Vistas de página en total

martes, 19 de mayo de 2026

Todo siempre para la mayor gloria de Dios, reconociendo el evangelio de Jesús, noticia de gran alegría, porque Dios es nuestro Padre

 


Todo siempre para la mayor gloria de Dios, reconociendo el evangelio de Jesús, noticia de gran alegría, porque Dios es nuestro Padre

Hechos 20, 17-27; Salmo 67; Juan 17, 1-11a

Ha llegado la hora, la hora de la glorificación, dice Jesús; y estas palabras son pronunciadas cuando están reunidos en las horas previas al comienzo de la pasión, como epílogo a la cena pascual. Habla de gloria de Dios y habla de amor y de entrega hasta dar la vida, en cierto modo habla de muerte; es lo que hace que muchos no entiendan, que a nosotros mismos nos cueste también comprender, porque hablar de gloria parece que significaría hablar de triunfos y de victorias, pero a nuestros ojos humanos muchas veces nos cuesta verlo.

Hay ocasiones en que se nos hace difícil porque la subida del calvario que vamos encontrando en la vida se nos hace dura; cuántos contratiempos y malentendidos y también interpretaciones maliciosas, cuántos obstáculos desde lo que nos cuesta superarnos a nosotros mismos pero también de la oposición que en nuestro entorno podremos encontrar, no siempre somos comprendidos, querrán echar muchas veces sobre nosotros la basura de los desprestigios porque nos ven débiles y no somos tan perfectos.

Y Jesús nos está hablando de glorificación; aunque humanamente muchas de las cosas que nos suceden nos duelen sin embargo hemos de saber darle un sentido y un valor. El camino de pasión y de pascua que emprendía Jesús no era un camino fácil; recordemos que ante el sufrimiento que se avecinaba en Getsemaní suda sangre; ‘que pase de mi este cáliz’, será su súplica, ‘pero no se haga mi voluntad sino la tuya’ concluirá diciendo Jesús en su oración.

Se ha puesto en manos del Padre, pero en manos del Padre nos deja también a nosotros. ‘He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos… porque son tuyos… y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti’.

Es la oración de Jesús por nosotros, por su iglesia que aun camina en este mundo. Una oración que nos está pidiendo a nosotros que permanezcamos en su amor, que guardemos su palabra, que crezcamos más y más en el conocimiento de Dios, que seamos capaces de poner toda nuestra fe en El, por muy difícil que sea el camino, por muchas que sean las tinieblas con que nos vayamos encontrando.

Pero es una oración de Jesús al Padre pidiendo por nosotros que quedamos en el mundo, y en el mundo tenemos una misión, y en el mundo aunque sea adverso tenemos un testimonio que dar, en el mundo tenemos que ser testigos manifestando en nuestra vida lo que es la obra de Jesús. Todo siempre para la mayor gloria de Dios, como nos dejó bien resumido en su lema san Ignacio de Loyola. Y, ¿cuál es esa gloria de Dios? Hoy nos lo está diciendo Jesús en el evangelio que ha de convertirse en vida para nosotros. ‘Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo’.

Es lo que tenemos que ir haciendo con nuestro testimonio, porque no vamos a predicarnos a nosotros mismos, no vamos a decir lo buenos que somos, vamos a hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo. ¿Y qué necesitamos para eso? Que se conozca a Dios, la revelación de Dios. Es la Buena Nueva que vino a anunciarnos Jesús. Reconocerlo verdaderamente como el Señor de nuestra vida, que conozcamos y reconozcamos a Jesús.

No hay comentarios:

Publicar un comentario