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sábado, 6 de febrero de 2021

Necesitamos en la vida más que unas vacaciones un tiempo de encontrarnos con nosotros mismos pero sobre todo de encontrarnos a solas con Jesús

 


Necesitamos en la vida más que unas vacaciones un tiempo de encontrarnos con nosotros mismos pero sobre todo de encontrarnos a solas con Jesús

Hebreos 13,15-17.20-21; Sal 22;  Marcos 6,30-34

Hoy una cosa que se ansía en medio de cualquier actividad o trabajo es el poder tener unas vacaciones. Ya vemos a la gente con cuanto tiempo de antelación planifican sus vacaciones, esos días en que suspendemos el trabajo, si nos es posible nos alejamos incluso de aquellos lugares habituales de nuestra vida y buscando ese tiempo de descanso, de relax, de romper el ritmo y la monotonía del trabajo de todos los días y poder dedicarnos a otra cosa sin mayores obligaciones o responsabilidades.

Será desde nuestros trabajos en las empresas, será desde la rutina que vivimos en nuestros hogares en aquellas personas que no tienen otra responsabilidad que la de su hogar y su familia, será el estudiante en su ritmo de estudios, pero es algo que todos ansiamos. Años, como el que hemos pasado azotado por la pandemia, no los deseamos porque incluso de esa rutina de unas vacaciones también nos hemos tenido que desprender, y así algo nos ha faltado. Claro que no todos pueden tener vacaciones.

Parece que eso de las vacaciones es tan viejo como la misma humanidad, aunque exageremos un poco, pero por decirlo un tanto superficial vemos que Jesús también quiere llevarse de vacaciones a los apóstoles y discípulos más cercanos. Los había enviado a hacer un primer anuncio del Reino y ahora están de vuelta contando todo cuanto les había sucedido. Jesús quiere llevárselos a solas con El a un lugar apartado, ¿cómo un descanso? Al menos para que tengan la oportunidad de compartir toda aquella experiencia que habían vivido. Jesús quería que estuvieran a solas con El.

Pero las cosas se tuercen porque al llegar la gente se les ha adelantado y mientras ellos iban en barca, por tierra ha llegado mucha gente antes, con los que se encuentran cuando desembarcan al llegar al lugar. No les dejaban tiempo ni para comer, dice el evangelista; ahora les vemos que no les dejan tiempo ni para descansar. Porque allí afloró el corazón lleno de amor de Jesús y compasivo y misericordioso se puso a enseñarles y a curarles de sus enfermedades. No tendrían tiempo para todo lo que deseaban estar a solas con Jesús pero la lección quedaría aprendida porque el amor y el espíritu de servicio está por encima de todo que sería para siempre la pauta de los apóstoles de Jesús.

Pero vamos a detenernos un poco en ese deseo de estar a solas con Jesús a raíz de lo que hemos venido hablando de los deseos de vacaciones o de descanso, de cambios de ritmo en la vida y de un tiempo relajado para nosotros mismos. Ya sé que en los tiempos que vivimos necesitamos de ese tiempo de descanso o de vacaciones, pero necesitamos también un tiempo para nosotros mismos, para saber hacer un silencio y una parada en nuestras carreras para encontrarnos más con nosotros mismos; un tiempo que no es simplemente no hacer nada, que al final puede ser hasta un tiempo aburrido del que nos cansemos, sino ser capaces de mirar nuestra vida, lo que hacemos y sobre todo lo que somos; será el momento en que miremos hacia atrás y veamos nuestro camino y analicemos muchas cosas, pero también un tiempo para mirar hacia delante, descubriendo caminos por recorrer.

No se trata de coger una revista de viajes, como todos entendemos, para ver a donde vamos a ir a parar – que tampoco estaría mal si vamos al encuentro de otras culturas, de otras personas -, sino que se trata del viaje de nuestra propia vida, en lo que somos y en lo que tendríamos que ser, en ese camino de ascensión en nosotros o si queremos llamarlo de otra manera de crecimiento espiritual.

Y aquí, aunque fuera brevemente, vuelvo a incidir en lo de ir y estar a solas con Jesús. Es algo que un cristiano necesita cada día, porque ahí está el verdadero motor de su existencia, de su vivir, de su espiritualidad. Necesitamos esos momentos de silencio para escuchar a Dios, necesitamos esos momentos de pausa para encontrarnos con Dios, porque así aprenderemos también a tener esa pausa que necesitamos en la vida para sabernos encontrar con los demás.

Pero en algún momento tiene que ser algo más que ese rato de cada día, necesitamos de un tiempo más amplio, donde seamos capaces de dejar a un lado también nuestros quehaceres y descubrir ese quehacer de Dios en nuestra vida. Podremos descubrir maravillas. Intentémoslo. No nos vamos a arrepentir.

domingo, 19 de julio de 2015

Necesitamos irnos a un lugar tranquilo y apartado para descansar en el encuentro con los demás pero para enriquecernos también humana y espiritualmente

Necesitamos irnos a un lugar tranquilo y apartado para descansar en el encuentro con los demás pero para enriquecernos también humana y espiritualmente

Jeremías 23, 1-6; Sal. 22; Efesios 2, 13-18; Marcos 6, 30-34
No es raro escuchar en estos días de verano ‘necesito unas vacaciones, necesito desconectar unos días de todo, no pensar en nada, olvidarme del trabajo y de todas las cosas’. Es cierto que vivimos en un mundo muy ajetreado, bien cuando asumimos nuestras responsabilidades a tope y queremos rendir al máximo en lo que es nuestro trabajo y obligaciones, bien por esa vida loca de carreras en la que vivimos absorbidos por muchas cosas que nos llaman la atención o el interés, bien porque lo sentimos y palpamos en el ambiente que nos rodea buscamos y deseamos tenemos unos días tranquilos donde vivamos ajenos a todas esas prisas o a todas esas responsabilidades. Por supuesto, me sitúo en el hemisferio norte donde ahora es época de verano y en el que habitualmente se toman las vacaciones en estos días agobiantes por otra parte por el calor.
Pero, ¿en qué ha de consistir el descanso o las vacaciones? ¿en quedarnos sin hacer nada, simplemente dejando pasar el tiempo? ¿dedicarnos solamente a la diversión y el pasarlo bien? ¿encontrar momentos para la familia, para vivir el encuentro más personal con aquellas personas a las que apreciamos? Muchas preguntas nos podríamos hacer sobre lo que han de ser unas vacaciones o como las entendemos.
Es cierto que necesitamos desconectar en el sentido de no llevar el mismo ritmo en el trabajo o en la vida; pero también necesitamos tiempo para nosotros mismos, para leer, para reflexionar, para echar una mirada a la vida, para revisar objetivos o trazarnos metas. Muchas son las cosas a las que podríamos dedicar nuestro tiempo para que no fuera solamente un tiempo ocioso donde no hiciéramos nada.
He arrancado haciéndome esta reflexión porque en lo que escuchamos en este domingo en el evangelio parece que Jesús también quiere llevar a sus discípulos a que desconecten de todo, ‘a un lugar tranquilo y apartado’, que dice el evangelio. Además añade que ‘eran tantos los que iban y venían que no tenían tiempo ni para comer’. Jesús se quiere llevar a los discípulos de vacaciones precisamente ahora que han vuelto de realizar aquella misión que les había confiado. ‘Los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado…’
‘Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado’, dice el evangelista. Jesús quería estar a solas con ellos; unos momentos para un encuentro más intenso y más personal; un momento en que Jesús se les manifestaría más íntimamente como era para que lo fueran conociendo; un momento para especiales instrucciones y enseñanzas como muchas veces hacia mientras iban de camino, o como cuando estaban en casa a solas. No podemos pensar que fuera un tiempo para la ociosidad, para el no hacer nada. Además el corazón de Cristo no se lo permitía.
Y es que cuando llegaron allí se encontraron que la gente se les había adelantado por tierra y ya había muchos esperándolos. ‘Vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor’. Y allí estaba el corazón del pastor, del Buen Pastor. No podía despedirlos de cualquier manera; no podía desentenderse de ellos; no podía decir que habían ido allí para desconectar de todo.
Creo que esto nos puede hacer pensar mucho. Nos puede hacer pensar al hilo de aquellas preguntas que nos hacíamos de cuál ha de ser el sentido del descanso o de unas vacaciones. Un tiempo para el ocio pero no un tiempo ocioso. El descanso lo necesitamos, pero el descanso no se puede quedar en no hacer nada. El descanso donde quizá bajamos el ritmo en lo que son nuestras ocupaciones habituales puede servirnos para muchas cosas que nos enriquezcan humana y espiritualmente. Hablábamos antes de leer, de reflexionar, de revisar, de encontrarnos con nosotros mismos, de encontrarnos más a fondo con los demás para cultivar bien nuestras amistades; hablamos y debemos de hablar de ese enriquecimiento espiritual que tendríamos que saber encontrar.
Podemos pensar en todo lo que se refiere a nuestras responsabilidades familiares y laborales, pero pensamos también en quienes quizá viven un mayor compromiso con los demás, con la sociedad en la que viven, con su propia comunidad cristiana. Quienes viven un compromiso así, que arranca y que se fortalece con nuestra fe, seguro que no podrán cerrar los ojos, olvidarse de aquellos por quienes trabajan o de lo que quieren hacer para que nuestro mundo sea mejor.
Y ahí en nuestro tiempo libre, en nuestro tiempo de descanso sabremos mirar a nuestro alrededor, conscientes de los problemas de tantos que nos rodean y que quizá no puedan ni tener unas vacaciones, porque quizás lo que no tienen es un trabajo, y conscientes también de ese compromiso que tenemos por los demás que nos obligará a prepararnos más y mejor para poder luego desarrollarlo o desempañarlo adecuadamente.
Cuando se fueron a aquel sitio tranquilo y apartado Jesús no se quedó con los brazos cruzados, ni tampoco los discípulos pudieron hacerlo. Allí seguía estando también el clamor de los pobres, de los que nada tenían o de los que estaban llenos de sufrimientos. Y allí estaba el corazón del Buen Pastor. Dice el evangelista que ‘se puso a enseñarles con calma’ y como otras veces curaría a todos de sus diversos males.
¿Qué vamos a hacer nosotros en este tiempo que quizá podemos dedicar al descanso? ¿Será también un tiempo para un encuentro más intenso con el Señor en nuestra oración o le damos también vacaciones a nuestra vida espiritual?