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domingo, 31 de mayo de 2026

Necesitamos momentos para la contemplación de todo el misterio de amor de Dios que hemos vivido, para verlo plasmado en nuestra vida y para saber dar gracias

 


Necesitamos momentos para la contemplación de todo el misterio de amor de Dios que hemos vivido, para verlo plasmado en nuestra vida y para saber dar gracias

Éxodo 34, 4b-6. 8-9; Dn 3, 52-56; 2Corintios 13, 11-13; Juan 3, 16-18

A todos nos habrá sucedido, ante algo que ha pasado a nuestro lado, una noticia impactante que hayamos recibido, algo que nos han dicho que por lo grandioso que nos cuentan nos parece increíble pero que sin embargo en la realidad ahí está, nos hemos quedado sin palabras, impactados no hemos sabido qué decir o qué hacer y nos hemos quedado en silencio, pensando y repensando dicho acontecimiento o dichas palabras y parece como si nos quedáramos extasiados en el tiempo.

¿No fue algo así lo que le sucedió a Moisés cuando ahora de nuevo sube al monte con las tablas de piedra de la ley en sus manos y se queda repitiendo como en un eco una y otra vez ‘Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad’? Por su mente iba como recapitulando tantas cosas en las que había visto la mano de Dios. Le había llamado a él desde la zarza ardiendo, le había enviado a presentarse al Faraón para pedir la liberación de su pueblo, a él además que no era un hombre de palabra fácil, todas aquellas señales de la liberación de Egipto, el paso del mar Rojo y aquella travesía en el desierto hasta el Sinaí donde Dios se les había manifestado, era como para quedarse aturdido ante tantas maravillas del amor que Dios manifestaba por su pueblo, era para quedarse pensando eternamente sin terminar de dar gracias nunca. Por algo terminaba pidiendo a Dios que estuviera siempre con su pueblo, ‘que mi Señor vaya con nosotros, aunque seamos un pueblo de dura cerviz’.

¿No será esto lo que quiere hacer la liturgia cuando ya hemos terminado todas nuestras celebraciones pascuales sino invitarnos a quedarnos también en esa contemplación? Tenemos que saber detenernos ante todo lo que hemos venido viviendo y contemplando cuando hemos celebrado la Pascua del Señor; todas las celebraciones del misterio de Cristo que es celebrar el misterio del amor de Dios se han ido sucediendo casi como pisándose unas a otras y necesitamos parar, necesitamos detenernos en silencio, no para ver cosas nuevas, sino para contemplar una y otra vez todo ese misterio de amor.

Con el texto del evangelio de san Juan tenemos que decirnos una y otra vez, ‘tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna… para que el mundo se salve por Él’. No son necesarias reacciones ni consideraciones especiales, sino contemplar y rumiar ese misterio de amor. Lo hemos contemplado y celebrado de manera especial en este tiempo de pascua. Ahora dejémonos sorprender, empapémonos de ese misterio de amor.

Este domingo en que ya retomamos el tiempo Ordinario en la liturgia solemos llamarlo la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Venimos, algo así, a recapitular todo ese misterio de Dios que así se nos manifiesta, así se nos reveló en Jesús. No vamos a meternos en lo que podríamos decir elucubraciones teológicas sino lo importante es que nos sintamos envueltos por ese misterio del amor de Dios, que nos ama, que camina a nuestro lado, que sostiene nuestra vida y nos ilumina allá en lo más hondo del corazón, que nos hace sentir su presencia y la fuerza de su Espíritu como revelación de todo lo que es ese misterio de Dios, que se nos muestra compasivo y misericordia hasta entregarse en Jesús en la más sublime prueba de amor.

¿Eso nos dejará impasibles e insensibles? ¿No tenemos que sentirnos impactados por toda esa fuerza arrolladora del amor Dios para con nosotros? Porque además se nos está ofreciendo como el más hermoso de los regalos. ¿Quién soy yo, pequeña criatura, para sentirme amado de tal manera por ese amor eterno de Dios? Moisés le pedía a Dios que se quedara con ellos porque eran un pueblo de dura cerviz, ¿no es lo que nosotros también tendríamos que pedir siendo conscientes de tantas debilidades nuestras que tan inconstantes nos hacen en nuestra respuesta al amor de Dios? Es algo que mucho tenemos que pensar. Miremos la historia de nuestra vida y terminaremos por reconocer que no es sino la historia del amor que Dios nos tiene, aunque muchas veces lo olvidamos.

 Cuántas señales ha ido Dios poniendo en nuestro camino ante las que quizás muchas veces pasamos de largo; es hora de recapitular quizás grandes momentos o también de detenernos para ver esos pequeños detalles que en tantas situaciones de nuestra vida nos ha dejado como signos de su amor, acontecimientos, personas cercanas a nosotros, palabras que en un momento determinado produjeron un impacto en nosotros, cosas inesperadas que llegaron a nuestra vida y que se convirtieron en un toque de atención, momentos que vivimos con una especial intensidad espiritual como momentos oscuros que se convirtieron en pruebas para nosotros… y Dios ha estado ahí, en ese camino que hemos hecho, y Dios nos ha estado recordando continuamente su amor.

¿No tendríamos que detenernos a reconsiderarlo y a dar gracias?


jueves, 25 de diciembre de 2025

Contemplemos el misterio que se desarrolla en Belén, quiere hacerse presente Dios a través de nosotros, signos de esa presencia y de ese amor de Dios


 

Contemplemos el misterio que se desarrolla en Belén, quiere hacerse presente Dios a través de nosotros, signos de esa presencia y de ese amor de Dios

Y el Verbo se hizo carne y a campo de entre nosotros... es lo que hoy estamos celebrando y llena de alegría nuestros corazones; no es algo mágico, es la maravilla del misterio de Dios, es el milagro del amor, es Dios que se hace presente entre nosotros; no sólo nos visita porque una visita podría aparecer algo de paso, es algo definitivo porque planta su tienda entre nosotros, vive entre nosotros y con nosotros, camina a nuestro lado, participa de nuestras tareas, continúa la creación del mundo a través de nosotros, es un misterio de amor, tanto nos ama Dios.

¿No es suficiente todo eso para sentirnos los más felices y dichosos del mundo? Por eso la alegría se desborda en Navidad, por eso no dejamos de cantar aunque algunas veces llevemos cosas duras en el corazón; nos sentimos transformados con la presencia de Dios.

Viene para que tengamos vida para hacernos partícipes de su vida para llenarnos de la vida de Dios, para que aprendamos lo que es el amor, para que caminemos con un sentido nuevo para que no solo seamos felices nosotros sino que hagamos felices a los demás.

Y toda esa inmensidad de Dios hoy la contemplamos en lo pequeño, en un niño recién nacido que parece desguarecido, allá acunado en un establo; que viene a compartir nuestro frío porque viene a darnos calor, porque viene a regalarnos amor, porque viene a levantarnos de nuestra pequeñez y nuestra pobreza porque viene a hacernos un hombre nuevo a darnos una vida nueva.

 Disfrutemos de la Navidad, gocemos la Navidad pero con otro sentido, no nos quedemos en lo superficial, vayamos al misterio de Dios que nos llena, que nos inunda, que transforma nuestra vida, que nos hace grandes.

Por eso somos los más felices del mundo, queremos con nuestro amor, con nuestro gestos, con nuestros detalles, con nuestra cercanía llevar esa felicidad a los demás, para que todos puedan llegar a descubrir ese misterio de Dios, ese misterio de amor; para que todos puedan comenzar a caminar en ese mismo amor.

No son necesarias muchas palabras, simplemente contemplemos el misterio que se desarrolla en Belén, el misterio que podemos ver desarrollarse en nuestra vida, el misterio que está también en los que están a nuestro lado. que lo contemplamos en los pobres, en los que sufren, en los que se sienten solos, en los abandonados; ahí quiere llegar Dios; ahí quiere hacerse presente Dios pero quiera hacerse presente a través de nosotros, tenemos que ser signos de esa presencia y de ese amor de Dios.

 Por eso Navidad no se queda en unos sentimientos o unas alegrías momentáneas de un día; la vida que es presencia de Dios tiene que ser cada día; tenemos que llevarlo a nuestra vida de todos los días, tenemos que llevarla a aquellos que están a nuestro lado, porque queremos hacer presente todo ese misterio de amor de Dios que está con nosotros.

Hagamos asi cada día feliz Navidad

 

viernes, 22 de marzo de 2024

Un momento para hacernos una reflexión seria de lo que tendría que significar la celebración del Misterio Pascual de la Semana Santa y el compromiso que tendría que surgir

 


Un momento para hacernos una reflexión seria de lo que tendría que significar la celebración del Misterio Pascual de la Semana Santa y el compromiso que tendría que surgir

Jeremías 20, 10-13; Salmo 17; Juan 10, 31-42

Estamos ya casi a las puertas de la semana santa y según las expectativas de muchos para estos días, parece como si los textos que se nos están ofreciendo en el evangelio en estos días no terminaran de conectar con lo que esperamos o con lo que pensamos que ha de ser la semana santa.

Y no pienso en las expectativas de los que piensan en este día como unas vacaciones como a fuera de época antes de llegar el verano y como una recuperación de fuerzas para seguir luego en la batalla de siempre. Pienso en los que religiosamente queremos vivir la semana santa un poco también como nos la hemos montado que ahora sí tendríamos que preguntarnos si en verdad es lo que tendría que ser esta semana de pasión y de pascua.

Estos días los textos de la Palabra de Dios y sobre todo del evangelio nos han ido presentando lo que fueron también las vísperas de aquella pascua de Jesús y los discípulos en aquel momento concreto. Y es que, tendríamos que reconocerlo así, se estaba desarrollando un drama muy sangriento y cruel que luego ahora nosotros revestimos de ropajes de ricos tejidos y esplendorosos adornos como si de alguna manera quisiéramos disimular lo que realmente celebramos. También nos hemos hecho, y perdónenme la palabra, unos montajes que no sé, lo digo con miedo pero también con sinceridad, si realmente nos ayudarán a vivir con profundidad el misterio que celebramos.

Creo que la Iglesia, y los cristianos, de una vez por todas tendríamos que hacernos una reflexión seria y profunda de por donde hemos ido llevando nuestras celebraciones y nuestros ritos litúrgicos y si hemos sido capaces de darle toda la profundidad al misterio pascual que celebramos. Demasiada aparatosidad externa, demasiados brillos de oropeles, emociones de movimientos de masas en muchos lugares y ocasiones, pero, ¿dónde están calando los valores del evangelio?, ¿dónde los estamos reflejando? ¿En qué se aprecia que los valores del evangelio son la guía y el sentido de la vida de cada día de esas personas que de esa forma han vivido la semana santa?

Como fruto de la vivencia del misterio pascual tendría que notarse que nos sentimos transformados, que nuestra vida no es la misma, que hay unos compromisos en la vida que tenemos que asumir con radicalidad, que hay un trabajo que tendríamos que hacer los cristianos para que nuestro mundo sea en verdad mejor y reina la justicia, y amemos la verdad, y alejemos de nosotros vanidades y ostentaciones, orgullos y violencias. Pero se mueve la marea religiosa enfervorizada en estos días, pero luego baja la marea y todo sigue igual. ¿Podemos contentarnos con eso?

Hay un tremendo drama de dolor y de sufrimiento en la pasión de Jesús que celebramos y en la que tendríamos que ver todo el drama de dolor y sufrimiento que sigue viviendo hoy la humanidad. Podríamos hacer una larga descripción; pienso en los que llegan en pateras a nuestras cosas y los que se quedan en el camino del mar; pienso en esos largos éxodos de emigrantes que en distintos lugares de América y del mundo huyen de pobrezas y de guerras; como puedo pensar en tantos que son perseguidos o anulados de una forma o de otra por dictaduras de todo tipo que quitan la libertad y la dignidad humana… En muchos más podríamos pensar como la guerra de Ukrania, de Gaza e Israel y tantos otros sitios.

Claro que cuando vemos el drama de la pasión de Jesús estamos viendo en su hondura todo lo que es el fuego del amor divino que así en Cristo se nos manifiesta. Aquel drama tuvo un sentido que fue el amor. El amor de Dios que nos ama tanto que nos entregó a su Hijo que a pesar de su categoría de Dios se rebajó no solo haciéndose hombre sino haciéndose el esclavo de amor de todos para a todos liberarnos y para que entonces comprendiéramos donde está verdaderamente el sentido de nuestra vida.

Despojado y desnudo de todo ropaje le veremos subir a la cruz no para que ahora nosotros vistiéramos su imágenes de terciopelos y de coronas de oro, sino para que viendo la desnudez y el despojo de tantos a nuestro lado desde nuestro amor aprendamos a vestirlos de nueva dignidad como personas y como hijos de Dios que también son. ¿Llegaremos a esas conclusiones en los parámetros en que nos hemos montado nuestras celebraciones de semana santa?  Si nos tomáramos en serio el misterio del amor de Dios que vamos a celebrar muchas cosas tendrían que cambiar en nuestra vida y muchas cosas comenzaríamos a cambiar también en la manera que hacemos las cosas y muchas cosas cambiarían en nuestro mundo.

Mucho tenemos que plantearnos, mucho tenemos que pensar y reflexionar, muchas nuevas actitudes y posturas tendríamos que tomar. Puede parecer cruda esa reflexión pero es necesario que nos paremos a pensar.