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miércoles, 10 de junio de 2026

No nos quedemos en una vida ramplona y vacía, sino abramos nuestro espíritu a horizontes que nos descubran la verdadera grandeza humana

 


No nos quedemos en una vida ramplona y vacía, sino abramos nuestro espíritu a horizontes que nos descubran la verdadera grandeza humana

 

Sembramos una semilla porque queremos que germine y nos dé una hermosa planta que un día nos pueda ofrecer generosos y abundantes frutos; ya nos preocuparemos de cultivarla debidamente para que nos pueda dar lo mejor de sí, la preservaremos de plagas que puedan mermarnos la cosecha, la abonaremos de la mejor manera posible para obtener el más sabroso fruto.

Así tendría que ser la vida, tendría que ser nuestra vida, en crecimiento contínuo, en la maduración de nuestra existencia, en el cultivo de los mejores valores, en sacar lo mejor de nosotros mismos; no nos podemos contentar simplemente con dejarnos llevar, en quedarnos en una vida amorfa, opaca y vacía, en buscar lo más fácil o lo que nos cueste menos esfuerzo, hemos de saber desarrollar nuestras mejores posibilidades, sacar nuestra mejor belleza interior, siempre podemos estar en crecimiento buscando más y buscando lo mejor, algo nuevo podemos aprender y algo más hermoso podemos descubrir, aun con nuestras limitaciones y debilidades sin embargo ha de ser un camino de perfección, un camino de plenitud. Es el camino de madurez al que tenemos que aspirar aunque eso signifique esfuerzo y en ocasiones también sacrificio.

Esto que estamos queriendo expresar manifiesta lo que son los mejores sentimientos y mejores deseos humanos que en todos los aspectos de la vida hemos de saber reflejar. Es expresión de nuestra mejor riqueza interior, porque la vida es algo más que vegetar. Es el sentido profundo que le hemos de dar a nuestro existir. En la fe que tenemos en Jesús encontramos esa luz y esa fortaleza para ese crecimiento interior que se va a manifestar en nuestra gran humanidad. Los parámetros que nos va ofreciendo el evangelio nos sirven de cauce y son luz para nuestro camino. Desde esa fe nos sentimos impulsados a ese crecimiento, a ese ir más allá, a buscar esos caminos que nos lleven a una plenitud de vida.

Es lo que nos está queriendo decir hoy Jesús en el evangelio. Por eso Jesús nos está diciendo que El no viene a ofrecernos rebajas sino a ofrecernos caminos que nos lleven a la plenitud, aunque en ocasiones nos parezcan costosos. Pero ya en otro momento nos dirá que su yugo es suave y llevadero.

Ya sé que tendemos a liberarnos de todo lo que nos parezca imposición o merma de lo que decimos que es nuestra libertad, pero quizás lo que sea necesario es liberarnos de nosotros mismos, de nuestras rutinas y nuestro afán de comodidad, nuestros deseos de alcanzar las cosas con el mínimo esfuerzo y rehuir todo lo que pueda significar sacrificio. Siempre cuando nos parece que llegan los tiempos de renovación lo que pensamos es en reformas que todo lo cambien para hacerlo todo a nuestra imagen y semejanza, o lo que es lo mismo, al albur de nuestro capricho o nuestras ambiciones.

También quizás en aquellos momentos en que Jesús apareció por los caminos de Galilea anunciando la llegada del Reino de Dios habría algunos que pensaran que Jesús era aquel reformador que iba a liberarles de la Ley. Y Jesús les dice que no ha venido a abolir sino a dar plenitud. Ha venido a ayudarnos a encontrar esa plenitud de la persona humana, a descubrir su verdadera grandeza, a poner nuevos horizontes en sus vidas, a elevar su espíritu para no quedarse en la materialidad de las cosas que al final se convierten en rutinas y finalmente en esclavitudes. Y nos dice que quiera entrar por ese camino es el que será grande en el Reino de los cielos.

¿Nos tomaremos así el camino del evangelio y en consecuencia el camino de nuestra vida cristiana?

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