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jueves, 19 de febrero de 2026

Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida

 


Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida

Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25

Aunque a veces parezca muy fácil, qué duro es encontrarnos ante una encrucijada donde hemos de decidirnos qué camino tomar. ¿Y si nos equivocamos? ¿Cómo podemos tener la certeza de acertar? Porque una vez que hayamos tomado la decisión el camino no es lo que aparenta, vienen las dificultades y contratiempos, surge la tentación en nuestro interior ¿y si nos hemos equivocado y el camino no lleva a ninguna parte? Como se suele decir cada uno arrima el ascua a su sardina, y el que nos ofrece su camino tratará quizás de adornarlo y embellecerlo para cautivarnos, pero no es oro todo lo que reluce y eso mismo nos tendría que hacer entrar en la duda antes de la toma de decisión.

Es la respuesta que el cristiano tiene que dar a la Palabra de Dios en todo momento, pero pueden venir las confusiones de los caminos anchos y de los caminos estrechos, y lo que nos produce incomodidad parece que no sería por lo que optaríamos. Claro que querríamos ganarnos todo el mundo, porque a nadie le amarga un dulce y a la larga siempre estamos soñando con grandezas y con influencias, con sentirnos poderosos y poder hacer lo que queramos. Pero siempre dentro de nosotros está sonando una música no para adormecernos sino más bien para interrogarnos y hacer que tomemos buenas decisiones.

Es lo que se nos está planteando hoy en este segundo día de la cuaresma recién comenzada. ‘Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’, nos plantea el profeta. Tendría que ser la opción de la vida el camino que escogiéramos. Y es lo que tenemos que asegurarnos, porque como nos dirá luego Jesús en el evangelio, ‘¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?’ Es lo que hemos de tener claro ya desde el principio en este camino cuaresmal que estamos comenzando. ¿Habrá pascua o no habrá pascua al final en nuestra vida? Y ya no se trata de unas celebraciones muy bonitas o muy solemnes que podamos tener cuando llegue la Semana Santa. La Pascua va a depender de la intensidad que pongamos en nuestra vida para escuchar y para sentir el paso del Señor.

No podemos perder de vista hacia donde vamos, qué es lo que vamos a celebrar y vivir. Es en lo que tenemos que poner toda la intensidad de nuestra vida, de nuestra fe, de la respuesta que vamos a ir dando. De ahí la riqueza tan grande de la Palabra de Dios que día a día se nos va a ir ofreciendo. De ahí la importancia de la apertura de nuestro corazón.

Hoy ya desde el principio nos lo está diciendo Jesús. ¿A qué sube El a Jerusalén? Es lo que también nosotros tendríamos que preguntarnos, ¿a qué o a donde queremos subir a lo largo de este camino cuaresmal? ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. Nos lo dice claramente para que no tengamos confusión. Aunque seguramente dentro de nosotros nos estaremos diciendo como los apóstoles, que eso no puede ser, que no tiene por qué haber ese sufrimiento y esa muerte…

Pero es que Jesús nos dice también cual es el camino; y el camino pasa por la cruz, esa cruz que tenemos que saber aceptar. ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga’. ¿Cuál es esa cruz? ¿Dónde está esa cruz? Ver cruces adornadas no es muy fácil, pero ver y reconocer la cruz en toda su crudeza ya nos cuesta más. Seguro que no está lejos de tu vida, porque no faltarán dolores y sufrimientos; no estará lejos de nuestra vida porque hay sacrificios que tenemos que hacer y nos cuestan, aparecen contratiempos que nos malogran nuestras ilusiones, no siempre es fácil el entendimiento con los que nos rodean empezando por los nuestros, igualmente no lo tenemos fácil para vivir nuestra fe y dar testimonio, afloran las pasiones dentro de nosotros que nos hacen perder el control y surgen las ambiciones y deseos de poder, aparece el orgullo y se siente herido nuestro amor propio, surge el descontrol en nuestra vida que nos lleva a hacernos esclavos de la pasión, rebrotan las violencias y los recelos, el egoísmo y la insolidaridad.

Eso que somos nosotros, eso que nos pasa continuamente con lo que tenemos que cargar o lo que tenemos que afrontar. Tomar la cruz, negarnos a nosotros mismos, liberarnos de ataduras, limpiar el corazón de toda maldad. Esa es nuestra pascua, ese es el camino que tenemos que ir liberando para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida.

miércoles, 1 de octubre de 2025

No basta solo buena voluntad si no nos desprendemos de apegos y añoranzas a cosas pasadas, seguir a Jesús es ponernos en camino abiertos a unos valores nuevos

 


No basta solo buena voluntad si no nos desprendemos de apegos y añoranzas a cosas pasadas, seguir a Jesús es ponernos en camino abiertos a unos valores nuevos

Nehemías 2,1-8; Salmo 136; Lucas 9,57-62

No basta solo la buena voluntad. Es necesario algo más, aparte de un realismo que nos haga ver cosas concretas y cuales son las exigencias, por otra parte hace falta una disponibilidad generosa para dejarnos conducir y para abrirnos a todas las posibilidades. Ese realismo es conocernos a nosotros mismos, con nuestras cualidades y posibilidades, con los valores que podemos y hemos de desarrollar pero también con nuestras carencias, nuestras deficiencias acompañadas de una fuerza de voluntad para superarlas y que nos de continuidad y permanencia a aquello que emprendemos, es necesario constancias para no cansarse y volvernos pronto atrás y tirar la toalla porque creemos tarde que no somos capaces.

Esto podemos decir es en todos los ámbitos de la vida, es lo que nos hace maduros, lo que va a marcar nuestra personalidad, lo que nos hará conseguir altas metas, lo que nos arrancará de la mediocridad. Es la tarea personal de nuestro propio crecimiento y maduración como personas, son nuestros trabajos y cuanto emprendemos, es la vida de nuestra familia en la que tenemos que ser incluso creativos para buscar siempre lo mejor y no arriesgarnos a lo que salga, es en cuanto nos podamos comprometer en el ámbito de nuestra sociedad de la que no nos podemos sentir ajenos nunca.

De eso nos está hablando Jesús, que aunque de forma concreta se está refiriendo a lo que significa su seguimiento y nuestra vocación cristiana, me gusta también aterrizar en todo lo que es el ámbito de nuestra vida humana, porque cualquier palabra del evangelio siempre es luz para toda nuestra vida; desde el evangelio precisamente nos sentimos impulsados a vivir con toda intensidad la responsabilidad de nuestra vida allí donde estemos, allí donde nos desarrollemos como personas, allí donde estamos realizando nuestras tareas humanas. Por eso trato de siempre de hacer una lectura de la vida, de cuanto no sucede, porque ahí siempre tenemos dejar el matiz de nuestro sentido cristiano.

El episodio de hoy del evangelio nos habla de quienes entusiasmados quieren seguir a Jesús, o de aquellos a los que Jesús invita a un seguimiento especial donde tenemos que saberlo vivir con un desprendimiento y una generosidad especial, pero también con realismo.

Nos habla primero de aquel que entusiasmado dice que quiere seguir a Jesús a donde quiera que vaya, o sea, cualquier cosa que le pida Jesús. Pero Jesús lo hace detenerse a pensar, a calibrar bien lo que significa seguir a Jesús, a lo que son las exigencias de vida que se le presentan. No es el fervorín de un momento, como tantas veces sucede y luego vemos que aquella llamarada tan ostentosa pronto se afloja y apaga. La decisión del seguimiento de Jesús no parte solo de una buena voluntad que nosotros tengamos, sino también de una llamada que escuchamos en lo hondo de nosotros mismos.

¿Hasta dónde somos capaces de seguirle? ¿Qué estamos dispuestos a dar o a hacer? Jesús le habla a aquel buen hombre tan entusiasmado por seguirle que las fieras del campo tienen sus madrigueras y las aves del cielo sus nidos, pero ‘el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza’. ¿Seremos capaces de una disponibilidad así? Jesús no tenía casa, porque incluso cuando va a su pueblo es rechazado y lo quieren tirar barranco abajo; si vida es itinerante de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, lo veremos más o menos establecido en Cafarnaún pero parece ser la casa de Pedro su centro de referencia; cuando va a Jerusalén estará pidiendo a alguien que le preste una sala para celebrar la pascua con los discípulos. ¿Seremos capaces de ponernos así en camino?

A otro a quien invita Jesús a seguirle y que le pida que le permita primero ir a enterrar a su padre, le dirá tajantemente que deje que los muertos entierren a sus muertos, que el camino que El le ofrece es un camino de vida; mientras que al que le pide que primero quiere ir a despedirse de su familia le dirá que no hay que volver la mirada atrás con añoranzas de tiempos pasados, sino que quien se pone en camino siempre ha de mirar hacia delante. No quiere Jesús que rompamos nuestros vínculos familiares, pero sí que no nos creemos ataduras; ponerse en camino, y ya nos dirá en otra ocasión que sin alforjas, porque no dependemos de las cosas, la fuerza está en el mismo camino que hacemos y en la Palabra que pronunciamos, porque la fuerza nos viene del Señor, para El toda nuestra disponibilidad.

¿Es el camino que hacemos en nuestra vida cristiana? ¿Habremos entendido bien lo que significa seguir a Jesús? ¿Nos dejaremos envolver por sus valores o estaremos con nuestro corazón desgarrado porque siempre estamos aspirando a las cosas que dejamos atrás?

martes, 9 de septiembre de 2025

Igual que eligió a los apóstoles con la realidad de sus vidas, sigue Jesús contando con nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque todo es un regalo del amor de Dios

 


Igual que eligió a los apóstoles con la realidad de sus vidas, sigue Jesús contando con nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque todo es un regalo del amor de Dios

 Colosenses 2, 6-15; Salmo 144; Lucas 6, 12-19

Hay momentos en la vida en que tenemos que tomar decisiones importantes y nos damos tiempo para pensarlo, para reflexionarlo; hay cosas que no podemos hacer solamente a impulsos podríamos decir momentáneos, aunque algunas veces tengamos esa tentación; nos sucede algo que nos impresiona, contemplamos algo que nos llama la atención y nos duele, y nos sentimos impulsados al momento pensando que algo que tenemos que hacer; es bueno que haya esa inquietud, que surjan incluso esos impulsos signos de la vitalidad que llevamos dentro, pero al mismo tiempo ponemos los pies sobre la tierra para que no sean solo sueños, y lo reflexionamos y lo maduramos; que tenemos que contar con alguien para algo que vamos a emprender y que consideramos importante, nos pensamos bien a quien vamos a escoger, sus posibilidades, sus valores y cualidades, aunque por supuesto dejamos siempre la libertad de decidir a quien escojamos su aceptación o no de lo que le proponemos. Las cosas nos las tomamos con la debida responsabilidad.

Hoy lo contemplamos en Jesús. Y nos dice el evangelio se que se fue al monte a orar y allí se pasó la noche en oración. Luego escogerá entre todos los discípulos que le seguían a doce a los que constituye apóstoles. Fue una decisión importante, nos lo manifiesta esa noche de oración de Jesús, de la que tanto tendríamos que aprender en nuestras decisiones. Jesús quiere contar con aquellos que llama apóstoles a los que veremos que va instruyendo de camino para la misión que les va a encomendar; el Reino anunciado por Jesús ha de continuar y en las manos de aquellos apóstoles está.

Cuenta Jesús con ellos y con su libertad; cuenta Jesús con ellos que también son humanos y tienen sus debilidades; habrá alguno que se queda en el camino porque al final le traiciona, habrán otros que siempre estarán pensando en sus sueños y ambiciones y donde Jesús continuamente estará enseñando, los llamará los hijos del trueno por esa intensidad con que viven el seguimiento de Jesús; todos con sus debilidades que cuando ven venir al lobo, como se suele decir, en el momento del prendimiento de Jesús se dispersan y le dejan solo; alguno a pesar de cuanto Jesús había confiado en él llegará a negar el conocerle, aunque siempre le había costado entender lo de la entrega de Jesús hasta la muerte. Pero Jesús sigue confiando en ellos, y a ellos se manifestará de manera especial después de su Pascua para que en verdad se sientan fortalecidos en su fe. Así luego se dispersarán por el mundo cumpliendo el mandato de Jesús de anunciar el evangelio del Reino de Dios.

Me hace pensar todo esto que venimos reflexionando en mi vida. Por una parte como hemos de enraizarnos en Jesús y en su evangelio, cómo tenemos que fortalecernos interiormente y dejarnos iluminar por la luz que nos viene del cielo ante cada una de esas decisiones que hemos de ir tomando en nuestra vida que quiere ser un camino de fidelidad. Pero también con corazón agradecido quiero ser consciente como el Señor sigue contando conmigo, con mis defectos y con mis debilidades, con lo que es mi vida unas veces turbulenta y otras veces adormecida, con sus buenos momentos de luz pero también con ese lado oscuro que todos tenemos fruto de nuestras torpezas y debilidades.

Quiero sentir que el Señor quiere seguir contando conmigo y siempre abre ante mí horizontes amplios donde poder realizar mi vida y vivir mi fidelidad con todas sus consecuencias. Muchas veces los caminos se tuercen y hay que tomar otras decisiones, que en ocasiones pueden ser hasta dolorosas, pero en nuestra fidelidad queremos seguir adelante, agradeciendo a Dios que siga contando conmigo y me vaya abriendo caminos que a veces eran insospechados para mí.

Lo pienso para mi mismo, como me hace mirar con una mirada distinta a los que están a mí alrededor o caminan conmigo, para hacerme comprensivo, para descubrir valores y aprender lecciones, para servir de apoyo y estimular también a los demás a vivir su fidelidad. El Señor sigue viniendo a nosotros para curar nuestras heridas y ponernos de nuevo en camino. Doy gracias a Dios por las posibilidades que me sigue dando.

jueves, 3 de julio de 2025

Aprendamos a decir, ‘¡Señor mío y Dios mío!’ para que se desvanezcan todas las desilusiones y dudas, y nos pongamos en su camino, seguir los pasos con Jesús

 


Aprendamos a decir, ‘¡Señor mío y Dios mío!’ para que se desvanezcan todas las desilusiones y dudas, y nos pongamos en su camino, seguir los pasos con Jesús

Efesios 2, 19-22; Salmo 116; Juan 20, 24-29

Hay ocasiones en la vida, que quizás porque estamos pasando por esos baches que tanta veces se nos presentan, lo vemos todo negativo, nos cuesta aceptar lo que otros desde su experiencia nos puedan decir, todo lo queremos más que comprobado, pero no por otros, sino por nosotros mismos; la desilusión nos embarga, lo que nos da ganas es de huir, de escondernos, de no estar con nadie, de echar a rodar todo lo que hasta ahora hemos conseguido, porque sentimos que en algunas cosas somos unas fracasados, o las promesas que nos hicieron, al menos tal como nosotros desde nuestro prisma escuchamos, es que todo iba a ser maravilloso, y ahora hemos visto lo contrario.

He querido describir aquí esa situación de desaliento y desilusión que hayamos podido pasar en alguna ocasión, porque con esa mirada quiero ver lo que estaban pasando los discípulos después de la pasión de Jesús – estaban encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos – y que además vemos prolongarse más en el apóstol Tomas. Se había ausentado de donde estaban reunidos todos los compañeros, sirviendo paños de lágrimas los unos de los otros, cuando habían experimentado la presencia de Jesús resucitado. Es lo que ahora cuentan a Tomás a su vuelta, pero es lo que tomas en su desilusión y desánimo no quiere aceptar. Lo quiere comprobar por sí mismo, con los dedos en las llagas de las manos y la mano en la herida del costado por la lanza. Eso era lo único que tenía cierto y que ahora quería comprobarlo.

Tomás no era de los que se quedan callados y se convencen fácilmente por aquello que le cuentan por mucho entusiasmo que pongan. Pero no es solo en este momento que nos narra el evangelio del día; en páginas anteriores lo encontramos también. Será en la Cena pascual que no termina de entender lo que Jesús está diciendo de volver al Padre y es lo que le suelta a bocajarro a Jesús. ‘Pero si no sabemos a dónde vas…’, le dice. Si supiéramos a donde vas podríamos entender el camino para ir y hasta nos apuntaríamos, parece decirle Tomas.

El quiere las cosas claras y en el momento, aunque algunas veces sea difícil tomar la decisión. Había sucedido antes, cuando se habían retirado más allá del Jordán porque sabían que los judíos maquinaban contra Jesús. Han llegado noticias de la enfermedad de Lázaro y aunque en principio parecía que Jesús no le había dado importancia, permaneciendo allí algunos días más, al final decide ir a Betania. ‘Lázaro está dormido y hay que despertarlo’, les dice aunque no entienden.

Y Jesús toma la decisión de ir aun con el desconcierto y rechazo de la mayoría. Si nos habíamos venido aquí porque te buscaban para matarte, ahora quieres volver. Los prudentes, siempre hay prudentes que previenen los peligros y no quieren meterse en la boca del lobo, y hay reticencia ante la decisión de Jesús. Pero será Tomás el que se adelante. ¿Cómo podemos dejarlo solo en estos momentos? Tenemos que ir, aunque él no vea las cosas claras, pero está decidido a estar con Jesús. ‘Vayamos con El y si es necesario muramos con Él’.

Unas palabras tremendas que comprometen, pero que quizás muchas veces olvidamos pronto. También Pedro dirá en la cena que está dispuesto a morir por Jesús, que lo daría todo por Él, pero qué pronto se aflojó y se durmió cuando Jesús les dijera que oraran como Él lo estaba haciendo allí en Getsemaní, pero un rato más tarde negaría conocer a Jesús, aquel que decía que iría con Él a donde fuera y estaría dispuesto a dar la vida por El. Hasta se había llevado una espada, por si acaso, cuando fueron al huerto.

Tomás también nos dice que vayamos con Jesús y muramos con El, aunque luego vengan las dudas y los retrocesos, porque sería de los que lo abandonaron en el huerto y huyeron ante la avalancha de guardias y soldados. Pero Él quería conocer el camino, aunque le costara encontrarlo y pasara también por dudas y huidas. No estaba en el cenáculo cuando Jesús había venido y seguía con sus dudas. Pero todo se va a venir abajo cuando de verdad se encuentre frente a frente con Jesús. Ya no necesitará meter el dedo en la llaga, ya no serán necesarios más convencimientos. Ahí está su hermosa fe: ‘Señor mío y Dios mío’. ¿Se puede decir más en tan poquitas palabras? Lo está diciendo todo, que ha encontrado el camino, que está dispuesto a todo y un día derramará su sangre, que no necesita palpar con sus manos porque lo está sintiendo en el corazón.

Algunas veces hemos visualizado mucho el contemplar a Cristo resucitado con la corporeidad y nos hemos olvidado donde en verdad lo estamos sintiendo y que solo lo podemos hacer desde la fe.

Aprendamos a decir, ‘¡Señor mío y Dios mío!’ para que se desvanezcan todas las desilusiones y todas las dudas, para que nos pongamos en su camino que es hacer los pasos con Jesús.


martes, 1 de octubre de 2024

 


En un mundo que quizá no entienda o nos rechace por nuestra manera de ver las cosas, nuestra decisión tiene que ser firme de seguir los pasos de la pascua de Jesús

Job 3,1-3.11-17.20-23; Salmo 87; Lucas 9,51-56

Hay momentos en que tenemos que tomar decisiones; la vida realmente está llena de esos momentos, porque tenemos que ir aclarando lo que buscamos o lo que queremos, pueden ser muchas las cosas distintas que se nos ofrezcan y nos encontramos en la alternativa de decidir; y hay cosas y momentos en que no lo podemos dejar en manos de otros, porque son cosas que realmente nos atañen a nosotros, nuestro futuro, la realización de nosotros mismos, nuestra felicidad; y nos cuesta porque tememos equivocarnos, porque algunas veces no sabemos realmente a donde nos lleva y sus consecuencias el camino elegido, porque son muchas las bifurcaciones.

Pero ahí iremos demostrando nuestra madurez, la seguridad con que caminamos en la vida, el fondo que hay en nosotros que nos hace pensar en nuestras metas, la fortaleza para afrontar quizás caminos difíciles, escabrosos, que pueden traernos incluso problemas. ¿Seguiremos dando vaivenes de una lado para otro sin aclararnos? ¿Permanecerá la paz y serenidad en el corazón a pesar de lo difícil que pueda ser tomar una decisión?

Hoy nos dice el evangelista que Jesús tomó la determinación de subir a Jerusalén. Y lo hizo con firme decisión consciente del camino que estaba emprendiendo. Ya lo había venido anunciando a los discípulos que no habían sabido o querido entender las palabras de Jesús que eran bastante claras. Jesús sabe que es el camino de su Pascua. No es solo que suba como todos los judíos a celebrar la Pascua en Jerusalén, sino que iba a ser su Pascua, una Pascua que iba a tener una característica muy especial y que como en su momento dirá Jesús será definitiva y eterna.

En algún momento mas adelante el evangelista nos dirá que Jesús iba deprisa, como que le faltaba tiempo para llegar a Jerusalén. Ahora le vemos en una decisión firme, teniendo claro cuanto iba a suceder. Y ya desde unos primeros momentos, porque en esta ocasión van atravesando Samaría, van a aparecer las primeras dificultades. Ha enviado por delante a algunos de los discípulos buscando alojamiento, pero no lo encuentran; nadie quiere darles alojamiento porque subían a Jerusalén. Ya conocemos sus rivalidades y como los samaritanos decían que el monte santo no era Jerusalén, sino Garizin.

Pero podríamos recordar aquí con la falta de alojamiento aquello que un día había dicho, que el Hijo del hombre no tenía donde reclinar su cabeza. La pobreza de Jesús, la pobreza del seguidor de Jesús que no tiene tantas veces esos apoyos materiales que todos en el fondo buscamos. También les había dicho a los apóstoles que no llevaran ni bastón ni alforjas para el camino, que en la casa donde entraren allí permanecieran si eran bien recibidos, pero si eran rechazados marcharan a otra parte. ¿Será lo que ahora hace Jesús? Ante la reacción de los discípulos que poco menos que pedían que bajara fuego del cielo para castigarlos, Jesús les dice que han de marchar a otra parte. Jesús no perdió la paz. Siempre en camino. ¿Tomamos ejemplo para las reacciones que tengamos ante la oposición que encontremos?

No podemos perder la paz, perder los nervios como decimos habitualmente cuando tenemos que enfrentarnos a momentos o decisiones difíciles. Reconocemos que no es fácil. Parece que el espíritu del mundo nos envuelve o nos ciega. Soñamos quizás con tiempos de cristiandad, allí cuando parecía que todos tenían la misma fe y el mismo entusiasmo. Parece hoy como si todo hubiera cambiado. ¿Dónde está aquellos que llenaban nuestros templos o hacía multitudinarias procesiones? ¿Qué dejaron de todo aquello a sus hijos que hoy pasan de todo y en nada que sepa a religioso quieren participar? ¿Qué hondura le dimos a la fe que no supimos transmitir o es que nos habíamos quedado solo en lo externo?  

Pero cuando queremos seguir los pasos de Jesús en su espíritu tenemos que sentirnos fortalecidos, aunque el camino sea duro y difícil o nos encontremos a tantos indiferentes a nuestro lado que quizás siguen aprovechando lo religioso pero solo como base de sus actividades sociales. Yo miro, por ejemplo, en lo que se han quedado las fiestas de nuestros pueblos, las fiestas del Cristo, de la Virgen o del santo patrono del pueblo; ¿siguen siendo una expresión de fe comprometida o se queda solo en un motivo para otras actividades con lo que hacemos la fiesta? Lo pienso cuando en estos momentos a nuestro alrededor tantas fiestas se están celebrando, pero que tenemos que ver en qué se quedan.

Claro que no nos podemos cruzar de brazos y tenemos que tomar la decisión con Jesús de subir a Jerusalén. ¿Dónde estará hoy esa subida a Jerusalén en mi vida de cristiano para celebrar la Pascua con Jesús? No será fácil nadar a contra corriente de lo que hace el mundo, pero ahí tenemos que estar los cristianos aunque la decisión que tengamos que tomar sea costosa y difícil.

viernes, 11 de agosto de 2023

Seguir a Jesús con todas las consecuencias, una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El

 




Seguir a Jesús con todas las consecuencias, una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El

 Deuteronomio 4, 32-40; Sal 76; Mateo 16,24-28

En la vida tenemos que ir siempre haciendo opciones; tenemos que decidir lo que queremos, el camino que queremos tomar; escogemos y decidimos lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que deseamos tener y lo desechamos porque no nos guste, porque no nos valga para lo que nosotros queremos, lo que pueda ser un obstáculo a nuestros más profundos deseos.

Decidimos y escogemos las personas, los amigos, las cosas, lo que hacemos. Claro y lo hacemos desde unos criterios, desde unos principios, porque tampoco queremos dejarnos llevar por lo primero que se nos presente, tampoco queremos hacerlo desde unos caprichos egoístas; lo que nos obliga a pensar, a reflexionar, a encontrar los más hondos motivos. No lo queremos hacer de cualquier manera.

Algunas veces escogemos un camino que sabemos que va a ser costoso; pero es por la meta a la que queremos llegar, que queremos alcanzar; somos conscientes de ello y sabemos que merece la pena el esfuerzo, lo que nos exige un camino de superación, así como de aceptación de lo que es la realidad de nuestra vida. No es simplemente aquello de que sarna con gusto no pica, sino es la búsqueda de metas, los deseos de alcanzar algo grande aunque la pendiente sea costosa; y ahí siempre queremos poner nuestra ilusión, nuestro entusiasmo y también nuestra alegría.

Entendemos así las palabras que nos dice hoy Jesús en el evangelio. Desde que comenzó a hacernos el anuncio de la Buena Noticia de que el Reino de Dios nos llegaba, nos estaba invitando a que teníamos que hacer un cambio y una transformación grande en nuestra vida, empleaba la palabra conversión. Hoy nos invita a seguirle con todas las consecuencias; es una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El.

Eso significará que aquella primera petición que nos hacía de conversión para creer en la Buena Noticia que nos anunciaba tiene que hacer realidad en nosotros de forma clara y palpable. Su camino no es mirarnos a nosotros mismos para endiosarnos, su camino es una apertura a algo nuevo, a algo más grande y más alto, es una apertura nueva a los demás para mirarlos de manera distinta como tener una mirada distinta también sobre ese mundo que nos rodea y en el que tenemos que hacer realidad el Reino de Dios.

Significará más olvidarnos de nosotros mismos, para abrirnos mejor a ese Reino de Dios que hemos de vivir y en donde encontraremos la verdadera plenitud y felicidad. Significará afrontar la realidad de cada día de nuestra vida que seguirá estando llena de sombras, de momentos duros, de momentos difíciles, de momentos de lucha y esfuerzo por la superación.

Por eso nos habla de negarnos a nosotros mismos, que no es ni mucho menos anularnos, porque Dios siempre querrá la grandeza del hombre, pero es para encontrar esa verdadera grandeza. Por nos hablará de tomar la cruz, que no significa que tengamos que buscar lo duro y lo difícil, que tengamos que estar buscando el dolor y el sufrimiento, no es un martirizarnos de forma masoquista.

La cruz está ahí en el día a día de nuestra vida, porque seguirle a El no significa que ya están acalladas para siempre nuestras pasiones, no significa que no nos vayamos a enfermar o a tener accidentes en nuestra vida, no significa que no tengamos problemas  porque eso forma parte de la normalidad de la vida, pero nosotros tenemos un sentido nuevo que darle a todo eso, una fuerza distinta para afrontarlo y para superarnos.

‘Si alguno quiere venir en pos de mí, nos dice Jesús, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará’. Claro que nosotros tantas veces queremos ganar la vida con nuestros prestigios, con nuestros títulos, con el poder sea como sea, pero como termina diciendo Jesús, ‘¿pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Busquemos lo que de verdad importa, como nos dirá Jesús en otro momento, el Reino de Dios y su justicia que lo demás se nos dará por añadidura.

 

jueves, 23 de febrero de 2023

Encrucijadas en el camino ante las que tenemos que tomar nuestra decisión para seguir o no a Jesús, y El nos habla de tomar nuestra cruz de cada día

 


Encrucijadas en el camino ante las que tenemos que tomar nuestra decisión para seguir o no a Jesús, y El nos habla de tomar nuestra cruz de cada día

Deuteronomio 30, 15-20; Sal 1; Lucas 9, 22-25

En la vida continuamente nos vamos encontrando encrucijadas. Como cuando nos ponemos a caminar por cualquier calle de nuestra ciudad, y si queremos también en nuestros campos; a cada tramo del camino que vamos haciendo pronto nos encontraremos con el cruce de otra calle - ¿una encrucijada?, la palabra viene de ahí – y tenemos que decidirnos por donde vamos; ¿seguimos derecho? ¿Cogemos a un lado o a otro? Depende de donde queramos ir, por donde llegamos mejor, más cerca, con más facilidad; pero en nuestras manos está la decisión del camino que cogemos, dependiendo, como decíamos, del sitio a donde queremos llegar. ¿Tendremos clara nuestra meta, nuestro punto final?

Así decimos en la vida. Tenemos que estar tomando decisiones, escogiendo el mejor camino, teniendo seguridad de la meta que queremos alcanzar. Y no siempre es fácil; aquella calle, aquella avenida, aquella senda que se abre a un lado o a otro nos puede resultar atractiva; son tantas las cosas que nos atraen, nos llaman la atención, nos quieren distraer, nos pueden engañar con sus atractivos. Seguridades necesitamos.

De eso nos está hablando hoy la Palabra de Dios, nada más iniciar este camino de Cuaresma, que comenzamos ayer. Caminos de vida o caminos de muerte, caminos luminosos o caminos llenos de oscuridad, incertidumbres e inseguridades que nos podemos encontrar. ¿Qué queremos alcanzar? ¿Qué queremos ganar?

Cuidado con esta palabra que nos puede resultar engañosa. ¿Cuáles son los intereses de nuestras ganancias? Cuando hablamos de ganancias podemos materializarnos en exceso, estar pensando solo en ganancias materiales, ¿económicas? ¿Ganancias que nos hagan relumbrar ante el mundo que nos rodea? ¿Cuáles son esas luminosidades para la gente que está a nuestro alrededor? ¿Cuál es la luminosidad que queremos dar a nuestra vida?

Aquí se trata de coger el evangelio con las dos manos, sentirnos seguro con el evangelio, del mensaje que se nos está ofreciendo. Y la buena nueva que nos está ofreciendo Jesús en cierto modo nos inquieta, porque parece que no siempre coincide con nuestras aspiraciones o con nuestros sueños. Se nos habla de ganar el mundo, pero del peligro de perderlo; se nos habla de entregar la vida, aunque nos parezca que la perdemos, pero con lo que tendremos ganancia segura. Nos cuesta entender.

Pero es que antes Jesús nos ha hablado de cual es su camino. Es un camino de amor y de vida, pero por eso mismo es un camino de entrega y entrega hasta el final.El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’.

Decir que amamos puede resultarnos fácil de decir. Todos hablamos de amor, pero no siempre lo entendemos de la misma manera. Jesús nos habla de un amor que entraña padecimientos y muerte. Eso ya es otra canción que no es tan fácil de cantar. Por eso a los discípulos les costará tanto entenderla. Como nos cuesta a nosotros. Porque preferimos amor mientras nos van bien las cosas, cuando no cueste demasiado sacrificio, cuando yo puedo ir escapando sin muchas complicaciones. Pero de eso no es de lo que nos habla Jesús. Por eso algún día Pedro se rebelará contra esas palabras y anuncios de Jesús.

Por eso hoy Jesús nos dice que tenemos que ser capaces de coger la cruz. ¿Pero si el madero hasta es áspero al contacto con nuestras manos? Pero esa es la madera que quiere que Jesús cojamos, porque ahí está nuestra vida, nuestras cosas, nuestras luchas, lo que aspiramos y lo que soñamos, que tenemos que dejarlo a un lado muchas veces si queremos en verdad seguir a Jesús. Nos habla Jesús de negarnos a nosotros mismos, o sea que no nos pongamos nosotros los primeros y por delante, sino que seamos capaces de hacernos los últimos, porque siempre tenemos que ser servidores.

Son las encrucijadas que vamos a encontrar en el camino, y ante lo que tenemos que decidirnos, tomar decisión, queremos en verdad llegar hasta la meta. ¿Seremos capaces? ¿Seguiremos siempre buscando calles bien adoquinadas y caminos perfecta y cómodamente trazados?



jueves, 5 de enero de 2023

No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior, metámonos hondamente en nosotros mismos, pero también dejémonos conducir

 


No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior, metámonos hondamente en nosotros mismos, pero también dejémonos conducir

1Juan 3,11-21; Sal 99; Juan 1,43-51

En la vida nos encontramos con gente que nos dice siempre que tienen las cosas muy claras, que saben lo que quieren y no entienden a aquellos que cuando tienen que tomar una decisión importante se lo piensan mucho antes de decidirse. Nos creemos que tenemos las cosas claras y muchas veces es solo apariencia para sentirnos como por encima de los demás, pero seguro que allá en su interior tienen dudas como todos, se hacen sus razonamientos, porque en ocasiones también se llenan de desconfianza y guardan muchos secretos en su interior para no manifestar su fragilidad que es como la de todos aunque quieran manifestar otra apariencia.

Las decisiones no se pueden tomar a la ligera sobre todo en cosas fundamentales que de alguna manera definen nuestro ser, nuestro sentido de la vida y de las cosas, y los raíles por los que va a circular el tren de su vida. Mucho hay que rumiar en el interior, mucho también tenemos que dejarnos aconsejar, mucho cuidado hay que tener por otra parte con los prejuicios que se nos meten en la vida porque son malos consejeros, mucho tenemos que madurar en nuestro ser; es todo un proceso que todos intentamos seguir en la vida salvo que nos dejemos arrastrar por la superficialidad.

Es el diálogo que se plantea en el evangelio entre aquellos que son llamados o invitados a seguir a Jesús. Mucho tendrían que haber hablado en profundidad de esas inquietudes del alma entre Felipe y Natanael. Si Felipe cuando ha tomado la decisión de seguir a Jesús ante su llamada, viene a invitar a su amigo Natanael porque han encontrado al que anunciaban las Escrituras, presupone que entre ellos había habido íntimas conversaciones en la espera de la pronta llegada del Mesías, como todos deseaban.

Parece que la reacción de Natanael no era la que realmente esperaba Felipe cuando lo invita a venir a ver a Jesús, pero bien puede expresar esa lucha interior que el de Caná de Galilea estaba manteniendo dentro de sí. Salen a flote los prejuicios cuando le dicen que Jesús es de Nazaret y también esas disputas entre vecinos de pueblos colindantes sobre qué pueblo es el mejor o tiene mejores cosas. ‘¿De Nazaret puede salir algo bueno?’ le replica a Felipe.

Pero finalmente se deja aconsejar, se deja conducir y llega a la presencia de Jesús; bastarán pocas palabras, porque se siente interrogado y cautivado al mismo tiempo por Jesús. Le recuerda Jesús la rectitud de su corazón, a pesar de sus dudas y desconfianzas, de sus recelos y sus prejuicios; Jesús le está dando un voto de confianza cuando lo valora y le da su importancia.

A todos nos gusta sentirnos valorados; a todos nos gusta que nos recuerden algo bueno que podamos tener en nosotros y que quizá no siempre se manifiesta; le hace pensar Jesús en los secretos de su corazón, pero quizá de esas inquietudes que lleva dentro de sí. Siempre nos ponemos a hacer muchas cavilaciones sobre el sentido de las palabras de Jesús cuando le recuerda que lo había visto bajo la higuera; simplemente Jesús lo hace reflexionar y meterse dentro de sí pero para salir con mas fuerza a buscar.

Es el reconocimiento que Natanael hace de Jesús con lo que afirma mucho más de lo que le había anunciado su amigo Felipe. Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. A lo que replicará Jesús: ‘Mayores cosas verás’. Algo nuevo y grande se está abriendo en la vida de quien desde ahora va a ser discípulo de Jesús.

No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior; no temamos tener que darle mil y una vueltas cuando todavía no vemos las cosas claras, metámonos hondamente en nuestro interior, pero también dejémonos conducir. Ese camino en el que muchas veces alguien tendrá que llevarnos de la mano va a terminar con un encuentro de luz y de vida, como le sucedió a Natanael. Demos los pasos con confianza. El Espíritu del Señor está con nosotros y es la luz para nuestro camino, la sabiduría de nuestra vida.

miércoles, 4 de enero de 2023

Qué buscamos muchas veces cuando también nosotros nos ponemos en camino, cuando nos acercamos a algo o alguien, vayamos tras Jesús y encontraremos respuesta

 


Qué buscamos muchas veces cuando también nosotros nos ponemos en camino, cuando nos acercamos a algo o alguien, vayamos tras Jesús y encontraremos respuesta

1Juan 3, 7-10; Sal 97; Juan 1, 35-42

Cuando entramos en comunicación con alguien del que poco sabemos y con el que vemos la posibilidad de entrar en amistad suelen ser las diversas preguntas que se cruzan entre una y otra parte en ese deseo y curiosidad, por qué no decirlo, de conocer, de saber del otro. ¿De dónde eres? Es una de las preguntas que siempre está a mano, puede o no marcar la diferencia y las características de la persona, porque en fin de cuentas somos hijos de nuestro pueblo, pero de alguna manera es un dato que queremos conocer.

No iban ser menos aquellos dos discípulos de Juan que se fueron tras Jesús cuando Juan lo señala como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El interés que ahora muestran por Jesús lleva algo hondo en sus espíritus, pues no en vano habían venido a escuchar a Juan, en la orilla del Jordán, porque inquietud había en sus corazones ante la palabra que Juan pronunciaba. Tras lo que señala Juan quieren conocer algo más, quieren saber más, por eso en su inquietud se van tras Jesús y surge la tan socorrida pregunta.

Claro que entonces la pregunta había ido precedida por otra de no menor calado. Cuando Jesús siente que hay quien le sigue de cerca, aunque aun no se atreven a acercarse del todo y entablar alguna conversación, es el que volviéndose a ellos les pregunta. ‘¿Qué buscáis?’

Qué buscamos muchas veces cuando también nosotros nos ponemos en camino, cuando nos acercamos a algo o alguien, cuando nos ponemos a dar vueltas y vueltas y ya no se trata solo de caminos por algunos lugares, sino más bien muchas veces dentro de nosotros porque hay algo que nos inquieta, algo que nos llama la atención, algo que nos hace hacernos preguntas, algo que nos hace quedarnos como extasiados por tantas vueltas que le damos a las cosas en la cabeza que al final no sabemos ni donde estamos.

Nos hacemos preguntas, porque buscamos un sentido para las cosas que suceden; nos hacemos preguntas porque parece en ocasiones que andamos desorientados; nos hacemos preguntas, porque hay cosas que nos llegan al corazón, o que surgen desde lo  hondo del corazón sin saber por qué; nos hacemos preguntas, porque la actitud, el compromiso, la dedicación y entusiasmo de alguien cercano a nosotros nos hace sentirnos contradictorios dentro de nosotros mismos que nos parece que no seriamos capaces de hacer lo mismo o nos hace preguntarnos si nosotros somos capaces de hacer lo mismo; nos hacemos preguntas… ¿qué buscamos?

Son importantes en la vida esas preguntas y no tenemos que rehuirlas, aunque a veces nos dé miedo el compromiso al que nos podría llevar su respuesta. Está por medio el sentido de una vida, está por medio una llamada y una vocación que podemos sentir, está por medio lo que nosotros queremos hacer con la vida, está por medio ese mundo que también parece que nos está llamando, un mundo que nos puede arrastrar por derroteros de rutina o de simplemente ‘vivir la vida’ como tantos en el mundo sin mayor preocupación, o nos está llamando porque sentimos que hay algo nuevo que nosotros podemos construir en él.

Jesús les preguntaba qué es lo que buscaban y ellos como a tropezones o mordiéndose la lengua porque no sabían qué decir, simplemente le preguntan de donde es, donde vive. Realmente es mucho más la pregunta que ellos quieren hacer a Jesús pero como nos sucede tantas veces no sabemos ni qué decir, ni qué es lo que realmente buscamos, qué es lo que queremos.

La respuesta de Jesús es sencilla. ‘Venid y lo veréis’. Y se fueron con El y con El estuvieron aquel día o aquella tarde. Más tarde siempre recordarán que sería como las cuatro de la tarde la hora de aquel encuentro que tan decisivo iba a ser en sus vidas. Ahora ellos buscan y quieren saber donde vive Jesús, o algo más de la vida de Jesús, pero será un día Jesús el que los llame y los invite a seguirle. Ellos entonces no tuvieron miedo, estarían temerosos como es normal, pero tomaron la decisión de ir con Jesús para ver donde vivía, para ver cómo vivía. Andrés ya podría más tarde decirle a su hermano Simón que habían encontrado al Mesías.

Y nosotros, ¿qué preguntamos? ¿Qué buscamos? ¿Estaríamos dispuestos a irnos con Jesús?

martes, 14 de diciembre de 2021

Promesas, bonitas palabras, buenos propósitos… no pueden quedarse en la rutina de siempre sino que hay que despertar

 


Promesas, bonitas palabras, buenos propósitos… no pueden quedarse en la rutina de siempre sino que hay que despertar

Sofonías 3,1-2.9-13; Sal 33; Mateo 21,28-32

Todos conocemos al clásico charlatán, hablador hasta por los codos, que siempre quiere quedar bien con todo el mundo y a todos dice que les va a facilitar las cosas, que les va a ayudar en esto, en aquello y lo de más allá, pero que sabemos que son solo palabras, fantochadas, apariencia porque pronto todas sus promesas se van a quedar en nada.

Exagero quizá un poco en la descripción, pero es para que caigamos en la cuenta que de alguna manera todos hacemos un poco de la misma manera. Cuántas promesas nos hacemos, y por empezar, tenemos que decir que a nosotros mismos, diciendo que vamos a hacer esto o aquello, que nuestra vida va a cambiar, que de ahora en adelante todo no va a ser igual porque nosotros hemos tomado una determinación muy en serio. Pero ¿qué nos suele pasar? Agua de borrajas, todo se nos queda en bonitas palabras y en bonitos deseos, en promesas y en propósitos, pero no terminamos de comenzar a dar lo pasos necesarios para que nuestra vida sea distinta. ¿Qué nos pasa? ¿Falta de voluntad? ¿Ilusión de un día? ¿Sueños maravillosos?

Tenemos la experiencia de lo que nos ha pasado tantas veces; tras unos días de reflexión – quizás unos ejercicios espirituales -, tras un momento de especial fervor en nuestra vida como una semana santa que hemos querido vivir con fervor, tras un parón que nos hecho dar en la vida algo que escuchamos como un sermón o la palabra de Dios que un día nos caló cuando la escuchamos el domingo en Misa, quizás un mal momento por el que hemos pasado con duras experiencias, sufrimientos, agobios o angustias, nos dijimos que íbamos a cambiar, que todo iba a ser diferente, pero pronto volvimos a la rutina de siempre y no terminamos de responder a esa llamada de gracia que un día sentimos.

Promesas y promesas, palabras y palabras, propósitos y propósitos, pero rutina al canto del día que nos hace quedarnos en lo que estábamos. Lo de siempre.

Quizá miramos a nuestro alrededor y vemos que una persona que antes nos parecía despreocupada de todo, ahora lo vemos comprometido, lo vemos participando en diferentes acciones, lo vemos implicado en actividades de la Iglesia, y dentro de nosotros en lugar de sentir alegría porque una persona haya encontrado su rumbo en la vida, nos surge en nuestro interior la duda y la desconfianza, estamos viendo dobles intereses en lo que hacen los demás, y nuestro corazón lleno de envidia siempre querrá destruir es buen paso que ha dado alguien en la vida.

Cuánto nos falta del sentido de Cristo en nuestro actuar y en nuestro pensar, en la pureza que tendría que haber en nuestro corazón, o en los deseos de estimulo que tendríamos que tener con esas personas. Que duros de corazón nos volvemos.


Es en lo que quiere hacernos reflexionar hoy el evangelio. Nos dice el evangelista que Jesús estaba mirándoles a los ojos a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Y les habla con esa parábola de los dos hijos a los que el padre envió a su viña. Mientras uno buenas promesas se presenta como cumplidor pronto deja de hacer lo que le pide su padre, mientras que el rebelde que de entrada había dicho no, pronto se arrepiente y va a hacer lo que el padre le ha pedido.

Pero termina Jesús con palabras fuertes para aquellos que le escuchan y que siempre andan con sus apariencias y vanidades presentándose como cumplidores pero con el corazón bien lejos del mandamiento del Señor. Y les dirá: ‘En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis’.

Los que consideraban pecadores y eran objeto de todo desprecio y discriminación se van a adelantar en el Reino de Dios. ¿Quiénes escucharon a Juan en el desierto? Lo hemos escuchado estos días que son los publicanos y los que se consideraban pecadores los que iban a escucharle. ¿Qué es lo que vemos en el resto del evangelio en relacion a Jesús? Estará siempre rodeado de gente pecadora que busca encontrar la vida y la salvación escuchando las palabras de Jesús. Le echarán en cara precisamente a Jesús que come con publicanos y pecadores.

¿Qué nos estará pidiendo el Señor en este camino de Adviento que estamos haciendo? ¿Nos quedaremos en una respuesta superficial?

 

domingo, 10 de octubre de 2021

Sepamos valorar lo que somos para discernir la verdadera sabiduría arriesgándonos por el camino de vida que nos ofrece Jesús que nos lleva a la plenitud

 


Sepamos valorar lo que somos para discernir la verdadera sabiduría arriesgándonos por el camino de vida que nos ofrece Jesús que nos lleva a la plenitud

Sabiduría 7, 7-11; Sal. 89; Hebreos 4, 12-13; Marcos 10, 17-30

Saber valorar lo que somos o lo que tenemos es una gran sabiduría. No es cuestión solamente de cuantificar lo que tenemos como quien está contando una y otra vez las riquezas materiales que tiene, sino que es sobre todo ver lo que somos pero no por las cosas materiales que poseamos sino por el espíritu con el que vivimos sabiendo valorar lo que verdaderamente tiene importancia en la vida. 

La sabiduría, como la verdadera riqueza no está en las cosas que poseemos sino en ese yo profundo que saber encontrar un sentido y un camino para ser en plenitud y para darle el valor que en verdad tiene todo aquello que poseemos. No se mide la grandeza del hombre por los codos o centímetros que mida en altura, ni se mide su sabiduría por el peso de sus bolsillos. Serán otras las medidas y será otra cosa lo que se ha de pesar porque será lo que se lleva en el corazón lo verdaderamente importante.

Se postró ante Jesús alguien que es cierto llevaba una inquietud en su corazón aunque no sabía qué respuesta darle o cómo resolver los planteamientos que se hacía dentro de sí. ¿Cómo conseguir la vida eterna? fue la pregunta que de alguna manera le estaba haciendo a Jesús. Cuando hablamos de conseguir algunas veces hablamos de comprar o también podemos pensar qué tenemos que hacer o qué tenemos que gastar para conseguir eso que ansiamos. La pregunta y la petición podía tener, es cierto, algunos matices según se mirara.

Jesús le plantea un sentido de vida. Le señala los mandamientos que son un cauce de vida. El hombre era bueno, cumplía los mandamientos. Como le responde, eso se lo habían enseñado de niño y de niño siempre había tratado de cumplirlos. Jesús sigue señalando un camino de vida, mira a ver lo que tienes y qué es lo que vas a hacer con ello; mira lo que tienes y trata de discernir cuál es el verdadero tesoro que tienes; mira si eres capaz de despojarte de lo que tienes para que pueda tener un tesoro en el cielo; mira lo que tienes y piensa en cuánto puedes hacer con todo eso y beneficiarás a los demás, a los pobres, a los que tienen menos que tú, a los que no tienen nada.

Llegaba el momento del discernimiento, llegaba el momento de encontrar la verdadera sabiduría, llegaba el momento de descubrir cuál era la verdadera riqueza que tenía en su interior, no solo lo que podía pesar en sus bolsillos. Algunas veces las decisiones se hacen difíciles, nos cuesta discernir lo que es verdaderamente importante; y aparecen los apegos del corazón, las búsquedas de seguridades en la vida y la incertidumbre de lo que sería un nuevo estilo y sentido de vida, el miedo a entrar por caminos de valentía que en este caso tendrían que pasar por el desprendimiento, la inseguridad de cual es la verdadera riqueza que hace grande al hombre.

En este caso la decisión fue muy dura. Era un hombre rico, pero no alcanzó a descubrir la verdadera sabiduría de su vida. Lo nuevo que se le planteaba humanamente no le daba seguridades, porque si se desprendía de todo le parecía que el mundo se quedaba vacío bajo sus pies. No supo mirar más allá de lo que tenía, no supo mirarse profundamente dentro de sí mismo para descubrir lo que era lo verdaderamente importante, no supo discernir de que no iba a perder si a tener unas ganancias más estables porque eran ganancias de eternidad, no supo descubrir que había una riqueza que podría generar mucho más en él y en los demás si lo que tenía era capaz de ponerlo al servicio de los otros.

‘¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!’ sentenciará Jesús. No dice Jesús que las riquezas sean malas ni sean malos los que las poseen. Pero pueden convertirse en un obstáculo. Cuando no sabemos qué hacer con lo que tenemos, cuando solo pensamos en acumular para que nos pesen los bolsillos o nos brillen los oropeles, cuando no sabemos darle una utilidad a la vida y a lo que somos dando rendimiento a nuestros valores porque eso es lo más importante, cuando seguimos con nuestros apegos porque creemos que en ellos es donde tenemos la seguridad de nuestra vida, cuando tenemos miedo de lanzarnos a un sentido nuevo y a un camino nuevo que se abre delante de nosotros por las dudas e incertidumbres que agobian el corazón.

Los que en la vida arriesgan son los que tienen posibilidades de ganar, de alcanzar metas, de abrirse a algo nuevo, de encontrar las más grandes satisfacciones. Hay gente que es timorata en los negocios y nunca llegará a nada sino que tienen el peligro de hundirse más en la pobreza; pero en este camino de la vida, en este camino de la vida cristiana es donde no tenemos que ser timoratos sino arriesgarnos porque sabemos de quién nos fiamos y quien va delante de nosotros.

Queremos seguir el camino de Jesús y El nos hará alcanzar la verdadera sabiduría. Dejémonos envolver por la acción de su Espíritu.


lunes, 28 de octubre de 2019

Aprendamos a sentir la presencia de Dios en nosotros para que nuestra reflexión se convierta en oración en la que invoquemos y escuchemos la inspiración del Espíritu



Aprendamos a sentir la presencia de Dios en nosotros para que nuestra reflexión se convierta en oración en la que invoquemos y escuchemos la inspiración del Espíritu

Efesios 2,19-22; Sal 18; Lucas 6,12-19
Un signo de la madurez de la persona es que nos hace reflexivos, nos hace mirar la vida con otros ojos, siempre inquisidores, siempre buscando lo mejor, siempre queriendo sacar lo mejor de uno mismo y de la vida; siempre queremos aprender, enriquecernos de la vida misma, pero también sacando a flote lo mejor de nosotros mismos y desarrollando también nuestros valores; eso que queremos hacer con nosotros mismos queremos hacerlo con los demás ayudando en esa reflexión, ayudando a que cada uno se encuentre a si mismo y encuentre también el lugar y la misión que tenemos en la vida. Es algo bueno y hermoso, para nosotros y también en lo que repercute en los demás.
Cuando llega el momento de tomar una decisión nos lo tomamos en serio, por eso nos lo pensamos una y otra vez para encontrar lo mejor, reflexionamos hondamente lo que algunas veces nos llevar a tener que tomar nuestro tiempo. Pero quiero añadir algo, el hombre de fe, el creyente no solo trata de reflexionar por si mismo queriendo echar mano de sus conocimientos o de su experiencia; el creyente busca la luz e inspiración del Señor. Por eso el creyente acude a la oración.
La simple reflexión no es oración, y es en lo que algunas veces nos creamos confusión incluso dentro de nosotros mismos; la oración es sentir la presencia del Espíritu del Señor en ese momento, es invocarle y es querer escucharle, porque el Señor se nos manifiesta, nos hace sentir su presencia, nos hace escuchar su voz, inspira esa reflexión que nos hacemos.
Oración no es solamente ponernos a pensar, es abrir nuestro corazón a Dios, a su presencia, a la fuerza de su Espíritu. Y es que el verdadero creyente se siente siempre en la presencia de Dios, vive en una comunión con el Señor abriendo su corazón a su Palabra, abriendo su corazón a la presencia del Espíritu Santo. El verdadero creyente es siempre un hombre, una persona espiritual.
Hoy hemos escuchado en el evangelio que paso toda la noche en oración y a la mañana siguiente llamó a los discípulos y escogió a doce a los que llamó apóstoles.  ‘Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles’ que nos dice el evangelio. Un momento importante en el camino de Jesús y en la constitución del Reino de Dios. Iba a escoger a aquellos a los que confiaría una especial misión dentro de la comunidad. Seria lo que estarían siempre a su lado y a los que prepararía de una manera especial porque a ellos les iba a confiar de manera especial la misión del anuncio por el mundo del Reino de Dios. Y Jesús pasó la noche en oración. Hermoso ejemplo para nuestra vida.
Escuchamos hoy este evangelio en la fiesta que estamos celebrando de dos de los apóstoles, san Simón y san Judas Tadeo. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular’, que nos decía el apóstol. Y éste es el sentido profundo que hemos de darle a la celebración de la fiesta de los apóstoles, que nos hace entroncarnos de verdad con la Iglesia. Hemos desvirtuado en muchas ocasiones el sentido de la fiesta de los apóstoles, como un poco maleamos la devoción que le tenemos a los santos. Parece que hemos de tenerle devoción por lo más  menos milagrosos que sean. Hay algo mas profunda que da sentido a su santidad, y es su fidelidad en el camino del Señor, de lo que nosotros tenemos que aprender.
En el caso de los santos apóstoles que  hoy celebramos vemos con demasiada frecuencia que muchos dicen que son muy milagrosos y que son especiales abogados para unos determinados malos, y ahí nos quedamos tan tranquilos. Desvirtuamos lo que tiene que ser la devoción a los santos.
¿Pensamos acaso en estos dos santos que  hoy celebramos que fueron apóstoles del Señor, de los que estuvieron siempre a su lado y a los que Jesús confió la misión del anuncio del Reino de Dios por el mundo? ¿No sería por esos caminos por donde tendríamos que imitarlos en un deseo de vivir una profunda intimidad con el Señor y sentir cómo su misión es nuestra misión y hemos de sentirnos comprometidos en el anuncio del evangelio del Reino en medio de nuestro mundo? Porque tendremos mucha devoción a los santos a los que convertimos en abogados frente a no sé que males, pero quizá muchas veces lo menos que nos interesa en ese anuncio y esa vivencia del Evangelio, del Reino de Dios. Es para pensar.