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jueves, 30 de enero de 2020

Demos una imagen clara de lo que significa ser cristiano y de cómo nosotros los cristianos somos los primeros en contribuir a lo mejor para nuestra sociedad


Demos una imagen clara de lo que significa ser cristiano y de cómo nosotros los cristianos somos los primeros en contribuir a lo mejor para nuestra sociedad

2Samuel 7, 18-19. 24-29; Sal 131; Marcos 4, 21-25
No solo sería incomprensible sino incongruente que encendiéramos una luz pero la metiéramos en un cajón cerrado para que nadie pueda detectar esa luz. Si tenemos una luz encendida la pondremos en el lugar adecuado para que su resplandor ilumine el mayor espacio posible. Y no es ya el juego de luces indirectas que en nuestra ornamentación colocamos, para que quizá sin ver el foco de luz, sin embargo su resplandor haga resplandecer determinados aspectos que queremos destacar en aquel conjunto arquitectónico o ante aquella obra de arte. Eso es otra cosa destacable también, pero a lo que nos referíamos es al ocultamiento de la luz pero para que no produzca su efecto de iluminar.
Creo que Jesús hoy en el evangelio nos está dando un fuerte toque de atención cuando nos propone esta imagen de la luz oculta bajo un celemín. ¿No será eso lo que de alguna manera los cristianos estamos haciendo? Somos luz, llevamos una luz en nosotros desde el momento que por nuestra fe hemos hecho una opción por Jesús y por su evangelio. Pero, ¿estaremos reflejando suficientemente esa luz? ¿Estaremos ofertando suficientemente esa luz al mundo que nos rodea?
Algunas veces parecemos unos cristianos vergonzosos que no somos capaces de dar la cara por nuestra fe. Nos quejamos fácilmente de que en nuestra sociedad no brillan los valores cristianos, que se va perdiendo un sentido de religiosidad en la vida, que el materialismo nos invade y toda una serie de contravalores al sentido cristiano se van imponiendo en nuestra sociedad, que hasta los signos cristianos van desapareciendo de la vida de nuestra sociedad porque otros tratan de imponer su visión de la vida y nos van comiendo terreno.
Pero, ¿quién tiene la culpa de todo eso? Tenemos que reconocer que nosotros los cristianos porque no damos la cara, porque ocultamos esos valores y parece que nos da vergüenza manifestar que tenemos una fe y un sentido de la vida, porque dejamos que sean otros los que vayan marcando el ritmo de la sociedad mientras nosotros nos quedamos callados y dejamos hacer. Quizá en otros momentos parecía que lo teníamos más fácil y hasta quisimos imponer nuestros sentimientos y nuestras costumbres sin respetar del todo a los demás, pero ahora hemos pasado al estado contrario, donde nada hacemos y dejamos que nos coman el terreno.
Hagamos gala de nuestra fe, de nuestra religiosidad, de nuestros valores, del sentido de la vida que nos ofrece el evangelio de Jesús y demos testimonio de todo ello con valentía. No nos ocultemos; respetemos, es cierto, a los demás sin imposiciones por nuestra parte, pero que también nos hagamos respetar, porque el respeto tiene que ser mutuo. Demos una imagen clara de lo que significa ser cristiano y de cómo nosotros los cristianos somos los primeros en contribuir a lo mejor para nuestra sociedad.
Mucho podemos y tenemos que hacer, no nos ocultemos. Somos luz para nuestro mundo y el mundo necesita también de esa luz. Es incomprensible e incongruente cómo los cristianos ocultamos la luz que llevamos en nuestra vida. Estemos convencidos de que nuestro mundo será mejor si damos nuestro testimonio y contagiamos de nuestros valores al mundo en el que vivimos. Seguro que sería más luminoso.

lunes, 5 de marzo de 2012


Derramé mi oración al Señor mi Dios

Dan. 9, 4-10; Sal. 78; Lc. 6, 36-38
‘Derramé mi oración al Señor mi Dios y le hice esta confesión’. Bella imagen y comparación para expresar cómo surge llena de amor y humildad la oración ante el Señor. Es la oración del que humilde se siente pequeño y pecador ante la mirada de Dios, pero que al mismo siente en su corazón la ternura del amor de Dios y derrama todos sus sentimientos, todo su corazón en el corazón compasivo y misericordioso de Dios.
Considera el Señor la grandeza de Dios, de su amor, de su poder, de su misericordia y al mismo tiempo su pequeñez pecadora. Es ‘el Señor, Dios grande y temible, que guarda la Alianza y el amor a los que le aman’. Dios es grande, infinito y todopoderoso ante el que sentimos temor en nuestro corazón, pero ante el que al mismo tiempo sentimos la confianza de su misericordia, porque guarda la Alianza, porque mantiene su amor para nosotros que somos sus hijos.
‘Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, helo sido malos, nos hemos rebelado y apartado de tus mandamientos y tus normas’. Nos sentimos abrumados en nuestro pecado y por eso sentimos vergüenza, nos arrepentimos sinceramente. ‘No hemos escuchado a tus siervos los profetas que en tu nombre nos hablaban…’ No escuchamos a quienes en el nombre del Señor nos están recordando continuamente el amor y la misericordia del Señor y somos infieles y pecadores.
Aunque con vergüenza por nuestro pecado nos atrevemos a acercarnos porque sabemos que su fidelidad es eterna, su amor permanece para siempre porque es ‘el Dios compasivo y misericordioso’ que no nos trata como merecen nuestros pecados sino que siempre nos está ofreciendo su misericordia y su perdón. ‘Socórrenos, Dios Salvador nuestro, por el honor de tu nombre, le pedimos con el salmo; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre’.
Es bueno y necesario que vayamos llenando de estos sentimientos nuestro corazón, consideremos nuestra infidelidad y nuestro pecado. Este camino de ascensión que estamos haciendo a lo largo de la cuaresma es tiempo para reflexionar, para revisar, para mirar nuestra condición pecadora, pero sin dejar de considerar lo que es el amor que el Señor nos tiene.
Nos sentimos movidos al arrepentimiento y a la conversión y queremos en verdad ir dando pasos que nos acerquen cada vez más a los caminos del Señor. Queremos que en verdad nuestro corazón se vaya transformando con la gracia del Señor. Si muchas veces hemos cerrado nuestros oídos a la Palabra del Señor que nos invitaba a la conversión, ahora vamos a dejarnos conducir por la gracia de Dios, vamos a abrir nuestro corazón y dejar que el Espíritu nos vaya conduciendo por los caminos del arrepentimiento, de la conversión, del amor.
Hoy Jesús en el evangelio nos invita a que si vamos experimentando en nuestro corazón lo que es la compasión y la misericordia del Señor, con esa misma compasión, con esa misericordia hemos de tratar a los demás. ¿Cómo nos vamos a atrever a pedir al Señor que tenga misericordia de nosotros si no somos capaces de ser compasivos con el hermano? Hace pocos días cuando escuchábamos que Jesús nos enseñaba el Padrenuestro, nos decía a continuación: ‘Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas’. No en vano nos había enseñado a decir ‘perdónanos nuestras ofensas porque nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido’.
Nos invita el Señor a ser ‘compasivos como vuestro Padre es compasivo’. Y nos enseña a no juzgar, a no condenar, a perdonar, a ser generosos de verdad en el corazón. Si somos así de generosos con los demás, Dios lo será aún más con nosotros. ‘Os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante’.