Nuevas han de ser nuestras actitudes en la construcción de un mundo nuevo según los valores del Reino de Dios no apagando la mecha humeante de lo bueno de cada persona
Miqueas 2, 1-5; Salmo 9; Mateo 12, 14-21
Cuando en la vida encontramos dificultades, parece que todo son problemas, quizás nos sentimos acosados por nuestro entorno o no somos considerados como nosotros desearíamos, todo son trabas a aquello que queremos realizar, variadas son las reacciones que pueden surgir en nuestro interior, o nos enfrentamos y hacemos la guerra a todos los que se ponen en contra nuestra, o tenemos la tentación de tirar la toalla y abandonar porque no merece la pena una vida así llena de luchas o de gente en contra, o aunque nos sintamos débiles y zarandeados continuar con fidelidad nuestro camino silenciosamente quizás para no hacernos notar mucho pero pensando que no nos podemos quebrar o dejar vencer porque a otros no les guste lo que hacemos. Son momentos difíciles, de mucha fortaleza interior, de un convencimiento pleno de la verdad de lo que decimos o de lo bueno que queremos realizar. No es cabezonería sino fidelidad a nosotros mismos.
Hemos venido escuchando en el evangelio cómo ciertos grupos de influencia entre los judíos, como eran los fariseos o los maestros de la ley, aunque en ocasiones veremos en este mismo actuar a los saduceos o incluso a los herodianos, rechazan la misión de Jesús. Hemos escuchado preguntas y repreguntas intentando cogerlo en sus palabras para tener de qué denunciarlo, hemos visto como tratan de desprestigiar la acción de Jesús diciendo a la gente que lo que Jesús hace es por obra de Satanás, ya están tramando incluso darle muerte o quitarlo de en medio. Y nos dice que cuando Jesús se entera de todo eso se fue a otra parte. No entró al juego de lo que ellos pretendían, ni usó de su poder para destruirlos – cuántas veces nosotros pensamos cuando alguien nos hace la guerra o nos lleva la contraria que ojalá viniera un rayo del cielo y los partiera por medio, tendríamos que compararnos con el actuar de Jesús. – sino que se fue a otra parte pero allí no dejó de seguir cumpliendo con su misión. Nos dice el evangelista que las multitudes le seguían, El curaba a muchos, pero no quería que le dieran publicidad para no soliviantar más a sus enemigos. Aun no había llegado su hora, como en otro momento diría.
El evangelista como comentario a este actuar de Jesús. recuerda lo dicho por el profeta. ‘Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones’.
No se puede quebrar la caña cascada, no se puede apagar la mecha vacilante. Puede parecer que la luz no termina de iluminar, mantengamos la encendida y ayudemos a que se reavive; esa caña que parece cascada todavía nos puede servir como soporte. Es nuestra debilidad que tenemos que fortalecer, es eso poquito que ahora se nos permite realizar. No importa porque siempre será semilla de algo bueno que puede resurgir.
No es valorado por todos de la misma manera o en todo no quiere ser asumido por los demás, eso poquito bueno que aun puede quedar ahí no lo podemos eliminar, sino que tenemos que quizás partir de eso pequeño para seguir construyendo algo más grande y mejor. Siempre podemos encontrar incluso en aquellos que pueden parecer nuestros enemigos o nuestros adversarios algo bueno y positivo que nos sirva de enlace, que sea punto de apoyo, que podemos transformar para que se convierta también en semilla y signo del Reino de Dios.
En este mundo de descartes, en que nunca parece que sabemos reconocer algo bueno en lo que hacen nuestros adversarios y cuando tenemos la oportunidad vamos destruyendo y haciendo tabla rasa de lo que anteriormente se haya hecho – muchos ejemplos tenemos en la vida social y política que nos rodea -, nosotros no podemos actuar de esa manera, porque Dios en cada corazón siempre siembra algo bueno y tenemos que saber descubrirlo como semilla del Reino de Dios.
¿Serán otras las actitudes que nosotros tengamos en la construcción de este mundo nuevo según los valores del Reino de Dios?
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