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jueves, 30 de julio de 2026

Sepamos ser ese discípulo que se ha enamorado del evangelio para sacar en cada momento de su riqueza lo que va a ser la sabiduría de nuestra vida

 


Sepamos ser ese discípulo que se ha enamorado del evangelio para sacar en cada momento de su riqueza lo que va a ser la sabiduría de nuestra vida

Jeremías 18, 1-6; Salmo 145; Mateo 13, 47-53

Vivimos en la loca carrera de las prisas, porque todos queremos llegar lo más pronto posible a nuestras metas, no nos importa saltar etapas o darnos empujones los unos a los otros, que pueden terminar en atropellos. Como en la carretera que siempre queremos que no vaya nadie delante de nosotros y buscamos adelantar sea como sea, aunque pongamos en peligro muchas cosas. Hemos perdido la paciencia, no terminamos de darnos cuenta que el trabajo tiene que avanzar con tiento porque hay que cuidar mil detalles para que se pueda realizar bien.

Pero ya entendemos que con lo que estoy diciendo no nos queremos referir a las cosas materiales que vayamos haciendo sino que es la construcción de la propia vida, que tiene sus etapas y que hemos de cuidar con esmero. Está en juego lo que somos, que es mucho más importante que lo que tenemos. Muchas veces nuestra vida se puede parecer a esa red, de la que nos habla Jesús hoy en el evangelio, que recoge toda clase de peces que luego habrá que discernir bien con lo que nos quedamos; así nuestra vida con sus valores, pero también con los tropiezos que podamos ir teniendo en nuestros propios errores o en las cosas que no siempre hacemos bien y que tenemos que saber reconocer y corregir.

Nos hablaba también el profeta de la vasija de barro en manos del alfarero que la modela; no podemos dejar a lo que salga, el alfarero con su saber hacer la va modelando para encontrarle su fortaleza y su belleza, y el barro se deja hacer, se deja manejar, por decirlo de alguna manera, por las manos expertas del alfarero. ¿Seremos alfareros de nuestra propia vida? ¿o dejaremos que el alfarero divino nos vaya modelando? Está la sabiduría y el poder de Dios con la fuerza de su Espíritu, pero el Señor al mismo tiempo nos ha concedido el don de la libertad con que nosotros hemos de responder; nuestra disponibilidad no es falta de libertad, es dejarnos conducir para con la fuerza del Espíritu divino podamos hacer relucir lo mejor de nosotros mismos.

Jesús nos habla en parábolas, precisamente con el texto de hoy concluimos este capítulo donde san Mateo nos ha condensado las principales parábolas de Jesús, y somos nosotros ahora los que nos tenemos que dejar enriquecer con las enseñanzas del evangelio que nos conducen a desarrollar en nosotros los mejores valores.

No es solo conocer las parábolas, quedarnos, por así decirlo, en el ejemplo que en ellas podamos encontrar sino dejarnos envolver por ese espíritu de sabiduría que nos va a hacer alcanzar una maravillosa riqueza espiritual como alimento de nuestra vida que nos va iluminando en cada situación. Tenemos que saber aplicar a la vida de cada día esa sabiduría que hemos ido acumulado en nuestro interior. Por eso nos habla del letrado que se ha hecho discípulo del Reino de los cielos y en cada momento va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo según convenga.

Ojalá así tengamos presente la Palabra de Dios en nuestra vida, estemos tan empapados de esa sabiduría del evangelio que allá por donde vayamos dejemos el rastro y el perfume de lo que llevamos dentro y es la mejor riqueza de nuestra vida. Con qué facilidad recordamos una canción de moda o traemos a cuento una frase que un día nos llamó la atención porque la dijo un personaje de nuestros gustos o que está de moda, pero qué poco los cristianos citamos el evangelio o los textos sagrados de la Biblia; con qué facilidad nos sentimos encantados con maneras de pensar o de actuar que nos vienen de los países más exóticos y los queremos convertir en filosofía de nuestra vida, y qué pronto olvidamos toda la profundidad de los valores del evangelio que además han sido piedras fundamentales de nuestra cultura occidental. Nos vamos a hacer no sé qué experiencias que nos parecen exóticas y nos olvidamos del sentido de nuestra oración y meditación cristiana que pone verdaderos cimientos de nuestro crecimiento humano y espiritual.

¿No tendríamos los cristianos que rescatar con más entusiasmo toda la riqueza y sabiduría el Evangelio que verdaderamente nos humaniza y nos hace crecer espiritualmente?

viernes, 13 de junio de 2025

Busquemos la autenticidad, mostrémonos como somos y no adornados de apariencias, aunque el tesoro esté en vasijas de barro la fuerza nos viene del Señor

 


Busquemos la autenticidad, mostrémonos como somos y no adornados de apariencias, aunque el tesoro esté en vasijas de barro la fuerza nos viene del Señor

2Corintios 4, 7-15; Salmo 115; Mateo 5, 27-32

Más de una vez habremos escuchado o nos lo hemos reflexionado por nosotros mismos que lo importante no es parecer sino ser. Si le damos importancia a lo de parecer lo de menos es lo que nosotros seamos porque estaremos haciéndonos como un disfraz para aparentar lo que no se es. Esto está muy relacionado con lo de la hipocresía; sabemos que esta palabra proviene de la forma del teatro griego que en las representaciones utilizaban una máscara para representar al personaje que correspondiera. Así andamos muchas veces por la vida bien por un lado juzgando a la gente por las apariencias que muchas veces puede ser también algo subjetivo nuestro porque según lo que pensamos es también lo que imaginamos de aquella persona, pero también es cuando nosotros nos disfrazamos con esas apariencias porque queremos dejar traslucir todo lo que llevamos dentro. Aquí tendríamos que hablar de la autenticidad en la vida.

Es lo que Jesús quiere enseñarnos en el evangelio. Que cuidemos nuestro interior, porque además por mucho esfuerzo que hagamos por aparentar, al final se nos saldrá de forma espontánea lo que llevamos dentro. Es necesario que nos manifestemos en todas las cosas con toda rectitud, y por supuesto las obras que realicemos sean buenas, pero cuidemos nuestro interior, cuidemos nuestros pensamientos, cuidemos esos juicios que podemos hacernos de los demás, cuidemos de las malas intenciones que a la callada llevamos dentro y que en un momento determinado se desbordarán.

Habla Jesús de forma concreta del adulterio, pero que nos dice que lo somos no solo cuando externamente caigamos en esos lazos, sino cuando desde nuestro interior estamos deseando a la mujer de nuestro prójimo. Hoy quizás la gente se ría de nosotros si les hablamos de malos pensamientos y nos ponemos nuestras rebajas diciendo que si consentimos o no consentimos, si llegamos a hacer realidad lo que estamos pensado o solo se queda en los pensamientos. Pues eso es lo que hay que cuidar, en nuestro pensamiento estaremos deseando hacer el mal, aunque luego aparentemente por nuestros respetos humanos o por nuestros miedos no lleguemos a realizarlo, pero la podredumbre la tenemos dentro y nos está corroyendo por dentro.

¿No recordamos lo que nos dice Jesús en otro momento de que lo que nos hace impuros no es lo que entra por la boca sino lo que sale de nuestro corazón, porque de ahí salen los malos propósitos y deseos, de ahí salen nuestros orgullos o nuestras violencias incontroladas, desde ahí buscamos esa vanidad de la vida y esas apariencias?

Por eso ese mal deseo es el que tenemos que arrancar de cuajo, desde la raíz. Jesús nos dice que si tu ojo te hace pecar, sácatelo, o si tu mano te hace caer, córtala, que más vale entrar ciego o manco en el reino de los cielos que con todo quedarnos fuera. Esas miradas nuestras tantas veces llenas de maldad, esas miradas que traslucen la envidia que llevamos en el corazón, esas miradas nuestras que parece que están desconsoladas por los oros que brillan, por las riquezas y la posesión de las cosas que nos hace ambiciosos, esas miradas turbias para desconfiar, para querer ver siempre el lado oscuro de las personas, o nos hacen sospechar de todo y de todos, esa mirada que enturbia el corazón y nos hace perder la paz y la serenidad de la vida; no hacemos pero estamos dispuestos a hacer lo que sea por aquello que ambicionamos. Así podríamos seguir pensamos en muchas más cosas que como decíamos nos enturbian el corazón, y eso turbio que llevamos dentro un día va a rebosar de nosotros y todo lo manchará a su paso.

Busquemos esa rectitud de nuestra vida, esa pureza del corazón, esos buenos deseos que buscan siempre lo bueno, esas miradas luminosas que llenan de luz la vida. Habrá autenticidad en la vida a pesar de lo débiles que podamos ser y los tropiezos en los que podamos caer. Nos decía san Pablo que llevamos un tesoro en vasijas de barro, pero la fuerza nos viene de Dios.

jueves, 28 de julio de 2022

Que el Espíritu del Señor nos guíe y nos ayude a hacer esa vasija nueva desde la renovación que tiene que partir de nuestros corazones para llegar a una vida nueva

 


Que el Espíritu del Señor nos guíe y nos ayude a hacer esa vasija nueva desde la renovación que tiene que partir de nuestros corazones para llegar a una vida nueva

Jeremías 18, 1-6; Sal 145; Mateo 13, 47-53

Son cosas que nos pasan a todos en casa. Los armarios se nos van llenando de ropa así sin darnos cuenta; ropas nuevas que vamos comprando porque queremos irnos renovando, pero al mismo tiempo muchas veces vamos guardando, porque quizás nos da pena desechar aquella pieza de ropa, que tanto nos sirvió en un momento determinado y allá la guardamos en el fondo del armario sin darnos cuenta de que se nos va quedando obsoleta y ahora ya no nos vale, porque hay nuevos gustos, porque nosotros hemos ido cambiando; mientras quizá en otro momento nos encontramos algo que si tiene valor aun, que no ha perdido, por así decirlo, su brillo, y nos vale para conjuntar en determinados momentos.

¿Y a qué viene todo esto? Pues algo que Jesús nos ha dicho hoy. Si en un momento determinado nos ha dicho que a vino nuevo necesitamos odres nuevos, y que no nos valen los remiendos y los apaños porque lo viejo será siempre viejo y nos van a aparecer rotos peores con esos arreglos, ahora nos habla de la sabiduría del padre de familia que va sacando del arco lo nuevo y lo antiguo según convenga en cada momento. Nos había pedido radicalidad para aceptar la novedad del Reino de Dios y por eso nos pedía conversión, cambio profundo del corazón, pero también nos decía que no había venido a abolir la ley y los profetas sino a darle plenitud.

Es de lo que nos está hablando hoy. Entramos, es cierto, en una orbita nueva cuando aceptamos el reino de Dios y no nos vale ser hombres viejos, sino que tenemos que ser el hombre nuevo nacido del agua y del Espíritu, como le decía a Nicodemo, pero la mismo tiempo tiene que estar la sabiduría de saber lo que es lo fundamental, ese mensaje profundo del evangelio y de toda la Palabra de Dios que no podemos dejar a un lado. Es la profundidad que tenemos que ir sabiéndole dar a la vida, a lo que hacemos, a lo que vivimos. Y eso lo podremos hacer si en verdad nos dejamos conducir por el Espíritu del Señor.

Nos cuesta quedarnos en el punto medio. Hay veces en que nos llenamos de tanto brío que todo lo queremos cambiar sin saber discernir de verdad donde se está manifestando el Espíritu del Señor. Por eso nos hablará Jesús también en el evangelio de la fidelidad de las cosas pequeñas, que nos pueden parecer insignificantes, pero que si no sabemos ser fiel en lo poco tampoco lo sabremos ser en lo que verdaderamente es importante. Todos habremos pasado en mas de una ocasión por ese brío tan juvenil que quiere desechar todo lo que sea anterior, sin darnos cuenta de que en esas cosas, aunque nos parezcan pequeñas están lo fundamentos de lo que en verdad queremos grande.

Algunas veces en la iglesia, en nuestras comunidades y parroquias pasamos en nombre de renovación por esas fiebres destructoras. No es simplemente el cambio de las cosas lo que ha de producir la renovación, sino el cambio de los corazones, nuestro cambio interior. No es fácil suprimir cosas porque ahora a los que nos parece sentirnos más jóvenes nos puedan parecer cosas del pasado y en nuestro desconocimiento nos pudieran parecer pobres, pero han sido cosas, han sido movimientos en la Iglesia que mantuvieron la fe del pueblo cristiano y que siguen siendo el sustento de la fe de tantos, fueron, por ejemplo, los caminos y experiencias de oración que mantuvieron en pie a la Iglesia, y le dieron fortaleza en los momentos difíciles, y han sido el caldo de cultivo de la espiritualidad de tantos que han vivido una vida santa. ¿Qué significaron, por ejemplo, las cofradías religiosas y hermandades de todo tipo en la vida de la Iglesia y que fueron caldo de cultivo de la espiritualidad de la Iglesia?

Que sea el Espíritu del Señor el que nos guíe y nos ayude a hacer esa renovación que, repito, tiene que partir de nuestros corazones. Es el alfarero divino, como nos decía el profeta, que va haciendo en nosotros esa vasija nueva.

lunes, 25 de julio de 2022

Más allá del marco sucio y feo de mi vida hay un tesoro que Dios ha depositado en mí, manifestando la grandeza de su amor en mi vida

 


Más allá del marco sucio y feo de mi vida hay un tesoro que Dios ha depositado en mí, manifestando la grandeza de su amor en mi vida

Hechos 4, 33; 5, 12. 27b-33; 12, 2; Sal 66; 2Corintios 4, 7-15; Mateo 20, 20-28

Si tenemos una joya ya procuraremos guardarla donde no la podamos perder o nos la puedan robar; si queremos resaltar esa joya para que además pueda ser admirada, ya procuramos engarzarla en materiales preciosos que le hagan dar un mayor brillo y esplendor, rodeándola no solo de materiales de gran riqueza sino que buscaríamos un orfebre que le pudiera hacer un artístico marco. Es normal que cuidemos nuestras joyas, pero quizá hay una a la que en ese orden no damos tanta importancia y muchas veces la descuidamos y no la hacemos resaltar como deberíamos. Será la vida misma, serán esos valores de los que todo estamos dotados, será esa maravilla de nuestra vida interior y espiritual, será el mismo don de la fe. Pero esas cosas que no son del orden material no le damos tanta importancia, y muchas veces pasan desapercibidas cuando tendríamos que resaltarlas como lo más valioso de nuestro ser.

Quizás nos parece que el marco en que están engarzadas, que es nuestro propio yo tan lleno de defectos y debilidades pudiera parecernos que le quitan esplendor. Pero ¿qué será lo importante, el marco en que está engarzada o la joya misma?


Hoy nos recuerda algo muy importante la carta del apóstol. ‘Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros…’ Y nos habla de nuestras tribulaciones, de nuestras debilidades… pero ahí se manifiesta la maravilla de Dios, la fuerza de la gracia divina. ‘Para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal’, continua diciéndonos.

Así quiere Dios contar con nosotros con nuestras tribulaciones y con nuestras debilidades. Es cierto que queremos ser mejores, aspiramos a superarnos día a día y el listón que nos propone el Señor está bien alto, pues nos quiere perfectos como nuestro Padre del cielo es perfecto; y así nos quiere compasivos y misericordiosos como Dios es compasivo y misericordioso. Pero Dios cuenta con nosotros, no porque seamos ya perfectos, sino porque queremos avanzar y crecer.

No escogió Jesús a los hombres más perfectos que pudiera haber en todo el territorio de Israel o de Palestina. A aquellos que fue llamando para seguirle, a aquellos que comenzaron a ser sus discípulos, a aquellos a los que de manera especial los llamó para ser sus apóstoles, no eran precisamente ni los mejor dotados y preparados, ni los hombres más perfectos; unos rudos pescadores de Galilea, una gente sencilla sacada de aquellos pueblos y de aquellos campos, con sus ambiciones y con sus sueños, con sus debilidades y apegos en el corazón, pero El los llamó, los eligió, los llevó consigo porque era grande la misión que les iba a confiar.

A Pedro le veremos con sus impulsos al mismo tiempo que sus miedos y cobardías, pero con un corazón muy lleno de amor por Jesús; a Santiago y Juan lo vemos con sus ambiciones y sus sueños que se valen de la influencia familiar en el deseo de alcanzar primeros puestos; a todos los vemos con sus aspiraciones  y sus luchas internas por saber quien iba a ser el principal o quien iba a ocupar el primer puesto en aquel grupo que se había formado alrededor de Jesús. Y Jesús cuenta con ellos.


Hoy estamos celebrando al Apóstol Santiago, aquel que tuvo especiales privilegios de Jesús para subir con El al Tabor, para ser testigo de la resurrección de la hija de Jairo, para estar cerca de Jesús en su agonía en Getsemaní, pero como vemos hoy también en el evangelio está con la ambición de los primeros puestos, a la derecha o a la izquierda de Jesús. Es la petición que la madre en nombre de los hijos presentará a Jesús.

‘No sabéis lo que pedís’, les dice Jesús. ‘¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber o bautizados en el bautismo con que yo me voy a bautizar?’ Inocentemente quizás, o desde los impulsos de su corazón le responden a Jesús que pueden. ‘Podemos’, responden. Y Jesús les dice que eso de los primeros puestos es otra canción, pero que sí van a beber ese cáliz. Hoy el texto de los Hechos de los Apóstoles nos hablará del martirio de Santiago, mandado a decapitar por Herodes.

Esta reflexión que me estoy haciendo, no es solo contemplar lo que fue la figura del Apóstol Santiago a quien hoy celebramos. Es sentir como un rayo de luz y de esperanza en mi propia vida, porque me está diciendo cómo el Señor sigue confiando en mí a pesar de que también mi corazón está muchas veces turbio en apetencias, en apegos, en orgullos mal curados, en amor propio, en egoísmos que me encierran. Dios me conoce y sabe como soy y sigue confiando en mí. Será impulso para crecer y para ser mejor cada día, pero es un rayo de esperanza que me lleva a caminar siempre con alegría el camino de Jesús.

Pero encima o dentro del marco de lo que es mi vida, hay un tesoro que Dios ha depositado en mí, y que manifiesta la grandeza de lo que es el amor de Dios en mi vida.

viernes, 14 de junio de 2019

Somos un instrumento de barro llenos de debilidades pero que llevamos en nosotros el tesoro de la fe y de la gracia de Dios


Somos un instrumento de barro llenos de debilidades pero que llevamos en nosotros el tesoro de la fe y de la gracia de Dios

2 Corintios 4, 7-15; Sal 115; Mateo 5, 27-32
Según el valor de la joya que queramos guardar probablemente busquemos el joyero apropiado también rico en valor y belleza en consonancia con la riqueza del preciado tesoro. En ocasiones nos encontraremos el cofre aparentemente es de mayor riqueza y belleza que la misma joya que contiene, pero que sin embargo para nosotros puede tener un valor especial según nuestros propios sentimientos. No es difícil encontrarnos en exposiciones o en museos obras de arte en preciados cofres que un día contuvieron cosas de gran valor.
Me hago esta consideración como a contraluz de lo que hoy nos dice la Palabra de Dios que nos habla de un tesoro que sin embargo portamos en vasijas de barro. Una vasija de barro que fácilmente se puede quebrar y romper y en consecuencia poner en peligro ese tesoro que contienen. Pero es así para que no nos quedemos en la vasija sino que realmente vayamos a buscar ese tesoro que es lo que en verdad tiene que enriquecer nuestra vida. En lo que mencionábamos como introducción nos encontramos con valiosos cofres que un día contuvieron preciados tesoros, pero ese tesoro se perdió quedando solo el cofre que la contenía. ¿A qué tenemos que dar más valor?
Hablaba el apóstol como el tesoro de la predicación, el tesoro de la Palabra de Dios que hemos de proclamar, está contenido en vasijas de barro, para hablarnos de nuestra propia debilidad y que entonces la Palabra de Dios tiene su riqueza y belleza por si misma, porque es la Palabra de Dios, y no por el valor o sabiduría del predicador que la proclame.
Podemos hablar de nuestra fe como podemos hablar del Reino de Dios, podemos hablar de esos valores y principios fundamentales de la vida cristiana como de toda la gracia maravillosa del Señor que nos llega a través de la Iglesia y a través de aquellos que en la Iglesia tienen la especial misión del anuncio del Evangelio; podemos hablar de la grandeza del sacerdocio que ejerce el presbítero en nombre de Cristo de Sacerdote o podemos hablar de la maravilla del matrimonio formado por un hombre y una mujer con sus valores y cualidades o también con la pobreza de sus vidas. Pero ahí está el tesoro que tenemos que descubrir, como nos hace ver hoy también el evangelio.
No son nuestras elocuencias o sabidurías humanas los que le dan valor a la fe, a la Palabra de Dios, al Reino de Dios o al mismo evangelio. El hombre o la persona a quien se le ha confiado esa misión o que tiene ese ministerio en la Iglesia es solo el instrumento, vasija de barro lleno de debilidades, pero que sin embargo tiene la excelsa misión de ese anuncio del Reino de Dios. Lo importante es esa Palabra que en nombre de Dios nos trasmite con maravillosa elocuencia o tartamudeando en la pobreza de sus valores o cualidades personales.
Es no quita para que cuidemos que el instrumento sea bueno y procuremos su dignidad y también esté cultivado por así decirlo. Pero sabemos que la maravilla de la gracia es obra del Señor, es un don de Dios. Instrumento de barro somos porque, es cierto, estamos llenos de debilidades, pero es la gracia de Dios la que nos transforma y la que obra maravillas aunque nosotros seamos pobres y pequeños. En esa pobreza y pequeñez se manifiesta lo que es la maravilla de la gracia del Señor.
Hoy Jesús en el evangelio nos recuerda la maravilla que es el matrimonio tal como es querido por Dios, pero conscientes somos de nuestras debilidades, de la pobreza de los instrumentos de nuestra vida que muchas veces pueden poner en peligro esa estabilidad del amor matrimonial. Vasijas de barro somos pero capaces de contener el amor más hermoso vivido en la entrega y en la fidelidad, también en el sacrificio y aún a pesar de nuestras debilidades. No podemos dejar que se empañe esa maravilla del amor matrimonial a causa de los egoísmos y los orgullos que se meten tantas veces por dentro con afán de destruirlo. Y es que por encima de lo que somos valemos – que por supuesto hay que tenerlo en cuenta – está la gracia del Señor que todo lo engrandece haciéndolo incluso sobrenatural.



lunes, 25 de julio de 2016

Jesús sigue confiando en nosotros a pesar de nuestras debilidades y flaquezas para que hagamos el anuncio del mensaje del evangelio

Jesús sigue confiando en nosotros a pesar de nuestras debilidades y flaquezas para que hagamos el anuncio del mensaje del evangelio

 Hechos  4, 33; 5, 12. 27b-33; 12, 2; Sal 66; 2Corintios 4,7-15; Mateo 20, 20-28

Un día después de llamar a Simón y Andrés a seguirle, pasando más adelante vio Jesús a Santiago y Juan repasando las redes con su padre junto a la barca y les dijo también, ‘venid conmigo y os haré pescadores de hombres’. Y ellos lo habían dejado todo y lo habían seguido. De manera semejante cuando la pesca milagrosa allí estaban también Santiago y Juan junto con otros pescadores que fueron a echarles una mano a Pedro y Jesús les dice que de ahora en adelante serán pescadores de hombres.
Habían comenzado a caminar con Jesús. Poco a poco se iba estrechando el amor y creciendo el conocimiento de Cristo. Vislumbraban ya que podía ser el Mesías por lo que anunciaba, los signos y milagros que realizaba y cómo la gente le seguía. Parecía que era el momento. Y ellos siguen siendo tan humanos y tan débiles como todos nosotros; por eso aparecen los sueños y las ambiciones en el corazón; como nos puede pasar a cada uno de nosotros, no somos ni mejores ni peores, sino simplemente humanos con nuestras propias debilidades. Pero podemos decir que el Señor sigue confiando en nosotros.
En este caso será la madre la que se convierta en intercesora. ‘Quiero que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. El amor de madre le hace soñar sueños que quizá no están tan lejanos de las mentes y de los corazones también de los hijos. Jesús no los rechaza, quiere hacerlos pensar, hacerles descubrir el verdadero sentido del Reino que El está anunciando. ‘¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?’ Pero aquellos dos buenos discípulos no se acobardan aunque quizá no entiendan el alcance de las palabras de Jesús. ‘Podemos’, fue la respuesta.
Vendrán las aclaraciones de Jesús, porque ya por allá aparece también la debilidad de los otros discípulos con sus sospechas, sus desavenencias, sus desconfianzas y aparece hasta quizá el orgullo y la envidia. El estilo de su reino no es como los reinos de este mundo, los primeros puestos no son de los poderosos a la manera como son los poderosos de la tierra que se crecen, que dominan, que quizá hasta se aprovechan de su cargo pensando solo en beneficio propio. En su reino la grandeza está en servir, en hacerse el último, el ser el servidor de todos. Ese es el camino que han de recorrer de transformación de sus corazones de aquellos discípulos que también tienen sus debilidades y ambiciones como todos nosotros tenemos.
Ese es el apóstol Santiago que hoy celebramos, cuya fiesta a todos nos alegra el corazón porque es el patrón de España. Muchas veces tenemos el peligro de contemplar a los santos que veneramos como si fueran superhombres venidos quizá de la estratosfera o de otros mundos. Son hombres como nosotros,  también con debilidades y pasiones en su corazón como nosotros podemos tener y sentir, pero que fueron fieles, que vivieron un camino de seguimiento de Cristo tratando de plasmarlo en sus corazones y en su vidas, que también tuvieron sus luchas de superación como las que nosotros cada día hemos de tener si queremos en verdad crecer como personas, y crecer en el camino del seguimiento de Cristo que es camino de santidad.
Y Cristo quiere seguir confiando en nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque así se manifiesta mejor que no es nuestra obra, sino la obra de la gracia, la obra de Cristo la que queremos realizar. ‘Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros’. Así nos decía el apóstol san Pablo en la carta a los cristianos de Corinto.
Vemos la debilidad de nuestra vida que tantas veces nos hace tropezar e incluso caer, pero así se manifiesta la grandeza de la gracia; así aprendemos también a ser compasivos y misericordiosos porque hemos experimentado en nuestra vida esa compasión y esa misericordia del Señor; así será en verdad comprensivos con los demás para hacer brillar por encima de todo siempre la luz de Cristo. Porque seamos pecadores eso no nos exime de nuestra obligación y de nuestro compromiso como cristianos de hacer el anuncio de Jesús y de su evangelio; es más, eso nos dará más fuerza a nuestra vida y a nuestras palabras porque no es a nosotros a quien anunciamos sino a Jesús y su evangelio con la fuerza de su gracia que también transforma nuestros corazones.
Es el mensaje que yo hoy quiero traer para mi vida desde la fiesta del Apóstol Santiago. Que él interceda por nosotros, por nuestro país, para que se mantenga viva nuestra fe, para que no nos dejemos oscurecer por el mal y la indiferencia, para que resplandezca de verdad el nombre de Jesús en nuestros corazones, en nuestra vida y también en medio de nuestra sociedad.

viernes, 14 de febrero de 2014

PEQUEÑOS Y POBRES EN NUESTROS MEDIOS Y CAPACIDADES, EN POBREZA Y AUSTERIDAD SOMOS LOS ENVIADOS DEL SEÑOR



Pequeños y pobres en nuestros medios y capacidades, en pobreza y austeridad somos los enviados del Señor

Hechos, 13, 46-49; Sal. 116; Lc. 10, 1-9
Celebramos hoy la fiesta de dos grandes misioneros de la Europa más oriental, los pueblos eslavos, y que han sido constituidos como patronos de Europa, san Cirilo y San Metodio. Su origen estaba en la Iglesia Oriental, puesto que en Constantinopla se habían formado y enviados por el patriarca de la Iglesia Oriental - aun no se había producido la ruptura de la Iglesia - fueron evangelizando grandes extensiones de la Europa Oriental.
Aunque Cirilo muere pronto en Roma, Metodio seria luego enviado como Obispo y legado papal a aquellas Iglesias que allí se iban constituyendo. Es importante la labor que realizaron de inculturización del Evangelio en aquellos pueblos  pues a ellos se debe el traducir el evangelio al lenguaje de aquellos pueblos eslavos, incluso inventando una nueva forma de escribir - caracteres cirílicos se les llama - para su mejor entendimiento.
Es por lo que el Papa los constituyó en Patronos de Europa junto con san Benito que hasta entonces era considerado el único Patrono de Europa y luego otras santas proclamadas en el mismo sentido por el Papa Juan Pablo II. No es momento ahora de extendernos mucho más en estos aspectos y patronazgos.
De ellos destacamos su tarea evangelizadora y que es por donde ha de ir el mensaje que nosotros recibamos en esta fiesta. Por una parte la lectura de los Hechos de los Apóstoles nos manifiesta la apertura del anuncio del evangelio a los gentiles, tarea a la que se dedicó de manera especial Pablo y en el evangelio hemos escuchado el envío que hace Jesús de sus discípulos de dos en dos para que anuncien a todos el Reino de Dios.
‘La mies es abundante, los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies’, les encarga Jesús a los discípulos cuando los envía. Y además los envía desde la pobreza y la austeridad; no han de preocuparse de llevar cosas materiales que les auxilien en su tarea. Han de ser mensajeros de paz. ‘Cuando entréis en una casa, decid primero: paz a esta casa’.
Nos quieren significar mucho estos encargos de Jesús cuando hace el envío de sus discípulos con su misma misión. Primero, la oración que será el motor verdadero de toda obra buena, de la tarea evangelizadora que hemos de realizar. Porque esto tenemos que mirarlo por nosotros mismos. Es la tarea de cada cristiano que se ha de sentir enviado por el Señor, porque siempre tenemos que ser testigos, pero me vais a permitir que piense en este momento en quienes hemos recibido una especial misión del Señor por una vocación, una llamada que hemos recibido del Señor; y pienso en los sacerdotes, en los misioneros, en los religiosos y religiosas que se han consagrado al Señor y que tienen y tenemos esta misión de Jesús en medio del mundo.
Si cuando consideramos la tarea que realizaron san Cirilo y san Metodio en aquellas regiones inmensas de Europa, también nosotros cuando nos sentimos enviados por Jesús nos damos cuenta del campo inmenso que tenemos por delante y nos podremos sentir pequeños y pobres ante la tarea que hemos de realizar. Pero no es nuestra tarea, es la obra del Señor; en su nombre somos enviados; con la fuerza de su gracia allá vamos nosotros a hacer ese anuncio del Evangelio. Por eso rogamos al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. En su nombre vamos nosotros a esparcir por el mundo la semilla de la Palabra de Dios.
Nos podemos sentir pequeños y pobres en nuestros medios y en nuestras capacidades, con esa pobreza y austeridad, decíamos, nos ha enviado el Señor. Como diría san Pablo en un texto que muchas veces habremos escuchado y meditado, ‘este tesoro lo llevamos en vasos de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios, no proviene de nosotros’. Somos siervos inútiles en las manos del Señor, pero de los que el Señor se quiere valer para que se haga ese anuncio del Evangelio. Somos débiles y pecadores los que tenemos que hacer ese anuncio, pero no es a nosotros a quienes nos anunciamos, sino que anunciamos el nombre de Jesús que en nosotros también obra maravillas, a pesar de nuestra debilidad y de nuestro pecado.
Por eso os pedimos que recéis al Señor por nosotros, para que, a pesar de nuestra debilidad y nuestra pobreza, seamos fieles al Señor y a la misión que se nos ha encomendado y seamos también cada día más santos porque sintamos que esa palabra que anunciamos es a nosotros a quienes primero tiene que llegar y producir sus frutos. Así tenéis que rezar por los sacerdotes, por los misioneros, por los religiosos y religiosas y todos los que se han consagrado al Señor para que seamos fieles, para que anunciemos de verdad el nombre de Jesús en quien nosotros, los primeros, hemos encontrado la gracia y la salvación.
Puede ser un buen compromiso que surja de esta fiesta de los patronos de Europa,  san Cirilo y san Metodio, que hoy estamos celebrando.

viernes, 12 de junio de 2009

Envueltos en el misterio pascual de Cristo

2Cor. 4, 7-15
Sal. 115
Mt. 5, 27-32


La vida del Apóstol, y por supuesto la de todo cristiano, está envuelta toda ella por el misterio pascual de Cristo. Está presente en todo cristiano desde su bautismo, pero si cabe más aún, en el apóstol y en el pastor del pueblo de Dios.
El texto de la segunda carta a los Corintios que hoy hemos escuchado hace referencia explícita a la vida del apóstol y de todo pastor. San Pablo lo está expresando desde la propia experiencia de su vida y así lo manifiesta a los cristianos de Corinto. ‘Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro…’, nos dice. Este tesoro de la Palabra de salvación que tenemos que anunciar, este tesoro de la gracia divina que hacemos llegar a todos a través de los sacramentos, este tesoro inmenso de la vida de Dios que está en nosotros pero a la que tenemos que llevar a todos, está envuelto por nuestro ministerio en vasija de barro que somos nosotros. Pero como nos dice el apóstol ‘para que se vea que una fuerza extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros’.
Nuestra humana condición tan llena de limitaciones y debilidades, tan sometida a las tentaciones y tantas veces envuelta por el pecado sin embargo es el medio que Dios ha querido para hacer llegar la gracia divina a los demás. No son nuestras cualidades ni nuestras habilidades, no son nuestras técnicas o dinámicas ni nuestras sabidurías humanas, sino que es la gracia de Dios la que nos salva y nos llena de vida.
Nos dice el apóstol que ‘nos aprietan… estamos apurados… o somos acosados… nos derriban… pero no nos aplastan... no nos desesperamos… no nos sentimos abandonados… no nos rematan, aunque nos estén continuamente entregando a la muerte…’ Bien sabemos cómo los pastores, al igual que la Iglesia, estamos siempre en el punto de mira de todos, nos miran con lupa lo que hacemos o lo que dejamos de hacer, por las debilidades de unos atacan a todos, buscan la manera de desprestigiarnos o de desprestigiar a la Iglesia… ¡Cuántas campañas de acoso y cómo se aprovecha cualquier ocasión o cualquier fallo real o imaginario…!
Llevamos en nosotros la marca de la pasión y la cruz de Cristo que nos llena de sufrimiento en muchas ocasiones, pero no nos puede faltar la esperanza, porque sabemos siempre que detrás de la cruz y la muerte está la resurrección. ‘Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros’. Es el misterio pascual de Cristo presente en nuestra vida. Sabemos que ‘quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará…’
Como decíamos este texto hace referencia de manera especial al apóstol y a los pastores de la Iglesia. Pero nos puede valer a todos los cristianos. Para que comprendamos bien lo que es la vida del apóstol, del sacerdote, del pastor del pueblo de Dios con sus limitaciones, pero también con sus sufrimientos y soledades, pero a los que nunca puede faltar la alegría de la esperanza. Esperanza que tienen que animar con su oración y apoyo todos los cristianos.
Pero nos puede valer también a todos y cada uno de los cristianos, envueltos también en el misterio pascual de Cristo, con nuestras limitaciones, nuestros fallos, nuestras luchas, nuestros sufrimientos, nuestros deseos de caminar, de superarnos, de avanzar en el camino de la fe y del amor. Nos sentiremos impotentes en muchas ocasiones cuando queremos renovar nuestra vida y una y otra vez aparecen las tentaciones, las debilidades y hasta el pecado. Pero no nos puede faltar la esperanza. Somos ‘vasijas de barro…’, pero ‘esa fuerza extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros’.
No nos faltará nunca la fuerza de la gracia, de la vida divina que está en nosotros, del Espíritu de Dios que anima y alienta nuestra vida.