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jueves, 14 de abril de 2022

Se quitó el manto y se ciñó como signo de la entrega y del que se da libremente, es el signo de la Pascua, es el signo del amor

 


Se quitó el manto y se ciñó como signo de la entrega y del que se da libremente, es el signo de la Pascua, es el signo del amor

Éxodo 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1Corintios 11, 23-26; Juan 13, 1-15

Todo estaba cuidadosamente preparado. Los discípulos que habían preguntado donde quería Jesús que se celebrase la cena pascual, habían seguido las indicaciones del Maestro y lo habían dispuesto todo. Era una cena que tenía mucho de rito, era un recuerdo y una acción de gracias. Aquella comida de pascua que hacían los pastores antes de salir en la primavera en búsqueda de nuevos pastos se había convertido en la comida del cordero pascual como recuerdo y celebración de la salida y liberación de Egipto y del paso salvador del Señor. Todo estaba dispuesto para la celebración de aquella pascua.

Pero otros van a ser los gestos y acciones de Jesús para dar un sentido hondo a lo que iba a ser aquella pascua. Había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre. Era su hora, aparentemente del poder de las tinieblas por cuanto había de suceder, pero que sería hora de luz y de salvación. Como nos relata el evangelista Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido’.

El asombro se apodera de los discípulos. Pedro que se niega a que Jesús le lave los pies. ‘Si no te lavo los pies no tendrás parte conmigo’, que le dice Jesús y Pedro que ya está dispuesto no solo a los pies sino al cuerpo todo. ‘Estáis limpios… solo es necesario los pies… aunque no todos estáis limpios’. Se dejan hacer aunque no entienden, cuando eran ellos los que tenían que haberle lavado los pies al maestro como era uso y costumbre. Pero Jesús se había ceñido.

Se quitó el manto y se ciñó. Como el que va a la tarea y al trabajo, como el que va a la batalla, como el que tiene algo que realizar y se quitará todo lo que sea impedimento, pero se ceñirá para ajustar sus ropajes y pueda realizar bien el trabajo.  No se quita la toalla que se ha puesto como ceñidor ni siquiera para limpiarles los pies. Era el signo de la entrega, era el signo del que se da libremente. ‘Nadie me arrebata la vida, sino que yo la entrego libremente’, diría en otro momento. Es el signo de verdad de la Pascua que se va a realizar.

Es la señal del amor más hermoso y más grande, de aquel que es capaz de dar la vida por los que ama. No es ahora solo la humildad del que se abaja, del que es capaz de agacharse delante de los demás para lavar los pies sino que es el camino de la mayor grandeza del amor, como había enseñado a sus discípulos Es el misterio de amor que estamos contemplando en Jesús en los signos y gestos que ahora realizar, pero que son los signos que nos hablan de su muerte en la cruz.

‘Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde’, le decía a Pedro para convencerlo de que se dejara hacer. Y ahora les explica cuando de nuevo vuelve a la mesa. ‘¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis’.

Es el sentido de la pascua que nosotros también hemos de vivir. Con Jesús nos hemos sentado también a la mesa. Estamos haciéndonos partícipes de todo su misterio de amor y de entrega. Pero no somos simplemente espectadores, tampoco seres pasivos que solo recibimos sino que nosotros también hemos de poner en el mismo camino de Jesús, de amor, de entrega aunque para ello tengamos que subir también a la cruz. Es que nuestra vida ya no tiene sentido sino desde el amor. Es lo que verdaderamente va a dar valor a nuestra vida.

Este día de Jueves Santo lo llamamos el día del amor, del amor fraterno. Pero es que quien se ha sentado a la mesa con Jesús no puede hacer otra cosa. ‘Lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis’, nos decía Jesús. Es ceñirnos nosotros también para ponernos en camino, para realizar la tarea, para vivir nuestra entrega, para comenzar a amarnos de verdad, para hacer del mundo un reino de amor.

No es una tarea fácil, por eso tenemos que ceñirnos para la lucha. Serán muchas las sombras que querrán ahogar la luz; es mucho el mundo de violencia y de odio que nos rodea, brilla demasiado la insensibilidad y el egoísmo en tantos corazones que la insolidaridad reina a sus anchas; es grande la tarea que nos espera, y no podemos ir desde nuestras comodidades, envueltos en nuestros ropajes de suficiencia a esa lucha; tenemos que ceñirnos y arremangarnos para realizar esa lucha del amor. Que no es lucha de violencia, sino señal de entrega y de donación de nosotros mismos.

Pero es una tarea en la que no estamos solos ni la realizamos solo por nuestras fuerzas. Jesús es nuestro alimento y nuestra vida; es el pan de vida que da vida al mundo. Así se nos da hoy cuando se hace Eucaristía, cuando parte el pan para nosotros y nos dice que comamos que es su Cuerpo. En esta cena pascual no vamos a comer un cordero cualquiera, sino al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Es a Cristo mismo a quien comemos, que se hace vida y se hace alimento, que se amor por nosotros para alimentar nuestro amor. Hoy es también el día de la Eucaristía, el día de la Institución de la Eucaristía.

martes, 12 de abril de 2022

Jesús nos dice que quiere celebrar la pascua en nuestra casa y vamos a sentarnos a su mesa y vamos a pesar de nuestra debilidades a dejarnos inundar de su amor

Jesús nos dice que quiere celebrar la pascua en nuestra casa y vamos a sentarnos a su mesa y vamos a pesar de nuestra debilidades a dejarnos inundar de su amor

Isaias, 50,4-9; Sal. 68; Mateo 26, 14-25

Mi hora está cerca voy a celebrar la pascua en tu casa con mis discípulos. Había llegado la hora. Otras veces dice que no ha llegado su hora. Pero ya es inminente. Ha subido a Jerusalén para esa hora. Lo había anunciado. Los discípulos cumplen con las instrucciones de Jesús y preparan todo según lo convenido. Prepararon aquellos encargados que fueron a Jerusalén a buscar la casa señalada por Jesús. Son curiosos los detalles que nos ofrece otro evangelista de seguir al que llevaba el cántaro de agua para encontrar la casa. 

De una forma de otra lo habían preparado, lo había preparado también a esa hora otro de los discípulos a espaldas de sus compañeros y con traición en el corazón. Judas había convenido con los Sumos Sacerdotes el precio de la entrega y ahora esperaba el momento oportuno. Y allá se había saltado la mesa como si nada pasara. Pero Jesús anuncia en medio de la cena lo que va a pasar y todos que dan desconcertados preguntándose quién había sido. La tristeza los embargaba y todo se preguntaban lo mismo ¿soy yo acaso, Señor? El que estaba untando su pan en el mismo plato. 

Podría aparecer un fracaso en la elección por parte de Jesús de aquellos discípulos a los que incluso había constituido apóstoles. De entre ellos uno lo estaba traicionando por unas monedas, más tarde otro que se creía incluso muy valiente con una espada en la mano para defender a su Señor y que había prometido que daría la vida por él, negará conocerle ante las preguntas e insinuaciones de unas criadas o de alguno de los que habían ido al huerto a prender a Jesús. Pero es que en el huerto todos habían huido, habían desaparecido, se habían escondido; en el cenáculo los encontrará Jesús con la puerta cerradas por miedo a los judíos. 

Y es que Jesús no había escogido ángeles sino que había escogido hombres con sus impulsos y sus derrotas, con sus entusiasmos y deseo de grandeza para ocupar lugares importantes, pero también con todas las debilidades de los humanos. Piensa en tí mismo como pienso yo en mí mismo, que queremos estar sentados también en la mesa de esta cena pascual; no nos diferenciamos en nada de aquellos hombres que ahora rodeaban a Jesús, también tenemos nuestras debilidades y nuestras sombras, nuestros momentos entusiasmo y de fervor y momentos de oscuridades y de dudas, momentos en que nos sentimos llenos de impulsos como para comernos el mundo y momentos de resbalones y decaídas; y Jesús sigue confiando en nosotros, sigue queriéndonos sentarnos a su mesa. No tendré yo que preguntarme también ¿soy yo acaso, Señor? 

Hoy Jesús también nos hace llegar un mensaje, mi hora está cerca voy a celebrar la pascua en tu casa… Nos está invitando a que le abramos las puertas, a que hagamos también los necesarios preparativos, a que nos sentemos a la mesa pascual con El. Podríamos decir que nos sentimos honrados, pero podríamos sentir quizá temor en nuestro corazón porque no nos consideramos dignos, porque vemos nuestras flaquezas, porque recordamos nuestros pecados, porque muchas veces nos hemos dejado envolver por las sombras. Pero tenemos que seguir adelante sin temor porque nos estamos encontrando con el amor, sin desesperación porque sabemos que para nosotros hay nueva vida. 

Qué distinta fue la reacción de Pedro de las de Judas, los dos se sintieron mirados por Jesús pero ante esa mirada de Jesús fue distinto su actuar. '¿Con un beso entregas al hijo del hombre?' Le dijo Jesús a Judas recordándole lo que aquel beso tenía que significar del amor que le había tenido; pero se hundió en la desesperación y sabemos cómo terminó su vida; qué quiso devolver las monedas pero se sintió rechazado, no por Dios, sino por los hombres. Hay algo que no podemos olvidar y es que no hemos de tener el rechazo de los hombres a causa de nuestras habilidades porque siempre contaremos con el amor del Señor. Algo que le faltó a judas. 

Cuando Pedro niega, se sintió mirado por Jesús que pasa por el patio en aquellas y venidas de un tribunal a otro y lloró amargamente su negación y su pecado. Pero él alli siguió aunque se encerrara en el cenáculo en un primer momento, allá corrió al sepulcro para saber de las novedades que las mujeres traían en la mañana de la resurrección y más tarde se lanzará al agua para llegar más pronto que los demás a los pies de Jesús que solo le hablará de amor, solo le preguntará por el amor. 'Señor tú lo sabes todo tú sabes que te amo', sería su reacción de la que tenemos nosotros que aprender. 

Jesús nos dice que quiere celebrar la pascua en nuestra casa y vamos a sentarnos a su mesa y vamos, a pesar de nuestra civilidades, a dejarnos inundar de su amor. 

Jesús quiere tener palabras de luz y de glorificación para nosotros, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor aunque nos recuerda nuestra debilidad y flaqueza

 


Jesús quiere tener palabras de luz y de glorificación para nosotros, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor aunque nos recuerda nuestra debilidad y flaqueza

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Luces y sombras se entremezclan continuamente; así es la vida. Quisiéramos todo en armonía y paz, desearíamos que la convivencia con los que nos rodean, ya sean familiares, amigos, o compañeros de trabajo fuera siempre armoniosa; pero sabemos que surgen contratiempos, que hay momentos en que parecía que todo iba en paz y pronto surge una desavenencia, un mal entendido, algo que sucede que nos descoloca de nuestras rutinas de cada día y no entendemos por qué, no llegamos a comprender las reacciones de las personas, no sabemos a donde nos van a llevar esos imprevistos que nos van surgiendo.

Aparecen en medio de las luces, sombras que nos pueden quitar la paz, que nos oscurecen el panorama, que nos hacen surgir dudas y hasta desconfianzas en nuestro interior, no sabemos a donde nos llevarán esas sombras, como podrían repercutir en nuestra vida. Y tenemos que aprender a reaccionar ante esas situaciones para que no se nos sobrepongan.

En el evangelio de estos días de la semana de pasión van apareciendo retazos de lo que fue la cena pascual, como es el caso de hoy. La cena pascual tenía que ser una fiesta, era un recuerdo agradecido a Dios por la Pascua, por aquella primera pascua de Egipto, pero también por el paso de Dios por la historia de cada día de su pueblo. Pero aparte de algunos gestos extraordinarios de Jesús, como ya veremos en la tarde del jueves santo, hoy parece que se rompen esos aires de paz y de fiesta en aquella cena. Jesús anuncia lo que va a suceder – ellos ya presentían algo especial por todo lo que Jesús había ido anunciando – pero ahora habla de traición. El desconcierto se apodera de todos porque no lo entienden, y no pueden llegar a comprender que la traición estuviera allí en medio de ellos.

Pero Jesús como en un contraluz habla de la hora de la glorificación que ha llegado. ¿Recordarían los que habían subido con El al Tabor lo que allí entonces había sucedido en que había aparecido la gloria del Señor? ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
Donde yo voy no podéis venir vosotros’

Esa claridad que quiere imbuirles Jesús no la terminan de entender porque se andarán preguntando también a donde va a ir que ellos no puedan ir. Pedro porfiará que él está dispuesto a todo, incluso a dar su vida por Jesús. Pero llegará otra ráfaga de sombra que siguen sin entender. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’.

Nos hemos prometido en esta semana estar en todo momento al lado de Jesús para no perder ni un ápice de cuanto suceda. De rondón nos hemos metido nosotros en esta escena y estamos contemplando y estamos viviendo estos momentos. Estaremos quizá sintiendo como una espada nos está atravesando el alma con estos anuncios de Jesús, pero que no nos podemos contentar con contemplar como a la distancia. Porque es a nosotros a quienes Jesús está dirigiendo sus palabras, sus gestos, su cercanía, su presencia.

Para nosotros quiere tener palabras de luz y de glorificación, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor, como la de Pedro, aunque nos recuerda nuestra debilidad, nuestra flaqueza; en esa traición, en esa negación andamos también metidos nosotros. Sabemos que en nuestra vida no todo es agua limpia, porque también tenemos nuestras sombras en el corazón y hemos de recordar nuestras debilidades, nuestras flaquezas que tantas veces nos afloran. Nos prometemos tanto que luego no llegamos a cumplir, no llegamos a realizar.

¿Nos dirá a nosotros Jesús, como le dijo a Judas, ‘lo que has de hacer, hazlo pronto’? Claro que Judas sintió en aquel momento el impulso de salir a la noche oscura. Oscura iba a ser la noche para Judas y en esas tinieblas quería envolver a Jesús y a los demás discípulos, que así se vieron luego en Getsemaní sin saber que hacer, hasta que todos le abandonaron y huyeron. Pero a nosotros esas palabras tendrán que hacernos recapacitar, pero no para encerrarnos en la noche oscura, sino para salir al encuentro con la luz.

Es el camino de verdad que queremos hacer hacia la Pascua. Es por lo que queremos estar junto a Jesús en todo momento y no apartarnos por nada de El. Aunque hay un paso amargo de pasión y sacrificio, sabemos que todo va a terminar en la luz de la resurrección que es la verdadera luz pascual que nos va a iluminar para siempre.

lunes, 11 de abril de 2022

Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que lo que allí sucede y contemplamos nos ayude a prepararnos para sentarnos a la cena pascual

 


Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que lo que allí sucede y contemplamos nos ayude a prepararnos para sentarnos a la cena pascual

Isaías 42, 1-7; Sal 26; Juan 12, 1-11

Una cena en Betania; no es la cena pascual porque aun faltan seis días para la pascua; pero por lo que allí sucede sin ser cena pascual tiene connotaciones de pascua. Hay un recuerdo y una gratitud. Allí está Lázaro el que había sido resucitado hace pocos días, lo que motivaba que también hubiera mucha gente que había venido a ver a Lázaro.

Pero están Marta y María; Marta como siempre afanada en los preparativos de la cena, parece que ella no podía esta de otra manera; pero de nuevo a los pies de Jesús María. Si un día se había puesto a los pies de Jesús para escucharle, ahora quería mostrar las pruebas de su amor. Había comprado un perfume de nardo muy caro y lo había derramado a los pies de Jesús.

Era parte de la hospitalidad el ofrecer al huésped por parte del dueño de la casa agua y perfume; eran sus purificaciones rituales, pero algo muy normal en un pueblo que tenía su origen en un pueblo de beduinos dedicados al pastoreo en los campos, al regresar era normal el agua y el perfume. Ahora aquel perfume envolvía con su aroma toda la casa.

Contemplando este episodio yo querría ser uno de los participantes en aquel banquete y sentarme también a la mesa con Jesús en aquel hogar tan acogedor de Betania. Seamos uno más de los comensales, no en vano esta comida va a servir como preparación de alguna manera para la inminente cena pascual donde también queremos estar. Vamos a dejarnos llevar por los hechos y los acontecimientos que se van sucediendo. Pensemos cómo vamos a intervenir también.

Está esa mujer desinteresada y generosa con un corazón lleno de amor. Nos recordará siempre otro episodio narrado por otro evangelista, que muchas veces nos lleva a la confusión. Pero en uno y otro caso lo que lo mueve todo es el amor. Un amor hecho arrepentimiento en lo sucedido en la casa de Simón el Fariseo con aquella mujer pecadora, y ahora un amor hecho gratitud porque se habían contemplado los maravillas de Dios. ¿Cuánto perfume estaríamos nosotros dispuestos a derramar en los pies de Jesús? Perfume y lágrimas, porque nos sentimos tan indignos de sentarnos a la mesa con Jesús, que casi más bien tenderíamos a ocultarnos donde pasáramos desapercibidos. Pero ¿no podemos pensar acaso que tendríamos que hacernos notar de alguna manera?

Por allá surgieron los calculistas interesados. Aquel perfume se podía haber vendido por trescientos denarios. Una cantidad considerable que también nos podrá pasar por la mente si era o no era necesario, el gastarlo así. El interés de quien llevaba la bolsa del grupo de los discípulos que acompañaban a Jesús, ya nos dice el evangelista que le gustaban los dineros, de los que era fácil apropiarse. Su aparente interés por los pobres ocultaba otros intereses más nocivos. ¿Pudiéramos sentir nosotros también en nuestro corazón la tentación del raquitismo? Pudiera faltarnos quizá generosidad para dar no unos bienes materiales sino algo más importante, poner a tope nuestra vida en la actitud de servicio.

Pero por los alrededores de la mesa andaban los curiosos a los que solo les movía lo espectacular que había sucedido con la resurrección de Lázaro, pero estaban también aquellos que andaban maquinando contra Jesús; también a Lázaro querían quitar de en medio. Mira lo que queda aun en el corazón que tendríamos que purificar para poder llegar a sentarnos en la mesa de la cena pascual. Con apariencia de algo bueno y bonito, quizá seguimos ocultando miserias en nuestros corazones.

Nos hemos querido sentar a la mesa del banquete pero que no sea solamente desde ese sentirnos llamados por cosas espectaculares, por cosas que brillan como oropeles, pero que no son en verdad el tesoro que ha de llenar nuestro corazón. Cuidado que para muchos la celebración de la pascua se pueda quedar en esos aspectos, mucho brillo, muchas luces, muchas flores, mucha espectacularidad, muchas lágrimas emotivas también, pero que no van realmente buscando el encuentro con el Señor. ¿En qué se nos quedarán muchas de las cosas que hacemos en nuestras celebraciones pascuales?

Como decíamos esta cena de Betania sin ser la cena pascual tenía ciertas connotaciones pascuales, porque como diría Jesús en aquel perfume con que fueron ungidos sus pies había un adelanto de lo que habría de ser su sepultura. Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que eso nos ayude a prepararnos para la cena pascual.

domingo, 10 de abril de 2022

Ya estamos en Jerusalén, dispongámonos a contemplar ardientemente cuanto sucede para que lleguemos a celebrar la Pascua de Jesús y nuestra pascua

 


Ya estamos en Jerusalén, dispongámonos a contemplar ardientemente cuanto sucede para que lleguemos a celebrar la Pascua de Jesús y nuestra pascua

 Isaías 50, 4-7; Sal 21; Filipenses 2, 6-11; Lucas 22, 14 – 23, 56

Hoy entramos en Jerusalén. Es la subida a Jerusalén tantas veces anunciada por Jesús para la fiesta de la Pascua. Es la culminación del camino que hemos venido realizando de manera especial durante esta Cuaresma. Eso nos propusimos cuando el miércoles de ceniza iniciábamos el camino cuaresmal.

Hoy hemos entrado en la ciudad santa entre las aclamaciones de los que peregrinaban a la ciudad santa para la Pascua que ahora se convirtieron en cánticos de alabanza al que venía en nombre del Señor. Con la alegría de aquellos peregrinos que se asomaban al monte de los olivos y contemplaban desde allí el esplendor y la belleza de Jerusalén, nosotros también aclamamos los hosannas dirigidos a Jesús porque sabemos que sube a la Pascua y nosotros queremos ir con El, queremos vivir también su pascua. Toda esta semana estaremos en la ciudad santa hasta que lleguemos a culminar la celebración de la Pascua.

‘Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros’, nos dice Jesús al comienzo de la cena pascual, nos está diciendo al inicio de esta semana de Pasión que culmina también en la Pascua. Es la intensidad que queremos poner en estos días y en estas celebraciones. Por eso  hoy, en este domingo de Ramos en la Pasión del Señor hemos escuchado ya el relato de la pasión, este año según el evangelista Lucas. Pero no es tiempo solo de escuchar, es tiempo de contemplar.

Nos vamos a situar en ese camino de Jesús y con Jesús queremos recorrerlo, porque sintiendo el paso de Jesús en su pasión podremos contemplar de nueva manera y podremos llegar a contemplar algo nuevo que Jesús nos va a ofrecer; nos vamos a situar en ese camino de pasión porque con Jesús queremos llegar a la vida, a la resurrección; vamos a traer a ese camino todo lo que es el dolor y el sufrimiento de la humanidad porque Cristo quiere recogerlo todo en el cáliz de su ofrenda, porque su pasión es redentora, porque su pasión es nacimiento de nueva vida, es regeneración y redención de esa humanidad desgarrada bajo el peso del yugo del pecado y de la muerte para que haya pascua, para que haya un paso de la muerte a la vida, para que nos llenemos de su salvación.

Contemplemos esos pasos de Jesús desde el Cenáculo hasta el Gólgota; caminemos con El y contemplemos su oracion y su agonía en Getsemaní antes incluso de comenzar físicamente la pasión pero que se va a manifestar en ese sudor de sangre, en esos goterones de sangre que ya se van derramando para llenar ese cáliz de la nueva alianza; sigamos sus pasos ante los distintos tribunales, el Sanedrín o el Pretorio, además de la burla de su presencia ante Herodes; contemplemos a quien presenta Pilatos desde lo alto del Pretorio como aquel en quien no encuentra culpa alguna, pero que lo entregará para que sea conducido bajo el peso de la cruz hasta lo alto del Gólgota.

Acusaciones contradictorias, burlas de la soldadesca o de la corte de Herodes, escarnio de quien es proclamado inocente pero sin embargo condenado al suplicio de la muerte en cruz, lo contemplamos entonces pero lo seguimos contemplando en nuestro mundo tan lleno de falsedad y de mentiras, este mundo que hace chance de todo desde la frivolidad y la superficialidad de la vida, este mundo tan lleno de violencia cuando nos pueden tocar los nudos de nuestro orgullo o los cimientos de vanidad y ambición sobre los que edificamos tantas veces la vida. Es la pasión de Jesús, pero es la pasión que de tantas maneras seguimos construyendo en la vida, sobre la que construimos tantas veces nuestra sociedad.

Seguimos contemplando con toda intensidad el camino de Jesús que conduce a la Pascua que nosotros queremos vivir también ardientemente. Pero entre la crueldad que contemplamos en lo alto del calvario se irán desgranando unas palabras que nos hacen vislumbrar la luz final de la pascua y que van poniendo esperanza en el corazón. A Jesús no le arrancaron la vida, sino que El libremente la entregó por amor. Un amor que se hace perdón y se hace vida, un amor que abre las puertas del paraíso y un amor que nos hace poner toda nuestra confianza en el Señor.

‘Padre, perdónales porque no saben lo que hacen’, poniendo casi como una disculpa para nuestra debilidad y nuestro pecado porque cuando hay amor en el corazón tendemos siempre a la disculpa y a la compasión, porque siempre Dios está confiando y esperando la vuelta del hijo que con su pecado se ha marchado y para el que tendrá siempre los brazos abiertos para ofrecer el perdón. El padre o la madre que ama siempre espera y siempre disculpa porque solo sabe mirar con ojos de amor.

‘Hoy estarás conmigo en el paraíso’, es la gran promesa que nos llena de esperanza. Eran unos malhechores y por eso estaban sufriendo el mismo castigo que el que era inocente y sin embargo hay una palabra de luz, una palabra anuncio de vida, una palabra que nos llena a todos de esperanza. Dios siempre nos abre las puertas cuando volvemos a El, como un padre lleno de amor no cierra nunca las puertas al hijo que vuelve a casa.

‘Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu’. Fueron sus palabras finales, es la consumación de la ofrenda, es el sentido profundo de cuanto ha sucedido. Si tanto había amado Dios al mundo que le había entregado a su Hijo único, es el momento en que el Hijo se pone en las manos del Padre. ‘Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad’, fueron sus palabras a la entrada en el mundo y ahora se ha consumado la ofrenda de amor. El amor que ha dado sentido a todo el sufrimiento, pero el amor que nos ha redimido de todo sufrimiento; es el amor que sublima nuestra vida, es el amor que nos da fuerza para seguir caminando a pesar de tanta debilidad como mostramos en la vida, es el amor que nos hace encontrar el perdón que recibimos pero el perdón que también generosamente nosotros estamos dispuestos a ofrecer, es el amor que sana todas las heridas y nos abre todas las puertas.

Por eso en medio de tanto dolor y sufrimiento hemos podido ir viendo diferentes gestos de amor; son las mujeres que lloran al paso del cortejo que conduce el patíbulo; es la ayuda que se le ofrece en aquel cireneo que cargará también con la cruz de Jesús - ¿habrá cireneos en el mundo para cargar la cruz de los demás? -; es el gesto valiente de aquel hombre bueno, aunque miembro del Sanedrín ahora ofrece una sepultura para el cuerpo muerto de Jesús, para que no quedara roto y desgajado colgando del madero aquel sábado de pascua que era tan importante; son las mujeres que están pendientes, aunque a lo lejos porque no las dejan acercarse, pero que prepararán los aromas para pasado el sábado venir a embalsamar debidamente el cuerpo muerto de Jesús.

¿Serán caminos que se nos abren para ofrecer esos mismos gestos de amor en este mundo nuestro tan roto y tan dolorido? Sigamos contemplando y dejemos que el corazón vaya dando respuestas de amor. Así podremos llegar a vivir la pascua en plenitud. Ya estamos en Jerusalén, celebremos en verdad la pascua de Jesús.

sábado, 9 de abril de 2022

Vamos mañana a subir a Jerusalén con Jesús poniendo toda la sinceridad de nuestra vida y todo lo que es toda nuestra vida y la vida de nuestro mundo hoy con esperanza

 


Vamos mañana a subir a Jerusalén con Jesús poniendo toda la sinceridad de nuestra vida y todo lo que es toda nuestra vida y la vida de nuestro mundo hoy con esperanza

Ezequiel 37, 21-28; Sal.: Jer 31, 10. 11-12ab. 13; Juan 11, 45-57

¿Qué hacemos? Es quizás la disyuntiva en la que nos encontramos muchas veces en la vida. Se abren distintos caminos ante nosotros, hay diversas cosas que podemos hacer, nos llegan diferentes ofertas y tenemos que decidirnos. Aunque estemos en la duda muchas veces. Todo nos parece igual de bueno o al menos es aceptable y eso mismo quizás aumenta nuestra duda.

Pero también lo podemos pensar en referencia a otras personas. ¿Qué va a hacer él? ¿Qué decisión tomará? Pero, claro, nosotros andamos en suposiciones, por lo que en otras ocasiones le hemos visto hacer, por lo que puedan ser sus gustos, pero lo esperamos o no lo esperamos, vendrá o no vendrá, qué es lo que va a hacer, sigue siendo para nosotros la incertidumbre.

En el evangelio estamos escuchando el relato de lo que van a ser momentos decisivos para Jesús. Se acerca la Pascua por El tantas veces anunciada. Y aquello que no entendían los discípulos que Jesús les decía que iba a pasar está a punto de realizarse. Ahora ha sido un momento decisivo después de la resurrección de Lázaro en Betania y la gente está muy entusiasmada por Jesús. Y los dirigentes judíos temen lo peor, que la gente los abandone y se vaya con Jesús, o que se pueda armar una revuelta en la que intervengan los romanos y pudiera haber incluso  una masacre. Por eso se ha reunido el consejo de los Sumos Sacerdotes que tienen que tomar una decisión. Les cuesta, porque saben cómo anda la gente detrás de Jesús. Será el Sumo Sacerdote el que fuerce la decisión, porque ‘no tiene que morir por todo el pueblo’. No sabe él que con sus palabras está dando cumplimiento a las Escrituras.

Pero Jesús se ha retirado más allá de Betania, más allá del Jordán y cuando la gente sube a Jerusalén porque ya se acerca la fiesta de la Pascua, se preguntan si Jesús vendrá o no vendrá a la fiesta. Es la disyuntiva con la que comenzábamos de alguna manera nuestra reflexión. Pero creo que esto tiene que hacernos reflexionar sobre la vivencia de nuestra pascua.

También quizá algunos se preguntan ¿qué hacemos? Se nos ofrecen también unas posibilidades de otras cosas en estos días que ya por tradición todo el mundo llama Semana Santa. Pensar en Semana Santa para un cristiano es pensar en estos días en que celebramos la pasión y la muerte del Señor, en que celebramos la Pascua con su resurrección. Para otros, semana santa significan unas vacaciones, unos viajes, unos días de playa, a lo más quizá para algunos ir a contemplar unas procesiones en algunos lugares que puedan ser más famosos o tener una tradición distinta; miremos lo que abunda estos días en las noticias y cómo es tratado el tema de la Semana Santa.

Y ahí en medio estamos nosotros, nos encontramos ya a las puertas del comienzo de las celebraciones y nos preguntamos también ¿qué hacemos? Puede que muchos hayamos tomado la decisión de quedarnos en casa, de participar en las celebraciones de nuestra parroquia, en los actos que se realicen allí donde vivimos. Pero, repito, la pregunta sigue estando ahí, ¿qué hacemos?

Porque también podemos tener diversas formas de estar o de participar. Son unas tradiciones, es algo que siempre hemos vivido en la familia, son unas celebraciones que reconocemos son hermosas e incluso emocionantes, pero ¿hasta donde llegamos? ¿Nos quedamos simplemente ahí? ¿Daremos un paso más para hacer todo eso parte de mi vida? como ya nos hemos preguntado en otro momento ¿Cómo uniremos nuestras celebraciones religiosas y litúrgicas con lo que estamos viviendo en estos días? ¿Llegaremos a descubrir la pasión de Cristo en el sufrimiento que estamos contemplando, en las expectativas angustiosas que todos podamos tener por la situación que vivimos?

Vamos mañana a subir a Jerusalén con Jesús en su entrada en la ciudad. Vamos a ir poniendo toda la sinceridad de nuestra vida pero poniendo ahí lo que es toda nuestra vida y la vida de nuestro mundo hoy. Y vamos a celebrar la pascua como en verdad tiene que ser para un cristiano, algo que vivimos con esperanza, porque la fuerza de todo está en el amor.

Vamos a orar de verdad, vamos a poner de verdad a Cristo en nuestro corazón con esperanza de resurrección; no nos podemos quedar en la muerte, no quiere Cristo que nos quedemos en el dolor y en la muerte sino que lleguemos a la vida, para eso resucitó El. Vamos a darle intensidad profunda a lo que vamos a vivir en estos días.

viernes, 8 de abril de 2022

Cuando estamos a punto de comenzar las celebraciones de la pasión tendríamos que plantearnos cómo darles autenticidad en medio de la realidad actual que vivimos

 


Cuando estamos a punto de comenzar las celebraciones de la pasión tendríamos que plantearnos cómo darles autenticidad en medio de la realidad actual que vivimos

Jeremías 20, 10-13; Sal 17; Juan 10, 31-42

¿Por qué una misma cosa, en sí misma buena, puede tener diferentes reacciones por parte de quienes tengan que vivir esa realidad? ¿Por qué la luz mientras nos beneficia dando luminosidad al lugar en el que estamos, a otros les molesta porque por ejemplo se sienten deslumbrados? Podríamos pensar en muchas situaciones en este estilo, en las que unos se sienten gratamente, mientras otros están incómodos. O podemos pensar en las personas, que no provocan la misma reacción en quienes tienen contacto entre unos y otros, para unos puede ser motivo de rechazo, mientras otros las aceptan y se sienten complacidos, por ejemplo, de su presencia.

Es lo que provocaba la presencia de Jesús. Ya lo anunció proféticamente el anciano Simeón, que sería signo de contradicción, para que unos u otros caigan o se levanten. Ya Jesús nos pedirá decantarnos, o conmigo o contra mí. Y será la decisión que hemos de ir tomando a cada paso en nuestro seguimiento de Jesús. Incluso los más cercanos a Jesús en ocasiones se sentirán también confusos, porque no terminan de entender las exigencias de Jesús.


Es lo que contemplamos en esta página del evangelio que hoy nos ofrece la liturgia de este día; Algunos habían cogido piedras para apedrear a Jesús. Y al final nos dirá el texto que cuando Jesús se marcha más allá del Jordán donde Juan había estado bautizando, algunos se preguntan sobre Jesús y nos dice el evangelista que allí muchos creyeron en El.

¿Pudiera ser la inquietud y la zozobra que muchas veces se produce dentro de nosotros en nuestros deseos y en nuestros intentos de ser verdaderos discípulos de Jesús? Ahora mismo que nos estamos acercando a los días en que celebraremos la pasión y la muerte de Jesús, pudiera sucedernos como a Pedro, que no lo entendemos, que como Pedro quisiéramos quitar de la cabeza eso del sufrimiento y de la muerte; que mirando la pasión de sufrimiento que hemos estado padeciendo  y que ahora de manera tan intensa se está viviendo en estos tiempos de guerra, nos duele, nos rebelamos, nos hacemos preguntas, hay cosas que no terminamos de entender de esta vida tan llena de odios, ambiciones y sufrimientos.

¿Y cómo encajamos todo esto que estamos viviendo en este mundo con lo que vamos a celebrar? ¿Intentaremos separar y que cada cosa vaya por su lado como si no hubiera relación entre una y otra? ¿Será que no queremos complicarnos la vida? ¿Preferimos quizá ensimismarnos en angélicas celebraciones sin querer sentir el ruido no de los tambores de una procesión sino de los tambores de la guerra? ¿Nos contentaremos con adornar de forma muy bonita y muy artística las imágenes de la pasión de Jesús mientras no queremos ver las imágenes de la pasión de Jesús en aquellos que están sufriendo los horrores de la guerra?

Muchas preguntas, muchos interrogantes pueden surgir dentro de nosotros, pero quizá huimos de ellos. Si alguien se atreviera a hablarnos de esas cosas horribles mientras hacemos nuestras bonitas celebraciones, quizá también saldríamos con piedras en las manos para que no nos digan cosas que molesten nuestros oídos o nuestra sensibilidad.

Podemos tener diversas formas de enfrentarnos a la celebración de la pasión de Jesús que tendremos intensamente en estos días. ¿Cómo tendríamos que vivir con auténtico sentido estas celebraciones en medio de la realidad del mundo que estamos viviendo? Es algo serio que tenemos que plantearnos.

jueves, 7 de abril de 2022

Creemos en la Palabra de Jesús plantándola en nuestra vida y tendremos vida para siempre que es mucho más que esas ansias de plenitud que lleva todo ser humano en su corazón

 


Creemos en la Palabra de Jesús plantándola en nuestra vida y tendremos vida para siempre que es mucho más que esas ansias de plenitud que lleva todo ser humano en su corazón

Génesis 17, 3-9; Sal 104; Juan 8, 51-59

¿Queremos vivir? ¿Queremos morir? Así directamente preguntado, damos por supuesta la respuesta. Nadie quiere morir, todos queremos vivir, aunque bien sabemos la realidad, que un día hemos de morir. ¿Le tenemos miedo a la muerte? ¿Le tenemos miedo a la vida? Es algo complejo, porque aunque muchas veces se nos hace difícil, queremos vivir, no queremos que nos llegue la hora de la muerte. Aunque quizás algunos la deseen, por los problemas que tienen, ¿por cobardía quizá por temor a tener que enfrentarse a los problemas de la vida? Es complejo todo lo que estamos diciendo, y al final amamos la vida, no queremos desprendernos de ella, aunque ¿Cuál sería esa vida de la que no queremos desprendernos para seguir viviendo?

En el fondo del corazón del hombre hay deseos de plenitud; ansiamos que todo eso bueno que vivimos lo podamos vivir en una plenitud para siempre, aunque algunas veces no sabemos ni cómo es eso, y nos llenamos de imaginaciones, como si ese vivir fuera seguir viviendo lo mismo que ahora vivimos. Y tenemos, entonces, que caminar guiados por la fe, en esto y en todo lo que es nuestro vivir. Porque esa plenitud no la vamos a tener por nosotros mismos, porque hay una esperanza en el corazón que nos da un sentido y un valor. Y aunque casi se nos presente como un misterio como seguidores de Jesús queremos creer en su palabra, aunque algunas veces también nos deje un tanto perplejos y desconcertados.

Es lo que le pasaba también a los contemporáneos de Jesús. Se sienten desconcertados con las palabras y las promesas de Jesús. No habían descubierto aún todo el misterio de Jesús, y por eso muchas veces sus palabras las tomaban solamente en un sentido muy humano, muy de tejas abajo. Cuando hoy les habla Jesús de vivir para siempre no lo entienden; como tampoco terminaron de entenderlo allá en la sinagoga de Cafarnaún cuando también les hablaba de que comiéndole a El tendrían vida para siempre. Ahora les habla de confiar en El, de creer en su Palabra, para alcanzar esa vida que dura para siempre.

‘En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre’, les dice. No terminan de entenderlo. Eso de no ver la muerte no les podía caber en sus cabezas. Son palabras, es cierto, difíciles, porque cuando hablamos de vida o de muerte pensamos en la realidad de la experiencia de lo que es nuestro vivir de cada día, comemos, dormimos, trabajamos, disfrutamos de las realidades materiales de la vida, vivimos en contacto con los demás, pero un día este cuerpo se enferma, este corazón se para, y ya parece que todo se acabó. Cogiendo al pie de la letra las palabras de Jesús, ¿por guardar su palabra este cuerpo no se va a enfermar y consumir, este corazón no se va a detener?

Tenemos que darnos cuenta de que Jesús nos está hablando de otro vivir, de algo más profundo que esa vida corporal, de algo que es lo que da verdadero valor a todo eso que material a corporalmente realizamos, de todo eso que más allá de nuestro cuerpo en nuestra mente llevamos y que es realmente lo que nos eleva, nos hace ser espirituales.

No vale entrar ahora aquí en aquellas discusiones que mantenían con Jesús con todas aquellas comparaciones con Abrahán o con los profetas que un día murieron. Jesús les está revelando el misterio de sí mismo, pero no terminan de comprender. ‘En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy’.

Está haciéndoles una revelación del misterio de la divinidad de Jesús, algo que ellos no podían aceptar. Por eso le rechazan, de alguna manera lo están considerando como un blasfemo cuando cogen piedras para apedrearlo. No lo harán ahora, porque Jesús se les escabulle entre las manos – aun no había llegado su hora – pero no tardarán en llevarlo a la cruz y al calvario. Será la Pascua de Jesús, que levantado en lo alto nos va a manifestar todo el misterio de Dios, porque nos va a manifestar ese amor infinito de Dios que nos entrega a su Hijo, como hemos venido reflexionando y como nos estamos queriendo preparar para la celebración de esa Pascua.

Pongamos toda nuestra fe en la Palabra de Jesús y tendremos vida. El ha venido y se ha entregado por nosotros y por todos para que tengamos vida en abundancia, para que tengamos vida eterna, para que no sepamos lo que es el morir, como hoy nos dice. Creemos en la Palabra de Jesús, plantándola en nuestro corazón y en nuestra vida, y tendremos vida para siempre. El se nos da, y como recordábamos, nos ha prometido que quien le come vivirá para siempre, El nos resucitará en el último día, nos hace partícipes de su misma vida.

 

miércoles, 6 de abril de 2022

Sabemos bien de quien nos fiamos, por eso creemos en su palabra para ser sus discípulos y vivir la plenitud de la libertad de los hijos de Dios

 


Sabemos bien de quien nos fiamos, por eso creemos en su palabra para ser sus discípulos y vivir la plenitud de la libertad de los hijos de Dios

Daniel 3, 14-20. 91-92. 95; Sal. Dn 3, 52a y c. 53a. 54a. 55a. 56ª; Juan 8, 31-42

¿Promesas que engatusan? ¿Promesas que estimulan? Seguramente preferimos las segundas. Estamos cansados de promesas. Es la cantinela continua de nuestros dirigentes, pero eso no solo ahora, sino en todos los tiempos. Promesas llenas de engaños, manipulando palabras y sentimientos, haciéndonos creer lo imposible, distorsionando la realidad. Y al final nos sentimos engañados cuando abrimos los ojos de verdad. Por eso nos hemos vuelto desconfiados; pero ya no es solo que no creamos en nosotros, o lo que nos dicen los que están a nuestro lado, sino que esa desconfianza nos puede llevar a temas y asuntos que son verdaderamente trascendentes para nuestra vida, como sería incluso el ámbito de la fe.

Tenemos que saber de quién nos fiamos. Y ya no nos quedamos en las palabras, sino que tratamos de ver la autenticidad de quienes las pronuncian, si hay verdadera congruencia entre lo que nos dicen y lo que es la realidad de la vida. y aquí sí tenemos que decir que sí, que creemos, que nos fiamos, que aceptamos la Palabra de Jesús porque  miramos su vida, porque estuvo dispuesto a dar su vida por esa verdad que proclamaba y al final terminó muriendo en una cruz. De quien da la vida por nosotros nos podemos fiar. Es lo que queremos hacer con el evangelio de Jesús, con la buena noticia que nos proclama Jesús.

Hoy ha comenzado el evangelio diciéndonos: Dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres’. Fijémonos que está hablando a aquellos que habían creído en El. Y es como una invitación a la confianza, a permanecer en la certeza de esa Palabra que habían escuchado y en la que creían; y quienes creen en Jesús y le siguen son sus discípulos, y el discípulo va a conocer toda la verdad que le enseña su Maestro; el discípulo de Jesús, el que cree y sigue a Jesús, va descubrir la verdadera sabiduría de su vida, va a encontrar la plenitud de su ser, ‘la verdad os hará libres’.

Claro que a continuación de estas palabras de Jesús se va a armar una discusión y un rechazo; pero no serán los que le aceptan y creen en él los que le discutan las palabras de Jesús y los que le rechacen, son aquellos que no quieren creer en Jesús ni en su palabra. Vendrá lo de que si son hijos de Abrahán, que no son hijos de una prostituta, que ellos se sienten libres y Jesús les hará comprender como están cegados y es la mentira la que envuelve su vida, por eso están llenos de pecado.

Jesús ha venido para arrancarnos de ese pecado; Jesús ha venido para quitarnos esa venda de los ojos que nos ciega; Jesús es el que viene en verdad a liberarnos de toda esclavitud; Jesús es el que viene en verdad a engrandecer nuestra vida, no hace grandes porque nos hace hijos de Dios. Pero tenemos que creer en El, fiarnos de su Palabra, dejarnos conducir por su Espíritu, llenarnos de su verdad y de su vida. No tenemos otro camino que Jesús. En El tenemos que creer. Nos sentimos en verdad estimulados con sus palabras para emprender con decisión ese camino de la fe.

Momento, pues, de reafirmar nuestra fe en Jesús. No solo como unas palabras que decimos o que repetimos; es con el convencimiento de nuestra vida, con lo que hemos de dar autenticidad a las palabras que pronunciamos para proclamar nuestra fe. Si antes pedíamos autenticidad en las palabras que nos dicen para creer en ellas, en consecuencia expresemos nosotros esa congruencia de nuestras palabras con nuestra vida para que sea auténtica nuestra fe. Que las palabras con las que proclamamos una fe no vayan por un lado mientras en la realidad de la vida vamos por otros derroteros, bien lejanos de esa fe. Es la sinceridad también con la que nos acercamos a la Pascua.

martes, 5 de abril de 2022

Está ya cercana la Pascua, busquemos de verdad al que va a ser levantado en lo alto donde encontramos la Salvación

 


Está ya cercana la Pascua, busquemos de verdad al que va a ser levantado en lo alto donde encontramos la Salvación

Números 21, 4-9; Sal 101; Juan 8, 21-30

Hay ocasiones en que parece que no terminamos de ponernos de acuerdo entre lo que buscamos y aquello que realmente se nos puede ofrecer; equivocamos el camino, equivocamos la búsqueda, entramos en confusiones desde nuestros particulares intereses, o desde la influencias que recibimos de nuestro entorno, entre lo que son nuestras expectativas desde nuestros particulares intereses o manera de ver las cosas y lo que realmente nos vamos a encontrar.

Así andaban los judíos con Jesús; tenían su particular visión de lo que había de ser el Mesías que tanto ansiaban y esperaban, y lo que realmente estaba anunciado por la Escritura. Lo vemos incluso entre los discípulos más cercanos a Jesús que andan con sus intereses, que se pelean en sus discusiones por quien había de ser el más importante en ese reino nuevo instaurado por el Mesías, que en sus ambiciones se valen de sus propios familiares a ver si pueden conseguir un lugar importante en ese Reino que veían como tan inminente desde las propias palabras de Jesús, que aun andaban cuantificando cuanto habían puesto de su parte y cuál iba a ser la recompensa en ese Reino nuevo. No terminaban de entender lo que era el Reino de Dios anunciado por Jesús, y desde sus expectativas y la imagen que se habían creado en sus cabezas, así andaban ahora con sus ambiciones.

Si así les pasaba a los discípulos más cercanos que escuchaban directamente las enseñanzas de Jesús y sus especiales explicaciones para ellos, qué no iba a suceder en la gran masa de los judíos que además se veía manipulada por sus dirigentes. De ahí, esas discusiones que escuchamos de Jesús con los judíos ahora que ha subido a Jerusalén para la ya cercana pascua.

Jesús les dice claramente que andan en una confusión, que no acaban de entender, ellos se preguntan y le preguntan ‘entonces ¿Quién eres tú?’ Y Jesús ahora, sin que casi se lo pidan aunque ya habría otros momentos en que con insistencia pedían una señal para creer en El, les ofrece una señal, aunque no terminan de entender. Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada’.

Una referencia a lo sucedido en el camino del desierto cuando fueron mordidos por las serpientes y muchos morían. Entonces también las mentes habían estado muy cerradas para no ser capaces de ver la mano de Dios que les iba conduciendo por el desierto. Como una prueba aquella invasión de serpientes en medio del campamento les hizo recapacitar para volverse de nuevo a Dios. Y Moisés les ofrece la señal de la serpiente de bronce levantada en medio del campamento, Les recordaba su pecado pero les había mirar lo que era la misericordia de Dios que les liberaba de tantos males mientras los conducía hacia la tierra prometida aunque la travesía del desierto fuera demasiado dura.

Ahora Jesús les habla del que va a ser levantado en lo alto, como aquella serpiente de bronce un día se levantara en medio del campamento; entonces le reconocerían, entonces podrían comenzar a pensar en Jesús de otra manera. Aunque no todos lo vieran y reconocieran, pero así fue levantado en alto el Hijo del Hombre, que sería la gran señal, la más hermosa prueba de lo que era el amor de Dios por nosotros que no paró hasta entregarnos a su propio Hijo.

Nosotros en estos días que se acercan vamos a levantar muchas veces nuestros ojos al Crucificado; muchas imágenes de Cristo en la cruz van a pasar delante de nuestros ojos y vamos a contemplar. Pero ¿qué es lo que vamos a contemplar? No es una pregunta baladí la que me estoy haciendo. Contemplaremos imágenes que nos moverán a nuestro fervor; contemplaremos imágenes ante las que nos quedaremos impresionados por su realismo o por su belleza; contemplaremos imágenes y nos podemos quedar en bellos crucificados, imágenes artísticas que nos hacen quedarnos en su arte o quizá en sus adornos… ¿Qué es lo que vamos a contemplar? ¿A quien vamos a contemplar?

Necesitamos una seria reflexión en este camino cuaresmal de preparación. Tenemos que aunar de verdad lo que buscamos y queremos contemplar con lo que Dios nos ofrece en el Jesús del evangelio.

lunes, 4 de abril de 2022

Seguimos tirando en los caminos de la vida destruyendo vidas, poniendo en entredicho la buena fama de los demás o alegrándonos del mal ajeno, otras tienen que ser nuestras actitudes

 


Seguimos tirando en los caminos de la vida destruyendo vidas, poniendo en entredicho la buena fama de los demás o alegrándonos del mal ajeno, otras tienen que ser nuestras actitudes

Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62; Sal 22; Juan 8, 1-11

Una piedra, una roca, puede ser sólido cimiento de un enorme edificio que podamos construir; básicamente la piedra era fundamental en la construcción de cualquier edificio o monumento, porque eran la base de las columnas que sostenían el edificio, de las paredes con que era construido y así en mil detalles más incluso en la ornamentación. Pero una piedra podría ser elemento de destrucción y de muerte como aquella roca que se desprende de la montaña y echa abajo aquella hermosa figura construida de valiosos metales en el sueño descifrado por el profeta; elemento de muerte porque un golpe en una piedra o con una piedra puede quitarnos el sentido y la vida.

A través del evangelio la imagen de la piedra o de la roca aparecerá con diversos significados, desde la roca – Pedro, piedra – sobre la que Cristo quiere edificar su iglesia, o como en el caso que se nos ofrece hoy en el evangelio el ser apedreado era castigo mortal para quienes eran descubiertos en adulterio. Es la acusación que traen contra aquella mujer a la que pretendían apedrear en cumplimiento de la ley de Moisés, pero en la intenciones de quienes vienen con la acusación contra quien quieren lanzar piedras es contra Jesús porque con aquel juicio en el que pretendían inmiscuirle estaba la mala intención de ver como cogerían a Jesús en sus propias palabras y acciones para tener de qué acusarle.

Jesús, en este caso lo desbarata todo cuando apela a la sinceridad de la conciencia de cada uno de aquellos acusadores. ¿Podrían en verdad acusar? ‘El que esté libre de pecado que tire la primera piedra’, es la sentencia de Jesús después de tensos momentos de silencio buscando respuestas y actuaciones. ¿Quién puede en verdad sentirse tan justo como que pueda tirar la primera piedra?

Sin embargo, seguimos tirando piedras. Aunque el desafía de Jesús nos deja en desazón pronto lo olvidamos y en la vida de mil manera seguimos tirando piedras, porque seguimos juzgando y seguimos condenando, seguimos poniendo en entredicho lo que hacen o lo que dicen los demás o seguimos creando desconfianzas, seguimos con la palabra malévola dicha en el momento oportuno para crear una confusión o seguimos ocultándonos detrás de las persianas de nuestras cobardías cuando vemos algo que realmente es injusto y nada hacemos por denunciarlo o desbaratarlo, seguimos con la sonrisa maliciosa en la alegría que nos pueda producir el daño de los demás o seguimos provocando a la gente en aquello que sabemos que los solivianta pero no para construir cosas buenas sino para mover quizás muchas veces al alboroto y la violencia porque dicen que a río revuelto ganancia de pescadores y siempre queremos sacar beneficio hasta de lo que pueda perjudicar a los demás. Son tantas las piedras que seguimos tirando en los caminos de la vida destruyendo vidas, poniendo en entredicho la buena fama de los demás o alegrándonos del mal ajeno.

Jesús quiere ponernos hoy en sobre aviso. Algunas veces es una pendiente resbaladiza en la que nos metemos porque vamos de buena voluntad por la vida, pero no miramos bien las consecuencias de nuestros actos, nuestras palabras, nuestros comentarios, nuestros gestos, nuestras actitudes. Tenemos que pensarnos bien lo que hacemos, lo que decimos, los gestos que podamos tener con los demás, para desterrar toda malicia, toda mala intención, para que sepamos ir por la vida con una mirada limpia, pero también con una palabra sincera y con muchos gestos de amor. Que nunca más por culpa nuestra caigan piedras sobre los demás.

domingo, 3 de abril de 2022

La tarea del cristiano, la tarea de la Iglesia como la de Jesús de ser signo de la misericordia de Dios que levanta y rehabilita al pecador llenándolo de nueva vida

 


La tarea del cristiano, la tarea de la Iglesia como la de Jesús de ser signo de la misericordia de Dios que levanta y rehabilita al pecador llenándolo de nueva vida

Isaías 43, 16–21; Sal 125; Filipenses 3, 8-14; Juan 8, 1-11

Si en la vida nos miráramos más a nosotros mismos con sinceridad otras serían nuestras actitudes tantas veces condenatorias para con los demás, se desinflaría pronto la violencia de la condena y comenzaríamos más a tender la mano para ayudar a levantarse al caído como nos gustaría que nos dieran la mano para hacer nuestro propio camino de retorno. No somos sinceros para mirarnos, no somos humildes para reconocer que necesitamos esa mano tendida, no tenemos la valentía de ponernos a dar los pasos del retorno de las miserias en que nos vemos envueltos, seríamos más generosos con los demás para caminar a su lado en esa difícil tarea y camino de rehacer una vida rota.

Es lo que nos ofrece hoy el evangelio en este quinto domingo de cuaresma. Es el paso final para el encuentro definitivo con la misericordia; es el duro momento quizá en que nos vemos hundidos pero que se convierte en un momento de esperanza cuando sentimos la mirada misericordiosa del Señor sobre nosotros.

¿Nos habremos preguntado de verdad cómo se sentiría aquella mujer que fue arrojada a los pies de Jesús casi con una sentencia de condena ya prefijada? Era mucho más que la vergüenza de verse señalada con el dedo y acusada; era el peso de la muerte de la que le parecía que no se libraba. Y ese momento que se convierte en un momento supremo para la persona contemplaría su vida y sus errores, contemplaría su pecado y todo lo que la había arrastrado hasta ese momento. Los gritos de sus acusadores le taladraban no solo sus oídos, sino que se sentiría desgarrada hasta lo más hondo de sí misma.

Pero se hizo silencio. Cesaban los gritos de los acusadores y se esperaba la palabra final. Quien parecía que tenía esa palabra también guardaba silencio aunque ahora se palpaba que todas las miradas se dirigían a El, a Jesús, que agachado hacía garabatos en el suelo. Algún nuevo grito rompía aquel silencio y al final se escuchó la palabra de Jesús. ‘El que esté sin pecado que tire la primera piedra’. Y el silencio volvió a envolver aquellos momentos roto por unos pasos silenciosos que se arrastraban alejándose del lugar.

Ahora Jesús sí la miraba. ‘¿Dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado?’ Tímidamente como quitándose un peso de encima finalmente se oye la voz de la mujer. ‘Ninguno, Señor’. Y en los ojos de Jesús pudo contemplar aquella mujer lo que era la misericordia de Dios. Una mirada que la levantaba y no ya de aquel suelo donde la habían arrojado, sino del infierno en que ella misma se había metido. Una mirada de vida que rehacía la vida, una mirada de amor que llenaba de esperanza el corazón, una mirada intensa que rehabilitaba y ponía en camino. ‘Yo tampoco te condeno, vete y no peques más’.

Qué nuevos caminos se abren cuando nos encontramos con la misericordia del Señor. Pero, como decíamos, tenemos que aprender a mirarnos a nosotros mismos con sinceridad y con mucha carga de humildad. Es así cómo experimentamos la misericordia de Dios en nuestra vida; será así cómo aprenderemos a mirar con ojos de misericordia al hermano que camina a nuestro lado comenzará a surgir una nueva sensibilidad en el corazón.

Cuando en verdad nos sentimos amados de Dios nuestro corazón se llena de una nueva ternura que se va a traslucir en actitudes nuevas para con los demás, en gestos de verdadera misericordia con el hermano, en manos tendidas para levantar, para ayudar a rehabilitarse, para saber caminar al lado del otro, para ofrecer nuevas oportunidades, para creer de verdad en la persona y en todas sus posibilidades.

Lo tenemos que experimentar en nosotros mismos dejando que cale en nosotros esa mirada de amor que Jesús nos ofrece porque así sentimos tantas veces el amor y la misericordia de Dios; ese amor de Dios que rehace nuestra vida por muy rota que la tengamos, ese amor de Dios que sigue contando con nosotros a pesar de nuestras flaquezas y debilidades tantas veces repetidas; ese amor de Dios que nos transforma para que nosotros seamos esos instrumentos de la misericordia de Dios para con los demás.

Porque esa tiene que ser nuestra tarea; esa es la buena noticia que nosotros hemos de transmitir a los demás; esas han de nuestras nuevas actitudes, nuestros nuevos gestos con los que iremos ayudando a los demás, ese nuevo corazón con el que nos acercaremos siempre a los otros. Esa ha de ser siempre la tarea de la Iglesia, Iglesia de misericordia y de compasión, Iglesia que camina junto al mundo para iluminarla con su luz, Iglesia que tiene que acercarse siempre al hombre pecador, no para lanzar la piedra de la condena, sino para tender el brazo en que se apoye para levantarse e iniciar nuevo camino.

¿Sabremos hacerlo siempre así? ¿Lo hará siempre así la Iglesia con el hombre pecador o con el mundo lleno de pecado? Es un reto muy grande el que tenemos entre manos.

sábado, 2 de abril de 2022

Aunque ya muchas veces hayamos reflexionado y rumiado la Escritura, escúchala ahora como si fuera la primera vez para que se convierta de verdad en evangelio para tu vida

 


Aunque ya muchas veces hayamos reflexionado y rumiado la Escritura, escúchala ahora como si fuera la primera vez para que se convierta de verdad en evangelio para tu vida

Jeremías 11, 18-20; Sal 7; Juan 7, 40-53

‘Jamás ha hablado nadie como ese hombre’, fue la respuesta que dieron los guardias a los sumos sacerdotes del templo que los habían enviado a prender a Jesús. ‘¿Por qué no lo habéis traído?’, preguntaban ante el incumplimiento de sus órdenes.

Pero aquellos guardias sencillos de corazón se habían sentido cautivados por la palabra de Jesús. Como la gente sencilla que le reconocían como el profeta, que casi le proclamaban como el Mesías. Aunque vinieran los entendidos de turno a argumentar que Jesús no podía ser el Mesías, simplemente por el hecho de que venía de Galilea, y el Mesías no sabían de donde vendría.

Aquel fariseo de noble corazón que una noche había ido a hablar con Jesús les argumenta que no se puede condenar a nadie sin haberle escuchado; pero también le rechazan como si fuera un ignorante, argumentando que sabían que Jesús venía de Galilea y de allí no había surgido nunca un profeta. Como si Dios tuviera unos límites para escoger a los profetas que enviase al pueblo para transmitirles su palabra. Los sabios y entendidos de siempre que todas se las saben.

Nos recuerda aquel momento en que Jesús da gracias al Padre porque los misterios de Dios los está revelando a los pobres y a los sencillos y no a los que se creen entendidos; el profeta también había anunciado que la buena nueva se le anunciaría a los pobres, porque una señal de la venida del Reino era que los pobres serían evangelizados.

Son los que escuchan a Jesús, son los que entran de verdad en la sintonía de Dios, serían los que le proclamarían como un profeta y que lo llamarían el enviado del Señor, reconociendo que en Jesús Dios ha visitado a su pueblo. Lo proclamaría proféticamente el anciano Zacarías que bendice a Dios que ha visitado a su pueblo por su entrañable misericordia. Es lo que vamos contemplando a lo largo del evangelio porque en Jesús se manifiesta la misericordia del Señor; son los que rodean continuamente a Jesús y hasta serán capaces de irse al desierto sin provisiones para estar con El, para escuchar su Palabra.

Lo contemplamos hoy en el evangelio en este camino que vamos haciendo con Jesús y su Palabra hasta la Pascua. Es lo que va alimentando ahora nuestra fe, para que seamos capaces también nosotros de entrar en la sintonía de Dios. ¿Qué necesitamos? El corazón de los humildes y de los sencillos, porque será a los que se revela el Señor. Es importante. Tenemos a veces la tentación de darle vueltas y vueltas al Evangelio, buscarle explicaciones o formas de aplicarlo a nuestra vida que podemos llegar a querer ser esos entendidos que a la larga con nuestros orgullos lo que hacemos es cerrar el corazón.

Muchas veces, por otra parte, creemos sabérnoslo todo y lo que hacemos es cerrar el corazón; cuantas veces cuando lo escuchamos ya vamos con nuestras respuestas, nuestras explicaciones o nuestras consideraciones previamente preparadas y no terminamos de abrir el corazón a la novedad que siempre ha de tener el evangelio para nuestra vida. Si lo despojamos de esa novedad ya no es noticia, ya no es buena noticia para nosotros y terminamos por hacerlo algo viejo en nuestra vida desvirtuando su mensaje de salvación que tiene que llegarnos al hoy de nuestra vida.

Aunque ya muchas veces lo hayamos reflexionado y rumiado, escúchalo ahora como si fuera la primera vez que lo escucharas para que se convierta de verdad en buena noticia, en evangelio para tu vida. Entonces sí que podremos decir nosotros también ‘Jamás ha hablado nadie como ese hombre’.