Vistas de página en total

sábado, 21 de mayo de 2022

El cristiano está consciente en medio del mundo sabiendo que el mundo no nos ama, pero con el gozo en el alma de sentirnos amados del Señor

 


El cristiano está consciente en medio del mundo sabiendo que el mundo no nos ama, pero con el gozo en el alma de sentirnos amados del Señor

Hechos de los apóstoles 16, 1-10; Sal 99; Juan 15, 18-21

Algunas veces tan seguros de nosotros mismos por la vida que creemos que tenemos que caerle bien a todo el mundo, pero nos tropezamos de bruces con la realidad de que no somos tan ‘chachis’ como pensamos y nos encontraremos con gente a las que caemos mal, que juzgan y critican cuanto hacemos, y que de una manera u otra nos hacen frente en la vida, fastidiándonos en muchos casos o haciéndonos las cosas imposibles.

No siempre sabemos reaccionar, porque pronto nos aparece el amor propio, el orgullo y el engreimiento de que somos los mejores o que somos los únicos que sabemos hacer las cosas bien y lo solemos pasar bastante mal. Nos falta quizás la madurez para darnos cuenta de nuestra realidad y nuestras debilidades, o para afrontar el que otro pueda tener otra opinión que nos haga frente; hay gente que se enferma con situaciones así.

Dije al principio lo de ir seguros por la vida, pero haciendo referencia más bien a esa autosuficiencia con que andamos muchas veces. Cuando tenemos convicciones profunda, claro que tenemos que ir seguros por la vida, pero no significa eso que vayamos poniéndonos por encima de los demás, ni vayamos avasallando a nadie o queriendo imponer nuestras cosas; seguridad hemos de tener en nuestras convicciones y principios, seguridad hemos de tener en nuestra fe aunque siempre andemos en camino de búsqueda y de crecimiento interior.

Y cuando hablamos de esa seguridad y libertad interior con que queremos vivir nuestra fe, sabemos muy bien que vivimos en un mundo muy complejo y, aún en nuestros ambientes que decimos cristianos, bien sabemos que no todo es cristiano, que la fe se ha debilitado en muchos, y que otros tienen otros pensamientos, otras formas de afrontar la vida con sus propios principios. No es que tengamos que hacer una mezcolanza, un sincretismo, pero sí actuar con libertad y con respeto hacia los que están en nuestro entorno y puedan pensar distinto. Claro que eso no nos ha de coartar para que nosotros hagamos una presentación clara y valiente de lo que es nuestra fe, porque nuestra meta será siempre querer iluminar la vida del mundo que nos rodea. Tenemos una luz de la que no podemos inhibirnos.

Hemos venido diciendo cómo Jesús en aquel diálogo con sus discípulos y apóstoles en la cena pascual, con aquellos aires de despedida que tenía también, va abriendo su corazón y mostrando en las recomendaciones que les va haciendo a los discípulos las dificultades también con que se van a encontrar. Emplea un lenguaje que en cierto modo puede parecer fuerte cuando les dice que el mundo les odia, porque no son del mundo.

Es el rechazo y la oposición con que se van a encontrar, que veremos en los Hechos de los Apóstoles cómo los primeros cristianos van a encontrar ya desde aquellos mismos comienzos. Les sucede a los apóstoles en Jerusalén, como veremos luego que será la piedra con que vayan tropezando en sus caminos por el mundo anunciando el evangelio. En los viajes del Apóstol Pablo que nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles lo encontraremos claramente.

‘Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra’ les viene a decir Jesús. Pero nos sentimos seguros en nuestro camino porque nos sentimos amados y escogidos del Señor.

No vamos con nuestra misión particular, no vamos a realizar nuestras propias batallas, vamos con la misión que Jesús nos ha confiado, vamos con la confianza de la fuerza del Espíritu que está con nosotros. Es la seguridad con que nos sentimos hoy en nuestra tarea, que sabemos bien que no es tan fácil. Estamos conscientes en medio del mundo sabiendo que el mundo no nos ama, pero con el gozo en el alma de sentirnos amados del Señor.

viernes, 20 de mayo de 2022

Nos quedamos nosotros con las palabras de Jesús, con su desahogo y con su mandato, con su confidencia y su ternura porque nos llama amigos

 

Nos quedamos nosotros con las palabras de Jesús, con su desahogo y con su mandato, con su confidencia y su ternura porque nos llama amigos

Hechos de los apóstoles 15, 22-31; Sal 56; Juan 15, 12-17

Hay momentos en que parece que son más propicios a una mayor confidencialidad, donde afloran los sentimientos más hondos de la persona, en que todo son recomendaciones y advertencias, últimos consejos porque de alguna manera todo suena a despedida. Se quiere dejar las cosas claras pero también se advierte de cosas que se han de tener en cuenta para siempre.

Podemos pensar, como es de suponer, en última despedida de la vida, pero sucede de alguna forma cuando por ejemplo el padre o madre de familia tiene que ausentarse y deja todo en manos de los hijos, o de igual manera son las recomendaciones del padre o de la madre para el hijo que marcha a emprender una nueva vida con nuevos horizontes, o la despedida del amigo querido por las circunstancias que sean. Salen a flote todos los sentimientos del corazón sin ningún tipo de pudor, o se tiene la valentía de advertirte en lo que no debes hacer, conociéndote como te conocen. 

¿Era lo que sucedía en aquellos momentos de la cena pascual? Muchas veces hemos comentado el ambiente especial que allí se vivía en aquellos momentos; las palabras de Jesús también suenan a despedida y a últimas recomendaciones; pero sobre todo se derrama la ternura del corazón sobre aquellos a los que ama de manera especial. ‘Hijitos míos’, dirá en algún momento, ahora les dice que no les llama siervos sino que los llama amigos. Es El quien se ha puesto en el lugar del siervo que está para servir cuando desde el principio de la cena se ha postrado delante de ellos para lavarles sus pies. Ahora les dice que les ama y les ama de manera que está dispuesto a dar la vida por sus amigos como realmente va a significar su entrega.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos
. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer’
.

Fijémonos en sus palabras que habla del amor más grande que es capaz de dar la vida por sus amigos; y a continuación les dice ‘vosotros sois mis amigos… a vosotros os llamo amigos…  ¿Puede haber un derroche de ternura más grande? Con ellos ha tenido las confidencias mayores. ‘Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer’, les dice. Y ahora termina soltando todo lo secreto que lleva en su corazón.

Por eso les recomienda e insiste porque lo dice de una forma y de otra. Tenéis que amaros. Eso es lo importante. Eso es lo que hay que hacer. Ese es el testimonio que tenéis que dar. Esa es la Buena Noticia que tenéis que transmitir. Que no son solo palabras las que tenéis que pronunciar, que es una vida que hay que pronunciar, transmitir, testimoniar con el amor. Y como si pareciera poco, lo deja como mandamiento. ‘Esto os mando: que os améis unos a otros’.

Los hijos se quedan con las últimas palabras del padre o de la madre que saben que tienen que cumplir, es su última voluntad; el amigo guardará en su corazón esa última recomendación o ese último desahogo del alma que le ha hecho el que marcha. Nos quedamos nosotros con las palabras de Jesús, con su desahogo y con su mandato, con su confidencia y su ternura porque nos llama amigos, y es lo que tenemos que estar dispuestos a poner por obra.

jueves, 19 de mayo de 2022

Soy feliz porque amo, ojalá llegamos a esa sublimidad en el amor que no busca premios ni recompensas

 


Soy feliz porque amo, ojalá llegamos a esa sublimidad en el amor que no busca premios ni recompensas

Hechos de los Apóstoles 15, 7-21; Sal 95; Juan 15, 9-11

Podríamos decir que entre los parámetros humanos del amor está el que nos sintamos felices porque seamos correspondidos en nuestro amor. Amamos y nos llenamos de alegría, es cierto, cuando al mismo tiempo nos sentimos amados por aquel en quien hemos depositado nuestro amor y todas las muestras señales de ese amor. Es cierto que nos sentimos felices cuando somos amados; y nos llena de satisfacción el ver que a quien amamos nos corresponde.

Pero ¿nos podemos quedar ahí? ¿Habrá algún paso más sublime en el amor? Si no somos correspondidos, ¿seríamos capaces de seguir amando? Creo que es un peldaño más que subimos en nuestro amor que así se hace más sublime, cuando nos sentimos felices simplemente por el hecho de amar, aunque no fuéramos correspondidos. Humanamente es difícil pero en ello se manifiesta toda la sublimidad del amor. Ser capaces de amar así, con un amor gratuito, porque no estamos buscando ninguna recompensa, porque sentimos en nosotros mismos esa satisfacción de lo bueno que hacemos, del amor que regalamos.

Es de ese amor del que nos habla Jesús. Nos habla de un amor tan grande que es capaz de dar la vida por aquel a quien amamos. Es lo que contemplamos en Jesús. Es la sublimidad del amor de Dios. ‘Aunque no hubiera cielo, yo te amara’, era una oración hermosa que algunos aprendimos de chicos, porque el regalo, la felicidad está en el mismo hecho de amar.

Sin embargo aplicamos demasiados parámetros humanos a nuestro amor y al amor que le tenemos a Dios, porque buscamos la recompensa, porque buscamos el premio, y pareciera que todos aquellos gestos de amor que vamos realizando en la vida son puntos y valores que hacen crecer nuestra cuenta para buscar y merecer un premio cada vez más grande.

Muchas hemos andado con esas contabilidades en nuestra vida espiritual, tantos rosarios, tantas limosnas, tantas Misas, tantas visitas al Santísimo, tantos primeros viernes, tantos enfermos que visitamos o atendimos, y así queremos ir haciendo crecer nuestra cuenta, como si fuera la factura de gastos que le vamos a presentar a Dios cuando nos pongamos en su presencia tras la hora de la muerte. Y claro como ya hicimos una buena cantidad de cosas, ahora ya nos podemos relajar un poquito y no hace falta darle tanta intensidad. ¿No tendríamos que reconocer que hay una cierta mezquindad en un amor así que contabiliza lo que ha hecho?

Hoy Jesús nos dice simplemente que permanezcamos en su amor. Y hemos aprendido a permanecer en ese amor desde el amor grande que Dios nos tiene. No es otra cosa que vivir esa unión de amor a semejanza de lo que es el amor de la Trinidad de Dios. Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor’, nos dice Jesús. Y nos lo está diciendo para que aprendamos a disfrutar de la alegría del amor. ‘Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud’.

Es que Jesús nos está hablando de la sublimidad del amor. Un amor siempre gratuito, siempre generoso, siempre universal; un amor que es darse sin medida, que me hace olvidarme de mi mismo, porque lo que importa es que amo, a quien amo. Soy feliz, porque amo, tendríamos que terminar diciendo, no importa nada más. Puede parecer difícil, porque siempre puede aparecer nuestro orgullo y nuestro amor propio, pero cuando aprendemos a hacerlo, será lo más fácil y lo más hermoso del mundo.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Sepamos sentarnos en silencio en la presencia de Dios para sentir el palpitar de vida de su corazón que nos haga entrar en la misma sintonía, en el mismo ritmo de amor

 


Sepamos sentarnos en silencio en la presencia de Dios para sentir el palpitar de vida de su corazón que nos haga entrar en la misma sintonía, en el mismo ritmo de amor

Hechos de los apóstoles 15, 1-6; Sal 121; Juan 15, 1-8

El trato hace la amistad, solemos decir. Es necesario sentir la cercanía, es importante estar en contacto, no podemos perder la relación y la comunicación; no puede ser simplemente algo mantenido en el recuerdo, por muy buenas que hayan sido las experiencias vividas, porque el distanciamiento enfría la relación, poco a poco corta la comunicación y se pierde la comunión. Yo tuve un amigo, llegamos a reconocer, pero ya no sé por dónde anda, se cortó la comunicación y la relación y al final puede parecer que fue algo, muy bonito quizá, que pertenece al pasado y ahora poco o nada nos puede decir. Cuántas amistades abandonadas, cuántos amigos olvidados, cuántos recuerdos que parece que son solo para la historia pero que ahora no hacen vida.

Algo así nos está hablado Jesús. Nos pone comparaciones, tomadas incluso de lo que es la propia naturaleza, pero al final nos dirá tajantemente ‘sin mí, nada sois’. Necesitamos estar unidos a El, mantener nuestra comunión y nuestro amor. Si siempre hemos venido diciendo que todo es una relación y una respuesta de amor, esa llama hay que mantenerla viva, y no se mantiene viva si no se la alimenta. Y el alimento está en esa comunicación y en ese diálogo, en ese conocimiento que crece y que hará crecer el amor, en esa presencia que es luz, fuego, alimento, fuerza para el espíritu.

La comunicación y el encuentro con el amigo, el diálogo lleno de confianza donde todo se comparte y donde mutuamente disfrutamos de esa presencia, de esas palabras, de esas experiencias compartidas, hacen crecer la amistad, harán crecer el amor. Lo tenemos que cuidar; no será solo una presencia ocasional por alguna circunstancia que nos haga encontrarnos; no solo puede ser un encuentro fugaz fruto de nuestras correrías y de nuestras prisas, tiene que ser algo más hondo, algo que se disfrute mejor, algo que nos meta el gozo en el alma del amor y la amistad compartida. No somos amigos por un regalo formalmente compartido ni por una visita de compromiso.


Tenemos que buscar lo que en verdad nos hace crecer como cristianos. Nuestra manera de vivir la presencia de Jesús en nuestra vida. Hoy nos habla Jesús de la vid y de los sarmientos; que hay que cultivar, que hay que cuidar, que hay que incluso podar para que no se vaya por ramajes inútiles e inservibles, que tenemos que saber mantener en profunda unión para que no sea un sarmiento que se seque sino una planta que desde lo más profundo llegue a dar fruto.

Igual que cultivamos de verdad una amistad y cuidamos que nada la entorpezca o la llene de maleza, tenemos que cuidar nuestra relación con Dios, nuestra relación con Jesús. Es la oración profunda que nos llena de la presencia de Dios, es el diálogo de amor en que se nos ofrece la Palabra a la que hemos de dar una respuesta de vida, es el cuidar que esa relación no se quede en lo formal o en lo ritual sino que en verdad nos haga gozarnos en su amor y cantar la alegría de su presencia, es ese saber sentarnos en silencio en su presencia para sentir el palpitar de vida del corazón de Dios que no haga entrar en la misma sintonía, en el mismo ritmo de amor.

El trato hace la amistad, habíamos comenzado diciendo, y será ese trato y esa relación llena de vida con Dios lo que nos hará crecer en su amor. ‘Permaneced en mi y yo en vosotros’, nos decía Jesús en el evangelio. Qué distintos nos sentiríamos, qué seguridad daría a nuestra vida, qué fortaleza para nuestro caminar, con qué nueva ilusión y esperanza nos pondríamos a contagiar a los demás de ese amor, qué fuerza tendría nuestro compromiso de amor, con qué amor nuevo amaríamos también a los demás a los que ya para siempre miraremos como hermanos.

martes, 17 de mayo de 2022

En los momentos previos a la pasión Jesús les está hablando de paz y hoy en este momento concreto nos habla a nosotros de paz, de una paz que tenemos que reconstruir

 


En los momentos previos a la pasión Jesús les está hablando de paz y hoy en este momento concreto nos habla a nosotros de paz, de una paz que tenemos que reconstruir

Hechos de los apóstoles 14, 19-28; Sal 144; Juan 14, 27-31a

Tenemos que saber escuchar las palabras que se nos dicen teniendo en cuenta el momento concreto en que fueron pronunciadas para poder sacarle, por así decirlo, todo su jugo. Unas palabras fuera de contexto son peligrosas, y ya sabemos cómo se manipula hoy, cómo sacamos muchas veces lo que se nos dice fuera de su contexto, y como hay el peligro de que nos lleven a interpretaciones erróneas. Eso nos vale en muchas cosas y situaciones de la vida; cuidado con la malicia con algunas veces se actúa y nos dicen que dijeron pero no sabemos por qué dijeron y lo que en concreto se quería decir, esto que comento podría tener amplias aplicaciones a muchas situaciones de la vida.

Pero he iniciado este comentario, que me ha podido llevar a muchas cosas, para que nos demos cuenta de la profundidad que Jesús quería darle a sus palabras en aquel momento concreto de la cena pascual, anticipo de cuanto se iba a suceder a continuación. Ya hemos comentado en algún momento aquel momento especialmente tenso que se vivía en aquella cena y es cuando Jesús nos habla de la paz. En esos momentos de tensión necesitamos esa palabra que nos lleve a encontrar la serenidad para afrontarlo y a no perder la paz de nuestro corazón.

Así nos dice Jesús hoy: ‘La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde’. Les habla a los discípulos en aquel momento tenso de paz, les habla de mantenerse firmes, de no acobardarse, de no perder la paz en el corazón. Bien que les hacía falta frente a todo lo que iba a suceder que iba a ser un escándalo muy grande para ellos. Ya en el huerto, tras el prendimiento de Jesús, todos le abandonan y huyen; así nos lo dirá claramente el evangelista. Allí aparecería precisamente al frente de aquellos servidores del templo que parecían forajidos precisamente uno de los propios discípulos. No habían entendido antes las palabras de Jesús a Judas, por tendría que ser un golpe muy fuerte verlo traicionar a Jesús yendo al frente de los que iban a prenderle. ¿Podrían mantener la paz del espíritu? Abandonan y huyen.

Jesús ahora quiere hacer que se mantengan fuertes, que no se acobarden pase lo que pase; El les había anunciado todo lo que iba a suceder pero ellos no lo habían comprendido. Serán momentos difíciles cuando se vayan cumpliendo todas las palabras anunciadas por Jesús. Claro que necesitan la paz. Y no es una paz cualquiera. Claro que no será la paz a la manera como la gente del mundo entiende la paz. Muchas veces quizás queremos imponer la paz.

Por eso en los momentos previos a la pasión Jesús les está hablando de paz. Nos habla a nosotros hoy de paz; y pensamos en lo que vivimos, pensamos quizá primordialmente en la guerra de Ucrania por la cercanía en el espacio y en el tiempo, pero nos vamos olvidando de otros lugares del mundo que hoy también se ven amenazados. Olvidamos pronto quizás también momentos de guerras y tensiones que hemos vivido en los últimos tiempos en distintos lugares del mundo.

Y rezamos, es cierto, por la paz, y queremos que pronto callen las armas y se pueda comenzar una reconstrucción de cuanto ha sido destruido. Pero ¿serán solo los edificios, las obras civiles, lo material con toda la ruina económica que lleva aparejada lo único que habrá que reconstruir? Es lo primero en lo que pensamos cuando estamos tan ansiosos de paz. Pensamos quizás que con esa reconstrucción ya estaría todo hecho y se recobraría de nuevo la paz, pero ¿no habrá algo más hondo que reconstruir en el corazón de las personas o en las mismas instituciones sociales para llegar a encontrar una auténtica paz?

Toda esta crisis que vivimos nos ha llevado a una destrucción interior, porque nuestros corazones se han roto, porque hemos dejado de creer en los otros, porque se han ido sembrando unas semillas terribles en nuestros corazones que nos despiertan el orgullo, el odio, los deseos de venganza o de revancha, unas ansias de destruir muchas cosas o personas que nos han traído todo estos males que sufrimos. No podemos huir ni tirarnos al campo para hacer la guerra de la paz por nuestra cuenta o a nuestra manera.

Si mantenemos todo eso en el corazón no encontraremos la paz. Por eso nos dice Jesús que nos da la paz pero no como la da el mundo. Será algo más hondo lo que tenemos que reconstruir en nosotros para alcanzar esa verdadera paz. Es lo que Jesús nos ofrece. Es la salvación que en verdad nos regala. Son cosas muy concretas donde El quiere hacer presente su gracia. Sepamos ver ese regalo de la paz que Jesús quiere darnos.

lunes, 16 de mayo de 2022

Hemos de ser los enamorados de Dios que vayamos chorreando su amor allí donde estemos y con lo que vivimos por la fuerza del Espíritu que habita en nosotros

 


Hemos de ser los enamorados de Dios que vayamos chorreando su amor allí donde estemos y con lo que vivimos por la fuerza del Espíritu que habita en nosotros

Hechos de los apóstoles 14, 5-18; Sal 113; Juan 14, 21-26

Una mirada con los ojos del amor nos hará ver y descubrir lo que por ningún otro medio podemos conocer. ¿Por qué me conoces tanto? Le preguntaba un hijo a su madre; porque te amo, le respondía. El amor verdadero nos lleva a esa unión tan profunda que no será necesario que nos cuenten lo que nos sucede, para que los ojos del amor lo descubran.

¿Por qué nos descubres esas cosas a nosotros y no a los demás? Le pregunta un discípulo a Jesús cuando de alguna manera se sentía emocionado por la confidencia de amor que Jesús les iba haciendo, y en una palabra Jesús podía haberle dicho, porque os amo. Es lo que de alguna manera le responde aunque otro sea el circunloquio de las palabras. ‘Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?’,  le decía Judas, no el Iscariote sino Judas Tadeo, a Jesús. Y este le respondía: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’.

Todo es un círculo de amor, respuesta de amor y revelación de amor, comunión de amor de tal manera que se siente habitado por el amor de Dios, por Dios mismo. ¿No es lo que sucede cuando dos personas se aman de verdad? Ya parece que no hay sino una sola vida; los enamorados de verdad ven por los ojos del otro, hablan con las palabras del otro, parece que respiran con el respirar del otro, porque se sienten como una única vida.  Y eso es lo que tenemos que vivir desde nuestra relacion con Dios.

Podemos tener la tendencia de convertir nuestro ser cristiano en aprendernos una doctrina, tener como un catálogo de las cosas que tenemos que hacer, o como se dice ahora, unos protocolos que seguir. Pero creer en Jesús para seguirle, para ser verdaderamente su discípulo es algo mucho más sencillo, porque es como dejarse envolver por el amor de Dios, que es mucho más que una envoltura externa que nos de unas apariencias, porque casi la palabra que tendríamos que emplear es empaparnos del amor de Dios. Cuando de verdad empapamos algo en un líquido luego ese objeto empapado va como chorreando allá por donde vaya aquello de lo que está empapado. Es lo que tendría que ser nuestra vida cristiana; tenemos que ir chorreando ese amor de Dios del que estamos empapados.

Por eso Jesús nos habla de la presencia del Espíritu en nuestra vida. Nos dice que nos lo revelará todo. Cómo querrían tener consigo siempre a Jesús sus discípulos para no olvidar todo aquello que les va revelando y que algunas veces tanto les cuesta no solo recordar sino entender, asumir para sus vidas. Qué bueno sería que Jesús no les faltara nunca. Es lo que Jesús les está prometiendo. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho’.

Es el Espíritu Santo el que habitará en sus corazones para poder sentir y vivir esa presencia del amor de Dios en sus vidas; es el Espíritu Santo el que transformará nuestras vidas para ser capaces de no solo vivir ese amor de Dios, sino luego empapar de ese amor cuanto nos rodea.

‘Mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’, nos decía Jesús. Seremos ese templo del Espíritu, esa morada de Dios, porque nos llenaremos de su amor. Y eso, ¿cómo se manifiesta en nuestra vida? ¿Serán esas las señales que nosotros damos con nuestra manera de vivir como cristianos? Claro que tendríamos que comenzar por preguntarnos si somos esos enamorados de Dios. Quizá nuestro amor sea pobre, le falte intensidad, se nos quede en le epidermis de la vida, no lleguemos a ser esos empapados del amor de Dios. Es algo que tenemos que cuidar.

domingo, 15 de mayo de 2022

Palabras muy convincentes tienen que decirnos para que levantemos nuestro espíritu y comience a arder la llama de la esperanza en el corazón y la palabra clave es el amor

 


Palabras muy convincentes tienen que decirnos para que levantemos nuestro espíritu y comience a arder la llama de la esperanza en el corazón y la palabra clave es el amor

Hechos 14, 21b-27; Sal 144;  Apocalipsis 21, 1-5ª; San Juan 13, 31-33a. 34-35

Poco pueden convencernos cuando tratan de decirnos palabras de ánimo cuando estamos pasando por momentos difíciles, con problemas que se nos amontonan, con agobios y preocupaciones que nos lo hacen ver todo oscuro. Siempre llegará alguien a nuestro lado que pretenderá con palabras de ánimo levantar nuestro espíritu para que nos mantengamos en la lucha, pero nos sentimos como sin fuerzas para seguir batallando.

Palabras muy convincentes tienen que decirnos para que levantemos nuestro espíritu y comience a arder la llama de la esperanza en el corazón. Algunas veces podremos incluso sentirnos como desconcertados con aquello que pretenden decirnos con la mejor buena voluntad. El dolor lo llevamos en el alma y cuesta mitigarlo. Pueden ser diversas las situaciones en que nos encontremos, pero son cosas que nos suceden.

Las palabras de Jesús en aquella noche de la cena pascual de alguna manera los desconciertan. Aunque quizás desconcierta más la serenidad de espíritu con que Jesús va afrontando todo aquello que al mismo tiempo les va anunciando. Diversas han sido las señales que han ido apareciendo a lo largo de la cena, diversos los gestos y los signos que Jesús ha querido ir realizando.

Pero ya claramente ha hablado de traición y de negaciones, quizás ya en este momento el traidor ha marchado a hacer lo que tenía que hacer, como el mismo Jesús le había dicho. Las palabras de Jesús suenan a despedida y no pueden menos de recordar, aunque no lo entiendan, lo que les había ido anunciando que el Hijo del Hombre había de ser entregado en manos de los gentiles. Todo está creando una sensación y un ambiente muy especial en torno a aquella mesa.

Y ahora Jesús habla de glorificación. Ha llegado la hora de la glorificación; Dios será glorificado y el Hijo va a ser también glorificado. Pero entre sombras ha ido apareciendo el anuncio de despedida y de muerte. Pero Jesús habla con toda contundencia de esa hora de glorificación. ¿Cómo puede haber glorificación cuando todo podría parecer un fracaso? Todas aquellas expectativas sobre el Mesías parecían venirse abajo ¿y habla Jesús de glorificación, de la gloria de Dios?

Y es aquí donde tenemos que entender todo aquello que va a suceder. Todo va a ser la gran manifestación de lo que es el amor de Dios que en Jesús se está manifestando. Nos ha entregado a su Hijo; el Hijo se va a entregar en la entrega más suprema que es la prueba más maravillosa de lo que es el amor verdadero.

Nadie tiene amor más grande que el de aquel que entrega su vida por los demás. Y allí se está manifestando el amor. Todo aquello no va a ser un fracaso sino un triunfo y una victoria. Es la victoria de la vida sobre la muerte, es la victoria del amor sobre el odio en que nos embarramos los hombres, es la victoria del amor infinito de Dios. Jesús va a ser glorificado, porque al tercer día resucitará.

Claro que los discípulos tendrán que pasar por esos momentos de tinieblas y de sombras. Pero la Palabra de Jesús es fiel y se cumplirá. Será glorificado, resucitará al tercer día, le podremos contemplar sentado a la derecha de Dios cuando terminemos contemplando su ascensión al cielo. Pero Jesús quiere que nosotros sigamos dando la señal de la glorificación. Nos dejará un mandamiento, el mandamiento del amor, que nos amemos, que nos amemos los unos a los otros como El nos ha amado. Será el signo de la victoria y de la glorificación con que daremos señales de nuestra fe en Jesús en medio del mundo.

Porque nos amamos y nos amamos de verdad haremos creíble la Palabra que anunciamos. Es la palabra clave. Es el testimonio de nuestra fe, pero es el testimonio de la victoria del amor. Es lo que necesita el mundo para creer y quizás nosotros los cristianos no estamos dando verdaderamente ese testimonio. Aunque hoy todo el mundo hable del amor, la música y las canciones nos lo repitan hasta la saciedad, aunque todos vayamos diciendo sí al amor y no a la guerra, no es precisamente el amor lo que más resplandece en nuestro mundo.

Envueltos en coloristas papeles de regalos que nos hablan de amor, seguimos con nuestros egoísmos y con nuestras insolidaridades, mantenemos nuestras discriminaciones escogiendo muy mucho a aquellos a los que decimos amar sin que sea un amor universal, seguimos hablando de amor solamente como una pasión, no terminamos de desprendernos de nosotros mismos para abrir el corazón a un amor verdadero. Y es lo que los discípulos de Jesús tenemos que testimoniar con valentía y con arrojo.

Pero es que también en ese ambiente tenso que se vive hoy en nuestra sociedad con tantas cosas llenas de negruras que se han ido sucediendo, también necesitamos escuchar estas palabras de Jesús que quieren ser palabras de ánimo y de esperanza. Nos cuesta quizás escucharlas y entenderlas, porque las oscuridades también nos pueden envolver y hacer perder la esperanza.

Pero nosotros ya sentimos la presencia de Cristo resucitado en medio nuestro, estamos viviendo el tiempo pascual, y es ese rayo nuevo de luz y de esperanza que recibimos para nuestra vida, para seguir el camino, para seguir poniendo esos pasos necesarios para lograr esa paz que tanto necesitamos.

sábado, 14 de mayo de 2022

Cuando nos encontramos con quien disfruta sintiéndose amado tendrá un brillo distinto en sus ojos, es lo que los cristianos tenemos que reflejar, Jesús nos llama amigos

 


Cuando nos encontramos con quien disfruta sintiéndose amado tendrá un brillo distinto en sus ojos, es lo que los cristianos tenemos que reflejar, Jesús nos llama amigos

Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26; Sal 112; Juan 15, 9-17

Queremos ser felices. ¿Quién me dice lo contrario? Claro, que queremos ser felices. Pero, ¿seremos felices de verdad? Ya sé, lo intentamos, lo buscamos, queremos manifestarnos con rostro de felicidad, pero ¿seremos capaces de darnos cuenta de que muchas veces, incluso en esas personas que se dicen felices, no tienen verdadera alegría? Todos cantamos, nos reímos, gritamos, queremos dar muchas señales de felicidad, pero muchas veces nos puede faltar la alegría. Y la alegría no es una cosa que pueda ser impuesta, tiene que nacer de algo hondo que llevemos dentro; no la podemos cubrir con sustitutivos. Aunque muchos sustitutivos nos vamos inventando para ello.

No quiero pecar de pesimista ni tengo que contagiar con mis preocupaciones o quizás también la falta de alegría que pudiera estar padeciendo. Tenemos que buscar remedio para que nuestras risas nazcan de lo más hondo; para que esos gritos de alegría que damos en muchas ocasiones cuando nos llenamos de euforia por alguna cosa nazcan de una alegría verdadera.

No sé, pero me atrevo a decir que esto de la alegría de lo que estoy queriendo hablar es algo que está muy al lado de lo de sentirse amado y lo de ofrecer un amor muy generoso y altruista. Sí, el amor nos hará desprendernos de nuestras tristezas, el amor nos ayudará a encontrar motivos de verdadera alegría. Cuando nos encontramos con alguien que disfruta sintiéndose amado vamos a verle un brillo distinto en sus ojos, vamos a encontrar una serenidad nueva y distinta en su vida, vamos a descubrir una fortaleza interior que le hace afrontar de una forma distinta aquellas cosas con las que vamos tropezando en la vida y podrían llenarnos de preocupaciones o mermar nuestra alegría.

Quien se siente amado se siente seguro, desaparecen sus miedos y temores, se le acaban las timideces y falsas humildades. Quien se siente amado de verdad se sentirá con una libertad interior en la que no habrá nada que le ate ante lo bueno que quiere trasmitir a los demás. Quien se siente amado se sentirá fuertemente impulsado para ir al encuentro de los demás derramando optimismo, llevando una visión de luz en sus ojos, creyendo en los demás y haciendo que los que se contagian de su alegría comiencen también a creer en si mismos.

Hoy nos viene a recordar Jesús que somos amados y que tenemos todos los motivos para vivir la alegría más honda. Es su revelación. Es su Buena Noticia. Es su Evangelio. Dios nos ama. Y porque nos ama nos ha enviado a Jesús. Es la prueba y la señal del amor que Dios nos tiene. ‘Tanto amó Dios al mundo, que nos envió a su Hijo único’, que hemos recordado tantas veces. Y en Jesús contemplamos todo ese amor que Dios nos tiene.


Y como nos dice hoy nos ha revelado todo esto para que nuestra alegría sea completa; para que no nos falten motivos de alegría. A pesar de las sombras que podamos encontrar en la vida y en el mundo; nos sentimos impulsados por ese fuego de amor divino. Y nos dice aún algo más que tiene que motivar mucho más nuestra alegría. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer’. Somos sus amigos, somos sus amados, El nos lo ha revelado todo.

Pero ahora viene una pregunta interesante que nos tendríamos que hacer aquellos que tenemos todas las razones para vivir alegres. ¿En verdad los cristianos damos señales de esa alegría? Es serio que nos lo preguntemos. Es serio que nos lo planteemos. Porque no es esa muchas veces la imagen que damos.

Quien cree en la Palabra de Jesús no puede ir de amargado por la vida. Y algunas veces por las expresiones de nuestros rostros ésa es la imagen que damos; y seguimos con nuestros miedos y cobardías, y seguimos con nuestras dudas, y seguimos pensando en nosotros mismos y no terminamos de darnos, no terminamos nosotros de amar de verdad. Y nos queda un pozo de tristeza en el alma. Esos pozos negros tenemos que desterrarlos de una vez para siempre de nuestra vida de cristianos.

viernes, 13 de mayo de 2022

Aprendamos a confiar, a poner de verdad toda nuestra fe en Jesús, no nos falte la paz en nuestro espíritu, es como podremos descubrir caminos nuevos

 


Aprendamos a confiar, a poner de verdad toda nuestra fe en Jesús, no nos falte la paz en nuestro espíritu, es como podremos descubrir caminos nuevos

Hechos de los apóstoles 13, 26-33; Sal 2; Juan 14, 1-6

A veces parece que nos caen en tromba las noticias, los acontecimientos, los sucesos que nos pueden afectar de alguna manera a nuestra vida y terminamos quedándonos como descolocados porque nos cuesta asumir las diversas cosas que nos han contando, nos cuesta comprender porque están pasando las cosas que tanto daño nos hacen o nos podemos referir a los mismos acontecimientos de la sociedad en que parece que hay momentos que son especialmente negros.

Podemos pensar en lo que nos ha tocando enfrentar en estos últimos tiempos en nuestra sociedad, pandemias, crisis económicas, desorganización de la vida que os obligan a nuevos protocolos de forma de vivir, y para colmo nos encontramos en tiempos de guerra en las puertas de Europa que no está tan lejana de nosotros y que no terminamos de ver el rumbo que van a tomar las cosas. Nos cuesta tomar decisiones que nos puedan afectar en un futuro, algunas veces nos cuesta entender las cosas más elementales, porque no hacemos sino pensar en esas oscuridades y turbulencias de la vida, y nos cuesta hasta lanzarnos con arrojo a emprender cosas en la vida. Decimos que no queremos perder la paz, pero dentro de nosotros nos corroen el pensamiento muchas cosas.

Aquella noche de la cena de Pascua de los discípulos con Jesús fue de esos momentos en los que se van sucediendo tantas cosas, se tienen presentimientos de lo que va a suceder aunque no saben por donde va a salir todo, en que tenían que estar produciéndose en su corazón una fuerte revoltura de la que no sabían como salir. Eran las palabras de Jesús con sus anuncios, fueron aquellos gestos con los que Jesús quiso comenzar la cena, estaban aquellas palabras que para ellos resultaban enigmáticas que le había dirigido a Judas de que lo que tenia que hacer que lo hiciera pronto, estaba la desenvoltura de Pedro que decía que estaba dispuesto a todo por Jesús, pero que éste le había hecho anuncio de negaciones y traiciones, ahora hablaba Jesús de vuelta al Padre, de preparar unas estancias, de una nueva venida para buscarles, pero todo se les hacía incomprensible.

Por allá sale uno diciendo que no entiende de caminos, que no saben cual es el camino y que definitivamente Jesús se los enseñe. No terminan de entender las Palabras de Jesús. Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí’, les señala tajantemente Jesús a ver si por fin comprenden. Viendo el estado de ánimo, en cierto modo revuelto, en que se encuentran Jesús ha comenzado invitándoles a no perder la paz, a sentirse seguros, a confiar en El y en su Palabra. Pero les resulta difícil. Son muchas las cosas que se están sucediendo y tenemos el peligro de perder la paz en el c corazón.


Es lo que necesitamos escuchar nosotros. En el mundo revuelto en que vivimos, en medio de tantas cosas que se van sucediendo, con la misma situación que vemos en la Iglesia, o el desánimo de tantos cristianos a nuestro alrededor que abandonan el barco, como se suele decir, que van dejando de lado valores religiosos, principios cristianos, dejándose influir por tantas cosas que vemos en nuestro entorno en la sociedad. Y podemos perder los ánimos, podemos perder la paz. Tenemos que aprender a confiar, a poner de verdad toda nuestra fe en Jesús.

Se nos abren caminos delante de nosotros y podemos tener la esperanza de una renovación de tantas cosas; tenemos delante a Jesús que nos está señalando el camino porque no nos está pidiendo otra cosa sino que hagamos como El, porque se puede despertar una esperanza, porque el final podemos ver luz si nos llenamos de la vida de Jesús, que para eso es el camino y la verdad y la vida.

‘No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí’, nos dice Jesús. No nos falte la paz en nuestro espíritu, es como podremos descubrir caminos nuevos.

jueves, 12 de mayo de 2022

Escuchemos con espíritu humilde y corazón abierto la palabra de Jesús para no contagiarnos del espíritu del mundo ansiosos de alcanzar el poder que nos aleja del evangelio


 

Escuchemos con espíritu humilde y corazón abierto la palabra de Jesús para no contagiarnos del espíritu del mundo ansiosos de alcanzar el poder que nos aleja del evangelio

Hechos de los apóstoles 13, 13-25; Sal 88; Juan 13, 16-20

En las costumbres y hasta normas sociales con las que nos vivimos y relacionamos los unos con los otros tenemos una multitud de recursos, llamémosles así, en los que actuamos por la mediación de los demás o como mediación de los demás, que incluso se han traducido en normas legales que le dan como mayor autoridad y validez a esas mediaciones; gentes que actúan por poder, abogados que nos representan y hablan en nombre nuestro o defienden nuestros intereses, portavoces de grupos o de familias en diversas situaciones y así muchas cosas más en este sentido. Quien actúa como mediador o en representación no se puede atribuir papeles o poderes que superen a quien es representado, ni podrán actuar en contra o por encima de los intereses de dichas personas que representan. Así nos damos cuenta, que además hasta legalmente está establecido cual es la verdadera medida de esa representación.

Digo esto como ejemplo y me viene a la memoria al escuchar las palabras hoy de Jesús. ‘El criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica’. Primero recordemos el hecho del que parten estas palabras de Jesús. El episodio es el comienzo de la cena pascual. Jesús se ha quitado el manto, se ha ceñido la toalla y se ha puesto a lavar los pies de los sorprendidos discípulos. Y cuando termina recordándoles que le llaman el Maestro y el Señor y en realidad lo es, sin embargo ha sido capaz de arrodillarse delante de sus discípulos para lavarles los pies. Y de ahí el comentario de las palabras de Jesús que hemos recordado.

En el texto que hoy se  nos ofrece en la liturgia de este día Jesús terminará diciéndonos que somos sus enviados. Quien recibe el enviado, recibe al que lo envía, y así Jesús nos dirá como estamos recibiendo a Dios. Es un nuevo y distinto sentido de mediación. No es simplemente que vayamos con unos poderes legales, como al principio comentábamos, aunque Jesús cuando envía a sus discípulos les da sus mismos poderes para anunciar la Buena Nueva, para curar enfermos y para arrojar demonios. Y es que sintiéndonos enviados de Jesús en la misión que se nos confía y que tenemos que realizar, estamos convirtiéndonos en algo más, estamos convirtiéndonos en signos de la presencia de Dios.

Esto es serio y es grandioso. Es cómo tenemos que ver nuestra misión. Es darnos cuenta de lo que nosotros tenemos que realizar en medio del mundo. Somos algo más que unos portavoces porque nuestra vida y nuestra palabra tienen que convertirse en ese signo de la presencia salvadora del Señor. Es grandiosa la misión que se nos está confiando, es de seria responsabilidad la misión que estamos asumiendo; es lo que tiene que brillar en nuestra vida. Es el cuidado también de lo que nuestra palabra tiene que pronunciar y lo que nuestras obras tienen que realizar. No nos podemos alejar del evangelio de Jesús, no nos podemos alejar del mensaje del Reino de Dios que Jesús nos anuncia.

‘Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica’, nos dice Jesús. La iglesia tiene que escuchar en sí misma estas palabras de Jesús. El criado no es mayor que su amo, ni el enviado mayor del que lo envía. ¿Lo habremos tenido en cuenta siempre? ¿No nos contagiaremos del espíritu del mundo y algunas veces porque actuamos como iglesia o en nombre de la Iglesia, se nos habrán subido los humos y nos habremos creído poco menos que dioses?

Es un peligro y es una tentación. Es la tentación del poder, de la búsqueda de grandezas humanas, de querer ponernos a la altura de los poderes del mundo, y algunas veces nos hemos confundido y hemos querido quizá ser mayores que nuestro maestro.

¿No habremos querido hacer y deshacer a nuestro antojo en muchas de las cosas que llamamos pastorales y que en la Iglesia o en su nombre realizamos? ¿Habrá sido siempre la Iglesia imagen del servicio a los demás y a ejemplo de Jesús que se arrodilló ante de los discípulos para lavarles los pies? Puede haber sido nuestro gran pecado.

Tenemos que escuchar con corazón humilde, con corazón abierto la palabra de Jesús.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Creemos en Jesús y en El encontramos la Luz, comenzamos a encontrar el camino, se disiparán las tinieblas que tantas veces nos oprimen y todo es vida para nosotros

 


Creemos en Jesús y en El encontramos la Luz, comenzamos a encontrar el camino, se disiparán las tinieblas que tantas veces nos oprimen y todo es vida para nosotros

Hechos de los apóstoles 12, 24 — 13, 5ª; Sal 66; Juan 12, 44-50

Triste, duro, peligroso es caminar en una noche oscura sin ninguna luz. No sé si les habrá pasado en alguna ocasión que caminando en la noche por lugares apartados, de repente el coche se haya quedado sin luz. Qué abismos se nos abren ante nosotros en la oscuridad, aunque quizá el camino esté bien cerca; nos encontramos perdidos, desorientados, ante los posibles peligros no sabemos hacia donde dirigirnos. En esas oscuridades de caminos oscuros podemos tener algunos sucedáneos que momentáneamente nos puedan resolver algo, pero necesitamos la seguridad de una luz que no nos falle.

Pero no he comenzado esta reflexión por ahí simplemente para que contemos anécdotas, sino que puede ser una buena imagen de cómo podamos encontrarnos en la vida. Necesitamos un norte, como decimos en nuestras latitudes, necesitamos algo que nos dé sentido, necesitamos encontrar caminos seguros y hay muchos sucedáneos a nuestro alrededor, muchas luces que quisieran ser señeras y que nos atraen y nos pueden confundir.

Siempre el hombre se ha preguntado por si mismo y por el sentido de su vida, y aunque algunos digan que no creen en nada sino que lo que quieren es vivir la vida, en el fondo están encontrando un sentido, algo que dé valor, algo que nos haga sentirnos seguros en lo que hacemos. Podremos disimular falsa felicidad o podemos querer dar apariencia de que tenemos tranquilidad, pero en el fondo nos preguntamos por algo, en el fondo estamos necesitando de alguna luz. Y cada uno tenemos nuestros por qué, nuestras razones, nuestro sentido, nuestro camino o la apariencia de alguna luz; y nos vamos influyendo los unos a los otros, pero seguimos buscando en nuestro interior.

Hoy Jesús nos deja dicha una cosa importante. Algo que se nos repetirá a lo largo de todo el evangelio, pero de manera especial en este evangelio de Juan. Es el tema de la luz repetido en diversas imágenes, en diversos signos, en palabras concretas de Jesús como las que hoy escuchamos.

Son significativas en el evangelio las curaciones de los ciegos. Lo habían anunciado los profetas. Eran las señales del Reino. Encontrar la luz. La luz que quería brillar entre los hombres, pero las tinieblas, los que andaban en tinieblas la rechazaron. Pero es continua esa imagen que se repite a lo largo de todo el Evangelio. Es que la Buena Noticia de Jesús nos trae la luz, quiere disipar las tinieblas de nuestro mundo, viene a ayudarnos a encontrar el sentido y el camino de nuestra vida. El camino de la piscina de Siloé – el enviado - es bien significativo para que el ciego de nacimiento recobre la luz de sus ojos. Nos encontramos con el enviado del Padre como hoy mismo nos está diciendo Jesús.

‘El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas’.

Creemos en Jesús que es creer en quien le ha enviado. Creemos en Jesús y en El encontramos la Luz. Creemos en Jesús y comenzamos a encontrar el camino. Creemos en Jesús y se disiparán las tinieblas que tantas veces nos oprimen. Creemos en Jesús y todo es vida para nosotros, porque la vida adquiere un nuevo sentido. Pongamos nuestra fe en Jesús y nunca nos veremos defraudados. El ha venido al mundo como luz para que no queremos en tinieblas. Es la luz que es vida y que es salvación, es la luz que nos arranca de las tinieblas y en la que vamos a encontrar el perdón. No rechacemos la luz.

martes, 10 de mayo de 2022

Intentemos caminar siguiendo los pasos de Jesús, escuchemos su voz, construyamos nuestra vida desde los valores profundos que harán en verdad grande a la persona

 


Intentemos caminar siguiendo los pasos de Jesús, escuchemos su voz, construyamos nuestra vida desde los valores profundos que harán en verdad grande a la persona

Hechos de los apóstoles 11, 19-26; Sal 86; Juan 10, 22-30

Mala cosa es que vayamos por la vida con ideas preconcebidas sobre algo, con una imagen que nos hayamos hecho de una persona, con prejuicios sobre cómo va a ser la manera de actuar, por ejemplo, de una persona determinada. No vamos a ver sino lo que llevamos en la cabeza, nada nuevo ni distinto vamos a aceptar, nadie nos va a poder quitar la idea que llevamos dentro.

Cuántas veces decimos eso no me va a gustar, y quizás nos vemos obligados por las circunstancias a asistir aquello que decíamos que no nos iba a gustar y por muy interesante que sea lo que allí se desarrolle o la mayor riqueza o belleza que pueda tener, ya íbamos con la idea preconcebida de que no nos iba a gustar, y no nos gustará, incluso lo pasaremos más por vernos obligados a asistir. Pasan así tantas cosas en la vida, tan llenos andamos de prejuicios o de ideas preconcebidas, marcados quizás por una ideología, o por los ‘influencers’ como ahora se dice, que nos van marcando rutas para lo que aplaudamos o no.

Eso pasaba con Jesús tal como nos lo cuenta el evangelio en diversos episodios. Era galileo y de Galilea no podía salir ningún profeta y no podían aceptarlo; no se mostraba amigo de los poderosos sino que a todos ponía en su sitio porque lo que pedía era autenticidad y no era profeta de su agrado; se mezclaba con toda clase de gentes, comía con publicanos y con pecadores, no podía ser un hombre bueno; no era el Mesías guerrero que ellos se habían preconcebido, y no podían aceptarlo porque el Mesianismo que Jesús presentaba iba por los corazones y por la autenticidad de una vida; lo que hablaba ponía en solfa a los que se consideraban dirigentes del pueblo y como iba en contra de sus posicionamientos no lo podían aceptar. Eran muchos los prejuicios que pesaban en sus corazones.

¿Era Jesús un revolucionario? En verdad quería que todo cambiara, que otras fueran las actitudes, que de otra manera fuera la relacion con Dios, pero esas revoluciones no las entendían. Tampoco los que se consideraban más revolucionarios y en contra de los dirigentes actuales, aunque algunos se habían hecho sus discípulos, no estaban por la labor de seguir con el estilo que Jesús estaba planteando. Aquella buena nueva de Jesús de nueva vida y de salvación donde no cabían los remiendos y los apaños, era algo que no les convencía. No podían aceptar a Jesús.

Jesús no se identifica con el líder político y militar que se oponga a la dominación romana, sino que Jesús va más por la imagen del Mesías de la profecía davídica encarnado en el pastor del profeta Ezequiel que apacienta a sus ovejas y las hace reposar, busca la oveja perdida, recoge a la descarriada, venda a las heridas, fortalece a la enferma’. Es la imagen con la que Jesús se nos presenta en el evangelio, no solo en las palabras que hoy le escuchamos pronunciar, sino en lo que han sido sus actitudes y su manera de actuar acercándose a los sencillos y a los pobres, acogiendo a los pecadores y sanando a los enfermos como un signo y señal de lo que en verdad quiere realizar en nuestros corazones.

El es el Pastor y los que en verdad son sus ovejas le escuchan y le siguen y se alimentan de sus pastos de vida eterna. El viene para ofrecernos vida, pero no una vida cualquiera; no es una vida que nos produzca un bienestar pasajero como tantos Mesías de hoy siguen ofreciéndonos cuando quieren hacernos soñar con un paraíso en la tierra, esa llamada sociedad del bienestar. Son otros los caminos de vida que Jesús nos ofrece y que no son perecederos, porque El nos ofrece vida eterna.

No significa que no quiera Jesús que vivamos mejor y más felices en esta tierra que nos toca pisar, porque si en verdad aceptáramos esos nuevos valores que se nos ofrecen desde el evangelio, otra sería nuestra vida y caminaríamos por caminos de verdadera justicia y alcanzaríamos la paz que nadie jamás nos podría quitar. Pero ya sabemos cómo andamos por este mundo, se nos ofrecen muchas cosas, pero la maldad sigue perdurando en el corazón, pensamos que todo hemos de construirlo sobre bases materiales y un día se nos derrumban esos pilares que creíamos tan fuertes, y así nunca podremos alcanzar esos caminos de vida nueva. No nos dejemos envolver por ese materialismo de la vida. Démosle mayor profundidad a cuanto hacemos. Pongamos siguientes de verdadera espiritualidad.

Intentemos caminar los caminos de Jesús, escuchemos su voz, sigamos sus pasos, alimentémonos de esa vida nueva que nos ofrece, construyamos nuestra vida desde esos valores profundos que harán en verdad grande a la persona, y no olvidemos nunca la trascendencia de vida eterna que tenemos que darle a cuanto hacemos.

 

lunes, 9 de mayo de 2022

Jesús es la Puerta acogedora que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna y recordemos que hemos de ser signos de esa puerta de Jesús siempre abierta para los demás

 


Jesús es la Puerta acogedora que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna y recordemos que hemos de ser signos de esa puerta de Jesús siempre abierta para los demás

Hechos de los apóstoles 11, 1-18; Sal 41; Juan 10, 1-10

Que a gusto nos sentimos cuando somos recibidos a la puerta de la casa que se abre para nosotros invitándonos a entrar. No es lo mismo ser recibidos a la puerta, por mucha que sea la amabilidad que se nos muestre si no nos permiten traspasar el umbral. Una puerta abierta es signo de acogida, de apertura de algo más que las paredes de un hogar, porque es de alguna manera poner a nuestra disposición todo el cariño y el amor que en ese hogar se vive haciéndonos partícipes de su amistad y de su vida. Demasiadas puertas cerradas nos vamos encontrando en la vida, no solo porque con los miedos y la intranquilidad que se vive se mantienen cerradas a prueba de intrusos y ladrones, sino porque puede ser signo también de la cerrazón con que vivimos muchas veces la vida con nuestras desconfianzas.

Hoy Jesús nos dice que El es la puerta. Nos está hablando del aprisco de las ovejas, porque se nos vienen ofreciendo esos textos que hacen referencia a Jesús Buen Pastor, y diciéndonos que El es el verdadero Pastor de nuestra vida, nos está diciendo que es el Puerta por donde tenemos que entrar. Yo soy la puerta, nos viene a decir, quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos’.

Nos vienen a la memoria otros textos del evangelio donde nos hablará de cómo El es la puerta y el camino de la salvación. ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida’, nos dirá en otra ocasión, ‘y nadie va al Padre sino por mí’. Por eso nos dirá que conociéndole a El conoceremos al Padre porque viene a ser el verdadero rostro de Dios. No quiere otra cosa Jesús sino cumplir la voluntad del Padre, para eso ha venido y eso es lo que El nos quiere trasmitir. Su alimento es hacer la voluntad del Padre. Porque El ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Una hermosa consideración que se nos hace hoy en el texto sagrado que nos ofrece la liturgia que tiene que despertar en nosotros ese deseo de conocer a Jesús. Son textos que tenemos que rumiar una y otra vez para que así lleguemos a encontrar todo ese sabor de vida eterna que siempre en la Palabra de Dios vamos a encontrar. No nos cansemos de querer conocer a Jesús, no nos cansemos de adentrarnos una y otra vez en las páginas del evangelio. Es conocer a Jesús, es empaparnos de Jesús, es dejarnos conducir por su Espíritu para que por El lleguemos a alcanzar la vida eterna.

En Jesús siempre vamos a encontrar esa puerta abierta. Esa hermosa acogida, como decíamos antes, que nos hace sentirnos bien, cuando se nos invita a traspasar el umbral. Es la hospitalidad y es la acogida, es el ofrecernos el descanso del hogar en la suavidad del amor donde encontraremos el agua fresca que sacie nuestra sed y donde se nos ofrece el pan que nos haga recuperarnos del duro camino.

‘Venid y aprended de mí, nos dirá en otra ocasión, venid todos los cansados y agobiados y en mi encontraréis vuestro descanso’. La puerta que nos introduce en el aprisco, lugar de resguardo y descanso para las ovejas, siguiendo con la imagen que se nos está ofreciendo estos días; pero es la puerta que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna. Ya hemos venido reflexionando en la pasada semana cómo El se nos ofrece como alimento de vida eterna, cuando nos dice que El es el Pan de Vida y que quien le come vivirá por El, tendrá vida eterna.

Todo eso es Cristo para nosotros. Pero no olvidemos que de todo eso también nosotros tenemos que ser signos de Cristo para los demás. No cerremos puertas en el camino de la vida, abramos el corazón y seamos también nosotros acogedores de los que pasan a nuestro lado en el camino de la vida; así nos convertiremos en verdaderos signos del amor de Jesús, de la Puerta abierta que Jesús siempre será para todos.

 

domingo, 8 de mayo de 2022

Busquemos ser esa Iglesia comunidad acogedora, esa Iglesia pueblo que camina, esa iglesia que se siente familia y miembros de un mismo pueblo

 


Busquemos ser esa Iglesia comunidad acogedora, esa Iglesia pueblo que camina, esa iglesia que se siente familia y miembros de un mismo pueblo

Hechos 13, 14. 43–52; Sal 99; Apocalipsis 7, 9. 14b-17; Juan 10, 27-30

En la vida que vivimos, más urbana, más alejada del entorno natural de nuestros campos y de los cultivos tradicionales y del estilo de ganadería de otros tiempos, las imágenes de un rebaño nos resultan extrañas, como restos de otras épocas y parece que ya nada pueden decirnos al hombre de hoy. Nos queda el remedio de los medios de comunicación, de la televisión y de documentales que algunas veces tratan de trasmitirnos hechos o costumbres de otras épocas para que podamos volver a contemplarlas. Nos quedan restos en los reclamos de los caminos de la trashumancia por los que eran llevados de un sitio para otros buscando mejores pastos para el ganado.

La imagen de un rebaño que es conducido de un lugar para otro puede llevarnos a una cierta confusión porque algunas veces pensamos en un camino irracional e instintivo el que realiza el ganado, pero los ganados escuchan una voz que les guía porque conocen al pastor que está a su cuidado, son conducidos no tan irracionalmente por unos perros pastores que incluso los protegen, lo que nos puede sin embargo manifestar una fuerza de unidad muy grande que pueda ser bien significativa y de gran enseñanza para nosotros.

Son las imágenes que se nos ofrecen en el evangelio y en toda la Palabra de Dios de este domingo que precisamente es llamado el domingo del Buen Pastor. Por eso la liturgia nos hará repetir como un eco que se nos mete en nuestras entrañas aquello de que ‘nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño’. Ovejas de su rebaño recordándonos las imágenes que se repiten en el evangelio y toda la Palabra proclamada pero que formamos un pueblo. Un rebaño que es pueblo nos viene a decir, un rebaño que mantiene una unidad pero un rebaño que se viene a constituir en comunidad, que es el pueblo de Dios que camina unido.

Ni el rebaño se constituye simplemente porque juntemos unas ovejas, ni el pueblo se hace simplemente porque vivamos en un mismo lugar. Es necesario algo más, las ovejas conocerán a su pastor y aunque estén con otras ovejas solamente seguirán el silbo y la voz del que es su pastor; el pueblo no es solo la formación de unos edificios los unos junto a los otros, sino que lo hará la convivencia entre quienes forman aquella comunidad y convivencia es mucho más que estar los unos al lado de los otros.

La convivencia la conseguimos cuando queremos caminar juntos, cuando llevamos a compartir metas los unos con otros y somos capaces de aunar esfuerzos para lograr nuestras metas, cuando somos capaces de trazarnos un camino y luchamos por hacerlo siendo capaces de tendernos la mano los unos a los otros para que nadie se quede en la cuneta, cuando buscamos el encuentro y la comunicación siendo capaces incluso de perder tiempo para sentarnos juntos a la caída de la tarde en las puertas de nuestras casas para compartir las incidencias del día con los que son nuestros vecinos. Una tarea preciosa e ilusionante que sin embargo muchas veces abandonamos y llega el caso de que vivimos puerta pegada a la de los otros y ni su nombre conocemos y no digamos cuando creamos abismos en las relaciones entre los unos y los otros.

Muchas cosas tenemos que recuperar para ser ese pueblo que se siente unido y que camina unido. Muchos tenemos que recuperar en nuestras comunidades que muchas veces solo tienen el nombre del titular de la Parroquia que un día le pusieron. Porque hablamos en el sentido humano de lo que son nuestros pueblos, pero hablamos de la realidad de ese pueblo que llamamos el pueblo de Dios que son nuestras comunidades cristianas, que es nuestra Iglesia.

Tenemos que buscar ser esa Iglesia comunidad acogedora, esa Iglesia pueblo que camina, esa iglesia que se siente como una familia porque en verdad nos sentimos hermanos, esa Iglesia en que sepamos aceptarnos todos aun con los defectos y limitaciones que tengamos, una Iglesia que se siente pecadora con los pecadores, pero que al mismo tiempo se siente santa porque aspira a ese crecimiento espiritual que le haga vivir en esa comunión de los hijos de Dios, esa Iglesia con unos pastores que en verdad están al lado de su rebaño sintiendo como propias las necesidades y preocupaciones, la limitaciones y los pecados de cada uno de sus miembros, esa Iglesia que arropa a su pastor en sus luchas y dificultades, en sus problemas o en sus momentos de debilidad siendo como aquella comunidad de Jerusalén que oraba por Pedro mientras estaba en la cárcel.

‘Somos su pueblo y ovejas de su rebaño’, que hoy repetimos con la liturgia. Que en verdad así seamos y nos convirtamos en verdadero signo de algo nuevo ante el mundo que nos rodea.