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miércoles, 4 de noviembre de 2026

Rumiar y madurar en lo más hondo de nosotros lo que da sentido a nuestra vida como cristianos y no echarlo en el saco de los recuerdos que nunca volvemos a abrir

 


Rumiar y madurar en lo más hondo de nosotros lo que da sentido a nuestra vida como cristianos y no echarlo en el saco de los recuerdos que nunca volvemos a abrir

Filipenses 2, 12-18; Salmo 26; Lucas 14, 25-33

Supongamos que queremos construir una casa, no es cuestión solo de que dispongamos de unas piedras y nos pongamos a hacer por nuestra cuenta unas paredes que luego techemos para tener donde guarecernos; eso así se ve muy elemental, porque tendríamos que hacernos un proyecto de lo que queremos y ver si contamos con los medios necesarios para llevarlo a cabo, porque se nos puede quedar en una pared que se nos viene a ruina y de nada nos sirve lo que hemos intentado; como si queremos llegar a visitar un lugar que por lo oído nos pueda parecer interesante, pero ¿sabemos dónde está y cómo llegar a él? Tendremos que situarlo y situarnos para trazarnos una ruta y ver los medios de los que dispongamos para poder llegar allí.

En esas cosas somos cuidadosos en la vida y no queremos hacer las cosas a lo loco, pero tendríamos que ver si en lo que son las cosas más importantes de la vida que ya no son las cosas materiales como puede ser el sentido que le demos a nuestra vida y lo que queremos lograr como persona, o descubrir cual es nuestra función y nuestra misión en la vida, también nos lo estamos tomando en serio y nos lo pensamos bien; y desde ahí podríamos descender a planteamientos más profundos de la persona en los que tenemos que ver realmente qué camino hacemos o qué camino estamos tomando.

Yo diría que es lo que básicamente nos está planteando el evangelio; no se trata de fervores momentáneos que si no están bien fundamentados y alimentados prontamente se nos desinflan y nos quedamos en un vacío existencial que es muy peligroso. Nos dice hoy el evangelista que mucha gente seguía a Jesús. Los milagros despiertan fervores y entusiasmos que algunas veces pueden desembocar en entusiasmos del momento, pero que pronto se enfrían; las palabras de Jesús. sembraban, es cierto, inquietud en los corazones y hacían despertar igualmente esperanzas cuando en la vida quizá lo veían todo más negro; eran rayos de luz que querían iluminar un camino, pero cuando no sabemos aprovechar esa luz se nos puede quedar en un fogonazo que destella pero que pronto también podemos olvidar; claro que cuando son sentimientos que se van despertando en las personas al unirse con otros que pueden sentir lo mismo aparece ese entusiasmo que nos lleva a manifestarnos de alguna manera pero que si no llegamos a entender el sentido de esa luz al final vienen los cansancios y también todo se nos apagará.

Son cosas que suceden también en nuestra sociedad hoy y múltiples ejemplos de todo esto lo podemos ver cada día incluso como noticias de actualidad. Miremos si no cosas que en estos momentos están sucediendo a lo largo y ancho de nuestro mundo; cuantas manifestaciones y cuantos gritos que al final parece que no todos saben bien ni lo que están reclamando porque se dejan llevar por los fervorines que aparecen en los diferentes medios.

Jesús. nos dice el evangelista que se volvió hacia aquellos que le seguían y comienza a hacerles algunas reflexiones planteándoles si en verdad tienen claro lo que buscan y están dispuestos a poner todo de sí para encontrarlo. Han sido capaces de salir de sus casas y de sus poblados y se han puesto en camino, pero esa salida tiene que tener un sentido más hondo, porque primero que nada han de salirse de sí mismos; si solo estamos buscando unas satisfacciones personales, sentirnos a bien con nosotros mismos y no vemos más allá todavía no nos hemos puesto en camino. Emplea Jesús la palabra negación que no es anularse sino ser capaz de poner en segundo lugar, posponer, lo que no es lo fundamental. Habla Jesús de negarse a sí mismo pero también de muchas cosas que nos rodean y sobre las que hemos edificado hasta ahora nuestra vida, pero ponernos en el camino de Jesús para seguirle no es buscar esos apoyos de siempre sino entrar en un camino de disponibilidad, que podemos llamar pobreza, porque no es en lo material y en lo de siempre aunque sigamos teniéndolo entre manos en donde hemos de buscar el fundamento. Es un liberarse de ataduras para sentirnos verdaderamente libres, es arrancarse de unas rutinas o cosas que hemos hecho de siempre para encontrar una novedad en ese apertura a Dios pero también en esa apertura a los demás; nuevas han de ser nuestras relaciones con Dios como diferentes tienen que ser nuestras relaciones con los demás.

Es algo de lo que hemos de ser conscientes como el que va a edificar una torre tiene que saber lo que pretende hacer y cómo hacerlo, pero también hemos de ser conscientes de nuestras propias limitaciones y saber dónde tenemos que buscar el apoyo verdadero. ¿Estaremos disponibles, dispuestos a dejarnos llevar, a dejarnos conducir por el Espíritu divino?

Es algo que tiene que ser rumiado y madurado en lo más hondo de nosotros mismos para que no sean impulsos momentáneos sino todo un sentido de vida. ¿Será algo en lo que nos ponemos a pensar en nuestro interior habitualmente los cristianos? ¿Seguimos rumiando en casa lo que cada domingo nos ofrece la palabra del Señor cuando venimos a la Iglesia o será algo que pronto olvidamos y echamos en el saco de los recuerdos pero que nunca volvemos a abrir?