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jueves, 1 de octubre de 2026

Pongámonos en camino con un anuncio del que tenemos que ser signos, aun en las situaciones oscuras, el Reino de Dios ha llegado

 


Pongámonos en camino con un anuncio del que tenemos que ser signos, aun en las situaciones oscuras, el Reino de Dios ha llegado

Job 19, 21-27; Salmo 26; Lucas 10, 1-12

La imagen del camino es una imagen muy repetida que emplean tanto los poetas como los filósofos como por cualquiera que quisiera explicarnos el propio sentido de la vida; en camino con unas metas y unos objetivos, en camino como recorrido de múltiples experiencias que conforman la vida misma, en camino con sus logros y con sus dificultades al tiempo que con los momentos encantadores en que disfrutamos de la vida misma; la empleamos como imagen de lo que es nuestra vida cristiana y lo que significa el seguimiento de Jesús, como el mismo Jesús nos viene a decir que El es el Camino; una imagen del Reino de Dios que hemos de anunciar pero que primero que nada tenemos que vivir recorriendo nosotros también un camino, que podemos llamar si queremos un proceso de vida, de descubrimiento pero también de lo que hemos de vivir.

En el pasaje que hoy nos ofrece el Evangelio contemplaremos a Jesús que ha escogido y a llamado a los que quieren ser sus discípulos pero que al mismo tiempo los pone en camino; ser sus discípulos ha significado primero que nosotros hemos escuchado ese anuncio y esa invitación a darle la vuelta a nuestra vida para creer lo que se nos anuncia, la llegada del Reino de Dios, pero no como algo ajeno o externo a nosotros sino como algo que nosotros comenzamos a vivir; nos hemos dejado transformar para vivir en esas características, podríamos decir, de lo que es el Reino de Dios.

Pero hoy Jesús nos pone en camino para anunciar eso mismo que nosotros estamos viviendo; no es un mensaje que nos han dado y nosotros simplemente nos hemos de contentar con ser transmisores fieles, vamos a transmitir lo que nosotros vivimos, vamos a anunciar lo que vivimos, por eso nosotros mismos nos hemos de convertir en signos de lo que es ese Reino de Dios; no es solamente que nosotros podamos curar a los enfermos o expulsar demonios como nos dicen textualmente las palabras del Evangelio, sino que nosotros somos testigos de que eso se ha realizado en nosotros; es la forma con la que la palabra que anunciamos tiene toda su autoridad.

Repetidamente nos dice Jesús lo que tenemos que anunciar, ‘ha llegado el Reino de Dios’. No son solo palabras que pronunciamos sino que tiene que ser el signo de nuestra vida con el que manifestemos esa presencia del Reino de Dios. Pero como nos dice Jesús no es un camino fácil, vamos enviados como corderos en medio de lobos, el campo que tenemos que trabajar es muy grande y no somos suficientes obreros - ¿será por eso por lo que en otros lugares del evangelio Jesús nos propone la parábola en la que el dueño de la vida sale a distintas horas a buscar obreros para su viña? -, pero además habrá ocasiones en que no somos aceptados o somos rechazados.

Fijémonos que Jesús en ese momento en que quizás somos rechazados y tendremos que irnos a otro sitio nos sigue repitiendo lo mismo que tenemos que anunciar. Sacudimos el polvo de nuestros pies… pero tenemos que seguir repitiendo, ‘sabed que el Reino de Dios ha llegado’. Y esto tenemos que decirlo con convencimiento, porque el Reino de Dios no está con nosotros solamente cuando las cosas marchan de forma esplendorosa sino que también ahí, en la dificultad, en los problemas, en los momentos difíciles, cuando nos llegue el rechazo o el sufrimiento, cuando los caminos se nos vuelven oscuros y hasta tenebrosos tenemos que sentir que el Reino de Dios está con nosotros, que ha llegado el Reino de Dios.

Por la forma en que el cristiano vive esas situaciones estará dando señales de que el Reino de Dios ha llegado. Nos cuesta aceptar y afrontar esas situaciones, se nos hace duro el camino en esos momentos oscuros, tendremos quizás que caminar incluso entre lágrimas, pero seguimos manteniendo una fe, seguimos manteniendo el espíritu en alto, seguimos caminando con la certeza de que Dios está ahí con nosotros en ese camino concreto que nos ha tocado vivir, seguimos con la seguridad, porque así nos lo ha dicho Jesús, que el Reino de Dios ha llegado, y en esas situaciones nosotros hemos de ser testigos y mensajeros. Pongámonos en camino.


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