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viernes, 4 de septiembre de 2026

Remiendos y rotos que hemos de sustituir por vestiduras nuevas, odres nuevos para vino nuevo, pero la autenticidad del vino añejo y no adulterado del evangelio, nos pide Jesús

 


Remiendos y rotos que hemos de sustituir por vestiduras nuevas, odres nuevos para vino nuevo, pero la autenticidad del vino añejo y no adulterado del evangelio, nos pide Jesús

1Corintios 4, 1-5; Salmo 36; Lucas 5, 33-39

He de confesar que escuchando este texto del evangelio de hoy, que nos habla de remiendos y de rotos, tal como vemos hoy las nuevas modas y costumbres a la hora de vestir parece que se quedaría uno sin palabras ni saber que decir; claro que no podemos olvidar o callar las nuevas costumbres que se nos van imponiendo, que pueden ser también muy significativas de muchas cosas, y podemos pensar en un modo positivo que siempre tenemos que saber hacer aflorar, pero no podemos quitar razón a lo que nos dice Jesús en el evangelio,

Alguna vez nos habrá pasado, teníamos una ropa, un vestido que quizás había significado mucho para nosotros, pero claro con el paso del tiempo las cosas se ponen viejas y aparecen los rotos, nos daba pena desprendernos de dicha pieza y pensamos que quizás poniendo un remiendo allí donde aparecía el roto nos podría seguir valiendo y no tendríamos que tirarla; quizás con el paso de los días nos dimos cuenta que aquello no nos sirvió de nada y al final todo se quedó inservible. ¿Comprendemos entonces el sentido de las palabras de Jesús?

Había venido poco menos que con una queja porque El no enseñaba a sus discípulos a ayunar y hacer penitencias, como juan enseñaba y pedía a sus discípulos o a quienes iban a escucharle a la orilla del Jordán. No dice Jesús que no valgan aquellos ayunos de Juan, lo que nos está pidiendo es que le encontremos un sentido auténtico a aquello que hagamos y que no sea porque haya que repetir literalmente unas viejas costumbres. Ya tenemos la experiencia de como ya nos buscaremos atajos, disculpas y excepciones para no tener que hacer esas penitencias, y si no nos queda más remedio ya procuraremos que sea lo más liviano posible.

Jesús nos está abriendo los ojos a un sentido nuevo y de mayor autenticidad en la vida que es lo que va a significar el Reino de Dios que anuncia. Y ese sentido nuevo nos va a pedir una nueva forma de vivir, una renovación desde lo más profundo para llegar a ser un hombre nuevo. Y ser hombre nuevo no significa buscar disimulos para ocultar roturas; es una vestidura nueva que no es solo algo que nos pongamos por encima si por dentro seguimos igual; la renovación no se queda en remiendos sino en renovación total. ¿No nos pedía conversión? ¿Y qué significa esa palabra? Dar la vuelta totalmente, no es simplemente ponernos de lado para seguir ocultando por detrás las cosas viejas de las que tenemos que desprendernos.

Por eso continuará Jesús hablándonos de odres nuevos; unos odres que han de tener una contextura especial y renovada para poder contener ese vino nuevo del Espíritu con toda su fuerza de vino nuevo? Unos odres viejos que ya están pasados en su contextura no nos servirán porque esa vitalidad nueva los hará estallar. Pero nosotros, sin embargo, queremos seguir siendo odres viejos, porque aquella vieja costumbre no la puedo olvidar, porque de aquellos viejos recuerdos no me puedo olvidar, porque aquello que yo he hecho siempre me puede seguir valiendo, porque contentándonos con cumplir al menos lo más elemental nos parece suficiente, porque hay cosas de las que no me puedo desprender, parece que son camisa que se ha hecho carne con nosotros y ahora nos cuesta arrancarla de nuestra vida y no queremos pasar por esos dolores.

Nos cuesta entender la novedad del evangelio; nos cuesta adentrarnos en lo más hondo de nosotros mismos para llegar a darle autenticidad a nuestra vida; nos resulta fuerte quizás saborear en su más auténtico sabor lo que es el evangelio de Jesús. Por eso hoy Jesús aunque por un lado nos habla de vinos nuevos que necesitan unos odres nuevos, por otro lado nos habla también del vino añejo que tiene el mejor sabor. ¿Hay contradicción en las palabras de Jesús? Tenemos que entender bien lo que es un vino añejo, el que ha conservado su sabor sin adulterarlo de ninguna manera con otras mezclas; ¿no será eso lo que de alguna manera vamos haciendo algunas veces con el paso del tiempo que adulteramos el sabor del evangelio?

Cuántas cosas hemos ido mezclando en nuestra vida cristiana y hasta en la vida de la Iglesia con sabores del mundo que nos rodea con lo que de alguna manera podemos llegar a no reconocer el sabor auténtico del evangelio en lo que hacemos con nuestras tradiciones y rutinas, con nuestros apegos al mundo de los que no nos queremos desprender. Por ahí van las palabras de Jesús.

Cuando ha llegado el momento de una renovación en la Iglesia, como aquel abrir puertas y ventanas que decía san Juan XXIII cuando convocó el concilio para llegar a esa autenticidad, habrá todavía quien sigue añorando aquellas tradiciones y no ha querido entrar en la renovación que el Espíritu Santo ha querido infundir en la Iglesia de hoy. Y cuidado que volvamos a los remiendos o a la autenticidad que nos llena de vanidad.


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