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lunes, 17 de agosto de 2026

Estabilidad, seguridad, futuro, bienestar, plenitud de vida, ¿dónde lo buscamos? El evangelio nos ayuda a abrir nuevos caminos



 Estabilidad, seguridad, futuro, bienestar, plenitud de vida, ¿dónde lo buscamos? El evangelio nos ayuda a abrir nuevos caminos

Ezequiel 24, 15-24; Dt 32, 18-19. 20. 21; Mateo 19, 16-22

Una quizás de las luchas que mantenemos en la vida es lograr una estabilidad que además nos garantice un futuro, buscamos seguridades que no son solo esos miedos que podamos tener a que nos asalten o nos roben, o pongan en peligro nuestra vida, que también lo buscamos y lo deseamos, pero queremos tener seguridad y estabilidad en nuestros trabajos, en lo que pueda ser nuestro futuro, en lo que podamos ahorrar para el día de mañana, en la familia o en la forma que hayamos escogido para vivir, por tanto aseguramos nos hacemos seguros de vida, o de accidentes por si me puede pasar algo, o buscamos también un seguro frente a la enfermedad. Pero, ¿es solo eso lo que nos va a dar una seguridad y una estabilidad a nuestra vida? ¿Sólo pensamos en esas cosas externas a nosotros, que muchas veces confiamos a instituciones o entidades que se dedican a eso, como lo que da verdadera seguridad a nuestra vida?

Vivimos en un mundo de economía en que todo parece que tiene que girar a ese poder económico que tengamos, vivimos en una sociedad a la que exigimos que esté bien organizada para que teniendo esas seguridades podamos llegar a esa sociedad del bienestar, que queremos que sea como un paraíso, de la que tanto se nos habla en programa sociales y políticos; el mundo que nos rodea está muy lleno de vanidad y de apariencia donde buscamos una preponderancia social, vamos tras unos prestigios que en el fondo lo que queremos es que nos den poder porque de ahí se pueden derivar muchos beneficios incluso en el mundo de la riqueza; y en consecuencia de todo eso comenzamos a hacer distinciones, comenzamos a dejar a un lado del camino aquellos que no nos pueden servir para nuestros intereses, buscamos influir en los demás desde nuestras ideas que muchas veces son nuestros intereses.

¿Estaremos logrando así un verdadero crecimiento humano y espiritual de la persona? Nos puede llevar a tener que hacernos muchas preguntas sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida. ¿Llegaremos a pensar en algo mejor y distinto que nos dé verdadero sentido y plenitud a nuestra vida? Quizás algo tenga que cambiar en nosotros, en nuestros intereses, en nuestras búsquedas. ¿Estaremos queriendo darle una transcendencia distinta a nuestra vida?

Hoy en el evangelio vemos que alguien se acerca a Jesús con preguntas transcendentales. Alguien que era una buena persona y cumplidor, que se ve que en él habían unos sentimientos religiosos que quería vivir con toda intensidad, pero que se encuentra en ese estadio de búsqueda de algo distinto y superior aunque él no sepa bien lo que está buscando, se acerca a Jesús para preguntar qué había de hacer para alcanzar la vida eterna. Se ve que no hablaba de oídas, que no eran esas cosas que en un momento nos ponemos a pensar pero que pronto olvidamos, se ve que era algo que le estaba rondando el corazón y no encontraba respuesta. Por eso se acerca a Jesús.

Y Jesús con una hermosa pedagogía le habla de aquello que toda persona ha de saber y en cierto modo es el guía de su vida; todos tenemos en el corazón unos principios, unos valores fundamentales que nos llevan a una rectitud de vida; en este caso hablando entre judíos que tenían muy claro lo que era de fundamental la ley del Señor, le recuerda los mandamientos. Pero él era un hombre cumplidos, como dijimos, y todo eso lo había cumplido desde que fue educado en su niñez.

Jesús vislumbra que en aquel corazón había posibilidades de cosas más grandes, que podría entender de verdad el sentido del Reino de Dios que venía anunciando, por eso le pide un paso más de generosidad y disponibilidad para encontrar aquello que le dé altura a su vida. ‘Vende lo que tienes y da el dinero a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo’. ¿No hablas tú de alcanzar la vida eterna? Nuestro tesoro no puede quedarse en la tierra y entre nuestras manos, nuestro tesoro tiene que estar bien guardado en el cielo donde los ladrones no lo roban ni la carcoma lo corroe.

Pero aquí se detuvo el camino de este hombre. Era rico y eso de desposeerse de todo era otro cantar. Dar limosna en algunas ocasiones es algo que se puede hacer fácilmente y no voy a encontrar demasiados perjuicios en ello, pero seguiré poseyendo lo mío. Pero Jesús pide un paso más de generosidad y desprendimiento. Y aquel joven que había puesto sus seguridades en sus posesiones se marchó a casa triste y vacío.

Por eso hemos comenzado preguntándonos dónde están nuestras seguridades, donde buscamos nuestro verdadero crecimiento como persona; y con ramajes que se enreden en las materialidades de la vida no podrá haber verdadero crecimiento ni auténtica estabilidad para nuestra vida. ¿Hasta dónde estaremos dispuestos a llegar? Necesitaríamos seguir ahondando en esta reflexión. Dejemos que el Espíritu del Señor nos vaya iluminando.


domingo, 16 de agosto de 2026

Atiéndela que viene detrás gritando, le piden los discípulos a Jesús, pero de alguna manera Jesús como allá en el descampado nos está diciendo dadle vosotros de comer

 


Atiéndela que viene detrás gritando, le piden los discípulos a Jesús, pero de alguna manera Jesús como allá en el descampado nos está diciendo dadle vosotros de comer

Isaías 56, 1. 6-7; Salmo 66; Romanos 11, 13-15. 29-32;Mateo 15, 21-28

‘Mira qué vas a hacer, porque esto es ya un fastidio’, algo así quizás habremos dicho alguna vez, o lo hemos escuchado de una forma directa y clara o con insinuaciones porque de alguna manera nos parecemos a los políticos que quieren quedar siempre bien pasándole la pelota a otros; y digo que lo hemos dicho cuando nos encontramos manifestaciones que reivindican o reclaman derechos o cosas que necesitan, cuando se acumulan personas y situaciones que nos parecen ajenas pero que han rebotado en nuestros lares, cuando quizás nos vemos impotentes pero quizás por nuestra falta de decisión o por pensar solo en nosotros mismos, porque esas personas que nos están llegando parece o que van a cambiar nuestras costumbres o a quitarnos el pan que nosotros pretendemos ganar cuando ellos traen tras de sí más miserias y necesidades de las que podemos imaginar.

He querido describir y contemplar ese cuadro que además hemos de reconocer que es incompleto cuando escuchamos este texto del evangelio en que Jesús, saliéndose del propio territorio de Israel y Palestina, ha llegado a unos territorios paganos en que una cananea va gritando tras Jesús pidiendo compasión porque tiene una hija con una grave enfermedad, poseída por el maligno como era la expresión más usual. Parece que Jesús no atiende a la petición de esta Cananea y serán los discípulos los que al final cansados de aquellos gritos que los persiguen le piden a Jesús que haga algo, aunque sea para quitársela de encima.

La fe y la confianza de aquella mujer se está viendo puesta a prueba. Jesús y aquel grupo de discípulos que la acompañan son judíos, con sus propias convicciones y planteamientos, mientras que ella es una pagana. Pero terminará diciendo ante el aparente rechazo de Jesús ‘también los perritos terminan comiendo las migajas que caen de la mesa de sus amos’, haciendo referencia a la manera que tenían habitualmente los judíos más radicales de mirar a los que no fueran judíos; ni en sus casas querían entrar, cuanto menos hacerles un favor.

Pero Jesús admira la fe de aquella mujer que se mantiene constante en su confianza y en su petición. Habrá otra ocasión en que Jesús también se admira de la fe de un pagano, como será el caso del centurión que pedía la salud para su criado enfermo al que miraba como un hijo. ‘No he encontrado en Israel nadie con tanta fe’, dirá entonces; ahora le dice a la mujer que vaya y que se cumpla conforme ha creído. Ya en otro momento nos dirá que vendrán de Oriente y de Occidente quienes se sienten en la mesa del reino de los cielos frente al rechazo que los hijos de Israel están haciendo del mensaje del evangelio.

Con Jesús se romperán todas las barreras que imponen limitaciones o que crean distancias. Recordemos que cuando nos habla del amor nos dirá y con gran exigencia que hemos de amar también a los enemigos, y saludar a los que no nos saludan, y prestar también a quienes no colaboran con nosotros porque el sol sale para todos, para justos y para injustos. Con Jesús ya no valen los condicionamientos sociales ya sean mujeres o ya sean niños, ya sean considerados buena gente o ya sean considerados pecadores porque la mujer pecadora lavará y perfumará sus pies o Zaqueo el publicano lo hospedará en su casa, con Jesús se caen las barreras de las impurezas legales porque dejará que el leproso llegue ante Él y extenderá su mano para tocarlo y quede limpio o la hemorroísa podrá tocar la orla de su manto para curarse de sus hemorragias, ya no hay limitaciones que nos imposibiliten ir al paso de los demás porque si es necesario la camilla bajará desde el techo para poder llegar a los pies de Jesús, ni soledades que aíslen porque Él sabrá buscarlo para ponerle en camino al encuentro con los demás como con el paralítico de la piscina.

Lo que hoy en el evangelio nos pareciera lentitud en la reacción de Jesús ante la petición de aquella mujer cananea podríamos decir que entra en la pedagogía del evangelio porque Jesús está queriendo que nosotros nos detengamos a pensar, a reflexionar y a reaccionar. ‘Dadle vosotros de comer’, les dirá a los discípulos que le plantean que despida a la gente en el descampado para que encuentren donde comprar comida, o preguntará de cuántos panes disponen para provocar que un muchacho ofrezca sus cinco panes y dos peces para alimentar a aquella multitud.

¿No será también lo que Jesús con este evangelio está queriendo provocar en nosotros? Al comienzo de nuestra reflexión hacíamos recuento de algunas de esas situaciones que suceden a nuestro alrededor pero en las que siempre estamos esperando que sean otros los que tomen las iniciativas. ¿Cuáles son las iniciativas que nosotros somos capaces de aportar? Quejarnos es una cosa que hacemos con facilidad ante cualquier cosa que vemos a nuestro lado y nos parece que está mal, pero ¿cuál es la mano que nosotros estamos dispuestos a poner? ¿Le habremos mirado a los ojos a esas personas que se arraciman en nuestro entorno con sus necesidades o con sus quejas? ¿Seremos capaces de ver la historia que hay detrás de cada una de esas personas, por ejemplo, que llegan como decimos ilegalmente a nuestras costas o atraviesan nuestras fronteras?

No queremos que nos molesten, pero ¿hasta donde somos nosotros capaces de llegar?