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sábado, 13 de junio de 2026

 


Contemplando el Corazón Inmaculado de María aprendamos de ella a guardar en el corazón para asombrarnos ante las maravillas de Dios

 

Eso no lo olvidaré nunca, lo llevaré siempre guardado  en mi corazón, decimos agradecidos a alguien cuando hemos tenido una experiencia hermosa, esa persona ha hecho algo extraordinario por mi quizás en el momento que más lo necesitaba, más abandonado me sentía, o pasaba por una situación difícil en la vida; no lo olvidaremos, lo llevaremos siempre en el corazón.

Son experiencias cotidianas que podemos vivir por las que nos sentiremos eternamente agradecidos; son, por ejemplo, las experiencias hermosas que las madres guardarán para siempre de sus hijos; aquel detalle que con ella un día tuvieron que pareció insignificante pero donde ellas se sintieron arropadas por el amor del hijo, que podía parecer insignificante pero que tanto significó para ellas; en eso las madres son una expertas, porque igual guardan lágrimas amargas que pasaron quizás en silencio cuando vieron a los suyos en situaciones difíciles en las que quizás poco podían hacer, poco podían ayudar; pero allí estaba la madre detrás en silencio y con lagrimas de amargura en su corazón y eso no lo olvidarán nunca.

¿Por qué me estoy haciendo estas consideraciones? Hoy la liturgia, después de haber celebrado ayer el día del Sagrado corazón de Jesús, nos invita a que miremos al corazón de María. Y precisamente el evangelio de la infancia de Jesús nos deja como unas muletillas ante cuanto iba sucediendo en el entorno de Jesús y que María, con ese asombro ante el misterio pero con una fe confiada y firme, como nos dice el evangelio, ‘todas aquellas cosas las iba guardando en el corazón’.

Hablamos de asombro ante el misterio porque fue cómo ella se vio sorprendida con aquella embajada angélica que le anunciaba que iba a ser la Madre del Señor. Ya nos comenta el evangelista que ante las palabras del ángel María se quedó absorta meditando y rumiando cuanto el ángel del Señor le estaba comunicando. Podrá decir luego que el Señor se había fijado en la pequeñez de su esclava y en ella había realizado obras grandes. ¿Cómo María podía hacerse esa consideración para descubrir las maravillas del Señor en su vida? Porque se dejaba sorprender por el Señor, y rumiaba y meditaba en su corazón cuanto el Señor le iba manifestando.

Será luego en cada acontecimiento, la llegada inesperada de los pastores a la cueva de Belén que contaban por qué habían llegado hasta aquel lugar y las señales del cielo que habían recibido, el cántico de los ángeles que iluminaba el cielo, aquellos magos de oriente que aparecieron venidos de lejos con aquellos regalos del oro, el incienso y la mirra con todo su significado, más tarde cuando Jesús jovencito ya se queda en el templo porque tenía que ocuparse de las cosas de su Padre, aquel ir creciendo de Jesús no solo en estatura sino en Sabiduría, serán cosas que María irá guardando en su corazón.

Por eso su corazón será tan sensible ante lo que sucede en su entorno; la veremos ir presurosa hasta la montaña, a la casa de Isabel, porque no cayeron en saco roto las palabras del ángel que le hablaban del embarazo de su prima y sabía que allí podía prestar un servicio; María lo guardaba y lo rumiaba en su corazón pero le había ponerse en camino. Es la atención que estará prestando en las bodas de Caná para notar que allí pasaba algo, que allí faltaba el vino para acudir a Jesús, porque allí había que poner un remedio o una solución. ¿No la veremos en silencio al pie de la cruz y cómo guardaría en su corazón cuanto estaba sucediendo?

Comenzábamos comentando cómo ante cosas extraordinarias de las que nos hayamos visto beneficiados decíamos que serían cosas que guardaríamos para siempre en el corazón, pero creo que cuando hoy estamos contemplando el corazón de María convertido en un buzón de amor donde tanto iba guardado algo nos está enseñando para nosotros también aprender a guardar y rumiar en nuestro corazón.

Será ese guardar en el corazón de forma agradecida cuando nos vemos sorprendidos por tantas cosas buenas de las que nos vamos beneficiando en la vida, pero creo que tiene que ser para algo más; ese guardar y rumiar en el corazón nos hará ver muchas situaciones de una forma distinta, nos tiene que servir para no guardar amarguras pero sí para descubrir caminos de sanación; nos tiene que servir para que se nos abran mas nuestras mentes y nuestro corazón para estar atento a lo que le sucedan a los demás, pero también para encontrar caminos de servicio como hizo María; ese guardar y rumiar en el corazón nos hará descubrir las maravillas de Dios que se nos manifiestan o que Dios quiere incluso realizar en nuestra vida.

Ese guardar en el corazón significa poner en nuestro corazón a esas personas que queremos, que caminan a nuestro lado, con los que nos vamos cruzando en los caminos de la vida, sean cuales sean las cosas que de ellos recibimos incluso cuando nos sentimos heridos. Como la madre que siempre tendrá en su corazón también al hijo desagradecido pero que una madre siempre llevará en el corazón.

Mucho aprendemos del corazón de Maria. Con ella queremos cantar ese cántico de alabanza y de gratitud a Dios.

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