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martes, 3 de octubre de 2023

Intentemos hacer el camino de la vida al paso de Jesús con la misma decisión de su subida a Jerusalén y emprenderemos un camino de entrega y de amor

 


Intentemos hacer el camino de la vida al paso de Jesús con la misma decisión de su subida a Jerusalén y emprenderemos un camino de entrega y de amor

Zacarías 8,20-23; Sal 86; Lucas 9,51-56

De camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén'.

¿No sucederá de una forma semejante también en nuestra sociedad de hoy? Aunque es bonito hablar de derechos humanos, de que todos somos iguales y cosas muy lindas por el estilo, sin embargo a la hora de la verdad nos hacemos nuestros 'distingos', no nos aceptamos todos de la misma manera, siguen existiendo discriminaciones. 'Yo no soy racista' nos dice más de uno, pero es que a ciertos individuos - y nos citan países o regiones de origen, y nos hablan del color de la piel, y nos recuerdan cosas del pasado - no me los puedo tragar, te dicen. Muchas veces también nos dejamos llevar por las apariencias, y cómo la gente hoy viste como quiere, y hay personas con las que no nos sentaremos a su lado, por ejemplo. Ahi tenemos el problema de la inmigración irregular con gentes, por ejemplo en nuestra tierra, que nos llegan en pateras arriesgando sus vidas por buscar una vida mejor, y miremos la letanía de quejas que nos hacemos si los reciben, si los tratan bien, si los tienen en este lugar o en otro. Y así podríamos poner muchos ejemplos que suceden en nuestro entorno y en lo que nosotros algunas veces nos podemos ver tentados a caer.

Aunque pudiera parecer que esto no tiene que ver con el evangelio, la actitud de aquellos samaritanos que no querían recibir ni a Jesús ni a los que le acompañaban porque iban a Jerusalén me ha dado pie para hacerme estas consideraciones. Nos viene bien porque es una invitación a reciclar viejas actitudes que también podemos tener en nuestro corazón. Además el evangelio nos hace pensar en algo más, las reacciones que ante esas diversas situaciones se pueden provocar en nosotros. Vemos lo que les sucedía a los propios discípulos de Jesús; vienen quejándose porque en aquel pueblo no han querido recibirles y en una reacción violenta ya están pidiendo a Jesús que baje fuego del cielo para castigarlos. ¿No será algo semejante a cuando decimos que a esos emigrantes que los manden a sus tierras?

Tenemos que andar con cuidado porque aunque nos decimos cristianos, que tenemos fe en Jesús y queremos escuchar su evangelio, también a veces nos sucede que nos contagiamos del espíritu del mundo y las reacciones que tenemos ante los diversos problemas que se nos van suscitando en la sociedad no siempre están guiadas por el espíritu del Evangelio.

Decíamos antes que tenemos que reciclarnos, es una forma de hablar, pero con ello queremos expresar cómo siempre hemos de estar en una actitud humilde de revisión de actitudes y comportamientos, porque fácilmente nos dejamos llevar, nos dejamos contagiar y no están resplandeciendo en nosotros los valores del evangelio.

Nos hace falta humildad, nos hace falta impregnarse de los sentimientos de Jesús, nos hace falta contemplar mucho el camino de Jesús para seguir en verdad sus pasos. Que resplandezca en nosotros la misericordia, la comprensión, la acogida, la cercanía y la escucha, la humildad y la sencillez que nos aleje de vanidades, la mansedumbre del corazón de Cristo. Que sepamos aceptarnos y acogernos, a pesar de las debilidades o sombras que podamos contemplar en la vida, que sepamos valorar y respetar la dignidad de toda persona, que sepamos poner amor que le dará un colorido nuevo a nuestros ojos y que le dará entonces un colorido nuevo a las relaciones mutuas entre unos y otros.

Camino bello si lo supiéramos caminar, aunque sabemos cuánto nos cuesta; pensar en nosotros rutinas y viejas costumbres, actitudes egoístas e insolidarias y muchas veces demasiado amor propio, pero es un camino que podemos realizar porque lo intentamos hacer al paso de Jesús en su subida a Jerusalén.


martes, 16 de febrero de 2021

Para entender y comprender el mensaje de Jesús hemos de saber entrar en su sintonía y lavarnos los ojos con el colirio de Dios para que resplandecientes veamos las obras de la luz

 


Para entender y comprender el mensaje de Jesús hemos de saber entrar en su sintonía y lavarnos los ojos con el colirio de Dios para que resplandecientes veamos las obras de la luz

Génesis 6,5-8; 7, 1-5.10; Sal 28; Marcos 8,14-21

Nos habrá sucedido en más de una ocasión. Quisimos hacer un comentario simple a algo que vimos y no nos gusto, a algún hecho acaecido en nuestro entorno, a una noticia  que nos llegó por algún medio de comunicación, lo hicimos con la mayor sencillez y sin ninguna doble intención y no nos entendieron, mal interpretaron nuestras palabras, al final terminaron metiéndose con nuestras actitudes o nuestras intenciones. No entendieron o no quisieron entender.

En un buen deseo de decir palabras buenas, pensamientos optimistas que nos llenen de ánimo y de sentido en medio de momentos duros, porque al expresarnos quisimos hacerlo con elegancia, con palabras distintas, de una forma que todos entendiéramos y quizá empleamos alguna imagen, pues la gente se quedó con la imagen, no fueron capaz de entender el sentido y por supuesto el mensaje se quedó cojo porque realmente no llegó a esas personas.

Me ha pasado en unos pensamientos que pretendo hacer llegar todos los días a mis amigos de las redes sociales, y quizá empleo una imagen de la naturaleza o de la agricultura como comparación o alegoría de lo que realmente quiero trasmitir, pero hay quien me lo comenta quedándose simplemente en aquella imagen de la naturaleza, de la agricultura o de lo que en estos trabajos ha hecho siempre, pero el mensaje de fondo no se supo interpretar.

A los discípulos, y en este caso a los más cercanos, a los que están siempre con El en ocasiones también les cuesta entender a Jesús y como aquello de las imágenes de la naturaleza, se quedaban también en la materialidad de las palabras sin captar el más hondo sentido que Jesús quería darles, o se las tomaban como indirectas hacia hechos que quizá se les había pasado desapercibido.

Ahora iban en la barca y Jesús deja caer un comentario que les sirviera de reflexión. Les habla de la levadura de los fariseos de la que tienen que tener cuidado y no dejarse caer en sus redes, pero ellos interpretan las palabras de Jesús casi como una reprimenda porque se habían olvidado de suministrarse y prácticamente no llevaban pan en la barca.

‘¿Es que no comprendéis?’, terminará diciéndoles Jesús. No entendían, se quedaban en la materialidad de las cosas y no llegaban a entender esa imagen de la levadura, pero de la levadura de lo fariseos, de la que tenían que liberarse. No se trataba de hacer panes y tener buena levadura, sino que se trataba de que en la vida no influyan en nosotros las cosas negativas de los demás.

¿Es que no comprendéis? ¿No entendéis? También terminará diciéndonos Jesús. Nos dejamos influenciar por muchas cosas, nos sentimos aturdidos por tantas cosas negativas de la vida, que no sabemos descubrir todo lo bueno que el Señor continuamente nos está ofreciendo. Cuántas maravillas obra en nosotros; cuántas maravillas de Dios podemos descubrir en los demás, en tantas personas generosas, por ejemplo, que son capaces de quitarse el pan de la boca para compartirlo ya sean sus hijos como hace una madre, o ya sea cualquiera que pase necesidad a nuestro lado. Nos hacemos obtusos mirando siempre lo negativo con que podamos encontrarnos y no vemos esos reflejos de luz, que como las luciérnagas en la noche, van apareciendo a nuestro lado y nos van enseñando caminos, nos van iluminando el camino.

Hay muchas semillas buenas en nuestro entorno; no todo es negativo, no todo es oscuro y negro, hay también muchas luces, muchos reflejos del amor y la bondad de Dios en tantos que aman y se entregan, que viven con dignidad y se toman en serio y con responsabilidad la vida, en tantos que sin hacer ruido cumplen con su deber y aún hacen más pues son capaces de sacar tiempo hasta de su descanso para vivir un compromiso a favor de los demás.

Si abriéramos los sentidos seríamos capaces de ver muchas cosas buenas y podríamos hacer una lista muy grande, que sacamos de ahí, de donde habitualmente solo vemos cosas negras. Muchos ejemplos podríamos poner. Necesitamos claridad en nuestros ojos, que Jesús nos ponga el colirio de Dios, que es un colirio de luz y de color que nos hace ver la vida de forma distinta.

lunes, 12 de agosto de 2019

No ocultemos la capacidad de ternura que llevamos en el corazón para poner otro color y otro calor en nuestras relaciones y hacerlas más humanas



No ocultemos la capacidad de ternura que llevamos en el corazón para poner otro color y otro calor en nuestras relaciones y hacerlas más humanas

Deuteronomio 10,12-22; Sal 147; Mateo 17,22-27
Algunos parece que vamos de duros por la vida, ni una sonrisa ni una mueca o expresión en el rostro que manifieste algún tipo de sentimientos, miradas frías y hieráticas, frialdad o insensibilidad en el trato, ningún gesto de afecto o de algún mínimo de compasión cuando nos encontramos con algún tipo de sufrimiento, parecemos impasibles. Nos parece que manifestar sentimientos nos debilita, con nuestras miradas severas nos creemos vencedores y superiores en todo y a todos.
No todos somos así, es cierto, porque se manifiesta mucha ternura en ocasiones entre unos y otros, pero fijémonos en el rostro de los que encontramos por la calle y veremos cómo cada uno va en su mundo, en sus pensamientos, sin ninguna muestra externa de lo que puedan llevar en su interior, sin ninguna mirada que se cruce con el que se encuentra porque parece que van por otro mundo, no por nuestras calles o caminos ni encontrándose con otros que son sus semejantes.
¿Es malo expresar los sentimientos? Nos ponemos a razonar y nos decimos que cuando expresamos los sentimientos nos estamos acercando a los demás, pero aun así seguimos poniendo distancias y guardándonos nuestros sentimientos para nosotros. Pero algunas veces lo que tanto guardamos sin darle uso, termina por estropearse y pudrirse. Y es a lo que da olor muchas veces nuestro mundo cuando vamos tan de insensibles por la vida.
¿No tendríamos que poner otro color y otro calor en nuestras relaciones? No ocultemos la capacidad de ternura que llevamos en el corazón y que nos hace cercanos a los otros para gozarnos con ellos en sus alegrías pero también para saber sufrir con ellos en sus problemas y dolores, que un dolor compartido parece menos dolor porque ya esa cercanía es una forma de consolar.
No tengamos vergüenza de nuestros sentimientos, ya nos sintamos tristes por penas o problemas o ya estemos radiantes por lo bueno de lo que disfrutamos y por lo bueno que descubrimos en los demás. Seremos así más humanos, porque esos sentimientos forman parte también de nuestro ser humano. y es bueno que nos paremos a pensar en estas cosas, que despertemos eso bueno y tierno que llevamos en el corazón, que nos hagamos sensibles ante cuanto les sucede a los demás y no tengamos miedo de manifestarlo y manifestarnos también como seres capaces de compasión.
Y alguien dirá ¿a que viene toda esta reflexión en esta semilla de cada día que quiere ser un comentario del evangelio del día? Es un comentario que queremos hacer pero queriendo llevarlo a lo que es también la vida de cada día, de lo que nos sucede, de la manera que tenemos de hacer las cosas, o de aquellas cosas que tendríamos que hacer florecer quizá en nuestra vida. El evangelio es buena noticia de cada día para nuestra vida concreta y en esa nuestra vida concreta han de florecer nuestros sentimientos.
Simplemente he partido de aquello que nos dice hoy el evangelio que los discípulos se pusieron tristes con las palabras de Jesús. Les hablaba y anunciaba su próxima pasión que ellos no terminaban de entender, y como hablaba de sufrimiento, de cruz y de muerte apareció esa tristeza en sus corazones. Como aparece tantas veces en nuestra vida en cosas que nos resultan incomprensibles, en los problemas que nos surgen cada día o cuando constatamos un sufrimiento injusto en los demás.
Es cierto que los discípulos andaban un poco ciegos porque entendieron lo de la muerte pero no entendieron lo que les anunciaba Jesús también de resurrección. Cuando llegue la resurrección después de pasar por el dolor de la pascua bien que manifestarán su alegría. Hagamos muy humana la vivencia de nuestra fe manifestándonos humanos, manifestando también nuestros sentimientos.
Una alegría que también nosotros hemos de saber manifestar en nuestra vida, en esos gestos espontáneos que nos pueden surgir, pero también con la alegría que vivimos nuestra fe, que nos llega de entusiasmo pero que quiere contagiar de esa alegría y de esa fe a los que están a nuestro lado.