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lunes, 2 de octubre de 2023

Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia y de la intercesión de los Santos Ángeles que cada uno tenemos a nuestro lado para conducirnos a la vida



 Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia y de la intercesión de los Santos Ángeles que cada uno tenemos a nuestro lado para conducirnos a la vida

Zacarías 8, 1-8; Sal 101;Mateo 18, 1-5. 10

En este día siempre recuerdo un cuadro que mis padres tenían en la cabecera de su cama, el santo Angel Custodio. La imagen de unos niños que están en un peligro pero el santo Angel Custodio que extiende sus alas para protegerlos del peligro inminente. Esto nos hace recordar aquellas oraciones aprendidas de niño que nuestras madres nos hacían rezar todas las noches antes de dormirnos que nos hablaban de las cuatro esquinitas de nuestra cama protegidas por cuatro ángeles que como guardianes custodiaban nuestro sueño para que no sucediera algo malo.

Hoy quizás no nos puedan valer de la misma manera esas imágenes tan infantiles, pero sin embargo encontraremos con frecuencia en las redes sociales cadenas que nos invitan a hacer novenas a los santos ángeles además atribuyéndose unos poderes espirituales, más allá de lo que es nuestra verdadera espiritualidad cristiana. Fácilmente se puede caer en supersticiones que nos pueden desviar de una verdadera religiosidad y una auténtica espiritualidad.

No es fácil hablar de esto esto por esas mezclas que hacemos en las expresiones de nuestra religiosidad. Más allá de esas imágenes un tanto infantiles propias también de una época y una cultura, sí tenemos que reconocer con nuestra fe de la presencia de esos espíritus puros que están en la presencia de Dios alabando por toda la eternidad, pero que al mismo tiempo están a nuestro lado como una protección y un signo de la presencia de Dios.

Hoy precisamente el evangelio a partir de un planteamiento que le hacen a Jesús de quien va a ser el más importante en el Reino de los Cielos, nos habla de hacernos pequeños, sencillos y humildes como niños para poder entrar en el Reino de los cielos. Y nos dirá que el que acoge a un niño lo está acogiendo a Él. Quizás ante la extrañeza que pudieran producir estas palabras de Jesús en un mundo donde precisamente los pequeños hasta que no llegaran a una cierta edad eran poco considerados, Jesús les dirá que cuidemos de no despreciar a los pequeños 'porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial'.

Es aquello que aparece en el momento de las tentaciones de Jesús en el desierto cuando el diablo le invita a tirarse desde el pináculo del templo, porque seguro que no le pasaría nada y eso sería ocasión para ser aclamado por las gentes ante un hecho tan milagroso, porque, recordando episodios y textos del Antiguo Testamento, Dios pondría sus ángeles para que su pie no tropezará en ninguna piedra.

'El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege', rezamos con los ángeles. Expresión de esa presencia sobrenatural junto a nosotros para inspirarnos el bien en nuestros corazones y para sentir la fuerza de su presencia celestial vencer también las fuerzas del mal que nos tientan. Cuántas veces sentimos en nuestro interior esa fuerza que nos impulsa a hacer una cosa buena, cuántas veces aparecen palabras en nuestros labios que quizá nunca hubiéramos imaginado con las que dar un buen consejo, con las que dar una buena orientación. ¿Por qué no pensar que Dios nos asiste y nos inspira porque también nos concede la fuerza de su Espíritu?

Como nos enseña el catecismo de la Iglesia Católica “Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. ‘Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida’ (S. Basileo)”

Es algo que forma parte de nuestra fe, y más atentos tendríamos que estar a esas inspiraciones espirituales que nos alientan y que nos guían. Sintamos también que en nuestras luchas por superar la tentación, en los momentos en que nos encontramos con problemas y dificultades en la vida siempre tenemos a nuestro lado ese ángel que nos ayuda y que nos trae la gracia del Señor.

En ese Getsemaní de la vida por el que tantas veces tenemos que pasar cuando nos vemos agobiados con nuestros problemas, nuestros tropiezos, nuestras debilidades también estará con nosotros, como con Jesús en la agonía del huerto, el Ángel del Señor que nos conforta. Nunca estamos solos, el ángel del Señor nos acompaña y nos guía para traer sobre nosotros esa fuerza divina.


sábado, 2 de octubre de 2021

No olvidemos a los santos Ángeles que nos hacen sentir la presencia de Dios en nuestra vida y nos inspiran y protegen ayudándonos a arrancarnos del camino del mal

 


No olvidemos a los santos Ángeles que nos hacen sentir la presencia de Dios en nuestra vida y nos inspiran y protegen ayudándonos a arrancarnos del camino del mal

Baruc 4, 5-12. 27-29; Sal 68; Mateo 18, 1-5. 10

‘He aquí que voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado’. Así le promete Dios a Moisés y al pueblo elegido para el camino que van a emprender rumbo a la tierra prometida. Con ellos irá el ángel del Señor. O lo que es lo mismo, ellos van a sentir la presencia de Dios en su camino a través del desierto, aunque no siempre sean fieles y conscientes de esa presencia de Dios. O podemos recordar también aquello otro que rezamos con los salmos: ‘Tú que habitas al amparo del Altísimo... No se te acercará la desgracia.... porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos: te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra...’

He tomado estas palabras del Antiguo Testamento, como hubiera podido escoger otras también del Nuevo Testamento para expresar el significado de la fiesta que hoy celebramos, los Santos Ángeles Custodios. Si hace unos día celebrábamos en especial la fiesta de los santos Arcángeles, Miguel, Rafael y Gabriel, hoy la Iglesia en su nos invita a tener este recuerdo y celebración de los ángeles que Dios ha puesto en el camino de nuestra vida para hacernos sentir su presencia y su gracia.

En el texto del evangelio que hoy se nos ofrece al hablarnos de la acogida de los niños y de los pequeños, Jesús nos dice que sus ángeles están contemplando siempre el rostro de Dios. El Arcángel san Rafael le decía a Tobías que él estaba en la presencia de Dios y que su misión era presentar las oraciones de los santos ante el trono de Dios.

Protectores e intercesores nuestros, así podemos contemplarlos porque hacen el camino junto a nosotros para ser esa inspiración de Dios que nos ayude a encontrar el verdadero camino pero también para librarnos de nuestras caídas, para protegernos frente a los peligros. ¿Quién si no es el que nos hace sentir esa inspiración para lo bueno allá en lo secreto del corazón?

Cuántas veces nos hemos visto en algún peligro y no sabemos bien como hemos salido ilesos de aquella situación ¿por qué no pensar en esa protección de nuestro ángel custodio que nos hace ver quizás en lo que nos parece el ultimo momento ese peligro en que nos encontrábamos y nos hace tomar la decisión acertada para vernos liberados de ese mal que nos acechaba? Lo sentimos en muchas situaciones de la vida, pero lo sentimos allá en nuestro interior cuando somos capaces de vencer la tentación, alejarnos de aquella situación que nos podría llevar a hacer el mal.


Desgraciadamente en nuestro mundo moderno van desapareciendo de nuestras casas las imágenes religiosas, los signos de lo sagrado que siempre habíamos tenido como centro de nuestros hogares, como un signo de la protección y de la presencia del Señor. Pero los mayores recordamos aquellos cuadros que nuestras madres o nuestras abuelas tenían sobre las cabeceras de sus camas ya fuera con una representación de la Virgen del Carmen y las almas del purgatorio o cualquier otra imagen de la Virgen de nuestra especial devoción - eran imágenes muy habituales – como tampoco se aparta de mi retina el cuadro del Santo Ángel de la Guarda que protegía a unos niños de los peligros de la vida. Bien surgían así nuestras oraciones a la hora de dormirnos pidiendo a los santos Ángeles que estaban en las esquinas de nuestra cama que nos protegieran y velaran por nosotros durante nuestro sueño.

Creo que son cosas que tenemos que recordar y rescatar aunque ahora lo hagamos de otra manera más conforme a la mentalidad de nuestro nuevo tiempo, pero que un creyente nunca puede olvidar esa presencia del Señor en su vida y que con sus santos ángeles nos protege y nos inspira los caminos del bien. No podemos dejar pasar desapercibida esa fiesta de los santos Ángeles Custodios, porque es aprender a sentir y vivir esa presencia de Dios en nuestra vida.

viernes, 2 de octubre de 2020

Sintamos la protección de nuestro santo Ángel de la Guarda y dejémonos conducir por su inspiración por los caminos del bien apartándonos de todo peligro

 


Sintamos la protección de nuestro santo Ángel de la Guarda y dejémonos conducir por su inspiración por los caminos del bien apartándonos de todo peligro

Éxodo 23, 20-23ª; Sal 90; Mateo 18, 1-5- 10

Ya hoy en nuestras casas escasean cada vez más los signos religiosos, como aquellos cuadros de la Virgen, del Señor o de los santos de nuestra devoción. Entre ellos no solía faltar el cuadro del Ángel de la Guarda. Aun mantengo en la retina de mi mente el cuadro del Ángel de la Guarda que mi madre tenia sobre la cama en su dormitorio; un ángel que extendía su mano para tomar la del niño que se encontraba en peligro de caer por lo que quería ser como el inicio de un precipicio.

Esa imagen nos acompañó en nuestra niñez junto con aquellas oraciones que aprendimos de pequeños y que hablaban de los Ángeles que nos guardaban dn cada una de las esquinas de nuestra cunita.  Quizá infantilizamos demasiado la imagen por lo que fácilmente en la medida que dejábamos atrás nuestras cosas de niño quizá se fueron cayendo también de nuestra vida esos signos religiosos.

Pero la existencia de los Ángeles que junto a nosotros están en el camino de nuestra vida y nos libran de peligros e inspiran tantas cosas buenas que tendríamos que hacer, forma parte también de nuestra fe. La Biblia repetidamente nos habla de los ángeles y no los podemos reducir a meros mitos, sino que tenemos que aprender a descubrir toda la riqueza espiritual que significa en nuestra vida esa presencia de los Ángeles que nos protegen y nos hacen sentir a Dios. Espíritus puros nos los definía el catecismo que están en la presencia de Dios para alabarle y que inspiran también la alabanza que nosotros hemos de cantar a la gloria del Señor.

No vamos a hacer ahora un repaso de esos momentos de la presencia de los Ángeles de Dios junto a su pueblo y que lo protegían frente a los peligros, pero que en momentos de más extensa reflexión bien nos vendría pensar en ello. Los Ángeles de Dios que no dejarán que nuestro pie tropiece en ninguna piedra, recogiendo incluso las palabras del tentador a Jesús pero que viene a reflejar lo que anteriormente en la Biblia ya se había dicho y repetido en los salmos, por ejemplo.

Cuando somos capaces de recuperar todo el sentido espiritual que tiene nuestra vida – algo que hoy nos cuesta tanto con el materialismo tan exacerbado en que vivimos – podremos sentir esa presencia espiritual junto a nosotros y seguramente habremos tenido la experiencia de la que quizá no nos atrevemos a hablar de esa mano llamemos invisible que nos sacó en un momento determinado de un peligro, o ese soplo divino que sentimos en nuestro interior inspirándonos algo bueno que teníamos que realizar o un pensamiento e impulso interior que nos elevaba y nos hacía sentir como en otro espacio o en otra dimensión. ¿Por qué no pensar en esa inspiración de nuestro ángel, esa protección que sobre nosotros estaba ejerciendo y nos hacía sentirnos de manera distinta?

Necesitamos de nuevo imágenes como a las que hacíamos referencia al principio, quitándole quizá toda esa expresión tan infantiloide de la que estaban demasiado recargadas, pero si ese signo religioso y espiritual que nos recuerde esa otra dimensión de nuestra vida que de verdad nos eleve y nos transporte a la presencia del Señor. Si los ángeles como decíamos están siempre en la presencia de Dios, esa presencia del Ángel de la Guarda a nuestro lado en nuestra vida nos estará recordando y haciendo sentir también esa presencia de Dios junto a nosotros. Y cuánto lo necesitamos.

Cuanto nos ayudaría para hacer más vivo nuestro encuentro con el Señor en la oración. Si en la fiesta de los arcángeles recordábamos lo que le decía el arcángel Rafael a Tobías que su oración había sido escuchada por el Señor porque eran presentadas ante el trono de Dios por manos de los ángeles, bueno es que lo recordemos al comienzo de nuestra oración y así nos sirva de inspiración. Ya en la liturgia lo repetimos en cada celebración de la Eucaristía que nos unimos a los coros de los Ángeles en nuestro cántico de alabanza a Dios.

Sintamos, pues, la protección de nuestro santo Ángel de la Guarda, como hoy estamos celebrando; dejémonos conducir por su inspiración por los caminos del bien apartándonos de todo peligro y de toda tentación, y junto con nuestro ángel que está cara a cara con Dios, como dice hoy Jesús de los Ángeles que protegen a los niños, cantemos también nuestra alabanza y nuestra acción de gracias a Dios.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Los ángeles son presencia de Dios en nuestra vida y también, por qué no, en nuestra historia, que nos impulsan siempre al bien y nos aleja del mal



Los ángeles son presencia de Dios en nuestra vida y también, por qué no, en nuestra historia, que nos impulsan siempre al bien y nos aleja del mal

Éxodo 23, 20-23ª; Sal 90, 1-2. 3-4. 5-6. 10-11; Mateo 18, 1-5- 10
En este dos de octubre la liturgia de la Iglesia nos invita a celebrar a los Santos Ángeles Custodios. Quizás a los mayores el oír hablar de los Ángeles Custodios nos rememora años de nuestra infancia con aquellas oraciones infantiles que nos enseñaban a rezar a los Ángeles que en cada esquinita de nuestra cama guardaban nuestros sueños, o quizá nos viene a la memoria aquel cuadro que solía haber en nuestras casa del Ángel que cuidaba del niño que no se cayera en aquel lugar de peligro.
Y con ello nos hemos quedado en una imagen muy infantil que con el paso de los años quizá hemos desechado y nosotros mayores ya en lo menos que pensamos es en ese ángel que está junto a nosotros y nos cuida y previene de toda clase de mal o peligro. Ya ni siquiera en nuestros hogares se les menciona a nuestros niños ni el ángel de la guarda ni por tanto algún sentido religioso de la vida que le haga entrar en relación con Dios.
Hoy también hay ciertas corrientes que nos hablan de los Ángeles como de unos talismanes misteriosos que nos alejan de peligros o nos dan suerte en la vida; en las redes sociales habremos recibido en más de una ocasión esas cadenas que nos hablan de los Ángeles que nos envían, pero que también nosotros hemos de enviar porque de lo contrario la desgracia se cebaría sobre nosotros. Confusiones y más confusiones que muchas veces se llenan de superstición y que nos alejan de un verdadero sentido religioso de nuestra relación con Dios a través de sus ángeles.
Claro que todo lo que entra en relación con el misterio de Dios muchas veces cuando  no nos sabemos explicar lo llenamos de imaginación con el peligro de que al final nos quedemos con las imágenes pero no lleguemos a penetrar en el misterio. En referencia a los Ángeles Custodios que hoy nos invita a celebrar la liturgia tendríamos que hacernos una buena reflexión para que comprendamos su verdadero sentido y significado.
En la Biblia, y hablo también de todo el Antiguo Testamento, se nos hace referencia continuamente de la presencia de Dios que camina junto al hombre y a su pueblo. Pero una forma de expresar esa presencia de Dios es a través de sus Ángeles. En las visitas, llamémoslas así, de Dios a los grandes patriarcas Abrahán, Isaac, Jacob para hablarnos de esa presencia de Dios en muchas ocasiones se habla del Ángel del Señor. Es a través de ese Ángel del Señor como Dios se les comunica, se les manifiesta, les hace comprender su voluntad y señala la que son los designios de Dios para la humanidad.
Será el Ángel del Señor el que anunciará, por ejemplo, el nacimiento de los llamados Jueces de Israel en aquellos tiempos tan turbulentos y difíciles pero donde Dios quería hacer sentir se presencia junto a su pueblo. Será un Ángel del Señor el que vaya junto a su pueblo guiándolos de día y de noche a través del desierto camino de la tierra prometida. Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado’, le dice Dios a Moisés cuando le confía la misión de llevar a su pueblo a la tierra que le ha prometido. 
En la brevedad de esta reflexión no podemos aducir más textos del Antiguo Testamento que nos manifiestan esa presencia de Dios junto a su pueblo con esa expresión de sus Ángeles que le cuidan y le dirigen. Podemos pensar también en el ángel que acompañó a Tobías en su camino y que decía como estaba también ante el trono de Dios para presentar sus oraciones al Todopoderoso.
En el texto que hoy hemos escuchado en el evangelio Jesús habla de los ángeles de aquellos niños que están en la presencia de Dios. Esa presencia de Dios a nuestro lado que se manifiesta en la presencia de su Ángeles que nos acompañan, nos inspiran y nos iluminan en nuestro camino. Cuántas veces nosotros en la vida no hemos sentido como una moción interior que nos quería apartar de un camino – y no me refiero solo a un camino geográfico – porque nos inspiraban algo mejor, porque hacían surgir en nosotros ese deseo de lo bueno, esa inspiración de algo que ni siquiera habríamos imaginado, pero que allí esta latente en nuestro interior impulsándonos a una obra buena y mejor.
Es esa gracia de Dios, esa presencia de Dios en nosotros que quizá algunas veces no queremos escuchar pero que ahí está queriendo alejarnos de lo malo e impulsarnos a lo bueno. Espíritus puros decimos que son los ángeles, una participación del Espíritu divino que así nos hace sentir la presencia de Dios en nuestra vida. Más oídos atentos tendríamos que tener en nuestro corazón para saber escuchar, para dejarnos conducir, para dejarnos llenar del Espíritu de Dios que se hace presente en nosotros.
Lejos de nosotros supersticiones y miedos a maleficios que en ciertos ambientes rodean la imagen de los Ángeles desvirtuando su verdadero sentido. Muchas cosas tenemos que purificar de esas religiosidades que nos acompañan y que muchas veces se van alejando de un verdadero sentido cristiano.
Los ángeles son presencia de Dios en nuestra vida y también, por qué no, en nuestra historia, y siempre la presencia de Dios nos impulsa al bien y nos aleja del mal. ‘Delante de tus ángeles tañeré para ti’, como decimos en los salmos. O también podemos recordar aquello otro ‘a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos’.

martes, 2 de octubre de 2018

Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino… respétalo y obedécelo…


Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino respétalo y obedécelo…

Éxodo 23, 20-23ª; Sal 90; Mateo 18, 1-5- 10

‘Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado. …’
Hoy celebramos el Santo Ángel de la Guarda. Los que somos mayores quizás recordamos las oraciones que nos enseñaron de pequeños al santo Ángel de la Guarda, pidiendo su compañía y su presencia que nos protegiese en todo momento, de noche y de día. oraciones que se nos han quedado quizás lejanas en el recuerdo, si acaso no olvidadas, pero seguramente ya nunca rezadas, porque en las carreras de la vida nos parece que ya no necesitamos ninguna protección o que por nosotros mismos ya cuidamos de guardarnos. Las generaciones jóvenes quizá no han tenido la oportunidad de pensar en el ángel de la guarda, o acaso más se duerman con el WhatsApp en la mano que con una oración en su mente y en su corazón.
Sin embargo hoy es fácil escuchar hablar de espíritus malignos con sus malas influencias y cosas por el estilo dejándose arrastrar por cosas que dicen resucitar de tradiciones que llaman ancestrales o por no sé qué otras influencias. Florecen de nuevo los santeros o como queramos llamarlos que se dicen poseídos de unos dones especiales que pueden liberarnos de malos espíritus y no sé cuantas supersticiones más muchas veces movidas vete a saber por qué intereses.
Sin embargo no queremos oír hablar de ese Ángel de la Guarda que Dios ha puesto junto a nosotros, que nos protege y nos inspira en nuestro corazón tantas cosas buenas. Es el que nos conduce por los caminos del bien, el que allá en nuestro interior despierta nuestra conciencia ante las tentaciones del mal que nos acechan por todas partes. Es un signo de la presencia de Dios en nuestra vida que siempre nos acompaña y nos llena de bendiciones.
El texto sagrado que hemos mencionado al principio y que hoy nos ofrece la Palabra de Dios hace referencia en concreto a lo que el pueblo de Israel vivió en su peregrinación por el desierto. ‘Voy a enviarte un ángel por delante, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado...’ Y recordamos como en la Biblia se nos habla tantas veces del Ángel del Señor que se les manifiesta a los antiguos Patriarcas para significar la presencia de Dios que les habla.
Ojalá nosotros sepamos sentir esa presencia divina en nosotros, ese espíritu celestial que nos protege, nos guía, nos ilumina, inspira en nuestro corazón el deseo de cosas buenas, nos previene contra el mal y nos hace sentir la fortaleza de Dios en la tentación. Muchas veces casi sin darnos cuenta sentimos esa presencia divina en nosotros porque sentimos el deseo de algo buena, o nos surge una buena inspiración de algo en lo que quizás nosotros ni habíamos pensado. ¿Por qué no pensar en esa inspiración del ángel celestial que está junto a nosotros?

lunes, 2 de octubre de 2017

Ángeles de Dios que nos protegen, nos hacen sentir allá en nuestro corazón los deseos del bien, la repulsa de lo malo y del pecado y nos libran de los peligros en la vida

Ángeles de Dios que nos protegen, nos hacen sentir allá en nuestro corazón los deseos del bien, la repulsa de lo malo y del pecado y nos libran de los peligros en la vida

Éxodo 23, 20-23ª; Sal 90; Mateo 18, 1-5- 10
‘A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en sus caminos’. Quizá en principio estas palabras simplemente nos recuerden los argumentos con que el diablo tentaba a Jesús cuando le pedía que se tirara del pináculo del templo abajo porque nada le pasaría. No olvidemos que el tentador estaba tratando de argumentarle con palabras propias de la Escritura. Ya lo hemos de tener en cuenta en las tentaciones que sufrimos que nos vienen envueltas en apariencias de bien, lo decimos como en un paréntesis pero que también es importante. Pero siguiendo con lo que comentamos esas palabras es con las que Dios prometía acompañar a Moisés y su pueblo en el camino del desierto hacia la tierra prometida.
Pero bien podemos recordar estas palabras, como lo hace la liturgia de este día en que celebramos a los santos Ángeles Custodios, como el signo y la señal de que Dios nos acompaña en nuestro caminar y para eso junto a nosotros el ángel del Señor nos recuerda esa presencia divina.
Los que somos mayores recordamos como nos enseñaban desde pequeños a rezar en la noche invocando la presencia del ángel custodio que velaba nuestro sueño. No sé si hoy se enseñará algo de eso a nuestros niños, pero creo que es algo que no podemos dejar de lado. Dios ha querido hacernos sentir su presencia, su gracia y su fuerza con el santo ángel que acompaña nuestra vida. Nos inspira lo bueno, nos recuerda lo malo de lo que hemos de apartarnos, nos impulsa al bien; allá en lo hondo de nuestra conciencia lo sentimos si tenemos la mínima sensibilidad espiritual.
Ya sé que a las gentes de nuestro tiempo le gusta más pensar en las buenas ‘vibras’ que podamos tener, o  no sé cuantas cosas nos inventamos para decir que estamos o no estamos en buena onda. Quizá hasta nos podamos atrever a hablar del espíritu de nuestros muertos que está ahí en el aire o no sé donde para acompañarnos o recordarnos cosas. Unos espiritismos que no sé de donde aparecen pero que tienen ciertos resabios paganos bien ajenos a lo que tendría que ser nuestro sentir cristiano.
Cuanto nos cuesta tener una verdadera espiritualidad que hunda de verdad sus raíces en Dios al que tenemos que saber buscar y que quiere hacerse presente en nosotros y en nuestra vida para ser nuestra verdadera fuerza para nuestro caminar. Recientemente hemos comentado cómo, en la Escritura nos aparece repetidas veces, Dios se hace presente junto a los hombres en el ángel del Señor que se les manifiesta. Algo de eso decíamos en la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Dios se hace presente en nosotros por medio de sus ángeles.
Es lo que hoy estamos celebrando en la fiesta de los santos Ángeles Custodios. ‘El ángel del Señor acampa junto a sus fieles y los protege’, rezamos en los salmos. O podemos recordar aquel ángel con un incensario de oro que estaba junto al altar, como nos dice el Apocalipsis, para que junto al humo aromatizado de aquel incensario subieran por mano de su ángel las oraciones de los santos. De ello le hablaba también el arcángel Rafael a Tobías, diciéndole que su misión era presentar ante el trono de Dios sus oraciones.
Son los Ángeles de Dios que nos protegen, que nos hacen sentir allá en nuestro corazón los deseos del bien, la repulsa de lo malo y del pecado y nos libran de tantos peligros en la vida. Casualidades decimos en ocasiones sobre cosas que nos suceden, suerte o como dicen ahora buena ‘vibra’, el azar o no sé que cosas podemos pensar, pero ¿por qué no pensar en el ángel del Señor que custodia nuestra vida y nos trae la gracia del Señor? Ellos que están siempre contemplando el rostro de Dios nos hacen brillar la luz del rostro divino sobre nosotros para protegernos de mal. No infantilicemos la imagen del ángel custodio, porque no solo en nuestra niñez sino en toda nuestra vida está siempre acompañándonos. 

viernes, 2 de octubre de 2015

Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia y de la intercesión del santo Ángel de la Guarda

Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia y de la intercesión del santo Ángel de la Guarda

Baruc 1,15-22; Sal 78; Mateo 18, 1-5- 10
Hace unos días celebrábamos la festividad de los santos arcángeles san Miguel, san Gabriel y san Rafael. Entonces reflexionábamos sobre la gloria que en el cielo cantan a Dios los ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales, considerando también la misión que habían tenido en la historia de la salvación, misión que siguen teniendo en medio de la Iglesia.
Pero la liturgia hoy nos recuerda y nos presenta a nuestra consideración la figura de los santos Ángeles Custodios. Ese ángel de Dios que está a nuestro lado acompañándonos en el camino de la vida para hacernos llegar esa inspiración del Señor, esa fuerza del Espíritu divino que nos preserva del mal y nos conduce por el camino del bien.
Si en otra época ya nos enseñaban desde pequeños aquellas oraciones que quizá nos parezcan muy infantiles en los que recordábamos esos Ángeles que nos acompañan en nuestra vida, hoy quizá es algo que tenemos muy olvidado. Pero la presencia de los ángeles del Señor está ahí a nuestro lado; cuántas veces frente al mal y la tentación que nos acecha, sentimos al mismo tiempo una fuerza interior que nos hace repeler ese mal y buscar la manera de alejarnos de la tentación; pensemos en ese ángel del Señor que nos cuida, nos protege, está a nuestro lado, nos hace sentir esa presencia y esa fuerza del Espíritu del Señor.
Y lo mismo tendríamos que decir de esa inspiración y fuerza interior que nos lleva a hacer el bien, en un momento determinado a sentir el animo para hasta olvidarnos de nosotros mismos para hacer lo bueno, para el compartir con el otro, o en nuestra lucha por la justicia y por la verdad. Reconozcamos esa presencia del ángel del Señor, del Ángel Custodio o Ángel de la Guarda, como solemos llamarlo.
San Basilio nos decía: ‘Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida’. Y en este sentido el catecismo nos enseña: ‘Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión’.
Que sepamos en verdad sentir su presencia y su protección y que nos dejemos conducir por sus divinas inspiraciones para que caminemos siempre por el camino del bien.
Hoy Jesús en el evangelio que nos ofrece la liturgia en este día nos ha hablado de ser como niños para entrar en el reino de los cielos, pero nos hablado también de cómo hemos de acoger a los niños y a los pequeños. Es un tema que nos ha servido muchas veces de reflexión y aunque ahora no profundicemos en ello, sin embargo sabemos muy bien que es algo que tenemos que tener siempre presente en nuestro actuar. Pero quería fijarme en las últimas palabras, que son el motivo por el que se nos ofrezcan en este día de los Ángeles Custodios.
‘Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial’. Una referencia clara a nuestro santo Ángel Custodio que está siempre viendo en el cielo el rostro del Padre celestial. Esa presencia de nuestro ángel ante el trono de Dios nos hacer sentirnos también nosotros en esa presencia del Señor. Nos lo recuerda el ángel del Señor y nos ha de hacer vivir siempre en esa presencia de Dios; nosotros en la presencia de Dios y Dios siempre presente en nuestra vida. Sus santos Ángeles nos hacen llegar la fuerza y la gracia divina para vivir esa presencia de Dios.

jueves, 2 de octubre de 2014

Con la continua protección de los santos ángeles nos veamos libres de los peligros presentes y conducidos a la vida eterna

Con la continua protección de los santos ángeles nos veamos libres de los peligros presentes y conducidos a la vida eterna

Ex. 23, 20-23; Sal. 90; Mt. 18, 1-5.10
‘Bendecid al Señor, ángeles del Señor; cantadle y ensalzadle eternamente’. Es la antífona del inicio de esta celebración. De forma semejante comenzamos hace unos días. Entonces celebrábamos a los santos Arcángeles san Miguel, San Rafael y san Gabriel; hoy celebramos a los santos Ángeles Custodios.
El otro día además de fijarnos en ese cántico celestial de los Ángeles y Arcángeles y todos los coros celestiales a la gloria de Dios, nos fijábamos también en la función de los Arcángeles, ‘poderosos ejecutores de sus órdenes’ como decíamos también con la antífona litúrgica, con mensajeros divinos para hacernos conocer los misterios de nuestra salvación y hacernos sentir también la presencia de Dios junto a nosotros.
También hoy con todos los ángeles queremos bendecir al Señor, pero estamos queriendo considerar de manera especial cómo Dios ha querido enviar a sus ángeles para nuestra custodia, vernos defendidos con su protección y gozar eternamente de su compañía, como expresamos en la oración litúrgica del día. En el salmo fuimos repitiendo ‘ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarden en tus caminos’. Es la función que junto a nosotros tienen los santos ángeles custodios.
Esos espíritus puros, criaturas de Dios, que gozan de la visión de Dios eternamente - recordemos lo que nos ha dicho Jesús en el evangelio que ‘están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial’ - y que alaban y bendicen al Señor en el cielo invitándonos a todas las criaturas a prorrumpir también en ese cántico de alabanza, pero que Dios ha querido poner a nuestro lado como especiales custodios y protectores del camino de nuestra vida ‘para librarnos de los peligros presentes y nos lleven a la vida eterna’, como expresamos también en las oraciones de la liturgia.
Tenemos que amar a nuestro santo ángel de la Guarda que junto a nosotros está siempre para prevenirnos contra los peligros; amarlos y escucharlos, dejarnos conducir por sus inspiraciones. Cuántas veces sentimos en nuestro interior una inspiración que nos quiere conducir a lo bueno o impulso que nos lleva a prevenir un peligro, a alejarnos de una situación no buena que nos surge quizá de forma inesperada, a decir no en un momento determinado a algo que quizá nos sentíamos arrastrados a realizar y que sabíamos que no era bueno. Pensemos en ese ángel de Dios que está junto a nosotros inspirándonos y derramando sobre nosotros la gracia del Señor para fortalecernos contra los peligros y las acechanzas del mal.
 Hemos quizá infantilizado demasiado la figura del ángel de la guarda que se nos queda quizá en las oraciones que aprendimos de niños o enseñamos a nuestros hijos pequeños, pero luego no tenemos fe en ese presencia de gracia que Dios ha querido poner junto a nosotros a lo largo de toda nuestra vida; el Ángel de la Guarda no es solo para tenerlo en cuenta en la niñez sino para saber sentir su inspiración a lo largo de toda nuestra vida.
El Señor le decía al pueblo de Israel a través de Moisés, allá en el libro del Éxodo: ‘Voy a enviarte un ángel por delante para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado. Respétalo y obedécelo…’ Es lo que nosotros también hemos de escuchar; se nos ha proclamado como Palabra de Dios para nosotros hoy en nuestra celebración. Dejémonos inspirar y conducir por el ángel que el Señor ha puesto a nuestro lado que nos custodia y que nos protege.  Que como bien sabemos no es solo la protección contra los peligros que podíamos llamar materiales o terrenos, sino que sentimos esa protección contra los peligros que atentan contra nuestra alma, como son las tentaciones que nos conducen al pecado y a la muerte.
Por eso pediremos hoy en la oración después de la comunión que ‘a quienes hemos sido alimentados con los sacramentos que nos llevan a la vida eterna… bajo la tutela de los ángeles vayamos por los caminos de la salvación y de la paz’. Hoy nos unimos a los santos ángeles en nuestra liturgia terrenal para cantar la alabanza del Señor pero con la esperanza de que un día en el cielo nos unamos a la creación entera junto a nuestros santos ángeles custodios para cantar la gloria del Señor por toda la eternidad.

Como iniciamos nuestra reflexión y la liturgia de este día ahora nosotros queremos repetir una vez más: ‘Bendecid al Señor, ángeles del Señor; cantadle y ensalzadle eternamente’.

miércoles, 2 de octubre de 2013

El ángel del Señor que nos inspira y nos protege liberándonos de todo mal

Ex. 23, 20-23, Sal. 90; Mt. 18, 1-5.10
Quiero arrancar de una experiencia humana que habremos vivido de una forma o de otra que es la experiencia de la amistad, la experiencia del amigo, con el que hemos tenido una gran amistad y confianza, al que hemos sentido cerca de nosotros en los momentos malos y en los momentos de alegría; un amigo que es para nosotros un estímulo en nuestras luchas que siempre tiene para nosotros la palabra justa de ánimo, de comprensión y que su mismo presencia nos ayuda a superarnos en medio de las dificultades en que nos hayamos podido encontrar y al que quisiéramos tener siempre cerca de nosotros; de alguna manera su presencia a nuestro lado es como nuestra fortaleza en medio de las vicisitudes de la vida. Alguna vez en relación a un amigo así decimos que es como un ángel para nosotros.
Pero de un amigo así, por muy bueno que sea, siempre su presencia será limitada, y habrá momentos en que deseemos tenerlo cerca, pero no nos es posible. Sin embargo quiero partir de esta experiencia que de alguna manera nos introduzca o nos ayude a descubrir lo que en verdad son los Santos Ángeles Custodios, cuya memoria o fiesta hoy estamos celebrando.
Los ángeles son esos espíritus puros que Dios pone a nuestro lado como signos de su presencia y que como mensajeros divinos nos inspiran a lo bueno, nos previenen allá en lo hondo de nuestra conciencia contra lo malo, nos protegen y nos ayudan en nuestros caminos alcanzándonos la gracia del Señor. Ellos sí estarán siempre a nuestro lado y nunca nos faltará su inspiración y protección.
‘Ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarden en tus caminos’, hemos repetido en el salmo, confesando así y reconociendo esa protección que Dios ha puesto a nuestro lado. Como escuchábamos en el libro del Éxodo ‘voy a enviarte un ángel por delante para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado’. Es el ángel del Señor que está a nuestro lado y nos protege, nos inspira en nuestro corazón todo lo bueno que hemos de realizar y sentir su presencia a nuestro lado nos hace sentirnos estimulados y fortalecidos con la gracia del Señor para alejarnos de lo malo y vernos liberados de todo peligro.
Podríamos recordar muchos textos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento que nos hablan de esa acción de los ángeles a nuestro lado protegiéndonos de todo mal, como los hacía sentir el Señor junto a su pueblo en la historia de Israel. Recordamos en los Hechos de los Apóstoles como el ángel del Señor liberó a Pedro y los apóstoles de las cadenas de la cárcel impulsándolos a seguir con su tarea de seguir anunciando el mensaje de Jesús.
Y recordemos también lo que hoy hemos escuchado en el evangelio. ‘Cuidado con despreciar a estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial’. Y aquí podríamos recordar aquel texto del Apocalipsis que nos habla de los ángeles que en el cielo presentan nuestras oraciones ante Dios. ‘Vino un ángel, nos dice, con un incensario de oro, y se puso junto al altar. Le entregaron muchos perfumes, para que aromatizara las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro situado delante del trono. Por manos del ángel subió a la presencia de Dios el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos’.
Recordamos cómo cuando el sacerdote Zacarías hacía la ofrenda del incienso en el templo apareció el ángel del Señor que le aseguraba que sus oraciones habían sido escuchadas por el Señor. Hermosa imagen, tanto la del Apocalipsis como la de Zacarías en el templo, que nos hace sentir la cercanía de Dios con la presencia de sus ángeles a nuestro lado con la seguridad de que nuestras oraciones son escuchadas por el Señor. Por eso en la plegaria eucarística primera ‘pedimos humildemente que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel para que… bendecidos por tu gracia tengamos también parte en la plenitud de tu reino’.
Los ángeles que están para siempre en la presencia de Dios en el cielo alabándole y bendiciéndole. Por eso nosotros en nuestra liturgia terrena nos unimos a la liturgia celestial, nos unimos a los ángeles y arcángeles que en el cielo están cantando la gloria del Señor, como cantamos siempre en el prefacio.

En la providencia amorosa de Dios, como decíamos en la oración litúrgica, el Señor ha querido enviar a sus ángeles junto a nosotros; por eso pedíamos ‘vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía’. Tengamos fe en esa presencia de los ángeles de Dios a nuestro lado; dejémonos guiar por esas inspiraciones que nos hacen allá en lo secreto de nuestro corazón, y con los ángeles alabemos siempre la gloria del Señor.