Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta cintura ceñida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cintura ceñida. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de octubre de 2018

No olvidemos que es responsabilidad nuestra poner nuestro granito de arena para mejorar nuestro mundo


No olvidemos que es responsabilidad nuestra poner nuestro granito de arena para mejorar nuestro mundo

Efesios 2,12-22; Sal 84; Lucas 12,35-38

Cuando a una persona se le confía una responsabilidad lo menos que se le puede pedir es que esté atenta a lo que es el desempeño de ese cargo o esa función que se le ha confiado y no abandone su puesto de trabajo mientras desempeñe sus responsabilidades. Es algo que siempre hemos de tener en cuenta y en el desempeño de su responsabilidad podemos admirar la calidad de su persona.
Decimos que hacemos argollas – es una expresión que al menos en otros tiempos se usaba – cuando en el desempeño de su función en lugar de ocuparse de lo que es su responsabilidad, se dedica a hacer otras cosas o que le entretengan o que tenga que ver con sus otros intereses particulares. Bien nos quejamos, por ejemplo, cuando vamos a una oficina o donde tengan que atender nuestros problemas o necesidades cuando vemos que el funcionario en lugar de atender a quien le requiere está en otras distracciones o simplemente charlando y pasándoselo bien con sus compañeros.
Nuestro mundo y nuestra sociedad la podemos mejorar y hacer avanzar si cada uno desempeña fielmente su responsabilidad allí en el lugar que ocupa. Ya nos quejamos y de alguna manera denunciamos cuando quienes tienen que prestar un servicio público a la sociedad, lo que hacen es querer medrar o buscar ganancias para sus intereses desatendiendo lo que es el bien de las personas de la comunidad.
Hoy Jesús quiere hablarnos de esto y llamarnos la atención. Emplea imágenes quizás de servidumbre propias de otra época, pero la imagen bien nos vale para esa llamada de atención del cuidado con que hemos de desempeñar nuestras responsabilidades. Y creo que quienes creemos en Jesús y queremos seguirle tenemos que ser ejemplo de responsabilidad en cada una de nuestras obligaciones, pero también de responsabilidad ante ese mundo, esa sociedad en la que vivimos.
Los cristianos no podemos cruzarnos de brazos para observar insensibles cuanto sucede a nuestro alrededor. El cristiano es un hombre de compromiso, que arranca desde el cumplimiento fiel de sus propias responsabilidades en todos los ámbitos de la vida. Pero el atender a nuestras responsabilidades personales no significa que nos aislemos de cuanto sucede a nuestro alrededor.
Hoy nos habla Jesús de esa atención y vigilancia ante la llegada del Hijo del Hombre. Quizá muchas veces reduzcamos esa venida al momento final de la historia, ya sea nuestra propia muerte o el fin de la historia y del mundo. Por supuesto que hemos de estar preparados para esa venida gloria del Señor, pero el Señor está viniendo cada día a nosotros en esas personas con las que nos cruzamos con sus problemas y sus necesidades, pero que nosotros tan absortos en lo nuestro no tenemos la sensibilidad para verlos en su justa realidad; el Señor viene en esos acontecimientos que acaecen cerca de nosotros o en un nivel más amplio mirando toda nuestra sociedad. A través de esas personas, a través de esos acontecimientos el Señor nos habla, el Señor viene a nosotros, pero tenemos los ojos y los oídos cerrados y ni vemos ni escuchamos.
Eso forma parte de nuestra responsabilidad ante la vida, ante nosotros mismos, ante Dios. Y con lo que hayamos hecho en todos esos ámbitos nos vamos a presentar delante del Señor. ¿Qué vamos a llevar en nuestras manos? ¿Llevaremos las manos vacías y nos contentaremos con decir es que estábamos en nuestras cosas y no nos dimos cuenta de lo que de verdad pasaba a nuestro alrededor?
Nos pide el Señor que estemos con la luz encendida, con la cintura ceñida dispuestos para el trabajo, con nuestra mirada atenta, con nuestro corazón abierto y lleno de sensibilidad. Es también nuestra tarea y nuestra responsabilidad. No nos entretengamos en otras cosas que tienen menor interés o que solo nos satisfagan a nosotros mismos. No olvidemos que tenemos la obligación de poner nuestro granito de arena.

martes, 24 de octubre de 2017

Atención y vigilancia responsable para nuestro crecimiento humano y espiritual, para esa espiritualidad que ha de llenar de sentido todo lo que hacemos y vivimos

Atención y vigilancia responsable  para nuestro crecimiento humano y espiritual, para esa espiritualidad que ha de llenar de sentido todo lo que hacemos y vivimos

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21; Sal 39; Lucas 12, 35-38

‘A lo loco, a lo loco… a lo loco se vive mejor’ no sé si recordarán los que peinan canas ya como yo canciones como una letra así que circulaban en nuestros tiempos mozos. Estaba bien en medio de la alegría de la fiesta y de la diversión, sin embargo no lo podemos considerar una buena filosofía de la vida. Hacemos en un momento determinado locuras y parece que nos va bien, pero nos damos cuenta que la vida no nos la podemos tomar de esa manera. Es necesario una responsabilidad, una advertencia y vigilancia para que lo que hagamos sea siempre con un sentido y un valor.
Sí, en nuestra madurez humana, hemos de estar atentos y vigilantes ante lo que sucede, los que nos va apareciendo en la vida, los sentimientos o las cosas que nos puedan ir surgiendo en nuestro interior, lo que podamos ver en los demás. Es la prevención, si queremos, ante la validez ética de lo que hacemos, pero es también para que vayamos aprendiendo de la vida. el rumiar aquello que nos sucede, la reflexión sobre lo que vamos viendo o lo que nos sucede nos hace más maduros, nos hace profundizar y encontrar un sentido, nos hace también aprender una lección para nuestro caminar.
Aprendemos de lo que oímos cuando lo reflexionamos y asumimos en nuestro interior, pero vamos aprendiendo también de los golpes de la vida, porque en nuestra reflexión nos hace sacar consecuencias, darnos cuenta a donde nos pueden llevar los derroteros que vamos tomando y así nos harán enderezar caminos. Qué importante que seamos reflexivos en la vida, vayamos rumiando bien lo que vemos, lo que aprendemos, lo que nos sucede. Es una forma de crecer y madurar.
Es lo que nos recuerda Jesús hoy en el evangelio además con la trascendencia que desde la fe encontramos para nuestra vida. No es solamente estar atentos o prepararnos para el momento final, sino es el estar atentos en todas las circunstancias de la vida. Desde la fe hemos de saber descubrir la presencia del Señor y eso no lo podemos hacer de cualquier manera. Es cierto que es el Señor el que se nos manifiesta y es una gracia suya, pero a esa gracia hemos de responder y respondemos con esa atención para descubrirle y para descubrir lo que en todo momento nos va pidiendo.
‘Tened la cintura ceñida y encendidas las lámparas…’ nos dice. Es la actitud vigilante del administrador o del que tiene que cuidar de la casa. Administradores somos de esos bienes que Dios ha puesto en nuestras manos, empezando por la vida misma. Es la responsabilidad de nuestra propia existencia a la que hemos de llenar de valor y de sentido.
Es la luz encendida de nuestra vigilancia, pero es la luz encendida de nuestra fe, una fe que tenemos también que alimentar y que solo en Dios, en su unión con El, podremos purificarla y hacerla grande. Cuántas consecuencias tendríamos que sacar para nuestra vida, para nuestro crecimiento humano y espiritual, para esa espiritualidad que ha de llenarnos de sentido en todo lo que hacemos y vivimos. No podrá ser, entonces, a lo loco como hemos de vivir la vida, como comenzábamos diciendo en nuestra reflexión.

martes, 22 de octubre de 2013

La cintura ceñida y las lámparas encendidas para acoger al Señor y El nos irá sirviendo 

Rom. 5, 12-15.17-21; Sal. 39; Lc. 12, 35-38
‘Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas’. Se ciñe el que está dispuesto a caminar o a servir. Se enciende la lámpara para iluminar la estancia o para alumbrar el camino que hemos de recorrer o el camino del que llega.
Hoy nuestras calles y caminos están siempre iluminados como consecuencia del mundo en el que vivimos. Pero no siempre ha sido así y nos conviene comprenderlo para entender bien el sentido de lo que Jesús nos quiere decir. Quizá nosotros los mayores vivimos otras experiencias de oscuridad o de falta de luz en nuestros caminos y senderos. Hoy mismo si falla la luz pública que ilumina nuestras calles, encendemos algún tipo de luz que saquemos de nuestras casas o pongamos a la puerta para que el que pasa o el que llegue pueda orientarse y saber el camino.
El evangelio con esas imágenes del que se ciñe o del que tiene encendida la lámpara nos está hablando de la vigilancia con que hemos de vivir nuestra vida. Claro que buscamos la luz de Cristo y no queremos que nos falle la luz de la fe. Pero hemos de estar atentos para que no se nos apague y nos quedemos en la peor de las tinieblas. Pero esa vigilancia, como comprendemos por las palabras de Jesús no es una espera pasiva, porque nos dice que nos ciñamos como el que va a partir a realizar un trabajo o el que está dispuesto a servir. Es vigilancia activa porque se ha de estar atento a que no se apague la luz, sino que se mantenga encendida.
Y nos es necesaria esa vigilancia para nosotros mismos, para que no perdamos ni el rumbo ni el sentido de nuestra vida y también para que estemos dispuestos a recibir al que llega. ‘Aquí estoy para hacer tu voluntad’, repetimos en el salmo. ¿Cuál es esa voluntad del Señor? ¿En qué se  nos va a manifestar? Hacer la voluntad del Señor es tener ceñida nuestra cintura y encendidas nuestras lámparas siempre dispuestos al amor y al servicio, siempre dispuestos a acoger al Señor que llega.
Y llega el Señor a nuestra vida y hemos de estar dispuestos a acogerle. Que no nos suceda como a las vírgenes necias que no tuvieron aceite y se les apagaron las lámparas. Es necesario que estemos atentos para acoger al Señor que llega a nuestra vida y no nos confundamos y pueda pasar de largo junto a nosotros y no lo reconozcamos.
Llega el Señor a nosotros en su Palabra y en la gracia de sus sacramentos. Pero bien sabemos que llega el Señor a nosotros en el hermano, en el prójimo que está a nuestro lado o se acerca de alguna manera a nosotros. Y Jesús está detrás del rostro de ese hermano, de ese prójimo, de ese pobre que nos tiende la mano o está esperando de nosotros una sonrisa o una palabra de ánimo. Jesús está detrás de ese rostro del hermano que sufre, o que nos puede parecer una piltrafa por la apariencia con que se nos pudiera presentar en su pobreza o en la miseria de su vida marcada por muchas llagas. Tengamos encendidas nuestras lámparas para iluminar los rostros de nuestros hermanos con nuestro amor y nuestro servicio.
‘Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela… porque están siempre dispuestos para abrirle apenas venga y llame… si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos’. Pero fijémonos en lo que nos dice el Señor, cuál es la dicha que vamos a tener. ‘Os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo’.
Si estamos vigilantes, ceñidos y dispuestos para servir, con las lámparas encendidas para reconocer al Señor sea cual sea la hora en que llegue o la apariencia con que venga a nosotros, será el Señor el que nos siente a la mesa y nos irá sirviendo. Es hermoso. Cuando estemos de verdad dispuestos a servir, será el Señor el que nos sirva a nosotros, porque nos regala su gracia, porque nos hace participar de su reino, porque nos hará herederos de su gloria. 

¡Qué dicha más grande podemos alcanzar! ¿No sentimos un gozo especial en el corazón cuando escuchamos estas consoladoras palabras de Jesús? Creo que nos tenemos que sentir más impulsados a vivir esa vigilancia y esa esperanza. Será el Señor el que nos va a servir a nosotros.