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miércoles, 15 de julio de 2026

Olfato para percibir el actuar de Dios, mirada creyente y contemplativa para leer que en lo pequeño y en lo sencillo también se nos manifiesta Dios

 


Olfato para percibir el actuar de Dios, mirada creyente y contemplativa para leer que en lo pequeño y en lo sencillo también se nos manifiesta Dios

 Isaías 10, 5-7. 13-16; Salmo 93; Mateo 11, 25-27

Algunas veces parece que solo vemos lo que tenemos, como solemos decir, en la punta de la nariz, lo que más brilla o lo que nos llama la atención por lo portentoso o nos parece más maravilloso, igual que ponemos filtros desde nuestros intereses o nuestras ambiciones, aquellas cosas que más nos complacen o simplemente de lo que nos produce envidia de lo que vemos en los demás.

Tener una mirada objetiva también nos cuesta, limpiar los filtros de nuestros ojos para ver con claridad no es fácil, pero no podemos olvidar que hemos de tener sin embargo ojos de discernimiento para saber descubrir lo mejor que quizás no está en eso aparatoso que nos encandila, para ir más allá de esos intereses o ambiciones, para saber escuchar con el corazón o ver lo maravilloso de las cosas pequeñas.

Estamos haciéndonos una reflexión en principio desde unas categorías o unos valores humanos que nos ayudan a ese crecimiento y maduración como personas en lo que todo tendríamos que estar empeñados. Pero como creyentes hemos de saber dar un paso más. Es a lo que nos está invitando Jesús hoy en este pasaje del evangelio. Jesús está haciendo una lectura orante con lo que está sucediendo con su presencia, con los signos que realiza y con la Palabra que anuncia, con la respuesta incluso que va encontrando y que hace sentir la acción de Dios en medio de su pueblo.

Le escuchamos cómo da gracias al Padre que se está revelando en los sencillos y que son precisamente los pequeños y los sencillos los que están más abiertos al misterio de Dios. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños…Muchos comentarios nos hemos hecho en diversas reflexiones sobre estas palabras de Jesús. No los que aparentan más sabios son los que se abren al misterio de Dios; los pequeños y los sencillos desde su pobreza y su humildad tendrán, podríamos decirlo así, mejor olfato para percibir el misterio de Dios que se revela.

Una hermosa lección para nuestra vida para que aprendamos a tener esa mirada de Jesús y sepamos ver en lo pequeño y lo sencillo, los que nos puede parecer humilde e insignificante un signo de esa llamada de Dios; que sepamos discernir lo que sucede alrededor, los acontecimientos de la historia de cada día, lo que escuchamos desde las noticias que recibimos o de lo que comparten con nosotros, para no dejarnos impresionar fácilmente ni dejarnos confundir, para mantener nuestra propia serenidad, para sacar todo lo bueno que podamos. Llegar a percibir como en lo pequeño de la vida cotidiana se va manifestando el actuar de Dios.

No es pues una mirada cualquiera, una mirada superficial, es una mirada con hondura que nos hace trascender con mirada contemplativa la realidad; por eso decíamos que no nos podemos quedar en lo que está en la punta de la nariz, ni solo lo que brilla o nos pretenden quizás imponer; necesitamos en la vida ser reflexivos y contemplativos, no perder la serenidad y la paz porque nos dejemos arrastrar por las prisas y las carreras de la vida, ir rumiando serenamente lo que vemos o nos va sucediendo. Es también una apertura a una trascendencia espiritual para no quedarnos solo en lo material que por muy bueno que sea nos puede también confundir, una apertura al misterio y a lo sobrenatural para llegar a descubrir la presencia de Dios en nuestra vida.

Que tengamos ese olfato, como decíamos, para percibir esa presencia de Dios, que tengamos esa mirada luminosa para ver el actuar de Dios, que tengamos esa sensibilidad para leer esos signos de los tiempos que en nuestra historia nos ayuden a descubrir lo que Dios quiere.

martes, 23 de diciembre de 2025

Alegría y regocijo en el nacimiento de un niño, sorpresa, admiración e interrogantes que nos plantea Juan con su presencia ante la próxima navidad

 


Alegría y regocijo en el nacimiento de un niño, sorpresa, admiración e interrogantes que nos plantea Juan con su presencia ante la próxima navidad

Malaquías 3, 1-4. 23-24; Salmo 24; Lucas 1, 57-66

Alegría y regocijo como siempre es el nacimiento de un niño, sorpresa y admiración, preguntas e interrogantes eran las emociones y sentimientos que corrían en las montañas de Judea ante lo que estaba sucediendo en aquella pequeña aldea. Se gozaban con la madre que daba a luz un niño porque siempre era considerado una bendición de Dios y más aún en las circunstancias donde parecía que no podía ser madre pero ahora había logrado ese don de Dios; esto además les causaba gran sorpresa y conmoción por un hecho tan inusual, lo que le llevaba a interrogantes y preguntarse qué les quería decir Dios con tales hechos; lo acontecido en su circuncisión y la imposición del nombre aun les había dejado más descolocados, por el deseo de Isabel y la corroboración por parte de Zacarías de que su nombre sería Juan. Eran un pueblo creyente que en todo quería leer el actuar de Dios. ‘¿Qué va a ser de este niño?’ se preguntaban.

Hoy nosotros también nos hacemos una lectura creyente y con la tradición de la Iglesia desde siempre encontramos en Juan el cumplimiento de las profecías. Era aquel mensajero de la alianza, que cual otro Elías era como fuego de fundidor o lejía de lavandero que venía a preparar los caminos del Señor, a preparar un pueblo bien dispuesto para la llegada del Mesías.

Son los sentimientos y es la apertura de nuestro corazón con la que escuchamos en la inmediatez ya de la celebración de la Navidad estos textos de la Palabra de Señor. Aunque hoy estamos escuchando el relato de su nacimiento y circuncisión ya hemos venido escuchando a lo largo del Adviento esa predicación de Juan allá en el desierto, junto al río del Jordán que nos ayudaba también a nosotros a preparar los caminos del Señor.

Su voz sigue resonando en nuestro corazón. La figura del Bautista está muy presente en el camino de la Iglesia, no solo por todo lo que lo escuchamos y meditamos en el camino de nuestro Adviento sino porque también a lo largo del año litúrgico nos aparece en ocasiones para que en verdad nos vayamos centrando en el evangelio de Jesús. Son palabras fuertes las que le escuchamos al profeta que tendrían que despertarnos de cierta atonía espiritual que tantas veces nos envuelve. Nos vamos dejando arrastrar por las rutinas y la tibieza espiritual en las que hemos envuelto tantas veces nuestra vida de fe y necesitamos esa voz y ese grito que nos despierte.

Esa tibieza en la que vivimos dejando a un lado tantas veces la radicalidad del evangelio nos lleva por una pendiente peligrosa que se convierte a veces en un sincretismo que nos lleva a no saber dónde estamos o dónde deberíamos estar;  todo nos parece bien, nos conformamos fácilmente con lo que otros hacen o dicen, la altura de nuestras metas cada vez las rebajamos más para entrar en aquello de la ley del mínimo esfuerzo, andamos en ocasiones tan confundidos que no nos damos cuenta que desde fuera nos están imponiendo hasta la manera de celebrar nuestras fiestas cristianas, a las que incluso se les despoja de su verdadero nombre.

Muchas veces vamos a escuchar estos días ‘felices fiestas’, pero no feliz navidad, se le dará más importancia a celebrar el nuevo año y no importa que sea a medianoche, pero a la misa del gallo de medianoche la hemos trasladado por nuestras comunidades hasta convertirla en una simple misa vespertina, la importancia se la damos a los regalos que nos trae papá Noel y a eso llamamos fiestas de navidad.

¿No necesitaremos una voz como la del Bautista que nos despierte? ¿No seguiremos necesitando su figura austera vestida de piel de camello que se contraponga a las vaporosas pieles de nuestras vanidades y lujos para celebrar a un Niño que nace pobre en un portal porque ni siquiera en la posada había sitio para El? ¿Llegaremos a fijarnos a quienes viven en semejantes condiciones a nuestro alrededor en el frío de la noche de Navidad?

¿No serán interrogantes que también tendrían que plantearse en nuestro corazón a la hora de la celebración de la Navidad?


domingo, 21 de diciembre de 2025

Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios y no olvidemos que podremos ser signo de Dios para muchos que te rodean

 


Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios y no olvidemos que podremos ser signo de Dios para muchos que te rodean

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Romanos 1, 1-7; Mateo 1, 18-24

Pide un signo, una señal, al Señor, tu Dios, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo’, le dice el profeta al rey Ajaz. Pero el rey no se atreve a pedir señales aunque el profeta se las dará. En cambio José si está esperando señales; hay cosas que están sucediendo que no entiende, prefiere esperar aunque su corazón está pidiendo algo.

No se trata aquí de señales de tráfico, que las carreteras están llenas de ellas. Son otros caminos más profundos los que necesitan señales, ‘en lo  hondo del abismo o en lo alto del cielo’, como decía el profeta. En ocasiones nos sentimos en lo más hondo del abismo, aunque luego tengamos otros momentos de exaltación; pero en una y otra ocasión no sé si sabremos siempre leer lo que nos sucede. Las palabras en la escritura se conforman con signos que ya estudiamos desde pequeños para saber leer; en esos signos escritos algo se nos quiere decir y para eso hemos hecho un aprendizaje; en los signos que nos van apareciendo en la vida también tendríamos que saber leer, haber hecho un aprendizaje, pero siempre estamos a tiempo.

José se interroga por dentro ante lo que está sucediendo y estaba queriendo encontrar esos signos, esas señales; es la tarea, por así decirlo, de todo creyente; en los mismos textos que estos días se nos están ofreciendo lo encontramos, Zacarías se pregunta incrédulo en el templo cuando el ángel del Señor le anuncia que su mujer va a concebir a pesar de la vejez, y le costará entender. María también se ha quedado dando vueltas en la cabeza al mensaje del ángel; no conoce varón ¿cómo va a ser madre? Está pidiendo señales, quiere saber leer esos signos de Dios aunque ella siempre estás disponible para Dios.

¿Tendremos nosotros que leer algunos signos también ahora cuando escuchando esta Palabra de Dios estamos dando los últimos pasos en la preparación de la Navidad? Aprender a leer esas señales de Dios nos hará que podamos vivir una verdadera Navidad;  no nos podemos quedar en superficialidades, desde lo hondo de nosotros mismos nos queremos elevar también hasta Dios para escucharle, para recibirle. Ahí en lo que somos y vivimos, ahí en lo que son los problemas de cada día, ahí en ese mundo concreto que vivimos con todas sus circunstancias, ahí en la manera incluso en que el mundo que nos rodea tiene la forma de celebrar la navidad, ahí en los grandes problemas de nuestra sociedad y de nuestro mundo, ahí quiere llegar la Navidad, ahí quiere llegar Dios y tenemos que descubrir cómo y qué parte tenemos nosotros en ello.

Porque nosotros hemos de leer esos signos de Dios, pero también hemos de reconocer que nosotros tenemos que ser esos signos de Dios para el mundo que nos rodea; será la forma en que celebremos la navidad, en que vivamos la navidad, será la profundidad que le demos a lo que hacemos estos días, será el nuevo sentido en el que tenemos que envolver cuando hacemos. Y es lo que este último domingo tenemos que descubrir.

El ángel del Señor se le manifestó en sueños a José y José comprendió todo el misterio de Dios que allí se estaba manifestando. ¿Se preguntaría por qué tenían que sucederle a él todas esas cosas? Se lo preguntaría como nosotros también tantas veces nos preguntamos, pero en José había disponibilidad, había generosidad en su corazón, y recibió a María, su mujer, en su casa como le había pedido el ángel. Fue un ponerse en camino, porque todo no terminaba ahí, vendría el edicto del emperador y el viaje inesperado a Belén, pero todos los acontecimientos que luego se sucedieron casi como una cascada, porque el regreso a Nazaret no fue tan pronto como hubiera deseado, con la huída a Egipto por medio. Pero José era un hombre de fe y seguía escuchando a Dios, seguía leyendo los signos de Dios.

Cada uno de nosotros ha de hacer su lectura en su propia vida y en cuanto le acontece. Sepamos encontrar momentos de silencio y de recogimiento porque entre el ruido y los afanes de las cosas nos va a ser más difícil escuchar ese susurro de Dios en nuestro corazón. Dios llega a nosotros de la forma que menos lo esperamos porque Dios siempre se hace sorprender en nuestra vida. Pero su sorpresa siempre es una sorpresa de amor, es el regalo más hermoso que podemos recibir que no es ni papá Noel ni lo Reyes Magos quienes nos lo van a traer.

Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios. No tengamos miedo a lo que nos diga o nos pida el Señor. Que no nos falte la paz en nuestro interior que será la base de la paz que vayamos logrando en el mundo que nos rodea. Y recuerda que tú podrás ser, o tendrás que ser signo de Dios para muchos que te rodean, con tu presencia, con tu palabra, con tu compañía en el camino de la vida, con tu generosidad, con tu amor.

domingo, 6 de abril de 2025

Es necesario hacer una nueva lectura luminosa de la historia de nuestra vida regalada con el amor de Dios y a unirlo todo a esta Pascua que nos disponemos a celebrar


Es necesario hacer una nueva lectura luminosa de la historia de nuestra vida regalada con el amor de Dios y a unirlo todo a esta Pascua que nos disponemos a celebrar

Isaías 43, 16–21; Salmo 125; Filipenses 3, 8-14; Juan 8, 1-11

Todos tenemos una historia que contar, aunque nos parezca que nuestra vida es insignificante y no tenemos acontecimientos reseñables que contar, siempre ha habido un momento especial, logros alcanzados, situaciones difíciles que nos hayan podido llenar de dolor, momentos de dicha y felicidad que merecen ser recordados y como creyentes que somos en esos acontecimientos hemos podido ver la mano de Dios, el actuar de Dios en nuestra vida que podemos llamar momentos de gracia para nosotros.

He querido comenzar mi reflexión sobre el evangelio de este quinto domingo de la cuaresma con esta referencia, porque la misma Palabra de Dios nos lo está recordando. La primera lectura que viene a ser como el credo del pueblo de Israel lo que hace es recordar su historia y como en esa historia ellos han sabido ver siempre el actuar de Dios, desde Abraham al que Dios llamó a salir de su tierra y ponerse en camino, la historia de los grandes patriarcas fundamentos de ese pueblo y sobre todo la liberación y salida de Egipto en camino hacia la libertad y la constitución de ese pueblo en la tierra que Dios le iba a dar.

San Pablo en la segunda lectura hará también memoria de su vida que se transformó totalmente a partir del momento del encuentro con Jesús en el camino de Damasco. Sabe reconocer el apóstol ese actuar de Dios en su vida de manera que como dice ‘Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor’. Es su vida y es su historia pero sobre la que se ha construido otra nueva desde su encuentro con Jesús, pero que se hace camino de superación y crecimiento en búsqueda de esa meta que espera alcanzar.

¿No tendría historia que contar aquella mujer que porque fue sorprendida en adulterio había tirado a los pies de Jesús esperando su condena? Hemos comentado muchas veces la escena del evangelio que todos conocemos bien. La implacable ley mosaica que condenaba a ser apedreada la mujer que fuera sorprendida en adulterio. Aunque fuera ley en Israel esos no eran los caminos de Dios. Si Jesús estaba presente entre los hombres, como signo de la presencia y de la misericordia de Dios, lo que venía a ofrecernos no era condenación sino salvación. Misericordia quiero y no sacrificios, recordaría precisamente con textos de los profetas. 

Tensos tuvieron que ser aquellos momentos para la mujer tirada en el suelo y condenada de antemano esperando ejecución de la sentencia, por así decirlo. Pero tensos fueron los momentos de silencio de Jesús antes de darnos la verdadera sentencia. ¿Quién no tiene pecado y puede tirar la primera piedra? Era la nueva historia que se estaba labrando de misericordia y de perdón. ¿No pediría perdón Jesús al ser crucificado por aquellos que le clavaban al madero, ‘porque no sabían lo que hacían’? ¿No sería también la voz que se escucharía desde lo alto de la cruz prometiendo el paraíso aquel mismo día al ladrón arrepentido?

¿Quién podría tirar la primera piedra? El que no tenía pecado allí lo que estaba ofreciéndonos un regalo de amor. Sería la historia que aquella mujer recordaría para siempre. ‘¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno, vete y no peques más’. Una nueva historia de vida se estaba comenzando a escribir a partir sí de una realidad pero sobre todo a partir del regalo de amor y de misericordia que Jesús estaba ofreciendo.

Es lo que ahora nos disponemos a celebrar, estamos ya a las puertas de la Semana que llamamos santa porque tiene su culminación en la Pascua del Señor. Es el memorial de su pasión y de su muerte y también de su resurrección lo que vamos a revivir y a celebrar; es para lo que nos hemos venido preparando en este camino cuaresmal donde hemos ido dejándonos conducir por la Palabra de Dios que día a día ha ido enriqueciendo e iluminando nuestra vida.

Nuestra vida con nuestra historia, que todos tenemos nuestra historia, que tiene que convertirse para nosotros también en historia de salvación. Tenemos la tendencia al recordar nuestra historia en hacer hincapié en nuestros momentos de sombra, ya sea por las situaciones de dificultad por las que hemos pasado o por los tropiezos que hemos tenido en la vida que nos llenan de culpabilidades.

Es necesario tener otra mirada, descubrir el lado de luz, sentir que no nos ha faltado la presencia y la gracia de Dios en nosotros que nos llama y nos ofrece continuamente su amor; si nos detenemos un poco podemos encontrar ese momento, esa llamada que ha convertido nuestra vida en historia de salvación, porque es la historia del amor que Dios nos ha tenido, es la historia que podemos relatar en muchos momentos, detalles, gestos, acontecimientos, personas a nuestro lado donde podemos y tenemos que descubrir ese amor de Dios, que llega a nosotros, como llegó a aquella mujer de la que nos habla hoy el evangelio.

No se trata de rescribir nuestra historia sino hacer una nueva lectura luminosa de la historia de nuestra vida regalada con el amor de Dios. Tendremos muchas cosas que recordar y que celebrar. Vamos a unirlo todo a esta Pascua que nos disponemos a celebrar este año.

 

viernes, 15 de noviembre de 2024

Allí donde estamos o con la responsabilidad que tenemos muchas cosas tendríamos que cambiar en nosotros mismos para gestionar nuestra vida y lo que hacemos

 


Allí donde estamos o con la responsabilidad que tenemos muchas cosas tendríamos que cambiar en nosotros mismos para gestionar nuestra vida y lo que hacemos

2Juan 4-9; Salmo 118; Lucas 17, 26-37

La vida no siempre es fácil, todos lo sabemos. Exige esfuerzo y deseos de superación, nos pide muchas veces estar en pie de lucha ante las dificultades que van apareciendo, muchas veces nos suceden cosas que nos lo pueden trastocar todo y quedarnos como con las manos vacías sin saber que hacer, pero siempre podemos encontrar el ánimo, la fuerza de voluntad, el apoyo que necesitamos en ese camino. Son las luchas y los trabajos de cada día, familia, responsabilidades, crecimiento personal, que muchas veces desde nosotros mismos nos encontramos con tropiezos, por nuestros cansancios y nuestra falta de constancia, por nuestras propias pasiones que en ocasiones nos hacen perder el sentido más profundo, por cuanto nos sucede a nuestro alrededor. Pero yo diría que no podemos sentirnos derrotados.

Tiene que aparecer toda la madurez de nuestra propia persona, para reflexionar y para discernir, para saber encontrar el camino y no perder la esperanza, para mantenernos fieles a nuestros valores y a nuestros principios, para sentir también que la mano de Dios está detrás de todo eso y quizás a través de esas mismas cosas que nos suceden El quiere hablarnos al corazón, como al mismo tiempo abrirnos a nuevos horizontes. Aquí tiene que aparecer el discernimiento de nuestra fe, para no confundirnos, para saber que siempre hay una luz, que no nos faltará el amor de Dios, aunque el camino nos parezca oscuro. En cañadas oscuras El nos conduce como rezamos en alguno de los salmos.

El evangelio de hoy nos puede parecer un tanto enigmático y difícil de comprender. Jesús está en el camino de su subida a Jerusalén para la pascua y sabe bien cuál es la pascua que allí ha de vivir. En su entorno aunque los discípulos más fieles están siempre con El, alguno fallará sin embargo, comienza también a notarse el rechazo de algunos principales y que más tarde en Jerusalén se hará bien patente. Las palabras de Jesús de alguna manera tienen este trasfondo.

En los próximos días también vamos a escuchar mucho que Jesús hablará de los tiempos finales, de los últimos tiempos, como también anunciará proféticamente lo que va a suceder en medio de su pueblo, aunque a la gente le cueste entender las palabras de Jesús. Pero ahí han quedado en el evangelio y son palabras iluminadoras en todos los tiempos en que siempre los cristianos o nos vamos a encontrar con momentos difíciles, o vivimos también en la expectación de los últimos días. Por eso las palabras de Jesús siguen siempre palabras que iluminan, palabras de esperanza para los hombres de todos los tiempos.

Hemos hablado de nuestras luchas y de lo difícil que se nos pone la vida de muchas maneras, pero también hemos insinuado la necesidad de que reflexionemos sobre la vida y cuanto nos sucede, y seamos capaces de hacer un discernimiento para encontrar lo que tiene que ser nuestro camino, nuestro camino precisamente iluminado por esa fe que ponemos en Jesús.

En todo momento de la vida tenemos que descubrir esa luz que no nos falta, porque Dios estará siempre con nosotros aunque tengamos que pasar por momentos negros en la vida. Cuanto sucede a nuestro alrededor nos ha de servir de lección, de toque de atención, de plantearnos que es lo que de verdad estamos haciendo que la vida, qué estamos haciendo nuestro mundo, qué respuesta tenemos que ir dando.

En nuestra tierra hemos pasado – sobre todo en aquellas regiones más afectadas aunque todos queremos sentirlo como algo que nos ha sucedido a nosotros, como algo nuestro – unos momentos difíciles donde ha aparecido la destrucción y la muerte. ¿Todo esto no nos tendría que hacer pensar? ¿Cuáles han de ser los verdaderos afanes que hemos de tener en la vida? ¿Qué estamos haciendo allí donde estamos, allí donde vivimos, allí donde ejercemos nuestras responsabilidades por hacer que nuestro mundo sea mejor?

En medio de tanto dolor y oscuridad siempre podemos encontrar una luz, como siempre tenemos que sentir una llamada del Señor. Se ha despertado la solidaridad de muchos, hemos roto esa cadena de insensibilidad en que a veces parece que caminamos en la vida, ha habido una respuesta hermosa en tantos y tantos que han sentido como propios los sufrimientos de esas personas y de tantos que de una forma o de otra se han movilizado para ayudar.

¿No tendría que hacernos pensar en que sería de otra manera como gestionáramos nuestro mundo? Incluso desde nuestra vida personal, allí donde estemos o con la responsabilidad que tengamos, ¿no nos daremos cuenta que quizás haya muchas cosas que tendríamos que cambiar en nosotros mismos, en nuestra manera de hacer las cosas o donde empleamos lo que somos y lo que tenemos? Pueden ser llamadas que Dios está haciendo a nuestro corazón.

viernes, 27 de octubre de 2023

Miramos la vida y contemplamos cuanto sucede, encontremos la sabiduría que nos da unos ojos distintos, una mirada nueva sobre cuanto acontece y nos comprometemos

 


Miramos la vida y contemplamos cuanto sucede, encontremos la sabiduría que nos da unos ojos distintos, una mirada nueva sobre cuanto acontece y nos comprometemos

Romanos 7, 18-24; Sal 118; Lucas 12,54-59

Saber leer la vida es una sabiduría. Es importante. Es necesario. Como nos echa en cara hoy Jesús en el evangelio sabemos interpretar las señales de las nubes para decir que tiempo es o podemos esperar, pero no sabemos leer las señales de los tiempos. Sobre todo en las gentes de nuestros campos, no sé si por estar más en contacto con la naturaleza, o depender en cierto modo de lo que la naturaleza nos ofrece para que nuestros trabajos sean más productivos están ‘barruntando’ como decimos en nuestra tierra si el tiempo está del norte o del sur, si las nubes nos traen agua, o más bien nos anuncian vientos y temporales. Recuerdo a mi abuelo en la tarde pendiente de las nubes, de las señales de la luna o si había no había nubes cubriendo nuestro Teide. Hoy quizás hasta eso las nuevas generaciones lo hemos olvidado.

Pero no nos quedemos en las nubes, sepamos leer la vida, la historia, lo que acontece a nuestro alrededor. Como decíamos al principio, es una sabiduría que no todos sabemos alcanzar. Pero es que en nuestras carreras vamos a lo que salga; no nos detenemos, nos cuesta analizar lo que sucede, es necesario ser más reflexivos y para eso necesitamos estar con los ojos más abiertos. Quizás estamos más pendiente de si el vecino hizo esto o aquello para entrar en nuestros juicios, pero no somos capaces de reflexionar sobre la marcha de la vida.

Nos vemos aturdidos por los acontecimientos, pero parece como si un destino ciego nos estuviera conduciendo de manera que no reaccionamos. En nuestras tertulias o charlas de café, por llamarlas de alguna manera, somos capaces de ponernos con nuestras lamentaciones o con las culpabilizaciones de rigor porque parece que siempre tenemos a quien echarle la culpa, pero no llegamos a la conclusión de mirarnos a nosotros mismos para reaccionar, para poner nuestro grano de arena constructiva, para darnos cuenta de qué parte tenemos nosotros que poner o que no hemos puesto para que la sociedad marche como está marchando.

Los cristianos tenemos que tener criterios claros sobre cuál ha de ser nuestra participación. Razones y motivos tenemos para ir poniendo en nuestro mundo unos valores nuevos. Si nos llamamos cristianos es porque hemos hecho una opción por nuestra vida cuando decimos que creemos en Jesús y que El es nuestro Salvador; tenemos unas claves en ese Reino de Dios en el que creemos y que sabemos que tenemos que construir; tenemos claro unos valores que tenemos que desarrollar porque sabemos el mundo que queremos. Y es por ahí por donde tenemos que apostar. Sabemos bien qué es lo que va a humanizar nuestro mundo y por eso tenemos que luchar.

Y miramos la vida, y contemplamos cuanto sucede, y hemos de tener unos ojos distintos, una mirada nueva sobre todo eso que acontece. Y tenemos que aprender; y tenemos que analizar cuales son los errores que estamos cometiendo para enmendarlos, para hacerlo de una manera nueva y distinta. Y tenemos que saber escuchar esa llamada que Dios nos está haciendo desde esas mismas cosas que suceden. No para crear alarmas, no para ser catastrofistas, que de esos hay muchos en el mundo, pero esa no es la manera. Los miedos no son los mejores consejeros ni serán nunca la fuente de la sabiduría para construir lo nuevo. Sabemos que la semilla sembrada en silencio es la que puede germinar para que surja una nueva planta, una nueva vida. Es por donde tenemos que caminar.

Podemos alcanzar esa sabiduría que nos hará no solo saber leer la vida, sino comenzar a poner manos a la obra para transformarla.  Podemos saber el sentido de las nubes de la vida y aprovechar la fuerza que nos viene de lo alto para generar nueva vida. Y es una tarea que no hacemos solos, porque el Espíritu del Señor está con nosotros para ser nuestra sabiduría y nuestra fuerza.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Andemos vigilantes para encontrar lo que da verdadera hondura a la vida hundiendo nuestras raíces en lo que de verdad vale

 


Andemos vigilantes para encontrar lo que da verdadera hondura a la vida hundiendo nuestras raíces en lo que de verdad vale

1Juan 4-9; Sal 118; Lucas 17, 26-37

¿Qué nos sucede con el devenir de la vida? Podríamos decir que vivimos absorbidos por el vértigo de la vida; ahí están nuestras preocupaciones de cada, sus tareas, sus responsabilidades, lo que es la vida misma, trabajo, preocupaciones familiares, la economía que nos quita el sueño porque por mucho que trabajemos parece que no nos llega a nada lo que ganamos, pero solo en cuanto a nuestras responsabilidades como más especiales, sino que es la vida misma con sus momentos de relax y de descanso, como pueda ser todo lo referente a la alimentación, el encuentro con los demás, la fiesta o los momentos duros de la enfermedad e incluso la muerte de seres querido.

Todo parece una carrera que no nos da ni tiempo para pensar en algo más, todo nos va absorbiendo en esa materialidad de las cosas que hacemos, que nos cuesta encontrar el momento para elevar nuestro espíritu y encontrar algo que nos trascienda, y lo que tenga un tinte más espiritual o lo dejamos en un segundo plano o lo olvidamos y vivimos como si nada de eso existiera. Nos decimos cristianos y creyentes, pero lo dejamos tan en segundo plano que ni nos planteamos un sentido para todo lo que hacemos, ni llegamos a pensar en algo más allá o más arriba que nos eleve y nos trascienda, creyentes pero sin darle un sentido desde lo creyente, desde nuestra fe a lo que hacemos o a lo que vivimos.

Necesitamos romper ese ritmo tan vertiginoso, necesitamos romper esa carrera tan espiral que parece que nunca acaba sino que cada día se nos agranda más, para pensar sencillamente que todo esto un día se detiene y nos vamos a encontrar con algo en lo que nos habíamos olvidado de pensar.

‘Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre’.

Quiere hacernos pensar Jesús. Qué despreocupados andamos con nuestras ocupaciones, qué distraídos con la rutina de cada día, con qué facilidad olvidamos la dimensión espiritual de la vida. Como decíamos, creyentes pero sin darle un sentido creyente a la vida, a lo que hacemos. Terminamos por caminar como en un sin sentido, terminamos con un vacío interior porque al final nada nos satisface, porque todo o se convierte en una rutina, o en esa loca carrera por tener más, por llegar a más cosas, por olvidarnos de todo enfrascados en nuestras ocupaciones pero no nos hemos sentido crecer por dentro, le ha faltado lo que le da calor y color a la vida que vivimos.

Es una tentación fácil en la que todos podemos caer, una pendiente muy resbaladiza. Tenemos que pensar más en el sentido de nuestros actos, encontrar la verdadera responsabilidad de nuestra vida, que no solo es hacer cosas, sino ser capaz de vivir con intensidad y hondura todo aquello que hacemos. y es hondura la vamos a encontrar en ese sentido espiritual que tiene nuestra vida, nos parece que nos eleva y es así, pero también dará verdadera hondura a lo que hacemos, haremos hundir las raíces de la vida en lo que de verdad vale.

Hoy nos está hablando Jesús de que hemos de andar vigilantes para que no perdamos ese sentido de la vida. Llegará en un momento que menos pensemos el final de nuestra vida, ¿y qué es lo que tenemos en nuestras manos? ¿Qué riqueza habrá en nuestro corazón? ¿Cómo nos vamos a presentar ante Dios?

viernes, 21 de octubre de 2022

Tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos y nos sucede, para tener esa mirada de Dios y nuestro discernimiento sea mucho más sereno

 


Tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos y nos sucede, para tener esa mirada de Dios y nuestro discernimiento sea mucho más sereno

Efesios 4, 1-6; Sal 23; Lucas 12, 54-59

La vida no la resolvemos con recetas; aunque hoy estamos acostumbrados a que en la sociedad tenemos establecidos unos protocolos de antemano que nos dicen lo que tenemos que hacer en un momento o en otro, sin embargo en el discurrir de la vida de cada día, donde tenemos que tomar unas decisiones en momentos determinados, tenemos que hacer una elección entre una cosa y otra hemos de ser nosotros con nuestro libre albedrío los que hemos de discernir que es lo que tenemos que hacer. No es fácil, y muchas veces incluso podemos equivocarnos, y eso forma parte de la vida misma, que nos va enseñando de lo mismo que vamos viviendo.

Muchas veces cuesta ese discernimiento porque son muchas las influencias que recibimos, o vemos lo fácil que a otros les resulta, pero llegar al momento de tener que tomar una decisión es algo que se nos puede poner cuesta arriba, pero ahí iremos mostrando nuestra madurez, esa sabiduría que hemos aprendido de la vida misma o de cuanto antes hemos vivido, ahí aparece nuestra capacidad de ponderación para descubrir lo mejor y lo más positivo y así llegar a actuar con la mayor rectitud.

Pero también son muchos los signos y las señales que podemos descubrir en nuestro entorno, saber leer la vida, lo que no es fácil, para llegar a tener unos criterios, que no van a ser protocolos cerrados que nos digan lo que cogemos con una mano o qué hacemos con la otra, sino que está además nuestra libertad personal en esa toma de decisiones, aunque quizá en ocasiones nos pueda parecer que vamos a contracorriente de lo que todo el mundo hace.

Hoy Jesús les habla a los discípulos de los signos de los tiempos, tomando el ejemplo de la propia naturaleza, si hay nubes, si hace sol, si va a hacer bochorno, si vamos a tener tiempo de lluvia. Ya lo hacemos en la vida y eran las señales que nuestros mayores sabían descubrir y que les ayudaba en lo que era el desarrollo de su vida campesina con sus correspondientes siembras y cosechas.

Pero si Jesús nos pone ese ejemplo o nos habla de ello, es para hacernos pensar en algo más hondo. A la gente de su tiempo le costaba entender quien era Jesús, a pesar de los signos y señales que veían que Jesús realizaba, con lo que además se daba cumplimiento a lo anunciado por los profetas. Eran un pueblo con una visión creyente de la vida y sin embargo no supieron ver las señales de la presencia del Hijo del Hombre en medio de ellos.

¿Tendremos nosotros una visión creyente de la vida? ¿Sabremos hacer una lectura creyente, con ojos de fe, de cuanto sucede y nos sucede? No es que vayamos a ponernos fanáticos, como algunos que sacan a relucir las palabras más duras de los profetas, para contemplar lo que hoy nos sucede en nuestra sociedad. Pero sí tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos, de aquello que nos sucede, para tener esa mirada de Dios, para saber escuchar a Dios que nos puede estar hablando desde esos acontecimientos.

Proféticamente pueden estar llegando palabras a nuestros oídos que nos despierten porque andamos muy adormilados por la vida. No busquemos palabras tremendistas – valga la palabra – sino que escuchemos palabras serenas que nos hagan reflexionar, que nos hagan pensar, que nos hagan tener otra visión de las cosas. Y esas palabras existen, esas palabras las podemos escuchar quizá en boca del que menos pensamos, pero nos pueden hacer llegar un punto de reflexión, de arranque para algo nuevo para nuestra vida.

Son señales, signos que Dios va poniendo hoy también a nuestro lado y que hemos de saber leer y escuchar. Seguro que nuestro discernimiento será mucho más sereno y descubriremos mejor lo que hemos de hacer.

domingo, 20 de marzo de 2022

Entremos en la sintonía de Dios para hacer una lectura creyente de lo que sucede descubriendo las señales de Dios

 


Entremos en la sintonía de Dios para hacer una lectura creyente de lo que sucede descubriendo las señales de  Dios

Éxodo 3, 1-8a. 13-15; Sal 102; 1Corintios 10, 1-6. 10-12; Lucas 13, 1-9

Las señales que encontramos en el camino o en la carretera no son una trampa para que caigamos en el error y luego cebarse en el castigo sobre nosotros. Las señales nos indican el camino y nos previenen de los peligros, nos hacen estar atentos para no perder el rumbo y vigilantes para evitar el daño que nos podamos hacer. Creo que siendo verdaderamente sensatos les prestamos atención, siendo inteligentes no las tomaremos a mal como si estuvieran allí para que si no las cumplimos merezcamos todo el mal que nos estamos haciendo.

Y aunque nos parezca que estamos refiriéndonos a las señales de tráfico o las señales que nos puedan indicar los lugares que merece visitar, creo que entendemos que estamos queriendo referirnos a algo más. Dios también va poniendo señales en la vida, que son llamadas, que son invitaciones a seguir un camino, que nos quieren prevenir para que evitemos lo malo, que no las podemos mirar como castigos divinos por lo malvados que somos, porque Dios siempre estará llamándonos a que seamos capaces de dar buenos frutos en la vida.

Tenemos, es cierto, la tendencia errónea de estar viendo castigos de Dios por todas partes en lo que por la misma naturaleza sucede o lo que muchas veces también es consecuencia de la maldad de los hombres. Son los accidentes producidos por el discurrir de la naturaleza o son las catástrofes humanas que nos provocamos los hombres cuando nos llenamos de odio o de ambición y para conseguir nuestros objetivos o nuestras ambiciones no miramos el daño que podemos hacer a los demás. Llevamos unos tiempos en que se suceden muchas cosas que nos desconciertan desde el cambio climático con todas sus consecuencias, las pandemias o las guerras como lo estamos sufriendo.

Es cierto que esos sucesos o esos acontecimientos nos pueden producir muchos interrogantes en nuestro interior y hasta muchas angustias, pero tendríamos que esforzarnos por hacer esa buena lectura de lo que acontece. Hacer una lectura creyente de la vida no siempre es fácil, y claro que tendríamos que tener una sintonía de Dios para saber interpretar lo que en verdad Dios quiere decirnos. La lectura creyente nos hace descubrir las señales de Dios.

El evangelio comienza recordándonos algunos hechos desagradables que sucedieron Jerusalén en los mismos tiempos de Jesús. Escandalizados vienen algunos a comentárselo a Jesús pero Jesús les ayudará a hacer una buena lectura de aquellos hechos. Era fácil ver castigos divinos en aquellos hechos, unos sacrílegos acaecidos en el propio templo y otros accidentales como la caída del muro de la piscina de Betesda donde murieron algunos. ¿Castigo de Dios?, piensan algunos. ¿Habrán hecho algo malo en su vida para que merecieran una muerte así? Y Jesús les hace pensar ¿es que pensáis que eran más pecadores que nosotros mismos? Pero sí pueden ser llamadas de Dios para que obremos el bien, para que nos arrepintamos de lo malo que hemos hecho, para que nuestro actuar en la vida sea de otra forma, para que demos verdaderamente buenos frutos.

Y Jesús les propone la parábola del hombre que viene a su terreno donde tenía plantada una higuera y aunque estaba bien frondosa no daba frutos. ¿Vamos a arrancarla porque para qué tenerla ocupando espacio en el terreno que podría dedicarse a otras plantaciones? Pero el prudente agricultor le dice que va a cavar a su alrededor, va a abonarla una vez más, esperando que al nuevo año al final de fruto.

También nosotros nos llenamos de rabia tantas veces cuando vemos el mal que hay en el mundo e iríamos quitando de en medio a todos aquellos que nos parecen malos. O sea, que iríamos actuando con la misma medida de maldad, de odio, de revancha, de rencor quitando de en medio a los que nos parecen malos. ¿Es que tú no has pecado nunca? ¿Es que nunca has hecho lo que no debías hacer? ¿Por eso ya merecerías que te castigaran quitándote de en medio? ¿Dónde está el camino de la compasión y de la misericordia? ¿Dónde está la esperanza de que podamos un día cambiar nuestro corazón? Porque para nosotros pediríamos compasión y misericordia, pero para los demás siempre el castigo y la condena.

¡Qué distintos son los parámetros de Dios! ¡Qué distinto tendría que ser nuestro actuar! Sed compasivos nos dirá el Señor, como es compasivo y misericordioso el Señor tu Dios. Escuchamos las llamadas de Dios. Seamos capaces de ver las señales que Dios va poniendo en los caminos de nuestra vida que siempre nos invitan a la conversión, al amor, a la misericordia. Son los caminos de Dios, inescrutables muchas veces, pero que son los caminos que nos llevarán a la verdadera plenitud de nuestra vida.

Todas esas señales nos están hablando del amor de Dios, nos están recordando cuánto nos ama el Señor, nos están diciendo la paciencia de amor infinito que Dios siempre tiene con nosotros, nos están señalando también esos nuevos parámetros con los que nosotros tenemos que tratar a los demás desde la compasión y la misericordia.

martes, 15 de febrero de 2022

Es necesario darle hondura a la vida siendo reflexivos para no andar ni adormecidos ni agobiados sino con paz en el corazón pero que nos inquieta e impulsa para mejores cosas

 


Es necesario darle hondura a la vida siendo reflexivos para no andar ni adormecidos ni agobiados sino con paz en el corazón pero que nos inquieta e impulsa para mejores cosas

Santiago 1, 12-18; Sal 93; Marcos 8, 14-21

Hay ocasiones en que vamos por la vida un tanto despistados; quizás tenemos nuestras matraquillas en la cabeza con nuestros sueños o con nuestras preocupaciones, con esas cosas que nos atan y parece que no podemos deshacernos de ellas, que nos dicen las cosas, que vemos señales delante de nosotros y no terminamos de entender.

Es necesario estar atentos a las señales decimos cuando vamos por la carretera conduciendo un vehículo, pero luego no estamos tan atentos a las señales que la vida nos va ofreciendo y que tendrían que tenernos alerta para darle importancia a lo que es lo fundamental. Escuchamos una palabra que nos puede sugerir muchas cosas y no nos enteramos o le damos nuestras interpretaciones muy particulares; se nos ofrece una imagen de algo que puede ser muy sugerente y no sabemos hacer su lectura.

Confieso que en otro espacio también de las redes intento ofrecer cada día un pensamiento de reflexión y muchas veces me expreso a través de imágenes sencillas tomadas de la vida ordinaria y me sorprendo con la interpretación que dan algunos de mis palabras, quedándose en la imagen pero no sabiendo llegar al mensaje. Pero suele sucedernos mucho.

Jesús quería hacer reflexionar a los discípulos, quería abrirles los ojos para que no se dejaran confundir por otras cosas que les podrían alejar del mensaje del Reino que El trataba de anunciarles, y también se sorprende porque sus discípulos no terminan de entender lo que les quiere decir. ‘¿Y no acabáis de comprender?’, les dice Jesús.

Les habla de que tengan cuidado con la levadura de los fariseos que podría agriarles la masa de la vida que descubrían el evangelio y ellos se ponen a pensar si han llevado o no han llevado suficiente pan en la barca para la travesía que están haciendo. Quizá se recordaban que no tenían pan en el desierto cuando Jesús les pide que le den de comer a la multitud y olvidan hasta donde llegaba la misericordia y la bondad del Señor que hizo que toda aquella multitud comiera y hasta sobrara.

Con qué facilidad nos quedamos solamente en lo que tenemos delante de la nariz y no somos capaces de admirar la amplitud del paisaje que en panorámica se ofrece ante nuestros ojos. Por eso cuidado con esa levadura de los fariseos, les viene a decir Jesús; cuidado y atentos a la vida, a lo que sucede, a saber dar una buena interpretación a las cosas y también a las palabras que escuchamos, porque nuestra superficialidad nos puede jugar una mala pasada, como suele decirse.

Es necesario darle hondura a la vida, es necesario saber ser reflexivos, es necesario abrir bien el corazón, pero quitando las malas hierbas que van a impedir que la planta prospere, es necesario poner luz en el corazón para que no nos confundamos con cualquier oropel que quieran ofrecernos como piedra preciosa, es necesario que nos dejemos conducir por el Espíritu del Señor que El inspirará nuestro corazón con las mejores cosas, es necesario arrancarnos de apegos  que van a ir frenando nuestra vida, es necesario vivir esa libertad de espíritu que nos da el Señor con su fuerza.

Podremos avanzar, podremos crecer espiritualmente, podremos darle verdadera hondura a nuestra vida, podremos hacer florecer nuestra vida para poder obtener un día los mejores frutos, podremos dar ese testimonio claro de lo que significa seguir a Jesús para atraer a los demás a que sigan y vivan también los valores del Evangelio.

No andaremos despistados, podremos estar por encima de esas preocupaciones que como nubarrones tantas veces se ciernen sobre nuestra vida, podremos así mantener la paz en el corazón, pero una paz que no nos adormece sino que nos llena de inquietud por las cosas buenas.

lunes, 11 de octubre de 2021

La vida de cada día, la historia pasada o la historia que estamos haciendo en los acontecimientos que vivimos son una lección y pueden ser una llamada del Señor

 


La vida de cada día, la historia pasada o la historia que estamos haciendo en los acontecimientos que vivimos son una lección y pueden ser una llamada del Señor

Romanos 1,1-7; Sal 97;  Lucas 11,29-32

Los golpes de la vida nos enseñan, decimos algunas veces en el sentido de que lo que nos va sucediendo en la vida tendría que ser para nosotros una lección de la que aprendiéramos. Ojalá tuviéramos la sabiduría de saber leer los acontecimientos de cuanto nos sucede para de ahí tomar lecciones para nuestra vida.

Pero tendríamos que decir que no solo es lo que a nosotros nos suceda sino que hemos de tener esa mirada sabia a la historia. No son solo acontecimientos que guardamos en la memoria sino que podrían ser lecciones para nuestra vida. en fin de cuentas esos acontecimientos de la historia fueron consecuencia de decisiones que tomaron unos hombres o unos pueblos, que con aciertos o con errores desencadenaron esos sucesos; no es que nosotros vayamos a juzgar con criterios de hoy lo sucedido en otros tiempos, porque no estábamos allí o los criterios que tenían no son los mismos que los nuestros y porque en fin de cuenta son también consecuencias de una cultura, pero sí podemos aprender de ellos para que muchas cosas no se repitan en lo malo o aprendamos para lo bueno.

En lo que leemos hoy en el evangelio Jesús les recuerda algunos momentos de la historia de su mismo pueblo. Jesús de alguna manera se queja de la dureza de corazón de aquellos que lo oían pero realmente no lo escuchaban, contemplaban sus signos en los milagros que realizaba pero se hacían sus interpretaciones, y no sabían descubrir la sabiduría que Jesús les estaba transmitiendo cuando les anunciaba el Reino de Dios y cómo habían de vivirlo. Y ahora le piden signos y señales pero no han sabido descubrir la sabiduría de Dios.

Jesús les recuerda a Jonás y la ciudad de Nínive, como también a la Reina del Sur que vino a escuchar a Salomón. La predicación de Jonás, aunque en principio se había resistido a aceptar la misión que Dios le confiaba produjo su fruto, porque los ninivitas lo escucharon y se convirtieron al Señor. De la reina de Saba les recuerda que había venido desde lejanas tierras porque quería empaparse de la sabiduría de Salomón, cuya fama se había extendido por todas partes. Y allí ahora había alguien mayor que Salomón, con sabiduría divina porque era la misma Palabra de Dios encarnada y sin embargo no querían escucharle. Por eso les dice Jesús que los ninivitas con Jonás y su predicación y la reina del Sur se convertirán para ellos en un signo en su contra.

Esto nos tiene que hacer pensar en nosotros, en nuestra vida, en la respuesta que damos a la Palabra de Dios; esto tendría que hacernos pensar también en las señales que Dios va poniendo en el camino de nuestra vida que pueden ser para nosotros en llamadas de Dios a nuestro corazón. Algunas veces pensamos que aquellos acontecimientos más duros y negativos que nos puedan suceder o que puedan suceder en nuestro entorno pueden ser esos avisos que Dios nos da; ojalá supiéramos leerlos. Pero es que también en las cosas positivas que nos suceden, en lo bueno que podamos ver en los demás también tenemos que encontrar ese estímulo para nuestra vida, esa llamada que nos despierte para que nosotros actuemos también así.

Quiero pensar también en los momentos duros que estamos viviendo en nuestra tierra con el volcán que está arrasando la isla de La Palma, pero quiero resaltar la hermosa ola de solidaridad que se ha despertado en la gente de todos los lugares; no solo es la acogida que mutuamente se están realizando aquellos pueblos a favor de los que se han quedado sin nada o los que por precaución han tenido que abandonar sus casas, sino la respuesta de tanta gente de todos los lugares que están ofreciendo su ayuda con generosidad y desprendimiento.

Son lecciones que a todos nos tienen que despertar. Es ese leer la historia y también lo que en este mismo momento nos está sucediendo con una visión positiva y de esperanza, para no decaer en la lucha, para mantenerse firmes a pesar de lo doloroso de la tragedia. Quizás nosotros vivamos alejados de esas situaciones, aunque en nuestra solidaridad no los podemos olvidar, pero también esa lucha, ese esfuerzo, esa solidaridad que vemos en los demás tenemos que sentirlo como una llamada fuerte en nuestro corazón. Son las lecciones de la vida, de la historia, no solo de lo pasado, sino de la historia que ahora mismo estamos viviendo.

sábado, 29 de mayo de 2021

Un corazón lleno de amor siempre será un corazón inquieto que sabrá tener una mirada nueva para descubrir las señales de lo nuevo que Dios pone en nuestro camino

 


Un corazón lleno de amor siempre será un corazón inquieto que sabrá tener una mirada nueva para descubrir las señales de lo nuevo que Dios pone en nuestro camino

Eclesiástico 51, 12-20; Sal 18; Marcos 11,27-33

¡Quién se cree que es él!, decimos o escuchamos decir cuando se cuestiona el por qué determinada persona intervino en un momento determinado, tomó una decisión en la que pensábamos que se sobrepasaba, o quizás cuando vemos a alguien que toma la iniciativa en asuntos de la comunidad en los que quizá nadie hace nada, pero que en su inquietud no puede quedarse quieto. Quizá alguna vez por aquello de que siempre le llevamos la contraria a quien con buena voluntad y quizás también acierto toma iniciativas que hacen cambiar las cosas, ese cuestionamiento de su autoridad pudiera ser también una forma de querer desprestigiar o quitar autoridad. ¿Seremos acaso como el perro del hortelano que ni como él ni deja comer al amo? A eso nos parecemos muchas veces.


Son los cuestionamientos que le hacen a Jesús al día siguiente de haber expulsado a los vendedores del templo. Por allá viene una comisión de autoridades, sumos sacerdotes, escribas, ancianos del sanedrín a interrogar a Jesús. ¡Quien te crees que eres! ¿Con qué autoridad te has atrevido a expulsar a los vendedores del templo? Pero como hemos visto Jesús en su sabiduría les toca en una fibra en la que ellos no quieren meterse para no echarse a la gente encima. ¿De quién era el bautismo de Juan? ¿Era cosa de Dios o era cosa de un hombre que se le ocurrió ponerse a bautizar allá en el desierto? Tampoco ellos querían reconocer la autoridad del profeta como ahora tampoco han sabido entender el gesto profético de Jesús.

No sabían leer, o no querían leer los signos de Dios que se les estaban manifestando. Se quedaban obcecados con sus rutinas o con sus intereses y las señales proféticas que ante ellos se estaban sucediendo, como había sido la presencia de Juan en el desierto, como era ahora la palabra de Jesús y los gestos y signos que iba realizando.  Tendríamos que ver qué es lo que mueve nuestro corazón, cuáles sean los intereses creados que tengamos en la rutina de cada día, pero no ver las señales de lo nuevo. Por eso no llegaron a reconocer a Jesús.

Dios nos sigue hablando hoy también a través de los acontecimientos, en las mismas cosas ordinarias de cada día o en aconteceres especiales o extraordinarios en los que nos veamos envueltos en la vida. No para hacer lecturas catastrofistas sino para hacer una lectura serena de lo que sucede descubriendo a lo que nos llama el Señor, los horizontes nuevos que pone ante nuestros ojos, ese nuevo actuar que tendríamos que realizar en nuestra vida.

Lecturas catastrofistas y amenazadoras de castigos son cosas fáciles de hacer, porque quizá ante el misterio de lo que sucede ante nosotros nos llenamos de miedos y temores. Aun en aquellas cosas que nos cuesta entender tendríamos que descubrir una mirada de amor de Dios para con nosotros y al mismo tiempo una llamada de amor. En nuestro corazón inquieto, y es que un corazón lleno de amor siempre será un corazón inquieto, hemos de sentir que no nos podemos quedar cruzados de brazos ni seguir con nuestras rutinas de siempre.

Muchas veces el que en un momento determinado tengamos que apretarnos el cinturón, como se suele decir, porque quizá nuestras comodidades hacen agua y ya no las tenemos al alcance de la mano de la misma manera, sin embargo eso nos puede hacer pensar en cuáles con las cosas verdaderamente importantes que muchas veces hemos dejado de lado; nos podemos dar cuenta de que hay otras cosas, otros valores que pudieran centrar mejor nuestra vida. Tenemos que saber sacar la lección, tenemos que aprender a mirar todo eso también desde la mirada de un creyente y podremos entonces descubrir algo que Dios estará queriéndonos decir.

Escuchemos esa voz de Dios en nuestro corazón, sepamos leer esas señales de Dios, tengamos la disponibilidad de ser capaces de ponernos en camino, no temamos implicarnos y complicarnos en cosas que mejorarán nuestra vida y harán también mejor a nuestro mundo.

jueves, 13 de mayo de 2021

No podemos perder la esperanza ni hundir con lo que está sucediendo, para algo ha de servirnos cuanto estamos sufriendo, al final brillará una renovada alegría

 


No podemos perder la esperanza ni hundir con lo que está sucediendo, para algo ha de servirnos cuanto estamos sufriendo, al final brillará una renovada alegría

Hechos de los apóstoles 18, 1-8; Sal 97; Juan 16, 16-20

Tenemos que saber interpretar la vida. Hacer una buena lectura de la vida. Si somos reflexivos, la vida nos enseña; claro que hay que masticar muchas veces lo que la vida nos ofrece, las cosas que nos suceden, no podemos ir siempre a la carrera sin detenernos para saber mirar y para saber escuchar; en aquello que nos acontece siempre podemos encontrar un mensaje, siempre podemos encontrar un estimulo para seguir nuestro camino y siempre con actitud constructiva positiva. A veces no es fácil, pero desde nuestra interioridad podemos entresacar las enseñanzas.

Claro que el creyente le añade una visión distinta. No somos creyentes por unas afirmaciones que hagamos en un momento determinado, que también tenemos que hacerlo, sino porque añadimos a toda esa mirada reflexiva que nos hacemos de la vida el aceite y el perfume de la fe. Así podremos en aquello que ahora nos sucede la transparencia de lo que un día el Señor nos prometió o nos enseñó y todo aquello que ha sido para el creyente la historia de la salvación la va a ver plasmada en su vida y sentirá como en su vida Dios igualmente le habla.

Hoy Jesús pronuncia unas palabras en el evangelio – estamos en la cena de despedida, la última cena – que a los discípulos les cuesta comprender; les parecen poco menos que un trabalenguas aunque después que se desarrollaron todos aquellos acontecimientos de la Pascua llegarían a comprender bien el sentido de sus palabras. ‘Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver’, les dice Jesús y ellos se preguntan qué pueden significar estas palabras. Con lo que Jesús a continuación les dice terminará por afirmarles ‘en verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría’.

Como decíamos después de los acontecimientos de la pascua vinieron a comprenderlo. Desde el prendimiento de Jesús en el huerto todo fue tristeza y sensación de abandono en los discípulos. Con miedo encerrados estaban en el cenáculo aun aquel primer día de semana, y veremos a los discípulos de Emaús tristes y cariacontecidos mientras marchaban con sensación de fracaso a su pueblo. Pero ¿qué sucedió en aquel primer día de la semana? El Señor resucitado se les manifiesta y ellos se llenan de alegría. ‘Vuestra tristeza se convertirá en alegría’, les había dicho. Entendieron y entendemos las palabras de Jesús.

Pero eso lo leemos en nuestra historia y en nuestra vida. Cuántos momentos de oscuridad se han tenido a lo largo de la historia como fueron los momentos de las persecuciones o han sido momentos de verdadera crisis que se han sucedido muchas veces a lo largo de la historia de la Iglesia. Momentos de confusión, momentos de soledad, momentos que parecían de fracaso para los cristianos y para la Iglesia. Pero la Iglesia siempre ha salido fortalecida de esos momentos, con vitalidad siempre nueva, porque además siempre tenemos la certeza de la presencia del Espíritu del Señor con nosotros.

¿Serán distintos los tiempos que vivimos? Oscuridades de todo tipo afectan a la humanidad en estos momentos y también por qué no a la Iglesia y a nosotros los cristianos. La misma situación social en que nos encontramos son momentos de agobio, de tristeza ante tanto sufrimiento, de desconcierto pero hemos de saber encontrar una luz que nos haga mirar todo esto con una mirada nueva, con una mirada distinta.

No podemos perder la esperanza, no nos podemos hundir con lo que está sucediendo, algo tenemos que descubrir, para algo ha de servirnos cuanto estamos sufriendo. Nos puede parecer que poco menos que estamos abandonados de Dios, tan duro es lo que se está pasando. Muchos hablan incluso de castigos divinos. Pero nos cuesta entender, nos cuesta encontrar esa lectura nueva, las repuestas locas que vemos muchas veces alrededor aún nos desconciertan más.

Pero Jesús nos está diciendo que todo esto pasará y que recobraremos la alegría, que habrá una nueva alegría son sabores de plenitud. Hay momentos en que nos parece que no vemos la presencia de Dios, pero sabemos bien que ahí está. Es importante que no perdamos la esperanza. ‘Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría’.