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viernes, 9 de octubre de 2026

Jesús es el que tiene que llenar de verdad nuestra vida para que no andemos en el vacío, sólo en Él encontraremos el verdadero sentido y podremos alcanzar nuestra verdadera plenitud

 


Jesús es el que tiene que llenar de verdad nuestra vida para que no andemos en el vacío, sólo en Él encontraremos el verdadero sentido y podremos alcanzar nuestra verdadera plenitud

 Gálatas 3, 7-14; Salmo 110; Lucas 11, 15-26

Una casa vacía, con bonitas apariencias externas puede ser un peligro de ser asaltada y ocupada con las dificultades subsiguientes para arrojar de ella esos nuevos ocupantes. El ejemplo lo estamos escuchando continuamente en noticias que nos hablan de asaltos y de ocupaciones, pero no queremos referirnos a esas situaciones sociales del momento sino que podemos ponerlo de ejemplo de lo que nos puede suceder a nosotros mismos con nuestra vida. Queremos vivir bien y nos hemos ido rodeando en esta sociedad que ahora llamamos o con la que ahora soñamos del bienestar de multitud de cosas que pensamos que nos hacen bella la vida, nos rodeamos de comodidades, queremos hacernos la vida fácil, nos llenamos de adornos de materialismo y de sensualismo porque queremos tener de todo y queremos disfrutar de todo, pero ¿cuáles son las riendas por las que marcha nuestra vida?

Sí, tenemos que preguntarnos, ¿cuáles son los valores en lo que la hemos fundamentado para que cuando venga un temporal no sea arrasada? ¿Cuál es el sentido profundo que le hemos dado a nuestra vida? ¿Llegaremos a darnos cuenta de que a pesar de todas esas cosas de las que queremos disfrutar nuestra vida está vacía? ¿Donde encontramos de verdad apoyo y fortaleza para cuando vengan los momentos de prueba? Incluso en las vivencias religiosas o de intento de espiritualidad que podemos tener, ¿en qué o en quien las fundamentamos?

Quizás nos damos cuenta de que nos llamamos cristianos, pero Cristo no aparece por ningún lado en nuestra vida. ¿Dónde está una auténtica y verdadera fe en Jesús? ¿Nos quedamos en devociones a imágenes que pueden terminar en un fanatismo religioso pero que no dan fundamento a nuestra vida?

Muchos seguían a Jesús por los caminos de Galilea y Palestina quizás entusiasmados con sus milagros, pero pocos fueron los que llegaron con Él hasta el pie de la cruz; y a todos les costó mucho pasar por aquella prueba y luego cerciorarse de que era verdad que había resucitado como lo había anunciado. Pero ahora mismo vemos quienes hacen interpretaciones de sus milagros, porque quizás vieran en peligro aquellos posicionamientos que en nombre de la religión habían tomado, y llegan de forma que nosotros hoy consideramos blasfema a decir que Jesús realizaba aquellas expulsiones de demonios con el poder del mismo demonio. Les costaba entrar en el camino de la fe que Jesús les estaba señalando, porque quizás a ellos les agradaba más mantener sus prestigios sobre los que los rodeaban.

Entremos en ese camino de la fe para que Jesús sea el verdadero fundamento y sostén de nuestra vida. Es la fe en Jesús la que nos llevará a la salvación, como nos ha estado reflexionando el apóstol san Pablo en la carta a los Gálatas que también estamos escuchando. Es Jesús el que tiene que llenar de verdad nuestra vida para que no sea una casa vacía que sea fácil de asaltar. Son las imágenes que Jesús nos está proponiendo hoy en el evangelio.

Muchas veces también desde una forma humana queremos ordenar y organizar nuestra vida, nos hacemos buenos planteamientos de cosas que tenemos que intentar hacer mejor para nosotros también ser mejores, pero solo confiamos en nuestras planificaciones y en la fuerza que tenemos en nosotros mismos; es bueno tener una voluntad fortalecida para enfrentarnos a esos caminos de la vida pero tenemos que darle otra hondura a nuestra vida para alcanzar esas metas más altas, es la verdadera espiritualidad de la que tenemos que llenar nuestro corazón que será luego como esa lanzadera que nos hará llegar a metas más altas.

Pero no es una espiritualidad cualquiera, una espiritualidad fundamentada en nuestra fe en Jesús. Es la cepa profunda en la que hemos de enraizar todos los sarmientos de nuestra vida si queremos en verdad que dé fruto. Sin mí, nos dice Jesús, no podéis hacer nada. Por eso nos dirá en otro momento que Él es el Camino, y la Verdad, y la Vida, y nadie va al Padre sino a Él. Hoy nos está pidiendo que no andemos haciendo dobles juegos, como nos dirá en otro momento que no andemos haciendo remiendos o componendas en nuestra vida. Hoy nos dice claramente o que estamos con Él o que estamos contra El. ‘El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama’.

Jesús es el que tiene que llenar de verdad nuestra vida para que no andemos en el vacío, sólo en Él encontraremos el verdadero sentido y podremos alcanzar nuestra verdadera plenitud.


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