Seamos
capaces de ver las señales porque en Jesús tenemos todo el sentido de nuestra
vida, no pasemos de largo delante de Jesús y de su Palabra
Hechos 7, 51 — 8, 1ª; Salmo 30; Juan 6, 30-35
¿No viste la
señal?, nos dice apresurado nuestro compañero de viaje. Íbamos tan a la
carrera, con la cabeza metida en nuestras cosas que no vimos la señal de
tráfico que estaba allí al lado de la carretera bien clarita; pero metidos en
nuestras rutinas, con los agobios que siempre llevamos en la cabeza, aunque nos
hicieran miles de señales no vimos nada y con el peligro de causar un
accidente, con el peligro de perdernos en el camino, con el peligro de poner en
juego nuestra propia vida pero también de los que vayamos encontrando por el
camino. Más atención tendríamos que prestar porque se ponen en juego muchas
cosas y podemos perder el norte del camino que quisiéramos realizar.
¿Hablamos de
señales de tráfico? Nos ha servido como ejemplo para lo que ahora queremos
reflexionar en torno al Evangelio que hoy se nos ofrece. Estamos en Cafarnaún
al día siguiente de la multiplicación de los panes y los peces allá en el descampado,
la gente ha venido a buscar a Jesús y Jesús quiere hacerles reflexionar sobre
los verdaderos motivos que puedan tener en su búsqueda; el final les ha hablado
de que tienen que creer en El.
Pero como en otras
ocasiones nos encontraremos también en el evangelio la gente pide pruebas y
señales para creer en El. Como nosotros que andamos con nuestras desconfianzas
y parece que ya no creemos en nadie; cuando ha llegado alguien con razones
convincentes, como se suele decir, pero sobre todo con la rectitud de una vida
y que nos invita a algo especial también estamos siempre pidiendo pruebas de
credibilidad; no de todo el mundo nos vamos a confiar, ¿qué autoridad tiene esa
persona para que confiemos en ella y creamos lo que nos dice? Vamos pidiendo
pruebas aunque tengamos bien a las claras delante de nosotros la rectitud de
esa persona, porque siempre nosotros tenemos que poner una pega, siempre hay
cosas que nos tienen que aclarar por muy claras que estén.
‘¿Y qué signo haces tú, para que
veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en
el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. La eterna
pregunta, la eterna prueba que seguimos pidiendo una y otra vez. Nos cegamos
para ver las señales porque andamos a lo nuestro. Ya les decía Jesús que le
buscaban porque habían comido pan en abundancia en el desierto, pero no porque
vieran las señales que estaba realizando.
Le argumentan lo del maná que
recibieron sus antepasados en el desierto mientras peregrinaban hacia la tierra
prometida, y olvidaban tan pronto la señal que Jesús había realizado cuando había
multiplicado los panes y los peces para que todos comieran y comieran en
abundancia. Decían que les gustaba escuchar a Jesús y se iban de un lado para
otro siguiéndole para escuchar sus enseñanzas; pero quizás su mente andaba
obnubilada con la idea que se habían hecho de lo que había de ser el Mesías y
por eso no terminaban de comprender las enseñanzas de Jesús.
Y Jesús les habla de un pan bajado del
cielo que es verdadero alimento. Alimentando estaba Jesús a aquella gente con
el anuncio del Reino de Dios, con el anuncio de la Palabra de Dios, con lo que
Jesús les enseñaba que les estaba dando un sentido nuevo a sus vidas. No solo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, había
replicado Jesús al tentador allá en el desierto. Y es el alimento que Jesús nos
ofrece, el que tenemos que buscar y que solo lo podemos encontrar en El. Por
eso nos dice que El es el verdadero pan bajado del cielo y que quien lo come
está alimentado para siempre.
Es la Sabiduría del Espíritu de Dios
quien nos alimenta; es el hambre entonces que tendríamos que tener de ese alimento,
el hambre que tendríamos que tener de Jesús. También tenemos que decirle ‘danos
siempre de ese pan’ conscientes de cómo tenemos que alimentarnos de Jesús
que el saciará nuestra vida para siempre. Seamos capaces de ver las señales
porque en El tenemos todo el sentido de nuestra vida. No pasemos de largo
delante de Jesús y de su Palabra.
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