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sábado, 11 de junio de 2022

Aprendamos a discernir para descubrir y valorar a tantos a nuestro lado capaces de manifestar también con sus obras las maravillas de Dios

 


Aprendamos a discernir para descubrir y valorar a tantos a nuestro lado capaces de manifestar también con sus obras las maravillas de Dios

Hechos de los apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97; Mateo 5, 33-37

Algunas veces tenemos la tendencia de hacer las cosas solos y no sabemos confiar en nadie; nos parece quizás que nosotros sabemos hacer bien las cosas y que las hacemos mejor y lo tremendo es que no sabemos descubrir los valores de los demás y darles la oportunidad de que ellos desarrollen cuanto valen. Es una buena sabiduría y un signo también de nuestra madurez humana el ser capaces de fijarnos en los otros para saber descubrir cuánto bueno tienen en sí mismos y cuánto podrían desarrollar desde una responsabilidad que le confiemos y no pensar que solo por nosotros mismos seremos capaces de hacerlo todo.

Es la tarea educadora de unos padres que saben descubrir los distintos valores que tienen los hijos y que no son solo lo que nosotros queremos que sean, sino lo que ellos por sí mismo tienen y pueden desarrollar; es la tarea de todo educador y de todo aquel que se considere de alguna manera dirigente de la sociedad; saber discernir, saber descubrir, saber valorar, saber dejar hacer confiando en el otro, saber dejar que cada uno aporte su granito de arena en esa sociedad en la que vivimos.

Alguien al hilo de esta reflexión se podría estar preguntando a qué viene todo esto. Me vais a permitir que lo diga ya así claramente de entrada, es lo que vemos que supo hacer san Bernabé a quien estamos celebrando en este día. Pudiera parecer que hacemos un aparte en la continuidad del texto evangélico que se nos va proclamando en estos días, pero no nos alejamos del espíritu del evangelio cuando contemplamos la obra de san  Bernabé.

El texto escogido en la liturgia de este día nos lo presenta enviado por la comunidad de Jerusalén cuando tienen conocimiento de cómo va creciendo la nueva comunidad de Antioquia. Los Apóstoles atentos a la proclamación del evangelio que les ha confiado Jesús, quieren tener un conocimiento directo de las noticias tan esperanzadoras que llegan de Antioquía y envían a alguien de confianza, Bernabé. El ‘consolado’, lo ha venido a definir previamente el texto de los Hechos, y ya se nos habló de su generosidad para desprenderse de sus bienes a la hora de la conversión y poner todo a los pies de los apóstoles para que se cubrieran las necesidades de aquella Iglesia naciente. Ya vamos viendo una cualidad valiosa de este que sin ser del grupo de los doce, sin embargo es considerado también como un apóstol.

Es en Antioquía desde donde va a resplandecer aun más su figura. Es ‘un hombre lleno del espíritu Santo y de fe’ y sabrá discernir cuánto sucede en aquella comunidad animándolos a todos en su fe. Allí es necesario alguien más y marcha a Tarso a buscar a Saulo para incorporarlo a la predicación y enseñanza en aquella comunidad, dando incluso la cara por Pablo, cuando aún algunos tenían cierta desconfianza en él.

Pero sabrán dejarse conducir por el Espíritu Santo que estando la comunidad en oración sienten como son escogidos para ser enviados a una misión evangelizadora que sería principio de grandes viajes apostólicos. Bernabé se lleva consigo a Saulo - a partir de Chipre ya comenzará a llamársele Pablo -, y también a Juan Tomás, aunque posteriormente él les abandone en su camino para volverse a la comunidad de origen. Será un primer viaje recorriendo gran parte del Asia Menor, donde irá dejando la iniciativa a Pablo, sabiendo hacer ese discernimiento para encontrar al gran apóstol de los gentiles como se le llamará.

A su regreso serán otros los viajes y las tareas que se le encomendarán y subirán a Jerusalén para en aquel primer concilio de los Apóstoles tener también su palabra  desde la experiencia vivida para que el evangelio se abra también a los gentiles sin necesidad de imponerles la ley y las costumbres judías. Será la apertura a nuevos rumbos y a nuevos horizontes de la predicación del evangelio y en lo que tuvo buena parte este apóstol lleno también del Espíritu para discernir lo que era la obra de Dios.

Un estímulo hermoso para nuestra vida, y para la vida de nuestras comunidades cristianas. Ojalá sepamos tener ese espíritu de discernimiento para descubrir la obra de Dios en lo que hacemos, pero también en lo que hacen tantos a nuestro lado que quizá no siempre tenemos en consideración. Desgraciadamente muchas veces andamos con nuestros celos llenos de desconfianzas y desaprovechamos la obra de Dios que se está manifestando en el buen hacer de quien está a nuestro lado y que quizá no le prestamos atención.

Nos quejamos en ocasiones de que nuestras comunidades cristianas están muertas, que no surgen nuevas personas inquietas y con deseos de trabajar, pero quizás los que ya estamos en esas tareas no hemos sabido discernir, estamos llenos de desconfianzas hacia los otros, y no descubrimos cuántos apóstoles pueden estar escondidos a nuestro lado, como verdaderos diamantes en bruto, en personas a las que solamente tendríamos que hacerles una invitación, tener un gesto de cercanía y confianza y ya serían capaces de hacer también las maravillas de Dios en nuestro mundo que tanto lo necesita.

sábado, 22 de febrero de 2020

La fiesta de la Cátedra de san Pedro que hoy celebramos nos invita a vivir en comunión con Papa y con toda la Iglesia universal escuchando la Palabra que nos guía




La fiesta de la Cátedra de san Pedro que hoy celebramos nos invita a vivir en comunión con Papa y con toda la Iglesia universal escuchando la Palabra que nos guía

1Pedro 5, 1-4; Sal 22; Mateo 16, 13-19
Hoy es una fiesta litúrgica muy especial para toda la Iglesia aunque con especial relevancia en la Iglesia de Roma. Es por eso por lo que hemos vuelto a escuchar el evangelio que recientemente se nos ha ofrecido en la liturgia de cada día del tiempo ordinario. Hoy es la fiesta llamada así de la ‘Cátedra de san Pedro’.
¿Qué significado tiene? La cátedra es la sede desde la que enseña el maestro, el catedrático. Algo así como la silla donde se sienta para impartir con autoridad su enseñanza. Para que un poco nos entendamos recordemos que los profesores titulares, podríamos llamarlos así, de una universidad son los catedráticos, tienen cátedra, tienen la autoridad de la enseñanza porque así se le reconoce siendo así algo más que un titulo, porque es la autoridad de su saber, de su enseñanza.
Hablar de la Cátedra de Pedro es pensar en la autoridad que le dio Jesús sobre toda la Iglesia. ‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré la Iglesia… Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’. Así lo hemos escuchado hoy en el evangelio, como podríamos recordar que le dice que se mantenga firme para que confirme en la fe a los hermanos. Y ya sabemos como después de la resurrección allá en la orilla del lago de Galilea le confirma esa misión tras aquella triple declaración de amor, ‘apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos…
Antes de la reforma del calendario litúrgico tras el concilio Vaticano II había dos fiestas de la Cátedra de Pedro, una celebrada en este día 22 de Febrero que era la llamada Cátedra de Antioquia, y el 18 de enero se celebraba la Cátedra de Roma. Se unificaron en una sola celebración en este día sin mención especial al lugar sino al hecho de la Cátedra.
Así como tenemos en Roma con todo esplendor el signo de esa Cátedra y recordamos como en la Basílica de san Pedro el Ábside de la Basílica está totalmente dedicado a la Cátedra de Pedro, sin embargo en Antioquia de Siria – hoy territorio turco – que tanta importancia tuvo en la iglesia primitiva porque allí fue donde primeramente se llamaron cristianos los seguidores del camino de Jesús no quedan restos ni señales como no hay vestigios del cristianismo primitivo. Recordemos todo lo que se dice de la comunidad de Antioquia en los Hechos de los Apóstoles. En las afueras de la ciudad nos encontramos unas ruinas muy mal conservadas de lo que pudo haber sido un templo que nos recuerdan esa Iglesia primitiva y esa cátedra de Pedro en aquel lugar. He podido tener la suerte de estar en ese lugar.
Pero centrémonos en lo que ha de significar esta fiesta y celebración en nuestra vida cristiana. Una invitación a la comunión, porque nos sentimos una Iglesia de Cristo que en comunión con el Papa y todos los Obispos, sucesores de Pedro y de todos los apóstoles conformamos la Iglesia de Cristo sobre la tierra. Una invitación a dejarnos conducir y a dejarnos guiar, manteniendo íntegra nuestra fe, alimentando ese amor de comunión en la celebración de la Eucaristía y de todos los sacramentos, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios que con toda fidelidad nos transmite la Iglesia. Sabemos que la Iglesia está asistida por la fuerza del Espíritu del Señor que nos prometió que estaría siempre con nosotros hasta el final de los tiempos.
Esa Iglesia que conformamos todos los que creemos en Cristo como nuestro Salvador, aunque en medio de debilidades y también muchas veces oscuridades queremos mantener íntegra nuestra fe y nuestro amor. Porque confiamos en la asistencia y fuerza del Espíritu nos sentimos seguros en nuestro caminar y nos sentimos fortalecidos para el amor y para la comunión. Es una invitación a que nos sintamos Iglesia, a que amemos a la Iglesia como cosa nuestra que es, a que con orgullo nos manifestemos también como miembros de esa Iglesia y la defendamos también cuando es necesario.
Es ese espíritu de comunión el que nos hace escuchar con toda atención y amor la enseñanza de la Iglesia que nos llega por el ministerio del Papa y de los Obispos. Prestemos atención a su palabra, a su enseñanza.

lunes, 11 de junio de 2018

Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe al que tenemos que imitar en la pequeñez de nuestra vida pero con lo que hemos de ser signos para los demás


Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe al que tenemos que imitar en la pequeñez de nuestra vida pero con lo que hemos de ser signos para los demás

Hechos de los apóstoles 11, 21-26; 13 1-3; Sal 97; Mateo 10,7-13

En la vida nos encontramos a veces a esas personas de una gran bondad, de una mansedumbre exquisita, dispuestos siempre a escuchar con atención, que no suelen ser personas de muchas palabras, pero que cuando abren a boca para decir algo nos encontramos una gran sabiduría en sus palabras que nos ayudan a reflexionar, a encontrar luz en nuestros conflictos interiores o con los demás y que quizá desaparecen de nuestra vida pero nos han dejado una hermosa huella en nosotros. Cuando encontramos personas así decimos que hemos encontrado un tesoro, y estaríamos dispuestos a lo que fuera para estar cerca de ellos, escucharles, atender a sus consejos y de alguna manera tenerlos como una referencia positiva en la vida.
Es un mirlo blanco, quizá decimos, porque en medio de un mundo de muchas palabras y violencias en todos los sentidos encontrar esa mansedumbre y esa sabiduría expresada quizá en breves sentencias, realmente nos puede sonar algo extraño y que de alguna manera en el fondo desearíamos encontrar y tener a nuestro lado y hasta desearíamos tener esa sabiduría. Algunas veces quizá los tenemos ante los ojos, pero en nuestras carreras y agobios no somos capaces de darnos cuenta, sino quizás cuando ya no los tenemos.
Hoy estamos celebrando la fiesta de alguien, a quien incluso damos el nombre de apóstol, pero al que apenas oímos hablar en todo el relato bíblico. Sin embargo fue una pieza importante en el desarrollo de aquellas primeras comunidades cristianas e incluso en la tarea evangelizadora de la Iglesia. Se trata de Bernabé, convertido en los primeros momentos de la evangelización pero con una radicalidad absoluta. Vendió las posesiones que tenia y puso el dinero a disposición de la Iglesia para atender a las necesidades de los huérfanos y las viudas en aquella primera comunidad de Jerusalén.
Le veremos luego que es enviado por los Apóstoles a Antioquia de Siria cuando llegan noticias a Jerusalén cómo allí crece el numero de los cristianos – es en Antioquia donde primero se comienza a llamar cristianos a los discípulos de Jesús – ‘y vio cómo Dios los había bendecido, y se alegró mucho. Animó a todos a que con corazón firme siguieran fieles al Señor. Porque Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Y así mucha gente se unió al Señor’. 
Será la iniciativa de Bernabé la que le impulsa a ir a Tarso a Buscar a Saulo para incorporarlo a las tareas de la Iglesia. Y es allí en Antioquia donde recibirán la inspiración y consagración del Espíritu para ir como enviados de la Iglesia a predicar el evangelio en nuevos lugares, primero Chipre y luego a través de casi todo el Asia Menor, hoy gran parte de Turquía. Será el inicio del primer viaje misionero de Pablo, pero que va acompañado por Bernabé. Más tarde se separarán, volviendo Bernabé a su tierra de origen y siguiendo Pablo otros derroteros, como ya todos conocemos.
Mientras en los primeros conflictos que van surgiendo en las primeras comunidades, Bernabé con Pablo subirán a Jerusalén donde se celebra lo que llamamos el primer concilio de Jerusalén e igualmente será enviado Bernabé para comunicar a las Iglesias, sobre todo en Antioquia, las decisiones que se habían tomado.
Es una reseña muy breve de quien hoy estamos celebrando, el Apóstol Bernabé. Resaltamos su generosidad y desprendimiento, pero también su presencia aparentemente silenciosa junto a aquellas primeras comunidades cristianas que van surgiendo; su presencia y su mediación, su dejarse conducir por el Espíritu, su saber encontrar a aquellos heraldos del Evangelio que luego harán su anuncio por todas partes, su dejarse conducir por el Espíritu de Señor para aquellas misiones que se le quieren confiar donde es capaz de descubrir siempre lo que es la voluntad del Señor.
Que seamos capaces nosotros de dejarnos inundar por esa sabiduría de Dios para que nuestra vida, aunque parezca silenciosa, por el testimonio de lo que hacemos y vivimos sea también un signo para los demás. No tendremos quizá que realizar grandes misiones en la vida y nuestra vida por la razón que sea puede ser una vida aparentemente callada  y escondida.
No tenemos por qué estar buscando reconocimientos ni brillos especiales por grandes cosas. Algunas veces podríamos estar soñando con esas cosas. Pero sí hay siempre un testimonio que dar, un signo que nosotros podemos ser para los demás, en nuestro silencio o en nuestra palabra prudente que queremos que esté llena de la sabiduría de Dios.
Seamos ese hombre bueno y llenos del Espíritu y de fe, como se definía a Bernabé. Seremos quizá piedras pequeñas que podemos parecer insignificantes, pero somos también piedras necesarias en la construcción del Reino de Dios allí donde estemos y con lo que podamos hacer. Lo que no tenemos que hacer nunca es cruzarnos de brazos.

sábado, 11 de junio de 2016

Llevemos con orgullo el nombre de cristianos porque ser cristiano, ser ‘cristo’, es ser signo con nuestra vida de la vida de Cristo

Llevemos con orgullo el nombre de cristianos porque ser cristiano, ser ‘cristo’, es ser signo con nuestra vida de la vida de Cristo

Hechos  11, 21-26; 13 1-3; Sal 97; Mateo 10,7-13

Hoy estamos celebrando la fiesta de san Bernabé asociado en el nombre en la tradición de la Iglesia a los llamados apóstoles. Natural de Chipre lo vemos en Jerusalén desde el inicio de las primeras comunidades cristianas, además con gestos bastante hermosos de lo que significaba para él el seguimiento de Jesús pues se desprendió de todos sus bienes para entregarlo a la comunidad.
Lo vemos enviado a la comunidad de Antioquia desde la comunidad madre de Jerusalén, y allí se convierte en un gran animador de aquella comunidad. Pronto veremos su relación con Pablo – aún es llamado Saulo - al que va a buscar a su retiro de Tarso para incorporarlo a las tareas de la evangelización. En el texto que hoy se nos ofrece vemos como el Espíritu que anima la comunidad cristiana los escoge para enviarlos a una nueva misión evangelizadora; es lo que llamamos el primer viaje de san Pablo que con tanto detalle nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Hemos escuchado en el texto de los Hechos de hoy algo que casi nos podría pasar desapercibido. Fue en aquella comunidad donde a los seguidores de Jesús, a los discípulos se les comenzó a llamar cristianos. ‘Allí, en Antioquía, fue donde por primera vez se dio a los discípulos el nombre de cristianos’. Es bien significativo. Son los discípulos, los que creen en Jesús, pero los que viven la vida de Jesús de manera que son otros cristos, por eso son llamados cristianos.
Hemos de tomarnos muy en serio el nombre de cristiano. Simplemente decimos que somos cristianos porque estamos bautizados. Es verdad que esa tiene que ser la raíz, porque bautizarnos significa incorporarnos a Cristo para vivir su vida. La fuerza del Espíritu nos regala la vida de Dios, es cierto, para hacernos hijos de Dios. Pero siendo sinceros tendríamos que preguntarnos si esa es en verdad nuestra vida. Vivir la vida de Cristo para ser otro con Cristo, para configurarnos con El de manera que nosotros seamos también ‘cristo’ no es cualquier cosa ni se hace o vive de cualquier manera.
Tendríamos que sentirnos en verdad transformados para ya no vivir nuestra vida, a nuestra manera, según nuestros criterios, sino para vivir en otro sentido, en otro vivir que es vivir a Cristo y como Cristo. Por eso decíamos que hemos de tomarnos en serio el nombre de cristiano. No es un adorno que pongamos a nuestra vida, es un nuevo sentido, un nuevo vivir. De aquellos primeros cristianos se decía por parte de los paganos ‘mirad cómo se aman’, ¿se podrá decir eso mismo de nosotros?
Hoy estamos celebrando a quien vivió un desprendimiento total, como ya recordábamos; en ese desprendimiento y generosidad vivió su vida para dejarse conducir por el Espíritu allá donde quería llevarle o en la misión que se le confiaba. Una disponibilidad total es lo que vemos en el apóstol san Bernabé en las misiones que la Iglesia le confiaba.
Llevemos con orgullo el nombre de cristianos, porque en verdad reflejemos en nuestra vida y en nuestras obras la vida y las obras de Cristo. Ser cristiano, ser ‘cristo’, es ser signo con nuestra vida de la vida de Cristo.

jueves, 11 de junio de 2015

Profetas y misioneros en comunidades proféticas y misioneras

Profetas y misioneros en comunidades proféticas y misioneras

Hechos,  11, 21-26; 13 1-3; Sal 97; Mateo 10,7-13
La comunidad de Antioquia era una comunidad abierta al evangelio pero con un espíritu misionero para llevar el anuncio de la Buena Nueva a los demás. Aquel primer pequeño grupo de creyentes en Jesús, que precisamente en esa comunidad comenzaron a llamarse cristianos, abrió sus puertas para que se incorporaran al camino del evangelio no solo los judíos sino también los que provenían del mundo pagano.
Allá envían desde la comunidad de Jerusalén a Bernabé - cuya fiesta hoy celebramos - que al ver ‘cómo Dios los había bendecido, se alegró mucho, animó a todos a que con corazón firme siguieran fieles al Señor… Y así mucha gente se unió al Señor’. Pero no se quedó ahí la misión de Bernabé sino que va en busca de Saulo hasta Tarso para traerlo e incorporarlo a la tarea de la evangelización.
Los primeros momentos de la predicación de Saulo después de su conversión estuvieron llenos de peligros dado su ardor, y los discípulos le recomendaron que se fuera a su ciudad de Tarso; es por lo que lo encontramos allí. Pero ahí está la visión profética de Bernabé para saber contar también con Saulo en la tarea del anuncio del Evangelio.
Pero hoy escuchamos al final del texto cómo, inspirados y con la fuerza del Espíritu, aquella comunidad se desprenderá de la presencia de Bernabé y Saulo para enviarlos a la misión del anuncio del Evangelio por otros lugares. Será el inicio del primer viaje apostólico de Saulo, que pronto comenzará a llamarse Pablo, y luego de otros muchos, siempre partiendo de aquella comunidad llevando el evangelio por toda el Asia Menor y saltando al continente europeo en Macedonia, Tesalónica y Grecia.
Es ese ardor profético y misionero de aquella comunidad y de aquellos apóstoles lo tenemos que resaltar y que tendría que ser buen ejemplo y estimulo para nuestras comunidades hoy. ¿Serán así nuestras comunidades cristianas? ¿Hay en nosotros ese empuje misionero para llevar el anuncio de Jesús y su evangelio a los demás? Hoy hemos escuchado en el evangelio el mandato de Jesús de ir por el mundo anunciando su evangelio.
Los cristianos muchas veces vivimos como adormecidos en nuestra fe y se nos enfría ese empuje apostólico. Tenemos el peligro de llenarnos de rutina haciendo siempre las mismas cosas y viviendo encerrados en nuestro círculo. Pero quien ha recibido el anuncio del Evangelio esa alegría de la fe no se la puede guardar solo para sí; tiene que contagiarla, trasmitirla, comunicarla. El mundo en que vivimos necesita de ese anuncio del evangelio que lo llene de esperanza.
De la misma manera que aquella comunidad de Antioquia supo sintonizar con el Espíritu y se dejó conducir, así necesitamos hacerlo hoy en el momento que vivimos. Escuchemos al Espíritu que mueve nuestros corazones. No nos hagamos sordos ni insensibles a sus mociones y a su llamada.


martes, 28 de abril de 2015

La madurez de una comunidad cristiana tiene que manifestarse en su espíritu misionero para anunciar la Buena Nueva de Jesús

La madurez de una comunidad cristiana tiene que manifestarse en su espíritu misionero para anunciar la Buena Nueva de Jesús

Hechos,  11,19-26; Sal 86; Juan 10, 22-30
Un signo de madurez es la forma cómo afrontamos las dificultades y los problemas que nos van apareciendo en la vida; la entereza con que los afrontamos nos denotan esa fortaleza interior que tiene una persona madura y que ha sabido fundamentar bien su vida. En lugar de encerrarse en si mismo ese fuego interior le hace abrirse a los demás, luchando y compartiendo, amando la vida y queriendo compartirla en lo bueno con los demás y recibiendo al mismo tiempo el aliciente de los que están a su lado apoyándolo en su duro caminar. No es fácil, pero ahí, como decíamos, se manifiesta la madurez de su vida, capaz de dar fruto aun en las más fuertes adversidades. ¿Seremos capaces de hacerlo así?
Así se manifestaba la Iglesia ya desde el principio guiada siempre por el Espíritu del Señor. Es lo que hoy contemplamos en los Hechos de los Apóstoles. A raíz del martirio de Esteban se desató una violenta persecución contra todos los que creían en Jesús lo que hizo que los discípulos se dispersasen por distintos lugares. Llegan así muchos seguidores de Jesús incluso a Antioquía de Siria y allí comienzan a anunciar el nombre Jesús no solo a los judíos sino también a los griegos. Cuando se emplea esta expresión en el nuevo Testamento se refieren por un lado a los prosélitos, o sea los judíos provenientes de la gentilidad, o también a los propios gentiles o paganos. Es lo que sucede en Antioquía y la comunidad crece y se expande.
Bajará a Antioquia Bernabé enviado por la Iglesia de Jerusalén que ‘al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor’. Mas tarde le veremos ir a Tarso a buscar a Saulo que se unirá a su predicación en aquella comunidad, de la que, como veremos más adelante, partirán con la misión del anuncio de Jesús a distintos lugares.
Creo que la lección de aquellas primeras comunidades cristianas sigue teniendo gran actualidad en nuestro momento presente. Algunas veces nos parece vernos acobardados cuando oímos noticias de dificultades o incluso persecuciones contra los cristianos en el mundo de hoy, o cuando contemplamos la dificultad para hacer el anuncio de la buena nueva de Jesús a nuestro mundo que en nuestro pesimismo vemos tan lleno de tantos males. No era fácil hacer el anuncio de Jesús en aquellos tiempos, como reconocemos que ahora tampoco nos es fácil.
Pero, ¿quién guía y conduce a la Iglesia? ¿es solo una obra de hombres de buena voluntad? Tenemos que aprender a confiar en el Espíritu del Señor que nos da fortaleza y precisamente ahí, en este momento si queremos llamarlo así de dificultades, tenemos que manifestar nuestra madurez cristiana. Como decíamos antes en lo humano, así tiene que manifestarse la madurez de los cristianos, la madurez de nuestras comunidades cristianas que tienen que ser en verdad misioneras en el mundo en el que vivimos.
Que el Espíritu del Señor nos dé esa fortaleza y esa sabiduría.

miércoles, 11 de junio de 2014

Bernabé, un hombre que se deja conducir por el Espíritu Santo con un corazón generoso, lleno de fe y rebosante de amor



Bernabé, un hombre que se deja conducir por el Espíritu Santo con un corazón generoso, lleno de fe y rebosante de amor

Hechos, 11, 21-26; 13, 1-3; Sal. 97; Mt. 10, 7-13
Celebramos a san Bernabé ‘hombre lleno de fe y de Espíritu santo, designado para llevar a las naciones el mensaje de salvación’, como expresamos en la oración litúrgica y cuyo nombre significa ‘consolador, el que trae el consuelo’, como lo expresa el mismo libro de los Hechos cuando nos lo presenta. No forma parte del grupo de los Doce, sin embargo es considerado como un Apóstol, y así la liturgia lo designa en esta fiesta, de manera que incluso en la liturgia eucarística se puede utilizar el prefacio de los Apóstoles.
De origen chipriota, donde incluso terminaría sus días, era levita del templo, y se convirtió a la fe podríamos decir desde la primera hora, porque ya aparece su figura en los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles. En el primer momento en que aparece es para destacar su generosidad y desprendimiento porque ‘tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles’. Eran los momentos de aquella primera comunidad de Jerusalén donde todo lo tenían en común, nadie pasaba necesidad entre ellos porque todo lo compartían como expresión de su amor y comunión.
De gran prestigio en la comunidad de Jerusalén, cuando la Iglesia se expande y llegan noticias de cómo se ha formado una comunidad en Antioquía de Siria, allí es enviado para que sirva de apoyo a aquella comunidad que allí se va formando. ‘Cuando llegó y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró y se puso a exhortar a todos para que se mantuvieran fieles al Señor, pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe, de manera que una multitud considerable se adhirió al Señor’. Servirá Bernabé de enlace y de carta de presentación de Saulo, recién convertido, a quien va a buscar a Tarso para traérselo a Antioquia, donde durante un año instruyeron a muchos. Ahora los veremos juntos durante un tiempo, en su subida a Jerusalén y en el viaje apostólico que luego iniciarán.
Es aquí donde hemos de destacar algo importante. Es la elección por parte del Espíritu Santo de Pablo - aun se llamará Saulo - y Bernabé para una misión que se les va a confiar. ‘Un día mientras oraban y ayunaban, el Espíritu Santo se manifestó en aquella comunidad de Antioquía: Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión que les he encomendado. Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron’. Fue el inicio del primer viaje apostólico de Pablo y Bernabé, primero por Chipre, la tierra de Bernabé, y luego por muchos lugares del Asia Menor.
Más tarde, después de la vuelta y subida a Jerusalén, cuando van a emprender de nuevo viaje por aquellas comunidades que habían constituido, por desencuentros entre ambos, se separaron y Bernabé se va a Chipre, mientras Pablo continua con su viajes.
Hasta aquí de forma muy resumida lo que se nos dice de Bernabé en el libro de los Hechos de los Apóstoles, y de lo que podemos sacar un mensaje hermoso para nuestra vida y nuestro camino de fe y nuestro camino apostólico.
¿Qué podemos destacar? Un hombre bueno, lleno de fe y lleno del Espíritu Santo que se desprende de todo generosamente por la causa del Reino de los cielos. Y no solo es el hecho de que vendiera sus bienes para ponerlos a disposición de la comunidad que nos habla mucho de su generosidad, sino que es la disponibilidad de su vida para ir allí donde el Espíritu del Señor le va conduciendo. Así baja primera a Antioquía enviado por la comunidad de Jerusalén, pero así está dispuesto a ponerse en camino para anunciar el Evangelio allí donde el Espíritu Santo le va llevando, no sin dificultades, problemas, sacrificios y hasta persecuciones. Un hombre que se deja conducir por el Espíritu Santo con un corazón generoso, lleno de fe y rebosante de amor.
‘Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca… lo que habéis recibido gratis, darlo gratis’, escuchábamos a Jesús en el Evangelio. ¿Aprenderemos del testimonio tan hermoso que nos ofrece san Bernabé?

martes, 30 de abril de 2013


Como aquellas comunidades tengamos interés y sintamos como propia toda la actividad y vida de la Iglesia

Hechos, 14, 18-27; Sal. 144; Jn. 14m 27-31
‘Se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir’. Recordamos cómo estando la comunidad en oración en Antioquía Saulo y Bernabé fueron escogidos por el Espíritu para una misión que se les iba a confiar. Con esa fuerza del Espíritu habían recorrido grandes territorios anunciando la Palabra de Dios.
El texto que hoy escuchamos es el final de ese viaje que nos resume la actividad que iban realizando. ‘En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor en quien habían creído’. Ahora ‘al llegar a Antioquía, reunieron a la comunidad, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe’.
Hay varios aspectos que convendría destacar. La tarea no fue fácil; el recorrido fue largo y en no todos los lugares tuvieron la misma acogida y aceptación. No faltaron las persecuciones como Jesús lo había anunciado, y ya habíamos contemplado al principio de los Hechos de los Apóstoles. En Iconio habían intentado ya apedrear a Pablo y Bernabé y se habían marchado a Listra y Derbe. En principio habían sido bien aceptados pero llegaron judíos de Antioquía de Pisidia y de Iconio y soliviantaron a la gente de manera que apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad.
Pero el apóstol continúa con su misión en su fidelidad al encargo recibido del Señor. Es como lo vemos completar el recorrido y van dejando fortalecidas aquellas incipientes comunidades de creyentes. ‘Se habían abierto a los gentiles las puertas de la fe’, dirían más tarde. Todo terminan compartiéndolo con la comunidad de donde habían partido ‘con la gracia del Señor’.
Alguien podría pensar - y algunas veces uno lo ha escuchado - qué nos puede interesar todos esos recorridos y esas peripecias de los apóstoles recorriendo esos caminos de anuncio del Evangelio. Son historias pasadas, escuchamos en ocasiones decir algunos. Historias pasadas, respondemos, que tienen su actualización en el día a día del anuncio del Evangelio hoy.
Pero ¿en verdad hoy nuestras comunidades están interesadas por las tareas de la evangelización que la Iglesia va haciendo por todas partes? Hemos de reconocer, es la tarea de la Iglesia, es nuestra tarea. Realizada por nuestros misioneros, nuestros sacerdotes, la gente comprometida en el apostolado en distintos movimientos dentro de la Iglesia, pero hemos de sentir que es la tarea de todos y a todos tendría que afectarnos.
Tendríamos que mostrar más interés por lo que sucede en nuestra iglesia, y no solo para criticarla si hay cosas que no nos gustan o alguien hace algo mal. Es interés por todo lo que realiza la Iglesia, y deberíamos tener más conocimiento de lo que se hacen en nuestras parroquias, o en las comunidades cristianas de nuestro entorno, como en todo el ámbito de la Iglesia.
Nos hablaban hoy los Hechos de los Apóstoles de la persecución que en este caso sufrió Pablo al ser apedreado, pero ¿somos conscientes de tantos cristianos que en tantos lugares de nuestro hoy, en nuestro siglo, siguen sufriendo persecución? En muchos lugares no se deja predicar el evangelio, hablar de Jesús, o se queman nuestras Iglesias o se mira mal las actividades de los cristianos, pero seguimos quizá sin enterarnos o no le damos importancia, o son noticias que no salen nunca en las primeras páginas de los medios de comunicación.
Que se despierte nuestro amor a la Iglesia; que busquemos la manera de tener conocimiento de todo lo que es la vida de la Iglesia. Que con nuestra oración seamos esa comunidad que está detrás apoyando toda esa inmensa labor que realiza la Iglesia en tantos ámbitos tan diversos también. Oremos por la Iglesia.

martes, 23 de abril de 2013


Por primera vez comenzaron a llamarse cristianos

Hechos, 11, 19-26; Sal. 86; Jn. 19, 22-30
‘Fue en Antioquia donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos’. Hasta ahora eran simplemente los discípulos de Jesús, ‘los que seguían aquel camino’ como se referirá a ellos en otro momento el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero ahora con la expansión, llegando a Antioquia de Siria y donde nacería una comunidad de gran importancia en la Iglesia primitiva y donde se anunciaba también a los gentiles el nombre del Señor Jesús comienzan a llamarse cristianos.
Jesús había enviado a sus discípulos por todo el mundo a predicar el Evangelio de manera que todo el que creyese y se bautizase, alcanzase la salvación; ahora con la dispersión provocada por la persecución que se había desatado en Jerusalén y el martirio de Esteban vemos cómo llega el anuncio del evangelio a Antioquia como a otros muchos lugares.
Ayer escuchábamos cómo Pedro, impulsado por el Espíritu, había ido a casa de un gentil al que también había bautizado; tuvo que dar sus explicaciones a la comunidad de Jerusalén porque en principio solo hablaban de Jesús a los judíos; estaba claro que el evangelio había de extenderse por todas partes y a todos había de anunciarse. Ahora contemplamos en la comunidad de Antioquía que también comenzaron a hablar de Jesús a los gentiles que también abrazaban la fe.
Pero otro aspecto que podríamos destacar es la unidad entre todos los que creen en Jesús. Se irán creando y estableciendo distintas comunidades por todas partes en la medida en que se anuncia el Evangelio, pero siempre habrá una unidad en todos los creyentes. Cuando los cristianos de Jerusalén tienen noticia de esa nueva comunidad muy floreciente en Antioquía envían a Bernabé como un signo de comunión. ‘Al llegar y ver la acción de la gracia de Dios se alegró mucho y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño…. y una multitud considerable se adhirió al Señor’.
Ya el libro de los Hechos hizo mención de Bernabé por el testimonio que dio al vender sus posesiones para generosamente entregarlo todo para ayudar a los pobres y nadie pasara necesidad, pero ahora veremos la importancia que Bernabé tuvo en la Iglesia primitiva, que sin ser del número de los Doce se le considera también como un Apóstol. A Antioquía vino enviado por la comunidad de Jerusalén y en diferentes asuntos que surgieron entre ambas comunidades lo veremos a El como un mediador.
Hoy lo vemos que toma la iniciativa de ir a Tarso a buscar a Saulo - hemos escuchado hace días su conversión y tras momentos de tensión que se habían creado con su predicación y anuncio del evangelio, había marchado a su pueblo de origen, Tarso de Cilicia - y Bernabé lo trae ahora porque ambos van a realizar una gran tarea en la Iglesia naciente.
Es hermoso ir contemplando este camino de la Iglesia naciente y como se va propagando; pero es algo que tendría que hacernos pensar y que tendría que servirnos a nosotros de estímulo para esa tarea del anuncio del evangelio, de llevar el nombre de Jesús a los demás. Un cristiano nunca se puede cruzar de brazos en esta maravillosa tarea de la evangelización. Nos gozamos viendo el crecimiento de la Iglesia, pero hemos de poner también el granito de arena de nuestro esfuerzo, de nuestro testimonio para que así podamos hacer que cada día más muchos puedan alabar el nombre del Señor.
Que el Señor nos dé ese espíritu apostólico y misionero para que sintamos la urgencia de la evangelización de nuestro mundo. Si para nosotros es un gozo el creer y en Cristo Jesús encontramos el sentido y el valor de nuestra vida, ¿por qué no hacer partícipes a los demás de esa alegría y todos puedan sentirse iluminados por la luz de la fe? ‘¡Ay de mí, si no evangelizare!’ decía en una ocasión san Pablo en sus cartas. Es el compromiso que hemos de sentir en nuestro corazón, es el ardor de nuestro espíritu para anunciar la Palabra de Dios a los demás.
Que todos puedan llevar el nombre de cristianos porque en verdad nos adhiramos con toda firmeza y valentía a Jesús y a su evangelio.

sábado, 5 de mayo de 2012


Luz de los pueblos desde nuestra unión con el Señor realizando sus mismas obras

Hechos, 13, 44-52; Sal. 97; Jn. 14, 7-14
‘Yo te haré luz de los gentiles, para que seas la salvación hasta los extremos de la tierra’. Es lo que recuerda el apóstol ante el rechazo que en la sinagoga de Antioquía se tiene contra la Buena Nueva que anuncia Pablo. Desde ahora no sólo se va a anunciar el evangelio a los judíos y en las sinagogas sino que será Buena Nueva para todos los pueblos. Hasta entonces la predicación de los apóstoles comenzaba haciendo el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio a los judíos y en las sinagogas.
Nos recuerda lo que el Señor le decía a Ananías en referencia a Saulo cuando la conversión en el camino de Damasco. ‘Este hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes y a los israelitas. Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre’. Un instrumento elegido por el Señor para dar a conocer el nombre de Jesús, para llevar el mensaje de salvación a todos los pueblos. Pablo será el apóstol de los gentiles y recorrerá el mundo anunciando el evangelio de Jesús.
Estamos viendo también cómo junto a momentos de entusiasmo donde muchos aceptan el evangelio se suceden momentos de dificultad, de oposición y de persecución. Al final Pablo y Bernabé tendrán que marchar de Antioquía de Pisidia por la oposición que le hacen los principales entre los judíos y marchará a Iconio. Más tarde volverá por allí, ya lo escucharemos. Pero la decisión de Pablo motivará la alegría de los gentiles que habían abrazado la fe. ‘Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron mucho y alababan la Palabra del Señor… y los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo’. ¿Será así nuestra alegría por el don de la fe y nuestra alabanza al Señor por la Palabra que se nos proclama?
En el evangelio estamos escuchando un texto que ya esta semana hemos tenido ocasión de escucharlo y meditarlo en la fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago; ayer escuchamos también una parte de dicho texto. Pero la riqueza de la Palabra del Señor nos ayuda a seguir encontrando un mensaje rico y hermoso para nuestra vida. La gracia que nos trae la Palabra del Señor no se agota nunca.
Cuando los discípulos le manifiestan su deseo de conocer al Padre del que Jesús tanto les habla les enseña cómo conociendo a Jesús podremos conocer a Dios. Es Jesús el camino cierto que nos lleva hasta Dios. ‘Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre’, les dice. ‘Yo estoy en el Padre y el Padre en mí’, les enseña; ‘si no, creed a las obras… el que cree en mí también hará las obras que yo hago y aún mayores’.
Es impresionante lo que nos está diciendo Jesús. La unión de Jesús con el Padre, que se manifiesta en las obras que realiza, que son las obras del Padre, ha de ser también la unión que nosotros hemos de tener con Jesús desde nuestra fe en El y de la misma manera entonces nosotros hemos de hacer las obras de Jesús. Unirnos a Jesús, ser una cosa con Jesús es nuestra tarea; es a lo que nos tiene que llevar nuestra fe en El. Porque la fe que tenemos en Jesús no es como un adorno externo, sino que tendrá que traducirse en esa unión profunda con Cristo que nos tiene que llevar necesariamente a la santidad, a una vida santa. Santidad y unión que se manifestará en las obras de nuestra fe y de nuestro amor. ¡Cuánta exigencia y cuánta grandeza!
Ya en los textos que siguen que escucharemos tanto el domingo como en los próximos días se nos hablará de esa necesaria unión con el Señor, porque si no estamos unidos a El nada somos ni nada podemos hacer. Es más, si no estamos unidos a El no habrá vida verdadera en nosotros. Una exigencia y un compromiso para nuestra oración, para nuestra escucha del Señor, para nuestra vivencia sacramental para dejarnos inundar continuamente por la gracia del Señor. 

viernes, 4 de mayo de 2012


La esperanza puesta en las promesas tiene su cumplimiento fiel

Hechos, 13, 26-33; Sal. 2; Jn. 14, 1-6
La esperanza puesta en las promesas tiene su cumplimiento fiel. La esperanza no defrauda, como nos dirá en otro lugar la Escritura santa. Hay un anuncio y promesa de salvación que Dios nos ha hecho desde el principio de la historia de la salvación y que tiene su fiel cumplimiento en Cristo Jesús. El amor de Dios es un amor fiel. La Alianza de amor que Dios nos ofrece es Alianza de fidelidad por parte de Dios.
Es el anuncio fundamental que hace Pablo en la sinagoga de Antioquía, como hoy hemos escuchado. ‘Nosotros os anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús’. Hace el apóstol un recorrido por toda la historia de la salvación del Antiguo Testamento  - parte del mismo fue el texto del jueves de esta cuarta semana de pascua que ayer no pudimos escuchar por ser el día de los Apóstoles Felipe y Santiago - para llegar al momento culminante de la resurrección de Jesús que es su principal anuncio.
Estamos siguiendo el recorrido del primer viaje apostólico de Pablo y Bernabé. Después de haber predicado en Chipre saltan al continente por Perge, desde donde Juan Marcos se regresa a Jerusalén, y hacen un largo recorrido para llegar a Antioquía de Pisidia, donde se sitúa el texto de hoy.
En varios momentos de esta parte del discurso de Pablo – después de su paso por Chipre ya se le llamará Pablo siempre en lugar de Saulo – se hace mención a ese cumplimiento de las Escrituras, como ya hacíamos referencia. ‘Cumplieron todo lo que estaba escrito de El’, nos dice en referencia a toda la pasión y muerte de Jesús.
Es el designio de Dios, un designio de salvación para nosotros que pasa por la pasión y muerte de Jesús y su resurrección. No era solo la voluntad de los hombres, sino era sobre todo el amor de Dios que quería ofrecernos una nueva vida, quería ofrecernos la salvación. ‘No se haga mi voluntad sino la tuya’, había orado Jesús en Getsemaní. Y así Jesús se entregó en la suprema entrega de amor que fue su muerte en la cruz para nuestra salvación. Las promesas de salvación de Dios tienen su cumplimiento. La esperanza está realizada y cumplida.
Todo esto tiene que alentar nuestra fe y avivar nuestra esperanza en el día a día de nuestra vida. El amor de Dios nunca nos fallará. Fallaremos nosotros porque no siempre somos fieles y ahí está nuestro pecado para demostrarlo. Pero Dios es fiel y siempre nos ofrece su salvación, su amor, su perdón, su gracia, su vida.
Habrá momentos en nuestra vida que se  nos pueden hacer difíciles y costosos y pareciera que estamos llenos de tinieblas. Sepamos abrir los ojos de la fe y sabremos descubrir que la luz del amor de Dios no se apaga nunca. Y eso es lo que tiene que hacernos perseverar a pesar de nuestra inconstancia y nuestra debilidad, a pesar de nuestros tropiezos y nuestras marchas atrás en tantas ocasiones. Pero el amor del Señor estará siempre a nuestro lado. Su presencia no nos faltará y nos dará continuamente su gracia.
En ese camino de alentar nuestra fe esperanza y nuestra confianza en Dios nos viene bien escuchar lo que se nos ha proclamado hoy en el evangelio. ‘No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí’, nos dice Jesús. Y nos habla del cielo a donde nos quiere llevar. ‘Me voy a prepararos sitio’, nos dice, ‘volveré y os llevaré conmigo’. Es nuestra meta definitiva. Sigamos su camino, ya que El nos está diciendo hoy que es el Camino, y la Verdad, y la Vida. Vayamos de la mano de Jesús y llegaremos a Dios, llegaremos a la visión de Dios, al cielo. La esperanza puesta en las promesas tiene su cumplimiento fiel. Jesús es garante de ello.

miércoles, 2 de mayo de 2012


Con este misión del Espíritu… zarparon para Chipre para el anuncio del Evangelio

Hechos, 12, 24-13,5; Sal. 66; Jn. 12, 44-50
‘Yo he venido al mundo como luz, y así el que cree en mí no quedará en tinieblas’, nos ha dicho Jesús. Queremos estar a su luz; queremos poner toda nuestra fe en El; no queremos apartarnos de sus caminos; nos sentimos impulsados a llevar su luz a los demás.
¡Cuántas tinieblas tendríamos que hacer desaparecer de nuestro mundo! Que el testimonio de nuestra vida y de nuestro amor despierte la fe en los que nos rodean. Tiene que ser nuestro deseo y por lo que luchemos viviendo una vida de rectitud y de amor. Nos lo exige la fe que tenemos en Jesús. ¡Cuánto tenemos que hacer y cuánto podemos hacer si nos dejamos iluminar por la luz de Jesús!
En los Hechos de los Apóstoles, primera lectura, contemplamos el inicio del primer viaje apostólico de san Pablo. Hay un detalle importante. Pablo desde que tuvo su encuentro con Jesús en el camino de Damasco todo su deseo era hablar de Jesús y así lo había hecho hasta que tuvo que retirarse en principio a Tarso, su ciudad de origen, a donde lo fue a buscar Bernabé que lo trajo a la Iglesia de Antioquía. Veremos ya también junto a ellos a Juan Marcos, el Marcos evangelista del que estos días pasados ya hablamos en su fiesta.
Se nos hace una breve descripción de aquella comunidad, donde como en días anteriores escuchamos se comenzó a llamar cristianos a los seguidores del camino de Jesús. Hoy nos habla el texto de los diferentes carismas que resplandecían en aquella comunidad al hablarnos de algunos de sus miembros más destacados. ‘En la Iglesia de Antioquía, se nos dice, había profetas y maestros’. Y se nos hace una relación.
Pero era una comunidad que se dejaba conducir por el Espíritu del Señor. Cosa importante porque quien dirige realmente a la Iglesia de Dios es el Espíritu Santo que la asiste con su fuerza y con su gracia. Ayunaban y daban culto al Señor cuando sienten que el Espíritu Santo se manifiesta entre ellos.
‘Apartadme a Bernabé y a Saulo para la tarea a la que los he llamado’. Vuelven a ayunar y a orar y les imponen las manos. Signo de gran significado la imposición de las manos como expresión de la asistencia y la gracia del Espíritu. Signo que se repite en la liturgia de la Iglesia en momentos bien significativos para expresar esa presencia del Espíritu. Se imponen las manos al que va a recibir el Sacramento de la Confirmación, al que es ordenado sacerdote, sobre el pan y el vino de la Eucaristía para que sean para nosotros por la fuerza del Espíritu el Cuerpo y la Sangre del Señor, en los diversos sacramentos como la Penitencia o la Unción de los enfermos, como signo de bendición…
Ahora reciben la fuerza del Espíritu Bernabé y Saulo para la misión y la tarea a la que han sido llamados. Van a comenzar su largo viaje apostólico, primero por Chipre y luego por casi toda el Asia Menor. Ya seguiremos en los próximos días escuchando el relato de estos viajes de san Pablo. ‘Con esta misión del Espíritu, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre’, nos dice el texto sagrado. Seleucia era el puerto de mar cercano a Antioquía de Siria de donde habían partido.
Aparte del mensaje con que iniciábamos esta reflexión sobre la luz de Jesús que nos ilumina cuando creemos en El, quedémonos con este mensaje de la asistencia del Espíritu a la Iglesia de Dios en toda su tarea de anuncio del Evangelio y de vivencia de la salvación de Dios. Pongamos nuestra fe en el Espíritu Santo. Aprendamos a invocar al Espíritu Santo cuando vamos a emprender cualquier obra buena. Sintamos la fuerza del Espíritu Santo en nuestro corazón que nos moverá siempre a lo bueno y nos dará fuerza para apartarnos del camino del mal y del pecado. Escuchemos al Espíritu Santo que nos habla en nuestro interior y que será quien nos ayude a comprender y vivir todo el misterio de Dios.

martes, 6 de septiembre de 2011

Cristiano es el discípulo de Cristo


Col. 2, 6-15;

Sal. 144;

Lc. 6, 12-19

¿Qué es ser cristiano? Preguntaba el catecismo a lo que se respondía: Cristiano es el discípulo de Cristo. La misma palabra, cristiano, lo está diciendo, porque hace referencia a Cristo. Y ¿qué es ser discípulo? Discípulo es el que sigue a su Maestro. Somos cristianos, porque somos discípulos de Cristo, porque seguimos a Jesús. Al principio simplemente se decía discípulos de Jesús, pero ya sabemos cómo en la Iglesia de Antioquía pronto se comenzó a llamar cristianos a los seguidores del camino de Jesús. Así nos lo dice el libro de los Hechos de los Apóstoles.

¿Somos cristianos? ¿Somos discípulos de Cristo? ¿seguimos en verdad a Cristo como nuestro único Maestro, como nuestro único Camino, como nuestra única verdad? Es en lo que tendríamos que estar empeñados siempre.

De eso nos ha hablado hoy el apóstol en el texto de la Carta a los Colosenses que venimos escuchando. ‘Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded como cristianos…’ Y nos dice más: ‘Arraigados en El, dejáos construir y afianzar en la fe que os enseñaron y rebosad agradecimiento…’ Arraigados… es el cimiento de nuestra vida, de nuestra fe, Cristo Jesús, el Señor. Le escuchamos, nos apoyamos totalmente en El, lo metemos en nuestra vida, ponemos toda nuestra fe en El, como único fundamento y razón de ser de nuestra existencia. Cristo Jesús, que es el Señor, que es el verdadero Hijo de Dios encarnado para nuestra salvación. Cómo tenemos que fortalecer nuestra fe en El.

Es lo que queremos hacer cuando venimos aquí cada día a celebrar la Eucaristía. Queremos glorificar al Señor, darle gloria, cantar la mejor alabanza y darle gracias. Pero venimos a alimentarnos de El, a alimentar nuestra fe para que se mantenga íntegra y firme, para que se manifieste luego en todo lo que hacemos en la vida. Por eso escuchamos su Palabra, esa Palabra que nos ilumina la vida, que nos instruye y nos enseña, que nos señala los caminos por donde ha de transcurrir nuestra vida. Y nos alimentamos de Cristo en la Eucaristía donde El mismo se hace alimento, nos da a comer su Carne para que tengamos vida y tengamos vida para siempre.

Qué importante cómo vivamos la Eucaristía como todos y cada uno de los sacramentos. El Apóstol nos recuerda el Bautismo ‘por el que fuimos sepultados con Cristo y resucitado con El por haber creido en la fuerza de Dios que lo resucitó’. El Bautismo nos hizo partícipes de la redención de Cristo, de su muerte y resurrección para así llenarnos de su salvación. A partir del Bautismo ya somos unos partícipes de la resurrección; podemos decir, somos unos resucitados porque ya estamos llenos de su vida nueva. Estábamos muertos por el pecado, como nos dice el apóstol, ‘pero Dios os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados’.

¡Qué dicha haber merecido ese perdón que nos ha ofrecido el Señor! Más que merecimiento fue gracia, regalo de Dios. Bueno es que recordemos esto con frecuencia en nuestra vida, porque realmente tenemos que estar enriquecidos con una espiritualidad bautismal. Es el primero de los sacramentos que marca nuestra vida para siempre. Ya hemos de vivir una vida nueva; ya tenemos que sentirnos en Cristo vencedores del pecado; y eso tenemos que hacerlo realidad en nuestra vida en nuestra lucha contra el pecado, en el camino del bien y de la santidad que hemos de emprender.

Démosle gracias al Señor por la gracia de ser cristianos, discípulos de Jesús y la fe que nos ha regalado y plantado en nuestro corazón. Démosle gracias a Dios una y otra vez por nuestro Bautismo. Démosle gracias al Señor por la oportunidad que tenemos cada día de escucharle y alimentarnos de El en la Eucaristía que celebramos. Pidámosle que nos dé su gracia para que podamos vivir santamente nuestra vida.

sábado, 11 de junio de 2011

Bernabé, hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe



Hechos, 11, 21-26; 13, 1-3; Sal. 97; Mt. 10, 7-13


‘Era un hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe’. Así nos describe o define el autor de los Hechos de los Apóstoles a Bernabé. Su nombre era ‘José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa el hijo de la consolación, levita y natural de Chipre’.


El primer momento en que aparece en los Hechos es cuando en aquel compartir de los primeros cristianos vendió el campo que tenía y ‘llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles’. No formó parte nunca del grupo de los doce, pues su conversión sucedería después de Pentecostés, sin embargo la Iglesia también lo considera un apóstol.


Lo veremos ahora enviado a la comunidad de Antioquía que se abría también a los gentiles en nombre de los Apóstoles y la Iglesia de Jerusalén. Es el hombre que sabe descubrir donde hay un tesoro escondido y va en busca de Saulo a Tarso, que aunque tenían ciertos recelos hacia él a pesar de su conversión por su anterior vida en la que perseguía a los cristiano, supo descubrir en él al que sería el gran apóstol de los gentiles.


Escogido de manera especial por el Espíritu junto con Saulo emprenderá el largo recorrido de lo que se suele llamar el primer viaje de san Pablo, pero en el que ambos apóstoles tenían igual protagonismo en el anuncio del Evangelio. Lo veremos en distintos momentos, como el concilio de Jerusalén, pero ya en sucesivos viajes de san Pablo, Bernabé marchará por su lado y se dirigirá a Chipre de donde era natural.


Es el cumplimiento fiel de lo que hemos escuchado en el evangelio hoy: ‘Id y proclamad que el Reino de los cielos está cerca’. Es el anuncio de Cristo resucitado que los apóstoles van haciendo por todas partes construyendo así el Reino de Dios. Es el anuncio de la paz y del amor, dones también del Espíritu Santo, que van realizando y ¿cómo no? Bernabé, ‘hijo de la consolación’, como significaba su nombre, sembrando esa paz y armonía en aquellas comunidades, superando obstáculos y dificultades y logrando que ‘una multitud considerable se adhiriera el Señor’, como nos dicen los Hechos de los Apóstoles.


¿Cuál es el mensaje para nuestra vida? Volvemos a fijarnos en esa como definición que de él hace Lucas, ‘un hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe’. Es de notar como se resalta en el relato de los Hechos de los Apóstoles la presencia y la acción del Espíritu. Un hombre lleno del Espíritu Santo y escogido para el Espíritu para grandes misiones dentro de la Iglesia.


El Espíritu que había movido su corazón a la generosidad y al compartir; el Espíritu que ahora le conducía en el anuncio del Evangelio como misionero por todas partes; el Espíritu que le llenaba de sabiduría y prudencia en los distintos problemas de la Iglesia naciente donde le vemos actuando, unas veces enviado por los apóstoles, u otras interviniendo directamente como le vemos en el encuentro de de los anciones y apóstoles de la Iglesia de jerusalén.


Bien nos vienen estas consideraciones en el momento concreto en que tenemos la fiesta de este apóstol precisamente en la víspera de la celebración de Pentecostés. Con el ejemplo y testimonio de Bernabé también hemos de saber abrir nuestro corazón al Señor para dejar que el Espíritu nos inunda también con su gracia, con su sabiduría con todos su dones. Es lo que hemos venido pidiendo intensamente a lo largo de esta semana que nos ha servido como preparación para esta gran fiesta de Pentecostés.


Hemos pedido en las oraciones de la liturgia de hoy que ‘como Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo fue designado para llevar a las naciones el mensaje de la salvación, así nosotros proclamemos con la misma firmeza el evangelio de Cristo con fidelidad de palabra y de obra’. Que sintamos en nuestro corazón el mismo ardiente de san Bernabé para ‘llevar a las naciones la luz del evangelio’.

martes, 24 de mayo de 2011

Les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos

Hechos, 14, 18-27;

Sal. 144;

Jn. 14, 27-31

‘Al llegar a Antioquía de donde los habían enviado con la gracia de Dios… reunieron a la comunidad, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe’.

Al leer este texto de los Hechos de los Apóstoles confieso que siento una sana envidia en mi corazón por el espíritu de aquella comunidad de Antioquía que sentía como propio todo lo que los apóstoles enviados habían realizado y cómo ahora con gusto escuchaban los relatos que les hacían de su predicación. Ojalá nuestras comunidades cristianas, nuestras parroquias tuvieran ese mismo espíritu e inquietud.

Habían partido un día después que la comunidad había orado y les había impuesto las manos porque el Espíritu los había seleccionado para una misión que habían de realizar. Hemos venido escuchando el relato de la predicación de Pablo y Bernabé con todos sus detalles, incluso los malos momentos que habían pasado como el que hoy mismo se nos ha narrado. ‘Apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad dejándolo por muerto’, nos dice.

Pero continuaban los apóstoles la predicación por distintos lugares y hoy se nos narra ya como su regreso pasando de nuevo por aquellas comunidades que habian constituido al predicar el evangelio ‘animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios’. Espíritu y buen ánimo, perseverancia y aceptación también del sufrimiento o la persecusión a causa del Reino de los cielos. Nos recuerda las bienaventuranzas de Jesús.

Trataban los apóstoles de fortalecer a aquellas comunidades e iban dejando una incipiente organización de la Iglesia. ‘En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor en quien habían creído’. Las comunidades han de continuar su vida aún cuando los apóstoles no puedan estar siempre con ellos, porque como misioneros han de ir por otros lugares también anunciando el evangelio. Por eso designan a los ancianos, los presbíteros, que mantengan la unidad de la comunidad y que les ayuden en la perseverancia en la fe.

‘Tus amigos, Señor, anunciarán la gloria de tu reino’, repetimos orando en el salmo. ¿Qué queremos expresar? Es la misión que Jesús nos ha confiado cuando sube al cielo. Ir por todo el mundo anunciando el evangelio. Lo que estamos viendo en aquellas primeras comunidades cristianas, en los apóstoles, en este caso en Pablo y Bernabé en el relato de estos días. El espíritu misionero que siempre nos tiene que animar. Es la inquietud que hemos de sentir en nuestro corazón de que el evangelio de Jesús sea conocido en todas partes para que todos puedan igualmente bendecir al Señor.

Como seguíamos diciendo en el salmo como respuesta a la Palabra que vamos escuchando ‘que hablen de tus hazañas… explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado… pronuncie mi boca la alabanza del Señor, todo viviente bendiga su santo nombre por siempre jamás’.

El Papa nos ha invitado a que hoy de manera especial tengamos un recuerdo de la Iglesia de China. Es el día de María Auxiliadora, Auxilio de los Cristianos, el 24 de mayo, venerada con gran devoción bajo esta advocación en el Santuario de Sheshan en Sangay. La Iglesia en China, sobre todo en este momento, tiene necesidad de la oración de la Iglesia universal. Los católicos chinos, como han dicho muchas veces, quieren la unidad de la Iglesia universal, con el Pastor supremo, con el sucesor de Pedro. Con la oración podemos obtener para la Iglesia en China permanecer, una, santa y católica fiel y firme en la doctrina y en la disciplina eclesial. Ella merece todo nuestro afecto. Sabemos que, entre nuestros hermanos obispos, hay algunos que sufren y son oprimidos en el ejercicio de su ministerio episcopal. A ellos, a los sacerdotes a todos los católicos que encuentran dificultades en la libre profesión de la fe expresamos nuestra cercanía. Con nuestra oración podemos ayudarles a encontrar el camino para mantener viva la fe, fuerte la esperanza, ardiente la caridad hacia todos e íntegra la eclesiología que hemos heredado del Señor y de los apóstoles y nos ha sido transmitida con fidelidad hasta nuestros días. Con la oración podemos obtener que su deseo de estar en la Iglesia una y universal supere la tentación de un camino independiente de Pedro’.

Así se expresaba el Papa hace unos días pidiéndonos esa oración por China en especial y por todos aquellos lugares en que los cristianos están siendo perseguidos.


Si quieres saber mas de este santuario de China en honor de la virgen pincha aqui: http://advocacionesmarianas.netfirms.com/NS_she_shan.html