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sábado, 16 de marzo de 2013


Controversias en torno a Jesús que se siguen repitiendo hoy

Jer. 11, 18-20; Sal. 7; Jn. 7, 40-53
Sigue la controversia en torno a Jesús por parte de quienes le siguen y le escuchan, sobre quién es Jesús, de donde procede, cual es su misión. ‘Unos decían: este de verdad es el profeta. Otros decían: este es el Mesías… los guardias a su vuelta comentaban: Jamás ha hablado nadie así…’ Finalmente Nicodemo les hacía recapacitar diciéndoles que la ley no permite juzgar a nadie sin haberle escuchado antes y averiguar bien lo que ha hecho.
Pero otros rebaten diciendo que de Galilea nunca ha surgido un profeta y de allí no puede venir el Mesías, desconociendo quizá donde realmente había nacido Jesús, en Belén de Judea. Como comenta el evangelista ‘así surgió entre la gente una discordia por su causa’.
La controversia no fue solo de entonces, porque la controversia sigue existiendo en torno a la figura de Jesús después de veinte siglos. No todos aceptan a Jesús de la misma manera. No todos entienden de la misma manera su palabra y lo que fue su misión. No todos hoy llegan a confesar una misma fe en Jesús, mientras tantos hoy siguen rechazándolo también. Vivimos en un mundo muy variado pero también muy descristianizado porque se ha perdido el verdadero sentido de Jesús.
Y esto que decimos de Jesús, se dice también de la religión o se dice de la Iglesia. No nos extrañe en los que son ajenos a la fe, sino que lo que sí debería de extrañarnos es que esas cosas puedan surgir o suceder también entre lo que nos decimos creyentes y cristianos, o en el seno de la Iglesia. Dolorosa es la división de los cristianos que se arrastra por los siglos; pero dolorosa es la indiferencia o la frialdad de tantos que se dan el nombre de cristianos pero que no tienen clara su fe en Jesús. Doloroso es el nuevo ateismo que va imperando en el mundo también de los que han sido bautizados, pero en los que no se ha despertado la fe o quizá si un día la tuvieron se ha adormecido o se ha llegado incluso a perder. Con tristeza podemos contemplar eso en tantos a nuestro alrededor.
Hoy se habla en la Iglesia continuamente de una nueva evangelización. Y hemos de reconocer que es necesaria porque el evangelio ha dejado de ser para muchos la sal de su vida y en muchos pueblos y comunidades ya no es el sentido del evangelio, el sentido cristiano lo que predomina, incluso en medio de prácticas religiosas. Ya nos hablaba Juan Pablo II de esta nueva evangelización y nos lo decía también Benedicto XVI, y en nuestras diócesis y parroquias es una preocupación y una tarea fundamental de nuestra pastoral buscando cauces y manera para hacer llegar de nuevo la luz del evangelio a nuestro pueblo. Y ya en las breves horas del Pontificado de nuestro Papa Francisco nos ha hablado de ello y nos está sugiriendo como hemos de buscar caminos para ese anuncio del nombre de Jesús y de su evangelio.
Por eso hablamos también muchas veces de ese redescubrimiento de nuestra fe, de ese fortalecer nuestra fe más y más. Es a lo que se  nos ha convocado en este año de la fe que estamos celebrando y recorriendo. Como se nos decía en el mensaje de la Cuaresma que sigue iluminando nuestros pasos ‘la fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor… la fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. Y todo esto nos lleva a comprender que la principal característica de los cristianos es precisamente el amor fundando en la fe y plasmado por ella’ (mensaje de Cuaresma de Benedicto XVI).
Que este camino que vamos haciendo en nuestra cuaresma, dejándonos iluminar cada día por la Palabra de Dios, alimentándonos con la gracia de los sacramentos, intensificando nuestra oración y nuestro encuentro vivo con el Señor, nos haga ir dando esos pasos de mayor crecimiento de todo lo que es nuestra vida cristiana, una vida cristiana impregnada hasta lo más hondo por el evangelio de Jesús. Si vamos dando con hondura estos pasos llegaremos a vivir una Pascua muy intensa porque realmente nos sentiremos renovados, resucitados en Cristo Jesús. 

jueves, 14 de marzo de 2013


Nuestra adhesión y comunión con el Papa Francisco I

¿Seguimos a Jesús o no seguimos a Jesús? ¿Lo aceptamos o no lo aceptamos por la fe en nuestra vida?
Cuando había escrito estas palabras anteriores para comenzar a preparar la homilía de este día - la preparo siempre en la tarde anterior - en esos momentos comenzó a salir de la Capilla Sixtina la fumata blanca que nos anunciaba que teníamos Papa. Con la sorpresa del momento, aunque era algo esperado y deseado, todo se quedó a un lado en la espera de saber qué regalo nos había hecho el Señor y quien era el que había sido elegido. Finalmente lo conocimos, el nuevo Pontífice de la Iglesia sería Francisco I; había sido elegido el cardenal Bergoglio, de Buenos Aires (Argentina) para ser el sucesor de Benedicto XVI en la sede de Pedro.
Tras la espera su aparición en el balcón de la Basílica de san Pedro, sus primeras palabras, su invitación a rezar, haciéndolo él con nosotros en aquel momento, por Benedicto XVI, y antes de darnos su bendición ese gesto tan humilde y hermoso de rogarnos que le pidiéramos al Señor que le bendijera a él para poder ejercer el ministerio que acaba de recibir en bien de la Iglesia y la gloria del Señor.
¿Qué decir ahora en estos momentos? Creo que una primera cosa es dar gracias a Dios y bendecir al Señor porque siempre y en todo el creyente ha de saber descubrir la mano de Dios. Hemos venido invocando con insistencia en estos días al Espíritu Santo para que se hiciera sentir en los Cardenales que habían de elegir al nuevo Pontífice y sin dejarse influenciar por nada sino solo por la acción del Señor escoger al que considerasen el mejor para el bien de la Iglesia. Este es, pues, el regalo que nos ha hecho el Espíritu Santo y por ello hemos de dar gracias y bendecir al Señor.
De la misma manera que hemos estado orando al Señor con tanta insistencia por la elección del nuevo Pontífice, ahora nos queda por nuestra parte sentirnos en comunión con él y con toda la Iglesia. Es quien en nombre de Jesús con la asistencia del Espíritu Santo guía a la Iglesia de Dios. Es la adhesión a su palabra y a su magisterio, es el dejarnos conducir por los caminos del Señor, es el apoyo que con nuestra oración hemos de seguir teniendo con él, como ya nos pidió en sus primeras palabras desde el balcón de san Pedro. Bendito el que viene en nombre del Señor, hemos de proclamar con nuestras palabras pero también con nuestras actitudes y nuestra vida.
Una de las primeras cosas que se hacen una vez elegido, y eso no lo vemos porque queda aún dentro de los muros de la Capilla Sixtina, es la adhesión que todos y cada uno de los cardenales que han participado en su elección hacen ante el nuevo Pontífice. Momentos antes era un Cardenal más de la santa Iglesia, podemos decir, pero por su elección se convirtió en el Obispo de Roma y Pontífice de la Iglesia universal. De ahí ese signo y gesto de adhesión de todos los Cardenales que es de alguna manera el signo y gesto de adhesión de toda la Iglesia. Es lo que de corazón hemos de hacer, es lo que nos toca hacer.
Con ello estamos expresando nuestra fe y nuestro sentido eclesial. Si cuando comenzaba a preparar esta homilía me preguntaba si seguimos o no seguimos a Jesús y me iba a hacer una reflexión desde el texto del evangelio de este día, ese mismo planteamiento nos vale en estos momentos en medio de la alegría de la elección de un nuevo Pontífice.
¿Estoy o  no estoy con Jesús? A Jesús lo encuentro y lo vivo en el seno de la Iglesia y alimento mi fe en Jesús y la fortalezco en la medida en que me apoyo en la fe de la Iglesia. Y Pedro fue puesto como piedra fundamental de esa Iglesia. ‘Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré a mi Iglesia’, le dijo Jesús. Estamos ante el sucesor de Pedro que tiene esa misma misión en medio de la Iglesia. Como le diría Jesús ‘mantente firme para que confirmes en la fe a tus hermanos’. Es lo que viene a realizar el Papa. Creemos en Jesús, creemos en su Iglesia, creemos quien está puesto para ayudarnos a mantenernos firmes en nuestra fe, a confirmar la fe de la Iglesia.