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jueves, 15 de octubre de 2026

Dejémonos encontrar y envolver por la Sabiduría sentándonos a los pies de Jesús para disfrutar de su amor y su amistad escuchándole allá en lo más hondo de nosotros mismos

 


Dejémonos encontrar y envolver por la Sabiduría sentándonos a los pies de Jesús para disfrutar de su amor y su amistad escuchándole allá en lo más hondo de nosotros mismos

Eclesiástico 15, 1-6; Salmo 88; Mateo 11, 25-30

¿En qué consiste la sabiduría de la vida? ¿Dónde encontrarla? No es simplemente acumulación de conocimientos si nos falta encontrar un sentido a lo que hemos acumulado; nunca la encontraremos desde la autosuficiencia para considerarnos más sabios que los demás porque el autosuficiente pronto se desinfla; no se encuentra por los caminos del orgullo y la prepotencia porque nunca nos puede hacernos superiores a los demás; no es fundamentalmente para los que se consideran poderosos de este mundo, aunque sean los que más la necesitan; no es algo que consigamos solo por nuestro propio esfuerzo porque podremos terminar dando vueltas solo sobre nosotros mismos; no crea distancias sino que sabe caminar humilde al paso de los sencillos y de los que parecen últimos.

Hay algo importante que es dejarse encontrar porque nos sale al paso muchas veces de donde menos esperamos; necesitamos oídos bien abiertos para escuchar y una actitud positiva de apertura para saber discernir en cada palabra escuchado esos retazos de sabiduría que van a elevar nuestro espíritu; aunque caminemos por caminos humildes y sencillos, y necesitamos caminar por ellos para encontrarla, se hará encontradiza en nuestras vidas, si aprendemos a no quejarnos de los caminos y encontrar detrás de cada piedra el brillo de un tesoro escondido; rumiando cada ramalazo que nos dé la vida que a veces se nos hace dura, encontraremos el sentido y el valor de cada cosa y de cada momento; estaremos entrando así en el camino de la sabiduría.

De todo esto nos está hablando hoy Jesús en el evangelio cuando nos habla de la revelación de Dios. Es revelación y no adquisición nuestra, es escucha desde la pequeñez y de la sencillez y no es poner como garantía nuestros saberes autosuficientes; es ser capaces de desprendernos de todo lo que nos pueda parecer que son nuestras riquezas para dejar el hueco suficiente para ese tesoro escondido que se nos va a regalar. Nos habla Jesús que los misterios de Dios no se revelaron a los sabios y entendidos, sino a los sencillos y a los pequeños que caminaban en su pobreza sin apegos en el alma. Nos dirá en otro momento que vendamos todo lo que tengamos para comprar el campo donde está el tesoro escondido; nos dirá aún más que nos desprendamos de nuestros tesoros para tener un tesoro en el cielo.

Y nos dice que vayamos a El tal como nosotros somos, con nuestras pobrezas o nuestros vacíos interiores, o con los cansancios y hastíos de los que nos hayamos llenado en los caminos de la vida; El es nuestro descanso, El es nuestra Sabiduría, Él será quien nos ponga en caminos de plenitud. No es porque ya tengamos todos nuestros problemas resueltos sino precisamente con el peso de esos problemas es cómo tenemos que ir a El como nos dice hoy. No nos pide que vayamos llevando por delante la bandeja de las cosas que hacemos porque más que cosas con las que nos ganemos a Dios – cuántas veces nos encontramos haciendo méritos queriendo hacer una lista grande de reclamos por lo buenos que hayamos sido – sino simplemente sentándonos a su lado como dos amigos que disfrutan del compartir de su amistad. ¿No decía que María de Betania había escogido la mejor parte porque simplemente se había sentado a los pies de Jesús para escucharle?

Hoy se nos ofrece este evangelio y esta reflexión en la fiesta de alguien que supo hacer todo ese proceso en su vida hasta llegar a la sublimidad de la amistad divina con su mística; se trata de santa Teresa de Jesús. Como ella misma nos narra fue largo su proceso y cuando en el principio vivía desde su autosuficiencia todo era sequedad en su vida espiritual. Cuando se dejó conducir por el amor de Dios que se le revelaba comenzó de verdad a crecer interiormente en la medida en que llegaba a ese grado místico de su unión con Dios.

Como dirá algún comentarista de su vida, ‘Santa Teresa comprendió esto profundamente. En su vida fue aprendiendo a pasar del hacer al estar con Jesús, del control al abandono, de la autosuficiencia a la confianza… La sabiduría comienza cuando dejamos que Jesús nos revele y enseñe a vivir como hijos… También nuestra fe, el deseo de amar y el hambre de santidad son gracia que Él despierta en nosotros …  No tenemos que ganarnos el amor de Dios; podemos vivir desde el amor que ya hemos recibido por ser sus hijos ’.

Dejémonos encontrar y envolver por esa Sabiduría, sentémonos a los pies de Jesús para disfrutar de su amor y su amistad escuchándole allá en lo más hondo de nosotros mismos.


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