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viernes, 28 de noviembre de 2025

Aun en el más crudo invierno cuando comienzan a mermar los fríos podremos ver las yemas que van hacer brotar una nueva rama de vida, sepamos discernir las señales

 


Aun en el más crudo invierno cuando comienzan a mermar los fríos podremos ver las yemas que van hacer brotar una nueva rama de vida, sepamos discernir las señales

Daniel 7,2-14; Dn 3,75-81; Lucas 21,29-33

Necesitamos que las palabras se hagan música, para que suenen de forma agradable a nuestros oídos y se  hagan poesía para que en cierto modo nos hagan soñar en que es posible algo nuevo y distinto y es posible encontrar la belleza. Lo necesitamos como un florecer de primavera que nos hace dejar atrás los rigores del invierno y que al tiempo se convierte en anticipo de verano de frutos  y cosechas. Nos es duro atravesar por climas duros y extremos por eso queremos rodearnos del encanto de los brotes de primavera anuncio de próximo jardín de flores que llena de paz y de serenidad nuestro espíritu.

Pero ahora yo diría que no es lo que desde fuera podamos recibir, sino lo que en verdad nosotros podemos construir, no pueden ser solo palabras que nos encanten en nuestros oídos, sino un palpitar de vida en el corazón que nos impulse a resaltar todo lo que es belleza y podemos transformar en vida. No es la actitud pasiva que se limita a disfrutar del jardín que otros puedan ofrecerle, sino que tienen que ser las semillas que nosotros vayamos plantando para hacer florecer ese jardín de la vida.

Hoy Jesús en el evangelio nos habla del brotar de la higuera que nos anuncia primavera para decirnos cómo tenemos que estar atentos a esos brotes que a nuestro alrededor o en nosotros mismos puedan ir surgiendo para saber discernir lo que en verdad tenemos que hacer. Aun en el más crudo invierno cuando comienzan a mermar los fríos podremos ver las yemas que en esas plantas comienzan a coger forma para hacer brotar una nueva rama que un día se llene de flores anuncio de sabrosos frutos.

Jesús nos está pidiendo hoy que sepamos estar atentos a los signos de los tiempos que nos puedan anunciar ese rebrotar de la vida donde antes solo quizás veíamos la negrura y sequedad de lo que nos parecía que estaba muerto. Nos ha venido hablando Jesús en estos días de esas situaciones difíciles a las que muchas veces tenemos que enfrentar, esos frentes borrascosos que tenemos que atravesar. No podemos quedarnos paralizados por un mundo de muerte que podamos encontrar a nuestro alrededor cuando faltan ilusiones y sobran ambicione, cuando parece que decae lo que llena nuestro espíritu mientras queremos suplantar con materialismo lo que nos puede faltar en la vida.

Ese mal y esa muerte no es definitiva, y bien lo proclamamos los cristianos que creemos y proclamamos a Cristo resucitado. La muerte no tuvo la última palabra porque pronto vimos como resurgió la vida en Cristo resucitado que se convierte así en el centro de nuestra vida y de nuestra esperanza. Es nuestra fe y es nuestra esperanza, es nuestra tarea y es nuestro compromiso.

Estemos, pues, atentos a tantas señales de vida que podemos contemplar a nuestro alrededor. No todo es materialismo sino que también encontramos personas inquietas y en camino de búsqueda de algo distinto y mejor; esa búsqueda y defensa de la dignidad de las personas, por ejemplo, que vemos como una corriente a nuestro alrededor, algunas veces marcadas es cierto por ciertas ideologías, sin embargo sepamos discernir y ver que en el fondo hay buenas semillas que tienen que ser para nosotros un aliciente para seguir queriendo construir ese mundo mejor que llamamos reino de Dios. Así podríamos encontrar mucha gente generosa que trabaja por los demás, que busca el bien y quiere una mayor autenticidad en la vida.

¿Por qué no sabemos leer ahí las señales que Dios está poniendo en nuestro camino de que es posible hoy también ese mundo mejor, que nosotros llamamos el Reino de Dios? Desarrollemos esas inquietudes que también tenemos en nuestro interior, hagamos en verdad hacer florecer una nueva primavera. Es posible. Hay señales, hay brotes que tenemos que cuidar y cultivar, que tenemos que saber aprovechar. Llenemos de música con sonido de primavera nuestra vida y podremos estar entrando en un mundo de nueva armonía, un mundo en el que finalmente brille la paz.

sábado, 26 de octubre de 2024

Sigamos cultivando nuestra vida, la humilde higuera nos dará sabrosos y dulces frutos, aunque nos sintamos pequeños podemos enriquecer nuestro mundo con hermosos frutos

 


Sigamos cultivando nuestra vida, la humilde higuera nos dará sabrosos y dulces frutos, aunque nos sintamos pequeños podemos enriquecer nuestro mundo con hermosos frutos

Efesios 4, 7-16; Salmo 121; Lucas 13, 1-9

Confieso que la imagen que tengo en mi mente de la higuera es la de un árbol humilde. Reconozco que me gusta saborear unos higos recién cogidos de la higuera, como también soy un goloso de los higos pasados, con su dulce sabor además de lo nutritivos que son. Pero mirar o pensar en una higuera me hace pensar, sin embargo, en un árbol humilde, que no sobresale en nada, ni siquiera con flores, por así decirlo frente a otros árboles frutales de nuestros campos. Sin embargo por otra parte bien significativo cuando de sus ramas aparentemente secas comienzan a aparecer en sus yemas los brotes que nos anuncian una cercana primavera. Que sabroso es por otra parte detenernos en el camino a su sombra y poder saborear uno de sus frutos que además nos dan energía para el camino.

Nos aparece en el evangelio en varias ocasiones su imagen, en ellas sin embargo mientras se busca sus frutos y no se encuentran. En una ocasión mientras Jesús caminaba hacia Jerusalén, y hoy, también en su camino de subida a Jerusalén aparece esta imagen en la parábola que Jesús nos ofrece. El hombre que se acerca a su heredad y busca frutos en la higuera que tiene en su huerta; pero no hay fruto y le pide al labrador que la arranque pues no sirve ni para dar fruto. Pero el labrador pide paciencia, promete cuidarla con esmero, abonarla debidamente y cavar la tierra en su derredor, esperando que al año pueda llegar a dar fruto.

¿Seremos acaso nosotros esa higuera que no da fruto y nos escudamos en nuestra infructuosidad en lo humilde y lo pequeño que somos? Cuántas veces lo decimos, yo no valgo nada, yo soy poca cosa y quizás estamos enterrando la riqueza que guardamos en nuestro interior porque quizá nos sea más fácil vivir una vida cómoda y sin esfuerzo. Quizás sea tanta la pobreza de nuestra vida que no somos capaces de ver y reconocer lo que valemos; nos encerramos en una yema que se quiere quedar encerrada en si misma y no tenemos la valentía de hacerla brotar. Pero la yema está en el tallo de la planta para brotar, para que surjan nuevas ramas, para dejar que aparezcan las flores, para madurar los frutos que están como encerrados en ese germen, para que podamos obtener al final hermosos frutos que llenen de buen sabor la vida.

En nosotros siempre hay unos valores, unas cualidades, unas capacidades que tenemos que saber descubrir. Algunas veces, es cierto, tardamos en descubrirlas porque no hemos sabido revolver en nuestro interior esforzándonos en encontrar esa riqueza que llevamos por dentro, a veces quizás porque no recibimos esa ayuda que necesitamos para abrir los ojos y descubrir lo que valemos, pero nunca es tarde.

Recordamos la parábola que tantas veces hemos escuchado que el amo de la viña va llamando trabajadores para trabajar en su viña a distintas horas del día. Nos puede suceder a nosotros y porque quizás pensemos que ya estamos en las últimas horas de nuestro día no merece la pena comenzar; merece la pena, pueden salir cosas hermosas, además llevamos una virtualidad acumulada que puede ser una hermosa riqueza que se desparrame a nuestro alrededor beneficiando a muchos.

No podemos nunca cruzarnos de brazos y dar por terminado el camino; siempre hay un nuevo paso que podemos dar, siempre hay algo bueno que podemos hacer, siempre habrá quien esté esperando de nosotros también lo que le podamos ofrecer, siempre nuestra comunidad se puede ver enriquecida con nuestro trabajo, nuestra sabiduría acumulada, con todas las posibilidades que seguimos llevando dentro de nosotros mismos.

Sigamos cuidando y cultivando nuestra vida, sigamos queriendo darle profundidad y sentido a todo lo que hacemos, aunque nos parezca que somos pequeños y nada valemos; la humilde higuera nos da sabrosos y dulces frutos, el mundo que nos rodea estará esperando esos sabrosos frutos que nosotros podemos ofrecerle.