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sábado, 18 de febrero de 2023

Aprendamos a descubrir el paso de Dios por nuestra vida, en momentos oscuros o momentos de luz, la mano de Dios nunca nos abandona aunque no lo sepamos descubrir

 


Aprendamos a descubrir el paso de Dios por nuestra vida, en momentos oscuros o momentos de luz, la mano de Dios nunca nos abandona aunque no lo sepamos descubrir

Hebreos 11,1-7; Sal 144; Marcos 9, 2-13

Hay momentos y hay cosas que nos sorprenden y que nos superan, que nos cuesta entender y que se convierten como en un misterio para nosotros. Sorpresas del día a día en nuestra relación con las personas de las que nos esperábamos en un momento dado aquello que nos ofrecen, o aquel aspecto de su vida que nunca habíamos imaginado. Sorpresas en acontecimientos inesperados, en accidentes que nos desconciertan, en cosas a las que nos tenemos que enfrentar y que de alguna manera pueden cambiar nuestra vida.

Son momentos que nos hacen pensar, que nos hacen abrirnos la vida a nuevos horizontes, que son una llamada en nuestro corazón a algo que vemos incluso que nos supera por su grandeza. Son momentos que al mismo tiempo nos hacen mirarnos hondo para encontrar algo que cimiente de verdad nuestra vida. Pero son momentos también en que, a pesar de la sorpresa que nos desconcierta, también hemos de saber dejarnos guiar, no siempre nosotros solos podemos encontrar el camino, la respuesta o la luz.

No digamos nada cuando dejamos que se meta en nuestra vida todo el misterio de Dios.  Con un mínimo de fe y de sentido espiritual podemos elevarnos para entrar en órbitas nuevas para la existencia, para hacernos trascender la vida y no quedarnos en lo inmediato y en lo palpable con nuestras manos, porque nos damos cuenta que podemos ir más allá, que hay algo superior, que hay algo espiritual que nos eleva, sí, pero que al mismo tiempo nos hace encontrarnos con nosotros mismos.

¿Sentirían algo de todo esto que venimos reflexionando aquellos discípulos que subieron con Jesús a aquella montaña alta y se encontraron con la sorpresa del brillo de la divinidad de Dios que se reflejaba en Jesús? El evangelista en cortas frases parece completarnos el relato, pero mucho significado tenía aquello, primero de los resplandores del cuerpo y de las vestiduras de Jesús, pero también de la nube que los envolvió, de aquel susto que recibieron cuando escucharon la voz que venía de lo alto. Quedaron por tierra, viene a decirnos algo así el evangelista. Y después de todo ello, allí estaba Jesús, como siempre lo habían visto, aunque ahora habían vislumbrado otros resplandores, pero que les decía que había que volver a bajar a la llanura de la tierra.

Fue una experiencia grande la que vivieron aquellos discípulos y aunque no podían y no eran capaces de hablar de aquellas cosas, veremos que luego ya muy tarde Pedro lo seguirán recordando en sus cartas apostólicas. Había sido una experiencia grande de Dios que de alguna manera les estaba adelantando lo que vivirían después de la resurrección del Señor. Muchas otras veces también se sentirían desconcertados, como les iba a suceder en la pasión, pero en el fondo estaba aquella experiencia que les sostenía en su fe, y en su búsqueda de la luz definitiva.

¿Habremos tenido nosotros experiencias espirituales de este calibre en nuestra vida? nos puede parecer que cosas así no nos han sucedido, pero tendríamos que mirar a lo hondo de nosotros mismos y tratar de recordar algunas experiencias insólitas de nuestra vida, que siempre nos costó comprender, pero que hemos de saber mirarlas con otra mirada, con una mirada de fe y descubriremos como Dios de alguna manera se ha hecho presente en nuestra vida, aunque no siempre quizás nos diéramos cuenta. Quizás podrán haber sido momentos duros, de oscuridad, de dudas, de miedos, de sentirnos incluso hundidos, pero aquí estamos ahora, y si después de algunas de esas cosas que hayamos tenido en nuestra vida hasta aquí hemos llegado, tratemos de ver la mano de Dios, que de forma misteriosa quizá, se hizo presente en nuestra vida.

Aprendamos a descubrir ese paso de Dios por nosotros, por nuestra vida, en momentos oscuros o en momentos de luz. Sabemos, tenemos la certeza siempre, de que la mano de Dios no nos abandona nunca y ahí está con nosotros cuando menos lo esperamos o incluso cuando no lo supimos ver.

martes, 3 de enero de 2023

Una invitación a un reconocimiento de quien es ese niño que hemos visto nacer en Belén y para que emprendamos un camino de humildad reconociendo el valor de los demás

 


Una invitación a un reconocimiento de quien es ese niño que hemos visto nacer en Belén y para que emprendamos un camino de humildad reconociendo el valor de los demás

1Juan 2, 29 – 3, 6; Sal 97; Juan 1, 29-34

En la vida muchas veces somos desconfiados. Una desconfianza que puede nacer dentro de nosotros quizás desde diferentes motivos; quizás habíamos puesto la confianza en algo o en alguien y nos falló, se volvió contra nosotros quizás cuando más necesitábamos de su lealtad, podríamos decir que nos han dado motivos; pero también nos surge la desconfianza desde nosotros mismos, porque en nuestro orgullo queremos estar siempre en el candelero, como se suele decir, y puede venir alguien que nos haga sombra, que ocupe nuestro lugar, y muchas veces sin que ni siquiera esto suceda, ya andamos con nuestra desconfianza porque de alguna manera nosotros andaríamos con las mismas, convertimos demasiado la vida en una lucha a muerte entre unos y otros, no terminamos de entender que cada uno tiene su lugar y que cada uno ha de aportar según los que sean sus valores y sus cualidades.

Juan el Bautista, aunque había optado por una vida austera y de penitencia, viviendo en el desierto, viviendo pobremente y no queriendo necesitar de nada para su vida, pues le bastaban unos saltamontes o miel silvestre para su alimento, sin embargo había ido alcanzando cierta notoriedad. Su palabra era valiente para aquellos que se acercaban a El para escucharle y había comprendido bien cuál era su misión. Allá invitaba a la gente a la conversión para preparar los caminos del Señor y había cogido fama de profeta, de Jerusalén habían venido incluso a preguntarle si era profeta o si acaso él era el Mesías, pero sabía ocupar su lugar.

Era un hombre de Dios, un hombre que abría su corazón a Dios y sabía escucharle allá en lo más hondo de sí mismo. Sabe cual es su misión y no tiene miedo que nadie le haga sombra. Como hombre lleno del Espíritu de Dios era humilde y sabía bien que solo era la voz que clama en el desierto.

Hoy nos da testimonio de Jesús y lo hace claramente. No solo lo señala como ‘el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’ – esta palabra hará, como veremos en otro momento, que inclusos sus discípulos comiencen a irse con aquel que ha señalado como el Cordero de Dios – sino que además ha sentido en lo más hondo de si mismo el Espíritu de Dios que le decía a quien tenía que reconocer en verdad como el Mesías. Juan da testimonio. ‘Este es aquel de quien yo dijo: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel’.

‘Está por delante de mí, porque existía antes que yo’. Como hombre había nacido seis meses después de Juan, pero Juan reconoce la divinidad de Jesús ‘porque existía antes que yo’. Así terminará proclamándolo. ‘Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios’.

Juan, como decíamos era un hombre abierto a Dios y con humildad. En su corazón había sabido quien era Jesús, aunque como decía no lo conocía. El sabía solamente cual era su función, había salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. Era lo que Juan estaba realizando allí en el desierto y manifestándolo a todos aquellos que llegaban a escucharle. Era una invitación para que reconocieran a Jesús, aunque luego más tarde, quizás ante las dudas de sus propios discípulos, enviará a preguntarle si era El en verdad quien había de venir o tenían que esperar a otro.

‘He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo’. Ha sido ya el momento del Bautismo de Jesús, aunque nosotros todavía lo celebremos el próximo domingo, pero ahora Juan da testimonio de lo que allí vivió. Sobre Jesús había visto bajar del cielo el Espíritu en forma de paloma. Y ahora da testimonio, dando paso así a la misión de Jesús.

Un texto del evangelio que estamos meditando y que es una invitación a una confesión de nuestra fe en Jesús. Pero un texto que nos enseña para la vida la humildad de Juan para que sepamos dar paso también a los demás en su función en la vida, para que no andemos con nuestros temores y desconfianzas, para que dejemos que también los demás resplandezcan, porque esa humildad del reconocimiento de los valores de los demás es camino para que en verdad, aunque humildes, seamos grandes.

miércoles, 6 de enero de 2021

Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar conciencias, hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza

 


Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar conciencias, hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Navidad es Epifanía y Epifanía sigue siendo Navidad. No es un juego de palabras, es la realidad de lo que vivimos y celebramos porque todo es manifestación de la gloria y del amor del Señor. Se nos manifiesta en Belén aunque en aquel momento hablamos más de Navidad, de Natividad, de nacimiento de Dios hecho hombre, pero que no es otra cosa que manifestación de la gloria de Dios. ¿No es lo que los ángeles cantaron? ‘Ha aparecido la gracia de Dios’, escuchábamos en los textos de la Palabra de esa noche. Y se manifestó y se dio a conocer a unos humildes pastores que cuidaban sus rebaños en las afueras de Belén como un signo y señal para el pueblo de Dios.

Se nos manifiesta ahora en la fiesta de la Epifanía, y ese es el sentido y significado de la palabra. Es la manifestación de la gloria del Señor a todos los pueblos significados en aquellos Magos de Oriente de los que nos habla san Mateo; es la manifestación de que el amor de Dios que se nos manifiesta en Jesús es para todos los hombres, para todos los pueblos. Por eso decimos Epifanía que sigue siendo Navidad. Todavía el próximo domingo casi descolgándonos de la Navidad o culminando la Navidad sigue siendo Epifanía en la manifestación de la gloria de Dios en el Bautismo del Señor.

Las imágenes, los signos y los gestos que contemplamos en el relato que hoy nos ofrece el evangelio son de una gran riqueza y nos hablan de caminos y de recorridos que son caminos y recorridos de fe que todos vamos realizando o hemos de realizar en nuestra vida. Es el camino de fe, de búsqueda que realizaron aquellos magos a partir de que reciben la señal de lo alto en la estrella aparecida en los cielos pero que también a nosotros nos quiere hacer mirar hacia lo alto, aunque vayamos tropezándonos con tantas cosas que se nos atraviesan ante nuestros pies para que sepamos elevarnos, para que nos demos cuenta de que hay una luz a pesar de las oscuridades de la vida.

El camino no siempre es fácil; igual que aquellos magos tuvieron que atravesar desiertos y tortuosos caminos y también se encontraron en el camino quienes se les querían interponer poniéndoles trabas a su recorrido; es lo que nos sucede tantas veces en el camino de nuestra vida. No se dejaron confundir con falsas estrellas, y aunque hubo momentos de oscuridad en que ni siquiera veían la estrella supieron trascender por encima de aquellos obstáculos, encontraron la Palabra que les guiaba de verdad y de nuevo apareció la estrella que les guiaba hasta aquel recién nacido que era la luz verdadera que viene a iluminar nuestro mundo y que es luz para todos los pueblos y naciones.

Cuánto tenemos que aprender de ese camino siguiendo el rastro de la estrella de Belén. Es el camino de nuestra vida con sus luces y con sus sombras, con sus luchas, frustraciones y también victorias, es el camino de un mundo enmarañado que se confunde y nos confunde, es el camino que el mundo nos quiere ofrecer como luces lo que no son más que oscuridades y que nos ofrece falsos señuelos que nos distraen de la meta que deberíamos alcanzar, es el camino lleno de problemas y dificultades que nos hace perder la esperanza porque nos sentimos como derrotados y nos parece que nunca podremos salir, son esos caminos del mundo que ponen a prueba nuestra fe y nos llenan de dudas y de interrogantes a los que nos cuesta encontrar respuesta.

Nosotros sabemos bien que la luz de la estrella que nos guía nunca dejará de brillar para nosotros. No nos puede fallar nuestra fe y nuestra esperanza. Esa luz está siempre con nosotros y por mucho que las tinieblas traten de ahogarla seguirá brillando con fuerza para nuestro mundo. Esa luz tiene que hacernos levantar cada día con una nueva ilusión, una gran fuerza interior para seguir en el camino, para seguir confiando, para seguir manteniendo la esperanza, para seguir poniendo de nuestra parte todo lo que sea necesario para que esa luz llegue a los demás. Hay muchas desesperanzas a nuestro alrededor, muchos pesimismos, mucha gente que se siente agobiada, muchos que han perdido la trascendencia de su vida cuando han dejado apagar la luz de la fe en sus corazones.

Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar las conciencias, para hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza en tantos que van apagados por la vida. Tenemos que ser valientes para ponernos en camino, como hicieron aquellos magos. No podemos ser nosotros estrellas apagadas que no den luz allí donde estamos y aunque tengamos que mantener muchas luchas en nuestro interior para mantener encendida esa luz en nuestro corazón, tenemos que reflejarla para los demás, tenemos que ayudar a los demás. Codo con codo trabajamos con los que están a nuestro lado en esa búsqueda de salidas y soluciones a los problemas, en ir haciendo que encontremos la verdadera salud de nuestra vida que va más allá de las pandemias y situaciones lúgubres que se puedan vivir.

Es el compromiso que tenemos con nuestro mundo. Es un compromiso nacido de nuestra fe. Nosotros sabemos muy bien que nuestra luz y nuestra salvación están en el Señor. Con esa luz queremos iluminar nuestro mundo.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Despertemos el entusiasmo por nuestra fe y el evangelio desterrando toda indolencia y pasividad


Despertemos el entusiasmo por nuestra fe y el evangelio desterrando toda indolencia y pasividad

Isaías 48, 17-19; Sal 1; Mateo 11, 16-19
Es cierto que con frecuencia vemos en medios de comunicación noticias de manifestaciones de todo tipo en que mucha gente se echa a la calle denunciando alguna situación, reclamando derechos, o expresando reivindicaciones sociales de todo tipo. Nos parecen numerosas que ya por un lado los medios tratan de magnificarlas según sus intereses quizá ideológicos o también los organizadores inflan los números de participantes. Pero ¿es toda la sociedad la que vemos en esas reivindicaciones? Algunas veces eso es lo que tratan de hacernos creer, pero bien sabemos que detrás hay una gran masa indolente que ni se manifiesta ni expresa cuales sean sus ideas o lo que les gustaría. ¿Quiénes son más, los que se manifiestan o los que quedan en silencio? Que cada uno se haga su apreciación.
Pero yo si creo que gran parte de la sociedad vive de una forma indolente, indiferente a todo y no se siente movida por nada. Me ha surgido casi de forma espontánea esta palabra ‘indolente’, pero creo que nos es verdaderamente válida. Indolente, es el que no sufre por nada, que no tiene dolor, según el significado desde su raíz latina. Indolente es, pues, el insensible, que no siente ni padece por nada, o al menos por nada que no le afecte a él en sus primarios intereses. Y ese puede ser un gran pecado de la sociedad, y me atrevo a decir un gran pecado de nosotros los cristianos.
Aparte de algunos fanatismos, que creo que no es ese el camino, y es cierto también de mucha gente comprometida como vemos, por ejemplo, en nuestras parroquias, sin embargo hemos de reconocer que a los cristianos normalmente nos falta entusiasmo por nuestra fe y por la vivencia de nuestra vida cristiana.
Vivimos un cristianismo y una religiosidad muchas veces muy pasivo, simplemente dejándonos llevar, dejándonos arrastrar, pero sin entusiasmo, sin iniciativas, sin coraje para lanzarnos a dar un testimonio o decir una palabra que ilumine. Nos dejamos ahogar por lo que nos rodea y como no es políticamente correcto manifestarnos como personas religiosas y como personas cristianas, nos guardamos, nos callamos, nos queremos quedar detrás sin hacernos notar.
Es necesario un despertar de nuestra fe y de nuestro entusiasmo por ser cristiano; nos hace falta despertar lo que es la alegría de la fe; no podemos seguir dejándolo todo pasar sea como sea y queriendo ponernos siempre a resguardo detrás de la barrera. No va ese estilo con el sentido de nuestra fe. No son apologetas quizás lo que se necesita pero si necesitamos cristianos valientes que den testimonio, que hagan anuncio, que hablen de su fe, que tomen opciones en la vida conforme a los valores del evangelio, que dejemos de una vez por todas de ponernos en segunda o en ultima fila, sino que valientemente tenemos que dar la cara.
Hoy Jesús en el evangelio que somos como los chicos de la plaza que amorfos nos quedamos sentados en nuestro muro para verlas venir, que ni hacemos fiesta con aquello que debería entusiasmarnos, no lloramos ante aquellos situaciones en las que deberíamos de llorar de una forma solidaria cuando vemos a otros sufrir. Vino Juan y aunque reconocieron que era alguien especial al final no le hicieron caso y lo dejaron matar, vino el Hijo del Hombre y aunque haya bonitos aplausos en unos momentos determinados, luego ante las influencias de los poderosos nos ponemos detrás y hasta pediremos la libertad del Barrabás ladrón y bandido.
Tendría que hacernos pensar esta reflexión que Jesús nos ofrece. Un buen pensamiento para despertar la esperanza en este camino de Adviento que vamos haciendo. Tenemos que despertar ese entusiasmo por nuestra fe y por el evangelio.