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sábado, 1 de febrero de 2025

Despertemos que somos nosotros los que andamos dormidos, no temamos ir a la otra orilla con Jesús, merece la pena porque sabemos quien está con nosotros siempre

 


Despertemos que somos nosotros los que andamos dormidos, no temamos ir a la otra orilla con Jesús, merece la pena porque sabemos quien está con nosotros siempre

Hebreos 11,1-2.8-19; Sal. Lc. 1,69-75; Marcos 4,35-41

Estar en camino tiene sus riesgos, es tener metas claras, es afrontar peligros o cometer errores, en la incertidumbre que siempre llevamos por dentro si acaso nos hayamos equivocado, nos exige esfuerzo, deseos de búsqueda y de superación, es encontrarnos con algo nuevo que pueda ser desconocido y tenga unas nuevas exigencias. Pero es la vida; quedarnos anquilosados no es vivir, encerrarnos en un cascarón es como volver para atrás, no podemos acallar los sueños que nos hacen buscar algo distinto, aunque tenga sus riesgos.

Es la vida, decíamos; es el camino también al que nos lleva la fe, es la apertura que pone en nuestra vida el estar con Jesús, el decir que somos sus discípulos. Aunque en ocasiones haya momentos en que nos parezca que estamos solos. Es de lo que nos está hablando hoy el evangelio. Jesús que les dice a los discípulos ‘vamos a la otra orilla’. 

Y hay un montón de circunstancias en torno a esta invitación de Jesús. Han de atravesar el lago. Pero es también el atardecer y cruzar la distancia hasta la otra orilla cuando ya pueden comenzar a aparecer las sombras de la noche, puede ser que no sea plato de buen gusto. Pero en esta ocasión no fueron solo los nubarrones oscuros de la noche sino también los nubarrones de la tormenta que se levantó cuando iban a medias en la travesía. Las olas y los vientos batían contra la barca y comenzaron a tener miedo de zozobrar. Y Jesús dormía.

Quien había levantado a los discapacitados de sus camillas, quien había hecho recobrar la vista a los cielos, quien había limpiado a los leprosos, quien se había manifestado con poder frente a los espíritus inmundos. ¿Ahora no podía o no quería hacer nada para sacar a sus amigos de la posible zozobra en medio de aquella tempestad? Jesús dormía. Parecía no importarle nada de lo que estaban pasando.

¿Se atreverían a despertarle? ¿Acudirían a El pidiendo socorro como lo hacían los enfermos y los paralices, los ciegos y los leprosos, los que se veían azotados por aquella posesión del maligno? Acudirían ellos también a despertarle. ‘Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?’

¿Serán también las dudas que algunas veces nos puedan atormentar en esa travesía de la vida cuando nos sentimos sin fuerzas, nos parece que estamos abandonados, el cielo de la vida se nos llena de nubes oscuras, tenemos los vientos en contra? Es cierto que así nos sentimos en muchas ocasiones cuando se nos hace difícil la vida, cuando el camino se nos hace oscuro, cuando nos entran dudas por dentro, cuando también se nos tambalea la fe.

Quizás nos metimos en la boca del lobo, porque se nos debilitó nuestro espíritu, no cuidamos suficientemente nuestra fe, nos dejamos arrastrar por las pendientes de las tentaciones y no pusimos suficiente cuidado; nuestras debilidades nos fueron envolviendo, nos dejamos influir por el ambiente pagano que nos rodea, fuimos perdiendo un sentido sobrenatural y religioso en nuestra vida porque fuimos abandonando muchas cosas buenas que nos hubieran ayudado a mantener la llama de nuestra fe encendida, y ahora nos cuesta levantarnos, ahora andamos cegados de tal manera que no somos capaces de darnos cuenta que el Señor no nos deja solos; y nos quejamos de que está dormido, que no nos escucha, que no atiende a nuestras suplicas cuando fuimos nosotros los que no le escuchamos porque preferimos entretenernos con otros cantos de sirena.

Tenemos que sentir una sacudida muy fuerte dentro de nosotros que nos haga despertar; somos nosotros los que estamos dormidos, o peor aun, como muertos en la situación a la que hemos llegado. Despertemos y no temamos decirle a Jesús, aunque parezca una recriminación, ‘Maestro, ¿es que no te importa que nos hundamos?’ Cuando lleguemos a ser capaces de decir eso es porque ya estamos nosotros despertando y comenzando a darnos cuenta de donde tenemos que dirigir nuestros pasos.

Jesús va a estar ahí, junto a nosotros, para ponerse en pie y calmar la tormenta. Y vendrá una gran calma. Sentiremos de nuevo la paz, porque estaremos sintiéndonos inundados de su amor. Despertemos que somos nosotros los que andamos dormidos. No temamos ponernos en camino, ir a la otra orilla con Jesús. Es un riesgo que merece la pena porque sabemos quien está con nosotros siempre.

miércoles, 25 de octubre de 2023

Vivimos tiempos inseguros, pero cuidado que esa inseguridad sea porque no hemos puesto los cimientos suficientemente fuertes y seguros para mi vida

 


Vivimos tiempos inseguros, pero cuidado que esa inseguridad sea porque  no hemos puesto los cimientos suficientemente fuertes y seguros para mi vida

Romanos 6,12-18; Sal 123; Lucas 12,39-48

Dicen que vivimos tiempos inseguros. Lo cierto es que ya no vemos las puertas de las casas siempre abiertas como veíamos antaño; los que somos mayores añoramos aquellos tiempos de tranquilidad en que incluso la llave se dejaba puesta en la puerta y los vecinos cercanos entraban con naturalidad en nuestras casas abriendo la puerta y simplemente llamándonos por nuestro nombre. Ante la inseguridad, vigilancia; no es raro ver sobre la puerta el cartelito que nos dice la casa está conectada a unos servicios de vigilancia y de alarma para evitar que los amigos de lo ajeno se acerquen por nuestros hogares.

Pero esto me hace pensar; andamos muy preocupados por esas alertas y vigilancias de nuestros bienes, pero ¿andaremos con una vigilancia semejante sobre todo lo que pueda atentar contra nuestra vida, nuestra dignidad o los peligros que en ese sentido podamos tener? ¿Nos preocuparemos más de las cosas que de la propia persona?

Es cierto que cuando rezamos – y repito cuando rezamos – pedimos en el padrenuestro que nos veamos libres de todo mal y no caigamos en la tentación. Lo decimos, ¿pero realmente será algo que tenemos muy en cuenta en nuestra vida? Creo que muchas veces andamos muy a la ligera no temiendo los peligros que pudieran atentar contra nuestra integridad interior. Decimos que somos buenos, que queremos o intentamos hacer el bien, pero que se hace lo que se puede. ¿Significa eso que no ponemos todo el esfuerzo que tendríamos que poner? Eso me hace pensar, no sé a ti, que estás leyendo esta reflexión.

Hoy Jesús nos dice que si el dueño de casa supiera cuando viene el ladrón, estaría vigilante y al acecho para no poner en peligro los bienes de su casa. Necesitamos poner alarmas. No de esas que suenan escandalosamente en la calle, sino aquellas alarmas que nos llaman y nos tocan en nuestro interior. Vigilancia desde la rectitud con que quiero vivir mi vida y asumir lo que son mis responsabilidades en la vida. El vigilante repasa aquellos lugares donde tiene que ejercer su vigilancia, el vigilante está atento a cuanto sucede en su ámbito y si descubre algo anormal que pudiera ser un peligro acude al lugar con los medios necesarios para solventar la situación; el vigilante revisa aquellos medios de los que dispone para ejercer su oficio para que en todo momento estén a punto.

¿No será lo que tenemos que hacer en la vida? Responsabilidad en aquello que vivimos y que tenemos que hacer, que nos exige una rectitud, una madurez interior para hacer las cosas no porque me vigilen o me vayan a tomar cuentas, sino porque desarrollo mi vida con responsabilidad. Atención y cuidado ante los peligros que se pudieran presentar. No basta decir líbrame de todo mal y no me dejes caer en la tentación, sino que yo voy a apartarme de aquello que sé que no es bueno, de aquello que pudiera ser una tentación en mi vida. Cuidar mi interioridad, mi vida interior, mi espiritualidad, para poder sentirme seguro y fuerte, porque sé bien en qué, o mejor, en quien me estoy apoyando; no me puedo dejar arrastrar por la tibieza, la desgana espiritual, porque es una pendiente muy peligrosa, de la que es difícil salirse.

Vivimos tiempos inseguros, comenzábamos diciendo. Pero cuidado que esa inseguridad nos esté atacando por dentro, venga de donde no hemos puesto los cimientos suficientemente fuertes y seguros para mantener levantado ese edificio de mi vida. Sabemos bien cómo tenemos que hacerlo.

sábado, 9 de julio de 2022

No hemos de temer y acobardarnos; no hemos de temer y escondernos; no hemos de temer las insidias que pretenden confundirnos para que neguemos la verdad de la salvación

 


No hemos de temer y acobardarnos; no hemos de temer y escondernos; no hemos de temer las insidias que pretenden confundirnos para que neguemos la verdad de la salvación

 Isaías 6,1-8; Sal 92; Mateo 10,24-33

Algunas veces uno tiene la sensación de que la gente tiene miedo; si no, miremos en nuestras calles las puertas y las ventanas de la mayoría de las casas, cerradas, muchas con rejas, los solares vallados, las fincas con cercas, y en muchas casas las alarmas bien señalizadas para que nadie pueda entrar. Se palpa una cierta inseguridad, en algunos sitios quizás con mayor intensidad, pero en todas partes se nota eso en el ambiente.

Pero los miedos no se quedan ahí, en otras muchas más situaciones de la vida andamos con miedo, en sí mismo pensando en el futuro, por otra parte la economía que da vueltas y vueltas y no sabemos si podremos llegar a final de mes, o si el trabajo nos va a durar, o qué van a hacer nuestros jóvenes cuando terminen una carrera; miedos que se meten en la vida y nos crean cierta ansiedad, angustia de la alguna manera.

Miedos cuando tenemos que emprender una tarea y nos sentimos inseguros; cuando tenemos que afrontar responsabilidades y parece que no tenemos mecanismos en nuestro propio interior para asumir lo que tenemos que hacer; o son los interrogantes profundos que surgen en nuestro interior y que no siempre encontramos una respuesta y nos hace caminar inseguros por la vida; o será la responsabilidad o la tarea a la que tenemos que enfrentarnos para que camine la sociedad y sabemos que nos vamos a encontrar muchas dificultades; miedos en nuestra propia vida de fe, en nuestros planteamientos profundos que sabemos que van a ir a contracorriente de lo que se vive en nuestro entorno y las dificultades o la oposición que vamos a encontrar.

Pero hoy por tres veces nos dice Jesús en el evangelio que no tengamos miedo. En este corto texto nos aparece tres veces, pero si hacemos una lectura de conjunto del evangelio veremos que esa invitación a la confianza y a la paz, a no tener miedo, será algo que se repite muchas veces. Los ángeles a los pastores, el ángel de la anunciación a María, en los momentos de dudas de los que se acercaban a Jesús, en las apariciones de Cristo resucitado. Y es que la buena noticia de Jesús es una noticia de paz, una invitación a la confianza, un hacer que nos sintamos seguros porque nos sentimos amados. ¿Qué más queremos? Esto tendría que ser ya por sí mismos suficientes motivos para la esperanza y para la alegría del cristiano, superando todos los miedos.

Hoy les está hablando Jesús a los discípulos de algo muy concreto como son las situaciones en las que se van a encontrar cuando vayan anunciando el evangelio. No será fácil, habrá oposición, quien no quiera escuchar, quien se oponga incluso a que hagamos el anuncio, y vendrán las persecuciones, incluso la muerte. Pero Jesús nos dice que no tengamos miedo.

La luz del evangelio no puede taparse para dejar que el mundo siga a oscuras, incluso aquello que quieren hacer que permanezca mas oculto, se dará a conocer, se publicará, y la voz del evangelio seguirá su camino y seguirá resonando. ‘No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma’. Lo importante es que nos den muerte a nosotros mismos porque nos suman en la muerte de la negación de Cristo. Los sufrimientos corporales, nada son frente a la alegría del anuncio. Y además Dios es el Padre bueno en quien podemos confiar y con nosotros estará. Y nos recuerda lo de la providencia de Dios que si protege a los pájaros del cielo o las flores del campo, ¿qué no hará por sus hijos?

No hemos de temer y acobardarnos; no hemos de temer y escondernos; no hemos de temer las insidias que puedan hacer contra nosotros que lo que pretenden es confundirnos para que neguemos la verdad que es nuestra salvación. No hemos de temer porque el Espíritu del Señor estará siempre con nosotros. Es una valentía nueva que sentiremos en nuestro interior; es la valentía con que vamos a afrontar la vida, y las responsabilidades, y la tarea que tenemos que hacer en nuestro mundo para que sea mejor. Con nosotros está el Señor.

martes, 24 de mayo de 2022

Nos enviará Jesús el Espíritu que no solo nos liberará de nuestros agobios, sino que nos fortalecerá y nos hará crecer para darnos esa seguridad y riqueza interior

 


Nos enviará Jesús el Espíritu que no solo nos liberará de nuestros agobios, sino que nos fortalecerá y nos hará crecer para darnos esa seguridad y riqueza interior

Hechos de los apóstoles 16, 22-34; Sal 137; Juan 16, 5-11

Hay ocasiones en que nos ponemos tristes, nos ponemos tensos y agobiados solamente pensando en el futuro. Hay personas, y nos puede pasar algunas veces a nosotros, que solo pensando en lo que nos pueda suceder mañana, ya nos hace llenarnos de agobios; de alguna manera buscamos seguridades, buscamos seguridad ante el futuro. ¿Qué va a ser de mí? Si me sobreviene una enfermedad, ¿cómo la afrontaré? Y los padres se preguntan por el futuro de los hijos, o pensamos en nosotros mismos que nos podamos quedar solos en la vida. Muchas cosas que nos agobian. ¿Dónde encontrar la confianza que nos dé seguridad en la vida?

Ante los imprevistos que nos pueda presentar la vida hay quien se agobia sin que nada le haya sucedido. Nos tambaleamos muchas veces, nos sentimos inseguros, nos trabajamos unas seguridades en lo social para que tengamos las cosas resueltas y aun así nos agobiamos. ¿Serán las inseguridades que llevamos en nuestro interior? Nos faltan quizá certezas, queremos tener respuestas para todo y en ocasiones nos quedamos sin saber qué responder o cómo afrontar lo que nos puede venir. Y vienen las tristezas, la falta de una verdadera alegría por esa inseguridad en la que vivimos, por esa quizás desorientación que pudiera haber en nuestro interior. ¿Nos faltará valentía en la vida?

Necesitamos una fortaleza interior. Como el edificio que tiene que tener unos sólidos cimientos, pero también una muy elaborada estructura que no solo de forma, sino que dé fortaleza a todo el conjunto del edificio. Serán los valores por los que regimos nuestra vida, los principios que dan fundamento a lo que vamos haciendo en la vida, es esa riqueza interior que nos hemos ido creando para dar respuestas, para encontrar soluciones, para mantener la serenidad del espíritu frente a las tormentas que nos va ofreciendo la vida. Lo podemos llamar espiritualidad, o lo podemos llamar vida interior, es el alimento de nuestro espíritu que no es solo el alimento con que nutrimos nuestro cuerpo. De este alimento nos preocupamos, pero qué poco tenemos en cuenta ese otro alimento que nutra nuestro espíritu.

Hoy Jesús, ante la tristeza que se va apoderando de los discípulos por todo aquello que Jesús les está anunciado, les habla de la presencia del Espíritu que les enviará desde el seno del Padre. Físicamente van a dejar de ver a Jesús pero una nueva presencia van a sentir por la fuerza del Espíritu. No tendrán a Jesús que una y otra vez les corrija y les enseñe, tan duros como son de corazón y de mente, pero el Espíritu se los recordará todo.

‘Os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré’, les dice Jesús. El Espíritu que nos hará ver el juicio de Dios, pero el Espíritu que será nuestra luz y nuestra fuerza, que nos liberará de las peores angustias porque hará que se caigan tantas cadenas que nos atan en la vida, el Espíritu que pondrá alegría en el corazón porque nos hará sentir de manera nueva la presencia de Jesús, aunque podamos estar por otra parte pasando por noches oscuras de sufrimientos o de problemas. Es el Espíritu que en verdad nos hará grandes porque no solo nos liberará de apegos o de angustias, sino que nos fortalecerá y nos hará crecer para darnos esa seguridad y riqueza interior.

 

viernes, 16 de octubre de 2020

Miedos, temores, inseguridades pero no es solo que perdamos la vida sino que caigamos por la pendiente resbaladiza de la inmoralidad y la irresponsabilidad


 
Miedos, temores, inseguridades pero no es solo que perdamos la vida sino que caigamos por la pendiente resbaladiza de la inmoralidad y la irresponsabilidad

Efesios 1, 11-14; Sal 32; Lucas 12, 1-7

Quizás estamos volviendo de nuevo a épocas de inseguridades y de miedos; ya sabemos como hay lugares donde es un tema muy grave y la gente tiene miedo; la situación social que se vive les lleva a esa inseguridad y muchos incluso temen por su vida. En otros tiempos quizá teníamos miedo a los asaltos en los caminos o en la noche donde tantos perdían no solo sus bienes sino también la vida. No será de la misma manera o circunstancias pero volvemos a llenarnos de miedo cuando salimos de nuestros lugares habituales.

Cuando escuchamos noticias de robos y violencias de todo tipo comenzamos a temer por la seguridad de la vida y nos llenamos de desconfianza ante todo lo que nos pueda parecer sospechoso. Decimos que vivimos en un mundo en paz, pero no siempre es así y de nuevo aparece la agresividad en el trato, en las relaciones humanas o en cualquier tipo de desencuentro que tengamos con los demás donde las reacciones fácilmente las llenamos de violencias. ¿Habremos progresado de verdad en humanidad de la misma manera y con la misma intensidad como vemos el progreso en otros campos?

Comento estas cosas a raíz de lo que escuchamos hoy en el evangelio. Repetidamente Jesús nos dice que no tengamos miedo. Y habla de los miedos a los que nos puedan quitar la vida. Pero Jesús quiere decirnos algo más y quizá tendríamos que pensar en otros miedos que podemos o no podemos tener por esas desconfianzas que se nos meten en el alma que nos hacen ir por la vida temerosos. Si hablamos antes de la situación social que nos llena de inseguridades, la inseguridad no está solo en perder o no perder la vida o lo que tenemos porque la inseguridad la podemos tener ante un futuro incierto en medio de las sombras que muchas veces nos envuelven donde parece que no tenemos salida.

En la vida llevamos muchos temores en el corazón ante lo que nos puede suceder a nosotros o a aquellos a los que amamos, pero también pensamos en otros peligros de tantas cosas que nos acechan y nos cercan, nos llenan de confusiones y nos pueden hacer perder la estabilidad de unos principios morales y al final caemos en la trampa y la pendiente de tanta corrupción como contemplamos en la sociedad. No queremos, pero algunas veces las ofertas que recibimos del mundo son tentadoras y nos hacen caer en sus redes; vemos a tantos que quisieron ir construyendo su vida desde la rectitud de unos principios y valores, pero que de la noche a la mañana cambian y ya no les importa entrar en esa espiral ambiciosa de la que tan difícil es salir. ‘Los negocios son los negocios’, dicen algunos para olvidar unos principios y valores de ética y justicia social. ¿No será un temor que también nos aceche de alguna manera?

Cuando andamos envueltos en un ambiente de irresponsabilidad, donde la gente va a salir del paso como pueda y no le importa la seriedad de sus trabajos sino unas ganancias que pueda obtener si es posible con el menor esfuerzo, podemos estar tentados también a esa dejadez, a ese abandono de responsabilidades, a esa poca seriedad en los compromisos y caer por esa resbaladiza pendiente de hacer como todos hacen.

Ese mundo tan sensual que nos rodea donde parece que la diversión y el placer es lo primordial es algo que a todos nos puede contagiar. No es que no tengamos que ser felices y disfrutar de las cosas buenas que la vida nos ofrece, pero para algunos parece que es la única motivación, el único pensamiento y no se sabe afrontar lo que pueda ser sacrificio diciéndonos incluso no en un momento determinado en búsqueda de valores más espirituales que nos llenen de verdad interiormente y no nos dejen ese sabor a vacío que muchas veces nos dejan esos placeres cuando los convertimos en único objetivo de nuestras vidas.

Nos decía Jesús que no temiéramos a los que nos pudieran matar el cuerpo, sino a quienes pudieran destruirnos en lo más profundo de nosotros mismos cuando nos destruyen nos valores, nos cautivan en esas redes de injusticia e irresponsabilidad o nos quieren envolver en esa sensualidad que termina por no ser verdaderamente humana. Hemos mencionado algunas cosas pero ahí podemos pensar en tantas cosas que nos tientan en la vida, que destruyen nuestros valores, que nos hacen olvidar nuestros principios, que terminan por embrutecernos porque nos van restando incluso en nuestra dignidad humana. ‘Cuidado con la levadura de los fariseos…’ les decía Jesús a los discípulos. Cuidado con esa levadura del mal que nos hace caer por pendientes resbaladizas, tendríamos que decir.

Algo más que aquellos miedos de los que hablábamos al principio por los peligros a perder la vida o los bienes con aquellas inseguridades que mencionábamos. Esas cosas si hemos de temerlas, pero el temor no se puede convertir en angustia y en obsesión, porque sabemos quien está a nuestro lado, quien es nuestra fuerza y nuestra vida, quien eleva nuestro espíritu y nos llena de algo verdaderamente grande, noble y espiritual. 

jueves, 31 de octubre de 2019

Inseguridades, miedos y complejos no nos faltan en muchas ocasiones pero no olvidemos la fortaleza del Espíritu para proclamar nuestro testimonio por Jesús


Inseguridades, miedos y complejos no nos faltan en muchas ocasiones pero no olvidemos la fortaleza del Espíritu para proclamar nuestro testimonio por Jesús

Romanos 8, 31b–39; Sal 108; Lucas 13, 31-35
Hay ocasiones en podemos sentirnos acobardados ante el encuentro con determinadas personas que se manifiestan quizá autoritarios o superiores a los demás porque todos tienen que pensar o actuar a su manera, o acaso sabemos o sospechamos que no les pueden gustar nuestros puntos de vista, nuestra manera de actuar y hasta podrían hacernos la vida difícil o imposible.
En ocasiones quizá no sea la otra persona ante la que nos sentimos acobardados sino quizá la inseguridad que sentimos en nosotros mismos y en una humildad mal entendida quizá preferimos anularnos nosotros antes de que nos puedan decir algo o llamar la atención por lo que hacemos.
Parece que no, pero muchas veces caminamos en la vida llenos de cobardías renunciando incluso a nuestros valores y nuestros principios, decimos por mantener la paz, pero la paz no se puede conseguir de esa manera. Miedos que nos echan los demás, porque también hay quien quiere manipularnos, o miedos que nos creamos nosotros mismos. Es quizá nuestra inmadurez o nuestra superficialidad que nos hace sentirnos inseguros y fácilmente nos ponemos en huida. Cuántas veces incluso llegamos a dejar de hacer cosas que son fundamentales en nuestra vida por esos temores que nos atenazan.
Hoy le vienen a decir a Jesús que Herodes lo anda buscando. Quizá vinieron con buena voluntad para que Jesús se pusiera a buen recaudo porque todos sabían de la tiranía con que actuaba y cómo había decapitado a Juan el Bautista, al que primero había metido en la cárcel. Pero Jesús no tiene miedo. El tiene una misión que cumplir y es fiel hasta el final. Se atreve a contestar incluso con palabras fuertes. Ya en una ocasión hasta sus propios enemigos le habían alabado que era sincero y veraz y no tenía miedo a nadie. Ahora les responde a los que vienen con el recado. ‘ld a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término." Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén’.
Sabe Jesús además que en Jerusalén es donde será su pascua, donde ha de morir. Lamenta que Jerusalén haya sido sorda a sus llamamientos y a sus palabras, pero Jesús continúa con firmeza caminando hacia Jerusalén, aunque se meta en la boca del lobo. Allí en Jerusalén al final se va a encontrar con Herodes que querrá aprovechar la ocasión para hacer una fiesta para sus cortesanos a costa de Jesús, Pero entonces Jesús callará y no proferirá palabra ante Herodes que lo tomará por loco y así con vestiduras de loco se lo devolverá a Pilatos.
Una página del evangelio estimulante para nuestra vida. Cuantas veces nos llenamos de miedos y de complejos y no sabemos como reaccionar ante un mundo que sí sabemos que es adverso. Ya Jesús en otros momentos nos habla de la fortaleza con que hemos de vivir nuestra vida y proclamar nuestro testimonio.
No nos faltará la fortaleza del Espíritu. Pero seguimos con nuestros miedos, no nos gusta que nos hagan frente, no nos gusta la tensión ni el sufrimiento; algunas veces da la impresión que quisiéramos ocultarnos debajo de las piedras. Pero tenemos que dar la cara por Jesús, tenemos que ser testigos, tenemos incluso que sentirnos dichosos, como los apóstoles cuando el sanedrín los castigaba, de padecer por el nombre de Jesús. No temamos al sufrimiento por el Señor es nuestra fortaleza.

jueves, 20 de abril de 2017

El encuentro con Cristo siempre tendrá mucho de sorpresa en nuestra vida, es una Buena Nueva que nos tiene que llenar de luz y hacer caminar en el amor

El encuentro con Cristo siempre tendrá mucho de sorpresa en nuestra vida, es una Buena Nueva que nos tiene que llenar de luz y hacer caminar en el amor

Hechos de los apóstoles 3, 11-26; Sal 8; Lucas 24, 35-48
‘¿Por qué os alarmáis?" ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona…’ Se sorprenden, se llenan de alegría, al mismo tiempo sienten temor ante lo inaudito y extraordinario. Ante la sorpresa de lo inesperado no sabemos siempre bien como reaccionar; sentimientos encontrados pueden aparecer en nosotros, temores, alegrías, dudas, inseguridad porque nos sentimos como desestabilizados ante lo sorprendente. Tenemos que saber encontrar serenidad para analizar con calma, para descubrir lo cierto, para que haya luz en nuestra vida.
Estaban hablando de lo que había sucedido, lo que contaban los que habían llegado de regreso de Emaús con todas sus experiencias; ahora Jesús esta en medio de ellos y no terminan de creérselo, piensan si acaso es un fantasma, son visiones, son sueños lo que están contemplando sus ojos. Jesús les muestra las manos y los pies, las manos y los pies del maestro que con ellos había hecho caminos, realizado milagros, tantas veces les había tendido como amistad, como apoyo, pero las manos y los pies que ahora estaban atravesados con las marcas de los clavos. Pero ellos siguen atónitos y llenos de dudas.
Nosotros creemos, es cierto, eso decimos al menos, pero también nos entran dudas muchas veces, como si nos sintiéramos inseguros; nos vienen desde razonamientos internos que nos surgen algunas veces sin saber como, o desde las reacciones que vemos en tantos alrededor, o de la increencia que parece que también a nosotros nos contagia. Queremos ver, pero no vemos, quisiéramos haber podido estar allí para también poder palpar, aunque si hubiera llegado el momento no se que hubiéramos hecho. Necesitamos y buscamos seguridades en nuestra fe, pero la fe es confianza, es fiarnos, es creer en la Palabra que se nos da, en la Palabra que tiene que ser vida y luz para nosotros.
Tenemos que abrir las sintonías de nuestro corazón para poder sentir a Dios, sentir a Cristo presente en nosotros, presente en nuestro entorno, presente en los demás. Es el Señor resucitado que nos da vida, que nos llena de vida, pero muchas veces nuestra mente se nos cierra, se nos ahora el corazón y no lo vemos ni lo sentimos, llegamos a olvidarnos de tantas buenas y hermosas experiencias de Dios que tantas veces hemos experimentado en nosotros.
Y Jesús les explicaba cuanto de El se había anunciado en las Escrituras y ahora se había cumplido. Y nos dice que les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Es lo que vamos a pedirle hoy al Señor, que nos abra nuestro entendimiento, que nos de ese espíritu de sabiduría para conocerlo y para vivirlo, para experimentar su presencia y para saborearlo, para que le encontremos gusto a nuestra fe y se convierta en nuestra certeza y nuestra alegría, para que tengamos luego también la valentía de hacer el anuncio, de trasmitir todo eso que vivimos en nuestra fe a los demás.
Que se nos aclaren las dudas, que se disipen los temores, que no nos dejemos confundir por apariencias o malos argumentos, que abramos el corazón, que sintonicemos de verdad con el misterio de Dios, que nos alejemos de las malas influencias, que nos convirtamos de verdad en testigos, que con nuestra vida y con nuestro compromiso demos testimonio de Cristo resucitado frente a nuestro mundo.

sábado, 18 de abril de 2015

En medio de las noches oscuras de la vida en que sentimos la soledad aprendamos a sentir la presencia de Jesús que nos da paz

En medio de las noches oscuras de la vida en que sentimos la soledad aprendamos a sentir la presencia de Jesús que nos da paz

Hechos,  6, 1-7; Sal 32; Juan 6, 16-21
Se les echó la noche encima y además comenzó a soplar viento fuerte; todo eran dificultades y oscuridades en medio del lago y además Jesús no iba con ellos; los había enviado a que fueran a la otra orilla pero El no había aparecido a la hora de partir la barca. Aunque avezados a trabajar en aquel lago los miedos y las inseguridades se les echaban encima con la oscuridad. Los discípulos se sentían solo en medio de aquella travesía.
No siempre en la vida caminamos en pleno día con la luz del sol y con todo en calma, porque nos aparecen tormentas, la vida se nos llena de oscuridades y de inseguridades y nos parece en muchas ocasiones que vamos demasiado solos y nos parece no encontrar los apoyos que necesitamos. Hay ocasiones en que también hemos de caminar en medio de la oscuridad y soledad de la noche de la vida. Problemas y contratiempos que nos aparecen en la vida, dificultad para avanzar como quizá deseáramos, tentaciones que nos acosan queriendo apartarnos del camino, dudas en nuestro interior que nos perturban y quitan la paz. Como los discípulos en aquella noche en medio del lago. Noches oscuras de la vida en que sentimos de manera especial la soledad.
Ahora parece que alguien viene caminando a su encuentro sobre las aguas lo que los hace llenarse más de miedos y temores. Se olvidaban de las sorpresas del Señor que aparece cuando menos lo esperamos y está ahí siempre para ser nuestro apoyo y nuestra fuerza. Ellos creían ver un fantasma. Fue necesario que Jesús les hablara: ‘Soy yo, no temáis’. Ahora sí que quieren que suban con ellos a la barca, pero casi sin darse cuenta ya han llegado a su destino.
Es lo que tenemos que aprender a descubrir nosotros para no sentirnos solos. Pero el Señor se nos manifiesta y se nos hace presente de muchas maneras. En medio de esas oscuridades que nos aparecen en la vida tantas veces hemos de tener la seguridad de que el Señor está ahí y que El nunca nos falla. Lo que tenemos que aprender es a descubrir su presencia, como el quiera manifestarsenos.
Tenemos la seguridad de su presencia sacramental permanente en el Sagrario como tenemos la seguridad también de que El quiere habitar en nuestro corazón si nosotros nos abrimos a El. El nos prometió que estaría siempre con nosotros hasta el fin del mundo y nos deja la fuerza de su Espíritu que es luz en medio de esas oscuridades, fortaleza en nuestras debilidades, sabiduría en nuestras dudas e interrogantes. Su Palabra y su Eucaristía son luz y viático contínuo en nuestro camino. No estamos solos. ‘Soy yo, no temáis’, nos dice a nosotros también. Que no se nos apague ni oscurezca nuestra fe.