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sábado, 3 de octubre de 2026

Sepamos sentir la alegría de Dios en nosotros que se hace también presente para nuestro mundo a través de señales humildes y sencillas del Reino presente en nuestras vidas

 


Sepamos sentir la alegría de Dios en nosotros que se hace también presente para nuestro mundo a través de señales humildes y sencillas del Reino presente en nuestras vidas

 Job 42,1-3.5-6.12-17; Salmo 118; Lucas 10,17,24

Con la alegría y el contento de un chiquillo con zapatos nuevos quizás también nosotros nos habremos sentido alguna vez, pero no quizás por cosas extraordinarias sino por cosas tan sencillas y ordinarias que quizás ni habías intentado hacer; algo que quizás nos parecía un juego y demasiado infantil pero que siendo mayores y no estando acostumbrados a los juegos de los niños de hoy a sus maquinitas y sus juegos electrónicos sin embargo en alguna ocasión lo intentamos y fuimos capaces de realizarlo; eso nos da alegría, no porque hiciéramos algo muy extraordinario sino porque fuimos capaces de realizar algo tan sencillo que hasta nos parecía infantil. Queremos hacer cosas que consideramos grandes e importantes y habitualmente no le damos importancia a esas cosas que nos parecen pequeñas o incluso infantiles. Pero nos dan mucha alegría en el corazón.

Hoy nos cuenta el evangelio que aquellos que había enviado como apóstoles para hacer el anuncio del Reino vienen alegres y contentos porque pudieron realizar las mismas cosas que le había visto hacer a Jesús. En expresión muy del evangelio y el lenguaje y la apreciación de los acontecimientos de la época llegan a decir que han visto cómo los demonios se les sometían en el nombre de Jesús y como este les dice ‘estaba viendo a Satanás caer como un rayo desde el cielo’.

Una alegría que les envuelve a todos y que quiere expresar Jesús con una acción de gracias al Padre. Aquellos pobres pescadores, aquellos hombres rudos y sencillos que Jesús había ido recopilando, por decirlo de alguna manera, en sus caminos de predicación por distintos sitios están experimentando en la sencillez de sus vidas cómo se manifiesta la obra de Dios. Y Jesús da gracias al Padre que se revela y se manifiesta en los pequeños y en los sencillos. Así son las cosas de Dios cuando nosotros por nuestra parte tantas veces estamos buscando cosas extraordinarias y maravillosas; pero los caminos de Dios son distintos, el actuar de Dios no va por esas cosas extraordinarias sino que tenemos que descubrirlo en lo pequeño y en lo sencillo. 

Aquellos pescadores que pensamos que solo sabían de redes y de pescas, aquellos hombres y mujeres rudos y sencillos que incluso en ocasiones se corazón se les encogía para no terminar de entender lo que Jesús les enseñaba, ahora en sus vidas están viendo las obras de Dios, a través de sus obras están anunciando y realizando la construcción del Reino de Dios.

¿No nos tendrá eso que hacernos mirar nuestra vida y nuestras obras, o mirar lo que sucede a nuestro alrededor y que por nuestra ceguera tantas veces nos ha pasado desapercibido? ¿Seremos capaces de percibir esas señales del Reino que en nosotros también se está realizando y también manifestando?

Cuántas personas en nuestro entorno están viviendo calladamente en esas señales del Reino de Dios que se realiza en sus vidas. Personas que calladamente comparten con toda generosidad y que ya lo hace parece que hasta de forma natural porque es algo que llevan empapado en sus vidas; personas que van curando con su palabra sencilla, con sus gestos de amor, con su atención y su escucha a quienes vienen a ellos cargados de angustias y para los que siempre tienen una palabra que levanta los ánimos, que ayuda a descubrir cosas bellas en la vida, que calladamente están rezando ofreciendo sus vidas al Señor por el bien de la Iglesia, por los que se sienten solos y abandonados, y así tantas y tantas cosas que nos pueden pasar desapercibidas pero que tenemos que hacer brillar, por las que nosotros también como Jesús dar gracias al Padre que así se nos revela y manifiesta.

Necesitamos aprender a valorar tantas cosas pequeñas y hermosas que suceden en nuestro entorno, que en ocasiones vemos como lo más natural pero tras las cuales hay unas personas de fe, tras las cuales hay personas que están dejando un rastro de amor, un rastro de semillas del Reino de Dios. Prestemos más atención, dejémonos contagiar por esas personas buenas que nos parece que no hacen nada pero que sin embargo están sembrando hermosas semillas del Reino de Dios. Sepamos dar gracias a Dios por ello, y también por cuantas cosas hermosas el Señor realiza también a través de nuestras vidas.


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