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miércoles, 11 de julio de 2012


En búsqueda de una sabiduría interior y una espiritualidad

SAN BENITO DE NURSIA

Proverbios, 2, 1-9; Sal. 33; Mt. 19, 27-29
Tenemos el peligro de la superficialidad, de quedarnos en lo externo o en lo inmediato; pero la persona madura, sin embargo, siempre tiene ansias de más; y cuando digo ansias de más no es simplemente el tener más o menos cosas, sino el crecer en el conocimiento, en la reflexión, en la sabiduría de la vida. No es solo acumular conocimientos como de quien va aprendiendo cosas, lugares o personas que pueda ir conociendo, sino que es algo mucho más hondo, porque es querer encontrar un sentido y un valor, aprendiendo a gustar lo que va conociendo y lo que va viviendo para hacerlo y vivirlo con la mayor intensidad.
Nunca una persona que quiere vivir esa hondura y sabiduría de la vida se da por contenta o satisfecha sino que siempre se está preguntando, para ir como ahondando en el por qué de las cosas, en el sentido hondo de la vida. Una persona madura es una persona reflexiva, como un cristiano maduro en su fe es una persona orante. Y no es cuestión de edades o momentos de la vida, aunque la persona reflexiva el paso de los años le irá dando esa mayor sabiduría, esa mayor hondura y plenitud de la cosas. Todo eso le llevará a vivir con mayor paz y sosiego, aunque quizá sienta dentro de sí cada día una mayor inquietud por lo que le rodea, lo que le llevará a un mayor compromiso por luchar porque todos lleguen a poder vivir mejor, más felices y con mayor sabiduría.
Es un camino que el verdadero creyente va haciendo dejándose conducir por la Palabra del Señor y por la luz del Espíritu divino que se va encendiendo en su corazón desde la fe que ha puesto en el Señor. Por eso nos ha dicho hoy el libro de los proverbios ‘hijo mío, si aceptas mis palabras y conservas mis consejo, prestando oído a la sabiduría y prestando atención a la prudencia, si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia… entonces comprenderás el temor del Señor y alcanzarás el conocimiento de Dios’.
Hermoso lo que nos dice este sabio del Antiguo Testamento. Nos invita a buscar esa sabiduría como el más preciado tesoro. Tesoro y sabiduría que encontraremos en el Señor. ‘Gustad y ved qué bueno es el Señor’, hemos repetido en el salmo. Sabiduría espiritual que enriquece nuestra vida, nos da honda espiritualidad y es fuente de nuestro enriquecimiento espiritual – la verdadera riqueza del hombre que no está en lo material sino en lo que lleva en lo más hondo del corazón, en su espíritu – y que tanto al mismo tiempo puede ayudar a los demás. Y una persona que vive con esta espiritualidad y hondura sabrá ser desprendido porque no son las cosas las que le van a dar verdadera riqueza a su vida.  Por eso tenemos que ser reflexivos y orantes.
Hoy precisamente estamos celebrando a un santo que supo apartarse de todas las glorias del mundo para buscar esa sabiduría del Señor. San Benito que primero retiró al Subiaco y luego a Montecasino para en el silencio escuchar a Dios en su corazón, aprender esa sabiduría de Dios con la que luego pudo ayudar a tantos desde su silencio y su soledad a encontrar también esa sabiduría y ese sentido para su vida. Oración y trabajo era el lema de su vida.
Algunos pueden pensar que una vida que se retira asi a la soledad y al silencio puede ser una vida infructuosa, porque con otras actividades o acciones sociales, pensamos, pueden hacer más por el mundo. Nos equivocamos en esa apreciación. No todos tendrán esa vocación al silencio y al recogimiento, pero si necesitamos de personas que vivan así y sean para nosotros una luz que nos ayude a reflexionar sobre el sentido y el valor de nuestra vida desde el testimonio que nos ofrece ya su vida sacrificada donde han renunciado a todo y también desde sus palabras, sus consejos y sus orientaciones, como fue en concreto la vida de san Benito.
Muchos su juntaron con él para seguir ese estilo de vida, pero muchos, desde papas y reyes a él acudían también en búsqueda de consejo y orientación para sus vidas y trabajos que sólo unas personas de espiritualidad tan intensa como la de san Benito podían ofrecer.
La celebración de la fiesta de este Santo, padre del monacato occidental, de él surgió la familia benedictina en las diferentes ramas que con el paso de los siglos fueron desmembrándose y formando muchas ramas de monjes, y patrono de Europa por la gran influencia que tuvo él en su tiempo y en el paso de los siglos toda la familia benedictina, tendría que ser para nosotros como una llamada a ese crecimiento interior, a buscar esa sabiduría de Dios para nuestra vida, a una maduración de nuestro espíritu llegando a tener una honda espiritualidad en la que encontremos esa luz y esa fuerza para nuestra caminar siguiendo el camino de Jesús.
Lejos de nosotros toda superficialidad espiritual. Dejémonos en verdad conducir por el Espíritu de Dios que nos haga alcanzar esa hondura y esa sabiduría para nuestra vida. Reflexión, oración, maduración y crecimiento espiritual, que necesarios son en nuestra vida.

sábado, 17 de enero de 2009

La Palabra de Dios viva y eficaz

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Hebreos, 4, 12-16

Sal. 18

Mc. 2, 13-17

‘Tus palabras, Señor, son espíritu y vida’, decíamos en el salmo. Y no podíamos menos que decir eso después de lo escuchado en la Carta a los Hebreos: ‘La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el fondo del alma… Juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se oculta; todo está patente…’

Es la palabra que da vida, nos llena de vida. Es la Palabra que es luz para nuestros ojos; que nos hace descubrir la realidad profunda de nuestro corazón y nuestra vida. Cuando necesitamos limpiar nuestra casa no lo hacemos a oscuras y con las puertas y ventanas cerradas, sino que encendemos todas las luces, abrimos todas las ventanas y puertas para que entre la luz, para que podamos mirar hasta los más recónditos rincones. Así la Palabra de Dios es esa luz en nuestra vida.

Es la Palabra que nos purifica, nos salva, nos sana. Jesús nos dice hoy en el Evangelio que vino a curar a los enfermos, a buscar a los pecadores. Es la Palabra que nos descubre todo el misterio de Dios y de su Reino; Jesús enseñaba en todo lugar y en toda ocasión. Hoy lo vemos a la orilla del lago. ‘Jesús salió de nuevo a la orilla del lago y la gente acudía a El y les enseñaba’.

Es la Palabra que nos llama y nos pone en nuevos caminos. ‘Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió’. Hoy nos coincide la celebración del sábado con la memoria de san Antonio Abad. Un hombre que escuchó la Palabra y se dejó conducir por ella. Buen ejemplo de lo que hemos escuchado y estamos comentando.

Nos cuenta san Atanasio en la vida de san Antonio que un día que el joven Antonio entró a la Iglesia escuchó en ese momento la Palabra que se proclamaba. ‘Ve, vende todo lo que tienes, dale el dinero a los pobres y luego sígueme’. Aquella palabra no cayó en tierra baldía, sino que Antonio que había heredado de sus padres una cuantiosa fortuna, vendió todo lo que tenía para dárselo a los pobres, dejó al cuidado de unas buenas mujeres a su hermana menor, y se fue al desierto para vivir en la soledad de la vida eremítica, en la oración y la penitencia.

Pronto en torno a Antonio se congregaron otros muchos que siguiendo su ejemplo querían así radicalmente vivir el evangelio y fue el principio del monacato, convirtiéndose Antonio en padre y guía de aquellas comunidades que fueron surgiendo. Por eso lo llamamos Abad y lo reconocemos como padre e iniciador del monacato en Oriente.

No fue fácil la vida de ascetismo de Antonio en el desierto, porque el diablo de mil maneras le tentaba. Se le aparecía bajo la figura de animales para incitarlo al pecado pero Antonio que se fiaba de la Palabra de Dios, que era un hombre de intensa oración y penitencia, logró salir vencedor en las tentaciones. Ese animalito que se pone junto a su figura en las imágenes de san Antonio, quiere expresar esas tentaciones del diablo que sufrió. De ahí la costumbre de llevar los animales, nuestros ganados, en este día ante la imagen de san Antonio para pedir la bendición y protección de Dios.

Pero lo importante que podemos deducir como ejemplo para nosotros y en torno a la Palabra proclamada es ese ejemplo de quien supo escuchar la Palabra y plantar la semilla en la tierra buena de su corazón para que diera fruto. Palabra de vida que nos salva, que nos purifica y que nos llena de vida.