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domingo, 13 de abril de 2025

Dejémonos invitar por Jesús para comer esta Pascua con El, estemos dispuestos a ir con Jesús a su pasión para llegar a la Pascua

 


Dejémonos invitar por Jesús para comer esta Pascua con El, estemos dispuestos a ir con Jesús a su pasión para llegar a la Pascua

Isaías 50, 4-7; Salmo 21; Filipenses 2, 6-11; Lucas 22, 14 – 23, 56

¿Podríamos decir que estamos contemplando un mosaico? Aunque de forma ordinaria y popular llamamos mosaicos a las piezas con que adornamos o alicatamos nuestros pisos y paredes, sabemos bien que un mosaico esta formado por diferentes piezas de variados colores con los que realizamos la composición de una imagen con sus luces y con sus sombras de una forma, diríamos, artística y de gran belleza. Pues bien, así quiero pesar cuando escuchamos este relato que hoy nos ofrece la liturgia en este domingo de Ramos en la pasión, pero un mosaico donde podemos entremezclar, vamos intercalando las piezas de nuestra vida con esos momentos de la pasión que en este texto del evangelio de san Lucas se nos relata.

Hay como una serie de contraposiciones en este texto que bien van reflejando lo que es el camino de nuestra vida en contraste con el evangelio de Jesús. Momentos de tragedia como momentos de entusiasmo y euforia, momentos grandiosos de luz que contrastan con otros momentos de sombra como lo es la vida misma, una solemnidad por el momento trascendental que se vive contrapuesto con esos pasos renqueantes que vamos dando tanta veces cuando nos dejamos adormilar por la vida o cuando no somos valientes para afrontar con decisión el momento en que hemos de dar la cara, testimonio que nos ofrecen los que menos podrían parecer proclives a estar en el lado de Jesús, mientras los que nos decimos que seriamos capaces de dar la vida por Jesús nos escondemos o negamos que estamos del lado de Jesús.

Comienza el relato diciéndonos Jesús cuanto ha deseado llegar a este momento de la Pascua que es como una primera invitación que nos hace para que nos dispongamos en este comienzo de la semana de pasión a desear vivir y celebrar también con intensidad esta Pascua, en concreto la de nuestra vida y en este año. Y es Jesús quien nos deja la forma de vivirla y celebrarla, en su Cuerpo entregado que se hace Pan de vida para nosotros y en su Sangre derramada como signo de esa entrega que nosotros hemos de vivir. Es el estilo del servicio que Jesús nos ofrece como sentido de vida, de la suya y de la nuestra. ‘Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve’. Por eso nos dirá que ‘el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve’, como tantas veces nos había enseñado a lo largo del evangelio.

Es fácil en un momento de fervor hacer propósitos y promesas. Tras lo que iban viviendo en aquella cena pascual y los anuncios y las palabras de Jesús estamos prontos para los buenos propósitos. ‘Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte’, son las palabras de Pedro, pero pronto será el primero que se duerme en Getsemaní en los momentos de la oración de Jesús - ¿no le había sucedido algo así también en el Tabor cuando Jesús los llevó para orar en lo alto de la montaña? – y cuando llegue el momento de dar la cara negará incluso el conocer a Jesús. ¿No nos dice nada de nuestros altos y bajos, de los momentos de entusiasmo cuando parece que todas las cosas marchan bien y de los momentos de decaimiento y zozobra cuando aparece la oscuridad del sufrimiento?

Podríamos seguir haciendo así una lectura detallada en confrontación con nuestra vida de cada uno de los momentos de la pasión de Jesús. Nos daría para abundantes y profundas reflexiones. Vamos a fijarnos brevemente en algunos de los momentos de Jesús en la cruz y en sus palabras. Quien cuando había proclamado en las Bienaventuranzas la meta ideal del que es su discípulo y le sigue señalándonos que los misericordiosos alcanzarán misericordia y casi como una primera consecuencia el que tenemos que ser misericordiosos con los demás amando incluso a los enemigos, ahora mientras lo crucifican pide al Padre perdón y misericordia para quienes lo están clavando al madero ‘porque no saben lo que hacen’. Es la piedra preciosa del mosaico que nos manifiesta lo que es el rostro misericordioso de Dios frente a nuestro corazón endurecido que de tantos abismos de rencores y resentimientos vamos llenando la vida.

Otra pieza brillante de ese mosaico aunque nos pueda parecer contradictorio la encontramos en uno de aquellos malhechores que eran crucificados junto a Jesús. Aquel corazón que podríamos contemplar endurecido por la maldad que le había llevado a aquella condena ¿qué pudo contemplar en quien con ellos estaba crucificado incongruentemente como rey de los judíos para pedir estar con El en su Reino? Los caminos de Dios son inescrutables hemos escuchado muchas veces y los caminos de la gracia estaban regando el corazón de aquel malhechor. ¿No había dicho Jesús que el médico no era para los que se creían sanos sino para los que sentían enfermos? ‘Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso’, porque así de pronta es la misericordia del Señor. Y nosotros que le damos tantas vueltas al paso de perdonar y de restablecer el amor y la amistad.

‘Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu’, fueron las últimas palabras de Jesús. Un día había dicho que su alimento era hacer la voluntad del Padre. Nos había enseñado para nuestra oración que fuéramos capaces de pedir que se hiciera siempre la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. Aunque había pedido en Getsemaní que pasara de El aquel cáliz había permanecido en su deseo de que por encima de todo estuviera siempre lo que era la voluntad de Dios. Quien se pone en las manos de Dios sabe que nunca se podrá sentir abandonado porque Dios es siempre nuestra fortaleza y nuestro refugio. ¿Qué podía decir Jesús en este momento supremo de su muerte? Encomendarse a las manos del Padre.

El claroscuro de nuestra vida está en nuestras angustias y desesperanzas cuando nos llegan de una manera u otra los momentos oscuros de la vida donde todo lo vemos turbio, donde nos parece que el túnel al final se queda sin luz, donde no somos capaces de ver más allá de ese momento de tormento esa luz que pone paz en el corazón, ser capaces de ver los resplandores de bien y de bondad que podemos encontrar en los que están a nuestro lado. En aquella tarde de tormento el centurión supo descubrir el actuar de Dios porque confesaría ante la muerte de Jesús que era un justo.

Dejémonos invitar, como decíamos antes, por Jesús para comer esta Pascua con El. Ha de ser una Pascua especial, en ese mosaico tenemos que saber descubrir el verdadero colorido de la vida que solo en Jesús podemos encontrar. Estemos dispuestos a ir con Jesús a su pasión para llegar a la Pascua.

viernes, 22 de marzo de 2024

Un momento para hacernos una reflexión seria de lo que tendría que significar la celebración del Misterio Pascual de la Semana Santa y el compromiso que tendría que surgir

 


Un momento para hacernos una reflexión seria de lo que tendría que significar la celebración del Misterio Pascual de la Semana Santa y el compromiso que tendría que surgir

Jeremías 20, 10-13; Salmo 17; Juan 10, 31-42

Estamos ya casi a las puertas de la semana santa y según las expectativas de muchos para estos días, parece como si los textos que se nos están ofreciendo en el evangelio en estos días no terminaran de conectar con lo que esperamos o con lo que pensamos que ha de ser la semana santa.

Y no pienso en las expectativas de los que piensan en este día como unas vacaciones como a fuera de época antes de llegar el verano y como una recuperación de fuerzas para seguir luego en la batalla de siempre. Pienso en los que religiosamente queremos vivir la semana santa un poco también como nos la hemos montado que ahora sí tendríamos que preguntarnos si en verdad es lo que tendría que ser esta semana de pasión y de pascua.

Estos días los textos de la Palabra de Dios y sobre todo del evangelio nos han ido presentando lo que fueron también las vísperas de aquella pascua de Jesús y los discípulos en aquel momento concreto. Y es que, tendríamos que reconocerlo así, se estaba desarrollando un drama muy sangriento y cruel que luego ahora nosotros revestimos de ropajes de ricos tejidos y esplendorosos adornos como si de alguna manera quisiéramos disimular lo que realmente celebramos. También nos hemos hecho, y perdónenme la palabra, unos montajes que no sé, lo digo con miedo pero también con sinceridad, si realmente nos ayudarán a vivir con profundidad el misterio que celebramos.

Creo que la Iglesia, y los cristianos, de una vez por todas tendríamos que hacernos una reflexión seria y profunda de por donde hemos ido llevando nuestras celebraciones y nuestros ritos litúrgicos y si hemos sido capaces de darle toda la profundidad al misterio pascual que celebramos. Demasiada aparatosidad externa, demasiados brillos de oropeles, emociones de movimientos de masas en muchos lugares y ocasiones, pero, ¿dónde están calando los valores del evangelio?, ¿dónde los estamos reflejando? ¿En qué se aprecia que los valores del evangelio son la guía y el sentido de la vida de cada día de esas personas que de esa forma han vivido la semana santa?

Como fruto de la vivencia del misterio pascual tendría que notarse que nos sentimos transformados, que nuestra vida no es la misma, que hay unos compromisos en la vida que tenemos que asumir con radicalidad, que hay un trabajo que tendríamos que hacer los cristianos para que nuestro mundo sea en verdad mejor y reina la justicia, y amemos la verdad, y alejemos de nosotros vanidades y ostentaciones, orgullos y violencias. Pero se mueve la marea religiosa enfervorizada en estos días, pero luego baja la marea y todo sigue igual. ¿Podemos contentarnos con eso?

Hay un tremendo drama de dolor y de sufrimiento en la pasión de Jesús que celebramos y en la que tendríamos que ver todo el drama de dolor y sufrimiento que sigue viviendo hoy la humanidad. Podríamos hacer una larga descripción; pienso en los que llegan en pateras a nuestras cosas y los que se quedan en el camino del mar; pienso en esos largos éxodos de emigrantes que en distintos lugares de América y del mundo huyen de pobrezas y de guerras; como puedo pensar en tantos que son perseguidos o anulados de una forma o de otra por dictaduras de todo tipo que quitan la libertad y la dignidad humana… En muchos más podríamos pensar como la guerra de Ukrania, de Gaza e Israel y tantos otros sitios.

Claro que cuando vemos el drama de la pasión de Jesús estamos viendo en su hondura todo lo que es el fuego del amor divino que así en Cristo se nos manifiesta. Aquel drama tuvo un sentido que fue el amor. El amor de Dios que nos ama tanto que nos entregó a su Hijo que a pesar de su categoría de Dios se rebajó no solo haciéndose hombre sino haciéndose el esclavo de amor de todos para a todos liberarnos y para que entonces comprendiéramos donde está verdaderamente el sentido de nuestra vida.

Despojado y desnudo de todo ropaje le veremos subir a la cruz no para que ahora nosotros vistiéramos su imágenes de terciopelos y de coronas de oro, sino para que viendo la desnudez y el despojo de tantos a nuestro lado desde nuestro amor aprendamos a vestirlos de nueva dignidad como personas y como hijos de Dios que también son. ¿Llegaremos a esas conclusiones en los parámetros en que nos hemos montado nuestras celebraciones de semana santa?  Si nos tomáramos en serio el misterio del amor de Dios que vamos a celebrar muchas cosas tendrían que cambiar en nuestra vida y muchas cosas comenzaríamos a cambiar también en la manera que hacemos las cosas y muchas cosas cambiarían en nuestro mundo.

Mucho tenemos que plantearnos, mucho tenemos que pensar y reflexionar, muchas nuevas actitudes y posturas tendríamos que tomar. Puede parecer cruda esa reflexión pero es necesario que nos paremos a pensar.

sábado, 9 de abril de 2022

Vamos mañana a subir a Jerusalén con Jesús poniendo toda la sinceridad de nuestra vida y todo lo que es toda nuestra vida y la vida de nuestro mundo hoy con esperanza

 


Vamos mañana a subir a Jerusalén con Jesús poniendo toda la sinceridad de nuestra vida y todo lo que es toda nuestra vida y la vida de nuestro mundo hoy con esperanza

Ezequiel 37, 21-28; Sal.: Jer 31, 10. 11-12ab. 13; Juan 11, 45-57

¿Qué hacemos? Es quizás la disyuntiva en la que nos encontramos muchas veces en la vida. Se abren distintos caminos ante nosotros, hay diversas cosas que podemos hacer, nos llegan diferentes ofertas y tenemos que decidirnos. Aunque estemos en la duda muchas veces. Todo nos parece igual de bueno o al menos es aceptable y eso mismo quizás aumenta nuestra duda.

Pero también lo podemos pensar en referencia a otras personas. ¿Qué va a hacer él? ¿Qué decisión tomará? Pero, claro, nosotros andamos en suposiciones, por lo que en otras ocasiones le hemos visto hacer, por lo que puedan ser sus gustos, pero lo esperamos o no lo esperamos, vendrá o no vendrá, qué es lo que va a hacer, sigue siendo para nosotros la incertidumbre.

En el evangelio estamos escuchando el relato de lo que van a ser momentos decisivos para Jesús. Se acerca la Pascua por El tantas veces anunciada. Y aquello que no entendían los discípulos que Jesús les decía que iba a pasar está a punto de realizarse. Ahora ha sido un momento decisivo después de la resurrección de Lázaro en Betania y la gente está muy entusiasmada por Jesús. Y los dirigentes judíos temen lo peor, que la gente los abandone y se vaya con Jesús, o que se pueda armar una revuelta en la que intervengan los romanos y pudiera haber incluso  una masacre. Por eso se ha reunido el consejo de los Sumos Sacerdotes que tienen que tomar una decisión. Les cuesta, porque saben cómo anda la gente detrás de Jesús. Será el Sumo Sacerdote el que fuerce la decisión, porque ‘no tiene que morir por todo el pueblo’. No sabe él que con sus palabras está dando cumplimiento a las Escrituras.

Pero Jesús se ha retirado más allá de Betania, más allá del Jordán y cuando la gente sube a Jerusalén porque ya se acerca la fiesta de la Pascua, se preguntan si Jesús vendrá o no vendrá a la fiesta. Es la disyuntiva con la que comenzábamos de alguna manera nuestra reflexión. Pero creo que esto tiene que hacernos reflexionar sobre la vivencia de nuestra pascua.

También quizá algunos se preguntan ¿qué hacemos? Se nos ofrecen también unas posibilidades de otras cosas en estos días que ya por tradición todo el mundo llama Semana Santa. Pensar en Semana Santa para un cristiano es pensar en estos días en que celebramos la pasión y la muerte del Señor, en que celebramos la Pascua con su resurrección. Para otros, semana santa significan unas vacaciones, unos viajes, unos días de playa, a lo más quizá para algunos ir a contemplar unas procesiones en algunos lugares que puedan ser más famosos o tener una tradición distinta; miremos lo que abunda estos días en las noticias y cómo es tratado el tema de la Semana Santa.

Y ahí en medio estamos nosotros, nos encontramos ya a las puertas del comienzo de las celebraciones y nos preguntamos también ¿qué hacemos? Puede que muchos hayamos tomado la decisión de quedarnos en casa, de participar en las celebraciones de nuestra parroquia, en los actos que se realicen allí donde vivimos. Pero, repito, la pregunta sigue estando ahí, ¿qué hacemos?

Porque también podemos tener diversas formas de estar o de participar. Son unas tradiciones, es algo que siempre hemos vivido en la familia, son unas celebraciones que reconocemos son hermosas e incluso emocionantes, pero ¿hasta donde llegamos? ¿Nos quedamos simplemente ahí? ¿Daremos un paso más para hacer todo eso parte de mi vida? como ya nos hemos preguntado en otro momento ¿Cómo uniremos nuestras celebraciones religiosas y litúrgicas con lo que estamos viviendo en estos días? ¿Llegaremos a descubrir la pasión de Cristo en el sufrimiento que estamos contemplando, en las expectativas angustiosas que todos podamos tener por la situación que vivimos?

Vamos mañana a subir a Jerusalén con Jesús en su entrada en la ciudad. Vamos a ir poniendo toda la sinceridad de nuestra vida pero poniendo ahí lo que es toda nuestra vida y la vida de nuestro mundo hoy. Y vamos a celebrar la pascua como en verdad tiene que ser para un cristiano, algo que vivimos con esperanza, porque la fuerza de todo está en el amor.

Vamos a orar de verdad, vamos a poner de verdad a Cristo en nuestro corazón con esperanza de resurrección; no nos podemos quedar en la muerte, no quiere Cristo que nos quedemos en el dolor y en la muerte sino que lleguemos a la vida, para eso resucitó El. Vamos a darle intensidad profunda a lo que vamos a vivir en estos días.

domingo, 25 de marzo de 2018

Es domingo de ramos pero será bueno que nos preguntemos si al celebrar la pascua este año vamos a terminar por ser un poquito mejores y nuestro mundo será mejor


Es domingo de ramos pero será bueno que nos preguntemos si al celebrar la pascua este año vamos a terminar por ser un poquito mejores y nuestro mundo será mejor

Isaías 50, 4-7; Sal. 21; Filipenses 2, 6-11; Marcos 14, 1–15, 47

‘Mirad que subimos a Jerusalén…’ les había anunciado repetidamente Jesús a los discípulos. Ellos no habían sabido entender. Subir a Jerusalén era normal sobre todo por la fiesta de la Pascua para los judíos o también alguna de las otras fiestas establecidas en la ley mosaica. Menos aun entendían lo que Jesús les decía que el Hijo del Hombre iba a ser entregado en manos de los gentiles y que sufriría muerte de cruz. Habían intentado incluso quitárselo de la cabeza.
Ahora estaban ya a las puertas de la ciudad bajando por la ladera de enfrente, por el monte de los olivos y en la cercanía ya de la fiesta de la pascua eran muchos ya los que entre cantos de alegría por llegar a contemplar la ciudad de Jerusalén bajaban también en aquellos momentos. Entre los que bajaban habría muchos galileos, porque aquel era el camino normal para acercarse a Jerusalén por el valle del Jordán subiendo luego desde Jericó que habían escuchado las enseñanzas de Jesús por toda Galilea y contemplado sus signos y milagros.
Pero estaba también reciente un signo muy especial como había sido la resurrección de Lázaro, después de cuatro días enterrado, en la cercana Betania. Entre los cánticos entusiasmados por la llegada a Jerusalén, el entusiasmo de los galileos por Jesús y las noticias de la reciente resurrección de Lázaro habían caldeado el ambiente y ahora era a Jesús al que aclamaban. El había tomado prestado en una cercana aldea un borrico sobre el que iba montado y todo hizo que las gentes comenzaran a aclamar a Jesús como el que venia en nombre del Señor, alfombrando los caminos con sus mantos y cogiendo ramas de los árboles para expresar así su alegría por la llegada de Jesús a Jerusalén.
Para los discípulos cercanos todo sería asombro y entusiasmo, porque además no veían lo que Jesús había anunciado de entregas y de muerte sino los signos eran todo lo contrario de victoria. ‘¡Hosanna al Hijo de David!’, aclamaban niños y mayores con todo entusiasmo. Eran cánticos de victoria lo que se oían y que provocarían cierta reacción de los fariseos y los sumos sacerdotes porque ahora si parecía que todo se les iba de las manos.
‘Si callan los niños, gritarán las piedras’, había dicho Jesús cuando alguien se había acercado a decirle que los hiciera callar porque aquello quizá no parecía conveniente. Jesús acepta aquellas aclamaciones aunque sabe que a los pocos días aquellas aclamaciones cambiarían. Pero es su entrada para la Pascua y aquella iba a ser una pascua especial porque sería la pascua definitiva, la pascua nueva y definitiva que traería el paso salvador de Dios en medio de los hombres para siempre.
Los cristianos también en este domingo conmemoramos y celebramos también esa entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. También nosotros nos unimos a los niños hebreos en este día para aclamar al Señor y también con palmas y ramos de olivo queremos salir al encuentro del Señor que viene a nuestra Jerusalén, a nuestra vidalol. Queremos entender bien todo el sentido que tienen esas aclamaciones porque son un anticipo de los Aleluyas que vamos a cantar en la mañana de Pascua.
Queremos entender, sí, el anuncio de Jesús sobre el sentido de su subida a Jerusalén y por eso en estos días vamos a celebrar todo el misterio pascual de Cristo, vamos a celebrar y conmemorar su pasión y su muerte pero nosotros si entendemos lo que El también había anunciado – y tanto le costaba entender a los discípulos – de que al tercer día resucitaría.
Y todo esto no lo queremos vivir de cualquiera manera, no lo queremos vivir de una manera superficial, no queremos ser meros espectadores que contemplamos un espectáculo. Demasiado espectáculo estamos haciendo de nuestra semana santa hasta convertirla en una fiesta de interés turístico. Las imágenes que tendrían que servirnos para contemplar y meditar toda la crudeza de la pasión de Cristo, que fue una pasión de amor, demasiado se han convertido desde una devoción no siempre bien entendida en ostentación de joyas y de riquezas que están bien lejos del verdadero sentido de la pasión y muerte de Jesús.
Tenemos que saber interiorizar bien todo el sentido de nuestras celebraciones y aunque es bueno que también proclamemos ante todos en la vía publica lo que es nuestra fe, hagámoslo desde el verdadero sentido que tiene que tener para nosotros la celebración de la pascua. ¿Sentiremos en verdad ese paso salvador de Dios por nuestra vida que nos transforma y nos hace vivir en un nuevo sentido de amor?
Cuando terminemos todas nuestras celebraciones ¿vamos a ser mejores y hemos logrado que el mundo sea un poquito mejor? ¿Qué anuncio de Buena Nueva salvadora estaremos haciendo en estos días? ¿Llegará el evangelio a los corazones de nuestros hermanos – y también a nuestro corazón – no porque veamos unas imágenes que desfilan en unas procesiones sino porque cala hondo el mensaje de Jesús que interroga nuestra vida para hacer un mundo mejor?
Amigo que lees estas páginas de mi blogspot te invito a que tomes en tus manos estos días la Biblia y la abras por los relatos de la pasión en los distintos evangelistas. Este año en el Domingo de Ramos leemos la pasión según el evangelista Marcos. Detente un poco en tus actividades, encuentra momentos de sosiego y de silencio y escucha a Dios en tu corazón, déjate interrogar por el relato de la pasión de Jesús y deja que el Espíritu del Señor vaya transformando tu vida. Seguro que inspirará muchas cosas en tu corazón. Será una forma hermosa de hacer pascua. Subamos también nosotros con Jesús a Jerusalén para celebrar la Pascua.



domingo, 9 de abril de 2017

Está cerca la hora y hemos de levantarnos para hacer el camino de la cruz con Jesús que es nuestra cruz y la de nuestro mundo y se haga verdadera Pascua para todos


Está cerca la hora y hemos de levantarnos para hacer el camino de la cruz con Jesús que es nuestra cruz y la de nuestro mundo y se haga verdadera Pascua para todos

Isaías 50,4-7; Sal 21; Filipenses 2,6-11; Mateo 26,14–27,66
‘Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos!’ Así les decía Jesús en el huerto a los discípulos que estaban adormilados. ¿Será también lo que nos quiere decir Jesús hoy cuando comenzamos esta semana de Pasión? ‘Mirad, está cerca la hora…’
Lo que en el camino de Galilea a Jerusalén les había anunciado tantas veces y a los discípulos tanto les había costado comprender, ahora lo proclama ya inminente. ‘Está cerca la hora’. Era el inicio de la pasión. Es el inicio de nuestras celebraciones pascuales para las que nos hemos venido preparando a lo largo de toda la Cuaresma. Decimos Semana Santa, semana grande, semana de pasión que culminara en la celebración del tiempo pascual. También nosotros podemos andar confundidos y no terminar de entender los anuncios que Jesús nos hace. Es necesario espabilarnos, despertarnos de ese sueño en que nos sumergimos tantas veces en nuestra insensibilidad.
A nosotros también nos dice ‘¡Levantaos, vamos!’ Tenemos que subir también a Jerusalén pasando hoy por la bajada del monte de los Olivos para entrar en la ciudad santa, pasar por el huerto de Getsemaní, hacer todo el recorrido de la calle de la Amargura, subir con Jesús al Calvario, ponernos al lado de su cruz, mas aun, tomar la cruz, la nuestra y la de Jesús.
La cruz que veremos cargar a Jesús y en la que va a ser clavado es nuestra cruz. El la tomo antes que nosotros, que tantas veces quizás la hemos rehusado, de la que nos queremos echar atrás. Cuanto miedo le tenemos a la cruz, pero ¿Por qué? El puso amor, nosotros habíamos puesto nuestro pecado, pero en ella están puestas también todas las angustias y sufrimientos de todos los hombres – una lista muy larga podríamos hacer de pobreza, de hambre, de dolor, de guerras, de rivalidades y enfrentamientos, de injusticia… -, y ahora nos toca poner también amor para que sea redentora, para que sea en verdad transformadora para nosotros y para nuestro mundo, para que sea camino de salvación para todos.
Este domingo inicio y puerta de la semana santa lo llamamos Domingo de Ramos en la Pasión del Señor; y es que queremos hacer nuestra entrada como lo hizo Jesús en la ciudad santa; lo aclamaban las gentes, gritaban los niños, alfombraban el camino con los mantos y las ramas de los olivos y las palmeras en una entrada triunfal en Jerusalén. Todo tendría que sonar a música de paz y de triunfo - olivos y palmeras -, porque llegaba el Hijo de David, el que venia en nombre del Señor. Son los sencillos y los humildes, los niños y los pobres los que lo entienden y de los que saldrán los mejores cánticos de alabanza al Señor. Que no se callen esos gritos de paz para que no se oigan los gritos de tantas piedras de violencia.
No se ahogaran, sin embargo, estos gritos con los que cinco días mas tarde van a resonar ante el Pretorio de Pilatos, pero unos y otros hemos de entenderlos en su justo sentido. Nos pueden parecer contradictorios y un contrasentido que quienes un día entrando en la entrada en Jerusalén gritaban unas cosas, mas tarde parece que gritaran lo contrario. Unos y otros aunque parezcan de distinto signo nos van a proclamar una única y misma verdad,  quien es de verdad Jesús y el sentido de su muerte.
Es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como un día lo señalara el Bautista allá en el Jordán. Es el Cordero inmolado cuya sangre nos purifica y nos da vida; es el Cordero inmolado cuya sangre derramada va a ser la Sangre de la Alianza Nueva y Eterna; es la Sangre que caerá sobre nosotros para sellar esa Alianza, para hacer nacer en nosotros eso hombre nuevo que nos comprometa a hacer un mundo nuevo.
‘¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!’, gritaran ante el Pretorio los que buscaban su muerte sin comprender bien lo que decían y el alcance que tenían aquellas palabras. Será la Sangre que engendrara un hombre nuevo, un mundo nuevo. Nosotros, si, queremos entender y darle su verdadero sentido. Nosotros queremos entender ese camino de la cruz, ese camino de la pasión y de la muerte que va a emprender Jesús. Sabemos como nosotros tenemos que emprender ese camino al paso de Jesús porque como hemos dicho esa cruz es nuestra cruz, y es la cruz del sufrimiento, de la pasión que sufre nuestro mundo. Nosotros, si, queremos entender el sentido de esa Sangre derramada.
‘¡Levantaos, vamos!’ nos decía Jesús en Getsemaní y nos esta diciendo a todos en este día. Emprendamos el camino con Jesús en esta semana que nos lleva a la Pascua, pero que sabemos bien que ha de ser el camino pascual por el que ha de discurrir siempre nuestra vida.
Caminemos al paso de Jesús con la cruz, la nuestra y la de nuestro mundo, que es la cruz que Jesús va llevando delante de nosotros. Si lo hacemos así y ponemos toda nuestra vida y todo nuestro amor veremos surgir en nosotros un hombre nuevo, haremos posible también que nuestro mundo sea mejor, estaremos así construyendo de verdad el Reino de Dios, llegaremos a vivir en profundidad todo el sentido de la pascua.


viernes, 7 de abril de 2017

A las puertas de la semana de pasión que nos conduce a la Pascua caminamos en pos de María, Madre de los Dolores, que nos llevará por el amor y la cruz a la gloria de la vida

A las puertas de la semana de pasión que nos conduce a la Pascua caminamos en pos de María, Madre de los Dolores, que nos llevará por el amor y la cruz a la gloria de la vida

Jeremías 20,10-13; Sal 17; Juan 10,31-42
Los textos litúrgicos de este día nos hablan de aquellas diatribas que Jesús mantenía con los judíos sobre su propia identidad por lo que buscaban la manera de prenderle y de quitarle de en medio. Cuando en el evangelio de Juan se hace esa mención a los judíos no es una referencia en general  a todo el pueblo, sino mas bien a los dirigentes de la sociedad del momento, como eran los sumos sacerdotes, el sanedrín, los escribas o maestros de la ley y aquellos grupos de especial influencia como serian los fariseos y los saduceos.
Hoy veremos, incluso, que Jesús se retira a la región de más allá del Jordán donde aun sigue predicando y nos dice el evangelista que muchos creyeron en El. Será en esa estancia mas allá del Jordán donde le llegara la noticia de la enfermedad de Lázaro, que escuchábamos el pasado domingo y su posterior muerte con los acontecimientos que siguieron ya comentados.
Estamos a las puertas ya casi de la semana santa y la liturgia nos va preparando para estos días de pasión que nos lleven a celebrar la pascua. Por eso todo el ambiente que nos ofrecen las lecturas de la Palabra de Dios hacen referencia a como tramaban contra El que desembocara en su prendimiento como iremos viendo en los días sucesivos. Nos daría esto para momentos de reflexión en como nosotros aceptamos de corazón a Jesús y estamos dispuestos a entrar con El en esta semana de pasión, pero ya será tema de reflexión en los próximos días.
Este viernes de la quinta semana de cuaresma – semana que ya comúnmente llamamos también de pasión – es tradicional fijarnos en la figura de María. Llamamos a este viernes precisamente Viernes de Dolores, por esa referencia a la Madre de Jesús. Aunque la festividad litúrgica de la Virgen de los Dolores es el quince de Septiembre ya en  nuestros templos suele estar entronizada la imagen de la Virgen Dolorosa como una preparación fuerte para nuestros corazones para vivir los días que se acercan.
Miramos, si, a María en el camino de la pasión, al pie de la cruz en el Calvario. Madre de los Dolores, la llamamos, Virgen de las Angustias y así tantos nombres que con nuestro amor de hijos queremos darle junto al sufrimiento redentor de su Hijo en la Cruz. Allí Jesús quiso dárnosla como Madre, aunque ella nos llevaba ya en el corazón desde que acepto la Encarnación de Dios en sus entrañas. Conocía ella las Escrituras y lo que los profetas habían anunciado del sufrimiento del Siervo de Yahvé. Ella sabia que allí estaba la redención. También el anciano Simeón se lo había anunciado diciéndole que una espada atravesaría su alma. Jesús seria un signo de contradicción porque su ofrenda de amor le llevaba a la muerte y aquella muerte nos daría la vida.
Pero de signos contradicción íbamos a ser nosotros porque teniendo la salvación que Jesús nos ofrecía a nuestra mano sin embargo en lugar de la vida tantas veces preferimos la muerte. Contradicciones de nuestra vida pecadora. Y María sabia que había de estar a nuestro lado para recordarnos una y otra vez el camino de Jesús, el camino del amor que nosotros habíamos de escoger. En su dolor y sufrimiento están los dolores de Jesús en la cruz, pero esta también nuestro sufrimiento como están nuestras negruras y oscuridades.
Cuando ahora la vamos a contemplar caminando en pos de Jesús en la calle de la Amargura vamos a seguir sus pasos, vamos ponernos a su lado, vamos a sentir el resplandor y el calor de su amor que mueva también nuestros corazones para que nos decidamos a hacer el camino de Jesús. María es un camino certero que nos lleva a la pascua, que nos hace vivir la pascua, que nos ayudará a transformar nuestro corazón y nuestra vida para sentirnos siempre iluminados por la luz de Jesús.
Ella siempre nos dirá haced lo que El os diga, y nos señala del camino de Jesús, el camino de la cruz pero que es el camino del amor y de la vida.