentiremos en ocasiones el desaliento y el desencanto porque no encontramos tan pronto lo que buscamos? ¿Nos aburre la vida por tanta lucha muchas veces, nos parece, sin resultados? ¿Dónde encontrar fuerza para seguir esa lucha y esa búsqueda? ¿Encontraremos en algún momento un rayo de luz que nos llene de esperanza? ¿Nos sucederá que algunas veces los que van a nuestro lado nos confunden, quizás o desde sus intereses, o desde su propia desorientación?

Muchas preguntas me estoy haciendo hoy por lo que es la vida, lo que es el camino que recorremos todos de una manera o de otra. Es en lo que me hace pensar el escenario que hoy contemplamos. Unos magos de oriente que han visto una nueva estrella en el firmamento, y sin saber bien lo que puede significar, sin embargo se ponen en camino. En la imagen geográfica incluso que podemos tener del relato del evangelio, el camino tenía que haber sido largo y dificultoso para atravesar desiertos y montañas hasta llegar a Jerusalén.

Por lo que ellos intuyen es el signo de un nuevo rey que ha nacido. En la antigüedad todos los grandes personajes de la historia tenían su estrella. Y en Jerusalén preguntan y se crea un sobresalto que moviliza a Herodes y a los sacerdotes y escribas del templo. Las respuestas que les van dando los dirigen a Belén, aunque el aviso por parte de algunos – Herodes en este caso – era bien interesado.

¿No puede ser imagen todo esto de lo que nos decíamos antes de nuestras vidas de búsquedas que también se hacían largas y dificultosas? ¿Nos estará queriendo decir algo para esa vida nuestra de cada día este episodio que hoy contemplamos en el Evangelio? Quizá tendríamos que preguntarnos también por nuestra perseverancia en esas búsquedas, por los medios en los que busquemos esas respuestas que queremos darle a nuestra vida.

Finalmente aquella estrella les condujo a Belén y allí encontraron a aquel niño al que ofrecieron sus dones de oro, incienso y mirra. Encontraron un niño con su madre, encontraron a Jesús, pero allí se estaban encontrando con un misterio inmenso, porque veían a un rey, pero veían a un Dios, y al mismo tiempo se habían encontrado con un hombre. Y ante el misterio se postraron y adoraron. Ellos eran unos sabios – es el sentido de la palabra ‘mago’ – pero tuvieron la humildad de postrarse ante lo nuevo que se les revelaba porque los estaba haciendo encontrarse con Dios.

¿Llegaremos nosotros también a encontrarnos con Dios en esa búsqueda que vamos haciendo en el recorrido de nuestra vida? Ojalá tuviéramos también la humildad para postrarnos y para adorar, para saber bajarnos de las alturas en que a veces nos queremos poner y encontrar en la pequeñez de un niño, encontrar en aquello que nos parece demasiado humilde y pequeño esa luz que necesitamos para nuestra vida.

Es encontrarnos con la Estrella, es encontrarnos con el Sol que nos viene de lo alto, es encontrarnos con la Luz porque en Jesús nos encontramos con Dios. Ahí está la verdadera sabiduría, ahí está la luz de nuestra vida que nos da profundo sentido, ahí está la verdadera riqueza de nuestra existencia cuando en lo pequeño del hermano que camino a nuestro lado nosotros somos capaces de ver a Dios. Dios quiere llegar de tantas maneras a nuestra vida, pero también nos ha dicho que cuanto hiciéramos al otro, al pobre, al hambriento, al enfermo o al que es menos considerado a El se lo estábamos haciendo. Ya sabemos pues donde tenemos que ir a adorar y a presentar nuestras ofrendas y regalos.

Es el regalo de Dios lo que se nos ofrece en Jesús que es todo un regalo de amor, pero será también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios. ¿A quien vas a hacer más feliz hoy por un gesto o un detalle especial de amor que vas a ofrecer? Puedes mirar cerca, a los tuyos, a los que están en tu entorno, o puedes dirigir la mirada un poco más donde están los que nunca reciben una sonrisa de nadie.

Sigamos en ese camino de búsqueda hasta que encontremos esa luz en los ojos de alguien que llene de dicha tu corazón.

viernes, 6 de enero de 2023

Epifanía nos habla del regalo de Dios que en Jesús recibimos, nos ilumina con nueva luz y caminar por nuevos caminos

 


Epifanía nos habla del regalo de Dios que en Jesús recibimos, nos ilumina con nueva luz y caminar por nuevos caminos

 Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Hoy es el día del regalo de Dios para toda la humanidad. Es cierto que, al menos en nuestro ambiente y con nuestras costumbres, es el día de los regalos. ‘Día de Reyes’, decimos, y es sinónimo de regalos. Y con lo fáciles que somos a la vanidad lo hemos convertido en una obsesión y en una fiesta consumista, demasiado materializada en los obsequios y regalos que nos hacemos los unos a los otros en este. Y tenemos que decir también que para muchos se convierte en una angustia enfermiza tanto si no reciben regalos como si no los pueden ofrecer.

No quiero mermar con esta reflexión que nos hacemos ni la ilusión y la alegría de manera especial de los más pequeños, que fue por donde nació esta manera de celebrar este día – necesitamos también algo de ilusión y mucho de alegría en el mundo en que vivimos, muy llenos de risas quizás pero falto de una verdadera alegría honda. Pero sí creo que tendríamos que ahondar en el verdadero sentido de esta fiesta, como decíamos al principio, día del regalo de Dios para toda la humanidad.

Hemos venido celebrando y estamos aun celebrando la Navidad que significa celebrar esa presencia de Dios en medio de nosotros, cuando contemplamos el nacimiento de Jesús en Belén con todo el misterio que en su entorno queremos vivir y celebrar. Hoy la liturgia de alguna manera nos quiere decir esa presencia de Jesús, esa presencia de Dios no es solo para un pueblo o una comunidad concreta, sino que es la manifestación de Dios para ser luz y salvación para toda la humanidad. Eso significa Epifanía que es el nombre de la fiesta que hoy celebramos.

Todas las imágenes y símbolos que hoy contemplamos eso vienen a decirnos. Ya la noche del nacimiento hizo que el cielo brillara con un nuevo resplandor sobre los campos de Belén para anunciar a los pastores – imagen del pueblo judío - con el cántico celestial y con la aparición de los ángeles que les había nacido un salvador.

Hoy contemplamos nuevos resplandores que en principio no reducen su brillo a los campos de Belén sino que brillará en lo alto de los cielos para que ese anuncio pudiera llegar a todos los hombres. Unos magos de Oriente, nos dice el evangelio que no habla de reyes, como estudiosos de lo que sucede en el firmamento y atentos también a las señales de Dios son los que descubren esa estrella que les hablará de un recién nacido rey. Guiados por la estrella, con humildad y fidelidad, se han puesto en camino para llegar a Jerusalén. Parecería que si se trata del nacimiento de un rey en palacios reales pudieran encontrarlo, para estupor de los dirigentes entonces del pueblo judío, empezando por Herodes.

Pero no es eso lo que quieren indicar las señales del cielo, pues consultadas las Escrituras señalarán que será Belén donde está ese recién nacido Rey y allá les vuelve a dirigir la estrella. Señales del cielo, signos que aparecen en la misma naturaleza, pero será también la Escritura santa los que se convertirán en evangelio, en palabra de Dios, en buena noticia para aquellos magos que terminarán postrándose ante Jesús para ofrecerle sus dones como un reconocimiento de lo que Dios les estaba revelando en su corazón.

Estrellas que nos hablan seguimos teniendo nosotros si nos llenamos del mismo espíritu de fe de los magos, de su humildad y disponibilidad para ponerse en camino, aunque el camino no les fuera fácil, de esa generosidad del corazón dejarse conducir para encontrar el sentido de las señales y también la ruta de los caminos que ante nosotros se abren. Cuantas cosas nos hablan de Dios en lo que nos sucede cada día, en los acontecimientos de la vida y de la historia que vivimos en el momento presente, o en las mismas personas con las que vamos haciendo ese camino de la vida.

Tenemos que aprender a hacer esa lectura creyente de la vida, a mirar cuanto nos sucede con ojos de fe para poder encontrar también esa fortaleza que necesitamos en los duros camino de la vida que nos ha tocado vivir. Dios nos pone estrellas que nos iluminen y que nos guíen pero hemos perdido esa sensibilidad espiritual para descubrir esas señales de Dios y tenemos que recuperarla.

Cuando los magos llegaron a Jerusalén y escucharon los textos de las Escrituras Sagradas, aunque les llegaran con interpretaciones interesadas como las que se hacía Herodes o encontraran el desinterés de los maestros de la Ley que despreocupados siguieron en sus intereses, ellos, sin embargo, supieron cambiar de camino para llegar a Belén, para llegar hasta Jesús. Necesitamos, sí, fortaleza para cambiar de camino aunque nos cueste cuando nos encontramos con la luz, antes que permanecer en la insensibilidad de preocuparnos solo de nuestras cosas.

‘Entraron en la casa, nos dice el evangelista, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino’.

Habían llegado hasta Jesús, habían encontrado a quien buscaban; la luz de Jesús, que ya no era una estrella sino el mismo Sol del cielo – yo soy la luz del mundo, nos dirá Jesús más tarde en el evangelio – había iluminado sus vidas que ya no podían ser la misma vida. Volvieron a su casa, sí, a su vida, pero con una nueva vida, con una nueva luz; su camino ya no sería el mismo camino, sus vidas ya no podían ser las mismas vidas. Es lo que se produce en nosotros cuando de verdad nos encontramos con la luz, cuando de verdad nos encontramos con el Evangelio de Jesús.

Ojalá todo este recorrido, este proceso que hemos hecho en estas fiestas de Navidad de tal manera nos haya iluminado que ‘volvamos por otro camino’, emprendamos un camino nuevo en la vida. Ese regalo de Dios que con Jesús hemos recibido nos llene de nueva vida

jueves, 6 de enero de 2022

Dejémonos sorprender por las señales de Dios que nos conducirán al Belén en que hoy nos encontraremos a Jesús pero también lo hagamos presente a nuestro mundo

 


Dejémonos sorprender por las señales de Dios que nos conducirán al Belén en que hoy nos encontraremos a Jesús pero también lo hagamos presente a nuestro mundo

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6;  Mateo 2, 1-12

En esta noche de Reyes, como solemos celebrarla de manera especial en países europeos, hemos podido ver los rostros de los niños embelesados y sorprendidos ante el paso de la cabalgata de los Reyes Magos. Son características de nuestras costumbres y ya fue muy traumático para muchos el pasado año cuando no se pudieron celebrar de ninguna manera esas cabalgatas, aunque este año con muchas limitaciones sin embargo se han podido realizar.

No por repetida ha dejado de tener su encanto, aunque mucho se nos quede esta fiesta en lo anecdótico, lo costumbrista y peor aún en la absorción que el consumismo hace de nuestras vidas. Sin embargo hay algo hermoso en esas caras de sorpresa de nuestros niños, y ojalá ya los mayores también nos dejáramos sorprender por cosas maravillosas que pueden acaecer en nuestras vidas. Necesitamos de alguna manera no acostumbrarnos demasiado a las cosas y sobre todo ser capaces de dejarnos sorprender porque nos puede ayudar a encontrar cosas nuevas y maravillosas.

Me atrevería a decir que el evangelio que en esta fiesta de la Epifanía se nos proclama es el evangelio de las sorpresas. ¿Cuándo no el evangelio no ha de ser siempre una sorpresa de buena noticia para nosotros? Sorprendidos quedaron aquellos Magos de Oriente al ver aparecer una nueva estrella en el cielo y preguntándose por su significado se pusieron en camino. Sorprendidos quedaron los habitantes de Jerusalén ante la caravana que llega a la ciudad con unos seres extraños que preguntan por un recién nacido rey, del que no tenían conocimiento. Sorpresa fue para el rey Herodes que le hablaran de un recién nacido rey de los judíos que podría poner en peligro su trono. Sorprendidos estaban los sacerdotes y maestros de la ley cuando se ven preguntados por lo que podían haber dicho los profetas de un acontecimiento de este calibre. Finalmente de nuevo sorprendidos los magos, porque ante las indicaciones que les daban, vieron de nuevo aparecer la estrella que les condujera hasta Belén y hasta ese niño recién nacido.

¿Qué había detrás de todo este misterio de Dios que a través de estas imágenes trata de describírsenos? ¿Qué hay en todo esto que pudiera significar una sorpresa de fe para nosotros hoy? Hoy parece que quisiéramos tener todo atado y bien atado, porque todo lo tengamos previsto, porque para todo encontremos respuestas o soluciones a interrogantes o planteamientos que se nos pudieran hacer, porque incluso llegamos a acostumbrarnos a los vaivenes de la vida que parece que nada nos sorprende o todo  nos puede parecer tan natural.

Se me ocurre pensar que al final nos hacemos una vida aburrida, una vida que puede ser una rutina donde se van repitiendo las mismas cosas, una vida que nos llena de cansancios porque en lo que parece ser siempre la repetición de lo mismo es como si perdiéramos la ilusión; me atrevo a decir que una vida así parece que le falta vida, sí, una cierta vitalidad. Malo es que entremos en un ritmo de vida así. Nos faltarían alicientes que nos dieran empuje a la vida.

Malo es para nuestro camino de fe el que no seamos capaces de dejarnos sorprender por ese misterio de Dios que llega a nosotros. Y algunas veces podemos entrar en esas rutinas en nuestra vida religiosa y vayamos cayéndonos por esas peligrosas pendientes de cansancios y desganas. Tenemos que despertarnos para saber descubrir signos y señales.

Aquellos magos de los que nos habla el evangelio no se quedaron adormecidos contemplando las estrellas, sino que fueron capaces de descubrir algo nuevo que les hablaba desde los cielos. Y se pusieron en camino. Y ese recorrido que les vemos hacer en el relato del evangelio es para nosotros todo un signo. En la búsqueda de significados no se aburrieron ni cansaron, aunque muchas veces volvieran las oscuridades a vida en las mismas dificultades que encontraban. Encontraron camino y se encontraron finalmente con aquel a quien buscaban.

Busquemos esas estrellas, busquemos esos signos, abramos los ojos para contemplar cuanto sucede a nuestro lado, en cualquiera de esas cosas puede Dios habernos dejado una señal; tenemos que saber leer e interpretar, encontrar un sentido a esas señales y confrontar con todo aquello que esté a nuestro alcance. Las Escrituras antiguas fueron las primeras comprobaciones que hicieron aquellos magos, y serán las Escrituras sagradas de los profetas los que en Jerusalén les trazarán el camino.

Vayamos leyendo el camino de la vida de cada día con la Biblia en nuestra mano, con la Palabra de Dios presente en nuestro corazón; llegaremos en verdad a escuchar la voz de Dios para encontrar esa luz que guíe ciertamente nuestra vida. No temamos emprender nuevos caminos, según las señales que nos vayan apareciendo, porque así descubrimos nuestra vocación, descubrimos la tarea que tendremos que realizar en nuestro mundo. Seguro que superaremos nuestras rutinas y cansancios, seguro que encontraremos nueva vitalidad para nuestra fe, seguro que nos sentiremos impulsados a llenar también de nueva vida el mundo que nos rodea con nuestro compromiso.

La estrella condujo a los Magos hasta Belén para encontrarse con el que era la Luz del mundo; ¿dónde está el Belén hoy que nos haga encontrarnos con Jesús? Seamos capaces de ver los signos y señales que Dios va poniendo a nuestro paso porque cada uno tenemos nuestro camino de Belén, cada uno tenemos un lugar donde hacer presente a Jesús con nuestra vida. Dejémonos sorprender por las señales de Dios.

miércoles, 6 de enero de 2021

Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar conciencias, hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza

 


Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar conciencias, hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Navidad es Epifanía y Epifanía sigue siendo Navidad. No es un juego de palabras, es la realidad de lo que vivimos y celebramos porque todo es manifestación de la gloria y del amor del Señor. Se nos manifiesta en Belén aunque en aquel momento hablamos más de Navidad, de Natividad, de nacimiento de Dios hecho hombre, pero que no es otra cosa que manifestación de la gloria de Dios. ¿No es lo que los ángeles cantaron? ‘Ha aparecido la gracia de Dios’, escuchábamos en los textos de la Palabra de esa noche. Y se manifestó y se dio a conocer a unos humildes pastores que cuidaban sus rebaños en las afueras de Belén como un signo y señal para el pueblo de Dios.

Se nos manifiesta ahora en la fiesta de la Epifanía, y ese es el sentido y significado de la palabra. Es la manifestación de la gloria del Señor a todos los pueblos significados en aquellos Magos de Oriente de los que nos habla san Mateo; es la manifestación de que el amor de Dios que se nos manifiesta en Jesús es para todos los hombres, para todos los pueblos. Por eso decimos Epifanía que sigue siendo Navidad. Todavía el próximo domingo casi descolgándonos de la Navidad o culminando la Navidad sigue siendo Epifanía en la manifestación de la gloria de Dios en el Bautismo del Señor.

Las imágenes, los signos y los gestos que contemplamos en el relato que hoy nos ofrece el evangelio son de una gran riqueza y nos hablan de caminos y de recorridos que son caminos y recorridos de fe que todos vamos realizando o hemos de realizar en nuestra vida. Es el camino de fe, de búsqueda que realizaron aquellos magos a partir de que reciben la señal de lo alto en la estrella aparecida en los cielos pero que también a nosotros nos quiere hacer mirar hacia lo alto, aunque vayamos tropezándonos con tantas cosas que se nos atraviesan ante nuestros pies para que sepamos elevarnos, para que nos demos cuenta de que hay una luz a pesar de las oscuridades de la vida.

El camino no siempre es fácil; igual que aquellos magos tuvieron que atravesar desiertos y tortuosos caminos y también se encontraron en el camino quienes se les querían interponer poniéndoles trabas a su recorrido; es lo que nos sucede tantas veces en el camino de nuestra vida. No se dejaron confundir con falsas estrellas, y aunque hubo momentos de oscuridad en que ni siquiera veían la estrella supieron trascender por encima de aquellos obstáculos, encontraron la Palabra que les guiaba de verdad y de nuevo apareció la estrella que les guiaba hasta aquel recién nacido que era la luz verdadera que viene a iluminar nuestro mundo y que es luz para todos los pueblos y naciones.

Cuánto tenemos que aprender de ese camino siguiendo el rastro de la estrella de Belén. Es el camino de nuestra vida con sus luces y con sus sombras, con sus luchas, frustraciones y también victorias, es el camino de un mundo enmarañado que se confunde y nos confunde, es el camino que el mundo nos quiere ofrecer como luces lo que no son más que oscuridades y que nos ofrece falsos señuelos que nos distraen de la meta que deberíamos alcanzar, es el camino lleno de problemas y dificultades que nos hace perder la esperanza porque nos sentimos como derrotados y nos parece que nunca podremos salir, son esos caminos del mundo que ponen a prueba nuestra fe y nos llenan de dudas y de interrogantes a los que nos cuesta encontrar respuesta.

Nosotros sabemos bien que la luz de la estrella que nos guía nunca dejará de brillar para nosotros. No nos puede fallar nuestra fe y nuestra esperanza. Esa luz está siempre con nosotros y por mucho que las tinieblas traten de ahogarla seguirá brillando con fuerza para nuestro mundo. Esa luz tiene que hacernos levantar cada día con una nueva ilusión, una gran fuerza interior para seguir en el camino, para seguir confiando, para seguir manteniendo la esperanza, para seguir poniendo de nuestra parte todo lo que sea necesario para que esa luz llegue a los demás. Hay muchas desesperanzas a nuestro alrededor, muchos pesimismos, mucha gente que se siente agobiada, muchos que han perdido la trascendencia de su vida cuando han dejado apagar la luz de la fe en sus corazones.

Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar las conciencias, para hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza en tantos que van apagados por la vida. Tenemos que ser valientes para ponernos en camino, como hicieron aquellos magos. No podemos ser nosotros estrellas apagadas que no den luz allí donde estamos y aunque tengamos que mantener muchas luchas en nuestro interior para mantener encendida esa luz en nuestro corazón, tenemos que reflejarla para los demás, tenemos que ayudar a los demás. Codo con codo trabajamos con los que están a nuestro lado en esa búsqueda de salidas y soluciones a los problemas, en ir haciendo que encontremos la verdadera salud de nuestra vida que va más allá de las pandemias y situaciones lúgubres que se puedan vivir.

Es el compromiso que tenemos con nuestro mundo. Es un compromiso nacido de nuestra fe. Nosotros sabemos muy bien que nuestra luz y nuestra salvación están en el Señor. Con esa luz queremos iluminar nuestro mundo.

viernes, 17 de abril de 2020

Aquel amanecer del lago de Galilea puede ser un signo de un nuevo amanecer hoy en nuestra vida y para nuestro mundo si aprendemos a vislumbrar los rayos del sol


Aquel amanecer del lago de Galilea puede ser un signo de un nuevo amanecer hoy en nuestra vida y para nuestro mundo si aprendemos a vislumbrar los rayos del sol

Hechos de los apóstoles 4, 1-12; Sal 117; Juan 21, 1-14
Todos en la vida tenemos nuestros cambios, en ocasiones bruscos, de humor. Lo digo así por decirlo de una manera suave y como en imagen de lo que nos pasa muchas veces, que es nuestra inconstancia, nuestra falta de perseverancia. Hay momentos en que desde la experiencia que hayamos vivido, desde aquello que nos impactó y nos llamó poderosamente la atención nos hicimos mil promesas de que la cosa no seguiría igual, que ahora íbamos a cambiar, que nos íbamos a tomar más en serio las cosas, pero ya sabemos como de buenas a primeras aquello parece que se nos vino abajo, vino el cansancio de las promesas hechas, y las cosas no cambiaron tanto como prometíamos en principio que íbamos a hacerlo. Volvemos quizá a tropezar en las mismas piedras – aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra – aparecen de nuevo los desalientos y nos puede de nuevo la rutina.
Yo quiero ver algo así todo el proceso que vivieron los discípulos de Jesús, los apóstoles en torno a la muerte y a la resurrección del Señor. Ya conocimos la radicalidad con que Pedro prometía dar la vida por Jesús y como pronto lo negó, pero también como se fueron en desbandada a la hora del prendimiento en el huerto, o como andaban encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos. No creen en principio las noticias que les traen las mujeres de que la tumba estaba vacía y unos ángeles les habían dicho que había resucitado, pero el entusiasmo vuelve a sus vidas cuando viven la experiencia con Cristo resucitado, como aquellos discípulos de Emaús o los apóstoles todos reunidos en el Cenáculo.
Pero hoy contemplamos en el evangelio un momento de decaimiento por parte de los discípulos. Habían marchado a Galilea, vamos a pensar desde aquellas indicaciones que Jesús les había hecho llegar por medio de las mujeres, pero allá junto al lago  no saben qué hacer. Allí están las barcas y las redes arrimadas a un lado desde hacia tiempo ya. Pero es cuando Pedro – siempre Pedro el primero que va delante – se decide ir a pescar. ‘Me voy a pescar’, y unos cuantos de los discípulos se van con él. ‘Vamos nosotros también contigo’.
Pero parece que las experiencias se repiten. O son los altibajos también de la pesca, unas veces buena pesca y otras la barca vacía. Aquella noche no habían cogido nada y ya estaba amaneciendo. Para colmo alguien desde la orilla pregunta si han tenido buena pesca. No les queda más remedio que reconocerlo, no han cogido nada. ‘Echad la red a la derecha de la barca’. ¿Quizás desde la orilla había la suficiente perspectiva como para ver un cardume entre sombras en el agua del lago?
Pero era alguien que sí sabía donde habían de pescar. Es Juan el que se da cuenta y por lo bajo se lo comenta a Simón Pedro. ‘Es el Señor’. Ni hizo falta nada más, se lanzó al agua para llegar pronto a los pies de Jesús. Los otros tendrían que seguir tirando de la red y llevando la barca hasta la orilla, pero allá estaba ya Pedro a los pies de Jesús. Fue el chispazo que le hizo renovar todo lo bueno que llevaba en su corazón para sobreponerse a todos los desalientos y a todos los miedos.
¿Necesitamos nosotros también una llamada de atención? ¿Necesitaremos algo que nos despierte? El Señor va dejando también signos y señales en nuestro camino, pero que hemos de saber descubrir. Las cosas nos salen mal en ocasiones o hay otros momentos en que todo se nos vuelve una noche oscura. Pero ahí tenemos que saber donde está la estrella, donde está la luz.
Tenemos que saber reconocer que el Señor nunca nos falla, aunque haya momentos en que la pesca vaya mal, vayan mal las cosas y problemas de nuestra vida, vaya mal la situación de nuestro mundo. Pero no todo es oscuridad. Siempre habrá una luz en el horizonte, un nuevo amanecer que nos haga ver y sentir de nuevo los rayos del sol. Aquel amanecer del lago de Galilea puede ser un signo de un nuevo amanecer hoy en nuestra vida y para nuestro mundo. Aprendamos a vislumbrar los rayos del sol.

domingo, 6 de enero de 2019

Tenemos que dejarnos iluminar de verdad por esa luz que es Jesús para ponernos en camino para hacer el anuncio, para llevar esa luz al mundo que tanto la necesita



Tenemos que dejarnos iluminar de verdad por esa luz que es Jesús para ponernos en camino para hacer el anuncio, para llevar esa luz al mundo que tanto la necesita

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

‘¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora…’
Es el anuncio del profeta cuyo cumplimiento vemos hoy. Una estrella aparecerá en el cielo como signo y como señal de un nuevo resplandor que comienza a brillar. En la noche de Belén las tinieblas se disiparon y todo se llenó del resplandor de la gloria del Señor. Los ángeles como estrellas luminosas iluminaron los campos de Belén anunciando a los pastores el nacimiento del Salvador.
Pero aquella luz no podía quedarse circunscrita a los campos de Belén ni a los territorios de Israel sino que era una luz que tenia que resplandecer para todo el mundo. ‘Caminarán los pueblos a su luz…’ que decía el profeta. ‘Porque vendrán todos, de todos los pueblos… cantando las alabanzas del Señor’.
El resplandor va mucho mas allá de los territorios de Judá y de Israel por eso la estrella que brilla en el cielo la van a descubrir, como nos dice el evangelio, unos magos de Oriente. Y descubrirán la señal y se pondrán en camino. La sabiduría de aquellos magos, conocedores de las escrituras antiguas, les han llegar hasta Jerusalén preguntando por el recién nacido rey de los judíos. ‘Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo’.
Las gentes de Jerusalén se alborotan con la caravana, el rey Herodes intrigado mandará llamar a los recién llegados para indagar sobre todo lo que podría poner en peligro su reino y su poder, se consultan a los doctores de la ley y encuentran lo anunciado por el profeta. ‘Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel’.
Con las indicaciones precisas del camino, pero también de la advertencia del regreso para comunicar a Herodes lo que hayan encontrado, los magos se dirigen a Belén, guiados de nuevo por la estrella que ya les señalará el lugar exacto. Y ya lo hemos escuchado en el relato evangélico. ‘Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra’.
Hasta aquí los detalles del relato. No tratemos de ponernos ahora de astrónomos ni de historiadores que nos den explicaciones o certezas del hecho en sí. Podíamos contemplarlo casi como una parábola porque todo el relato está lleno de signos que trascienden del relato en si mismo y que pueden ser pauta para nuestro camino de encuentro con el Señor.
Nos está hablando de una estrella que los ilumina y los guía con el resplandor nuevo de su luz. Y efectivamente una luz nueva vamos a encontrar en Jesús, o, si queremos decirlo de otra manera, Jesús nos va a iluminar con una luz nueva que nos haga caminar caminos nuevos y distintos por la vida. Pero tenemos que dejarnos iluminar por esa luz. No la podemos ocultar ni dejar que las nubes borrascosas de la vida apaguen su resplandor. Esa estrella es para nosotros como evangelio, como Buena Nueva que nos anuncia una salvación que está por llegar a nuestra vida y que se hace presente con Jesús. Miremos, pues, por qué algunas veces nos ocultamos de esa luz o no dejamos que nos ilumine; si junto a la ventana de la vida ponemos muchas cosas que obstaculicen el paso de la luz, no podrá llegar a iluminarnos. Y cuántas cosas ponemos en las ventanas de nuestra vida como adornos que nos llenan de vanidad. Cuantos apegos como cortinas que quieren tamizar esa luz,  cuantas vanidades de cosas que nosotros decimos bonitas pero que se convierten en obstáculos para nuestra vida.
Otro signo lo podemos encontrar en el camino que hicieron los magos. Vieron la estrella en Oriente y se pusieron en camino; les señalan el camino de Belén y se ponen en camino; han cumplido su misión y se pusieron de nuevo en camino para ir a su tierra. Supieron descubrir las señales pero no se quedaron en elucubraciones muy juiciosas sino que apareció la disponibilidad de sus vidas para ponerse en camino para descubrir el significado de aquellas señales. No temieron las dificultades ni las incomodidades del camino, aunque para ello tuvieran que atravesar desiertos; cuando todo parecía que eran murallas que se ponían ante sus ojos supieron ir más allá saltando por encima de las dificultades porque lo que querían era encontrar aquel recién nacido rey de los judíos, con todo lo que ello pudiera significar.
Nos cuesta ponernos en camino, queremos tenerlo todo planificado y bien atado, tememos las incomodidades o los contratiempos, estamos viendo de antemano la oposición que nos podamos encontrar y nos llenamos de miedo porque pensamos que son más fuertes que nosotros. Igualmente nosotros somos barreras en muchas ocasiones para los demás, ponemos barreras desde nuestras propias sabidurías que se quedan en banalidades pero que ni vamos nosotros ni dejamos que otros vayan y encuentren.
Sabemos muy bien que hoy nosotros tenemos que ser estrella, luz que ilumine con la riqueza de nuestra fe al mundo que nos rodea. Pero cuánto nos cuesta ponernos en camino, cuantas razones nos buscamos o cuantas dificultades imaginamos que vamos a encontrar. Los magos fueron valientes; no temieron que los tacharan de ingenuos o unos iluminados; no temieron lo que se podrían encontrar por el hecho de ser extranjeros y desconocidos en aquella tierra. Se pusieron en camino. Ellos llevaban una luz interior desde que habían descubierto aquella estrella y eso les hacia sentirse seguros en su camino pese a las dificultades que pudieran encontrar.
¿Nos habremos dejado iluminar nosotros de verdad por esa luz que es Jesús para sentirnos igual de valientes para ir a hacer el anuncio, a llevar esa luz al mundo que tanto la necesita? Piensa si tu vida de fe es una luz que ilumina a cuantos están a tu lado.

miércoles, 15 de agosto de 2018

María de Candelaria, lucero del alba de la evangelización de nuestra tierra siga siendo Estrella de la evangelización y estimulo que con su presencia suscite esperanza en nuestros corazones


María de Candelaria, lucero del alba de la evangelización de nuestra tierra siga siendo Estrella de la evangelización y estimulo que con su presencia suscite esperanza en nuestros corazones

Apoc. 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Cor. 15, 20-27ª; Lc. 1, 39-56

Todos necesitamos en algún momento un estimulo que nos anime en nuestro camino, algo que suscite esperanza y nos haga ver las cosas sin negruras ni pesimismos sino que de alguna manera nos esté diciendo que es posible, que podemos, que hemos de tener ánimo para levantar el vuelo y no quedarnos ni en superficialidades ni en puro materialismo, que nos dé como un sentido nuevo que llene nuestro espíritu, llene nuestro ser y nos impulse a seguir caminando con ilusión y esperanza.
Algunas veces nos confundimos y podemos pensar en estimulantes efímeros que si nos dan quizá un poco de fervor se nos queda en algo momentáneo que luego nos dejará vacíos. Los estímulos no están en las cosas, los estímulos los podemos encontrar en personas que se convierten en tipo y figura de lo que tiene que ser nuestra vida y que con su ejemplo y testimonio no nos agobian ni nos hunden sino todo lo contrario  nos llenan de ilusión y esperanza nueva. En cuantas personas de nuestro entorno podemos encontrar ese ejemplo.
Un estimulo cierto lo tenemos en la cercanía y en el amor de nuestra madre que siempre estará a nuestro lado creyendo en nosotros a pesar de los errores o fracasos que algunas veces podamos cosechar en la vida. La presencia de la madre la tenemos desde nuestro nacimiento y nunca nos faltará. Aunque un día se adelante a nosotros en su muerte siempre sin embargo la podremos sentir junto a nosotros porque recordaremos su testimonio y recordaremos las palabras que quizás tantas veces nos repitió en vida y no le hicimos mucho caso, pero que ahora en soledades y momentos difíciles seguiremos haciendo presente en nuestro recuerdo.
Los discípulos de Jesús en nuestro camino de vida cristiana, en nuestro camino de seguimiento de Jesús tenemos el estimulo de cuantos antes que nosotros nos han precedido en el camino de la vida y con una vida ejemplar hoy son para nosotros ese espejo en el que nos miramos, esa imagen de lo que es vivir el evangelio convirtiéndose así en un recuerdo permanente de lo que ha de ser nuestra vida cristiana.
Pero tenemos sobre todo a María, la Madre de Jesús, que El quiso dejarnos también como esa madre que esté a nuestro lado siendo modelo estimulo para nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro compromiso en el amor. Por eso para los cristianos las fiestas en que conmemoramos a María tienen un especial significado. Las queremos llevar incluso físicamente junto a nosotros en sus sagradas imágenes por esos mismos caminos que nosotros tenemos que hacer en la vida cada día, porque así su recuerdo y su presencia se convierten en memoria y estimulo permanente.
Por eso nos llenan tanto de alegría las fiestas de María, porque con la madre nos regocijamos, a la madre celebramos, la presencia viva de la madre sentimos junto a nosotros y con ella queremos seguir haciendo el camino con ilusión y con esperanza. De ahí tantos y variados nombres con los que la invocamos, que como un rosario de piropos queremos dedicar a nuestra amada.
Hoy es una fiesta especial para ese estímulo y para animar nuestra esperanza, porque es el triunfo de María cuando la vemos glorificada como primicia ya en el cielo. En todos nosotros desde nuestra fe está la esperanza de la resurrección, pero a ella hoy la vemos como adelantada participando de la gloria de su Hijo en el cielo, es su Asunción, su glorificación, el contemplarla en cuerpo y alma en el cielo que es lo que expresamos en esta fiesta y es como un adelanto de la resurrección de la carne para María.
María se puso en camino, como  hoy nos dice el evangelio y hoy la vemos al término de ese camino en su glorificación en el cielo. Como María nos queremos nosotros también poner en camino, y aunque nos vamos a encontrar en la vida tantas veces ese dragón del maligno y de la tentación como la contemplamos en la imagen del Apocalipsis, a ella la vemos vencedora, y nosotros también podremos vernos un día vencedores para llegar a participar de la misma gloria en el cielo.
No siempre es fácil nuestro camino. Como decíamos al principio, necesitamos esos estímulos que nos den esperanza, que sean espejo en el que contemplarnos, y hoy nosotros miramos a María y con ella queremos seguir haciendo nuestro camino porque sabemos muy bien que ella viene con nosotros en nuestro caminar. Es la alegría y el gozo de la fiesta que hoy celebramos.
Nosotros los canarios miramos a María hoy con una mirada muy especial cuando la invocamos como Candelaria, la que antes incluso de la conquista de estas tierras ya su presencia estaba con nosotros siendo su imagen un preanuncio de evangelización para los moradores de la tierra canaria.
En nuestro tierra tinerfeña y podemos decir que en toda canarias, todos los caminos hoy conducen a Candelaria, todos los caminos conducen hasta María. Muchos incluso con grandes esfuerzos recorriendo a pie los caminos antiguos de la isla quieren acercarse hasta el Santuario y Basílica de la Morenita, como  nosotros cariñosamente la llamamos. Es toda una imagen ese camino.
Mucho esfuerzo quizá tengamos que hacer en el mundo que vivimos para mantener nuestra fe; María como estrella de la evangelización ahí está orientándonos en ese camino que tenemos que hacer, porque ella siempre apuntará al Norte verdadero de nuestra vida, porque ella siempre nos conducirá a Jesús. María es la Madre y Maestra de ese camino de nueva evangelización en el que queremos estar comprometidos con nuestra tierra y con el evangelio. Que en verdad sintamos la presencia, la fuerza de María, la gracia que ella nos trae de parte del Señor y no decaigamos por fuerte que sea el dragón fuerte de increencia o indiferencia que vamos a encontrar en muchos.
Que María de Candelaria, que fue lucero del alba de la evangelización de nuestra tierra, siga siendo esa estrella de la evangelización en quien nos sintamos estimulados para mantener firmes el legado de nuestra fe en nuestra tierra.

sábado, 6 de enero de 2018

Buscamos a Dios pero es El quien viene a nosotros y nos regala a Jesús, nos queda dejarnos encontrar con El y por El

Buscamos a Dios pero es El quien viene a nosotros y nos regala a Jesús, nos queda dejarnos encontrar con El y por El

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesio 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

¿Dónde está? Es una pregunta, es una búsqueda… Todos preguntamos, todos buscamos muchas veces en la vida; preguntamos y buscamos cosas, pero en ocasiones esas preguntas y esas búsquedas son algo más. Nos interrogamos quizá por nosotros mismos, porque al final no sabemos donde estamos; nos interrogamos buscando un camino, una salida, algo que nos dé respuesta por dentro, porque las preguntas y las búsquedas están dentro de nosotros mismos.
Preguntamos o buscamos a alguien, porque quizá nos hablaron de él, porque intuíamos que detrás de aquellas cosas que veíamos había algo más, había alguien más. Es quizás quien nos puede responder, aclarar ideas y conceptos, abrirnos los ojos a un camino, hacernos mirar más allá de lo que vemos con los ojos de la cara, abrirnos a otras trascendencias, a otras metas, a no quedarnos a ras de tierra.  Ya no son cosas las que buscamos; es un sentido, una luz, un valor para la vida, para lo que hacemos, para nuestros sufrimientos quizás, para encontrar salida entre todas esas tortuosidades en las que nos encontramos llenos de dudas en nuestro interior, con muchas cosas y situaciones que parece que siempre están en contra, con mucha gente que no nos entiende porque quizá no se entienden a si misma.
La pregunta que escuchamos hoy en el evangelio es más concreta ante una situación concreta, pero puede de alguna manera reflejar esas preguntas concretas y complejas al mismo tiempo que nos hacemos tantas veces en la vida. Triste es el que no se hace preguntas, no porque lo tenga todo claro, sino porque quizás no se atreve y pretende seguir viviendo en a superficialidad. Vivir en la superficialidad es una tristeza porque es vivir en un vacío existencial que nos puede llevar por pendientes peligrosas o a un aburrimiento total. Hay tantos que van aburridos por la vida sin saber qué hacer, a donde ir, por qué vivir.
‘¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle’. Parece saber qué es lo que buscan porque han visto señales de su nacimiento, pero no saben donde encontrarle. Un largo camino han recorrido. Se nos habla de unos magos de Oriente y no ha sido fácil llegar hasta donde están, aunque las dificultades no desaparecen. Aunque consultando las Escrituras se les señalan ahora caminos concretos, sin embargo serán otras cosas, otras intenciones en alguno, los que van a poner dificultades a ese final de la búsqueda.
Como nos sucede tantas veces. Buscamos, nos enredamos en dificultades o en rémoras que pueden dificultar nuestro avance, habrá otras tendencias alrededor que también nos ofrecen ideas, quizás habrán superficialidades o rutinas que querrán atraernos por sus caminos que nos ofrecen fáciles para que olvidemos eso que pueda darnos la profundidad que necesitamos en la vida.
Aquellos magos encontraron desconocimiento en las calles de Jerusalén de lo grande que había sucedido, los maestros de la ley y los sacerdotes no estaban muy convencidos de aquello que les trasmitían como respuesta a sus preguntas, pero la maldad del corazón de Herodes comenzará ya a maquinar como quitar de en medio a quien le parecía que eran un contrincante que pusiera en peligro su trono. Cómo reflejan tantas situaciones en que nos vemos envueltos en la vida.
Pero la luz que estaba en lo alto, la estrella, seguía iluminando su camino y ellos se dejaban conducir y por eso pudieron llegar hasta Jesús. Hay una luz que Dios siempre pone en nuestra vida, la podemos ver en lo alto si sabemos mirar hacia arriba, la podemos encontrar reflejada en cosas de nuestro entorno que se convierten en signos esclarecedores para nuestra vida, o la podemos sentir allá en lo hondo del corazón cuando quitamos malicias de nuestra vida y somos capaces de dejarnos conducir por el Espíritu del Señor.
Tenemos que aprender a mirar a lo alto para poder descubrir la estrella y no haya nada que nos la oculte. Muchas veces no nos es fácil porque nos dejamos engañar por luces efímeras que creemos que son permanentes y tarde quizás nos terminamos de dar cuenta de nuestra oscuridad. La luz del evangelio tiene que iluminar nuestra vida; con sinceridad de corazón tenemos que acercarnos a la Palabra del Señor.
Pero la fiesta que estamos celebrando es la Epifanía del Señor. ¿Qué quiero decir con esto? La Epifanía significa la manifestación del Señor. Y eso es lo maravilloso que hemos de tener en cuenta. Nosotros buscamos, es cierto, pero no es solo nuestra búsqueda, aunque ahí están esas preguntas fundamentales de nuestra vida. Lo maravilloso es que es el Señor el que viene a nuestro encuentro, es El quien se nos manifiesta; es El quien pone señales para que le encontremos, o para que nos dejemos encontrar por El. El nos busca y nos llama, nos habla y quiere hacerse presente en nuestra vida para llenarnos de su luz.
Cuidado que hoy muchas cosas nos distraigan, como nos han venido distrayendo en toda nuestra navidad. Le damos importancia a cosas que la tienen menos. Al ver las ofrendas de los magos al Niño recién nacido en Belén, nos distraemos demasiado con los regalos y nos olvidamos del regalo de Dios para nosotros y para nuestro mundo que es Jesús. Pongamos nosotros nuestro amor que se verá engrandecido con el Señor del Señor que se derrama en nuestros corazones.


viernes, 8 de septiembre de 2017

‘Hoy nace una clara estrella, tan divina y celestial, que, con ser estrella, es tal, que el mismo Sol nace de ella’.

Hoy nace una clara estrella, tan divina y celestial, que, con ser estrella, es tal, que el mismo Sol nace de ella

 Miqueas 5, 1-4ª; Sal 12; Romanos 8, 28-30; Mateo 1, 1-16.18-23
Hoy es un día especial en el que felicitamos a María, un día en que nos felicitamos con María. Como lo hacemos con la madre al celebrar su onomástica o su cumpleaños. No solo la felicitamos sino que nos felicitamos con ella porque es nuestra Madre, nos alegramos con su alegría, nos alegramos por tenerla por madre, nos gozamos y felicitamos a nosotros mismos por su amor. En el día del cumpleaños de la madre cuantos recuerdos afloran no solo a nuestra mente sino también a nuestro corazón; rememoramos su vida pero rememoramos sintiendo una vez más en nosotros su amor, ese amor que se ha derramado desde la madre sobre sus hijos cada uno de los días de su vida.
Y eso es lo que hoy queremos celebrar con María. Durante el año muchas fiestas hacemos en su honor recordando las maravillas que el Señor hizo en ella; celebramos muchas fiestas en su honor porque es recordar el amor que nos tiene y de que de una forma maravillosa va derramando sobre nosotros; cada una de esas fiestas es como un hito en nuestra historia o en la historia de nuestra Iglesia por esa presencia especial de María.
La recordamos y acompañamos en su dolor sintiendo así su amor sobre nosotros al que queremos corresponder, pero queremos caminar con ella en su espíritu de servicio para caminar como ella fue al encuentro de Isabel nosotros ir también al encuentro con los demás; la vemos a nuestro lado como estuvo con los discípulos en el cenáculo y sentimos como ella nos impulsa una y otra vez para que nos abramos al espíritu del Señor. Y así podemos recordar tantos momentos de nuestra vida y de la presencia de María junto a nosotros; por eso la invocamos con tantos nombres que no quieren ser sino la expresión de lo que ella significa para nosotros y como nosotros así la sentimos en nuestra vida y en nuestra historia.
Pero hoy es un día muy especial, es su cumpleaños, es la fecha de su nacimiento, es el momento en que recordamos aquella niña que abrió sus ojos a la luz de este mundo en un día así, y que fue la alegría y la esperanza para sus padres, a quienes invocamos y recordamos como Joaquín y como Ana, aunque el evangelio no nos hable de ellos. Cuando nace un niño cuantas esperanzas se abren en las puertas de la vida. ¿Qué será de este niño? Quizás siempre pensamos en medio de las alegrías de su nacimiento y eso sería también lo que surgió en aquellos corazones en aquella casa perdida en las callejuelas de Jerusalén a las espaldas del templo. Allí hoy un hermoso templo nos recuerda el nacimiento de María y muy cerca de la piscina probática cercana a la puerta por donde entraban las ovejas y animales para los sacrificios del templo, de ahí el hombre de la piscina, probática, de las ovejas. Todo pudiera ser muy significativo.
Quizá la incertidumbre del futuro aunque fuera muy lleno de esperanzas era lo que predominaba en aquel hogar y entre familiares y amigos ante el nacimiento de aquella niña. Pero nosotros bien sabemos que había brotado un renuevo del tronco de Jesé  de donde había de florecer un vástago que nos traería la salvación. Comenzaban a cumplirse los anuncios del profeta. Ya los santos padres desde la antigüedad vieron en el nacimiento de esta niño ese renuevo del tronco de Jesé y el principio de ese vástago de salvación que había de florecer; así lo han expresado incluso los artistas de todos los tiempos en sus imágenes y hasta en los versos llenos de poesía con que se ha querido honrar a María en su nacimiento. ‘Cuando nació la Virgen María el mundo se iluminó, ¡dichosa estirpe, raíz santa, bendito su fruto!’, rezamos con las antífonas de la liturgia de este día.
Aquella niña iba a ser la bendecida del Señor porque bendito para nosotros iba a ser el fruto de su vientre que nos traería la salvación. Así nosotros celebramos con alegría su natividad, el nacimiento de María. Nuestros pueblos en este día celebran su fiesta con diversas invocaciones en su honor, siendo nuestro socorro y el remedio de nuestras vida, siendo la luz que nos ilumina por nos anuncia y nos trae la verdadera luz. ‘Hoy nace una clara estrella, tan divina y celestial, que, con ser estrella, es tal, que el mismo Sol nace de ella’.
Felicidades María, es tu cumpleaños. Contigo nos alegramos y nos felicitamos porque a través de ti nos llego la salvación; contigo nos alegramos y felicitamos como Jesús quiso dárnosla como Madre; contigo nos alegramos y felicitamos porque tu nacimiento es la aurora que nos anuncia el gran día de la salvación que nos llegará por tu Hijo Jesús.