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domingo, 26 de abril de 2026

Jesús, buen Pastor que nos conoce y nos llama por nuestro nombre, nos conduce por caminos de vida siendo la única puerta de nuestra salvación

 


Jesús, buen Pastor que nos conoce y nos llama por nuestro nombre, nos conduce por caminos de vida siendo la única puerta de nuestra salvación

Hechos 2, 14a. 36-41; Salmo 22; 1Pedro 2, 20-25; Juan 10, 1-10

Hoy escuchamos en el evangelio una de las imágenes más hermosas que nos ofrece Jesús de sí mismo, nos habla del pastor y de las ovejas, nos habla del aprisco y de la puerta para poder entrar, nos habla del pastor que conoce a sus ovejas y las conoce por su nombre, pero nos habla de las ovejas que conocen y escuchan la voz de su pastor.

Ya sé que es una imagen que en nuestros ambientes urbanos se habrá podido quedar en lo bucólico pero también por ese ambiente urbano tan alejada de la vida de nuestros campos muchos no llegarán a terminar de entender en todo su sentido. Pero la imagen está ahí con toda su riqueza y con su belleza y sigue hablándonos hoy de nuestra relación con Jesús pero sobre todo de cuanto significa Jesús para nosotros por la fe que hemos puesto en El.

No serán necesarias muchas explicaciones, sin embargo, porque simplemente contemplando el evangelio y todo lo que fue el camino de Jesús lo podremos comprender. Nos busca, nos llama, nos ofrece el mejor alimento para nuestra vida, Él mismo se hace alimento para nosotros. creo que bien puede ser una experiencia que hayamos experimentado en nuestra vida, a la manera de cómo Jesús se acercaba a todos en el evangelio, a todos escuchaba y alimentaba, por todos se daba como el pastor que tanto cuida a sus ovejas y no teme perder su vida por dar libertad y paz a sus ovejas. Son los caminos del evangelio, son los caminos de Jesús.

Podríamos detenernos en nuestra contemplación del evangelio de este día en la afirmación que hace Jesús diciéndonos que es la puerta para entrar y para salir; no nos valen otras puertas, no nos vale buscar otros atajos, no nos vale querer saltar por encima de las dificultades o los obstáculos para querer llegar más pronto, no nos vale hacernos nuestras puertas a nuestras medidas. Jesús en alguna ocasión nos hablará de la puerta estrecha por la que hemos de entrar.

Normalmente la puerta del redil no es una puerta ancha porque es la forma cómo el pastor controla que de verdad entran todas las ovejas; como nos dirá Jesús las conoce por su nombre, nos conoce por nuestro nombre. No somos un número más, un número indefinido, porque cada uno tenemos nuestras características, nuestros valores y nuestras riquezas humanas, como nuestras propias debilidades o tenemos nuestros personales tropiezos en el camino de la vida. Y así nos conoce Dios y así nos ama Dios.

Recuerdo significativamente que tanto para entrar en Belén a la Basílica de la Natividad, como para acercarnos al santo sepulcro en Jerusalén al lugar de la resurrección del Señor, hay que pasar por una puerta pequeña donde necesariamente tenemos que agacharnos para poder pasar. Y podemos recordar también aquello que en otro momento nos dice Jesús del camello que tiene que pasar por una aguja, que eran las puertas laterales de la gran puerta de las murallas que era una puerta estrecha, para señalarnos que cuando vamos recargados de muchas cosas tendremos dificultades para entrar. Humildad para poder pasar por la puerta que es Cristo, pero desprendimiento porque no son esos apegos buenas señales de lo que significa seguir a Jesús, porque su puerta será siempre un camino para el amor.

Jesús es, pues, el Buen Pastor, una imagen siempre muy presente en la vida de la Iglesia y de los cristianos, de manera que en la arqueología cristiana la primera imagen en figura que encontramos como referencia a Jesús es la del Buen Pastor, ya allá en las catacumbas de Roma. Es el pastor que nos alimenta y nos da vida, es el pastor que camina delante de nosotros y no nos deja nunca solos, es el pastor que siente lástima cuando contempla a aquellas muchedumbres que andaban como ovejas sin pastor, es el Pastor que se hace pan para alimentarnos dándonos a comer su carne porque al mismo tiempo es el Cordero sacrificado que arrancar la muerte de nuestro mundo, porque nos dirá hoy en el evangelio que Él ha venido para darnos vida y la tengamos en abundancia.

    Como nos decía el apóstol Pedro en su carta que hoy escuchamos ‘andábais errantes como ovejas (sin pastor), pero ahora os habéis convertido al Pastor y guardián de vuestras almas… porque con sus heridas fuisteis curados’. Así queremos seguir a Jesús, así queremos escucharle porque Él es nuestra única puerta de salvación, así queremos alimentarnos de Él porque solo comiéndole podremos tener vida eterna.

lunes, 12 de mayo de 2025

Con Jesús siempre seguros, porque tenemos la certeza de la puerta que se nos abre, la seguridad de la fortaleza para el camino, la luz suficiente para alejarnos de las tinieblas

 


Con Jesús siempre seguros, porque tenemos la certeza de la puerta que se nos abre, la seguridad de la fortaleza para el camino, la luz suficiente para alejarnos de las tinieblas

Hechos 11, 1-18; Salmo 41; Juan 10, 1-10

Si tenemos una puerta, ¿por qué tenemos que saltar por la valla? Por la valla saltan los que no pueden tener acceso por la puerta, o los que teniendo acceso posible por la puerta, como sus intenciones no son buenas, tratan de pasar disimuladamente para poder lograr sus fines ocultos. Y el que viene con esas intenciones o esos deseos seguramente lo que va a producir son estragos, trastornos, daños. Es importante y serio quien entre por la puerta, el sentido de la puerta.

Es una imagen más y bien enriquecedora que nos ofrece Jesús de sí mismo a lo largo del evangelio y que hoy de manera especial escuchamos. Ha estado hablando de las ovejas y del pastor, de las ovejas que escuchan y conocen a su pastor, pero del pastor que conoce y que ama a sus ovejas hasta el punto de dar la vida por ellas. En otros momentos del evangelio nos hablará de camino y de verdad, nos hablará de luz y de vida diciéndonos que todo eso es Él para nosotros.

Ha venido como la luz, aunque se encontrará que la tiniebla rechaza la luz, no la recibirá, como ya desde el principio del evangelio de san Juan se nos dice; nos dirá que quien le sigue no anda en tinieblas, y eso tiene que ser la opción que tenemos que hacer. Por eso la imagen de la luz aparecerá muchas veces en el evangelio pero además nos pide que vayamos a su encuentro con las luces en nuestras manos, pero que hemos de tener suficiente aceite para que se mantengan encendidas. Claro que su verdad y su sabiduría es ese aceite que nos mantendrá con la luz encendida.

Pero si nos manda caminar a su luz, también nos dirá que Él es el camino. Cuando los discípulos le piden que les muestre al Padre, del que tanto les viene hablando, les dirá que quien le ve a Él ve al Padre, porque nadie podrá ir al Padre sino por El; pero además nos dice que nadie conoce al Padre sino el Hijo y a quien el Hijo se lo quiere revelar; viene a decirnos así cómo El nos revela al Padre. ‘Nadie va al Padre, sino por mí’. Y concluirá con una afirmación definitiva, ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida’.

Y hoy abundó en la idea de las ovejas que le siguen, le escuchan, El las ama y da su vida por ellas, en esa imagen del aprisco nos dirá que Él es la Puerta. Para entrar a formar parte de este aprisco, de ese rebaño no tenemos otro camino que El mismo. ‘En verdad, en verdad os digo, yo soy la Puerta’. Nos hablará del verdadero pastor y nos hablará de los malos pastores que no cuidan a su rebaño sino que solo se aprovechan de él. Pero eso nos hablará de ladrones que solo vienen para hacer estrago, para robar y para matar.

Es importante esta imagen. Una imagen que nos lleva a desear conocer esa puerta, que algunas veces nos dirá Jesús que es estrecha porque es exigente, pero que en otro momento nos dirá que no  hemos de temer en lo que Él pueda pedirnos porque reina por encima de todo la libertad porque reina el amor. ‘Mi yugo es llevadero y mi carga es liviana’, nos dirá. El desconocimiento nos hace ver muchas veces las cosas como demasiado grandiosas u opresivas. Estamos ante un paisaje que no conocemos, pero que además por ese desconocimiento se nos manifiesta de entrada oscuro, ya estamos pensando que todo lo que hay detrás es tenebroso y nos dará miedo entrar en ese huerto o en ese camino. Cuando tengamos conocimiento de lo que hay veremos que no es tan temeroso sino que los carriles por los que nos hace circular el Señor están bien engrasados con la gracia y nos dan facilidad a nuestro rodaje.

Con Jesús siempre nos tenemos que sentir seguros, porque tenemos la certeza de a dónde nos va a llevar la puerta que se nos abre, tenemos la seguridad de la fortaleza para el camino, tendremos la luz suficiente para alejarnos de las tinieblas y de los peligros, tenemos la certeza de la meta porque sabemos que nos vamos a encontrar con el Padre. Qué gozada seguir el mensaje del evangelio.


lunes, 22 de abril de 2024

Entremos por la puerta de Jesús, aunque nos parezca estrecha, pero nos conduce con seguridad al redil de la vida, El está detrás de esa puerta esperándonos

 






Entremos por la puerta de Jesús, aunque nos parezca estrecha, pero nos conduce con seguridad al redil de la vida, El está detrás de esa puerta esperándonos

Hechos de los apóstoles 11, 1-18; Salmo 41; Juan 10, 1-10

Qué gratificante que cuando estamos buscando por donde entrar a un sitio por el que sentimos algún tipo de interés nos encontremos con la puerta y con quien posee las llaves de esa puerta. Me ha sucedido alguna vez visitando algún lugar, pero que nos encontrábamos cerrado y sin posibilidades de entrar para admirar, por ejemplo, la belleza y la riqueza histórica y cultural de aquel lugar, pero pronto encontramos por donde entrar, pero además quien nos facilitará aquella entrada porque no solo tenía en su mano la llave de entrada, sino también el conocimiento necesario para explicarnos lo que deseábamos visitar.

Andamos buscando en la vida esa llave y esa entrada  que nos haga encontrar sentidos, que nos llene de valores, que nos haga descubrir de verdad el valor de la vida y de lo que podemos hacer; andamos buscando esa luz o esa medicina, porque quizás muchas veces son muchos los desencantos que nos hieren el alma, muchas pueden ser las cosas que nos hacen sufrir y se convierten para nosotros en un dolor insufrible cuando no hay esperanza, cuando no se nos abren los horizontes de la vida, cuando andamos vagando de acá para allá sin saber muchas veces a qué atenernos. ¿No es cierto que muchas veces nos encontramos desorientados por esos caminos de la vida? ¿No es cierto que se nos llena de dolor el alma en tantas sombras y noches oscuras que nos encontramos por doquier y que muchas veces nos hacen perder hasta la ilusión por la vida?

A nuestro encuentro viene Jesús. Que quiere ser luz; que quiere abrir los horizontes de nuestro corazón; que quiere ser nuestro viático y acompañante en el camino, porque somos como aquel joven Tobías que necesitó de Rafael, el arcángel que estaba en la presencia de Dios, para acompañarle en el camino y orientarle en las diferentes situaciones en que se iba a encontrar.

Nos ha venido hablando de que es el Pastor de nuestra vida, pero hoy nos dice también que es la puerta por donde debemos entrar. No podemos echar en saco roto esas palabras de Jesús. Tenemos que dejarnos conducir para penetrar por esa puerta, sabiendo que vamos a tener los pastos de vida eterna que necesitamos y necesitaremos, sabiendo que nos da seguridad en esos pasos que hemos de ir dando porque es su Espíritu el que nos guía.

No será fácil el camino que nos señala pero sí sabemos que es certero. Muchos tenemos que ir desbrozando en nuestra vida para hacer ese camino, porque son muchas las malezas que hemos dejado introducir en nuestro corazón y eso nos cuesta y nos duele. Y arrancarlo de raíz no siempre es fácil, muchas veces doloroso, y también lleno de dificultad, pero con la seguridad de que lo podemos conseguir. Es la confianza que sentimos en el corazón cuando intentamos caminar, a pesar de nuestras cojeras y dificultades, al paso de Jesús. Va a ser nuestro cireneo, va a ser nuestra medicina y colirio que nos sane y que nos limpie los ojos para ver lo que realmente es importante.

Entremos por la puerta de Jesús, aunque nos parezca estrecha, pero nos conduce con seguridad al redil de la vida. El está detrás de esa puerta esperándonos. Es nuestro consuelo y nuestra fortaleza, el colirio que da luz a los ojos, y el camino que nos lleva a la vida eterna.

domingo, 21 de abril de 2024

Tenemos que ir hasta Jesús, encontrarnos con Jesús, alimentarnos de El y dejarnos conducir por su Espíritu, es la Puerta y es el Camino, El es el Pastor de nuestras vidas

 


Tenemos que ir hasta Jesús, encontrarnos con Jesús, alimentarnos de El y dejarnos conducir por su Espíritu, es la Puerta y es el Camino, El es el Pastor de nuestras vidas

Hechos de los Apóstoles 4, 8-12; Sal. 117; 1 Juan 3, 1-2; 10, 11-18

Cuando queremos construir un edificio que sea seguro y en el que podamos edificar todas las plantas que queramos tenemos que tener unos sólidos cimientos sobre el que se va a asentar y nos da va a dar seguridad de que no se nos venga abajo; si queremos una buena dirección para nuestra sociedad para que se puedan afrontar y resolver todos los problemas que se puedan presentar ya sea en la convivencia de los miembros de esa sociedad y para lograr las mejores formas de vida, hemos de tener unos líderes, unos dirigentes capaces y entregados al servicio de esa comunidad; si queremos entrar en un lugar y no tengamos problemas para su acceso o se nos pueda rechazar hemos de buscar la puerta porque no nos vale estar asaltando murallas o violentando sus limites o fronteras.

Son cosas necesarias de la vida, en nuestro nivel personal pero también como esa sociedad o comunidad que constituimos donde estamos mutuamente interrelacionados y dependemos en cierto modo los unos de los otros. Y he pensado en ese cimiento que tiene que ser profundo y con fuertes garantías frente a tanta superficialidad con que andamos por la vida, que al final no sabemos ni a donde vamos, ni de donde venimos ni tampoco lo que queremos, porque simplemente vamos a lo que salte. Es lo que realmente da sentido a nuestra existencia, nos hace descubrir lo que somos y lo que verdaderamente nos engrandece, lo que nos hará mantenernos con serenidad incluso en los más duros embates que podamos tener. Qué bueno es sentir a alguien seguro así a nuestro lado.

Y de todo esto nos está hablando el evangelio y toda la palabra de Dios que se nos ofrece en este domingo. Este cuarto domingo de Pascua que normalmente llamamos del Buen Pastor, por las imágenes con que se nos presenta Jesús en el evangelio. Nos habla del pastor que guía a su rebaño llevándolo con seguridad por caminos, valles y montañas, que lo defiende de peligros, del lobo que acecha o del ladrón que salta por encima de la puerta para robar y que entrega por sus ovejas curando los heridas o buscándolas donde se hayan perdido, que lo conduce con seguridad por los caminos de la vida, que lo resguarda en el redil desde el que lo sacará para conducirlo a los mejores pastos. 

¿Qué es lo que contemplamos de Jesús en el evangelio? No se queda en el templo o sentado en su cátedra, digamos de la sinagoga, sino que saldrá a los caminos para ir al encuentro de aquellos que le necesitan de una forma o de otra; saldrá a sembrar la semilla en los campos de la vida, enseñando ya sea desde la barca a las orillas del lago, o encontrándose con las multitudes hasta en los lugares descampados para enseñar y para curar y sanar cuerpos y corazones heridos, pero para alimentar sus cuerpos extenuados o sus espíritus ansiosos de esperanza.

Por eso esas dos imágenes que nos aparecen hoy también en la Palabra de Dios. Nos dirá Pedro que Cristo es la piedra fundamental que habían desechado los arquitectos, pero en quien encontramos esa fortaleza para nuestra vida, ese cimiento de nuestra existencia, esa luz y ese sentido de nuestro caminar y de nuestro vivir. En ningún otro nombre podremos encontrar la salvación, esa luz nueva que dará sentido a nuestra vida y que nos hará a nosotros también repartidores de luz en medio de un mundo tan ensombrecido. ¡Qué seguridad tenemos cuando lo  hacemos al paso de Jesús! Por eso en otro momento se nos presentará como el Camino, y la Verdad, y la vida, porque nadie va al Padre sino por Jesús.

Pero hoy cuando se nos está hablando del Pastor también se nos hablará de la puerta por la que hemos de entrar. El ladrón que va a robar y hacer estragos entrará por cualquier parte, saltando la tapia o rompiendo lo que encuentre a su paso y le impida la entrada. Pero Jesús nos dice que El es la puerta de las ovejas por las que entran y salen del redil guiadas por su pastor. Es Jesús por quien nosotros hemos de entrar porque solo por El conoceremos al Padre – ‘quien me ha visto a mi ha visto al Padre’, nos dirá en otro momento – y El es el único camino que nos lleva a Dios – ya recordábamos que El es el Camino, y la Verdad, y la Vida – porque es la Palabra que se hizo vida y da luz a los hombres. Así tenemos que ir a Jesús, encontrarnos con Jesús, alimentarnos de El y dejarnos conducir por su Espíritu. 

Pero en este domingo y desde estas consideraciones que nos hacemos contemplando a Jesús, Buen Pastor, nuestra mente y nuestro corazón se vuelve a quienes en nombre de Jesús están siendo pastores de nuestra vida en medio de la Iglesia. Con sus limitaciones humanas están queriendo realizar esa misión de Jesús desde la llamada que también un día sintieron con Jesús tocó sus corazones llamándolos también por su nombre. No es tarea fácil y no siempre somos conscientes de los dramas y sufrimientos que puede haber en sus corazones, pero que los cristianos tenemos que saber valorar y apoyar, estando al lado de nuestros pastores y sobre todo con nuestra oración.

Y es también el momento de orar al dueño de la mies, porque mucha es la mies y pocos los obreros, para que el Señor siga llamando y moviendo los corazones para que nunca falten a nuestra Iglesia esos pastores que en nombre de Jesús sigan alimentando nuestra vida y nuestra fe. Que sean muchos los llamados, y que sean muchos también los que con generosidad de corazón respondan a esa llamada del Señor. La Iglesia necesita muchos sacerdotes, el mundo necesita muchos pastores y testigos del evangelio de Jesús.

domingo, 30 de abril de 2023

Sepamos agradecer el amor que Dios nos tiene y nos pone los signos y las señales del Buen Pastor para que sepamos encontrar los pastos de vida eterna que El nos ofrece

 


Sepamos agradecer el amor que Dios nos tiene y nos pone los signos y las señales del Buen Pastor para que sepamos encontrar los pastos de vida eterna que El nos ofrece

 Hechos 2, 14a. 36-41; Sal 22; 1Pedro 2, 20-25; Juan 10, 1-10

La imagen del pastor que cuida su rebaño, que camina con sus ovejas en búsqueda de pastos, que las conoce por su nombre porque a cada una le ha puesto un nombre, que se desvive por la oveja perdida o enferma, que las guarda en su redil por la noche precaviéndolas de todo peligro, a los que hoy somos más urbanos que vivimos en las ciudades alejados de la vida campestre, nos puede parecer algo bucólico, muy hermoso y muy poético, casi como una novela pastoril, pero sin embargo no todos somos tan ajenos a esta realidad, porque ya viene siendo frecuente que aun en un ambiente urbano queramos tener un animalito aunque sea de compañía; y ya sabemos los lazos que se crean entre unos y otros, y no vamos a entrar en muchos detalles, y cómo se llega al sufrimiento incluso en la enfermedad de la mascota preferida y no digamos si nos llega a faltar.

De una forma o de otra en nuestro recuerdo o imaginación nos vale para comprender el sentido de este domingo pascual en el que Jesús vendrá a decirnos que El es el Buen Pastor, pero también nos habla de la puerta por donde se entra y se sale del redil. Terminará diciéndonos que lo que El quiere para nosotros es vida y vida en abundancia.

Como el pastor que cuida de su rebaño, con todas aquellas características que ya antes mencionamos y muchas más que podríamos traer a colación. Nos alimenta y cuida de nosotros, es el Buen Pastor que va delante nosotros señalándonos el camino, pero será el Buen Pastor que será capaz de dar su vida por nosotros. Sentía lástima Jesús, lo hemos escuchado muchas veces en el evangelio, cuando contemplaba aquellas multitudes que le buscaban, que eran capaces de seguirle incluso a los descampados, o esperarle a la orilla de la playa por donde fuera a desembarcar, pero, como El nos dice, eran como ovejas sin pastor; y a unos ovejas sin pastor no solo por si mismas no van a encontrar los pastos que necesitan, sino que estarán ante los peligros de ladrones que nos asalten y nos roben.

Es Jesús la puerta, por donde se entra y por donde se sale; solo podrá atravesar esa puerta el que es verdadero pastor de esas ovejas, el ladrón buscará el asalto por otros medios con los que pueda sorprender. Pero Jesús estará a nuestro lado con ojo avizor, como el pastor que cuida de sus ovejas para fortalecernos y podemos estar atentos al acecho del ladrón, al acecho de la tentación que por otros caminos nos podría arrastrar.

Pero esta imagen aparece ante nosotros en este camino pascual que vamos realizando para que sepamos agradecer ese cuidado que Dios nos tiene y a nuestro lado nos pondrá los signos y las señales de Jesús para que andemos por su mismo camino, para que sepamos encontrar esos pastos de vida eterna que El nos ofrece, pero también para que caigamos en la cuenta cómo la pascua nos hace entrar en la órbita del servicio al estilo y a la manera de Jesús.

Aunque luego podamos llevar esa imagen del Pastor a otros aspectos y a otras funciones que en medio de la comunidad cristiana se han de realizar, sin embargo el mensaje del evangelio hoy es para todos, para todos los que nos llamamos seguidores de Jesús, porque en todos tiene que resplandecer esa imagen del servidor, del que se pone en servicio de los hermanos para continuar la misma obra de Jesús.

Todos estamos llamados al servicio porque todos por nuestra fe en Jesús entramos en la órbita del amor. Por su nombre hemos de conocer también a los hermanos que nos rodean, que significa mucho más que tener un nombre en nuestra mente por el que recordarle y llamarle porque toda persona merece y tiene el derecho de tener un nombre que es en cierto modo como reconocer y valorar su dignidad. Cuántas cosas se derivarían de este pensamiento para nuestra relación y nuestro trato con los demás.

Esta imagen aparece también en este domingo para hacernos recordar a aquellos que en nombre del Buen Pastor ejercen esa función de pastores del pueblo de Dios desde una vocación y una llamada especial. Es día de oración en la Iglesia por los pastores del pueblo de Dios, por todos los que ejercen desde una llamada especial del Buen Pastor alguna función pastoral en la Iglesia.

Por eso se convierte también en el día de las vocaciones, que no son solo al sacerdocio – aun con la urgencia que vivimos en nuestros tiempos por la escasez de sacerdotes -, sino a la vida religiosa de especial consagración y a todas esas funciones pastorales que un cristiano puede y tiene que ejercer en medio del pueblo de Dios. Tenemos que orar al dueño de la mies que envíe operarios a su mies para que suscite personas que con valentía respondan a esa especial llamada del Señor.

 


lunes, 9 de mayo de 2022

Jesús es la Puerta acogedora que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna y recordemos que hemos de ser signos de esa puerta de Jesús siempre abierta para los demás

 


Jesús es la Puerta acogedora que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna y recordemos que hemos de ser signos de esa puerta de Jesús siempre abierta para los demás

Hechos de los apóstoles 11, 1-18; Sal 41; Juan 10, 1-10

Que a gusto nos sentimos cuando somos recibidos a la puerta de la casa que se abre para nosotros invitándonos a entrar. No es lo mismo ser recibidos a la puerta, por mucha que sea la amabilidad que se nos muestre si no nos permiten traspasar el umbral. Una puerta abierta es signo de acogida, de apertura de algo más que las paredes de un hogar, porque es de alguna manera poner a nuestra disposición todo el cariño y el amor que en ese hogar se vive haciéndonos partícipes de su amistad y de su vida. Demasiadas puertas cerradas nos vamos encontrando en la vida, no solo porque con los miedos y la intranquilidad que se vive se mantienen cerradas a prueba de intrusos y ladrones, sino porque puede ser signo también de la cerrazón con que vivimos muchas veces la vida con nuestras desconfianzas.

Hoy Jesús nos dice que El es la puerta. Nos está hablando del aprisco de las ovejas, porque se nos vienen ofreciendo esos textos que hacen referencia a Jesús Buen Pastor, y diciéndonos que El es el verdadero Pastor de nuestra vida, nos está diciendo que es el Puerta por donde tenemos que entrar. Yo soy la puerta, nos viene a decir, quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos’.

Nos vienen a la memoria otros textos del evangelio donde nos hablará de cómo El es la puerta y el camino de la salvación. ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida’, nos dirá en otra ocasión, ‘y nadie va al Padre sino por mí’. Por eso nos dirá que conociéndole a El conoceremos al Padre porque viene a ser el verdadero rostro de Dios. No quiere otra cosa Jesús sino cumplir la voluntad del Padre, para eso ha venido y eso es lo que El nos quiere trasmitir. Su alimento es hacer la voluntad del Padre. Porque El ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Una hermosa consideración que se nos hace hoy en el texto sagrado que nos ofrece la liturgia que tiene que despertar en nosotros ese deseo de conocer a Jesús. Son textos que tenemos que rumiar una y otra vez para que así lleguemos a encontrar todo ese sabor de vida eterna que siempre en la Palabra de Dios vamos a encontrar. No nos cansemos de querer conocer a Jesús, no nos cansemos de adentrarnos una y otra vez en las páginas del evangelio. Es conocer a Jesús, es empaparnos de Jesús, es dejarnos conducir por su Espíritu para que por El lleguemos a alcanzar la vida eterna.

En Jesús siempre vamos a encontrar esa puerta abierta. Esa hermosa acogida, como decíamos antes, que nos hace sentirnos bien, cuando se nos invita a traspasar el umbral. Es la hospitalidad y es la acogida, es el ofrecernos el descanso del hogar en la suavidad del amor donde encontraremos el agua fresca que sacie nuestra sed y donde se nos ofrece el pan que nos haga recuperarnos del duro camino.

‘Venid y aprended de mí, nos dirá en otra ocasión, venid todos los cansados y agobiados y en mi encontraréis vuestro descanso’. La puerta que nos introduce en el aprisco, lugar de resguardo y descanso para las ovejas, siguiendo con la imagen que se nos está ofreciendo estos días; pero es la puerta que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna. Ya hemos venido reflexionando en la pasada semana cómo El se nos ofrece como alimento de vida eterna, cuando nos dice que El es el Pan de Vida y que quien le come vivirá por El, tendrá vida eterna.

Todo eso es Cristo para nosotros. Pero no olvidemos que de todo eso también nosotros tenemos que ser signos de Cristo para los demás. No cerremos puertas en el camino de la vida, abramos el corazón y seamos también nosotros acogedores de los que pasan a nuestro lado en el camino de la vida; así nos convertiremos en verdaderos signos del amor de Jesús, de la Puerta abierta que Jesús siempre será para todos.

 

jueves, 25 de febrero de 2021

Sabemos que una puerta siempre está abierta para nosotros porque Dios tiene la puerta siempre abierta para sus hijos

 


Sabemos que una puerta siempre está abierta para nosotros porque Dios tiene la puerta siempre abierta para sus hijos

Ester 4, 17k. l-z; Sal 137; Mateo 7, 7-12

En aquella casa están siempre con las puertas abiertas. Hoy sería algo extraño, pero los mayores recordamos otros tiempos en que las puertas de nuestras casas estaban siempre abiertas; no hacía falta poco menos que echar la puerta abajo para entrar sino que llamabas y entrabas; lo he vivido hasta no hace muchos años en algunos lugares, no hacían falta timbres ni videos para ver quien estaba a la puerta; una simple llamada y sabias que siempre eras bien acogido. La imagen de la puerta abierta puede darnos muchos sentidos, porque  no es solo la casa sino la persona, el corazón lo que está abierto para los demás. Sabemos que podemos ir y confiamos con toda certeza que seremos recibidos, que seremos escuchados, que seremos atendidos, que vamos a encontrar lo que buscamos.

Sabemos, sí, de una puerta que está siempre abierta para nosotros. Es lo que Jesús quiere decirnos hoy; es lo que vemos reflejado en su vida, imagen verdadera del Padre del cielo. Recorriendo el evangelio lo vemos, como todos pueden acercarse a Jesús, no importa cual sea su condición porque todos van a ser acogidos; y aquellos que parecen los últimos van a ser los primeros, porque primeros serán los pecadores, sea cual sea su pecado. Siempre habrá una respuesta que será siempre una respuesta de amor, porque asegurado está el perdón.

‘Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre’. Y nos habla del padre que siempre atiende la petición de su hijo para darle lo mejor, ¿cómo no lo hará nuestro Padre del cielo?

Nos invita Jesús a que lo hagamos con toda confianza porque siempre está asegurado el amor que Dios nos tiene. Por eso pedimos, buscamos, llamamos. Tres palabras, tres verbos, tres actitudes muy presentes siempre en nuestro corazón. Con la certeza de que seremos escuchados, con la certeza de que nos vamos a encontrar siempre con el amor, con la certeza de que el corazón de Dios siempre está abierto para sus hijos. Aunque nosotros lo olvidemos, aunque nosotros queramos construirnos la vida por nosotros mismos creyéndonos autosuficientes.

Muchos dicen que buscan a Dios y no lo encuentran. ¿No será ya que van con prevenciones en esa búsqueda? ¿No será que vamos poniendo nuestras condiciones? Tenemos que ir siempre con la confianza de que vamos a encontrar, pero no pensemos que tiene que ser a nuestra manera. Somos rebuscados cuando queremos ir a nuestra manera y Dios se nos manifiesta a su manera que siempre es mucho más sencillo de lo que nosotros podamos imaginar. Por eso la confianza que hemos de poner por delante para no poner condiciones, para no exigir pruebas a nuestro estilo. Vacíate de ti mismo, siéntete pobre delante de Dios y lo encontrarás.

¿No dijimos antes que los que parecían los últimos van a ser los primeros? Pues así en nuestra y con nuestra pobreza vamos a Dios, vaciándonos de autosuficiencias y de los orgullos de nuestros saberes, y vas a encontrar a Dios, porque Dios te sale a tu encuentro, viene a tu encuentro y te hace el camino más fácil de lo que tú te lo habías imaginado.

Dios siempre tiene la puerta abierta para sus hijos. No le cierres tu puerta a Dios, porque eso es una tentación que sutilmente nos puede aparecer. Pero piensa también que no cerrar la puerta a Dios es no cerrársela a los demás, cosa que hacemos con demasiada frecuencia.

‘¡Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor!’ lo podemos decir con toda certeza y con toda confianza. Mucha experiencia de ello tenemos en nuestra vida.

domingo, 3 de mayo de 2020

Como creyentes estamos siempre llenos de esperanza porque sabemos bien de quien nos fiamos y contemplamos a Jesús que es Puerta y también Pastor de nuestras vidas



Como creyentes estamos siempre llenos de esperanza porque sabemos bien de quien nos fiamos y contemplamos a Jesús que es Puerta y también Pastor de nuestras vidas

  Hechos 2, 14a. 36-41; Sal 22; 1Pedro 2, 20-25; Juan 10, 1-10
La puerta, por así decirlo, es la franquicia por donde nos podemos introducir en algún lugar, o también visto desde el otro lado se abre ante nosotros ante otros lugares, otros mundos, incluso podemos decir otra vida. La puerta abierta o cerrada nos da confianza o nos da seguridad, pero también es incógnita cuando no sabemos lo que vamos a encontrar.
Por la puerta entra el amigo o la persona que consideramos de confianza franqueándole al otro lo que es nuestro hogar, nuestra intimidad, nuestra vida, lo personal o lo que es de los que allí habitan. Por la puerta entra el que es invitado o quien es bien recibido. A quien dejamos entrar le hacemos participar de la riqueza de nuestro hogar y de su sabiduría – nuestra sabiduría – en la acogida que hacemos a quien llegue hasta nosotros. No nos la dejamos arrebatar, por eso la puerta es como filtro para la entrada, pero con generosidad compartimos.
Pero también hemos de reconocer que vivimos en un mundo de desconfianzas y mantenemos la puerta cerrada para preservar la seguridad del hogar, y para mantener a buen recaudo lo que es la intimidad de nuestra vida. Cuando salimos tras la puerta no sabemos lo que nos vamos a encontrar, aunque siempre salgamos con esperanza y optimismo, pero también hay un mundo de incógnitas, de amenazas quizá, como ahora estamos viviendo encerrándonos tras la puerta para preservarnos de peligros; aun así ansiamos salir aun arriesgándonos ante lo desconocido que se nos pueda presentar porque queremos los horizontes amplios que se abren ante nosotros con la puerta ya abierta.
Y hoy Jesús en el evangelio nos habla de la puerta. Pero nos dice que El es la puerta. Este pasaje del evangelio está enmarcado en esa imagen del Buen Pastor de la que Jesús nos quiere hablar y ya tradicional en este cuarto domingo de Pascua. Nos dirá que el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas que es reconocido por ellas. Que el ladrón o salteador no entrará por la puerta sino que saltará por cualquier parte porque no entra sino para robar.
En la vida trashumante de los pastores con sus rebaños al llegar la noche, si no estaban en el aprisco habitual sino que el rebaño era recogido en algún lugar para guarecerse de la noche, allí por donde se entraba aquel lugar se ponía el pastor vigilante. Era como la puerta, para poder llegar a las ovejas había que pasar por el pastor, que cerraba el paso a la fiera dañina que viniera a destrozar el rebaño o al ladrón que viniera a robar. La persona del pastor era como la puerta de seguridad que guardaba a su rebaño.
Es la imagen que hoy Jesús nos quiere ofrecer cuando nos dice que es la puerta. Solo por Jesús podemos llegar al conocimiento del misterio de Dios pero también a la comprensión del misterio de la vida, de nuestra propia vida. ‘Nadie va al Padre sino por mi’, nos dirá en otra ocasión en el evangelio. Y cuando los discípulos le preguntaban que les diera a conocer al Padre les respondía que ‘quien me ve a mi, ve al Padre’. Afirmándonos categóricamente que ‘nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’.
Hoy la imagen que nos está proponiendo precisamente en este domingo que llamamos el domingo del Buen Pastor, es la de la Puerta y la del Pastor. Queremos pasar por esa puerta, queremos adentrarnos en el misterio de Dios. Cristo nos abre esa puerta, nos hace traspasar esa puerta con su revelación de amor. Por eso nos dirá que El es vida y es Luz, que es el Verbo de Dios y que es revelación, que es el Camino y que es la Verdad. Es el Buen Pastor que nos da paso hasta donde encontramos el verdadero alimento de nuestra vida, pero es el Pastor que nos cuida y nos protege frente a las acechanzas y los peligros.
Antes hablábamos de la puerta tras la cual quizá nos encontramos incógnitas y misterios, pero ahora lo hacemos con la confianza de saber que esa Puerta es Jesús. En El vamos a encontrar esa sabiduría de Dios, porque nos revela el misterio del corazón de Dios, que es un misterio de Amor.
Pero decíamos también que la puerta que se abre ante nosotros nos abre a nuevos horizontes, a nuevas perspectivas, a nuevos caminos, también en ocasiones llenos de incógnitas. Vivimos muchas veces en un mundo complejo, un mundo de incertidumbres que nos llenan de dudas y de miedos, un mundo lleno de sorpresas no siempre agradables y que muchas veces desestabilizan nuestra vida, unos acontecimientos que parece que nos quitan las seguridades en las que tanto confiábamos y quizá nos haga descubrir otras cosas que son muy importantes en la vida y que muchas veces en nuestra loca carrera olvidamos.
Como creyentes tenemos que estar siempre llenos de esperanza porque sabemos bien de quien nos fiamos. Hoy contemplamos a Jesús que es Puerta, pero que es también Pastor de nuestras vidas. Sabemos que El no nos falla por muchas inseguridades que sintamos  bajo nuestros pies. El será siempre para nosotros en todo momento esa luz que necesitamos, por eso tenemos que saber acudir a El, confiar en El, escucharle en lo más profundo del corazón porque siempre tendrá para nosotros una palabra de vida.
Queremos buscar soluciones y respuestas por todas partes y nos olvidamos del Pastor que nos guía, que camina junto a nosotros en medio de esas tormentas por las que pasamos en la vida y con El, desde nuestra fe y nuestra esperanza, tenemos que sentirnos seguros. Sepamos contar con El, porque algunas veces nos olvidamos de esa oración de esperanza que tenemos que saber hacer.
Aunque estemos pasando por un cierto desierto espiritual cuando las circunstancias nos impiden el que podamos acercarnos a los sacramentos y a la vivencia de la Eucaristía tenemos que saber encontrar el momento para nuestra oración, para escuchar bien en nuestro interior la voz del Señor, para rumiar todo cuando nos pasa para descubrir en todo ello que siempre Jesús nos deja una luz, hay una rendija de la puerta abierta para que pasemos y vayamos a encontrarnos con El.

lunes, 23 de abril de 2018

Los que seguimos a Jesús nunca podemos cerrar puertas ni crear barreras sino tender puentes de encuentro y comunión, de convivencia y paz


Los que seguimos a Jesús nunca podemos cerrar puertas ni crear barreras sino tender puentes de encuentro y comunión, de convivencia y paz

Hechos de los apóstoles 11,1-18; Sal 41; Juan 10,1-10

Una puerta que se abre es una invitación a entrar en un mundo nuevo o distinto que se oculta tras esa puerta o esos muros. Pero una puerta cerrada nos impide el paso, la entrada, y es una de no dejar entrar a quien pudiera venir a robar o destrozar, como lo es también de preservar nuestra intimidad y guardar lo nuestro. Demasiadas puertas cerradas nos vamos encontrando hoy en nuestros caminos y vamos incluso vallando nuestras propiedades para impedir la entrada o el paso de extraños. Será una cerca que no se puede saltar o serán unos carteles que nos avisan de que aquello es un lugar privado donde no se puede entrar.
Quizá con las inseguridades que vivimos en el mundo de hoy nos pueda parecer normal esas vallas o esas puertas cerradas, pero creo que en la vida hay otras puertas u otras vallas que interponemos en nuestras mutuas relaciones. Creamos demasiadas veces distancias, vados intransitables entre las personas, discriminamos impidiendo el paso a nuestra vida a los que no nos gustan quizá simplemente por sus apariencias, creamos desconfianzas en el corazón y distanciamientos que nos impiden una relación cordial y una verdadera comunión y comunicación entre unos y otros; aparecen soledades, corazones con amargura y resentimientos, expresión quizá de muchos sufrimientos guardados en el silencio de la impotencia.
Hoy Jesús nos quiere hablar de una puerta abierta. Y El ha venido para ser esa puerta abierta. Es la puerta por la que entrando nos vamos a encontrar con la vida. Es la puerta que traspasándola nos vamos a encontrar toda la revelación del misterio de Dios. El es la Palabra reveladora de Dios que nos hace conocer al Padre y todo lo que es su amor por nosotros; esa Palabra que tenemos que escuchar y que seguir como las ovejas escuchan y siguen la voz de su pastor. Es la puerta que nos señala caminos de amor para que encontrándonos con el amor verdadero que en El se nos manifiesta podamos entender mejor como tenemos que expresar nosotros el amor; con Jesús entraremos para siempre en la sintonía del amor.
Cuando por la fe traspasamos esa puerta que es Cristo, no solo nos vamos a ver acogidos y envueltos en el amor de Dios – Jesús como Buena Pastor nos va a conducir a los verdaderos pastos de la vida – sino que necesariamente vamos a sentirnos en una nueva comunión con todos donde se rompan y se caigan todas las barreras que han impedido hasta ahora que nos encontremos y convivamos de verdad; con Jesús sabremos lo que es la verdadera reconciliación, porque El con su muerte ha derribado para siempre el muro del pecado que nos separaba.
Queremos entrar por esa puerta; queremos escuchar y seguir a Jesús; queremos abrir nuestras puertas también derribando tantos muros que nos separan de los que están a nuestro lado o de los que nos vamos encontrando en los caminos de la vida. Los que seguimos a Jesús siempre tenemos que estar abiertos a la comunión y a la paz, al amor y a la concordia, comprometidos a hacer un mundo nuevo y mejor.

sábado, 29 de julio de 2017

Unas puertas siempre abiertas para acoger y recibir en la hospitalidad mas hermosa, pero para abrir nuestro corazón a Dios que siempre nos trae un mensaje de vida

Unas puertas siempre abiertas para acoger y recibir en la hospitalidad mas hermosa, pero para abrir nuestro corazón a Dios que siempre nos trae un mensaje de vida

1Juan 4,7-16; Sal 33; Juan 11,19-27
‘Si hubieras estado aquí…’ una queja que puede surgir espontánea quizá provocada por la misma amistad y confianza que se tiene. Es el reproche en principio de cariño, aunque algunas veces pueda destilar amargura a quien queríamos que estuviera con nosotros en aquellos momentos, pero no pudo estar, no llego a tiempo, tenia quizá otras cosas que consideraba mas importantes en las que ocuparse, o surgió un descuido, un olvido y a pesar de la buena voluntad en aquel momento no estaba.
¿Podían haber sido las cosas distintas? ¿Se habrían solucionado algunos problemas? ¿Necesitábamos quizá la presencia del amigo con la palabra oportuna, con el gesto y el detalle de la cercanía pero que no pudimos tener? Algunas veces quizá muy ocupados en nuestras cosas no sabemos estar en el momento propicio que tanto nos necesitaban. Vendrán las disculpas, la comprensión quizá del que se vio solo, o pudiera quedar por dentro un pozo de negrura y hasta quizás de desconfianza.
¿Era algo así el sentido de las palabras primero de Marta y luego de María de Betania? Le habían mandado aviso a Jesús, ‘Lázaro, tu amigo, al que amas, está enfermo’. Jesús estaba más allá del Jordán en aquellos días en que se había retirado un poco de la circulación porque ya comenzaban a tramar fuertemente contra El. Jesús recibió la noticia y se quedo unos días más. Cuando llego a Betania Lázaro llevaba cuatro días enterrado, luego hacia más tiempo que había muerto, porque mediaría también el tiempo del duelo y los funerales. Pero Jesús cuando les dijo a los discípulos que regresaba a Judea, aunque ya les anuncio su muerte, les había dicho también que prefería que fuera así para que se manifestara la gloria de Dios.
‘Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano’. Era un reproche, una queja, pero también una manifestación de fe y de confianza en Jesús que no se acababa. Ahí hemos escuchado en el evangelio ese diálogo que anuncia vida. ‘Tu hermano resucitará’, y Marta piensa en la resurrección del ultimo día. Pero sigue teniendo confianza en Jesús y el poder de su Palabra. ‘Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá’.
Es lo que tenemos que destacar de Marta, su fe y su confianza en el poder de Jesús. Terminará confesándolo con toda solemnidad tras las palabras consoladoras y al mismo tiempo la petición de Jesús. ‘Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo’.
Nos vale esto en nuestra reflexión cuando hoy estamos celebrando la fiesta de santa Marta. La mujer hacendosa y prudente, la mujer siempre dispuesta al servicio y responsable de sus obligaciones. No daba había para preparar todo cuando llegaba Jesús pero en todo quería servirle. Las puertas de aquel hogar de Betania siempre están abiertas. Es la mujer de la acogida generosa.
Pero es la mujer creyente, la mujer de una fe recia, la mujer fuerte por encima de las dificultades y los contratiempos de la vida. Ahí la contemplamos con toda entereza en medio del duelo, con lágrimas que se le derraman del alma, pero siempre prontos para acoger, para recibir, para abrir puertas; abre también las puertas de su alma, abre las puertas de la fe, abre su corazón a Dios y a su Palabra. Es la fortaleza de la fe y es la profundidad del amor.

domingo, 7 de mayo de 2017

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos

Es Jesús ese Buen Pastor, que nos llama y nos busca, nos alimenta y nos da vida, con el alimento de su Palabra y de su propia vida, la puerta verdadera que nos abre a la plenitud de Dios

Hch 2,14a.36-41; Sal 22; 2Pedro 2,20-25; Juan 10,1-10
Traspasar una puerta es abrirnos a lo que esta mas allá. Un mundo nuevo que se nos puede abrir ante el que quizás vamos con cierta incertidumbre, pero también cuando traspasamos las puertas del hogar sabemos que nos vamos a sentir acogidos y queridos, nos vamos a sentir a gusto, nos vamos a encontrar allí donde plenamente desarrollamos lo que somos y lo que son nuestras esperanzas. Vayamos en positivo para quitar temores y miedos, traspasemos esa puerta que nos abre al encuentro profundo con los otros; traspasemos esa puerta tras la cual tanto podemos construir no solo para nosotros mismos sino también para aquellos con quienes convivimos o con quienes nos vamos a encontrar.
Mucho nos puede hacer pensar el sentido de ese traspasar esa puerta, aunque principalmente hasta ahora nos podamos referir a ese hogar de nuestras satisfacciones, pero puede ser la puerta que nos haga salir para ir al encuentro con los demás; y salir puede significar mucho también en cuanto salimos de cuanto nos encierra en nosotros mismos, en cuanto nos hace romper, por así decirlo, círculos que nos hagan mirarnos solo a nosotros mismos y nuestras cosas. Salimos y vamos mas allá; salimos y nos encontramos con el otro; salimos y nos abrimos a un mundo donde hemos de ir dejando también nuestras huellas en cuanto bueno podamos construir.
Cuanto podemos decir del sentido ese traspasar una puerta; a cuantas cosas nos puede abrir este pensamiento. Y le estoy dando vueltas a esta idea desde que escuche en el evangelio que Jesús nos decía que El es la puerta. Nos hablaba de un redil y de unas ovejas; nos hablaba de unos buenos pastores que cuidan de sus ovejas y las llevan a buenos pastos de vida pero nos hablaba también de ladrones y salteadores que no entran por la puerta, sino que buscan como robar y como destruir entrando, no por la puerta, sino por donde sea.
Este domingo lo llamamos tradicionalmente el domingo del Buen Pastor, por las imágenes que nos ofrece el evangelio. Es Jesús ese Buen Pastor, que nos llama y nos busca, nos alimenta y nos da vida, nos ofrece el alimento de su Palabra y de su propio Cuerpo y Sangre en la Eucaristía. Es Jesús el que verdaderamente nos conduce a la vida porque es el camino que nos lleva hasta el Padre; es Jesús el que se ofrece por nosotros para que tengamos vida y tengamos vida en abundancia como hoy mismo nos dice.
Pero además hoy nos esta diciendo que es la puerta, la puerta verdadera, la puerta que conduce a la vida, la puerta que nos abre a la plenitud de Dios. ‘Yo soy la puerta, nos dice, y quien entre por mi se salvara y podrá entrar y salir y encontrara pastos’. Es Jesús el que nos conduce a Dios, y en otro momento nos dirá que es el camino.
Es el que nos revela a Dios porque ‘nadie conoce al Padre sino al Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’, y nos dirá que es la Verdad; es la Palabra que nos da vida y nos llena de luz y nos dirá que es la Vida; es la Palabra que nos alimenta y que nos salva, y la Palabra que nos conduce hasta Dios. Porque ‘a Dios nadie lo vio jamás, el Hijo único que es Dios y que esta en el seno del Padre, nos lo ha dado a revelar’, nos decía el principio del evangelio de Juan.
Por eso sabemos que entrando por esa puerta que es Jesús nos vamos a encontrar con la plenitud de nuestra vida, la realización plena de lo que somos nosotros; entrando por esa puerta que es Jesús, porque escuchamos su voz, porque seguimos sus palabras, nos vamos a encontrar la felicidad mas que ninguna cosa humana nos podrá dar; entrando por esa puerta que es Jesús nos abriremos a ese camino autentico del amor y de la justicia con el que tanto bien podemos hacer a los demás para construir ese mundo mejor que todos necesitamos.
Cuando escuchamos a Jesús y le seguimos ya no podemos seguir encerrados en ese círculo que nos encierra en nosotros mismos, sino que siempre vamos a encontrar ese camino que se abre ante nosotros para ir al encuentro con los demás. Es incomprensible un seguir de Jesús que viva encerrado en si mismo; es imposible que si nos llenamos de la vida de Jesús no amemos a los demás a la manera como nos ama Jesús; es inconcebible en uno que haya escuchado la Buena Nueva de Jesús, el Evangelio para nuestra vida que es Jesús, que no nos sintamos impulsados a llevar también esa Buena Noticia de vida y salvación al mundo que le rodea.
Este evangelio de hoy, esta contemplación de Jesús como Buen Pastor y también como puerta por donde han de entrar las ovejas se convierte para nosotros en una llamada; es una vocación para sentir que como Cristo hemos de ser también pastores, pastores que anuncien, pastores que ayuden a los demás a ese encuentro con la verdad de Cristo, con la luz de Cristo, con la vida de Cristo.
Es un día de llamada, por eso decimos que es el día de las vocaciones. Para sentirnos llamados, pero también para orar al dueño de la mies, como nos enseña el mismo Jesús en el evangelio, para que sean muchos los que escuchen esa llamada, para que sean muchos los enviados con esa misión pastoral, esa misión de pastores en medio del pueblo de Dios.

lunes, 18 de abril de 2016

No están reñidas nuestra autonomía personal y nuestra fe porque siguiendo a Jesús, nuestro Buen Pastor, encontraremos la mayor grandeza y dignidad

No están reñidas nuestra autonomía personal y nuestra fe porque siguiendo a Jesús, nuestro Buen Pastor, encontraremos la mayor grandeza y dignidad

Hechos 11,1-18; Sal 41; Juan 10,1-10

Toda persona aspira a tener su autonomía personal y el irlo logrando forma parte de ese crecimiento y maduración de la personalidad de cada uno; es tener nuestro pensamiento, el saber caminar por la vida tomando sus decisiones personales con total libertad, sentirse libre y nunca coaccionado por nada ni por nadie, tener sus propias metas e ideales, tener voluntad para hacer su propio camino.
Pero esa autonomía y libertad con que vivamos nuestra vida no significa que en el fondo queramos tener unas seguridades, tener alguien que camine a nuestro lado y sea como un estimulo que nos fortalezca interiormente, y también al mismo tiempo querer aprender de quien en verdad puede ser algo más que acompañante porque sea guía y luz de nuestra vida. Todo eso desde una decisión personal por nuestra parte y desde ese deseo de encontrar ese camino recto para nuestra vida. Aún con nuestra autonomía sabemos que necesitamos esa luz, esa guía, esa fortaleza interior, ese estimulo para nuestro caminar, ese alguien que nos señale claramente esas metas altas a las que hemos de aspirar y por las que luchar.
Alguien quizá cuando le hablan de la fe y de seguir un camino desde lo que Jesús en el evangelio nos señala piensa que eso puede coartar su libertad y su autonomía en una confusión quizá de lo que es el sentido de una verdadera fe. Es cierto que es un don sobrenatural, y por eso nos sobrepasa por así decirlo, pero la fe nunca va a restar nuestra libertad pero nuestra respuesta, - y la fe es también una respuesta por nuestra parte -, la realizamos con total libertad. No está reñida nuestra autonomía personal con nuestra fe, porque la ve nos ayudará precisamente a descubrir la verdadera grandeza y dignidad del hombre. Además recordemos que Jesús nos dirá que el que le sigue encuentra la verdadera libertad, porque precisamente nos va a liberar de tantas ataduras interiores y exteriores que son las que verdaderamente nos esclavizan. ‘La verdad os hará libres’, nos dice y El es esa Verdad plena y total para nuestra vida.
Decir que Jesús es el Buen Pastor y nosotros somos su rebaño, no significa que seamos unos borregos que ciegamente sigamos a Jesús. La imagen del pastor nos habla de mansedumbre y de amor, de preocupación por sus ovejas y del cuidado que de ellas tiene el pastor buscando para ellas los mejores pastos; decir que somos el rebaño que sigue a Jesús significan que en El hemos encontrado ese amor que nos motiva a seguirle porque en El encontramos ese verdadero sentido de nuestra vida y siempre su voz nos va a conducir a lo mejor, a la mayor plenitud de nuestra vida. Para el verdadero creyente es un gozo, el mayor de su vida, el seguir al Buen Pastor, seguir el camino de Jesús.
Hoy en el evangelio Jesús nos habla de cómo en El vamos a encontrar esa plenitud, que es lo que El quiere para nosotros. Le seguimos y escuchamos su voz y lo hacemos con total libertad desde lo hondo del corazón porque en El encontramos lo que en verdad da el mayor sentido y valor a nuestra vida. Por eso nos dice: Yo soy la puerta: quien entra por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos…  Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante’.
Busquemos a Jesús, queramos en verdad escucharle, hagámonos verdaderos discípulos siguiendo sus pasos y caminos y alcanzaremos la mayor plenitud de nuestro ser.

lunes, 27 de abril de 2015

Jesús es nuestro Pastor pero es también la puerta segura que nos conduce a la vida y la salvación

Jesús es nuestro Pastor pero es también la puerta segura que nos conduce a la vida y la salvación

Hechos,  11,1-18; Sal 41; Juan 10,1-10
Una puerta que se abre ante nosotros pueda quizás llenarnos de incertidumbre ante lo que tras ella nos podemos encontrar; humanamente podríamos pensar que tras la puerta está lo desconocido y eso ciertamente nos puede producir en esa incertidumbre un cierto miedo ante lo que nos podemos encontrar.
Pero cuando hoy Jesús nos dice en el evangelio que El es la puerta desde la fe que tenemos en él no caben los miedos ni las incertidumbres porque sabemos que en El y con El siempre vamos a encontrar vida y sus caminos nos llevarán siempre a la felicidad final y verdadera. El nos lo ha dicho hoy ‘Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante’. Con El lo que tenemos que hacer es dejarnos llevar, no por supuesto pasivamente sino sabiendo bien y a ciencia cierta lo que nos vamos a encontrar y lo que queremos es hacer ese camino que tras la puerta se abre ante nosotros.
Siguiendo con la alegoría del pastor y de las ovejas al mismo tiempo que nos dice que El es la puerta, también nos ha dicho que es el pastor que entra por la puerta, porque viene en nuestra búsqueda, porque quiere ofrecernos lo mejor para nuestra vida, porque nos conoce y nos ama y siempre querrá regalarnos su vida y su salvación. ‘Quien entre por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos’, nos dice Jesús. Con El siempre nos sentimos seguros.
Con estas palabras de Jesús podemos pensar en los pastores que en nombre de Jesús tienen la misión de ayudarnos a entrar por esa puerta porque su misión será siempre llevarnos a Jesús y hacernos llegar la gracia de Jesús; en estos días al celebrar al Buen Pastor estamos haciendo oración por los pastores de la iglesia y por las vocaciones. Es la valoración que los cristianos tenemos que hacer de aquellos llamados del Señor para en su nombre ser pastores del pueblo de Dios y como en nuestra oración hemos de tenerlos siempre presentes para que sean fieles a su misión y siempre nos puedan conducir hasta Jesús y su salvación.
Pero se me ocurre pensar que no solo en este sentido hemos de escuchar las palabras de Jesús en el evangelio, sino que ahí hemos de ver la tarea que todos los cristianos tenemos, porque todos hemos de ser signos de esa puerta que es Jesús, y todos tenemos que ayudar a los que están a nuestro lado para que pasando por esa puerta de gracia puedan llegar a la vida, puedan encontrarse también con Jesús y alcanzar la salvación. En cierto modo, con Jesús, todos hemos de ser puerta que ayude a los demás a ese encuentro con Cristo.
Es la misión y la tarea de toda la Iglesia en todo momento, que no puede ser obstáculo sino siempre signo y camino de luz y de vida para todos los hombres. Que el testimonio de nuestra vida sea un signo claro que conduzca a todos hacia esa puerta, hasta Jesús.