Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta cautivos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cautivos. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de marzo de 2021

Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver dónde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús

 


Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver dónde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús

Jeremías 11, 18-20; Sal 7; Juan 7, 40-53

‘Signo de contradicción’, lo había anunciado el anciano profeta Simeón. Ante Jesús hay que decantarse, decidirse claramente por un lado o por otro. Es alguien ante el que no nos podemos quedar indiferentes. Sus palabras y sus gestos nos inquietan, nos interrogan, nos hacen sentirnos incómodos.

Claro que en la vida cuando nos sentimos incómodos porque aquello nos interroga por dentro, porque nos hace descubrir que hay otros planteamientos, pero que esos planteamientos comprometen tenemos el recurso de la huida, no querer ver ni escuchar, no darnos por enterados. Lo hacemos tantas veces y ante tantas situaciones distintas. Porque llega un amigo o un vecino que nos cuestiona lo que estamos haciendo porque él cree que se podría hacer de otra manera y nos sentimos incordiados, decimos que cuanto sacrificio estamos haciendo con lo que ya hacemos y podemos terminar por darle la espalda. Otras veces llegamos al desprestigio y quitarle autoridad a quien nos cuestiona, ¿qué sabe él de esto? ¿Por qué no se mete en sus cosas y resuelve sus problemas en lugar de venir a incordiar? Ya sabemos cómo somos cuando nos dicen cosas que nos dejan intranquilos; al final quizá tomamos las de Villadiego, como se suele decir.

Pero serán los que no tienen malicia en el corazón los que aceptaran esos cuestionamientos, serán los que se planteen que las cosas pueden ser distintas, que tiene razón quien viene ahora haciéndose preguntas. Pero ya encontraremos la manera de hacernos oídos sordos a esas palabras sensatas que podemos escuchar. Así vamos en la vida dando bandazos, de un lado para otro, sin comprometernos en nada, dejando pasar la verdadera oportunidad que nos llevaría por caminos de mayor plenitud.

De todo eso y mucho más pasaba con Jesús. Era, sí, un signo de contradicción, porque era un interrogante para las gentes de su tiempo como sigue siéndolo hoy si con sinceridad lo escuchamos, si no ponemos filtros en nuestro pensamiento o en la manara de responder al llamamiento que nos va haciendo Jesús para que aceptemos el Reino de Dios, pero con ese sentido nuevo y vital que El quiere que le demos.

Es lo que nos relato  hoy el evangelista, que parece como que nos hace un resumen de la opinión diversa y hasta contradictoria de mucha gente. Han mandado prenderle, porque ya están pensando que hay que quitarlo de en medio no sea que las cosas vayan a más y vaya a haber un disgusto con las autoridades romanas. Pero hay gente que dice que nadie ha hablado como El, nadie lo ha hecho con tal autoridad, nadie se ha mostrado como el gran profeta que se está manifestando Jesús. Pero por otra parte están los que quieren desautorizar sus palabras porque es un galileo y, como dicen ellos, la salvación viene de los judíos, viene de Jerusalén.

No llegan a entender los caminos de Jesús, no quieren terminar descubrir todo el misterio de su vida. Por allá saldrá Nicodemo, el que había ido de noche a hablar con Jesús, intentando defenderlo, diciéndoles que no se puede condenar a nadie sin escucharle. Los que fueron a prenderle no pudieron hacer nada porque ellos se sintieron también cautivados por las palabras de Jesús y además temían a la gente que lo tenía como un profeta.

Pero no nos quedemos ahí. Preguntémonos a nosotros mismos qué significa Jesús para nosotros; preguntémonos si de verdad le escuchamos con corazón bien abierto y desde la sinceridad de nuestra vida o también vamos poniendo nuestros filtros, nuestros prejuicios y no terminar de aceptar plenamente a Jesús.

Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver donde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús. Busquemos a Jesús, queramos conocer a Jesús, queramos en verdad empaparnos de su vida para vivir su vida en plenitud. ¿Por dónde andamos con nuestra fe?

viernes, 10 de enero de 2020

Necesitamos una buena noticia que nos haga ver la luz en medio de tantas oscuridades y los que creemos en Jesús la tenemos en nuestras manos ¿qué hacemos?


Necesitamos una buena noticia que nos haga ver la luz en medio de tantas oscuridades y los que creemos en Jesús la tenemos en nuestras manos ¿qué hacemos?

1Juan 4, 19–5, 4; Sal 71; Lucas 4, 14-22a
Ya no les prestamos atención a las buenas noticias o será acaso que no hay buenas noticias que lleguen a nosotros. Son tantas las cosas impactantes que recibimos a cada momento a través de los medios de comunicación que quizá tendríamos que detenernos un poco y respirar cuando en medio de tantas calamidades aparece una buena noticia. Nos cansamos de todo y sobre todo, valga la redundancia, que lo que nos llega sea la mayor parte desagradable y no haga sino en abundar en las violencias que cada día nos envuelven, y no precisamente con papel de regalo. Terremotos, incendios, asesinatos, corrupción, mentiras y falsedades… son tantas las cosas que al final no queremos oír nada y si acaso llega una buena noticia queda traspapelada y perdida en ese cajón de desastres.
Es importante todo esto que voy reflexionando porque es constatar unas realidades, pero también como seguidores de Jesús tenemos que hacer que esas cosas cambien, no nos podemos conformar quedándonos con los brazos cruzados. Tenemos que aprender a destacar las cosas buenas aunque sean pequeñas e imperceptibles, porque son semillas poderosas que a la larga pueden darnos buenos frutos.
Hoy contemplamos en el evangelio que Jesús va a su pueblo de Nazaret. Desde el comienzo de su actividad pública se había establecido en Cafarnaún pero ahora vuelve a su pueblo y el sábado se presenta en la sinagoga, como era su costumbre. Le ofrecen hacer la lectura del profeta y hace el comentario. Y con la palabra del profeta en la mano les viene a decir que es el Ungido del Espíritu que trae una buena noticia para los pobres, que habrá libertad para los cautivos y que llega el año de gracia del Señor. Pero lo más importante y radical es decirles que eso ya se está comenzando a cumplir. ‘Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír’.
Una buena noticia que es anuncio de libertad y de perdón, una buena noticia de manera especial para los pobres y para los que se sienten cautivos, cautivos en la cárcel o cautivos en sus limitaciones, ciegos, cojos, inválidos... En aquel momento podríamos decir que aquello era revolucionario, porque era un cambio radical lo que se anunciaba. La buena noticia no era para los poderosos o los que sentían bien, la buena noticia era para los pobres y para los que sufrían. Y no era algo para otro tiempo sino que era algo para ‘hoy’. Hoy se cumple, porque allí está el ungido del Señor, el enviado con el poder del Espíritu. Comenzaba una vida nueva, comenzaba un mundo nuevo.
¿No necesitamos hoy nosotros escuchar también esa buena noticia? Pobres, cautivos, con multitud de limitaciones e imposibilidades en nuestro mundo en crisis y desorientado, en ese mundo de mentiras y de falsedad que vivimos, en ese mundo inquieto pero al que le falta la paz, que ha perdido su norte, en ese mundo en que los que se creen poderosos solo actúan desde sus intereses y les falta una visión amplia para ver lo mejor que necesita nuestra sociedad y trabajar por ello, en esa lucha de poder que vemos que cada día aflora con un matiz nuevo pero no para mejorar sino para hundirnos más en nuestras crisis que no hacen vislumbrar la posibilidad de un mundo mejor. Miremos lo que hacen los dirigentes de nuestra sociedad, veamos por el camino que nos llevan o nos quieren llevar como corderitos porque quien no piense como ellos ya no las tiene todas consigo.
Necesitamos una buena noticia que nos haga ver la luz en medio de tantas oscuridades. Nosotros los creyentes en Jesús tenemos esa buena noticia en nuestras manos, porque tenemos el evangelio de Jesús, pero ¿qué estamos haciendo con esa buena noticia? ¿En qué se nota que nos sentimos comprometidos con ese evangelio? ¿Qué es lo nuevo que le ofrecemos a nuestra sociedad desde esos valores en los que creemos? Podría seguir diciendo o preguntándome muchas cosas, pero es hora de que cada uno nos pongamos a pensar seriamente pero seriamente a comprometernos.