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viernes, 12 de septiembre de 2014
Concédenos a quienes recurrimos a la protección de María ser confortados por la invocación de su santo nombre
jueves, 12 de septiembre de 2013
El nombre de María está lleno de divina dulzura
miércoles, 12 de septiembre de 2012
lunes, 12 de septiembre de 2011
Y el nombre de la virgen era María, nombre cargado de divinas dulzuras

‘Y el nombre de la Virgen era María’, nos señala con detalle el evangelista cuando comienza a relatarnos el momento grandioso en el que se iban a suceder las maravillas de Dios.
Cuando el ángel saluda a María llamándola la llena de gracia, porque Dios está con ella –‘Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo’ – ante la turbación que estas palabras le producen la llama por su nombre. ‘No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor’. Y es que cuando en momentos de turbación o nos sentimos impresionados por algo el escuchar nuestro nombre nos llena de paz y nos da seguridad.
El ángel la llama por su nombre. ‘Nombre cargado de divinas dulzuras’, que diría san Alfonso María de Ligorio. Nombre que nos llena de alegría y de esperanza; nombre que nos sabe a gloria porque bien sabemos no sólo lo que el nombre de María puede significar, sino lo que realmente María venía a significar en la historia de nuestra salvación.
Los autores hacen juegos de palabras con las etimologías de este nombre y hacen comparaciones en lo que pudiera significar en las diferentes lenguas antiguas. No vamos a detenernos excesivamente en ello pero para nosotros el nombre de María es un nombre de vida. María es la nueva Eva que si aquella primera madre de los vivientes nos trajo la muerte con el pecado, en María encontramos la gracia porque su Sí a la embajada del ángel nos trajo la vida y la salvación para todos los hombres haciendo posible que Dios se encarnase en sus entrañas para ser Dios con nosotros.
No nos quedamos en el significado de belleza o señorío que pueda encerrar esta palabra que la puede convertir en princesa o en reina nuestra, sino que también en su raíz podemos contemplarla como la más amada, porque así fue amada por el Señor hasta hacerla su madre.
San Bernardo llama a María la Estrella del Mar, porque son su luz y su presencia nos va a dar siempre el norte que nos lleva hasta Jesús sin ningun temor ni pérdida. Como la estrella polar en la noche o la luz de los faros en nuestros mares nos estará señando siempre el camino para que vayamos a Jesús.
María, Reina, Madre, Faro de luz, Consuelo, camino de felicidad, arco iris que nos anuncia la paz del espíritu en medio de las tormentas, aurora de la salvación, esperanza cierta que nos anuncia la luz del día de la gracia y de la salvación. ‘Bienaventurado el que ama vuestro nombre, oh María —exclama San Buenaventura—, porque es fuente de gracia que refresca el alma sedienta y la hace reportar frutos de justicia’.
El nombre de María siempre nos habla de pureza y de santidad, como enseñara san Pedro Crisólogo. La contemplamos inmaculada, sin pecado; la invocamos como la purísima y la siempre virgen; le pedimos que nos mantenga el alma pura porque a ella siempre queremos parecernos.
Como nos habla sor María Jesús de Agreda, en su Mística Ciudad de Dios en sus revelaciones escucha la voz del Padre celestial que habla del nombre que ha de llevar la que va a ser la madre de Dios: ‘María se ha de llamar nuestra electa y este nombre ha de ser maravilloso y magnífico. Los que le invocaren con afecto devoto, recibirán copiosísimas gracias; los que le estimaren y pronunciaren con reverencia, serán consolados y vivificados; y todos hallarán en él remedio de sus dolencias, tesoros con que enriquecerse, luz para que los encamine a la vida eterna’.
Y ese nombre ‘llave del cielo’, como le dice san Efrén, es el que queremos llevar siempre bien marcado en nuestro corazón, porque es el nombre de la Madre, de la Madre de Dios y nuestra Madre, a la que queremos invocar en todo momento porque con su protección e intercesión nos sentiremos siempre seguros de acertar en el camino del seguimiento de Jesús.
Invoquemos a María, llamémosla con este dulce nombre, amémosla con todo nuestro corazón porque estamos seguros que siempre sentiremos sobre nosotros su protección.
sábado, 11 de septiembre de 2010
María, nombre cargado de divinas dulzuras

‘La virgen se llamaba María…’ nos dice el evangelista. El nombre, María. Dulce nombre, santo Nombre. Es el nombre de la Madre, de la Madre de Dios y nuestra madre, porque así quiso dárnosla Jesús desde la Cruz. Hace pocos días celebramos su nacimiento; hoy queremos recordar y celebrar su nombre – aunque nos adelantemos un día por coincidir con el domingo – porque queremos gozarnos con María, invocar a María, tener muy presente en nuestros labios el nombre de María.
"Nombre cargado de divinas dulzuras", como asegura San Alfonso María de Ligorio; nombre que sabe a mieles y deja el alma y los labios rezumando castidad, alegría y fervor: ¡María! Por medio de la que así es llamada, nos han venido todos los bienes y la pobre humanidad puede levantar la humillada cabeza y presentir de nuevo la cercanía de inacabables bienaventuranzas.
En este sentido podemos recordar lo que nos decía el libro del Eclesiástico que la liturgia quiere aplicar hoy a María: ‘Como vid hermosa retoñé: mis flores y frutos son bellos y abundantes. Yo soy la madre del amor puro, del temor, del conocimiento y de la esperanza santa… mi nombre es más dulce que la miel, y mi herencia, mejor que los panales…’
Prueba de sabiduría y de acierto es imponer a la persona el nombre que justamente le corresponde. Y nadie como Dios ha sabido dar exactitud, expresión y síntesis a los nombres que Él mismo ha elegido e inspirado. Desde la más remota antigüedad, el nombre impuesto a las personas y a las cosas tuvo, en la mayoría de los pueblos, una significación simbólica.
Se suele decir que el nombre de María, traducido del hebreo "Miriam", significa, Doncella, Señora, Princesa. El padre Lagrange opina que los hebreos debieron utilizar el nombre de María con el significado de Señora, Princesa. Nada más conforme a la noble misión de la humilde Virgen nazarena.
¿Qué significados tiene, pues, según la etimología, ese nombre cuyo misterioso sentido sólo Dios nos podría explicar? Si, como algunos creen, deriva del idioma egipcio, su raíz es mery, o meryt, que quiere decir muy amada. Según otros, la significación sería Estrella del mar. Si el nombre de María proviene del siríaco, la raíz es mar, que significa Señor.
San Efrén dice "que el nombre de María es la llave de las puertas del cielo," Y San Buenaventura "que María es la salvación de todos los que recurren a ella." "¡Oh Dulcísimo Nombre! Oh María, quién serás Tú que tu nombre sólo es tan amable y lleno de gracia," exclama el beato Enrique Suso. Y San Bernardo: "En los peligros, en las perplejidades, en los casos dudosos, piensa en María, recurre a María, no dejes que abandone tus labios; no dejes que se aparte de tu corazón." María, cuyo Nombre cantan los cielos y la tierra, ¡bendita seas!... "El nombre de María indica castidad", dice San Pedro Crisólogo.
Deliciosamente narra sor María Jesús de Agreda, en su Mística Ciudad de Dios, la escena en la cual la Santísima Trinidad, en divino consistorio, determina dar a la "Niña Reina" un nombre. Y dice que los ángeles oyeron la voz del Padre Eterno, que anunciaba: "María se ha de llamar nuestra electa y este nombre ha de ser maravilloso y magnífico. Los que le invocaren con afecto devoto, recibirán copiosísimas gracias; los que le estimaren y pronunciaren con reverencia, serán consolados y vivificados; y todos hallarán en él remedio de sus dolencias, tesoros con que enriquecerse, luz para que los encamine a la vida eterna".
Y a ese nombre, suave y fuerte, respondió durante su larga, humilde y fecunda vida, la humilde Virgen de Nazaret, la que es Madre de Dios y Señora nuestra. Y ese nombre, "llave del cielo", como dice San Efrén, posee en medio de su aromática dulzura, un divino derecho de beligerancia y una seguridad completa de victoria.
Su Nombre, para los que luchamos en el campo de la vida, es lema, escudo y presagio. Lo afirma uno de sus devotos, San Antonio de Padua, con esta comparación: "Así como antiguamente, según cuenta el Libro de los Números, señaló Dios tres ciudades de refugio, a las cuales pudiera acogerse todo aquél que cometiese un homicidio involuntario, así ahora la misericordia divina provee de un refugio seguro, incluso para los homicidas voluntarios: el Nombre de María. Torre fortísima es el Nombre de Nuestra Señora. El pecador se refugiará en ella y se salvará. Es Nombre dulce, Nombre que conforta, Nombre de consoladora esperanza, Nombre tesoro del alma. Nombre amable a los ángeles, terrible a los demonios, saludable a los pecadores y suave a los justos."
Que el sabroso Nombre de Nuestra Madre, unido al de Jesús, selle nuestros labios en el instante supremo y ambos sean la contraseña que nos abra, de par en par, las puertas de la gloria.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Dulce nombre de María con olor a jardín florecido

Sal.: Lc. 1, 46-55
Lc. 1, 26-38
‘¡Alégrate, la llena de gracia! ¡Alégrate, no temas, María! El Señor está contigo… has encontrado gracia ante Dios…’
Bendito nombre el de María. Su nombre es bendición y es gracia. Decir María es decir Madre, la Madre de Dios… también nuestra madre. Decir María es caminar hacia la luz, es sentir que la luz viene sobre nosotros. Decir María es pensar en Jesús. Bendito el nombre de María… bendito el nombre de Jesús.
No hay otro nombre bajo el cielo ni sobre la tierra que sea para nosotros salvación como el nombre de Jesús. ‘Ante El toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en el abismo…’ porque al decir Jesús estamos llamando a Dios, al decir Jesús sobre nosotros se derrama la salvación. Jesús es el Dios que nos salva, el que nos trae el perdón, el que nos llena de vida.
Pero hoy estamos haciendo fiesta de María y aprendiendo a invocar su nombre; hacemos fiesta de María y le damos gracias a Dios porque nos ha dado una madre tan hermosa que es la Madre de Dios; bendecimos y alabamos al Señor porque cuando llamamos a María parece que todos los caminos se nos abren, los caminos que nos llevan y acercan al Salvador.
¡Qué hermoso es el nombre de María, el nombre de la Madre, de nuestra Madre, la Madre del Señor! Un nombre que nos huele a jardines florecidos, porque al decir María, al nombrar a María van brotando en su derredor todas las hermosas flores que son sus virtudes, sus gracias de las que toda ella está inundada. Además de María brota la más hermosa frescura, el más intenso aroma del amor, el perfume más exquisito de todas sus virtudes de las que ella es para nosotros el mejor ejemplo.
Glorioso es el nombre de María, como decíamos en la antífona de entrada tomando palabras del cántico a Judith, la heroína del Antiguo Testamento por la que se vio libre el pueblo antiguo de la vara del opresor. ‘El Señor te ha bendecido, Virgen María, más que a todas las mujeres de la tierra; ha glorificado tu nombre de tal modo que tu alabanza está siempre en boca de todos’. ‘Bendita tú entre todas las mujeres’, como le dijo Isabel y como le repetimos una y otra vez en el Avemaría.
Su nombre es santo porque con él llamamos e invocamos a ‘la llena de gracia’, la que encontró gracia ante Dios de manera que fecundada por obra del Espíritu Santo de ella había de nacer el que nos trajera la gracia y la salvación.
Es su nombre el que invocamos y está frecuentemente en nuestros labios porque así recurrimos a su protección maternal; así nos sentimos defendidos y protegidos contra las acechanzas del enemigo, contra todos los peligros que nos acechan. ‘Has querido, con amorosa providencia, que también el nombre de María estuviera con frecuencia en los labios de tus fieles; éstos la contemplan confiados, como estrella luminosa, la invocan como madre en los peligros y en las necesidades acuden seguros a ella’, diremos en el prefacio de esta fiesta de María.
Queremos que la protección de María, cuando invocamos su nombre, nos haga comprender lo que significa también llevar el nombre de cristiano; que nunca profanemos la dignidad a la que está elevada nuestra vida desde el bautismo; que siempre seamos capaces de comportarnos conforme a esa dignidad con una santidad de vida.
Que María nos proteja; que María nos ayude; que María nos alcance esa gracia de parte del Señor.

