Vistas de página en total

martes, 2 de junio de 2026

No nos podemos aislar en una burbuja, sino que en ese mundo concreto que nos rodea tenemos que dar el testimonio de nuestros valores según el espíritu del evangelio

 


No nos podemos aislar en una burbuja, sino que en ese mundo concreto que nos rodea tenemos que dar el testimonio de nuestros valores según el espíritu del evangelio

2Pedro 3, 12-15a. 17-18; Salmo 89; Marcos 12, 13-17

A veces nos gustaría estar como en una burbuja; sí, en cierto modo como aislados para no contagiarnos, como cuando la pandemia que teníamos que vivir evitando contactos y evitando contagios, por eso nos impusieron un confinamiento. Y no se trata ahora de enfermedades o pandemias que nos pueden contagiar, sino que mirando el estado de nuestra sociedad nos sentimos envueltos por tantas cosas, tantas contradicciones por una parte, pero también con ese nuevo estilo y sentido de sociedad que se está imponiendo, donde se van perdiendo tantas valores, donde tantas cosas que no consideramos rectas ni justas algunas veces tratan de imponérnoslas como si eso fuera el sentido de la vida, con tantas cosas que van corrompiendo las conciencias hasta llegar a una pérdida de un sentido ético o de una moralidad.

¿A dónde nos lleva esta sociedad? Y ¿qué hacemos? ¿Qué estamos pintando en medio de todo eso quienes queremos tener unos principios, quienes queremos mantener nuestros valores cristianos porque pensamos que son los que dan verdadera humanidad a la vida? Por eso, como decía, ¿qué hacemos? ¿Nos metemos en una burbuja?

No es fácil. Es la realidad de nuestro mundo y es ahí donde tenemos que estar. No podemos hacer dejación de nuestros valores ni de nuestros principios; es más, nos sentimos más obligados a dar el testimonio de nuestros valores, porque es ahí donde tenemos que sembrar el evangelio.

No podemos desentendernos de los problemas que vive nuestra sociedad, y precisamente toda esa confusión es un grave problema, pero ahí en medio tenemos que ser luz, aunque las tinieblas la rechacen muchas veces. Nos gustaría, como decíamos, crearnos una burbuja para vivir nosotros tranquilos, pero somos semilla sembrada en esa tierra aunque esté llena de pedruscos o de zarzales; tenemos que cultivar esa tierra para que acoja la semilla y no nos podemos desentender.  Pero eso nos obliga más a la integridad de nuestra vida; eso nos obliga más a que tenemos que ser buenos ciudadanos y desde nuestros valores seguimos sembrando nuestra semilla. A ese mundo nos ha enviado Jesús con la fuerza de su Espíritu como hemos venido reflexionando.

Hoy hemos escuchado en el evangelio cómo tratan de enrollar a Jesús con preguntas capciosas. Era complejo el mundo judío en aquellos momentos en que además vivían bajo el sometimiento a Roma, y donde se habían ido introduciendo desde generaciones anteriores nuevas costumbres y nuevas prácticas en la vida de la sociedad, recibiendo muchas influencias del mundo exterior.

Por allí andaban inquietos con eso de tener que pagar los impuestos al emperador de Roma y por ahí vienen las preguntas que ahora le hacen a Jesús. Y viene a decirles Jesús que como ciudadanos tienen unas obligaciones y unas leyes que cumplir. Por eso ante la pregunta que le hacen en medio de sus adulaciones diciendo que Jesús era una persona sincera y leal, Jesús les pide le enseñen la moneda, que la efigie que llevaba era la del César. Por eso les dice al César lo que es del César, pero a Dios lo que es de Dios.

Lo que es de Dios nunca tiene que perder su preponderancia en nuestra vida, si verdaderamente nos sentimos creyentes, por eso nos mantenemos en nuestros principios y en nuestros valores, por eso tenemos que cuidar nuestra fe de la que tenemos que dar testimonio también en ese ambiente en que se ha perdido el sentido espiritual de la vida. ¿Dónde estamos, pues, los cristianos? Cuidado no nos dejemos envolver por ese ambiente tan poco espiritual que nos rodea y no seamos valientes para dar el testimonio claro de nuestra fe que tenemos que dar. Desde esa fe que nos compromete y nos compromete con nuestro mundo a ser los mejores ciudadanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario