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lunes, 6 de marzo de 2017

Los caminos de santidad por los que hemos de hacer discurrir nuestra vida son los caminos del amor que ayudan a restablecer la dignidad de todo ser humano

Los caminos de santidad por los que hemos de hacer discurrir nuestra vida son los caminos del amor que ayudan a restablecer la dignidad de todo ser humano

Levítico 19,1-2.11-18; Sal 18; Mateo 25,31-46
‘Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo’. Es bueno escuchar esta invitación y este mandato de manera especial en este inicio del camino de Cuaresma. Claro que entendemos bien que no solo hemos de ser santos en estos días o en estos días de manera especial pensar en ello sino que esto ha de ser el ideal y la meta de cada día de nuestra vida.
Pero ¿Qué implica eso de ser santos? Es lo que tenemos que reflexionar muy bien. Ser santos no significa encerrarnos en una religiosidad muy personal y muy individual, encerrarnos en nuestros rezos y devociones, encerrarnos quizás en la Iglesia y sus ritos y novenas por decirlo de alguna manera y nos entendemos, y así encerrados en esa como caparazón no tener ya el peligro de contaminarnos de otras maldades o de otras impurezas. Reconozcamos que demasiado hemos encerrado nuestra religiosidad y nuestra manera de entender el cristianismo en promesas y novenas, en ritos y en rezos repetidos machaconamente sin darle otro sentido a nuestra vida.
No me invento nada. Simplemente me quiero dejar conducir, aun con mis limitaciones y las limitaciones que pueda imponer en mi torpeza a su interpretación, a la Palabra de Dios que hoy la Iglesia nos ofrece en este lunes de la primera semana de cuaresma.
¿Qué nos dice hoy la Palabra? ¿Qué nos ha dicho en concreto el libro del Levítico? Tras esa invitación y mandato a ser santos, y el motivo y el modelo lo tenemos en la santidad de Dios, nos va desgranando una serie de cosas en las que hemos de cuidarnos para no ser injustos con los demás. No robar ni defraudar, no engañar de ninguna manera, no explotar a nadie en el trabajo ni retener su salario, no maldecir ni ser injusto en los juicios o sentencias, no ser chismoso para andar con cuentos de acá para allá, nunca odiar a nadie ni guardar rencores ni mantener envidias…
Nos va detallando una serie de cosas de las que hemos de prevenirnos para que actuemos siempre humanamente con los demás, para que seamos justos, para que no hagamos daño a nadie. Y todo esto teniendo como referencia lo que es el amor compasivo y la misericordia de Dios. Porque nos fijamos en su amor con un amor semejante hemos de tratar a los demás. ¿Qué mejor resumen de los derechos humanos que ahora tanto proclamamos podemos encontrar que lo que nos señala el mandamiento del Señor?
Pero esto lo completamos con la visión que Jesús nos da en el evangelio. ‘Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo’. Nos invita a heredar el Reino, a gozar de la santidad de Dios, a vivir en la presencia de Dios para siempre. Es la santidad de Dios que ya vamos a vivir en plenitud. ¿Quiénes van a ser participes de esa visión de Dios? ‘Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios’, nos había dicho Jesús en las Bienaventuranzas. Los limpios de corazón, los que purificaron su corazón de toda injusticia y de toda maldad, los que arrancaron de su corazón todas las negruras del odio y del desamor, los que fueron capaces de llenarlo de verdad de amor.
No es solo ya que evitemos el mal, evitemos todo lo que sea injusto, todo lo que pueda dañar la dignidad de la persona en cualquiera de nuestros hermanos, sino lo que fueron capaces de levantar al hermano para darle una nueva dignidad; los que fueron capaces de compartir de tal manera que en nadie perdurara el sufrimiento, la pobreza, la soledad. Nos dice Jesús no solo lo que no tenemos que hacer, sino más se entretiene en describirnos las obras del amor que debemos hacer.
Dar de comer y beber al hambriento y al sediento, acoger al peregrino o acompañar al enfermo, cubrir la desnudez del hermano; en tantas cosas que se pueden traducir estas palabras de Jesús; tantas cosas con las que hemos de saber ir al encuentro con el hermano con nuestra presencia, con nuestro amor, con nuestro compartir, con nuestro saber estar a su lado, con esa sonrisa que hacemos florecer en sus labios y en su corazón, con esa esperanza que despertamos, con esa dignidad nueva y plena en la que les hemos de hacer sentir.
Son los caminos de la santidad por los que hemos hacer discurrir nuestra vida. Mereceremos que un día se nos diga ‘Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo’. Y podamos así gozar de la heredad de Dios, de la visión de Dios, de la plenitud de Dios en su santidad verdadera.

domingo, 5 de marzo de 2017

Cuaresma, cuarenta días para irnos al desierto, para hacer desierto, para en el silencio del corazón abrirnos a Dios y a su Palabra y caminar hacia la Pascua

Cuaresma, cuarenta días para irnos al desierto, para hacer desierto, para en el silencio del corazón abrirnos a Dios y a su Palabra y caminar hacia la Pascua

Génesis 2,7-9; 3, 1-7; Sal 50; Romanos 5,12-19; Mateo 4,1-11
Cuaresma, cuarenta días que nos faltan para la pascua. Cuarenta días que nos dan para mucha reflexión, cuarenta días que pueden ser un buen ejercicio espiritual con sus silencios, con sus escuchas, con ese tiempo pausado en medio de tantas carreras, con la mirada puesta en lo alto para elevarnos a algo mas espiritual que esas materialidades que son los pasos que cada día vamos dando. Cuarenta días para irnos al desierto, para hacer desierto, silencio para escuchar a Dios, para descifrar sus caminos, para dejarnos envolver por Dios, para que nos conduzca el Espíritu.
Cuarenta días, como aquellos cuarenta días con sus noches que paso Jesús en el monte de la Cuarentena, en el silencio y en la austeridad, en la apertura a Dios pero también siendo tentado por el diablo.
Cuarenta días como aquellos cuarenta años de desierto, de purificación del pueblo de la Alianza que hacia camino de liberación hacia la libertad, que caminaba a una vida nueva, que no solo era salir de las esclavitudes de Egipto sino de sus propias esclavitudes en la cerrazón de sus vidas, en sus egoísmos y en sus sueños y ambiciones, en que aprendieron a caminar juntos, a hacerse pueblo, en los que fueron desmontando los ídolos a los que adoraban a sus vidas que eran algo mas que el becerro de  oro que se hicieron al pie del Sinaí.
Como los cuarenta días de Moisés en lo alto del Sinaí para escuchar a Dios y recibir su ley, o los cuarentas días de Elías vagando también por el desierto hasta el Monte de Dios.
Nos dice hoy el evangelio que ‘Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre’. Es el comienzo del relato de las tentaciones y nos habla de la tentación de convertir las piedras en panes, el aplauso fácil del que caía de lo alto del pináculo del templo sin que nada le pasara, o la de la adoración de Satanás con tal de obtener el dominio sobre todos los reinos del mundo.
Tres tentaciones que Jesús siente en lo mas hondo de si mismo cuando va a comenzar a cumplir su misión. ¿Seria con el milagro fácil con el que Jesús iba a lograr la atención de todos para que escucharan su mensaje? ¿Cómo podría realizar su misión para el anuncio del Reino? Ya lo veremos a lo largo del evangelio como las gentes muchas veces pueden sentirse mas cautivadas por Jesús por los milagros que realiza y muchos quizás serán los que vienen hasta El solo buscando el milagro. Pero el anuncio de Jesús es el Reino de Dios, es la proclamación de la Palabra viva y salvadora de Dios la que en verdad nos va a traer la salvación y con fe hemos de escucharla.
Es lo que Jesús ira repitiendo continuamente; es por la fe por lo que podemos obtener la salvación de Dios. No querrá en muchas ocasiones que los milagros se divulguen porque ese no es el camino para acoger y aceptar el Reino de Dios. Solo desde la conversión del corazón y desde la fe mas honda y mas autentica es como acogeremos en verdad esa Buena Nueva de Jesús.
Las tentaciones de Jesús reflejan muy bien lo que fueron las tentaciones del pueblo de Israel en el desierto camino de la tierra prometida, como reflejan también las tentaciones que sufrimos los hombres de todos los tiempos. Los judíos en el desierto añoraban los ajos y cebollas que comían en Egipto aunque fuera en la esclavitud, como nosotros añoramos también tantas cosas en las que como en falsos ídolos ponemos la salvación aunque luego vivamos esclavizados a ellas.
Son nuestras ambiciones y nuestros afanes por una manera de vivir en la que predominan en nosotros el materialismo y la sensualidad de la vida. Cuantas veces hablamos de un estado del bienestar que fundamentamos solamente en la posesión de cosas materiales, y en el simplemente pasarlo bien queriendo muchas veces cerrar los ojos u olvidar el sufrimiento que puedan tener muchos seres a nuestro lado.
Es por otro lado esa pérdida de ese lado espiritual de la vida y de ese sentido de trascendencia limitándonos a vivir el momento presente sin poner otras metas y otros ideales más altos en nuestra vida que nos ayuden a crecer realmente como personas. Así brota fácilmente la insolidaridad y el egoísmo, aparecen los rebrotes del orgullo y del amor propio, surgen nuestros sueños de grandeza, de poder y de dominio haciendo lo que sea para yo sentirme siempre por encima del otro y poderlo manipular todo a mi antojo.
Hoy Jesús en el evangelio da tres respuestas al tentador que nos siguen siendo validas totalmente para nuestras propias situaciones y tentaciones. ‘No solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios… No tentaras al Señor, tu Dios… al Señor tu Dios adoraras y al El solo darás culto…’
Pongamos a Dios en verdad en el centro de nuestra vida porque solo en El vamos a encontrar nuestra mayor grandeza y dignidad. Dios había creado al ser humano a imagen y semejanza de Dios, nos dice la Biblia, pero fijémonos en lo que consistió la tentación de la serpiente. ‘Sereis como dioses’, les dice. No es ser a imagen y semejanza de Dios sino convertirnos en dios. Es la gran tentación del orgullo del hombre, de la autosuficiencia para creerse grande y creerse dios. ¿Por qué ha de escuchar a Dios? ¿Por qué ha de dejarse conducir por la ley del Señor? Es la eterna pregunta de la rebelión, de cuando queremos sustituir a Dios por nuestro yo, es nuestro pecado porque queremos hacernos dioses. Y ya hemos escuchado la respuesta de Jesús.
Son solo unas breves pinceladas para la reflexión de este primer domingo de la cuaresma. Muchas más cosas nos puede sugerir el Espíritu del Señor en nuestro corazón. Dejémonos conducir por El y emprendamos este camino en aquel sentido que decíamos al principio, un camino que nos llevará a encontrar a Dios y vivir su salvación.


sábado, 4 de marzo de 2017

Dejemos que la luz de Jesús ilumine nuestras oscuridades nos ayude a descubrir las miserias acumuladas en nuestros rincones y alcancemos la purificación de la salvación

Dejemos que la luz de Jesús ilumine nuestras oscuridades nos ayude a descubrir las miserias acumuladas en nuestros rincones y alcancemos la purificación de la salvación

Isaías 58,9b-14; Sal 85; Lucas 5,27-32
¡Que difícil les es a los que están encerrados en las tinieblas de la oscuridad saber y saborear lo que es la luz! Quien se encerró en la noche en una habitación a oscuras con todas las puertas, ventanas y cortinas bien cerradas aunque fuera resplandezcan con ardor los rayos del sol en la mañana no sabrá lo que es la luz del sol de un nuevo día. Le diríamos, corre las cortinas, abre las ventanas, deja que entre la luz y podrás saborear el calor del sol.
Hay quienes se encierran en su oscuridad y no quieren saber lo que es la luz verdadera. Se obcecan intransigentes en sus posturas ateas o de pecado y no quieren dejar que entre la luz de Cristo a sus vidas. Quizás puedan darse cuenta de cuantas están felices a su alrededor porque se han encontrado con esa Luz que da sentido a sus vidas y envidiosos quizás sin querer reconocerlo critican, minusvaloran, quieren apagar esos rayos de luz en los otros queriéndoles quizás arrancarles su fe y la alegría de sus vidas. No pueden saborear lo que es el gozo de la fe porque se han encerrado tanto en si mismos que parece que son incapaces de caminar en búsqueda de la luz.
Sin embargo Cristo siempre viene a nuestro encuentro, nos ofrece su luz, quiere que caminemos con El, llena de alegría nuestras vidas, nos pone en nuevos caminos para que a pesar de las dificultades no cejemos en nuestro empeño de llevar la luz a los demás, también a los que no la quieren aceptar.
Allí junto a su paso hay un hombre detrás de su mostrador de cobrador de impuestos con toda la carga de su mala fama y quizás hasta de su pecado. Pero Jesús quiere contar con El, le invita a seguirle, a formar parte de su grupo más cercano de los discípulos. Y Leví fue capaz de abrir la ventana de su vida para que entrara la luz, descorrió las cortinas para que toda tiniebla fuera disipada, su vida se lleno de una nueva alegría.
Leví se levanto al punto e incluso ofreció un banquete a Jesús y sus discípulos – aquellos de cuyo grupo el ya iba a comenzar a formar parte – pero también con el estaban los que hasta entonces habían sido sus amigos y compañeros. En medio esta  Jesús con su luz para todos, también para los enfermos y los que hasta entonces andaban en oscuridades.
Pero enfrente hay otros que no quieren saber nada de la luz, guerrean contra ella. ¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?’ Siempre poniendo dificultades a la luz, queriendo taparla con las cortinas de sus ritualidades farisaicas. Pero Jesús es el medico que viene a sanarnos. Para todos ofrece su salud, su salvación y aquellos que la quieran aceptar la encontraran. Los enfermos que acudan al medico podrán encontrar la salud. Y Cristo nos esta siempre esperando.
Es la invitación que nos esta haciendo en este camino de cuaresma que estamos haciendo. ¿Queremos permanecer en la oscuridad de las tinieblas o abriremos las puertas y ventanas de nuestra vida para que entre la luz? Con la luz quizás nos demos cuenta de muchas miserias que hay acumuladas en rincones de nuestra vida. Dejémonos iluminar para que podamos limpiar, para que podamos llenar nuestra vida de los más hermosos tesoros del amor.

viernes, 3 de marzo de 2017

Cuando damos pan al hambriento, hospedamos a los pobres sin techo – ¿emigrantes y refugiados? – vestimos al que vemos desnudo… entonces nacerá una luz como la aurora

Cuando damos pan al hambriento, hospedamos a los  pobres sin techo – ¿emigrantes y refugiados? – vestimos al que vemos desnudo… entonces nacerá una luz como la aurora

Is. 58, 1-9; Sal. 50; Mt. 9, 14-15
Una de las practicas cuaresmales que nos ofrece y propone la Iglesia en este camino de renovación que nos prepara a la pascua es la penitencia incluyendo en ella el ayuno y la abstinencia. Aunque realmente están muy minimizados los tiempos de abstinencia que se reducen a los viernes de cuaresma y al ayuno en el miércoles de ceniza y el viernes santo, sin embargo son practicas que la mayoría de cristianos olvidan y que además parece como que han perdido su sentido.
¿Qué significa la abstinencia y el ayuno? ¿Simplemente abstenerse de un determinado tipo de alimentos como pueda ser la carne o reducir la ingesta parcial de alimentos en unos días determinados? Si nos quedáramos en eso pobre seria su sentido, porque sustituir unos alimentos por otros no significa mayor sacrificio, o reducir la cantidad de alimentos ya lo hacemos cuando queremos perder peso corporal. Algo mas y con un sentido mas profundo tendría que ser ese ayuno y abstinencia para que en verdad lo podamos ofrecer como un acto penitencial.
Ya la Palabra que nos ofrece la liturgia en este viernes de la semana de ceniza nos ayuda y da sentido y seria bueno que la leyéramos con atención. Siempre al comienzo de la semilla de cada día os ofrezco las citas bíblicas correspondientes porque es ahí en la Palabra más que en mi pobre reflexión donde encontramos esa Semilla que hemos de sembrar cada día en nuestra vida.
Yo quisiera ir con la liturgia en un texto precioso que se nos ofrece en uno de los prefacios de cuaresma. Damos gracias a Dios ‘porque con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas a reconocer y agradecer tus dones, a dominar nuestro afán de suficiencia y a repartir nuestros bienes con los necesitados imitando así tu generosidad’.
Tres grandes lecciones que aprendemos en esa austeridad penitencial de la cuaresma. Primero es un reconocimiento del don de Dios en nuestra vida; cuanto tenemos y somos viene de la mano de Dios. Ya es un espíritu de humildad que se convierte en cántico de acción de gracias. Como María, que se siente la pequeña, la humilde esclava del Señor pero da gracias a Dios que ha puesto sus ojos en su pequeñez para hacerla grande. No somos merecedores de tanto amor que el Señor nos tiene; hemos de saber reconocerlo y dar gracias.
Un segundo aspecto es aprender a dominar nuestra suficiencia. Tenemos que bajarnos de nuestros pedestales, a los que fácilmente nos subimos. Tenemos es cierto nuestros valores que reconocemos como un don de Dios en nuestra vida, pero eso no nos ha de llegar de orgullo, creernos autosuficientes, hacernos dioses de nuestra vida y querer ser dioses de los demás. Y ese autodominio que hacemos cuando voluntariamente nos privamos de algo que nos gusta y entonces nos cuesta, nos enseña a cómo tenemos que ir por la vida. Son tantas las cosas en las que tenemos que utilizar ese autodominio, para que no nos esclavicen las pasiones, para que las cosas no nos dominen y se conviertan en dioses de nuestra vida. Si aprendemos a tener ese control en esas cosas pequeñas luego sabremos hacerlo también en las cosas grandes; un hermoso entrenamiento.
Y finalmente, el tercer aspecto que nos hace abrirnos a los demás. Interesados seríamos si viéramos esas privaciones como si se tratara de un medio para un ahorro personal que aumentara nuestra bolsa. Y ya tendríamos que decir además que no solo nos tendríamos que sentir obligados a compartir con el necesitado eso que hemos ahorrado en nuestra austeridad, sino que nos está enseñando como aquello que tenemos y que consideramos nuestro, porque es el fruto de nuestro trabajo, no lo podemos considerar solo como un beneficio personal sino que nuestro amor nos impulsa al compartir con quien pasa necesidad.
Bueno sería, por otra parte, que repasáramos de nuevo el texto del profeta que nos está señalando el ayuno que de verdad quiere al Señor cuando somos capaces de abrir nuestro corazón a los demás para tener unas actitudes nuevas de amor y de generosidad con quienes nos rodean. Cuando compartimos, cuando damos pan al hambriento, hospedamos a los  pobres sin techo – pensemos en tantos emigrantes y refugiados de todo tipo que nos llegan a nuestras puertas – vestimos al que vemos desnudo… entonces nacerá una luz como la aurora… proclamarás en verdad la gloria del Señor.


jueves, 2 de marzo de 2017

Cuaresma es un camino de ascensión que nos hace crecer en nuestra entrega, madurar en el amor y profundizar en la espiritualidad de la cruz

Cuaresma es un camino de ascensión que nos hace crecer en nuestra entrega, madurar en el amor y profundizar en la espiritualidad de la cruz

Deuteronomio 30,15-20; Sal 1; Lucas 9,22-25
Cuando las cosas parece que nos marchan bien, todo nos va saliendo a pedir de boca, nos sentimos contentos y felices con lo que vamos consiguiendo y viene alguien y nos dice que nos preparemos porque pronto nos vendrán tiempos malos, de fracasos, de problemas, de contratiempos, poco menos que lo llamamos pájaro de mal agüero y nos sentiremos contrariados con esas anuncios que nos echan encima un jarro de agua fría. Son cosas que no nos pueden suceder, pensamos.
Algo así les pasaba a los discípulos con los anuncios que Jesús hacia de su pasión. No lo podían entender. La gente quería a Jesús, iban tras El para escucharle, le recibían por todas partes, curaba sus enfermos, sus palabras les llenaban de esperanza, escuchándole surgían tantas cosas buenas en sus corazones, a Jesús no le podía pasar nada. Nos lo dicen continuamente los evangelistas expresándonos la reacción de los discípulos cercanos ante las palabras de Jesús. Sabían, es cierto, que había algunos que le hacían la guerra, que siempre estaban a la contra, que venían con preguntas capciosas, pero pensaban que todo eso se quedaría ahí y no llegarían a nada más.
Es el anuncio que hoy escuchamos a Jesús en el Evangelio.El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. Es el anuncio que escuchamos también nosotros cuando estamos iniciando este camino de la Cuaresma que sabemos muy bien que nos lleva a la Pascua. Si a los discípulos les costaba entender las palabras de Jesús, nosotros con la perspectiva de los años y con el conocimiento que tenemos ya de lo sucedido quizás podamos tener una reacción peor. No es ya que no nos lo creamos sino que lo escuchamos rutinariamente y ya no produce impacto en nosotros. Nos hemos acostumbrado quizás. Es un peligro y una tentación.
Por eso tenemos que escuchar lo que Jesús dice a continuación que también impactaría a los que le escuchaban entonces pero, repito, nosotros nos hayamos acostumbrado. Pero no lo podemos escuchar insensibles, tenemos que despertar, darnos cuenta de la exigencia que nos plantea. ‘El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?
Decimos que tenemos fe en Jesús y somos sus discípulos, pues vamos a ver como en verdad vamos a seguirle. Nos está hablando de negación a nosotros mismos y nos esta hablando de cruz; nos está hablando de entrega hasta ser capaces de perder la vida y nos está diciendo que se está poniendo en juego nuestra propia salvación. Las palabras son serias. No nos las podemos tomar a la ligera. No podemos andar con superficialidades.
No podemos decir que somos seguidores de Jesús de cualquier manera. Comportará un estilo de vida distinto, un nuevo sentido de vida. No es simplemente dejando ir pasando los días siendo buenos más o menos. Se trata de vivir el mismo sentido de Jesús que es el sentido del amor que se hace entrega hasta el final. Y quien se entrega desinteresadamente va corriendo el riesgo de perderlo todo para si en esa entrega. Quien se entrega desde ese planteamiento del amor no se reserva nada para sí. Quien se entrega desde el más profundo amor no teme abrazar la cruz porque sabe que es el signo grande del amor.
¿Cómo se tiene que traducir eso en nuestra vida de cada día, en mi vida en concreto? Es la pregunta que tenemos que hacernos en la presencia del Señor. Es la primera pregunta que ya nos vamos haciendo cuando iniciamos este camino de cuaresma. Es la primero predisposición que tiene que haber en nuestro corazón para escuchar a Dios y aceptar lo que nos va pidiendo. Es el camino de ascensión que estamos emprendiendo en esta cuaresma que nos hará crecer espiritualmente, que nos hará crecer en el amor.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Comienza la Cuaresma, tiempo favorable que nos ayuda y prepara para vivir la Pascua del Señor

Comienza la Cuaresma, tiempo favorable que nos ayuda y prepara para vivir la Pascua del Señor

Joel 2, 12-18 Sal 50 2Corintios 5, 20–6, 2 Mateo 6,1-6.16-18
‘Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas’.
Es el primer grito, la primera llamada de atención que hoy escuchamos con el profeta. Es el miércoles de ceniza y comienza la cuaresma. Es ‘tiempo favorable… tiempo de salvación’ que nos dice san Pablo invitándonos a ‘no echar en saco roto’ la gracia salvadora del Señor que llega a nosotros.
Como bien sabemos hoy con el rito penitencial de la ceniza – de ahí el nombre que le damos a este miércoles – y el espíritu de austeridad que envuelve todo nuestro día en el ayuno y la abstinencia iniciamos el camino que nos lleva hasta el tiempo pascual, que nos lleva a celebrar la Pascua.
Es cierto que la Pascua del Señor esta siempre presente en nuestra vida desde nuestro bautismo que fue la incorporación al misterio pascual de Cristo; pascua celebramos cada vez que lo hacemos en cada uno de los sacramentos; pascua tiene que ser ese espíritu de renovación, de conversión que hemos de vivir cada día de nuestra vida, porque tenemos que saber ir muriendo a nosotros para renacer en la vida en Cristo.
Pero en el ritmo de nuestra vida cristiana litúrgicamente vamos a celebrar con especial solemnidad – yo diría con especial intensidad – el misterio pascual de Cristo en aquellos días en que conmemoramos su pasión, muerte y resurrección, el llamado triduo pascual. Pero para que lleguemos a esa intensidad nos preparamos en este camino que se llama la cuaresma.
Un camino que no hacemos solo sino en Iglesia, con la iglesia, sintiéndonos hermanos que caminamos juntos con ese sentido eclesial, con lo que la Iglesia nos ofrece para lograr esa renovación, conversión de nuestra vida. por eso es un tiempo de especial riqueza en la Palabra que se  nos proclama que es como una gran catequesis que día a día vamos a ir recibiendo para que renovemos nuestro bautismo, para que lleguemos a vivir con toda intensidad nuestra condición de bautizados. Es escucha y es oración, es reflexión, meditación, revisión de vida, de actitudes, de comportamientos.
Al mismo tiempo se nos ofrecen otros medios como es la invitación al compartir y es la invitación a la austeridad, prescindiendo de cosas, de alimentos, que nos ayude a descubrir los que han de ser los verdaderos valores, las cosas importantes por las que hemos de esforzarnos para conseguirlas.
No es simplemente que dejemos de comer carne en unos días determinados o mermemos la cantidad de alimentos que comamos en alguna ocasión. Es algo más. Si nos quedáramos en eso podría ser un puro formalismo, y tendría que se algo mas profundo que implicara mas nuestra vida.
¿De que nos valen nuestros ayunos y penitencias si lo hacemos en medio de riñas y reyertas? Quizás nos cueste mas dominar nuestro carácter y aprender a ser más amable con todos que simplemente dejar de comer un bocadillo de jamón en un día determinado. En esa revisión de nuestra vida donde nos damos cuenta donde están esas piedras en las que tropezamos todos los días por nuestro orgullo o por nuestro amor propio, por nuestra insolidaridad o por nuestras rencillas o rencores, porque nos cuesta perdonar y aceptar a las personas, seria por ahí por donde tendríamos que conducir nuestro campo de batalla, nuestras verdaderas abstinencias y ayunos.
Ayuna de tu mal genio, ayuna de tus desconfianzas, ayuna de esos sentimientos que te envenenan por dentro con resentimientos y envidias, ayuna de esa palabra con la que haces un juicio de los demás, ayuna de la murmuración y la critica que tan fácilmente nos aparece en nuestras apreciaciones de los demás; ayuna de tu vanidad, de la pereza y la dejación que haces de tus responsabilidades; ayuna de pensar tanto en ti mismo y comienza a pensar mas en los demás para abrir los ojos y ver el sufrimientos de tantos a tu alrededor.
Será un autentico camino de renovación de tu vida, un camino donde aprenderás a vivir de verdad la pascua, porque estarás muriendo a muchas cosas, muriendo a ti mismo para renacer en una vida nueva. Que sea el camino que nos lleve a vivir intensamente la Pascua del Señor. 

martes, 28 de febrero de 2017

Descubramos el sentido de trascendencia que hemos de darle a nuestra vida elevando nuestro espíritu por encima de la materialidad de lo que nos rodea y buscando los verdaderos valores

Descubramos el sentido de trascendencia que hemos de darle a nuestra vida elevando nuestro espíritu por encima de la materialidad de lo que nos rodea y buscando los verdaderos valores

Eclesiástico, 35, 1-15; Sal. 49; Marcos, 10,28-31
¿Y yo que voy a ganar? ¿De que me vale eso a mí? ¿Qué provecho tengo? Preguntas así nos hacemos en ocasiones cuando quizás tenemos que hacer algo de forma altruista donde posiblemente no veamos ningún beneficio material para nosotros. Vivimos en un mundo donde todo se paga, lo gratuito algunas veces parece extraño, nos cuenta en momentos entender a gente que sea capaz de olvidarse de si misma para simplemente buscar el bien de los demás.
Hasta en aquellos lugares de función publica donde quienes optan a un cargo se supone que lo hacen porque quieren hacer algo por la sociedad, bien sabemos como muchas veces anda por debajo – o descaradamente quizás – la corrupción, el obtener beneficios, el tener ganancias que engorden nuestros bolsillos.
Doy para que me des, parece ser el lema, o que me das si yo hago esto por ti. En todos no es así, lo sabemos, pero somos conscientes de que ese estilo impera demasiado en nuestra sociedad y hasta tenemos el peligro de verlo tan normal que nosotros podamos caer en esas redes.
No nos extrañe, pues, la pregunta que Pedro le hace a Jesús. Ha venido diciendo Jesús anteriormente que tengamos cuidado para que no nos esclavicemos del dinero o de las riquezas sino que otro tiene que ser el sentido, pero son cosas que son difíciles de entender.
Por allí había aparecido aquel joven con buena voluntad y que buscaba como hacer algo mas por su vida, pero cuando Jesús le habla de desprendimiento y de generosidad para buscar tesoros que no los roa la polilla o los ladrones se los roben, dar marcha atrás porque era rico y lo que Jesús le pedía parecía que podía superar sus propias fuerzas. No había llegado a entender tampoco quien es el que da fuerza y motiva una entrega como la que le pedía Jesús.
Ahora Pedro le recuerda a Jesús que un día habían dejado redes y barca por seguirle, ¿Qué les tocaba a ellos? Mas trabajos quizás, otras entregas y otras gentes a las que servir, el sentirse miembros de una nueva comunidad donde se mulplicarian los familiares porque ahora todos se tenían que sentir como hermanos… cien veces mas les dice Jesús. Pero no es eso lo importante que ellos van a obtener; ‘y en la edad futura, la vida eterna’, les dice Jesús.
Su vida ha de llenarse de trascendencia. No será lo importante lo que ahora aquí obtengamos. Nuestras obras, nuestra vida se trasciende más allá de esta vida terrena y de lo que aquí podamos obtener. Y Jesús habla de vida eterna, que es hablarnos de plenitud, de felicidad total, de realización plena de nuestra vida que se va a ver llena de Dios.
Nos puede resultar costosa muchas veces esa entrega porque nos obligara a olvidarnos de nosotros mismos, pero la satisfacción que podamos sentir en el corazón por ese bien que hacemos, por esa sonrisa que vemos aflorar en los labios de quien tiene su vida llena de sufrimiento o marcada por el dolor cuando infundimos esperanza con nuestra presencia, con nuestra ayuda, con nuestro amor, es algo que no tiene medida. Es irnos adelantando el cielo en la tierra aunque estemos rodeados del infierno de muchos sufrimientos, porque en el bien que hacemos nos sentiremos mas llenos de Dios.
Tenemos que descubrir muy bien ese sentido de trascendencia que hemos de darle a nuestra vida, a nuestros actos. Tenemos que elevar nuestro espíritu por encima de esa materialidad de las cosas que nos rodean, tenemos que descubrir esos verdaderos valores que nos van a llenar de mayor plenitud, por los que merece la pena luchar, que nos van a dar las mejores alegrías, que haciendo felices a los demás nos harán a nosotros mas felices.

lunes, 27 de febrero de 2017

Es necesario salirnos del círculo en que nos encerramos con nuestras “cosas” para ir de verdad al encuentro con los demás

Es necesario salirnos del círculo en que nos encerramos con nuestras “cosas” para ir de verdad al encuentro con los demás

Eclesiástico, 17, 20-28; Sal. 31; Mc. 10, 17-27
Yo soy bueno, decimos tantas veces; y hasta nos lo creemos. Bueno, ¿Qué mal hacemos?, nos preguntamos; yo no hago daño a nadie, no me gusta hablar mal de los demás, no molesto a nadie y a nadie quiero deber nada; bueno, si hacen algo malo, allá ellos, y pretendemos desentendernos. Somos buenos, cumplimos, no hago grandes cosas en la vida, pero no me meto con nadie.
¿Será eso suficiente? ¿Nos podemos quedar tranquilos así porque pensamos que ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer? Seguramente en el fondo nos damos cuenta de que quizás si tendríamos que hacer mas aunque no sepamos como ni que. Pudiera sucedernos incluso que nos sintamos vacíos, nos demos cuenta que somos meros cumplidores. Nos preguntamos y no sabemos responder, o no nos atrevemos a respondernos. Sabemos que tendríamos que dar un paso hacia delante pero no sabemos como ni atisbamos bien que dirección tomar.
El evangelio de hoy puede ayudarnos. Bueno, si con sinceridad y con un corazón abierto nos acercamos al evangelio siempre vamos a encontrar esa ayuda, esa luz que necesitamos y muchos caminos se pueden ir abriendo delante de nosotros. Lo difícil quizás será decidirnos a tomar ese camino.
Un hombre bueno se acerca a Jesús, un joven. Es bueno, cumple los mandamientos porque así se lo enseñaron desde niño. Quiere algo más. ‘Maestro, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?’ Y Jesús le habla de los mandamientos, que el ha cumplido desde siempre. Y es cuando Jesús propone algo más. ‘Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres – así tendrás un tesoro en el cielo – y luego sígueme’.
Se abría un hermoso camino delante de sus ojos. Seguir a Jesús, ser su discípulo. Quizás hoy podríamos recordarlo como uno de aquellos del grupo de los Doce. Pero con tristeza quizás es como lo recordamos. Como fue la mirada de Jesús cuando el joven se dio la vuelta y se marcho pesaroso porque era muy rico. Aquel desprendimiento le caía grande para su posibilidad de generosidad sin limites; muchos apegos habría en su corazón. De gente así no es el Reino de Dios.
Una cosa nos falta nos esta diciendo Jesús también a nosotros que nos decimos que somos buenos. Cada uno ha de rebuscar allá en lo hondo de su corazón en que se traducen estas palabras de Jesús. Aquel joven era rico, nosotros no seremos ricos por la cantidad de riquezas que podamos poseer, pero seguramente hemos llenado nuestro corazón, nuestra vida de cosas. Esas cosas que consideramos imprescindibles y sin las cuales nos parece que no seriamos nadie pero que a la larga tampoco nos hacen tan felices.
Nos parece imposible desprendernos, vaciarnos de nosotros mismos, de nuestros orgullos o de nuestras apetencias; nos parece que ya no seriamos nada sin esos aparatitos que van llenando nuestra vida, y que son buenos no lo vamos a negar, pero que el uso que hacemos de ellos nos convierte en sus esclavos. ¿Qué somos hoy sin el teléfono de ultima generación, la tablet, o no se cuantas otras cosas de ese tipo? ¿Qué somos si no tenemos Internet y no estamos apuntados a no se cuantas redes sociales? ¿Qué somos si no vestimos la ropa de la última moda que salga? ¿Qué somos si no tenemos no se cuantas comodidades en casa?
quizás luego no sabemos detenernos a hablar con el vecino que vive al lado de nuestra casa, pasamos por la calle entretenidos en nuestras conversaciones con gente que esta al otro lado del mundo pero no vemos al amigo con el que nos cruzamos, no saludamos a la persona que conocemos y que esta quizás sentada sola en el banco de la plaza esperando poder hablar con alguien, no entablamos conversación con el familiar con el que estamos sentados a la misma mesa comiendo porque estamos entretenidos en nuestro WhatsApp.
¿No nos estará diciendo Jesús hoy que vendamos lo que tenemos, que apaguemos ese aparatito y vayamos a compartir con ese pobre que puede ser nuestra propia familia o nuestros amigos de siempre que tenemos al lado y no vemos, o con ese necesitado que nos tiende la mano y ni siquiera nos damos cuenta que esta a nuestro lado?

domingo, 26 de febrero de 2017

Cuando centramos de verdad nuestra vida en Dios todo tendrá un sentido profundo y un valor, nos sentiremos realmente felices y El va a proveer lo que es fundamental para nuestra vida

Cuando centramos de verdad nuestra vida en Dios todo tendrá un sentido profundo y un valor, nos sentiremos realmente felices y El va a proveer lo que es fundamental para nuestra vida

Isaías 49, 14-15; Sal 61; 1Corintios 4, 1-5; Mateo 6, 24-34
Hay a quien le pudiera parecer demasiado radical el texto del evangelio que nos ofrece la liturgia de este domingo, a quien la pudiera parecer utópico en el sentido de que seria una cosa bonita pero irrealizable, o quien pudiera salir pensando como ponemos toda nuestra confianza en el Señor y El nunca nos abandonara para que preocuparse de responsabilidades y compromisos con la vida que ya todo saldrá por si mismo y así abandonarían sus responsabilidades en la vida.
Lo que si tenemos que decir es que este evangelio nos tiene que hacer pensar. No abandonamos nuestras responsabilidades de ninguna manera; bien sabemos que el evangelio de Jesús nos compromete y la responsabilidad es un valor importante, además de que hemos de saber desarrollar nuestras cualidades y valores porque lo que somos y lo que tenemos no es solo para nosotros mismos sino que tiene también la función del bien de los demás; no podemos enterrar nuestros talentos.
Pero hay una palabra que se repite varias veces en labios de Jesús en esta ocasión. ‘No os agobiéis…’ nos dice y nos repite. Y el agobio empieza cuando pensamos tanto en esas cosas de las que tenemos que valernos en la vida para nuestras relaciones, para nuestros intercambios, para tener lo que necesitamos para una vida digna que perdemos la paz, que los convertimos en absolutos de nuestra vida, porque nos quita el sueño y decir que nos quita el sueño es decir que nos enturbia tanto nuestra mente que no vemos claro que es lo que tenemos que hacer.
Nos agobiamos cuando pensamos que todo esta en razón de nuestras fuerzas, de nuestras posibilidades, de lo que hacemos materialmente en los trabajos que realizamos de manera que olvidamos otros valores importantes que si nos harán crecer por dentro, que nos darán altura de miras, que nos hacen mirar mas allá de lo que ahora en el presente podamos conseguir y nos olvidamos de la trascendencia que tenemos que darle a nuestra vida.
Nos agobiamos cuando todo lo que queremos contabilizar y medir y terminamos poniendo por encima de todo lo que sean nuestras ganancias materiales o lo que materialmente podamos ofrecer a los que dependen de nosotros o con aquellos con los que convivimos. Será mas importante muchas veces, por ejemplo, el tiempo que le podamos dar al encuentro con nuestros hijos, con nuestra familia o con los que convivimos, que los regalos materiales que podamos ofrecerles, o ese nivel de vida en los que los rodeamos de toda comodidad.
Quizás una carencia en un momento determinado de eso que no es tan esencial en la vida, nos ayudara a valorar el sentido de nuestros sacrificios o nos hará comprender que podemos ser felices sin muchas cosas cuando somos comprendidos y escuchados, cuando tenemos una convivencia en la que sabemos compartir las pocas cosas que tenemos, o cuando sabemos estar - simplemente estar - al lado de los que queremos.
Y a todo esto que estamos diciendo nos ayuda ese sentido espiritual y trascendente que le damos a nuestra vida, esa religiosidad en la que nos abrimos al Espíritu del Señor para sentirlo en nuestro corazón y sabemos escuchar esa Palabra que nos enriquece y nos hace verdaderamente grandes.
Son tantos los agobios que nos buscamos en la vida; son tantas las cosas que nos atan y nos esclavizan; son tantas las cosas que convertimos en absolutos de nuestra vida, pero con la incongruencia de no es una sola cosa la que consideramos absoluta sino muchas y no sabemos al final a donde dirigir nuestro corazón. ¿Qué es lo que buscamos? ¿Qué consideramos fundamental de nuestra vida? ¿Cuál es el centro y razón de ser de nuestra existencia?
Hoy nos lo dice claramente Jesús. ‘Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo’. Por eso concluirá: ‘No podéis servir a Dios y al dinero’. Y el dinero, si, pueden ser las riquezas, los medios económicos, pero pueden ser tantas cosas materiales, tantas vanidades y lujos con los que rodeamos nuestra vida; pueden ser nuestras sensualidades y los deseos de simplemente pasarlo bien o puede ser la superficialidad con que vivimos nuestro propio ser y todo lo que nos relacione con los demás, pueden ser nuestros orgullos y nuestras apetencias de poder o de manipulación de los demás; pueden ser quizás cosas que nos parecen insignificantes, pero a los que sin embargo apegamos nuestro corazón.
En el anuncio que Jesús nos esta haciendo en el evangelio del Reino de Dios ahora nos dice: ‘Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura’. Cuando centramos de verdad nuestra vida en Dios todo lo que hacemos tendrá un sentido profundo y un valor, nos descubrirá lo que es la verdadera grandeza del hombre y nos elevara nuestra mirada de todas esas cosas que nos atan y nos esclavizan por las que tantas veces nos sentimos agobiados.
Nuestra vida será distinta, caminaremos por caminos de verdadera plenitud, seremos más felices allá en lo hondo de nuestro corazón y haremos más felices a los demás. Con Dios nos sentiremos verdaderamente felices y El va a proveer en lo que es fundamental para nuestra vida. Pongamos nuestra confianza en El.

sábado, 25 de febrero de 2017

Aprendamos a nacer de nuevo y hacernos niños para descubrir cada día la novedad del Evangelio

Aprendamos a nacer de nuevo y hacernos niños para descubrir cada día la novedad del Evangelio

Eclesiástico 17,1-13; Sal 102; Marcos 10,13-16
‘Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis…’ Fue la reacción de Jesús a la actitud de los discípulos con los niños, aunque quería enseñarnos algo más. Las madres entusiasmadas los traían a Jesús para que los bendijera; cuantas veces vemos como una madre orgullosa de su niño lo acerca a una persona mayor para que lo bendiga, o simplemente para que se goce con el niño.
Y es normal que los niños cuando entran en confianza se pongan juguetones y hacia aquellos en quienes encuentran bondad y cariño pronto se acercan a ellos y casi los miran como si fueran de su edad para sus juegos. Pero también vemos personas ariscas a los que molestan los niños y no aguantan las importunidades de los niños y tratan de quitárselos de encima.
Algo así sucedió en aquel momento. Los discípulos más cercanos no querían que los niños molestasen a Jesús y trataban de quitarlos de en medio. ‘Les regañaban’, dice el evangelista. Y ahí vemos la reacción de Jesús. El evangelista nos dice que Jesús se enfado. ¿Por qué iban a alejar a los niños de su presencia? ‘Dejad que los niños se acerquen a mi…’ les dice. Dejad que se acerquen y aprendan ustedes, porque tienen que hacerse como niños, con esa ingenuidad si lo queréis llamar así, pero con esa confianza, con esa cercanía, con esos deseos de aprender y de buscar, con esos ojos abiertos para descubrir las cosas nuevas que la vida les va mostrando. ‘De los que son como ellos es el reino de Dios’.
En este caso no se trata como en otro momento Jesús querrá también enseñarnos de acoger al niño que es acoger al pequeño, valorar lo pequeño, acoger a todos, porque quien acoge al mas humilde esta acogiendo a Jesús. Hoy el mensaje va por otro camino porque nos dice ahora hacerse como niños. No olvidemos lo que Jesús le decía a Nicodemo, ‘hay que nacer de nuevo’. Nacer de nuevo, hacerse pequeño, hacerse niño para comenzar de nuevo. ¿No es la conversión, el cambio total del corazón, de las actitudes, de la manera de ver las cosas y de vivir la primera exigencia que nos propone Jesús en el evangelio para aceptar y creer en la Buena Nueva del Reino de Dios?
El niño no sabe nada y siempre quiere aprender, conocer lo nuevo. El niño se abre a la vida y comienza a vivir, todo es nuevo para el. Algunas veces nos creemos demasiado ‘sabidos’, nos parece que nos lo sabemos todo y quien nos va a enseñar. Cuando somos mayores nos aparecen esos orgullos, nos falta esa humildad de reconocer que podemos aprender algo nuevo, podemos encontrar algo nuevo.
Y muchas veces podemos tener esa actitud ante el evangelio y el evangelio deja de serlo para nosotros. El evangelio siempre es buena noticia y si es noticia es algo nuevo, porque lo viejo, lo sucedido hace tiempo ya no es noticia. Y tenemos el peligro de acercarnos al evangelio así, viéndolo como noticia, como cosas de otro tiempo. Nos falta descubrir esa novedad del cada día en el evangelio para poder encontrarnos con esa luz que nos ilumina, nos salva, nos da nueva vida.
Por eso terminara diciendo Jesús: ‘Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él’. Y el evangelista continua diciéndonos que los abrazaba y que los bendecía. Así tenemos que sentir ese abrazo del Señor a nuestra vida si nos llenamos de esa humildad y sentiremos en nosotros su bendición que nos da nueva vida.

viernes, 24 de febrero de 2017

Sintamos que el amor con todas sus consecuencias de entrega y de sacrificio no como una carga sino como una alegría, la alegría de nuestra vida

Sintamos que el amor con todas sus consecuencias de entrega y de sacrificio no como una carga sino como una alegría, la alegría de nuestra vida

Eclesiástico 6,5-7; Sal 118; Marcos 10,1-12
‘Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne." De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre’.
Así responde Jesús a la pregunta que le hacen los fariseos. Así nos manifiesta lo que es la voluntad del Señor. Así nos esta recordando lo que es la grandeza y la maravilla del amor.
Tenemos que recordarlo. Es meta y es ideal. Es camino. Un camino hermoso, el camino del amor verdadero, del amor que sabe entregarse y hasta es capaz de olvidarse de si mismo por el amor que tiene. Es el camino del amor que lleva a la unión mas profunda, ‘ya no son dos sino una sola carne’, nos dice Jesús recordando el texto bíblico con lo que esta establecido desde el principio, que va en lo mas hondo y profundo de nuestro ser, lo que es la voluntad del Dios que nos ha creado, y nos ha creado a su imagen y semejanza.
Sin embargo reconocemos que no es fácil, porque muchas veces el amor se puede viciar, se puede enfriar y debilitar. Lo tenemos en la experiencia de la vida. Ya lo sentían como un problema en el tiempo de Jesús con los planteamientos que le están haciendo los fariseos que expresan la real inquietud que hay en ellos, como sigue siendo problema de todos los tiempos y de hoy mismo.
No sabemos muchas veces encontrar solución. Se nos rompen tantas veces las relaciones de las parejas que incluso nos parecían más estables, mas enamoradas. Pero bien sabemos que la construcción y salvaguarda del amor no es tarea de un día, sino que tiene que ser tarea permanente. Hemos de cuidar el amor, porque pueden ser muchas las cosas que nos tienten por acá y por allá.
Cuidarlo desde el principio abonando bien nuestra vida en una profunda y verdadera formación. Sabemos que las cosas de la vida no son fáciles y hemos de prepararnos y fortalecernos para afrontar los problemas, para preservarnos de los peligros, para fundamentar nuestra vida en verdaderos valores y en profundos principios que nos ayuden a encontrar esa estabilidad emocional.
Sentir siempre el amor con todas sus consecuencias de entrega y de sacrificio no como una carga sino como una alegría, la alegría de nuestra vida, porque nos lleva por los caminos de la realización personal pero no de una forma aislada sino precisamente compartiendo nuestra vida con el ser que amamos; y eso nos dará mayor plenitud, las mayores satisfacciones, las alegrías mas profundas.
Y hay un fundamento que el creyente, el cristiano ha de saber poner muy bien. El amor es algo que nos sobrenaturaliza porque nos llena de Dios y entonces a Dios hemos de saber sentirlo y hacerlo siempre presente en nuestro amor. Frente a la debilidad de nuestra condición humana que nos inclina al pecado la gracia divina es nuestra más profunda fortaleza. Hagamos presente de verdad a Dios en nuestra vida y con su gracia nos sentiremos divinizados y se fortalecerá de verdad nuestro amor.
Y sepamos comprender, sepamos tener entrañas de misericordia, nunca nuestros juicios ni nuestros prejuicios empañen nuestra mente hasta llevarnos a juzgar o condenar a nadie. Sepamos ser comprensivos para alentar, para animar, para apoyar, para saber estar al lado de los que puedan padecer problemas en esta tarea tan hermosa del amor matrimonial. Y también que nuestra oración los acompañe, para que nunca un matrimonio cristiano olvide esa gracia del Sacramento que no solo fue en aquel momento de la celebración, sino que esa gracia se hace presente en cada momento de amor, de encuentro, de alegría matrimonial y familiar y se hace presente también en los momentos de dificultad para dar fuerza en esa situación. 

jueves, 23 de febrero de 2017

Las virtudes con que adornemos nuestra vida serán ese cristal luminoso y brillante a través del cual demos buena luz a los demás con nuestros buenos ejemplos


Las virtudes con que adornemos nuestra vida serán ese cristal luminoso y brillante a través del cual demos buena luz a los demás con nuestros buenos ejemplos

Eclesiástico 5,1-10; Sal 1; Marcos 9,41-50
En otro momento del evangelio Jesús nos decía que tenemos que ser luz y que tenemos que ser sal; la luz tiene que iluminar, la sal tiene que dar sabor. Pero si la lámpara esta oculta no puede dar luz, pero también hemos de decir que si la lámpara esta visible pero el cristal que cubre la llama que da luz esta manchada y rota no podrá reflejar debidamente esa luz, si el cristal esta lleno de suciedad o enturbiado con distintos colores lo que sucederá es que la luz no podrá llegar nítida para iluminar o teñirá de colores no tan agradables su resplandor. O como nos dice refiriéndose a la sal si se vuelve sosa no podrá realizar su acción, si se corrompe nos dará corrupción.
Creo que esto nos pueda ayudar mucho. Vamos a decir, a dar por sentado que somos buenos porque no hacemos grandes maldades, pero bien sabemos que tenemos que cuidar mucho nuestras actitudes, hacer un control de nuestras pasiones más diversas porque muchas veces pueden aparecer en nosotros algunas cosas que ya no son tan buenas, no hay tal pureza de intención, o el descontrol de nuestra vida puede hacer que nos aparezcan actitudes y comportamientos en que nos dejamos llevar por nuestro orgullo, aparecen mezquindades en nuestra vida, nos pueden ir corroyendo por dentro los celos y las envidias y ya aunque aparentemente parezcamos buenos  no todo es bueno en nuestro interior; y eso que tenemos en nuestro interior se va reflejando aunque no queramos en nuestros actos.
Por eso la actitud madura de la persona es querer ir superándose cada día mas, para superar debilidades, para purificar esas posturas, esos gestos, esas acciones que realizamos delante de los demás, porque el mal que hay en nosotros desgraciadamente puede influir en los demás, puede arrastrar a los demás también a realizar lo mismo que nosotros con no tanta pureza realizamos. Ya sabemos que en la vida caminamos siempre como en una pendiente, y el que está en una pendiente y quiere ascender siempre tendrá que estar en tensión para no dejarse arrastrar, para poder seguir dando pasos en esa ascensión y en ese crecimiento de su vida.
El ajetreo de la vida, el encuentro con los demás, el esfuerzo y preocupación por nuestro trabajo y nuestras responsabilidades puede hacer muchas veces que no pongamos toda la tensión y toda la atención en lo que tendría que ser importante en nuestra vida que es ese crecimiento interior, ese crecimiento y maduración como persona. Fácilmente nos pueden aparecer en esos encontronazos que vamos teniendo en la vida por los problemas que nos van como cercando, pueden aparecer, digo, ramalazos de orgullo, de egoísmo, de amor propio, de rivalidades que nos enfrentan, de envidias y celos que tanto daño nos hacen, pero que también pueden hacer mucho daño a los que están a nuestro lado.
Jesús nos previene con sus palabras hoy en el evangelio que nos pueden parecer incluso duras, pero es que tenemos que saber arrancar de raíz esas malas pasiones que se nos meten tan dentro de nosotros; algunas veces parece incluso que no nos damos cuenta de lo que nos sucede o de esos gestos o esas actitudes impropias que podamos tener con los demás. Por eso es tan necesaria la vigilancia. Ya sabemos que una mala hierba no nos vale solo con cortarla, sino que tenemos que arrancarla de raíz porque de lo contrario volverá a reverdecer en nosotros.  A eso nos está invitando Jesús hoy en el evangelio.
Las virtudes con que adornemos nuestra vida serán ese cristal luminoso y brillante a través del cual demos buena luz a los demás con nuestros buenos ejemplos.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Al celebrar la Cátedra de san Pedro en nuestra comunión y lealtad al Maestro y al Pastor de la Iglesia oramos por el Papa fiel al servicio de la unidad de la Iglesia en el amor

Al celebrar la Cátedra de san Pedro en nuestra comunión y lealtad al Maestro y al Pastor de la Iglesia oramos por el Papa fiel al servicio de la unidad de la Iglesia en el amor

I Pedro 5,1-4; Sal 22; Mateo 16,13-19
Creo que todos sabemos que la cátedra es el lugar desde el que el profesor enseña; por eso le llamamos catedrático; y en el lenguaje universitario se suele decir la cátedra en referencia a la materia que se imparte.
En el lenguaje religioso y cristiano hablamos de la catedral, como la sede del Obispo, o el lugar, el templo en el que esta la sede, la cátedra del maestro en la fe de los cristianos en una diócesis que es el Obispo, al que consideramos con la autoridad del sucesor de los Apóstoles. Es por eso que en el catedral esta la sede, el sillón del Obispo que nadie más puede ocupar, porque solo a él le compete ocupar ese lugar.
¿Por qué me hago estos comentarios en el comienzo de la reflexión del día? Hoy la Iglesia celebra la fiesta litúrgica de la Cátedra de san Pedro en Roma. El Papa, sucesor de Pedro en la sede romana, obispo de Roma, es el maestro en la fe de todos los cristianos. Pedro recibió esa misión del Señor ‘mantente firme… para que conserves y alientes la fe de tus hermanos’.
Es la autoridad de Pedro, es la autoridad y la misión del Papa, como sucesor de Pedro. Es nuestro maestro en la fe; él tiene la cátedra, la autoridad, la misión de ese servicio a la comunidad universal, mantenernos unidos en la fe. Y así su magisterio nos enseña, nos ilumina, nos acerca a la Palabra de Dios que quiere trasmitirnos para mantenernos en esa fe, para ayudarnos así a hacer ese recorrido de nuestra vida cristiana, para mantenernos fieles en esa fe, en ese seguimiento de Jesús y en esa, en consecuencia, construcción del Reino de Dios en nuestro mundo.
‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’, escuchamos hoy en el evangelio que le dice Jesús a Pedro. Tras la resurrección allá en las orillas del mar de Galilea Jesús le confiará la misión de apacentar al rebaño, como un día le dijera que sería pescador de hombres.
Cuando escuchamos la palabra autoridad pensamos en dominio, en mandatos y prohibiciones, en imposición para mantener el orden y la ley; pero la verdadera autoridad es otra cosa, es el servicio a la unidad, es el servicio en el amor y al amor, es el servicio a la verdad para conducirnos a la luz, es el servicio que busca el bien de todos y de cada uno, es el servicio que se hace cercanía y acompañamiento, es el servicio del que camina a nuestro lado para ayudarnos a encontrar en el camino, es el servicio del que sabe hacerse servidor de todos, es el servicio del que tiende la mano para que nos levantemos y no tropecemos, es el servicio que no se impone sino que se hace todo delicadeza y humildad.
Es la misión que recibió Pedro para que todos en comunión con él nos mantengamos en fidelidad; es la misión que realiza, que tiene que realizar el Papa con todos y cada uno de nosotros atendiendo a nuestros problemas, nuestras necesidades, siendo luz para nuestras oscuridades, siendo fortaleza en nuestras debilidades. Es el servicio del Papa que nos ayuda a sentir cercano el amor de Dios.
Hoy celebramos la cátedra de san Pedro, ese servicio del Papa. Y mostramos nuestra lealtad escuchándole, dejándonos iluminar por su palabra, acogiendo el testimonio de su vida y sobre todo con nuestra oración para que él pueda también ejercer fielmente ese servicio que Cristo le ha confiado. Oremos por el Papa.

martes, 21 de febrero de 2017

No es por caminos de grandezas ni de imposiciones sino por el camino de la humildad que es donde se saborea mejor el amor por donde hemos de caminar

No es por caminos de grandezas ni de imposiciones sino por el camino de la humildad que es donde se saborea mejor el amor por donde hemos de caminar

Eclesiástico 2,1-13; Sal 36; Marcos 9,30-37
No se si será algo que nos haya pasado, pero en alguna ocasión alguien está tratando de explicarnos algo con detalle pero no terminamos de comprender y un poco no sé por qué – un cierto temor quizá a quedar como ignorantes que no entendemos – no somos capaces de preguntar aquello que no entendemos; quizá sea algo que de alguna manera trastrueque nuestro pensamiento, nuestra manera de entender las cosas, pero parece que no nos enteramos ni queremos enterarnos y por eso nos callamos, asentimos calladamente, pero nos quedamos sin comprender. De alguna manera nos hacemos oídos sordos para no entender.
Pueden ser asuntos muy importantes, puede ser la visión que tengamos de las cosas, pudiera ser algo que nos afectara en nuestro futuro, pero que no queremos cambiar tal como vamos, pueden ser respuestas a preguntas hondas que llevemos dentro de nosotros mismos pero que no nos atrevemos a planteárnoslas porque quizá tendríamos que cambiar muchas cosas en el plan de vida, en el sentido de lo que hacemos. Nos puede suceder de diversas maneras y en muy distintas ocasiones de la vida.
Algo así les estaba pasando a los discípulos con Jesús. Se los había llevado tranquilamente recorriendo la Galilea, después de la experiencia del Tabor, porque quería instruirlos de manera especial. Jesús está formando aquel grupo base del Reino de Dios que anunciaba y que un día habrían de continuar su obra. Por eso les hablaba a ellos solos. Y a ellos solos les estaba anunciando lo que sucedería un día en Jerusalén.
El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará’. Pero ellos no terminaban de entender, y además les daba miedo preguntar. Aquellas palabras de Jesús quizá sonaban demasiado solemnes o les estaba planteando una nueva visión del Mesías muy distinto de la idea que el pueblo se había forjado. Era necesario un cambio grande de mentalidad, lo que iba a suceder podría afectarles, realmente no sabían que hacer o qué decir. Seguían con su pensamiento que parece que era más cómodo y menos complicado.
Y ellos siguieron en sus planteamientos sin que al parecer aquello que les estaba anunciando Jesús les afectara mucho a su manera de pensar. En su conversación iban con sus discusiones y planteamientos y sueños de grandezas. Al llegar a Cafarnaún Jesús que les ha dejado que siguieran en sus discusiones y apetencias les pregunta a quemarropa, podríamos decir, ‘¿De que discutíais por el camino?’
Se sienten cogidos y rehuyen la respuesta porque a pesar de lo que Jesús les había estado enseñando sobre el verdadero sentido del Mesías, del Hijo del Hombre, habían discutido por los primeros puestos en el Reino Nuevo que Jesús estaba anunciando y que ellos preveían ya inminente.
‘Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos’, les dice Jesús sentando en medio de ellos. Y toma un niño y lo pone en medio y les enseña como hay que valorar lo pequeño, lo que les pueda parecer sin importancia. Acoger a un niño es acogerle a El; acoger a un niño es aprender a hacerse pequeño; acoger un niño es aprender a hacerse el ultimo, el servidor de todos.
¿Qué podían decir ahora y que podían preguntar cuando antes se habían quedado callados? Sus planes, sus sueños, sus ilusiones de grandezas se van por los suelos. El camino de Jesús es distinto; el Reino de Dios que anuncia no es a la manera de los reinos de este mundo. Ya les diría que no podían ser como los poderosos de este mundo. No es por caminos de grandezas ni de imposiciones, es el camino de la humildad porque es donde se saborea mejor el amor por donde hemos de caminar.
¿Nos costara también a nosotros entender estos planteamientos de Jesús? Seguimos también con nuestras aspiraciones de grandezas, de riquezas, de poder, dejándonos atrapar por el orgullo. Tenemos que aprender a desprendernos de muchas cosas para buscar lo que de verdad es lo principal. También la Iglesia tiene que desprenderse de muchas cosas, de muchos aires principescos con la que a través de los siglos la hemos adornado. El camino del Evangelio ha de ser el autentico camino que ha de vivir y con el que ha de presentarse ante el mundo.
Tenemos que hacernos preguntas sin miedo y también, por que no, en nuestra oración plantearle al Señor esas preguntas de cosas que no terminamos de entender, para que El nos ilumine con la verdadera sabiduría, para que nos ayude a saborear de verdad ese camino de la humildad y del amor por el que quiere que caminemos.

lunes, 20 de febrero de 2017

Desde el compromiso de la fe y con la fuerza del amor no nos podemos quedar solo en palabras sino que hemos de saber llevar vida al que sufre a nuestro lado

Desde el compromiso de la fe y con la fuerza del amor no nos podemos quedar solo en palabras sino que hemos de saber llevar vida al que sufre a nuestro lado

Eclesiástico 1,1-10; Sal 92; Marcos 9,14-29
Qué fácil nos resulta a veces entretenernos en nuestras charlas y discusiones aunque solo sea en nuestra mente quizás, mientras a nuestro lado el que sufre sigue con su dolor, y el necesitado sigue con sus carencias. Filosofamos, por decirlo de alguna manera suave, en qué es lo que podemos hacer, cuál es la mejor solución, o si lo que hacemos le va a beneficiar o no, o si sabrá aprovechar lo que compartimos para una causa buena, o de donde ha venido, por qué no se quedó en su tierra o en su país, en que quizá va a hacer un mal uso lo que le damos y es un desperdicio, o que quizá en nuestra tierra hay gente que pasa necesidad mientras nos gastamos lo que tenemos en el que viene de fuera, y así tantas y tantas discusiones, tantas y tantas  razones que nos buscamos, tantas disculpas quizá que nos damos, y mientras el que sufre sigue con su sufrimiento, el que pasa hambre sigue sin tener un pedazo de pan que llevarse a la boca. ¿No nos estará sucediendo algo así?
Me hago esta consideración inicial porque es a donde se han dirigido mis pensamientos, aunque quizá podamos hacernos otras reflexiones, cuando he escuchado el evangelio de hoy. Jesús y los tres discípulos escogidos bajan del monte tras la Transfiguración y al llegar al llano donde está el resto de los discípulos se encuentra con una tremenda discusión. Allí está un padre con su hijo padeciendo una grave enfermedad y en torno los escribas y la gente con los discípulos están enfrascados en una tremenda discusión. ¿Pueden o no pueden curar a aquel muchacho?
Llega Jesús con su humanidad y todo el amor misericordioso de Dios que se trasluce en su persona y se interesa por el problema de aquel hombre y su hijo enfermo. Siente lástima por la poca fe de aquellos que andan en sus discusiones y por su falta de fe no son capaces de hacer nada. Pero Jesús llega junto al sufrimiento de aquel hombre y de su hijo entablando un diálogo con ellos. Un dialogo que no se quedará en palabras, un diálogo que ayudará a despertar la fe de aquel hombre, y que concluirá la salvación de aquel muchacho. Terminará el texto relatándonos ese gesto tan humano de Jesús que se acercó al muchacho, lo tomó de la mano y lo levantó lleno de salud y de vida.
Nos habla de cercanía, de encuentro, de saber estar al lado de los demás, de aprender a ir tendiendo nuestra mano sin ninguna repugnancia para que se apoye de verdad todo aquel que lo necesita; nos habla de una preocupación que hemos de sentir por el otro que no se queda solo en palabras; nos esta hablando de cómo tenemos que saber llevar vida, despertar esperanza, poner ilusión en el corazón; de cómo nuestra fe tiene que ser viva y sentir la seguridad de apoyarnos en Dios, de sentirnos amados de Dios.
Son los caminos que desde el compromiso de nuestra fe y con toda la fuerza del amor nos han de llevar siempre al encuentro con el otro, a una cercanía llena de amor, a derramar ternura por doquier, a no perder nunca la sensibilidad para descubrir tantos sufrimientos y para sentir también como algo mío el sufrimiento del otro. Es la luz que tiene que iluminar mi vida. Con esos resplandores también hemos de iluminar el corazón de los que sufren a nuestro lado.