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sábado, 10 de mayo de 2025

Encrucijadas, dudas, momentos oscuros, dificultades para entender y aceptar ¿seremos capaces de decir Tú tienes palabras de vida eterna?

 


Encrucijadas, dudas, momentos oscuros, dificultades para entender y aceptar ¿seremos capaces de decir Tú tienes palabras de vida eterna?

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Salmo 115; Juan 6, 60-69

En la vida andamos demasiadas veces con la mente cerrada; solo vemos lo que nos interesa, solo vemos desde nuestros particulares criterios, siempre nos creemos como en un estadio superior y no somos capaces de abrir nuestra mente para comprender lo que el otro pueda decirnos, pero lo hacemos desde nuestro complejo de superioridad; así andamos por la vida no siendo capaces de entendernos, de al menos dar la posibilidad de que el otro se manifieste y nos exprese su manera de pensar y por nuestra parte tratar de entender o comprender lo que el otro quiere decirnos; podremos estar o no de acuerdo, seremos capaces de entrar en un diálogo constructivo, no significa que siempre tengamos que creer lo que el otro nos dice, pero al menos no nos cerramos al diálogo y al entendimiento. Pero qué difícil es.

Les estaba pasando aquel día en Cafarnaún como pasaba también con tantos que no terminaban de aceptar el mensaje de Jesús. Todo ha partido en esta ocasión de aquel signo que Jesús había hecho y que no habían sabido entender. Se habían alimentado en el desierto y todo se quedaba ahí; bueno, habían querido hacerlo rey, porque con gente tan buena y generosa que así lo alimentaba era fácil entender que era el Mesías que estaban esperando para la liberación de Israel. Pero les costaba entender los signos que Jesús hacía y ellos les daban sus interpretaciones desde sus prevenciones y sus prejuicios.

Cuando ahora Jesús les ha hablado de un sentido nuevo, los odres nuevos son costosos de conseguir porque preferimos mantenernos con los odres viejos aunque se nos derrame y se nos pierda el vino; pero no entendían aquel alimento que Jesús les ofrecía, no entendían lo que Jesús les hablaba de comerle para tener vida para siempre, no entendían lo de poner toda su fe en Jesús para alcanzar la resurrección definitiva para sus vidas. Seguían pensando en el mana que comieron sus padres en el desierto, pero no entendían de ese verdadero pan bajado del cielo que les daría vida para siempre.

Más difícil se lo ponía Jesús cuando les habla que ese Pan es su Carne para dar vida al mundo, cuando les dice que hay que comer su carne y beber su sangre. Era el no va más. ‘Ese modo de hablar es duro, ¿Quién puede hacerle caso?’ Y Jesús les habla de dejarse conducir por el Espíritu de Dios porque es así como conseguimos vida, pero muchos no están dispuestos a seguir escuchando y le abandonan.

Es cuando surge la pregunta que Jesús les hace a sus discípulos más cercanos, aquellos que siempre han estado con El y hasta ahora aun con sus debilidades y ambiciones habían dado muestras de fidelidad. ‘¿También vosotros queréis marcharos?’ ¿Llegará el momento en que todo se viene abajo y Jesús se va a quedar solo? Siempre nos encontramos en la vida con momentos que son cruciales, una encrucijada en la que hay que tomar una decisión. ¿Estarían dispuestos a seguir con Jesús? ¿Estarían ellos entendiendo bien estas palabras de Jesús o habría una muestra de confianza para seguir con Jesús fuera lo que fuera que sucediera?

Allí está Pedro como siempre. ‘Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios’. Una carta en blanco para seguir a Jesús. ‘¿A quién vamos a acudir?’ En Jesús habían puesto todas sus esperanzas, aunque aún tuvieran dudas en su corazón y en algún momento volvieran los momentos de debilidad. Pero ahora estaban decididos. ‘Tú tienes palabras de vida eterna… sabemos que eres el Santo de Dios’.

¿Seremos capaces de una confesión de fe así? también nos encontramos muchas veces en encrucijadas y tenemos que hacer una opción, también dudamos y no siempre vemos las cosas claras, hay cosas que a veces nos pueden escandalizar, vemos errores a nuestro alrededor pero nosotros también cometemos errores. ‘Señor, tú tienes palabras de vida eterna’.


sábado, 29 de junio de 2024

Tú sabes, Señor, que te amo, tú lo sabes todo, conociendo también mis debilidades… por ti estoy dispuesto también a dar mi vida porque lo eres todo para mí

 


Tú sabes, Señor, que te amo, tú lo sabes todo, conociendo también mis debilidades… por ti estoy dispuesto también a dar mi vida porque lo eres todo para mí

Hechos de los apóstoles 12, 1-11; Salmo 33; 2Timoteo 4, 6-8. 17-18; Mateo 16, 13-19

‘Tú lo eres todo para mi’. ¿Habremos dicho alguna vez esas palabras? ¿Nos suena a algo? Palabras de amigo fiel e irrenunciable, palabras de enamorado cuando ha encontrado el amor de su vida, palabras de quien se ha encontrado con alguien que le ha abierto caminos en la vida, palabras de confianza y de fidelidad cuando nos dejamos conducir por aquello que sabemos que es único para nosotros y sin lo cual no sabríamos vivir. Palabras que nos fuerza para el camino aun en medio de debilidades y fracasos, palabras que nos ayudan a levantarnos cuando tropezamos en el camino pero sabemos bien a donde vamos, palabras que nos dan seguridad también en nosotros mismos porque sentimos una fuerza interior que nos hacen seguir adelante.

¿Será lo que le dijo de una forma o de otra, y lo repitió aunque fuera con distintas palabras, Pedro a Jesús como hoy escuchamos en el evangelio? Creo que nos tendrían que hacer pensar para darle hondo sentido a la celebración que hoy vivimos cuando celebramos la fiesta de san Pedro y san Pablo.

Lo hemos escuchado en el evangelio. Jesús está en un aparta con los discípulos más cercanos, pues incluso se ha ido casi fuera de las fronteras de Israel, a la región de Cesárea de Filipo. Ya hemos escuchado muchas veces en el evangelio que jesus aprovecha estos momentos en que está más alejado de las multitudes que le seguían y que en ocasiones no les dejan tiempo ni para comer para charlar con mayor intimidad, para ir sacando, por así decirlo, todo lo que lleva en el corazón, y además de instruirlos a ellos que les explicaba las cosas con más detalles, prepararles para ese seguimiento dejándose conocer más.

Ahora les hace unas preguntas que de alguna manera no son fáciles de responder. Era fácil, sí, comentar lo que la gente decía de Jesús, que si era un hombre de Dios, que si era un profeta, que era presencia de Dios que visitaba a su pueblo, como tantas veces la gente de forma espontánea decía y proclamaba; algunos sugieren que sería como Juan Bautista, al que habían conocido allá en la orilla del Jordán y algunos comenzaban a pensar que si acaso no sería el Mesías. Hacer un resumen de todo eso era fácil.

Pero Jesús pide más. Quiere saber qué es lo que ellos realmente piensan, cómo lo ven. ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’ Cuando las preguntas son así directas comprometiéndonos en la respuesta, es más difícil responder. Pienso en el silencio que se produciría entre ellos mirándose furtivamente los unos a los otros viendo quien sería el primero que comenzara a responder. Será Pedro, un líder nato como le veremos en muchas ocasiones, aunque solo fuera un pobre pescador de Galilea, el que se adelanta. ‘Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo’, fue su respuesta. Una profesión de fe que le dirá luego jesus que fue capaz de hacer no por si mismo sino porque el Padre del cielo había puesto aquellas palabras en sus labios y en su corazón.

Era, sí, un decirle, ‘tú lo eres todo para mi’. Es un reconocimiento de jesus, pero es un decirle contigo estoy. Son las palabras de quien ha puesto toda su confianza en Jesús como dirá en otra ocasión. ‘¿A dónde vamos a acudir, si tu tienes palabras de vida eterna?’ Ya había reconocido su pequeñez y su pobreza, su indignidad de hombre pecador cuando allá en la barca le había dicho ‘apártate de mi que soy un pecador’.

Era quien se había quedado mudo ante jesus cuando su hermano Andrés lo llevó ante él diciéndole que habían encontrado al Mesías. Sería quien quería quedarse extasiado en el Tabor cuando contemplo su gloria en la transfiguración. Era quien tendría experiencias profundas y cercanas a Jesús cuando le hace testigo de la resurrección de la hija de Jairo.

¿Qué más podemos decir de la relación de Pedro con Jesús? No podía pensar que le pudiera pasar nada, y por eso trataba de disuadirlo de que en Jerusalén no le iba a pasar nada. Además allí estaría con su espada porque estaba dispuesto a dar la vida por Jesús.

Pero Pedro también era débil y le costaba entender las palabras de Jesús; sentiría el peso de la cobardía cuando en patio del sumo pontífice una criada la pregunta y le señala como que era uno de los que estaban con Jesús. Pedro era débil y le costaba en ocasiones seguir el ritmo de los pasos de Jesús, y caería rendido de sueño en lo alto del Tabor, como se dormiría también en Getsemaní sin ser capaz de pasar una hora de vigilia con Jesús. El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Pero lágrimas casi de sangre le había costado aquella negación.

Pero Jesús había confiado en El. Sería la piedra sobre la fundamentaría su Iglesia. Jesús seguía confiando y la pedía que cuando pasaran los malos momentos se mantuviera firme y fuerte porque tenía que fortalecer la fe de sus hermanos. Jesús quería que siguieran amando, con aquel ímpetu que llenaba su vida, ‘tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero’, por eso después de todo solo le preguntará por su amor. Porque tiene que ser pastor, porque tiene que ser esa piedra, porque tiene que ser el que va a mantenernos a todos en la unidad.

Estamos haciendo un pequeño recorrido por la manera de seguir de Pedro a Jesús, y probablemente estemos pensando en nuestro recorrido, en nuestras respuestas, en nuestras debilidades. También nosotros tenemos que decir ‘tú lo eres todo para mí’, porque así lo sentimos como Señor de nuestra vida. Solo nos está pidiendo Jesús amor. Será el amor que nos cure de nuestras debilidades, el amor que nos fortalezca en nuestro camino, el amor que nos haga seguir adelante a pesar de las noches oscuras, el amor que va a ser el sentido de nuestra vida. ‘Tú sabes, Señor, que te amo, tú lo sabes todo, conociendo también mis debilidades… por ti estoy dispuesto también a dar mi vida porque lo eres todo para mi’.

sábado, 20 de abril de 2024

Seamos capaces de dar ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro porque Jesús también tiene para nosotros palabras de vida eterna

 


Seamos capaces de dar ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro porque Jesús también tiene para nosotros palabras de vida eterna

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Salmo 115; Juan 6, 60-69

Siempre encontraremos una excusa – que en sí misma tendrá más o menos valor, pero que a nosotros nos parece válida – para echarnos atrás cuando nos parece que las exigencias o los compromisos a los que nos llevan, nos parecen excesivos para lo que nosotros seríamos capaces de buenamente dar. Y es que eso de ‘buenamente dar lo que podamos’ lo llevamos demasiado metido dentro de nosotros y nos quiere valer siempre de excusa. No queremos llegar tan lejos; queremos mantener siempre nuestras reservas para nosotros, por si acaso, decimos; siempre queremos guardar un as en nuestra manga, por si acaso las cosas no salen como habíamos soñado.

¿Andarían por esas aquellos judíos de Cafarnaún que han venido escuchando a Jesús - y fueron ellos los que vinieron buscándoles y hemos de reconocer por sus intereses – y ahora les parecen duras las palabras de Jesús y por eso le abandonan y no quieren seguirle?

No sé si era tanto por aquello que había dicho Jesús de que había que comer su carne – cosa que comprendemos les pareciese dura – o realmente iban comprendiendo que eso de seguir a aquel predicador, aquel profeta de Nazaret que por allí había aparecido tenía muchas exigencias, muchas eran las cosas que había que cambiar en su mentalidad, con muchas cosas tendrían que romper en sus rutinas y costumbres, si en verdad querían ser discípulos suyos con todas sus consecuencias.

Y eso que ellos aun quizás no sospechaban los sumos sacerdotes y los dirigentes del pueblo estaban comenzando a tramar contra Jesús. Algún as tenían ellos que guardarse en la manga. Mas tarde veremos que incluso aquellos que le habían sido más fieles y con El habían subido a Jerusalén para aquella pascua, comenzarían también con sus traiciones y negaciones, comenzarían a huir a la espantada como sucedería en Getsemaní, y también andarían ocultos por miedo a los judíos, como se habían encerrado en el Cenáculo.

Por eso veremos a aquellos posibles discípulos de Cafarnaún se echan atrás y ya no quieren seguir a Jesús. ¿Sería ya un anticipo de lo que iba a suceder en las calles de Jerusalén que gritarían contra Jesús pidiendo su crucifixión y su muerte aunque días antes le habían aclamado como el que venía en nombre del Señor? Así andaban entre dudas y miedos, entre interrogantes que siempre los había por dentro, y desconfianzas que les hacían pensarse las cosas. ¿Podremos llegar más allá? ¿Qué de nuevo nos pedirá Jesús? ¿Hasta dónde van a llegar nuestros compromisos? ¿Seremos capaces de seguir manteniendo la vela al lado de Jesús?

Como andamos nosotros también tantas veces en la vida, que nos dan ganas de echarnos atrás y abandonarlo todo, soñando a veces con posturas más cómodas y que no tengan tantas exigencias, pensando que el mundo nos está ofreciendo tantas cosas que nos atraen y muchas veces no sabemos que hacer.

Hoy de nuevo Pedro es el que se adelante, da el paso al frente, se atreve a hablar en nombre de los demás, aunque él luego también tendrá momentos de flaqueza, también se dejará dormir en lugar de estar atento y vigilante, se atreverá incluso a meterse en la boca del lobo, pero ahora hará una hermosa confesión de fe. ‘¿A quién vamos a acudir si solo tú tienes palabras de vida eterna?’

¿Seremos nosotros capaces de dar también ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro?


miércoles, 23 de junio de 2021

El mundo de hoy necesita profetas que llenos de sabiduría abran nuestro corazón a la esperanza de algo nuevo que podemos construir

 


El mundo de hoy necesita profetas que llenos de sabiduría abran nuestro corazón a la esperanza de algo nuevo que podemos construir

Génesis 15,1-12.17-18; Sal 104; Mateo 7,15-20

Seguramente tendremos la experiencia de habernos encontrado alguna vez con una persona humilde y sencilla, de la que quizás no esperábamos grandes conocimientos, pero que sin embargo cuando la escuchamos hablar nos quedamos maravillados por la sabiduría que destilaban sus palabras. Pareciendo no querer decir nada cada palabra era una sentencia y en cada pensamiento que expresaba encontrábamos un pozo de sabiduría; con una visión clara nos describía los acontecimientos e incluso parecía que casi sin querer nos daba como pistas de futuro con mucho acierto.

Personas de una madurez extraordinaria y que en su sencillez y humildad eran verdaderos pozos de sabiduría que nos daban un buen sentido de las cosas y de la vida y siempre con gran paz y serenidad de espíritu. Personas que nos agradaba escuchar y con las que perderíamos horas y horas para escucharlas y aprender, y para llenarnos de la paz de su corazón.

Por el contrario también más veces de la cuenta nos encontramos con charlatanes que todo se lo sabían pero que muchas veces se convertían en profetas de calamidades, por la negrura con que todo lo veían y las pocas esperanzas que sembraban en el corazón; más bien todo era como querer prevenir una catástrofe que veían inminente y que escuchándoles nuestro corazón se llenaba de desasosiego y de temor. Ante cualquier circunstancia sus palabras parecían amenazantes y anunciadoras de calamidades, como si no hubiera nunca esperanza de que las cosas podemos mejorarlas si ponemos empeño y buena voluntad por nuestra parte y por parte de todos.

Personas en un sentido o en otro, incluso en nuestro ámbito o sentido religioso nos las podemos encontrar fácilmente, aunque muchas veces intentamos hacernos oídos sordos o somos tan cegatos para no descubrir aquellas cosas y aquellas personas de nuestro entorno que podrían poner esperanza en el corazón. En la misma situación en que nos encontramos en esta hora de nuestro mundo necesitamos encontrar esa palabra sabia que ponga paz en el corazón, que nos dé esperanza y nos ayude a encontrar esos caminos y esas salidas que necesitamos para ese agobio que algunas veces sentimos en el corazón.

Hoy nos previene Jesús. ‘Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis…’  Hemos de saber estar alertas. Alertas para no dejarnos engañar por esos profetas de calamidades que quizás se nos puedan presentar con bonitas palabras o argumentaciones que nos pueden parecer muy juiciosas, pero que siembran ese desasosiego en el corazón, pero que muchas veces hacen surgir en nosotros actitudes negativas, poco constructivas de algo mejor.

Tampoco nos dejaremos seducir por cantos de sirena que todo nos lo presentan bonito y que nos pueden llevar a un conformismo que no es nada bueno. Escuchemos esa palabra que nos pone en camino, que nos impulsa a actuar, que siembra esperanza, con la que nos sentimos fortalecidos para seguir construyendo aunque nos parezca que las cosas no avanzan. Toda buena semilla que sembremos tenemos la esperanza de que un día dará su fruto. Acompañemos ese cultivo de la vida fortalecidos en el Señor pero poniendo nuestro cuidado para quitar las malas hierbas que algunas veces pueden aparecer en nuestro corazón y que podrían ahogar esa buena semilla.

Esas personas buenas y sabias que un día nos dejaron plantada una buena semilla en nuestro corazón, antes ellas lo habían rumiado intensamente en su corazón que es lo que les había hecho llegar a esa profundidad de pensamiento y de vida que tanta admiración producía en nosotros. Rumiemos nosotros en nuestro corazón todo eso bueno que también podemos transmitir; sintiendo la presencia del Señor en nosotros eso se convierte en la mejor oración, porque es abrir nuestro corazón a Dios para escucharle como tanto lo necesitamos.

Con humildad abramos nuestro corazón a Dios que de muchas maneras se nos manifiesta. Así podremos ser esos profetas de buena nueva que necesita nuestro mundo con una sabiduría nueva que ha brotado en nuestro corazón. El Espíritu del Señor también está con nosotros.

sábado, 24 de abril de 2021

Queremos alimentarnos de su Cuerpo porque tenemos la certeza de que tiene palabras de vida eterna y que nos resucitará en el último día

 


Queremos alimentarnos de su Cuerpo porque tenemos la certeza de que tiene palabras de vida eterna y que nos resucitará en el último día

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Sal 115; Juan 6, 60-69

Ya vendrá el tiempo de las rebajas, nos decimos, y miramos bien aquello que nos apetece para buscarlo y tratar de encontrarlo cuando venga el tiempo de las rebajas; mientras tanto nos podemos pasar sin eso, lo que puede significar también que aunque lo apetecemos porque puede ser bonito o vistoso lo minusvaloramos esperando los tiempos de las rebajas.

Pero lo de tiempos de rebajas no solo lo pensamos a nivel comercial, que además se han convertido en una rutina que se repetirá todos los años o en diferentes épocas, sino que eso lo queremos llevar a otros aspectos de la vida que son más importantes. Y ahí está cuando estamos buscando rebajas en las exigencias de la vida; nos cuesta sacrificarnos, nos cuesta realizar esfuerzos de superación que nos exijan grandes sacrificios, nos cuesta mantener una línea de exigencia que en verdad nos haga crecer y más bien nos acostumbramos a las rutinas, a la ley del mínimo esfuerzo, o a conformarnos con aquello que no nos haga salir de nuestras comodidades o costumbres de siempre que no siempre las costumbres se convierten en virtudes sino que más bien tenemos el peligro de caer en la ramplonería.

¿Esperarían los judíos de Cafarnaún que hemos visto estos días en diálogo con Jesús que llegaran también las rebajas en las palabras de Jesús? ¿Esperarían que Jesús iba a cambiar el sentido de sus palabras porque a ellos les parecieran exigentes? Lo último que les ha dicho Jesús de comer su carne y beber su sangre para poder tener vida, les ha parecido duro. Y viene el rechazo, pero viene también la huida, el no querer escucharle, el dejar de seguirle, el abandono del camino. Muchos dieron la vuelta y se marcharon.

Pero no nos extrañe la actitud de aquellas gentes porque esto es algo que se ha seguido repitiendo y algo que nos sucede hoy. Cuántas veces hemos escuchado - ¿acaso lo habremos dicho también? – la Iglesia tiene que cambiar, tiene que adaptarse a los tiempos que vivimos; y pensamos en exigencias morales, en principios fundamentales de la vida, en planteamientos de la doctrina de la Iglesia e incluso del Dogma; ya sea en cuestiones de moral sexual como en cuestiones sociales, ya sea en lo que es su estructura y lo que significa y representa el sacerdocio de Cristo y en consecuencia todo lo relacionado con el Orden Sacerdotal y la vida de los sacerdotes, ya sea en la cuestión del valor y dignidad de la vida y de toda vida desde que es engendrada hasta su muerte natural, y así tantas y tantas cuestiones en las que escuchamos las opiniones más diversas. Cuántos abandonos de la pertenencia a la Iglesia o cuánta gente que se crea su moral y ética a su gusto porque lo que la Iglesia le enseña les parece demasiado duro y exigente.

Hay una cuestión muy importante detrás de todo esto. ¿Cómo nos planteamos nosotros el seguimiento de Jesús? ¿Qué significa Jesús para nosotros? ¿Hasta que punto estamos dispuestos a hacer vida en nosotros todos esos valores y principios que nos enseña el Evangelio?

Cuando la gente comenzó a marcharse Jesús notó en sus discípulos más cercanos también las dudas e interrogantes que se les planteaban por dentro. Por eso Jesús les pregunta ‘¿también vosotros queréis marcharos?’ Seguro que los discípulos más cercanos, incluso aquellos que El se había escogido como apóstoles, se verían sorprendidos por la pregunta del Maestro.

Pero allí está Pedro, como siempre, que es el primero que se adelanta y toma la palabra en nombre de todos. ‘Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios’. Toda una confesión de fe, toda una porfía de amor. ‘¿A quién vamos a acudir?’, no terminará seguramente de entender las palabras de Jesús pero su corazón se siente cogido por Cristo. Para él ya no hay otra cosa, otra vida, otra palabra, otra persona a quien seguir. Sus palabras son palabras de vida eterna. ¿No había dicho Jesús que quien creyese en El tendría la vida eterna y resucitaría en el último día?

En otro momento llegará a decir que está dispuesto a dar la vida por El, aunque sabemos hasta donde llegan las debilidades y pronto aparecerán los miedos y las negaciones. Pero se siente seguro en quien ha puesto su confianza, en quien ha depositado su fe. ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo’, proclamará allá en las cercanías de Cesarea de Filipo, ahora dirá que se sienten seguros de que es el Santo de Dios. Creemos y sabemos con toda seguridad. Por eso algún día después de los sucesos de la Pascua le porfiará con toda rotundidad su amor. ‘Tú sabes que te amo… tú lo sabes todo…’  tú sabes lo que hay en mi corazón.

¿Seremos capaces nosotros de hacer una profesión de fe como la de Pedro? También nuestro corazón se llena de sorpresas, de perplejidades, de dudas pero ponemos por encima de todo nuestra fe y nuestro amor. Queremos alimentarnos de El porque en nuestra fe tenemos la certeza de la resurrección y de la vida eterna.

domingo, 31 de enero de 2021

Cuidemos nuestras actitudes y posturas ante la Palabra que se nos anuncia para que en verdad sea Evangelio, buena nueva de Salvación para nosotros hoy

 


Cuidemos nuestras actitudes y posturas ante la Palabra que se nos anuncia para que en verdad sea Evangelio, buena nueva de Salvación para nosotros hoy

Deuteronomio 18, 15–20; Sal 94; 1Corintios 7, 32-35; Marcos 1, 21-28

También hoy echamos de menos a quienes hablen con autoridad. Queremos encontrar una lógica y una sabiduría en quienes están llamados a tener alguna autoridad sobre el pueblo, para que se nos digan palabras llenas de vida, que nos den respuestas, que no sean solo una expresión de un poder que no sabemos como utilizar y al final se convertirán en manipulación y lo utilizaremos siempre en provecho propio o que no nos digan simplemente palabras gustosas y agradables al oído que nos encanten por un instante, pero de las que terminamos por sentirnos saciados y hartos porque no producen una esperanza verdadera en quienes las escuchan. Son los populismos de los eslóganes gritados muy fuerte porque así piensan que van a convencer mejor pero que nos llevan a un vacío y desencanto que nos hace no querer creer en nadie.

Así se sentían las gentes en los tiempos de Jesús, como de alguna manera en muchas cosas nos sentimos nosotros hoy, porque quienes tenían que enseñar y dirigir al pueblo solo pronunciaban palabras gastadas, repetidas ritualmente pero sin despertar ninguna esperanza en los corazones, o solo se contentaban con mantener un estado de las cosas y de la vida por miedo quizás a que lo nuevo les hiciese perder sus prestigios e influencias. Por eso la reacción de la gente cuando lo escucha y contempla en la sinagoga de Cafarnaún aquel sábado es reconocer que aquel nuevo profeta que había aparecido sí hablaba con autoridad no como los escribas y maestros de la ley que repetían lecciones aprendidas.

De ahí también la reacción que iremos viendo aparecer en aquellos que se consideraban los únicos maestros tratando de desprestigiar a Jesús a quien no quieren reconocerle ninguna autoridad. Por ello, por la autoridad con que hacía tales cosas, le preguntarán en alguna ocasión, ya que Jesús no había aprendido en ninguna de aquellas escuelas de maestros insignes, ya que Jesús realmente era la Palabra viva de Dios, y era la Palabra que era la luz de los hombres, que daba vida a quienes la escuchaban. Así se sentía aquella gente sencilla cuando escuchaba a Jesús y de ahí sus alabanzas, porque se sentían llenos de una vida nueva y de una esperanza nueva.


Además podían contemplar que no eran solo palabras sino hechos, manifestado en aquel enfermo que estaba allí en medio de la sinagoga y a quien Jesús libera de su mal. El enfermo, y sobre todo en determinadas enfermedades, era alguien que se sentía castigado y apartado de Dios, lleno del espíritu del maligno y por eso los llamaban endemoniados. Jesús viene a hacer desaparecer ese concepto – que sin embargo tantos siglos aún nos ha costado a los cristianos hacerlo desaparecer de nuestro pensamiento – porque el enfermo no era un maldito de Dios, sino que la preferencia del amor de Dios se derramaba precisamente sobre los pobres y sobre los enfermos; ellos también eran amados de Dios.

Somos nosotros los que nos envolvemos en el mal que nos destruye desde lo más hondo cuando rechazamos esa mano tendida de Jesús que viene a decirnos que Dios nos ama a pesar de todas las limitaciones y deficiencias que pueda haber en nuestra vida. Lo vemos expresado en las palabras de aquel hombre de la sinagoga que de alguna manera parece rechazar la acción de Jesús – ‘¿vienes a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios’, que le dice – pero Jesús curándole, liberándole de todo ese mal profundo que había en su vida viene así a manifestar las señales de que llegaba el Reino de Dios. Así se manifestaba la autoridad de las palabras y de la vida de Jesús.

Es lo que nosotros tenemos que experimentar al escuchar la Palabra de Dios, quitando tantos prejuicios que nos traemos previamente formulados cuando venimos a escucharla; no venimos con corazón limpio, no venimos con un corazón sincero, no venimos con corazón abierto a lo que el Señor hoy, aquí y ahora quiera trasmitirnos. Cuantas veces cuando escuchamos la  proclamación del evangelio ya de antemano nos decimos que lo conocemos y ya casi no lo escuchamos porque tenemos nuestra idea prefijada dentro de nosotros.

‘No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras’ rezamos en el salmo. Es la apertura del corazón con que necesitamos acercarnos a la Palabra de Dios. Si pudiéramos hacerlo, es casi como un borrón y cuenta nueva, porque es lo nuevo que ahora vamos a escuchar, es lo nuevo que ahora el Señor en ese texto del evangelio quiere decirnos.

Porque no venimos con esa actitud o esa postura nos cansa el evangelio, nos parece repetitivo el evangelio, nos aburrimos escuchando el evangelio. Si antes decíamos que aquellos escribas no hablaban con autoridad porque hablaban como con lecciones aprendidas de memoria, lo mismo tenemos que decir de nuestras actitudes y posturas ante la Palabra que se nos anuncia que así entonces dejaría de ser evangelio, buena nueva de salvación para nosotros.

¿Qué nos habrá querido manifestar hoy el Señor en su Palabra? Hagamos silencio en nuestro corazón y escuchemos la voz del Señor que nos habla.

martes, 14 de enero de 2020

Aprendamos nosotros a llenar nuestra vida de palabras de verdad, porque siempre sean palabras de vida, palabras que ayuden a encontrar la grandeza y dignidad de la persona


Aprendamos nosotros a llenar nuestra vida de palabras de verdad, porque siempre sean palabras de vida, palabras que ayuden a encontrar la grandeza y dignidad de la persona

1Samuel 1, 9-20; Sal. 1 Sam 2, 1-8; Marcos 1, 21-28
Las palabras nos cansan y nos aburren; las gastamos de tal manera que le hacemos perder su sentido y su significado. La palabra tendría que decirnos la verdad de lo que llevamos dentro, pero bien sabemos cómo las utilizamos para ocultar la verdad, cuántas mentiras discurren como ríos que lo inundan todo desde nuestras palabras humanas, que terminan siendo inhumanas porque la mentira destruye y solo busca manipular y destruir la verdad del hombre.
No queremos ser negativos pero nos sentimos aterrados con tal torrente de palabras falsas y mentirosas. Las queremos llenar de encantos pero lo que queremos es engañar para conquistar y para manipular. Y somos manipulados por las palabras llenas de vanidad y falsedad de los poderosos que quieren engañarnos diciéndonos que buscan nuestro bien cuando solo buscan sus intereses, y nos confunden las palabras que se llenan de promesas que saben que no van a cumplir para poner como una pantalla y por detrás cada cual solo busca sus intereses o su poder. Lo escuchamos todos los días, los medios de multiplicación camuflan esas mentiras pero si somos un poco sensatos nos damos cuenta enseguida de tanto engaño. Podríamos poner tantos nombres y tantas circunstancias… abramos un poquito los ojos y lo veremos claramente.
Tenemos que buscar la que es verdadera palabra que nos lleva o nos comunica la verdad. Es esa palabra que vemos sincera salir del corazón del hombre y que solo refleja la bondad que se lleva en el interior, en el corazón de cada persona, que es la verdad de su vida. Tenemos que saber sintonizar con esa palabra y con esa verdad porque sería lo único que nos conduciría por los caminos de la plenitud de la persona.
Hoy nos dice el evangelio que Jesús había ido a la sinagoga a enseñar y la gente estaba asombrada porque enseñaba con autoridad y no como los escribas… y más tarde dirá que ese modo de enseñar es nuevo. No son palabras huecas y vacías. Hablaba del Reino de Dios pero, podríamos decir, no conceptos como aprendidos de memoria, sino que a sus palabras acompañaban las señales. Lo vemos hoy en el evangelio.
Anunciar el Reino de Dios es anunciar que en ese reino Dios tiene que ser el único Señor de la vida y del hombre. El hombre no puede ser dominado por el mal, sino que ha de sentirse liberado desde lo más hondo. Y la Palabra de Jesús no nos engaña, ahí están los signos que realiza que manifiestan ese poder y señorío de Dios que lo que hará siempre es buscar el bien del hombre, la mayor dignidad de la persona. Por veremos a Jesús liberando a los oprimidos por el mal, como anunciaba en la sinagoga de Nazaret cuando proclamaba aquel texto de Isaías.
Hoy hay un hombre poseído por un espíritu impuro, nos dice el evangelista. Y Jesús poniéndolo en medio libera a aquel hombre de aquella posesión maligna. Será cuando la gente se quede admirada de su autoridad porque hasta los espíritus inmundos le obedecen.
Aprendamos nosotros a llenar nuestra vida de palabras de verdad, porque siempre nuestras palabras sean palabras de vida, palabras que nos ayuden a encontrar esa grandeza de la persona, palabras que salgan de lo más hondo de nosotros mismos, pero de un corazón lleno de bondad y de bien, y nuestras palabras mostrarán el amor y nuestras palabras harán siempre el bien.

martes, 3 de septiembre de 2019

Tenemos que transmitir con algo más que palabras, con el testimonio de nuestras obras, la autoridad del mensaje de Jesús que queremos llevar a los demás


Tenemos que transmitir con algo más que palabras, con el testimonio de nuestras obras, la autoridad del mensaje de Jesús que queremos llevar a los demás

1Tesalonicenses 5, 1-6. 9-11; Sal 26;  Lucas 4, 31-37
Todos tenemos experiencia de habernos encontrado en la vida con personas que nos merecen toda admiración y respeto a las que escuchamos con gusto porque sus palabras están llenas de sabiduría en su sencillez, pero que nos llegan hondo al corazón. Son personas humildes y sencillas, personas de gran corazón y con una paz en su alma que trasmiten a través de todos los sentidos, y en quienes vemos reflejadas todas aquellas sabias consideraciones que nos hacen. La autoridad de sus palabras está en su porte, en su manera de ser y de estar, en esa ternura con que nos trasmiten sus sabios consejos. Nos quedaríamos para siempre con ellos escuchándoles y bebiéndonos sus palabras.
Hoy nos dice el evangelio cómo las gentes estaban asombradas por la autoridad con que hablaba Jesús y la sabiduría de sus palabras. Allá en la sinagoga de Nazaret al principio se habían visto sorprendidos, aunque luego la cerrazón de su corazón les llevara finalmente a rechazarle. Pero allí con el texto del profeta proclamado y que El decía que aquella Escritura se estaba cumpliendo en el hoy y allí que estaban viviendo, había anunciado que el Espíritu del Señor estaba sobre El que le enviaba a anunciaba la Buena Nueva a los pobres y la liberación a los oprimidos por el diablo.
De nuevo podía decir ahora en Cafarnaún que aquella Escritura allí se estaba cumpliendo. Les ensañaba como solo podía hacerlo El que era el verdadero maestro para todos, pero además los signos anunciados allí se estaban realizando. En medio de las gentes, ahora en la sinagoga de Cafarnaún, había un hombre poseído por un espíritu inmundo que incluso se pone a gritar interrumpiendo al mismo Jesús y a todos. ‘¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios’.
Era, sí, un reconocimiento de quien era Jesús, aunque las gentes aun no lo habían reconocido como tal. Pero ellos era solamente el Maestro, cuanto más reconocerían que un profeta había aparecido en medio de ellos, pero aquel hombre poseído por el maligno lo estaba reconociendo como el Santo de Dios. Era en cierto modo un reconocimiento de que era el Hijo de Dios.
Pero eran los signos del Reino de Dios que llegaba. ‘Cierra la boca y sal’, fueron las palabras de Jesús. Y aquel hombre quedó liberado del mal. No es extraño que la gente se quedara admirada por la autoridad de las Palabras de Jesús. ‘¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.» Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca’. Y es que en Jesús podemos ver esas señales de autoridad de las que antes hablábamos y que nos hacia admirar la sabiduría  de aquellos hombres que decíamos nos agradaba escuchar. Era la liberación del mal, la buena noticia para los pobres y los oprimidos.
Era la obra de Jesús pero que tiene que ser también nuestra obra. Si hemos venido considerando la autoridad de las palabras de Jesús porque a sus palabras acompañaban los signos, quizá tendríamos que estarnos planteando qué autoridad tienen nuestras palabras cuando queremos hacer el anuncio de Jesús.
Cada cristiano tiene que ser un mensajero. Esa misión nos confió Jesús. Y queremos enseñar, queremos trasmitir el evangelio, queremos despertar la fe en el mundo que nos rodea, pero ¿creerán nuestras palabras? ¿No estaremos muchas veces haciendo una enseñanza teórica de Jesús y del evangelio? Nos hace falta algo más, nos hace falta que transmitamos en nuestras palabras esa autoridad del mensaje del evangelio.
No son solo palabras lo que tenemos que trasmitir, lo que tenemos que enseñar. Nos hace falta dar signos de esa liberación del mal. ¿Tenemos que ir haciendo milagros, cosas extraordinarias?
Cosas extraordinarias no hace falta, sino que vayamos dando en las cosas pequeñas de cada día signos de esa liberación del mal. Empezando por nosotros mismos con el estilo y sentido de nuestra vida, con el testimonio que demos a través de nuestras obras, de nuestra manera de vivir de que estamos en verdad liberados del mal. Hay tantos males que nos acechan, que nos dominan, que nos esclavizan y no terminamos de dar esas señales. De la misma manera que tenemos que ser signos en los demás, en lo que luchemos por la liberación del mal en cuantos nos rodean. Son las obras del amor, de un amor comprometido, que tenemos que realizar. Será la autoridad con que podamos presentarnos para hablar de Jesús.

viernes, 29 de junio de 2018

Confió Jesús en Pedro a pesar de debilidad y negación, confía en nosotros y en su Iglesia a pesar de nuestros tropiezos y caídas tendiéndonos siempre su mano


Confió Jesús en Pedro a pesar de debilidad y negación, confía en nosotros y en su Iglesia a pesar de nuestros tropiezos y caídas tendiéndonos siempre su mano

Hechos 12, 1-11; Sal 33; 2Timoteo 4, 6-8. 17-18; Jn. 21, 15-19

‘Tú, Simón, el hijo de Juan, en adelante te llamarás Cefas, Pedro’. Fue como el saludo y el recibimiento. Es que su hermano Andrés la tarde anterior se había ido con Jesús y ahora la mañana siguiente fue la búsqueda de Simón y le había dicho que habían encontrado al Mesías. Eso de las inquietudes parecía que era de familia, pues en sus búsquedas Andrés se había venido a la orilla del Jordán para escuchar al Bautista y a la indicación de este se había ido con Juan el Zebedeo detrás de Jesús.
Por eso aquella recepción y aquel saludo, pero también el gesto significativo del cambio de nombre. Ya se intuía lo que Jesús esperaba de aquel nuevo discípulo. ‘Te llamarás de ahora en adelante Pedro’. Un signo de confianza, pero de confianza en el futuro. Un signo de confianza como para de alguna manera estarle anunciando que tiene una misión reservada para él.
Más tarde, cuando después de llevar tiempo siguiendo a Jesús, porque un día les había invitado a dejar lo que estaban haciendo para seguirle y habían dejado barcas y redes en un hermoso gesto de disponibilidad, ante la confesión de Simón Pedro de quien era Jesús para El – ‘Tú eres el Ungido de Dios, el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios vivo’ – ya Jesús comenzará a dar significado a aquel cambio de nombre. ‘Serás piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’. El significado del nombre de Pedro es piedra, y ahora se entenderá por qué Jesús le llama Pedro, piedra, porque será la piedra sobre la que fundará la Iglesia, sobre la que se va a fundamentar aquella nueva comunidad del Reino de Dios que va a nacer y que ahora Jesús está preparando.
Con este entusiasta discípulo en el que crece cada más y más su amor por Jesús, éste tendrá unos apartes especiales. Será testigo de su transfiguración en el Tabor, entrará con Jesús en el aposento donde yace muerta la niña de Jairo aunque Jesús diga que solo está dormida para ser testigo de su vuelta a la vida, habrá momentos de conversación mas intima donde Pedro le manifestará a Jesús que no puede permitir que le pase nada de todo aquello que anuncia que sucederá en Jerusalén teniendo Jesús un exabrupto con Pedro apartándolo de su lado como si fuera un diablo tentador, finalmente podrá estar cerca de Jesús en la oración y la agonía de Getsemaní aunque se caigan de sueño y se les cierren los ojos.
Podríamos decir que Jesús lo va preparando. Tendrás que mantenerte firme, le dirá en una ocasión, porque cuando te recuperes de tus debilidades en las que incluso caerás tendrás que ser el sostén de la fe de los hermanos. Y vaya sí que es débil a pesar de sus porfías de amor, porque tres veces le negará antes de que aquella noche cante el gallo. Tarde se dará cuenta de que se ha metido en la boca del lobo, pero llorará con amargas lágrimas su traición que un día se verá compensada con una triple protesta de amor. ‘Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero’. Y Jesús le confiará ser pastor de su rebaño ‘apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas’, le dirá.
Así aparecerá pronto Pedro como nexo de unión de los discípulos, de los apóstoles. Incluso en los momentos oscuros de la pasión allá quedan escondidos en el cenáculo y pedro en medio de ellos. Será el primero que ante el anuncio de Magdalena correrá con Juan para llegar hasta el sepulcro y constatar que está vació. Juan, dice el evangelio, creyó al ver el sepulcro vacío, de Pedro no se dice nada, pero sabemos que de manera especial Jesús resucitado se le aparecerá a él.
Después de la Ascensión, en la espera del cumplimiento de la promesa del Padre y de Jesús, ya aparece el liderazgo de Pedro, como lo había anunciado Jesús, porque con el están todos reunidos y a su iniciativa se elegirá al que sustituya al traidor que se había suicidado. Luego tras la inundación de sus corazones con el Espíritu divino será el primero que se enfrente a la multitud para anunciarles que aquel a quien ellos habían crucificado Dios lo había resucitado de entre los muertos constituyéndolo Señor y Mesías.
Cuando hoy estamos celebrando esta fiesta de San Pedro – no podemos olvidar a san Pablo a quien hoy también celebramos – con estos breves retazos de lo que aparece de él en el evangelio nos podremos hacer unas consideraciones que nos ayuden también en nuestro camino de fe y en nuestro camino de seguimiento de Jesús.  Aparece siempre la disponibilidad generosa de Simón que se deja guiar que aunque en sus impulsos le haga tropezar y caer siempre estará ese amor total del corazón de Pedro para seguir a Jesús, para proclamar que su Palabra es y será siempre palabra de vida eterna y que está dispuesto a todo por seguir a Jesús.
No temamos tener una disponibilidad así de un corazón generoso y siempre dispuesto a dar, a seguir a Jesús, a hablar valiente y claramente de él. Podremos incluso equivocarnos, tropezar y caer – no tengamos miedo – que si hay suficiente amor generoso en nuestro corazón pronto nos levantaremos y seguiremos con los mismos impulsos.
Es algo que no hace falta a los cristianos de nuestro tiempo. Nos entran miedos y temores, queremos guardar la ropa, queremos guardarnos por si acaso vamos a tener dificultades o tropezar. Pero los valientes serán los que den testimonio y el señor mirará esa generosidad de nuestro corazón y estamos seguro que cuando nos parezca que nos hundimos como Pedro allá en las aguas del lago, la mano de Jesús está ahí y nos levanta.
No seamos cobardes, hombres de poca fe, sino que tengamos ese arrojo y esa valentía como le vemos a Pedro que siempre querrá estar cerca de Jesús y que con esa misma valentía lo anunciará incluso a aquellos que crucificaron a Jesús y a nosotros nos pueden llevar al martirio. El ángel del Señor estará con nosotros para arrancarnos de esas cárceles de nuestras cobardías.

sábado, 21 de abril de 2018

Aunque aparezcan las dudas y las debilidades tenemos que ser capaces de confesar que solo Jesús tiene para nosotros palabras de vida eterna


Aunque aparezcan las dudas y las debilidades tenemos que ser capaces de confesar que solo Jesús tiene para nosotros palabras de vida eterna

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Sal 115; Juan 6, 60-69

Es una tentación fácil, la huida. Queremos vivir en un mundo de comodidades y cuando no lo podemos conseguir nos sentimos inquietos y hasta molestos. Queremos que las cosas sean como nosotros nos las imaginamos o las planteamos y cuando en el devenir de la vida encontramos dificultades, oposición con otra manera de ver las cosas, ya no sabemos qué hacer. Nos cuesta pensar, profundizar en las cosas, queremos vivir a lo fácil y sin muchas complicaciones intelectuales, y cuando se nos acerca alguien con una conversación y unas ideas que nos hacen pensar, nos echamos para detrás.
Pero nos sucede en nuestra vida cristiana en que no queremos salir del cascarón, de lo que siempre hemos hecho y a eso lo llamamos tradiciones, nos cuesta plantearnos nuevos compromisos, se nos hace difícil llegar, como nos está pidiendo hoy el Papa, a las periferias, a los lugares difíciles, ser misioneros de verdad en un mundo cambiante o en un mundo en el que ya todos no piensan como nosotros o vienen de vuelta de todo tipo de referencia religiosa. Y ya no sabemos qué hacer, porque no queremos complicarnos la vida.
Muchas más cosas así podríamos pensar desde lo que nos sugiere el evangelio nos presenta la liturgia. Era algo en verdad novedoso lo que Jesús les estaba planteando allí en la sinagoga de Cafarnaún. Se toman como inmasticables las palabras de Jesús que les hablaba de comer su carne y beber su sangre. Intentar profundizar para comprender todo lo que significaría ese vivir unidos a Jesús para hacerse una cosa con El les parecía de todo punto imposible.
Realmente era mucho la exigencia que Jesús les planteaba. Ya en otro momento dirá Jesús que no hay que andar con paños calientes, con remiendos, con odres viejos para el vino nuevo. Era una Buena Nueva, era una Novedad grande lo que Jesús les estaba planteando cuando les decía que había que creer en El y dejarse transformar plenamente el corazón y la vida. La conversión no era un adorno a la vida, sino algo que había que tomarse muy en serio porque había que darle la vuelta a la vida, a la manera de pensar, a la manera de actuar, a las actitudes profundas del alma de una forma total y radical.
Y muchos se marchan, ya no querrán ir más con Jesús. Se sienten defraudados porque no era lo que ellos pensaban sino que las exigencias eran mayores y no estaban dispuestos a eso. La disculpa era lo de comer la carne de Cristo. No se sentían con fuerzas para aceptar plenamente lo que Jesús les decía que El era el verdadero Pan bajado del cielo. Y eso significaba mucho.
Los discípulos cercanos a Jesús también dudan. Jesús lo nota. Por eso les pregunta que si ellos también quieren irse, si ellos también se sienten defraudados y van a abandonar. Pero por allá está Pedro siempre el primero en saltar y hablar. Era mucho el amor que sentía por Jesús. No sé si El realmente estaría entendiendo plenamente lo que Jesús les estaba planteando, pero allí estaba su amor. El amor que tantas veces le salvaría, a pesar de que en momentos más tarde se presentara débil. ‘Señor, ¿a quien vamos a acudir si Tú tienes palabras de vida eterna?’
¿Seríamos capaces nosotros de decir con toda intensidad esas mismas palabras de Jesús? creo que es un planteamiento serio que nos hace el evangelio. Nos cuesta. Pero no podemos andar con más tibiezas en el camino del seguimiento de Jesús. Sabemos todo lo que implica el que creamos en Jesús y vivamos unidos a El. Es algo muy serio que vayamos a comer a Jesús, a comulgar, porque en verdad queremos vivir su vida con todas sus consecuencias a pesar de nuestras debilidades.

viernes, 9 de junio de 2017

Disfrutemos escuchando a Jesús que siempre tiene una palabra nueva y llena de vida para sembrar esperanza en nosotros y poner paz en el corazón

Disfrutemos escuchando a Jesús que siempre tiene una palabra nueva y llena de vida para sembrar esperanza en nosotros y poner paz en el corazón

Tobías 11, 5-17; Sal 145; Marcos 12, 35-37
Nos gusta escuchar a quien hable bien: y cuando decimos que nos gusta escuchar a quien hable bien no nos referimos únicamente a quien nos diga cosas bellas y halagadoras que nos sirvan de entretenimiento o que nos consientan en nuestro ego. Claro que nos agrada que lo que se nos dice se haga de una forma, podríamos decir, literariamente bella y agradable de escuchar, sino que en aquello que se nos dice haya mensaje, se nos trasmita algo que enriquezca nuestra vida, nos abra caminos, nos impulse a algo mejor y también, por que no, más comprometido.
Una pagina literaria bellamente escrita sin errores ortográficos pero también con una redacción clara y llena de imágenes, bellamente compuesta, nos complace, pero más aun si en el fondo hay un mensaje, se nos descubre algo, eleva nuestro espíritu, nos hace mirar las cosas, la vida, las personas con otros ojos más llenos de luz aunque la realidad sea dura en ocasiones.
Hoy  nos dice el evangelista que ‘la gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo’. En el entorno de estas palabras del evangelista nos habla de las diatribas que Jesús mantiene con los fariseos y con la gente principal entre los judíos a los que les costaba aceptar a Jesús, su mensaje y su obra. No entramos en ello ahora. Quiero fijarme en este aspecto, la gente, la gente sencilla que rodeaba a Jesús, el pueblo que le seguía, disfrutaba escuchando a Jesús.
¿Solo porque eran bellas sus palabras? Es cierto que las imágenes que nos ofrece en sus parábolas tienen también una belleza grande en si misma. Pero aquella gente disfrutaba por algo más hondo. Es lo que tenemos que saber descubrir porque nos ayudará a nosotros también a disfrutar de las palabras de Jesús, de la Palabra del Señor.
Eran palabras llenas de vida, que trasmitían ilusión y esperanza, que hacían vislumbrar una paz nueva para los corazones; eran palabras que sembraban vida, luz, calor en los corazones, porque respondían a interrogantes profundos que siempre se tienen en el corazón, porque abrían caminos nuevos, porque hacían comprender que un mundo nuevo se podía construir; eran palabras nuevas que hacían descubrir el propio corazón con sus luces y con sus sombras y entonces impulsaban a vivir de una manera distinta, a alejar sombras del corazón, a mirar con una mirada nueva y limpia cuanto les rodeaba, a mirar con una mira nueva y limpia a los hombres y mujeres que caminaban a su lado a quienes habían de ver en una nueva categoría porque ya para siempre habrían de sentirse hermanos.
Creo que tenemos que aprender nosotros también a disfrutar de la Palabra de Jesús. Depende ciertamente de la actitud con que nosotros vayamos a escucharla, de la sinceridad y de la apertura de nuestro corazón; no podemos ir con prejuicios ni ideas preconcebidas de lo que desearíamos que nos dijera. Siempre será para nosotros una palabra nueva, una palabra llena de vida.
Vayamos, si, con lo que es nuestra vida y con sus problemas, con las alegrías que vivimos y con lo que es nuestra vida de cada día, pero abiertos al Espíritu, abiertos a lo que el Señor quiera trasmitirnos y encontraremos esa luz a pesar de las oscuridades que pudiera haber en nuestro corazón, encontraremos esas palabras que nos llenan de esperanza, encontraremos esa palabras que nos abren camino y nos hacen ver la realidad de una manera nueva, sentiremos que la palabra de Jesús nos compromete pero nos hace sentir también la fuerza del espíritu para vivir ese compromiso. Son palabras que no nos darán miedo sino que siempre nos llenarán de paz.

sábado, 6 de mayo de 2017

Que la Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer resistencias, fortalecernos en las debilidades y vivir la intensidad de la fe y del amor

Que la Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer resistencias, fortalecernos en las debilidades y vivir  la intensidad de la fe y del amor

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Sal 115; Juan 6, 60-69
Cuantas veces lo habremos visto en nuestro entorno o nos habrá sucedido de alguna manera a nosotros mismos; personas que se alejan unas de otras, que merman la intensidad de la relación y de la amistad por estar en desacuerdo en algunas cosas, porque nos parecen complicados los planteamientos quizás radicales que toman en la vida en diferentes aspectos sociales, o porque quizás se muestran exigentes con nosotros queriendo que tomemos determinadas posturas que no nos terminan de convencer.
Nos distanciamos, como decíamos, y hasta llegan a romperse amistades que parecían indestructibles; nos sucede en la vida social, nos sucede en cuestiones políticas, nos sucede quizás por planteamientos religiosos y vitales para nuestra existencia. No queremos ir por ese camino, no nos convencen sus planteamientos, nos distanciamos en nuestras relaciones. ¿Será necesario llegar a eso? ¿Por qué nos cuesta aceptar y respetar que los otros son distintos?
Sucede ahora, pero ha sucedido siempre. Hoy vemos que sucedía con Jesús como lo vemos muchas veces a lo largo del evangelio. Será por otra parte la reacción de los fariseos y los distintos grupos ante el planteamiento nuevo que Jesús hacia para la vida del hombre; serán así las reacciones de las autoridades judías que finalmente le llevaran a la muerte.
Hoy la reacción la vemos ante las palabras de Jesús que no acaban de entender. ‘Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?’, se dirán algunos y el evangelista nos dirá que a partir de entonces muchos dejaron de seguirle. Les había hablado del Pan de vida, de comer su carne y de beber su sangre. Les decía que El era el verdadero Pan bajado del cielo para la vida del mundo y que quien lo comiera no sabría lo que es morir para siempre.
Eran unos planteamientos vitales lo que Jesús les hacia. Ese comer ese Pan de vida no se quedaba solo en lo material – que ellos no terminaban de quitarse de la cabeza lo del mana del desierto – sino era entender el sentido de Jesús, aceptar su vida que era aceptar su  camino. Esa radicalidad que les planteaba Jesús les costaba mucho entenderla y aceptarla.
Ahora Jesús se dirigirá a los mas cercanos a El, los discípulos que siempre le han seguido entre los que ha escogido los doce apóstoles y a ellos les planteara si también quieren marcharse. ‘las palabras que os he dicho son espíritu y son vida’, les dice, aunque no terminan de entenderle. Pero será Pedro el que se adelantara para proclamar que no se separara nunca de Jesús. ‘Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios’. Son las hermosas confesiones de fe y de amor que le escucharemos también en otras ocasiones porfiar por Jesús.
Nosotros también dudamos muchas veces en nuestra fe; hay cosas que nos cuestan, nos parecen también muy exigentes y radicales, preferiríamos un camino mas suave, con menos dificultades, donde fuéramos contentándonos con las cositas de cada día. Pero ya sabemos que seguir a Jesús no es un juego, es algo serio, o estamos con el o estamos contra el, y no podemos nada a dos aguas.
Queremos que esa Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer tantas resistencias, para fortalecernos en tantas debilidades, para vivir toda la intensidad de la fe y del amor. Que no se enfríe nunca nuestra relación con Jesús ni le demos la espalda porque nos cueste seguirle. Ayúdanos, Señor, a creer en ti y seguirte con toda radicalidad.

viernes, 22 de enero de 2016

El Señor también nos llama para que estemos con El, nos gocemos de su presencia, nos inundemos de su amor y seamos los discípulos que siguen siempre sus pasos

El Señor también nos llama para que estemos con El, nos gocemos de su presencia, nos inundemos de su amor y seamos los discípulos que siguen siempre sus pasos

1Samuel 24,3-21; Sal 56; Marcos 3,13-19

Mucha gente se aglomeraba en torno a Jesús. Como escuchábamos y comentábamos ayer multitudes venidas de todos los rincones de Palestina acudían a Jesús. Luego, algunos se quedaban más tiempo con él, eran más fieles seguidores; son los que llamamos los discípulos, los que quieren seguir el camino de su Maestro, seguir los pasos del Maestro.
‘Llamó a los que quiso’, nos dice hoy el evangelista. A lo largo del evangelio vemos como es constante su llamada, su invitación a seguirle, aunque no todos quizá responden siempre, como recordamos a aquel joven rico que venia con buenas intenciones pero cuando vio que había que despojarse de todo para ser buen discípulo de Jesús no fue capaz y se marchó. Unos a la invitación de Jesús, otros entusiasmados por lo que ven y por lo que le oyen al maestro están dispuestos a seguirle.
En medio de todos ellos hay algunos a los que había hecho una llamada especial, y ya desde el principio siempre estaban con El. Ahora llama a doce de manera especial para que sean sus compañeros, porque los va a constituir apóstoles, es decir, sus enviados. Estos van a estar más cercanos al Maestro, a ellos de manera especial explica las cosas que a la multitud de los discípulos se las enseña en parábolas, en ocasiones veremos que los toma aparte, se los lleva a lugares tranquilos para poder hablar, para poder enseñarles, para poder instruirles porque van a ser sus enviados.
El evangelista nos da la relación del hombre de los doce. Allí están aquellos pescadores llamados desde la primera hora, allí estará el recaudador de impuestos que un día llamara a su paso por delante de su garita, allí están unos discípulos, hombres sencillos de aquellas aldeas y pueblos pero en los que hay una gran inquietud en sus corazones. Van a estar con Jesús. Van luego a ser enviados de manera especial por Jesús.
El Señor nos llama, quiere que estemos con El. Ojalá nosotros seamos capaces de entrar en esa intimidad divina con Jesús para escucharle con intensidad en nuestro corazón, para gozarnos continuamente de su presencia, para ser testigos de su amor, para sentirnos envueltos en su luz que nos transforma, para aprender de las maravillas de Dios.
El nos llama y de nosotros depende la respuesta. Que queramos en verdad estar con El. Que seamos capaces de desprendernos de nosotros mismos, como un día Leví se levantó de su garita de cobrador de impuestos y alegre y feliz ser fue con El, como aquellos pescadores que dejaron sus redes y sus barcas. Ellos también en ocasiones tenían sus dudas, como nosotros también las tenemos, se preguntaban si merecía la pena, qué es lo que iban a ganar con aquel seguimiento que estaban haciendo de Jesús. ‘Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo por seguirte…’ le decía un día Pedro. Pero se confiaban en Jesús porque ‘Tú tienes palabras de vida eterna y ¿adonde vamos a ir sin ti?’
Nos queremos nosotros también confiar plenamente en Jesús, para ser sus discípulos, para seguir sus pasos, para ser también apóstoles en medio de nuestro mundo. El prometió que siempre estaría con nosotros. Confiemos y amemos.