Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta espera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espera. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de julio de 2026

La grandeza del ser humano está en saber ser indulgente con todos haciendo resplandecer la humanidad

 


La grandeza del ser humano está en saber ser indulgente con todos haciendo resplandecer la humanidad

Sabiduría 12, 13. 16-19; Salmo 85; Romanos 8, 26-27; Mateo 13, 24-30

Vivimos en unos tiempos que aunque llamamos de libertad y nos sentimos tan satisfechos con los logros que decimos que hemos conseguido y se nos llena la boca con la palabra democracia, sin embargo en todos los lados y no podemos pensar solo en un sentido se radicalizan las posturas fundamentalistas que llevan consigo la condena, la estigmatización y los rechazos de quienes no piensen o hagan las cosas como nosotros. Las condenas son inexorables, el querer arrancar de la vida comunitaria por ejemplo a quienes han hecho daño o se han portado injustamente están a la orden del día. Nos volvemos intransigentes con el mal que podamos ver alrededor, y no significa que tengamos que consentir el mal o la injusticia, pero detrás de eso están unas personas que pueden rectificar sus vidas, pero es que nos hacemos muy radicales en posturas y condenas. Entre muchas cosas pienso en lo que está sucediendo en nuestra vida social y política, pero en todas las tendencias o ideología donde prevalece la intransigencia y la condena con tanta facilidad, pero nunca vemos la viga que podamos llevar en nuestro propio ojo.

Mirando lo que contemplamos a nuestro alrededor, pero mirándonos a nosotros mismos que también fácilmente caemos en esas tendencias escuchamos la Palabra de Dios que nos ilumina; no podemos leer o escuchar el evangelio simplemente como si sacáramos una reliquia de otro tiempo sino con una lectura creyente de nuestra vida y de la vida que vivimos. Las parábolas como toda la Palabra de Dios no tienen una fecha de caducidad y de destino, como si fueran para otros tiempos, para otras personas, o para otras situaciones que no tengan que ver con el hoy de nuestra vida. Es Palabra para mi y para ti en el hoy de nuestra vida.

La parábola nos habla de una buena semilla sembrada en un campo, pero también de otra semilla mala que el enemigo ha sembrado para dañar nuestra cosecha. Aparece el trigo pero aparece también la cizaña. Nuestra vida, nuestro mundo, con su trigo y con su cizaña, con la semilla del bien, de lo bueno y de lo justo con lo queremos hacer un mundo mejor; pero al mismo tiempo con la semilla del mal que rebrota y florece por todas partes.

Y es aquí donde nos llega el mensaje de la parábola. Los servidores de aquel dueño de la finca le anuncian lo que está sucediendo y se ofrecen a ir a arrancar aquellos malos brotes. No se puede perder tiempo, piensan ellos. Pero el dueño les dirá que no, que hay que tener paciencia, que ahora no queda más remedio que dejar que crezcan juntos, que ya llegará el tiempo en que se haga justicia y se separen los malos frutos de los buenos. El mal nos rodea, es cierto, y nos gustaría arrancarlo de raíz; y vienen nuestras impaciencias y nuestras radicalismos, vienen nuestras condenas y nuestros descartes. Pero como nos está enseñando la parábola tenemos que aprender a seguir los ritmos de Dios.

Comencemos por pensar en nosotros mismos y aprender de nuestra propia vida; no somos santos porque todos cometemos errores, porque también nosotros nos hemos dejado arrastrar por el mal en tantas ocasiones, recordemos nuestra vida de pecado, recordemos la pobreza de nuestro amor, recordemos nuestros egoísmos insolidarios en tantas ocasiones en que quizás hemos mirado para otro lado para no prestar una ayuda o tener una atención con alguien, y cada uno puede pensar en mil cosas mas en la situación de su propia vida, pero Dios siempre ha tenido paciencia con nosotros; cuántas veces le hemos pedido perdón y confesado nuestro pecado y El nos ha regalado la gracia de su perdón; pero cuantas veces hemos reincidido pero Dios nos ha perdido la paciencia con nosotros.

Es la paciencia de la misericordia de Dios que siempre está esperando la vuelta del hijo pródigo y nos sale al encuentro de tantas maneras para movernos con su gracia a la vuelta a la casa del Padre. Con nosotros y con todos sin diferencia ni distinción. ¿No tendríamos nosotros que aprender para desprendernos de esos radicalismos e intransigencias con que nosotros actuamos tantas veces con los demás?

De eso tenemos que ser signo ante el mundo que nos rodea que precisamente no brilla por esas buenas actitudes. Se nos llena la boca con la palabra justicia para aplicarla de forma irremediable con lo que hacen los demás, pero cuando tenemos que mirarnos a nosotros mismos parece que una niebla nos envuelve para no tener que reconocerlo. Hay algo muy hermoso que nos ha traído hoy el libro de la sabiduría, unas sentencias que tendríamos que aprender a ponerlas como lema y pauta de nuestro actuar. ‘Tu fuerza es el principio de la justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos… Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores’.

La grandeza de la persona está precisamente en saber ser indulgente con todos porque siempre ha de brillar nuestra humanidad. Las intransigencias no tienen nada de humano porque nos convierten en lobos feroces y ciegos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Busquemos un motivo hondo para nuestro camino de adviento preguntándonos qué esperamos o a quien esperamos, porque será distinto el sentido de nuestra espera Isaías 40, 25-31; Salmo 102; Mateo 11, 28-30 Siguen avanzando los días y sigue avanzando el camino de adviento que vamos realizando; como bien sabemos es un camino de espera, todos andamos ansiosos porque llegue la Navidad, pero no para todos es el mismo sentido de la espera porque quizás no esperamos lo mismo; aunque nuestra sociedad se ha contagiado de ese sentimiento de la espera que nació en los creyentes que querían darle cada año un sentido nuevo y cada vez más intenso a la Navidad que íbamos a celebrar, sin embargo podíamos decir que ha habido una manipulación de esos sentimientos aprovechándolo cada uno para sus intereses. Mucho pesa en estos momentos ese ambiente comercial y de consumo al que todos nos sentimos tentados y en el que muchos quieren hacer su negocio. No es malo que muchos busquen un rendimiento a sus esfuerzos y trabajos, pero lo malo es perder el sentido grandioso que tendría que tener para nosotros la navidad que se acerca. ¿Qué esperamos? Quizás tendríamos que comenzar preguntándonos, porque depende de lo que esperemos así le daremos sentido a nuestra espera. Es importante este planteamiento para que encontremos entonces el verdadero sentido que tendríamos que darle a nuestras celebraciones cristianas. Muchas veces solo esperamos cosas y todo parece que lo centramos en los regalos que tengamos que hacernos o recibir, el buen ambiente de fiesta con buenas comidas que hagamos en estos días, o que la suerte nos visite para que nos traiga grandes premios que pareciera que sería los que nos solucionarían todos los problemas que tenemos. Pudiera ser que al final nos sintamos desencantados porque ni fueron los regalos que esperábamos, ni logramos el buen ambiente en nuestras comidas y la fortuna no nos visitó. ¿Dónde se nos queda todo? Qué bonito y qué distinto es cuando esperamos a alguien; el encuentro personal será siempre más enriquecedor si ponemos buena disposición por todas partes; el encuentro personal nos hace crecer en humanidad y nos lleva a descubrir lo que mejor puede hacernos felices. Es la espera de la madre del hijo que hace tantos años marchó a otros lugares y ahora vuelve al hogar; es la espera del amigo con que tanto vamos a compartir y que nos hace disfrutar del calor del cariño y de la presencia de aquel a quien mucho apreciamos; es la espera del reencuentro de quienes por las razones que fueran andaban distanciados y ahora recuperan una amistad que se había deteriorado; es la espera de aquel con quien nos sentimos a gusto y que su presencia nos llena de paz porque nos comprende al mismo tiempo que nos anima y levanta de nuestros decaimientos. ¿Qué esperamos nosotros en este Adviento o a quién esperamos? Ahí está la raíz y la motivación verdadera para darle un sentido hondo a este Adviento como va a tener un sabor nuevo la Navidad que vamos a celebrar. Esperamos no algo sino que esperamos a Alguien, con más amor que una madre, como al Pastor que viene en búsqueda de las ovejas perdidas y por eso viene a mi encuentro que tantas veces ando sin saber ni por donde camino, como quien viene a ser nuestra paz y nuestro descanso porque en la mansedumbre de su corazón vamos a encontrar nuestro descanso, que viene con los brazos abiertos que nos ofrecen reconciliación pero que al mismo tiempo nos impulsará a vivir también esa reconciliación con los demás. Es lo que hoy nos está diciendo el profeta con aquellas palabras que levantaban la esperanza en el pueblo de Israel que esperaba al Mesías, y lo que Jesús mismo nos quiere decir en el evangelio. ¿Qué estamos cansados y agobiados? Vayamos a El que nos ofrece descanso en el refugio de su corazón. ¿Qué andamos desorientados en la vida como ovejas que no tiene pastor y perdidos por los arrabales por los que nos ha arrastrado nuestro orgullo y nuestra ambición, o el materialismo de la vida que nos hace esclavos de las cosas que al final han dejado un vacío en nuestro espíritu? sentémonos a los pies de Jesús como aquellas multitudes en la ladera del monte de las bienaventuranzas o como María de Betania que supo escoger la mejor parte. Cuando llegue el día de Navidad entonces nos encontraremos de verdad con Dios en aquel niño recién nacido y recostado en un pesebre en el portal de Belén. Nuestra mirada será otra y las motivaciones para la fiesta de navidad serán mucho más hondas porque nos vamos a encontrar con Dios de manera especial en cuantos nos vayamos encontrando por los caminos de la vida, sea cual sea su condición, porque en ellos veremos siempre unos hijos de Dios.

 


Busquemos un motivo hondo para nuestro camino de adviento preguntándonos qué esperamos o a quien esperamos, porque será distinto el sentido de nuestra espera

Isaías 40, 25-31; Salmo 102; Mateo 11, 28-30

Siguen avanzando los días y sigue avanzando el camino de adviento que vamos realizando; como bien sabemos es un camino de espera, todos andamos ansiosos porque llegue la Navidad, pero no para todos es el mismo sentido de la espera porque quizás no esperamos lo mismo; aunque nuestra sociedad se ha contagiado de ese sentimiento de la espera que nació en los creyentes que querían darle cada año un sentido nuevo y cada vez más intenso a la Navidad que íbamos a celebrar, sin embargo podíamos decir que ha habido una manipulación de esos sentimientos aprovechándolo cada uno para sus intereses.

Mucho pesa en estos momentos ese ambiente comercial y de consumo al que todos nos sentimos tentados y en el que muchos quieren hacer su negocio. No es malo que muchos busquen un rendimiento a sus esfuerzos y trabajos, pero lo malo es perder el sentido grandioso que tendría que tener para nosotros la navidad que se acerca.

¿Qué esperamos? Quizás tendríamos que comenzar preguntándonos, porque depende de lo que esperemos así le daremos sentido a nuestra espera. Es importante este planteamiento para que encontremos entonces el verdadero sentido que tendríamos que darle a nuestras celebraciones cristianas. Muchas veces solo esperamos cosas y todo parece que lo centramos en los regalos que tengamos que hacernos o recibir, el buen ambiente de fiesta con buenas comidas que hagamos en estos días, o que la suerte nos visite para que nos traiga grandes premios que pareciera que sería los que nos solucionarían todos los problemas que tenemos. Pudiera ser que al final nos sintamos desencantados porque ni fueron los regalos que esperábamos, ni logramos el buen ambiente en nuestras comidas y la fortuna no nos visitó. ¿Dónde se nos queda todo?

Qué bonito y qué distinto es cuando esperamos a alguien; el encuentro personal será siempre más enriquecedor si ponemos buena disposición por todas partes; el encuentro personal nos hace crecer en humanidad y nos lleva a descubrir lo que mejor puede hacernos felices. Es la espera de la madre del hijo que hace tantos años marchó a otros lugares y ahora vuelve al hogar; es la espera del amigo con que tanto vamos a compartir y que nos hace disfrutar del calor del cariño y de la presencia de aquel a quien mucho apreciamos; es la espera del reencuentro de quienes por las razones que fueran andaban distanciados y ahora recuperan una amistad que se había deteriorado; es la espera de aquel con quien nos sentimos a gusto y que su presencia nos llena de paz porque nos comprende al mismo tiempo que nos anima y levanta de nuestros decaimientos.

¿Qué esperamos nosotros en este Adviento o a quién esperamos? Ahí está la raíz y la motivación verdadera para darle un sentido hondo a este Adviento como va a tener un sabor nuevo la Navidad que vamos a celebrar. Esperamos no algo sino que esperamos a Alguien, con más amor que una madre, como al Pastor que viene en búsqueda de las ovejas perdidas y por eso viene a mi encuentro que tantas veces ando sin saber ni por donde camino, como quien viene a ser nuestra paz y nuestro descanso porque en la mansedumbre de su corazón vamos a encontrar nuestro descanso, que viene con los brazos abiertos que nos ofrecen reconciliación pero que al mismo tiempo nos impulsará a vivir también esa reconciliación con los demás.

Es lo que hoy nos está diciendo el profeta con aquellas palabras que levantaban la esperanza en el pueblo de Israel que esperaba al Mesías, y lo que Jesús mismo nos quiere decir en el evangelio. ¿Qué estamos cansados y agobiados? Vayamos a El que nos ofrece descanso en el refugio de su corazón. ¿Qué andamos desorientados en la vida como ovejas que no tiene pastor y perdidos por los arrabales por los que nos ha arrastrado nuestro orgullo y nuestra ambición, o el materialismo de la vida que nos hace esclavos de las cosas que al final han dejado un vacío en nuestro espíritu? sentémonos a los pies de Jesús como aquellas multitudes en la ladera del monte de las bienaventuranzas o como María de Betania que supo escoger la mejor parte.

Cuando llegue el día de Navidad entonces nos encontraremos de verdad con Dios en aquel niño recién nacido y recostado en un pesebre en el portal de Belén. Nuestra mirada será otra y las motivaciones para la fiesta de navidad serán mucho más hondas porque nos vamos a encontrar con Dios de manera especial en cuantos nos vayamos encontrando por los caminos de la vida, sea cual sea su condición, porque en ellos veremos siempre unos hijos de Dios.