Vistas de página en total

miércoles, 1 de abril de 2026

Una pregunta que no es una formalidad es cómo y dónde hemos de preparar la cena pascual en el hoy de nuestra vida

 


Una pregunta que no es una formalidad es cómo y dónde hemos de preparar la cena pascual en el hoy de nuestra vida

 Isaías 50, 4-9ª; Salmo 68; Mateo 26, 14-25

Cuando tenemos la sensación de que se acerca algo importante o cuando se nos anuncia un acontecimiento que de alguna manera puede marcar un antes y un después en nuestra vida, como cuando nos acercarnos a fechas que para nosotros son importantes porque han hecho historia en nuestra vida o en la vida de nuestro pueblo, lo normal es que nos preparemos bien sea para dejarnos sorprender eso que nos llega y no esperábamos, o hagamos las previsiones necesarios para esos acontecimientos que hemos de celebrar. Cuantos momentos de la vida nos pasamos preparando y en cierto modo pregustando ya hechos o fechas que consideramos importantes. Porque de la preparación y predisposición por nuestra parte va a depender lo que luego habremos de vivir.

Estos días que vivimos son días de mucho ajetreo en la preparación de todo lo que consideramos necesario para la Semana Santa en la que ya estamos, pero en donde siempre nos quedan cosas que preparar a última hora. Tremenda movida vemos estos días en nuestros templos y en torno a las imágenes sagradas. Estamos preparando la semana santa, nos decimos, y hay muchas cosas que hacer.

Pero aun así quizás tendríamos que hacernos con sinceridad la pregunta que le hacían a Jesus aquel día, vísperas ya casi de la Pascua, ‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de la Pascua?’, aunque no sé si quizás tendríamos que darle una vuelta a esa pregunta en un ¿qué tenemos que preparar para la Pascua o cómo tenemos nosotros que prepararnos para la celebración de la Pascua? Quizás no sean cosas, ni sea un lugar, sino algo más profundo.

También tendríamos que decir que si nos hemos tomado en serio y con toda sinceridad este camino cuaresmal que llevamos haciendo ya cuarenta días ahí hemos tenido que ir encontrando la respuesta a esa pregunta que nos estamos haciendo. Ese es realmente el sentido de la Cuaresma y esa mesa de la Palabra que se ha abierto día a día ante nosotros  habrá tenido que servirnos en esa preparación. Esperemos que el camino no haya sido en vano, aunque muchos cantos de sirena nos ha ofrecido la sociedad en este tiempo que nos habrán podido servir de distracción. Pero el cristiano que quiere vivir su fe con intensidad sabe que siempre se va a encontrar vientos en contra, vientos racheados que nos pueden hacer perder la estabilidad de nuestro camino y nuestro destino.

En el texto del evangelio es cierto que los discípulos andaban preocupados, al estar en Jerusalén y allí no tener hogar propio, por esa preparación de los detalles de la cena. Vemos cómo Jesús les señala dónde y ellos hacen los preparativos. Y el evangelista nos ofrece ya los primeros momentos de esa cena pascual, desde aquello que ellos estaban viviendo y desde lo que podían intuir por las palabras de Jesus. Estos preparativos y este principio de la cena que vienen enmarcados en momentos de sombras, teniendo en cierto modo como casi protagonista a Judas Iscariote. Por una parte se ha puesto en contacto con los sumos sacerdotes para la entrega, y por otra parte Jesús señalará ya desde el comienzo de la cena la traición que se está gestando.

Es el marco que nos ofrece la liturgia de este día en los diferentes textos de la Palabra de Dios y es el marco también que nosotros estamos poniendo con nuestra vida. El profeta nos presenta el tercer cántico del siervo de Yahvé, donde nos hablará de ultrajes y sufrimientos; ‘ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos’, nos dirá el profeta, pero al mismo tiempo por una parte la sensación de no sentirse abandonado ‘el Señor Dios me ayuda… mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mi?’, mientras nos enseña a decir una palabra de aliento y abre mis oídos para escuchar los lamentos.

¿Nos tendrá que hacer pensar todo esto en nuestros propios sufrimientos o en el sufrimiento que envuelve nuestro mundo? Creo que tenemos que tener conciencia de esto  y no lo podemos olvidar. Porque esto formará parte de la Pascua, nuestra pascua que hemos de vivir pero también de lo que ha de ser el anuncio de Pascua que nosotros hagamos a nuestro mundo. El Señor nos ofrece la mesa de la Pascua para que todos podamos sentarnos en su rededor; todos estamos llamados a esta mesa pascual, porque todos tenemos que sentir ese paso salvador de Dios por nuestras vidas como quiere hacerse presente en nuestro mundo, incluso en ese mundo que le da la espalda, porque la salvación es para todos, porque todos hemos de contemplar la gloria de Dios.

¿Cómo nos vamos entonces a preparar? ¿Qué disposiciones tiene que haber en nuestra vida? ¿A qué lugares concretos tendremos que ir para hacer más presente al Señor?

No hay comentarios:

Publicar un comentario