El
que quiera ser grande y primero entre vosotros, que sea vuestro servidor,
esclavo de todos, el Hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en
rescate por muchos
1Pedro 1, 18-25; Salmo 147; Marcos 10, 32-45
Yo quiero
contemplar este pasaje del evangelio desde la naturalidad con que los discípulos
mantenían sus conversaciones con Jesús, donde se iban expresando espontáneamente,
exponiendo de forma natural lo que eran sus sueños y sus aspiraciones, aquellos
sentimientos que se habían ido creado dentro ellos en esa cercanía con que se
manifestaba Jesús y con la que ellos también podían expresarse. Una conversación
de amigos, donde no aparecen reproches sino que cada uno se va expresando con
libertad y confianza.
Por eso
aquellos, como sucede siempre en todos los grupos humanos, que se sentían con
una mayor confianza y cercanía, por aquello de que eran parientes, le presentan
sus sueños. Queríamos ser de los que estemos más cerca de ti, aquellos en los
que tú pongas toda tu confianza para dirigir este grupo y todo lo que vaya
surgiendo en el futuro. En ese leguaje y deseos humanos buscaban poder, estar
por encima de los demás y ser los que cortaran el bacalao en el futuro.
Y Jesús siempre
tiene la salida para todo. ¿Queréis pareceros a mi para ser los que en mi nombre
dirijan un día esta nueva comunidad? Pareceros a mí significa estar dispuestos
a pasar por el mismo bautismo que yo voy a pasar. En momentos así de entusiasmo
y en los que queremos ganarnos las voluntades, estamos dispuestos a todo aunque
no sepamos al final sus consecuencias. Pasaréis, sí, por un bautismo como el mío,
pero los primeros puestos están reservados, algo más y más exigente pide el
Padre.
La conversación
ya no está gustando al resto de los discípulos; ellos tienen también sus sueños
y nadie se les va a adelantar. Surge ese rumrum por lo bajo. Jesús lo detecta
todo. Jesús pone los puntos sobre las íes; hay que aclarar el sentido de esta
nueva comunidad. Aquí no podemos ir buscando el poder por el poder, aquí no
valen las apariencias y vanidades; aquí no puede ser a la manera de los poderosos
de este mundo.
Creo que esto
los cristianos tenemos que escucharlo más, la Iglesia tiene que manifestarlo
mejor porque nos estamos pareciendo demasiado a los poderes de este mundo. Llega el momento en que tenemos que dar un
parón, aunque nos duela, aunque se produzcan desgarros en el corazón o entre
los miembros de la comunidad, tenemos que bajarnos de pedestales y despojarnos
de tantos ropajes que nos confunden. Es difícil, pero tenemos que dejar actuar
más al Espíritu en nuestra Iglesia.
Tenemos en
verdad que contemplar a Jesús, el que, como hoy mismo no dice, no ha venido a
ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. Había precisamente
comenzado el evangelio diciéndonos que estaban subiendo a Jesús y Jesús va
haciendo sus anuncios, anuncios que no siempre son escuchados no comprendidos. Que
no era solo lo que les estaba sucediendo a los discípulos en aquel momento,
sino que es lo que nos sucede hoy. Nos lo damos por sabido, nos lo damos por
repetido y entonces pierde para nosotros el encanto y la sorpresa del
evangelio. Es importante escucharlo y saber que es el evangelio de nuestra
vida.
¿Estaríamos dispuestos a ese camino de
despojo que contemplamos en Jesús? ‘El que quiera ser grande entre vosotros,
que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su
vida en rescate por muchos’.
No hay comentarios:
Publicar un comentario