Orar
es contemplar y disfrutar, contemplar y dejarnos empapar por el amor,
contemplar y sentirnos ya responsables de algo nuevo, sentirnos inundados de
amor
Isaías 55, 10-11; Salmo 33; Mateo 6, 7-15
¿Te has parado alguna vez a contemplar
la caída de la lluvia desde detrás de una ventana? Aunque nos parezca una cosa
como tan sin importancia y elemental creo que todos hemos de reconocer que lo
hemos hecho más de una vez. ¿Y qué es lo que hacemos, pensamos o decimos en
situaciones así? Seguramente nos hemos quedado en silencio contemplando, sin
palabras, con la mirada que se traspone más allá de la lluvia, con nuestros
pensamientos puestos, ¿dónde?, donde más allá de donde estamos, más allá de esa
lluvia que cae, nos sentimos transpuestos, no damos respuestas, no intentamos
hacer nada, simplemente contemplamos, pero en el fondo parece que nos sentimos
con nueva vida, nos sentimos renovados y revitalizados. ¿Es simplemente el
contacto y la contemplación de la naturaleza o es algo más? No tenemos
palabras.
¿Os habéis fijado en lo que hoy nos
dice el profeta Isaías? Nos habla de la lluvia y de la nieve que caen
mansamente y que empapan la tierra, y que hacen germinar las semillas y vuelven
fecunda a esa tierra así empapada por la lluvia. Pero ya vemos la intención que
tiene el profeta, quiere hablarnos de algo más, es una imagen que nos está
poniendo para ese venir de Dios a nuestro encuentro, cuando El quiere y como El
quiere, nos está dando una imagen de lo que es la oración. ¿Y qué es la oración
sino una contemplación de la presencia de Dios que nos inunda y todo lo llena
con su gracia haciendo fecunda nuestra vida?
Cuando pensamos en la oración decimos
habitualmente que no sabemos orar; un poco nos escudamos en eso para no llegar
a lo que tiene que ser una auténtica oración. Y pensamos en palabras que
tenemos que decir – nos las hemos aprendido de memoria para tener la comodidad
de repetirlas pero sin implicarnos mucho en lo que decimos – pensamos en las
cosas que tenemos que pedir o pensamos en aquellos de los que queremos
acordarnos para pedirle a Dios algo para ellos. Pero ¿es esa la imagen que nos
da el profeta Isaías de lo que tiene que ser nuestra oración o de lo que luego
nos enseñará Jesús en el Evangelio?
Ya de entrada nos está diciendo Jesús
que no preparemos las palabras que tenemos que decir, porque realmente nosotros
en nuestra oración andamos muy preocupados por la lista de la compra. Sí,
pareciera que llevamos un montón de expedientes debajo del brazo como cuando
vamos a rendir cuentas ante el jefe de nuestra oficina o para no olvidamos de
todas aquellas cosas que necesitamos y tenemos que pedirle.
¿En eso tiene que convertirse nuestra
oración? Quedémonos contemplando la lluvia, quedémonos saboreando esa presencia
de Dios, quedémonos sintiendo el placer del amor que El nos tiene. Y es que el
amor no es para decir cosas bonitas sino para disfrutarlo, disfrutar de estar
con quien sabemos que nos ama. Y El que nos ama sabe muy bien las cosas que
necesitamos y porque nos ama nos regalará mucho más de lo que nosotros
apetecemos o creamos merecer.
Es eso también lo que nos está
enseñando Jesús cuando nos enseña a orar. Los discípulos le habían pedido que
les enseñara a orar porque lo contemplaban a El orando y para Jesús no era una
cosa cansada y aburrida sino que era disfrutar de la presencia y del amor del
Padre. Es lo que nos enseña a nosotros, es la primera palabra que va a surgir
cuando nos disponemos a orar, es lo que nos enseñó Jesús, comenzar diciendo
simplemente ¡Padre!
Y desde ahí surgirá todo, el sentir la
gloria de Dios y entonces sentirnos transformados, el darnos cuenta que no
tenemos otra cosa que hacer sino amar y porque amamos queremos en todo buscar
lo que es su voluntad, vivir sintiendo el Reino de Dios en nuestras vidas
porque sentimos ya que Dios lo es todo para nosotros. Así se irían desgranando
todas esas pautas que Jesús nos ha dejado para hacer más auténtica nuestra
oración, así nos sentiremos amados y confiados porque igual que no abandona a
los pajarillos a los que proporciona alimento así la providencia de Dios vela
por nosotros; nos sentiremos envueltos por su amor gozándonos en la
misericordia que nos perdona, pero que nos impulsa a actuar con el mismo corazón
y que si Dios está con nosotros no cabe en nuestra vida el mal porque todo se
convierte en un torrente tumultuoso de amor.
¿Qué es orar? Contemplar y disfrutar,
contemplar y dejarnos empapar por el amor, contemplar y sentirnos ya
responsables de algo nuevo para nosotros y para nuestro mundo, sentirnos
inundados de amor.
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