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viernes, 2 de octubre de 2026

En lo pequeño y en lo sencillo construimos el Reino de Dios, pero en lo pequeño y lo sencillo se nos manifiesta Dios, escuchemos a los santos ángeles que nos hacen sentir a Dios

 


En lo pequeño y en lo sencillo construimos el Reino de Dios, pero en lo pequeño y lo sencillo se nos manifiesta Dios, escuchemos a los santos ángeles que nos hacen sentir a Dios

Éxodo 23, 20-23a; Salmo 90; Mateo 18, 1-5. 10

Como decía aquel individuo cuando estaba buscando algo que necesitaba ‘grande, ande o no ande’; como sea algo aparatoso, portentoso ya nos vale para expresar lo que somos o lo que valemos; por eso andamos buscando en la vida esas manifestaciones de nuestra grandeza o de nuestro poder, aunque se nos quede solo en vanidad y en apariencia, pero ya cuidaremos de mostrar nuestra autosuficiencia, nuestras grandezas, nuestras vanidades aunque luego andemos vacíos por dentro. Es una tentación, en muchas ocasiones muy sutil, que nos persigue, aunque a la hora de hablar de lo que realmente nos importa tratemos de disimular, ocultando lo que son las verdaderas ambiciones que llevamos dentro.

No es precisamente en esa ostentación, en esa vanidad, en esas apariencias donde vamos a encontrar lo que verdaderamente nos satisfaga y nos haga encontrar nuestra verdadera grandeza. Pero ya buscamos la forma de disimularlo, pero bien sabemos lo que buscamos allá desde lo más hondo de nosotros mismos. Hoy Jesús nos está diciendo en el evangelio que otros son los parámetros que debemos tener en cuenta. Nos cuesta, sin embargo, muchas veces entender lo que Jesús quiere decirnos y ya nos hacemos nuestras interpretaciones para justificar lo que realmente buscamos.

¿Quien es el más importante en el reino de los cielos?, se preguntan muchos en el entorno de Jesús. Los mismos discípulos más cercanos a Jesús no son ajenos a estas preguntas, por las que los encontraremos muchas veces discutiendo, y a estos deseos, aunque habrá quienes entre aquellos que se consideran más cumplidores que nadie, cómo eran los maestros de la ley y los fariseos, que vienen también con esa misma pregunta a Jesús. Nos la encontraremos varias veces en el evangelio.

La respuesta hoy Jesús nos la da de una manera gráfica. Coge a un niño, lo pone en medio de todos, y nos dice que quien acoge a un niño como aquel es el que va a poder entrar en el Reino de los cielos, quien va a ser verdaderamente importante en el Reino de los cielos. Y nos habla de hacernos niños, pequeños y sencillos, personas que aparentemente nada significan y que no se crean con importancia, porque es la manera de acoger a Jesús. y su palabra. 

La imagen del niño viene a representar mucho en aquella época y en aquella cultura, porque el niño, por así decirlo, no representaba nada, era considerado como un ser sin valor, no se le tenía en cuenta, no tenía ningún derecho; hemos de saber entender lo que eran las costumbres y la cultura de la época.

Por esos caminos humildes y de sencillez han de ir nuestros valores; pero es que por ese camino humilde y sencillo es cómo podemos llegar a Dios, es desde ese corazón humilde y sencillo que está vaciado de vanidades y de ínfulas de soberbia desde el que podemos escuchar a Dios y encontrarnos con El. 

Tenemos que pensarlo bien cuando rodeamos muchas veces nuestra religiosidad y nuestra espiritualidad de signos de grandeza y ostentación que se nos puede quedar en humo que se disipa sin que de verdad desde nuestro corazón sintonicemos con Dios. De muchas cosas tenemos que despojarnos para que solo brille y resplandezca en nuestro corazón y en las manifestaciones religiosas que hagamos la luz de Dios. ¿Estaremos poniendo muchos velos superficiales de falsa espiritualidad en nuestras relaciones con Dios como es nuestra oración y nuestro culto?

Tenemos que saber discernir ese susurro de Dios que nos llega en el silencio de nuestro corazón que con la presencia de los santos ángeles nos hacen encontrarnos con Dios en lo más secreto de nosotros mismos. Hoy precisamente estamos celebrando la fiesta de los santos Ángeles Custodios que son los que nos hacen sentir la verdadera espiritualidad, que es el auténtico encuentro con Dios. Cuando Jesús nos ha propuesto al niño pequeño y humilde al que tenemos que acoger para sentir en el pequeño esa presencia de Dios nos ha dicho también que sus ángeles están en el cielo al mismo tiempo contemplando el rostro de Dios. 

¿No tendríamos que aprender a descubrir ese actuar de Dios en nosotros a través de eso pequeño y sencillo que nos está hablando de Dios, que nos hace sentir su presencia? Estemos atentos a esos ángeles de Dios que en lo pequeño y en lo sencillo nos hacen sentir la presencia y la fuerza de Dios en nuestras vidas.


miércoles, 16 de julio de 2025

Seamos capaces de descalzarnos con humildad y sencillez para abrirnos al misterio de Dios que se nos revela y ponernos en camino a nueva misión

 


Seamos capaces de descalzarnos con humildad y sencillez para abrirnos al misterio de Dios que se nos revela y ponernos en camino a nueva misión

Éxodo 3,1-6.9-12; Salmo 102; Mateo 11,25-27

Salvo por los esnobismos en ropajes y atuendos que hoy están de modo en este mundo postmoderno, cosa que a los de nuestra generación, ya mayores, nos cuesta entender, el contemplar a alguien que se acerca a nosotros o camina en medio nuestro con los pies descalzos es algo que nos produce gran impresión; nos hablará quizás de pobreza y de humildad, nos puede hablar de un sentirse desasistidos pero también de un desprendimiento, nos puede hablar de quien pone los pies sobre la tierra para sentir todo lo que esa tierra nos puede transmitir en muchas sensaciones, nos puede hablar de unos pies fríos porque en la vida les puede estar faltando ese calor que emana del corazón para darnos una nueva vitalidad como nos puede hablar de un vacío existencial que buscamos donde llenar, nos puede hablar de un camino, incierto quizás, que pretendemos emprender no ya como una aventura sino como una misión que cumplir.

Quiero unir este pensamiento un tanto complejo que me ha surgido con lo que hoy se nos dice en la Palabra de Dios, tanto en la lectura del Éxodo, como luego en el evangelio. ‘Descálzate, porque la tierra que pisas es santa’, hemos escuchado que le dice Dios a Moisés que se ha acercado a aquella zarza ardiendo y que no se consumía, todo ello lleno de misterio. Moisés se sentía en la presencia de Dios y se descalza como Dios le pide; así con los pies descalzos, liberados de ataduras y con una nueva ligereza en nuestra vida, con disponibilidad total para dejarse conducir aunque hecho de una manera totalmente consciente, con humildad para sentir su pequeñez ante el misterio, con búsqueda de un sentido para todo aquello que está sucediendo y que cuesta comprender, con unas sensaciones nuevas dentro de sí pero con la generosidad de quien se ofrece y aceptar una misión nueva que le van a encomendar, con la curiosidad de los sencillos que buscan y que preguntan pero que al mismo tiempo son receptivos para emprender caminos nuevos que despiertan esperanzas. ¿Será lo que necesitamos para ponernos ante Dios? ¿Para descubrir y conocer todo el misterio de Dios que se nos revela?

Es la actitud nueva que nos está enseñando el evangelio hoy. Jesús da gracias al Padre por la misión que está realizando. ‘Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad’ había sido la postura de obediencia al Padre que Jesús había manifestado desde el primer instante de su presencia en medio de nosotros, como nos dice la carta a los Hebreos. Será lo que continuamente nos irá repitiendo porque ‘su alimento era hacer la voluntad del Padre’. Muchos textos en este sentido podríamos sacar del evangelio. Anunciando el Reino de Dios había ido recorriendo los caminos de Galilea y toda Palestina. ¿Quiénes eran los que primero le escuchaban y a quienes llegaba a lo hondo de sus corazones aquella esperanza que Jesús iba suscitando? Los pobres y los sencillos.

Hoy da gracias al Padre porque ha ido revelando todo este misterio no a los poderosos, sabios y entendidos – demasiado calzados en las botas del orgullo y la vanidad – sino a los sencillos de corazón, a los de pies descalzos, a los que en verdad se sentían vacíos de sí mismos y buscando llenar ese vacío en Dios, a aquellos que desde su pobreza son sin embargo los primeros que manifiestan su generosidad y desprendimiento, a los que están dispuestos a ponerse en camino aunque pocas sean las alforjas que puedan llevar, a los que un día incluso se encontrarán en el descampado escasos de pan pero que van a probar algo nuevo que da una nueva vida y que es lo que Jesús les ofrece.

¿Seremos nosotros capaces de descalzarnos para ponernos también en ese camino de búsqueda de Dios? ¿Tendremos esa humildad y sencillez de corazón para abrirlo con disponibilidad al misterio de Dios? ¿Tendremos ligereza en nuestros pies para ponernos en camino a una nueva misión, como Moisés que también recibió una nueva misión de Dios para su vida?

Contemplamos y celebramos en este día a María, la Madre del Señor, en su Advocación del Monte Carmelo o del Carmen, que nos ofrece en su escapulario el humilde delantal del servicio, porque de ahí parte el sentido de su escapulario como las vestiduras de los que se disponían a trabajar y a servir.