Vistas de página en total

lunes, 19 de octubre de 2026

Busquemos y cultivemos los mejores valores para sentirnos verdaderamente humanos y haciendo que trascienda nuestra vida también en las huellas que dejamos a nuestro paso

 


Busquemos y cultivemos los mejores valores para sentirnos verdaderamente humanos y haciendo que trascienda nuestra vida también en las huellas que dejamos a nuestro paso

Efesios 2, 1-10; Salmo 99; Lucas 12, 13-21

Hay personas que nacen ciegas y no pueden ver porque la naturaleza les ha negado ese don pero hay sin embargo que se hacen ciegos, no porque se dañen los ojos de la cara sino porque su mente y su voluntad es la que se ha cegado cuando ha perdido la capacidad de dominio de sí mismo y son otras cosas los que los dominan; muchas cosas que son buenas en sí mismas pueden sin embargo dominarnos de manera que ya no tengamos control de nuestras decisiones, de lo que queramos hacer o de lo que es la vida misma para esa persona. Todo lo que nos domina sin control nos ciega, nos quita la libertad, nos merma como persona, y pueden ser los mejores deseos que tengamos pero que cuando se nos van fuera de nuestro control nos convierten en ciegos de la vida. En ese campo podemos pensar en todas las pasiones, que son parte de nuestro ser y que nos pueden dar impulso para muchas cosas buenas, pero que cuando se salen de control y nos dominan merman nuestra capacidad de ser personas en todo el sentido y plenitud de la palabra.

Es bueno y normal que deseemos lo bueno y lo mejor para nuestra vida, que deseemos la posesión de unos medios que nos va a ayudar y facilitar el desarrollo de una vida con total dignidad, pero cuando ese deseo de posesión de unos bienes para el desarrollo de la vida supera lo que en verdad necesitamos y se convierte en codicia comienza a cegar nuestra vida. El llegar a ese control y dominio depende de nosotros mismos para descubrir lo que es justo y necesario y para no convertir esos bienes o posesiones materiales en el todo de nuestra vida, en un ídolo al que adoramos perdiendo así todo el sentido de nuestra vida.

Es de lo que nos quiere hoy prevenir Jesús en el evangelio. La ocasión viene de una petición que alguien le hace para que medie con su hermano por los problemas de la herencia; fuerte caballo de batalla que tantas guerras provoca y tantas familias destruye por esa ambición sin control por la posesión de unos bienes, aunque este caso que le plantean a Jesús se trate de una herencia.

Pero esto le da oportunidad a Jesús para hacernos una severa advertencia. ‘Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes’. Hacer que toda la vida de la persona dependa de los bienes que posea, de manera que se convierte en hambrienta ambición que es difícil de saciar. Siempre nos parece poco, siempre queremos más. Y muchas veces ya no se trata de tener para disfrutar del beneficio de esos bienes, sino por el gozo que siente en su interior por lo que tiene acumulado, aunque no lo disfrute. Es una tentación en la que todos podemos caer incluso en una carencia o una limitación de bienes que tengamos, pero que el agobio por acumularlos nos impide incluso disfrutar de lo más elemental de la vida. Muchos podemos contemplar en ese sentido en torno nuestro. ¿Para qué tanto si no sabe disfrutarlo?

Y Jesús propone una pequeña parábola. El hombre que tuvo una gran cosecha de manera que tuvo que agrandar sus bodegas y graneros para guardar y acumular todo lo que había cosechado. Ya pensaba que podía vivir la vida a lo grande porque tenía bienes suficientes para mucho tiempo, pero aquella noche falleció. ¿De qué le sirvió el tener sus bodegas y graneros a rebosar? ¿Cuál era en verdad el sentido de su vida?

Es la pregunta que tenemos que hacernos ante tanto agobio con el que vivimos muchas veces con nuestros trabajos. ¿Qué es lo que le va a dar verdadera felicidad a la persona? Decimos muchas veces que queremos lo mejor para nuestras familias y para tener los medios con que ofrecerle lo mejor viven en esos agobios, pero ¿qué es lo que en verdad hará más feliz a esa familia? No podemos, por ejemplo, disfrutar de la presencia de los nuestros, aunque luego le ofrezcamos todas las riquezas. ¿Es eso felicidad? ¿Es así como conseguimos lo mejor para el desarrollo de la persona humana si nos ha faltado la humanidad del encuentro y de la convivencia? No son cosas las que tenemos que regalar sino lo que les hace sentir de verdad nuestro cariño con nuestra presencia y cercanía.

Busquemos y cultivemos los mejores valores que nos hacen sentirnos más humanos y ahí son muchos los detalles en los que podemos manifestarlos; démosle trascendencia a nuestra vida y a lo que hacemos porque lleguemos a sentir verdadero gozo en nuestro espíritu; nos trascendemos con futuros de eternidad porque en Dios es donde vamos a alcanzar la plenitud de nuestra vida, pero hay también una trascendencia que podemos vivir en el día a día cuando dejamos buena huella para los demás, cuando sembramos nuestras buenas semillas en el corazón de los que están a nuestro lado o de nuestros hijos; estaremos mostrando un camino en el que nos sentimos verdaderamente libres y dueños de nuestros actos sin cegarnos ni esclavizarnos aunque sea de los mejores deseos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario