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sábado, 9 de agosto de 2025

No nos quedemos dormidos pensando que otros ofrecerán su luz, la nuestra es muy importante y no puede dejar de iluminar

 


No nos quedemos dormidos pensando que otros ofrecerán su luz, la nuestra es muy importante y no puede dejar de iluminar

Oseas 2, 16b. 17de. 21-22; Salmo 44; Mateo 25,1-13

Eso de quedarse dormido mientras estamos a la espera de algo que esta por llegar parece que no es nuevo ni es antiguo. Todos tenemos la experiencia de que las vigilias parecen ser los momentos en que más sueño nos entra. Somos los mayores que nos quedamos sentados, por así decirlo, contemplando la vida, quizás ya liberados de muchas ocupaciones, quizás tras los desvelos de una noche de insomnio que nos aparece cuando menos lo esperamos, quizás porque nos ponemos a pensar y a recordar, pero qué pronto nos quedamos dormidos. Pero, repito, no es solo que nos pase a los ancianos o los que tenemos muchos años, que todos en la vida muchas veces se han quedado dormidos, mientras escuchamos una clase o una conferencia, quizás cuando estamos esperando que nos terminen de preparar la comida, echamos, como solemos decir, una cabezadita.

¿Por qué nos extrañamos tanto y le damos tantas vueltas al hecho de que aquellas jóvenes que iban a formar parte del cortejo del novio para la boda y que tenían la función de iluminar primero el camino y luego la sala de la boda se hayan quedado dormidas?

Claro que inmediatamente decimos que no fue porque se quedaran dormidas en aquel momento, sino porque se habían ‘dormido’ en el cumplimiento de sus obligaciones porque no habían preparado debidamente la cantidad de aceite que iban a necesitar para aquella celebración.

¿Serán en ese estilo las principales ‘dormidas’ que nosotros hayamos tenido en la vida? Es lo que en cierta manera se nos está planteando. Porque claro aquellos que dormidas no habían tenido la previsión necesaria para tener la lámpara encendida se quedaron sin entrar al banquete de bodas, al banquete del Reino. Las cosas tienen sus consecuencias y tenemos que ser previsores hasta en los más pequeños detalles. Quien no sabe ser fiel en lo poco tampoco lo será cuando le confíen cosas importantes, como nos dirá en otra ocasión Jesús en el evangelio.  ¿Será eso aprender lo que tiene que ser la verdadera sabiduría de la vida?

La sabiduría de la vida la aprendemos en la vida misma. Es en la fidelidad a lo que somos y a lo que tenemos entre manos. Tenemos que ser conscientes del valor de nuestra propia vida, aunque nos parezca que no valemos para nada. Pero podemos estar manteniendo una luz y si esa luz se mantiene encendida alumbrará no solo nuestro camino sino también el camino de los demás, el camino de los que marchan a nuestro lado. Aquellas doncellas podían quizás haber pensado en su inconsciencia, porque falle una luz, no se va a dejar de alumbrar el camino, las otras lo mantendrán iluminado. Pero si todas piensan lo mismo y se descuidan ¿quien va a ser la que al final tendrá luz para alumbrar el camino? Puede ser que a todas se les apaguen las lámparas, nos puede resultar al final que llegamos tarde cuando hayamos conseguido el aceite y ya la puerta está cerrada.

Por eso decía que es importante la fidelidad a lo que somos y a lo que se ha puesto en nuestras manos. Y esa fidelidad la vamos a estar mostrando en el día a día de nuestro camino, en el día a día de nuestra vida. Eso que vamos haciendo, eso que vamos aprendiendo, eso que nos va haciendo madurar en el día a día, ese desarrollo de lo que somos, nuestras cualidades y valores, nuestras potencialidades y nuestras capacidades, serán las piedras que construyan nuestro camino, es el aceite que está alimentando esa lámpara de nuestra vida y hará posible que se mantenga encendida. Qué importante el cumplimiento de nuestras responsabilidad, que necesario es aprovechar esa formación que se nos va ofreciendo cada día, es lo que nos hará madurar, es lo que nos hará crecer interiormente, como personas, es lo que hará que en el futuro tengamos mayores posibilidades.

No lo podemos descuidar, no nos podemos quedar dormidos. No podemos permitir que  no se pueda mantener encendida esa luz, no podemos quedarnos sin emprender esa sabiduría que pondrá luminosidad en nuestra vida. No podremos descartar el mantenernos bien unidos al Señor, llenándonos de su Espíritu, porque es lo que hará posible que un día produzcamos buenos frutos.

miércoles, 19 de febrero de 2025

¿Podrá encontrar nuestro mundo lleno de tantas cegueras y oscuridades ese lazarillo en nosotros que les lleve al encuentro de la luz de Cristo?

 


¿Podrá encontrar nuestro mundo lleno de tantas cegueras y oscuridades ese lazarillo en nosotros que les lleve al encuentro de la luz de Cristo?

Génesis 8,6-13.20-22; Salmo 115; Marcos 8,22-26

¿Cómo podrá encontrar el ciego el camino de la luz si no hay un lazarillo que le ayude a hacer el camino y encontrar la luz para sus ojos?

Sabemos que llamamos lazarillo al que acompaña al ciego en su caminar para ayudarle en la carencia de luz en sus ojos. Obras de nuestra literatura clásica nos han presentado con profusión esa figura y todos entendemos de lo que son sus valiosos servicios; aunque hoy disponemos de mejores medios de ayuda, aun contemplamos en nuestro caminar al ciego que va acompañado de su perro lazarillo, su perro guía que le previene de peligros, le facilita los movimientos y de alguna manera cuida de su amo ciego. Todos nos sentimos reconfortados con esa imagen.

Pero si nos entretenemos en comentar estos detalles es porque esa imagen puede decirnos mucho para la vida y su sentido. Porque además hoy el evangelio que se nos ha presentado en este día nos habla de la curación de un ciego, allá por la región de Betsaida que, como se nos dice en otro lugar del evangelio era la patria o lugar de nacimiento de Simón Pedro y su hermano Andrés.

Hemos escuchado los detalles del relato evangélico, cómo Jesús se lo ha llevado aparte y poniendo algo en sus ojos hará que poco a poco sus ojos vuelvan a la luz. Pero hay un detalle que nos puede pasar desapercibido; nos dice el evangelista que a aquel hombre ciego lo llevaron a Jesús. Recordamos también al ciego Bartimeo en Jericó que pedía limosna en el camino y tras sus gritos pidiendo ayuda al saber que pasaba mucha gente, Jesús les pide que se lo traigan, que lo ayuden a llegar a Jesús. En este caso también alguien ayudó a aquel ciego a llegar a Jesús.

Es importante la imagen. Es la pregunta que nos hacíamos al principio de esta reflexión. ¿Quién será el que ayude al ciego a encontrar el camino de la luz? ¿Llegaremos a ser ese lazarillo para tantos que están a nuestro lado necesitados de luz? ¿seremos los cristianos en verdad lazarillos que ayuden a nuestro mundo envuelto en tantas cegueras y oscuridades a encontrar la luz del Evangelio?

Es nuestra tarea y nuestra misión. Aunque primero seremos nosotros los cristianos los que tengamos que dejarnos envolver por esa luz de Cristo y su evangelio. En nuestras cegueras seguimos tantas veces porque teniendo la luz a nuestra mano no sabemos, no terminamos de dejarnos iluminar por el Evangelio; nos pasa muchas veces como aquellas doncellas del evangelio que no guardamos suficiente aceite para mantener encendidas nuestras lámparas, o dejamos que muchos tropiezos que se convierten en cegueras lleguen a nuestra vida y no terminamos de dejar que Jesús ponga su mano para lavarnos en el Siloé de su gracia. Cuidemos la limpidez de nuestros ojos, cuidemos no nos dejemos embaucar por luces fatuas que nada iluminan sino que más bien con sus guiños nos llevan a la confusión.

Pero importante el mensaje que quiere dejarnos el evangelio de hoy. Tenemos que ayudar a que los demás lleguen a Jesús, se encuentren con Jesús para que la luz vuelva a sus vidas. No siempre sabrán o podrán ir solos y necesitan quien les ayude. Nuestra palabra tiene que ser clara para hablar de Jesús a los demás, de que nosotros hemos encontrado la luz y con Cristo hemos encontrado el camino de la felicidad verdadera; nuestros gestos, nuestros detalles, nuestra manera de vivir tiene que ser un testimonio claro que hable a los demás de Jesús y de la luz que en El encontraremos siempre.

Es hermosa la buena voluntad de aquellos que llevaron aquel día al ciego de Betsaida hasta Jesús para que recobrara la visión de sus ojos. ¿Seremos capaces de hacerlo? ¿Seremos capaces de hacerlo con nuestro mundo? ¿Qué testimonio estamos dando como cristianos y como Iglesia ante el mundo que nos rodea que les haga sentirse atraídos por el Evangelio?

domingo, 22 de septiembre de 2024

Vayamos dejando verdaderos regueros de luz a nuestro paso desde esa riqueza interior que llevamos en nuestro espíritu

 


Vayamos dejando verdaderos regueros de luz a nuestro paso desde esa riqueza interior que llevamos en nuestro espíritu

Proverbios 3,27-34; Salmo 14; Lucas 8,16-18

¿Cómo somos realmente en nuestro interior? Quizás sea algo que no queremos dejar traslucir, lo guardamos en nosotros a veces como el más sagrado de los secretos; claro que pensar en cómo somos nos trae a la memoria lo que ha sido el recorrido de nuestra vida, también con sus errores y tropiezos, y quizás hemos tratado de presentar una imagen de nosotros mismos con demasiado perfeccionismo y no nos agrada que esa imagen se vea enturbiada; tenemos nuestros prestigios que no queremos perder. Pero ¿no sería eso en el fondo algo de vanidad? ¿Ponemos la cara bonita para la fotografía, queriendo ocultar el lado no tan agradable? Las vanidades un día se quedaran en nada, porque nos harán sentir el vacío de nuestra vida.

Es cierto que no tenemos que estar haciendo gala ante los demás de nuestros fallos o defectos, pero quizás el mostrarnos imperfectos en lugar de enturbiarnos nos hace más reales y más humanos. Pero no somos solo eso. También en nosotros hay unos valores, también tenemos nuestros principios como nuestras metas en la vida por las que luchamos y nos esforzamos; están nuestros tropiezos, es cierto, pero está también nuestro deseo de superación y el esfuerzo que hacemos para conseguirlo. Y eso sí que define más nuestra vida, lo que somos, la verdadera grandeza de nuestra existencia, las bonitas huellas que podemos dejar tras nosotros. No tienen que ser huellas de perfección, tienen que ser huellas humanas, con sus luces y con sus sombras, que es lo que le dan belleza al cuadro de nuestra vida.

¿No será eso a lo que se está refiriendo Jesús con las palabras que escuchamos hoy en el evangelio? ‘Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entran tengan luz’. Es la lámpara que tenemos que mostrar, la luz que tenemos que reflejar, también con sus tintineos. Muchos podrán encontrar en ella una luz para sus vidas.

No hemos de tener miedo. Y ya no es vanidad, no es ostentación, no es orgullo; es la realidad de la vida que ofrecemos con humildad tal como somos. Y eso es lo que en verdad se puede convertir en estímulo para los demás. Por eso nos sigue diciendo Jesús: ‘Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público’. ¿Por qué vamos a ocultar lo que puede ayudar a los demás? No son secretos humillantes para nosotros sino que es nuestra vida, nuestra fe, nuestra esperanza, nuestras luchas, nuestro amor.

Por eso el cristiano tiene que ser siempre una luz que está colocada en lo alto para iluminar. Llevamos algo muy hermoso en nuestra vida que es una lástima que lo mantengamos oculto. Son los miedos y cobardías con que andamos tantas veces los cristianos. Tenemos que sentirnos seguros de nuestra fe y de los ideales que tenemos en nuestra vida.

Tenemos que sentirnos seguros en el camino que estamos haciendo, porque lo que intentamos, incluso con nuestros errores y tropiezos, es seguir el camino de Jesús. Y es un camino de crecimiento, de superación; un camino que parte de nuestra debilidad, pero que cuenta con la fortaleza del espíritu del Señor que nos acompaña en nuestras luchas y en nuestros esfuerzos. Y eso también hemos de saber trasmitirlo a los demás para que puedan enamorarse del evangelio de Jesús.

Termina diciéndonos Jesús algo que algunas veces parece que no terminamos de comprender. Habla de que ‘al que tiene se le dará…’ Eso bueno que llevamos en nuestro interior, con nuestra fe y con nuestros deseos de crecimiento y superación, con ese esfuerzo que realizamos para mantenernos fieles en nuestro camino, será algo que irá creciendo y creciendo en nuestro interior, porque irá dando verdadera profundidad a nuestra vida. Pero cuando nos dejamos llevar por fantasías y por vanidades al final todo eso se esfumará y se quedará en nada mostrando el vacío que llevamos por dentro. Por eso nos dice ‘que al que no tiene se le quitará hasta aquello que cree tener’. Será el vacío con que nos quedamos en nuestra vida detrás de esa superficialidad que nos hará descubrir la carencia de verdadera espiritualidad que hay en nosotros.

Vayamos dejando verdaderos regueros de luz a nuestro paso.

viernes, 9 de agosto de 2024

En la vida hemos de estar atentos, hemos de volvernos más reflexivos para no llegar tarde, porque la hora de Dios está ahí y llega a nosotros y no podemos perderla

 


En la vida hemos de estar atentos, hemos de volvernos más reflexivos para no llegar tarde, porque la hora de Dios está ahí y llega a nosotros y no podemos perderla

Oseas 2, 16b. 17 de. 21-22; Salmo 44; Mateo 25,1-13

Una vez escuchaba un comentario en referencia a una persona, a su manera de ser y de hacer las cosas, pero que parecía que nunca estaba a tiempo; ‘piensa bien, decían, pero siempre llega tarde’.

Creo que esto nos lo podemos aplicar también a nosotros mismos, tantas veces que metemos ‘la pata’ y luego nos dimos cuenta de donde estaba nuestro error; no nos fijamos, nos disculpamos, pero no siempre estamos atentos y alertas a lo que nos va sucediendo, vivimos demasiado superficialmente y no reflexionamos antes de dar una respuesta, antes de emprender una tarea, y luego vemos lo que nos pasa, fallamos, no estamos a la altura, no llegamos a tiempo. Y es que en la vida necesitamos ser más reflexivos, sopesar bien las cosas, darnos cuenta de las posibilidades o y hasta dónde podemos llegar, que muchas veces es mucho más allá de lo que habitualmente hacemos, a causa de nuestra superficialidad.

Hoy Jesús nos propone una parábola que habremos medita muchas veces y de la que siempre sacamos buenas conclusiones, pero es una parábola que ahora hemos de escuchar en el hoy de nuestra vida, porque siempre la Palabra de Dios es algo vivo para nosotros y que tenemos que convertir en vida. Conocemos el desarrollo de la parábola, unas jóvenes amigas de la novia que están esperando la llegada del novio para la boda, según las costumbres de la época. El esposo tardaba y cuando llegó el momento resultó que no todas aquellas doncellas tenían aceite suficiente en sus lámparas primero para iluminar el camino y luego también la sala de la boda. Mientras fueron a buscarlo, llegaron tarde.

A muchas situaciones de la vida podemos aplicarlo, pero creo que entre otras cosas nos ayuda a que sepamos discernir la presencia de Dios en nuestra vida, que se nos manifiesta de muchas maneras y de los modos menos esperados, aun en medio de las oscuridades y tensiones con que nos vamos encontrando. Pero la hora de Dios es cierta, es segura. Dios llega en su momento para nosotros, el momento que nosotros necesitamos, el momento que es de gracia para nosotros; podríamos decir que ni es antes ni después, porque Dios tiene su hora.

No es el retraso de quien llega, sino es la poca actitud del que espera. Es sí la vigilancia, la atención que hemos de poner, pero es la seguridad de la esperanza, la certeza de la llegada del Señor a nuestra vida en ese momento que es momento de gracia para nosotros. Es el significado del aceite que hemos de tener siempre de reserva para que nuestras lámparas no se apaguen, con la imagen de la parábola.

Aunque la parábola nos habla de esas luces que hemos de mantener encendidas, creo que en nuestra reflexión podemos ir más allá para saber descubrir esos puntos de luz que Dios nos va poniendo en el camino de la vida; los mismos acontecimientos de la vida tienen que enseñarnos, lo que vamos recibiendo de los demás son también señales de Dios, las posibilidades que se abren ante nosotros, las nuevas perspectivas que nos puedan aparecer, las oportunidades que van surgiendo, podemos decir que no son cosas que nos sucedan al azar, pueden ser esas señales de Dios que necesitamos y que por nuestra inconsciencia, por nuestras prisas y carreras, por no abrir los ojos para detectarlas, las dejamos pasar, muchas veces las perdemos.

Como decíamos antes, es la hora de Dios para nosotros, pero hemos de estar atentos, hemos de volvernos más reflexivos para no llegar tarde, porque la hora de Dios está ahí y llega a nosotros y no podemos perderla. Hoy termina diciéndonos Jesús en la parábola, ‘por tanto velad, porque no sabéis el día ni la hora’.


viernes, 1 de septiembre de 2023

No nos falte ese aceite que nos mantenga encendida la luz de la esperanza y nos conduce por los caminos del compromiso en el amor



 No nos falte ese aceite que nos mantenga encendida la luz de la esperanza y nos conduce por los caminos del compromiso en el amor

1 Tesalonicenses 4, 1-8; Sal 96; Mateo 25, 1-13

Para vivir no hace falta tanto. Expresiones así escuchamos algunas veces, desde el que se contenta vivir malamente, sin salirse de sus rutinas, y no tienen ansias de nada y se contenta con ir arrastrándose por la vida; pero son también los de la ley del mínimo esfuerzo, para que voy a andar agobiado, para que tengo que esforzarme tanto, para qué tengo que tener que estar estudiando tanto, porque, dicen, que ellos ven quienes no saben nada y les va bien en la vida, y no se preocupan por prepararse, de formarse para crear o alcanzar un futuro mejor; pero están también aquellos a los que lo único que les preocupa es pasarlo bien, divertirse, estar a la última, pero viven la vida con un vacío interior muy grande. en muchos que piensan de una manera semejante podríamos pensar, para vivir no hace falta tanto.

¿Cuáles son los resultados? ¿Cuál es el sentido de vida que tienen? ¿Qué frutos van teniendo en la vida? Que cada uno juzgue, analice, compare, vea cual es su realidad. Es tanta nuestra pereza en ocasiones que ni eso somos capaces de pensar.

hoy Jesús nos está previniendo frente a actitudes asó que se convierten en malas costumbres en nuestra vida o nos llenan de rutinas y de vacío interior. Cuidado que nos sucede que no somos capaces de llenar nuestra vida con nada. Nos propone una parábola en la que parte de lo que eran las costumbres de la época. Era una boda y sus amigas habían ido a acompañarla; ahora tocaba salir al encuentro del novio que llegaba para la boda, pero había que llevar unas lámparas para iluminar el camino. Bueno, pensaban algunas, el camino no es largo, no va a tardar en venir con que llevemos la lámpara será suficiente. Pero no fueron previsoras de los imprevistos que pudieran surgir.Y es lo que pasó. Pensaban que con el aceite de la lámpara era suficiente y algunas no se preocuparon de llevar aceite de repuesto.Y a la hora de la llegada del novio se quedaron a oscuras; ya no tuvieron tiempo de buscar nuevo aceite y se quedaron sin poder entrar al banquete de bodas, que además se vería mermado en su iluminación.

Los que decían que para vivir la vida no hace falta tanto. Los que vamos por la vida al salto de mata, como se suele decir, a vivir solo lo del momento, sin previsiones de futuro, pero sin haberse cultivo interiormente para poder ser algo de verdad en la vida. La apariencia de la lámpara bonita, pero que no ilumina porque no tiene aceite. Los que nos falta esa interioridad en la vida y vivimos en la superficialidad y en la rutina. Los que no nos hemos preocupado de poner sólidos cimientos a ese edificio de la vida, y vendrán luego los vientos y las avenidas de agua y los barrancos lo arrastrarán todo porque no tenemos raíces que nos tengan bien anclados en la vida.

Es la superficialidad con que se vive la vida; es la huida del esfuerzo y del sacrificio; es la pérdida de valores que nos den riqueza interior pero también de metas en la vida que nos hagan soñar y tener aspiraciones a algo más alto y más grande; es la rutina que nos hace perder la ilusión y nos adormece y nos creemos que eso es lo de una vida tranquila y en paz; son las penumbras que tantas veces nos acompañan y nos perdemos y no sabemos encontrar el camino.

Qué importante y necesario saber cultivarnos por dentro para poder tener esa fortaleza interior. Qué importante esa búsqueda constante que tenemos que hacer que nos impulse a superarnos y a crecer, a madurar en la vida para poder dar los mejores y más sabrosos frutos; qué importante dejarnos envolver por esa mirada de Dios que nos llena de luz, que nos impulsa siempre a algo nuevo y mejor; qué importante escuchar esa voz de Dios en lo secreto de nuestro corazón que hará que nos estemos preguntando y planteando con verdadera madurez el sentido de nuestra vida.

 


miércoles, 9 de agosto de 2023

Aunque haya habido sombras en nuestra vida aún podemos encontrar una auténtica luz que no se apague para poder ayudar en el camino de tantos a nuestro lado

 


Aunque haya habido sombras en nuestra vida aún podemos encontrar una auténtica luz que no se apague para poder ayudar en el camino de tantos a nuestro lado

Oseas 2, 16b. 17de. 21-22; Sal 44; Mateo 25,1-13

Si te vas a presentar para desempeñar una responsabilidad no te vale que en tu curriculun pongas los merecimientos de otros ni que a la hora de presentarte a esa oposición otro a última hora ocupe tu lugar. Ya sé lo que ve vais a decir, que eso es lo que habitualmente se hace en la vida en muchas cosas, nos arrogamos los merecimientos de otros, nos apañamos como sea para pasar un examen, pero en la hora de la verdad serás incapaz de desempeñar esa responsabilidad y quedarán a las claras las trampas, por decirlo de alguna manera, de las que te has aprovechado.

 No es que en la vida tengamos que estar presentando currículo y nos estén pasando examen de lo que hacemos o de lo que sabemos. Quizás si fuera solo por un examen muchos que son muy estudiosos podrían parecer que lo tienen fácil, pero es algo más lo que hemos de mostrar en la vida con lo que hayamos podido dejar una huella en ese camino.

Es ahí donde tienen que manifestarse los verdaderos valores de la persona, es ahí donde va aparecer la auténtica responsabilidad con que nos hemos tomado la vida y lo que en ella teníamos que desempeñar, es donde se va a manifestar la calidad y la madurez de nuestra persona, lo que verdaderamente hemos crecido y  madurado como personas para que todo no se quede en apariencia y en vanidad.

Algunas veces quizás quisiéramos parecernos a ese coro bonito y bien formado con caritas todas sonrisueñas pero que solo unas figuras pintadas en una tela o en un mural, o figurantes que hemos organizado en un cortejo para que quede muy bonito como si fuera un espectáculo de cine, pero donde no hay vida. Cuidado con que detrás de esas apariencias no haya nada. ¿Seremos nosotros como figurantes bien formados para hacer un desfile espectacular?

Es eso lo que nos está denunciando hoy Jesús en el evangelio con esta parábola que nos ha propuesto. Allí estaban en el camino aquel coro de doncellas todas bonitamente formadas con sus lámparas encendidas en sus manos. Podría ser una imagen muy bonita ese coro de luz en medio de una noche oscura y tenebrosos caminos. Pero era solo eso, al menos en parte del grupo, porque cuando la espera se prolongó más de lo esperado algunas luces comenzaron a apagarse sin poder encender de nuevo por falta de combustible.

Llegó entonces la hora del vacío y de las prisas. Se habían preocupado de dar la imagen de un grupo muy luminoso, pero a la hora de la verdad a la mitad le faltó la luz, porque les faltó el aceite. No valía ahora el pedir aceite prestado; había sido necesario ser precavidas para llevar el aceite de repuesto cuando además esas lámparas tenían que estar encendidas en toda la noche de fiesta. Ya no valía el buscarlo a última hora porque ya llegarían tarde a la entrada de la boda y entonces no iban a ser reconocidas.

¿Así serán nuestros vacíos? Miramos atrás y hacemos un recorrido por la vida y ¿qué es lo que podemos observar? ¿Cuál es la hondura espiritual que ahora podemos mantener y presentar? ¿Hemos sabido a lo largo de nuestra vida ir a la fuente, ir allí donde podíamos recargar bien las pilas de nuestro espíritu para que cuando vinieran esos momentos difíciles, esos momentos que quizás no esperábamos, estuviéramos lo suficientemente fuertes para salir adelante?

Quizá nos ponemos a pensar, a repasar un poco lo que ha sido nuestra vida donde no hemos dado todos los frutos que teníamos que haber dado, donde no teníamos la fortaleza suficiente cuando llegó el momento difícil de la debilidad, donde tantas veces nos manifestamos como chiquillos sin madurez para afrontar los problemas que iban surgiendo, porque quizás no habíamos cuidado lo suficiente esa hondura espiritual que necesitamos cultivar en nuestra vida. Teníamos tantas cosas que hacer, andábamos siempre con tantas prisas, que no tuvimos tiempo ni para un encuentro interior con nosotros mismos, ni para un encuentro profundo con el Señor en la oración abriéndonos de verdad a su Palabra y a su Espíritu.

Aunque haya habido sombras en nuestra vida que aun quizás permanecen no nos podemos llenar de pesimismo ni de amargura. El Señor sigue esperando nuestra respuesta; busquemos ahora todavía la manera de fortalecernos interiormente, de crecer en espiritualidad, de llenarnos de Dios, para que haya una auténtica luz que no se apague con que podamos ayudar en el camino de tantos a nuestro lado. Mucho aun podemos hacer.

viernes, 26 de agosto de 2022

 


Cuidemos que no nos falte el aceite y nos encontremos desorientados en la vida sin saber dar respuesta desde un sentido cristiano a los problemas del mundo de hoy

1Corintios 1, 17-25; Sal 32; Mateo 25, 1-13

‘Dadnos un poco de vuestro aceite que se nos apagan las lámparas…’ es la súplica y la petición que en este caso no es atendida. Y se quedaron sin aceite y en consecuencia las lámparas no funcionaban; y tuvieron que ir a comprarlo, y ya se les hizo tarde, se les pasó la hora, llegó el novio y ellas no estaban, no pudieron ya entrar porque la puerta estaba cerrada.

¿Se nos pasará el arroz?, como solemos decir cuando con nuestro despiste no estuvimos a punto, no tuvimos las cosas que teníamos que tener preparadas, se nos cerró la puerta y nos quedamos fuera. Y ya no valían las súplicas ni las disculpas.

¿Qué nos pasará en la vida en este sentido? Nos llegan los problemas y no estamos preparados para afrontarlos; se nos confía una tarea y una misión y no somos capaces de desarrollarla, cuando tuvimos la oportunidad de aprender, perdimos el tiempo; en la carrera loca del mundo y de la sociedad en la que vivimos nos van apareciendo problemas inesperados o a los que no habíamos dado suficiente importancia en los signos que nos lo iban anunciando, y ahora no sabemos como salir adelante. Lo estamos viendo cada día en lo que va sucediendo en nuestra sociedad que muchas veces se nos derrumba.

Nos falta aceite, no tuvimos en cuenta las previsiones necesarias, muchos perdimos el tiempo cuando era la hora de prepararnos para un buen futuro, pero no pensábamos que esas situaciones nos pudieran llegar, o que eso le tocaría a otros. Y estamos viendo que en muchas situaciones seguimos haciendo lo mismo, no terminamos de tomarnos en serio las cosas y buscar la mejor preparación y profundidad, seguimos con nuestras superficialidades, seguimos dando tantas facilidades que no terminamos de endurecernos lo suficiente para afrontar los temporales que se nos vienen encima. Así van los derroteros de nuestra sociedad.

Parece que estamos hablando excesivamente de los problemas humanos o sociales que nos vamos encontrando en el mundo de hoy, pero esto es una imagen de toda esa falta de profundidad con que andamos en nuestra vida. No estamos cuidando los valores más profundos de la persona que pueden darnos esa estabilidad y esa fortaleza; no estamos cuando los valores del espíritu, como no estamos cuidando nuestra fe.

Es lo que tenemos que plantearnos los que nos decimos cristianos, los que nos decimos que seguimos a Jesús. ¿Estaremos guardando suficiente aceite del evangelio en nuestra vida para encontrar un sentido y una fuerza para lo que tiene que ser un seguimiento en serio de Jesús? Seguimos pensando que tenemos suficiente aceite, porque un día de pequeños hicimos la primera comunión y a lo más luego más tarde nos confirmamos, pero las vasijas en las que lo hemos guardado son las de cuando éramos pequeños, y nos damos cuenta que no son suficientes.

Yo aprendí el catecismo, decimos, pero luego no  nos hemos vuelto a preocupar de leer de nuevo con la madurez que nos va dando la vida el evangelio, de profundizar en él, de formarnos debidamente en nuestra fe. Y así nos va, se nos va agotando el aceite y muchas veces terminamos que se nos va apagando nuestra fe; queremos solucionarlo a última hora y corriendo, pero se necesita algo más que quizá no siempre los cristianos estamos haciendo al buscar esa formación honda que necesitamos.

Y claro, para afrontar todos esos problemas que ahora la vida nos va presentando no nos encontramos preparados, y flaqueamos, y no sabemos cómo actuar ni cuáles valores cultivar de verdad, y nos encontramos desorientados en la vida, y no sabemos dar una respuesta con el verdadero sentido de Cristo. Cuidemos que no nos falte el aceite.

martes, 9 de agosto de 2022

La superficialidad con que muchas veces vivimos nos hace quedarnos sin aceite, nos hace quedarnos, lo que es peor, sin una luz que dé un sentido a nuestra existencia

 


La superficialidad con que muchas veces vivimos nos hace quedarnos sin aceite, nos hace quedarnos, lo que es peor, sin una luz que dé un sentido a nuestra existencia

Oseas 2, 16b. 17de. 21-22; Sal 44; Mateo 25,1-13

Según sean nuestros intereses o las prioridades que nos hayamos propuesto serán nuestras prisas o será la forma como nos preparemos para algo que nos anuncian o que podamos estar esperando. Es un familiar que por distintas razones tuvo que emigrar al extranjero y ahora nos anuncia la llegada, y según quizás la relación o el contacto que con él hayamos mantenido ahora nos alegraremos de su llegada y tendremos todo preparado o iremos dejándolo para ultima hora, pensando que ya habrá tiempo para preparar lo que fuera necesario.

Eso de dejar las cosas para ultima hora – ya tendré tiempo, nos decimos, que eso es pan comido - es algo en lo que muchas veces somos ‘especialistas’ – quizá para un trabajo o un proyecto que tenemos que presentar – y luego vienen los apuros de última hora, las carreras y las cosas que no salen. Con qué facilidad dejamos las cosas para última hora.

Esto algunas veces nos puede parecer cosa sin mayor importancia, pero puede ser una muestra del interés que pongamos en cosas que son fundamentales para la vida; nos puede mostrar nuestras actitudes, o las búsquedas o preguntas que hasta nos podamos hacer sobre el sentido de la vida; puede manifestar una cierta superficialidad cuando simplemente nos vamos preocupando por las cosas que en cada momento nos salen al paso, y nos olvidamos de darle un sentido hondo a nuestra vida.

Hoy Jesús nos propone una parábola, precisamente a partir de lo que eran las costumbres de la época. Se trataba de una boda y de la costumbre de que las amigas de la novia salieran al encuentro del novio de su amiga con lámparas encendidas para no solo iluminar el camino sino también luego la sala de la boda; esas cosas hoy no las entendemos tan fácilmente porque estamos acostumbrados a que nuestros caminos o nuestras calles estén iluminadas y tenemos la energía que ilumina nuestros hogares. Pero tratemos de ponernos en sus circunstancias para darnos cuenta de que algo que parecía tan sencillo como tener aceite suficiente para mantener encendidas las lámparas, en este caso falló en algunas de aquellas doncellas y por la tardanza del novio ni lo pudieron recibir con sus lámparas encendidas ni participar luego en la sala del banquete.

‘Dadnos un poco de vuestro aceite que se nos apagan las lámparas’, suplicaban aquellas muchachas insensatas que no fueron lo suficientemente previsoras; pensaban que si fallaba pronto podrían encontrar aceite que supliera la carencia. ¿Pero no será eso lo que nos puede pasar en la vida cuando nos damos cuenta de que nos sentimos vacíos por dentro y sabemos responder a los retos que la misma vida nos va presentando?

Podemos llamarlo esa preparación humana de la que todos hemos de preocuparnos para ir madurando en la vida, podemos llamarlo el haber construido la vida sobre unos valores permanentes que nos den consistencia a lo que hacemos y vivimos y nos den fortaleza para los momentos difíciles, podemos llamarlo un sentido de la vida que dé profundidad a nuestro ser para saber qué es lo que buscamos, cual es el sentido de la vida, donde está la meta hacia la que caminamos, podemos llamarlo sentido de trascendencia o espiritualidad que nos haga pensar en metas altas, que nos abra a Dios.

La superficialidad con que muchas veces vivimos nos hace quedarnos sin aceite, nos hace quedarnos, lo que es peor, sin una luz que dé un sentido a nuestra existencia. Y nos pasa en el camino de nuestra fe, que no cuidamos, que no alimentamos, que nos parece que con el aceite que recibimos en una catequesis en la infancia ya nos es suficiente. Así vivimos superficialmente nuestra fe y nuestra relacion con Dios, nos enfriamos, nos distanciamos de todo, se nos va apagando esa fe cuando nos encontramos un mundo muchas veces adverso precisamente a esas manifestaciones religiosas y cristianas.

No es cuestión solo de prepararnos para un día, o prepararnos, como muchas veces, pensamos para el último día, para la última hora; esa preparación ha de ser lo que cada momento con profundidad vivamos; seremos en el último día, lo que en el ahora estamos siendo. Dejemos que el evangelio nos interrogue, nos cuestione por dentro, nos haga hacernos preguntas, busquemos el camino de reencontrarnos con esa fe, de llenar de nuevo las alcuzas de nuestra vida de esa fe auténtica que nos haga mantener encendida la luz de nuestra vida.

¿Qué prioridad le damos en la vida a nuestra fe?

viernes, 27 de agosto de 2021

Busquemos ese sentido nuevo nos está pidiendo Jesús que hemos de darle a nuestra vida para vivirla en profundidad pero también con ansias y deseos de vida eterna

 


Busquemos ese sentido nuevo nos está pidiendo Jesús que hemos de darle a nuestra vida para vivirla en profundidad pero también con ansias y deseos de vida eterna

1Tesalonicenses 4, 1-8; Sal 96;  Mateo 25, 1-13

Los ritmos de trabajo de la vida muchas veces se vuelven vertiginosos y nos vemos tan absorbidos por el día a día de la vida, de las responsabilidades, de los trabajos que parece que si no viviéramos sino para trabajar; terminamos porque no disfrutamos del trabajo y de lo que hacemos, pero es que no disfrutamos de la vida.

Eso nos hace olvidar también en muchas ocasiones de darle como más profundidad a la vida, de poner metas e ideales que nos eleven, y aunque no dejamos de cumplir con nuestras responsabilidades hay el peligro de que al final nos sintamos vacíos, porque nos falta algo que le de sabor a lo que hacemos y a lo que vivimos. Parece incluso que hayamos perdido la alegría de la vida absorbidos por lo que vamos haciendo cuando nos olvidamos de lo principal.

Olvidamos detalles en nuestras relaciones con los demás que nos hagan más humanos, pero olvidamos detalles que nos den sentido y profundidad a nuestro ser. A veces nos parece que los engranajes de nuestra vida no funcionan con la suavidad que tendrían que funcionar y parece como que chirrían. ¿Faltará un aceite que facilite ese rodar de la vida con un sentido nuevo? No es cuestión solamente de estar, de pasar los días o de realizar unos trabajos, necesitamos algo más. Necesitamos algo que nos ilumine por dentro y también nos haga ver todo con un nuevo color. Pudiera ser que al final nos sintiéramos como cansados de la vida misma porque no la hemos sabido saborear en profundidad.

Necesitamos tener aceite suficiente en nuestra alcuza, en el depósito de nuestro corazón para que esa luz se mantenga siempre encendida. Hoy Jesús en el evangelio nos propone una parábola que habremos reflexionado muchas veces. El hecho de que la hayamos escuchado muchas veces no tendrá que impedirnos que en verdad la escuchemos con la novedad de la buena noticia que se nos quiere trasmitir.

Conocemos la parábola, una doncellas que según las costumbres de la época salen al recibir al esposo de la amiga que viene para la boda; dadas las circunstancias han de llevar lámparas encendidas para iluminar primero el camino y luego la sala de la boda; la tardanza del novio hizo que se quedaran adormecidas o que por otra parte se consumiera el aceite de las lámparas que cuando había que avivarlas ya no tenían el aceite necesario. Necesitaban un nuevo aceite que había que ir con prisas a buscarlo, pero ahora fueron algunas de aquellas doncellas las que llegaron tarde cuando la puerta estaba cerrada. Ya no pudieron disfrutar de la fiesta de la boda porque se quedaron fuera.

Nos quedamos fuera de la fiesta de la vida, como decíamos antes, quizás demasiado absorbidos por las mismas tareas que nos ocupan. Lo que nos sucede tantas veces cuando no le damos importancia a lo que verdaderamente tiene importancia, cuando descuidamos ese aceite y esa luz que dé color y sabor a lo que vivimos, cuando nos hemos olvidado de esos detalles que nos den mayor humanidad a nuestras relaciones, cuando aunque muy atareados vivimos muy superficialmente pensando solo en lo material o en las ganancias que podamos obtener, cuando pensando tanto en la vida presente nos hemos olvidado de darle trascendencia a lo que hacemos o cuando absorbidos por lo material hemos olvidado el sentido espiritual de nuestra vida, cuando quizá vivimos sí unas prácticas religiosas destinadas al cumplir por cumplir pero no le hemos dado profundidad a nuestra fe y a nuestra relación con Dios.

¿Cuál es el aceite que tendríamos que buscar? ¿Qué sentido nuevo nos está pidiendo Jesús que hemos de darle a nuestra vida para vivirla en profundidad pero también con ansias y deseos de vida eterna? cultivemos y profundicemos en nuestra fe.

viernes, 30 de agosto de 2019

Cuidemos que no nos falte el aceite suficiente para mantener encendida la lámpara de la fe para que sea viva y podamos ser luz en medio del mundo



Cuidemos que no nos falte el aceite suficiente para mantener encendida la lámpara de la fe para que sea viva y podamos ser luz en medio del mundo

1Tesalonicenses 4, 1-8; Sal 96;  Mateo 25, 1-13
Con esto es suficiente, pensábamos, y si acaso luego buscamos más. Pero nos cogió el toro, como se suele decir. No fue suficiente y luego no hubo manera de conseguir más. Son nuestras imprevisiones, muchas veces nacidas de la desgana, del poco entusiasmo, de hacer las cosas simplemente como si fuera una obligación pero sin poner ganas, entusiasmo, alegría que aquello que hacemos.
Hay personas que van así por la vida, arrastrándose. Han perdido la ilusión, no tienen ganas de esforzarse para nada, con poca cosa se contentan, van a lo mínimo y así le vas en la vida. Parece que son felices así, que no necesitan tanto esfuerzo como aquellos que nos tomamos las cosas en serio y ponemos ganas y trabajamos lo que sea necesario para conseguirlo. Pero a la larga no son felices, lo pasaron bien (¿?) en algún momento porque no se esforzaron tanto, pero sus metas eran raquíticas y no lograron algo que les diera mas plenitud a sus vidas.
Esforzarnos y perseveran es algo que cuesta; ser previsores de futuro para las contingencias que pudieran surgir no siempre lo tenemos en cuenta; y no es que tengamos que ir acaparando con agobios como si nos fuéramos a quedar sin nada, pero sí es necesario preparar bien las cosas, porque eso forma parte de nuestra responsabilidad en la vida.
No podemos estar a lo que salta, a lo que venga en cualquier momento y nos coja de improviso. Hay tomarse en serio la misión que tenemos en la vida y por eso es necesario prepararse y desde muy pronto. Es una lástima que tantos jóvenes se tomen la vida alegremente en su juventud y no se preparen en serio para el futuro de su vida.
Son pensamientos que me surgen, un poco desordenados quizás, ante la parábola que se nos ofrece hoy en el evangelio. Ya sabemos de aquellas jóvenes que salían a recibir al esposo que llegaba para la boda, pero que tenían que ir con lámparas encendidas para alumbrar el camino en principio pero también para iluminar la sala de las bodas. El esposo tardó en llegar, y no había suficiente aceite para mantener las lámparas encendidas. Ya conocemos el desarrollo de la parábola y como las que no tuvieron aceite suficiente mientras a última hora fueron a comprar más, se cerró la puerta de la boda y no pudieron entrar.
Ya de alguna manera hemos hecho una lectura del mensaje del texto aplicándolo a la vida, en esas cosas que nos suceden cada día, o en estas posturas o actitudes que tomamos ante nuestras responsabilidades. Muchas situaciones de la vida tendríamos que ver reflejadas ahí para sacar nuestras propias conclusiones; revisión de la forma como nos tomamos la vida, como asumimos hasta el fondo nuestras responsabilidades, como vamos teniendo esas previsiones que necesitamos en el día a día.
Algo que podemos aplicar al camino de nuestra fe, de nuestra formación cristiana, de nuestros compromisos ante el mundo desde esa vivencia de nuestra fe. En nuestras manos, podemos decir, tenemos esa luz de nuestra fe, pero que tenemos que cuidar, que tenemos que preservar que no se apague, que tenemos que alimentar. No nos podemos contentar en decir que tenemos fe, que estamos bautizados y algunas veces realicemos algún acto religioso.
La vivencia de la fe tiene que llevarnos a algo más; primero a profundizar en esa fe, a tener un verdadero conocimiento y formación de esa fe que tenemos, que hemos recibido. Poco nos preocupamos de la formación y maduración de esa fe; nos contentamos con lo que de niño nos trasmitieron, pero luego no lo hemos madurado en la vida en la medida en que hemos ido madurando humanamente. Hay que alimentar esa fe, conociéndola, formándonos, escuchando con atención desde lo hondo del corazón, participando en todo aquello que se nos pueda ofrecer para profundizar en esa fe y hacerla más viva.
Tenemos posibilidad de cada día leer el evangelio, leer la Biblia; como igualmente se nos ofrece por parte de la Iglesia en que participemos en grupos cristianos que nos ayudan a madurar en esa fe. Pero muchas veces somos reacios a participar porque nos creemos que ya nos lo sabemos todo y qué nos van a decir o qué nos van a enseñar.
Se nos apagan las lámparas, no tenemos el aceite suficiente, y vemos como se va debilitando la fe en tantos y nos puede suceder a nosotros también. Cuidemos que no nos falte el aceite suficiente para mantener encendida esa lámpara.

viernes, 9 de agosto de 2019

Que no se nos apague nunca esa Luz, ni nos falte el aceite para mantenerla encendida, para iluminar siempre a los demás y a nuestro mundo sin dejarlo al azar ni para última hora


Que no se nos apague nunca esa Luz, ni nos falte el aceite para mantenerla encendida, para iluminar siempre a los demás y a nuestro mundo sin dejarlo al azar ni para última hora

Oseas 2, 16b. 17b. 21-22; Sal 44; Mateo 25,1-13
Nos sucede en ocasiones. Tenemos que realizar algo en un tiempo determinado, pero nos confiamos y lo vamos dejando para después porque sabemos que podemos hacerlo y nos llega el último momento y vienen los agobios para terminarlo y muchas veces ya no lo realizamos como a nosotros nos hubiera gustado porque se nos fue el tiempo. Hay personas que son especialistas en dejarlo todo para última hora confiándose demasiado y luego viviendo con agobios y prisas. Lo malo es que al final nos tengamos que presentar con las manos vacías o que no lo realicemos con la perfección que se nos pide. Responsabilidad, prontitud, previsión, buena organización de nuestras tareas, seriedad con la que nos tomamos las cosas es algo importante a tener en cuenta y que van a marcar nuestra madurez humana.
Algo que hemos de saber aplicar a las diferentes facetas de la vida, desde las responsabilidades en nuestros trabajos o en la propia familia, como en lo más personal de nosotros mismos que nos ayuda a realizarnos más y mejor como personas y tenemos que decir también en el ámbito de nuestra fe. Es la tarea de la vida con el sentido de trascendencia que hemos de darle a cuanto hacemos, que no solo nos repercute en lo que cada momento vivamos sino que va más allá de nosotros mismos en lo que podemos trascender en los demás por lo bueno que les podamos trasmitir, pero también en el sentido de trascendencia de eternidad que vivimos desde nuestra fe.
Ahí está todo ese camino de superación que hemos de ir realizando siempre en nuestra vida, ese camino de crecimiento en lo humano pero también en lo espiritual para darle cada día una mayor profundidad a nuestro ser. Ahí está ese lucha diaria en la que intentamos ser mejores, corregir nuestros errores, fortalecernos frente a las debilidades que hay en nosotros y también, ¿por qué no?, pedir perdón a Dios por lo que hayamos hecho en contra de su voluntad. Un aspecto que olvidamos, que dejamos de lado o para el último momento tantas veces, pero el final puede ser inesperado y siempre hemos de estar preparados. ¿Cómo nos vamos a presentar ante Dios? ¿Con las manos vacías? ¿Con las manos manchadas por nuestro pecado?
Todas estas cosas – y en muchas más podríamos profundizar – me sugiere y comparto con ustedes en esta semilla de cada día desde la parábola que hoy se nos presenta en el evangelio y que seguramente muchas veces hemos escuchado, rumiado en nuestro interior y también querido llevar a nuestra vida. La parábola de las jóvenes que esperaban la llegada del novio para la boda.
Esperaban con lámparas encendidas en sus manos, según las costumbres de la época en la que no solo se alumbraba así el camino, sino que además aquellas luces habían de servir para iluminar la sala del convite de bodas. Pero no todas tuvieron suficiente aceite para mantener encendidas las lámparas, más cuando el esposo tardo en su llegada, y así algunas se encontraron que sus lámparas se apagaban y ni podían alumbrar el camino ni tampoco iluminar la sala del banquete. Fueron a buscar aceite a última hora y la puerta se cerró sin posibilidad de entrar al banquete de bodas.
Creo que la aplicación de la parábola a la vida es bien sencilla, pero que también nos ayudará a encontrar esa profundidad para nuestra vida. No podemos dejar las cosas al azar ni para última hora. Como decíamos antes en todas las facetas de la vida; como podemos pensar también en todo lo que afecta y atañe a nuestra relación con Dios y a lo que ha de ser nuestra respuesta de vida cristiana. Es el cuidado de nuestra fe y de nuestra vida espiritual; es la profundidad que hemos de saber darle a la vida desde los valores del Evangelio; es el camino de nuestra vida cristiana como respuesta de amor al amor que Dios nos tiene; es el compromiso que desde esa fe vivimos también en el seno de nuestra comunidad cristiana a la que tenemos que enriquecer con nuestra vida, pero que si vamos con las manos vacías poco podemos hacer.
Que no se nos apague nunca esa luz, que no nos falte el aceite para mantenerla encendida, que podamos siempre iluminar a los demás y a nuestro mundo. No lo dejemos al azar ni para la última hora, sino vivámoslo cada día con intensidad.

martes, 23 de octubre de 2018

No olvidemos que es responsabilidad nuestra poner nuestro granito de arena para mejorar nuestro mundo


No olvidemos que es responsabilidad nuestra poner nuestro granito de arena para mejorar nuestro mundo

Efesios 2,12-22; Sal 84; Lucas 12,35-38

Cuando a una persona se le confía una responsabilidad lo menos que se le puede pedir es que esté atenta a lo que es el desempeño de ese cargo o esa función que se le ha confiado y no abandone su puesto de trabajo mientras desempeñe sus responsabilidades. Es algo que siempre hemos de tener en cuenta y en el desempeño de su responsabilidad podemos admirar la calidad de su persona.
Decimos que hacemos argollas – es una expresión que al menos en otros tiempos se usaba – cuando en el desempeño de su función en lugar de ocuparse de lo que es su responsabilidad, se dedica a hacer otras cosas o que le entretengan o que tenga que ver con sus otros intereses particulares. Bien nos quejamos, por ejemplo, cuando vamos a una oficina o donde tengan que atender nuestros problemas o necesidades cuando vemos que el funcionario en lugar de atender a quien le requiere está en otras distracciones o simplemente charlando y pasándoselo bien con sus compañeros.
Nuestro mundo y nuestra sociedad la podemos mejorar y hacer avanzar si cada uno desempeña fielmente su responsabilidad allí en el lugar que ocupa. Ya nos quejamos y de alguna manera denunciamos cuando quienes tienen que prestar un servicio público a la sociedad, lo que hacen es querer medrar o buscar ganancias para sus intereses desatendiendo lo que es el bien de las personas de la comunidad.
Hoy Jesús quiere hablarnos de esto y llamarnos la atención. Emplea imágenes quizás de servidumbre propias de otra época, pero la imagen bien nos vale para esa llamada de atención del cuidado con que hemos de desempeñar nuestras responsabilidades. Y creo que quienes creemos en Jesús y queremos seguirle tenemos que ser ejemplo de responsabilidad en cada una de nuestras obligaciones, pero también de responsabilidad ante ese mundo, esa sociedad en la que vivimos.
Los cristianos no podemos cruzarnos de brazos para observar insensibles cuanto sucede a nuestro alrededor. El cristiano es un hombre de compromiso, que arranca desde el cumplimiento fiel de sus propias responsabilidades en todos los ámbitos de la vida. Pero el atender a nuestras responsabilidades personales no significa que nos aislemos de cuanto sucede a nuestro alrededor.
Hoy nos habla Jesús de esa atención y vigilancia ante la llegada del Hijo del Hombre. Quizá muchas veces reduzcamos esa venida al momento final de la historia, ya sea nuestra propia muerte o el fin de la historia y del mundo. Por supuesto que hemos de estar preparados para esa venida gloria del Señor, pero el Señor está viniendo cada día a nosotros en esas personas con las que nos cruzamos con sus problemas y sus necesidades, pero que nosotros tan absortos en lo nuestro no tenemos la sensibilidad para verlos en su justa realidad; el Señor viene en esos acontecimientos que acaecen cerca de nosotros o en un nivel más amplio mirando toda nuestra sociedad. A través de esas personas, a través de esos acontecimientos el Señor nos habla, el Señor viene a nosotros, pero tenemos los ojos y los oídos cerrados y ni vemos ni escuchamos.
Eso forma parte de nuestra responsabilidad ante la vida, ante nosotros mismos, ante Dios. Y con lo que hayamos hecho en todos esos ámbitos nos vamos a presentar delante del Señor. ¿Qué vamos a llevar en nuestras manos? ¿Llevaremos las manos vacías y nos contentaremos con decir es que estábamos en nuestras cosas y no nos dimos cuenta de lo que de verdad pasaba a nuestro alrededor?
Nos pide el Señor que estemos con la luz encendida, con la cintura ceñida dispuestos para el trabajo, con nuestra mirada atenta, con nuestro corazón abierto y lleno de sensibilidad. Es también nuestra tarea y nuestra responsabilidad. No nos entretengamos en otras cosas que tienen menor interés o que solo nos satisfagan a nosotros mismos. No olvidemos que tenemos la obligación de poner nuestro granito de arena.

jueves, 9 de agosto de 2018

Busquemos el aceite que nos haga mantener encendida esa lámpara de nuestra fe y de nuestra esperanza que producirá la más honda alegría en la fiesta de la vida



Busquemos el aceite que nos haga mantener encendida esa lámpara de nuestra fe y de nuestra esperanza que producirá la más honda alegría en la fiesta de la vida

 Oseas 2, 16b. 17b. 21-22; Sal 44; Mateo 25,1-13

¿Qué nos pasa si en medio de una fiesta que hemos preparado con mucho espero y estábamos hace tiempo deseando se nos va de repente la luz? Parece que todo se nos ha chafado, que la fiesta se nos va de las manos, que pronto aparecerá el descontento general de los asistentes por falta de previsiones, y estaremos buscando como locos una rápida solución. Todo el gozo en un pozo, como solemos decir.
Nos podemos estar refiriendo a las fiestas de nuestros pueblos que año tras año estamos ansiosos esperando, pero nos puede suceder en una fiesta familiar donde nos hemos reunido parientes, amigos y vecinos porque aquel era un especial cumpleaños o por algún determinado acontecimiento que queremos resaltar y celebrar.
Pero ¿y en la fiesta de la vida? alguno podría decir que la vida tiene poco de fiesta porque pesimistas muchas veces nos fijamos más en los problemas o las cosas luctuosas que nos puedan ir sucediendo y al final nos puede ir faltando esa alegría de fiesta que tendríamos que poner siempre en nuestro corazón.
Tendríamos que darle otro sentido de alegría a nuestro vivir. Empezando por saber reconocer las cosas buenas y positivas que podemos ir viviendo en cada momento, pero es que además tendríamos que saber sentir en cada ocasión el gozo del vivir, que es el gozo del encuentro y de la convivencia, que es el gozo de la ilusión que ponemos en nuestros proyectos llenos de esperanza.
No podemos ir por la vida con caras fúnebres que expresan en cierto modo lo sombrío que llevamos nuestros corazones, no podemos dejarnos atenazar por las sombras del pesimismo, hemos de saber poner ilusión en el vivir de cada día desde el momento que nos levantamos por la mañana poniendo ganas y empeño en ir viviendo con alegría cada momento de nuestra vida. Los problemas y contratiempos son retos que nos aparecen en la vida pero que podremos superar si sabemos poner ilusión y esperanza en lo que vamos creando con nuestra vida. La vida vivida con positividad nos hace más felices a nosotros y a los que nos rodean.
Si comenzamos los primeros peldaños del día con pesimismo y llenos de sombras, a oscuras vamos a permanecer todo el día, pero lo malo que es llevaremos esa oscuridad a los que están a nuestro lado. Y hay personas que son especialistas en eso. No podemos permitir que se nos apague la luz de nuestra alegría, la ilusión por vivir, la esperanza de lo nuevo que queremos construir. Con sombras sobre nosotros no seremos capaces de ver bien los cimientos ni los entresijos de lo que vamos construyendo.
Pero lo triste es que muchas veces nos falta esa luz, se nos apaga esa luz, no la supimos alimentar adecuadamente. Dejamos grietas en el alma sin cerrar por donde se nos derramó el combustible que necesitamos para mantener encendida esa luz. No supimos o no quisimos curar esas heridas del alma porque en nuestro orgullo quizá nos creíamos muy autosuficientes. Nuestro orgullo o nuestro amor propio no nos permitió darnos cuenta de que nuestra barca podía estar haciendo aguas, porque nos guardábamos dentro de nosotros aquellas cosas que un día recibimos de alguien y nos podían hacer daño, y no fuimos capaces de restañar esas heridas con la humildad y el perdón, poniendo ternura en nuestro corazón que fuera bálsamo que nos curara, nos hiciera mantenernos en una órbita de comprensión y de amor.
Mucho podríamos seguir reflexionando por ahí, pero puede bastarnos esto para ponernos en alerta, para estar mas vigilantes, para buscar de verdad ese combustible de la gracia de Dios que alimentara nuestra vida y nos hiciera mantener encendida esa lámpara de la alegría frente a los embates que pudiéramos recibir por todos lados. En una reflexión serena muchas mas cosas podríamos descubrir.
Hoy el evangelio nos habla de la parábola de las doncellas que con lámparas encendidas tenían que salir al encuentro del esposo para entrar en la fiesta del banquete de bodas. No todas pudieron entrar, porque sus lámparas se apagaron, les faltó el aceite para mantenerlas encendidas. Lo hemos reflexionado muchas veces. Busquemos el aceite que nos haga mantener encendida esa lámpara de nuestra fe y de nuestra esperanza que producirá la más honda alegría en la fiesta de la vida.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Una lámpara encendida con la que hemos de ir al encuentro de todo el que nos encontremos en el camino de la vida o de ese mundo envuelto en tantas oscuridades para iluminarlo


Una lámpara encendida con la que hemos de ir al encuentro de todo el que nos encontremos en el camino de la vida o de ese mundo envuelto en tantas oscuridades para iluminarlo

Sabiduría 6, 12-16; Sal 62; 1Tesalonicenses 4, 13-17; Mateo 25, 1-13

Una salida al encuentro de quien se acerca por el camino, alguien que viene y a quien se espera aunque no se sabe cuando ni lo que puede tardar ni como va a llegar hasta nosotros y cómo lo podremos reconocer, unos caminos que serían tenebrosos sin una luz que los ilumine, unas lámparas que hay que mantener encendidas, unas doncellas que se duermen en la espera por la tardanza, la sabiduría de quien supo tener suficiente aceite para mantener encendidas las lámparas y la necedad de los que no son previsores y se quedan con las lámparas apagadas y si poder participar en la fiesta del encuentro. Muchas imágenes que se suceden una tras otra y que nos hablan, que nos llaman, que nos invitan a estar despiertos y con esperanza, que nos traen un hermoso mensaje.
La parábola que nos propone Jesús descrita con escuetas palabras pero con multitud de detalles enriquecedores parte de lo que es la costumbre de la época y nos habla de las amigas de la novia que han de salir con lámparas encendidas a la espera del novio, lámparas que luego van a servir para iluminar la sala del banquete. Hay contratiempos con la tardanza en la llegada del novio y la falta de aceite suficiente para mantener encendidas las lámparas; una lámpara sin aceite que la alimente de nada nos serviría.
Y Jesús nos está hablando del Reino de los cielos. Y Jesús nos está hablando de una salida a la espera y al encuentro porque siempre en la vida vamos a ir encontrándonos no solo con los que se cruzan en nuestros caminos sino en aquellos que vienen a nosotros o esperan algo de nosotros. Eso significa que sabemos que podemos tener ese encuentro aunque no sepamos cuando ni donde y que no solo hemos de esperar sino también además de dejarnos encontrar también ser capaces de ir nosotros en salida al encuentro de quien viene.
Y no nos podemos dormir, no podemos pensar que ya llegará y cuando llegue nosotros estamos ahí, si estamos dormidos; pero es que nuestra misión es iluminar, no podemos ser lámparas opacas, ocultas debajo de la cama sino que han de estar bien altas para que con su luz podamos ayudar a los que también van por esos oscuros caminos de la vida; pero es necesario para que no dejemos apagar esas lámparas, tener suficiente combustible para que siempre estén encendidas porque muchas son las oscuridades que nos pueden envolver a nosotros o pueden envolver a ese mundo en el que estamos y donde tenemos una misión.
Creo que podemos ir entendiendo, podemos irnos dando cuenta de esa realidad de la vida donde tenemos que ser luz; toda persona debe ser luz para los demás. Todos tenemos el compromiso de hacer de ese mundo en el que vivimos y que se ve envuelto en tantos problemas un mundo mejor. Es con cosas positivas con las que tenemos que iluminar, construir nuestra vida y nuestra sociedad. Las negatividades nos oscurecen y llenan de tinieblas como cuando dejamos meter el odio, la insolidaridad, la falsedad y la mentira, las rivalidades y enfrentamientos, los orgullos que nos aíslan y que ponen distancias entre unos y otros y así tantas otras cosas negativas.
Todo ser humano está llamado a construir de forma positiva ese mundo en el que vivimos. Y todo eso positivo tenemos que llevarlo en nuestra persona, en nuestra manera de vivir y en el sentido que le damos a las cosas, en la mirada limpia con que queremos caminar al encuentro de los demás, en nuestras actitudes y posturas y en todo lo que vamos haciendo por la vida. Es la luz que tenemos que mantener encendida.
Estamos comentando que la parábola puede hablarle a todo ser humano que se quiere tomar en serio su vida y su presencia en el mundo y que cuida unos valores positivos con los que puede enriquecer la vida de los demás y mejorar nuestra sociedad. Pero Jesús con la parábola nos está queriendo decir algo más porque nos hace la comparación con lo que ha de ser el Reino de Dios.
De ahí que podemos pensar en mucho más, aunque todo lo que hemos venido reflexionando es hermoso. Y aquí tenemos que pensar cual es la luz que los que seguimos a Jesús llevamos con nuestras vidas. La luz de nuestra fe, la luz de nuestro amor, la luz que nos hace tener una mirada nueva y distinta hacia todo aquel que nos encontramos en el camino que ya para siempre será un hermano, la luz de nuestro compromiso y nuestra lucha por el bien, por la justicia, por la paz para hacer un mundo mejor y más justo que sea imagen del Reino de Dios, la luz de la Buena Noticia de Jesús.
Una luz que no se nos puede apagar; una tarea en la que no podemos adormecernos; una espera que ya no podrá ser pasiva sino que nos hace salir al encuentro del otro, al encuentro de tantos que se pueden encontrar a oscuras en este mundo en su pobreza, en sus sufrimientos, en su soledad, en las injusticias que padecen, en la paz que les falta en su corazón. Es un mundo atormentado en sus múltiples tinieblas al que tenemos que llevar nuestra luz.
Porque el Señor viene a nuestro encuentro en esos hermanos que sufren, hambrientos, sedientos, abandonados o perseguidos, aislados o marginados, enfermos en sus cuerpos lacerados por la enfermedad o en sus espíritus a los que les falta la paz. Y es que Jesús nos está diciendo que todo lo que hacemos a esos hermanos a El se lo hacemos, que cada vez que nos encontramos con un hermano con El nos estamos encontrando.
Que no nos falta esa luz en nuestra vida; que sepamos alimentarla en nuestro encuentro con el Señor en la oración, en la escucha de su Palabra o de rodillas al pie del sagrario. El alimenta la lámpara de nuestra luz, porque El es la luz que tenemos que llevar.