Congruencia
y autenticidad, humildad y apertura del corazón, madurez y profundidad que son
las posturas que nos hacen grandes de la forma más sencilla
1Reyes 10, 1-10; Salmo 36; Marcos 7, 14-23
En cuántas
incongruencias nos vemos metidos tantas veces cuando nos falta autenticidad en
nuestras vidas; la superficialidad y la vanidad nos llevan por esos derroteros,
porque muchas veces nos quedamos en apariencias; tras la pantalla de unos
cumplimientos ocultamos la falta de sinceridad en nuestras vidas; ponemos buena
fachada dando la apariencia de la fidelidad pero por detrás seguimos con el corazón
lleno de maldades muchas veces, y aunque no sean grandes cosas sin embargo hay
una frialdad interior en lo que hacemos que se queda en la máscara de la
apariencia con nuestras caras bonitas.
Habían venido
a Jesús planteándole el cumplimiento o seguimiento de unas tradiciones que se habían
llenado de normas y preceptos que algunas veces envolvían hasta en cierto modo
hacerlos desaparecer lo que realmente eran los mandamientos de la ley del
Señor; por la observancia de esas costumbres y tradiciones se pensaba que
estaba todo hecho. Jesús en cierto modo rompe moldes, porque lo que Jesús
quiere es que vayamos a una autenticidad de vida con una pureza interior que
fuera en verdad agradable a Dios.
Les costaba
entender lo que Jesús quería decirles, las autoridades judías porque querían
mantener su prestigio y se apariencia de superioridad sobre todos presentándose
como los grandes cumplidores de esas tradiciones, los discípulos cercanos a
Jesús porque sentían que algo nuevo les estaba presentando Jesús con lo que
tenían que desmontar muchas cosas que llevaban muy metidas en la cabeza y eso
no siempre era fácil dada la presión exterior de un ambiente muy ritualista y
de las exigencias de los dirigí gentes del pueblo que de alguna manera querían
mantener sus posiciones que les llevaban a sentirse como un estadio superior.
Cuánto nos
cuesta entrar por el camino de la humildad, para dejarnos enseñar, para
abrirnos a una novedad que le va a dar un sentido nuevo a la vida; el
conservadurismo algunas veces nos hace duros y en cierto modo prepotentes
porque no queremos perder nuestras posturas y posiciones que hemos mantenido de
siempre. Un cambio en la vida significa un reconocimiento de una realidad que
hay en nosotros y que no es tan buena y que nos exige un darle una vuelta a la
vida. Nos puede parecer que con ese cambio lo vamos a perder todo y ya no
tenemos donde apoyarnos en lo que había sido lo de siempre. Es necesario
dejarse iluminar para ver la cruda realidad por donde andamos pero también para
descubrir el camino nuevo que se abre ante nosotros.
Y esa
transformación no son solo unos adornos externos si el interior permanece de la
misma manera. Es lo que nos está pidiendo Jesús, por eso nos habla
continuamente de conversión, que es dar la vuelta del todo, no por partes o en
algunas cosas, sino desde lo más hondo que es lo que tenemos que purificar.
Es lo que les
está haciendo entender Jesús con no darle tanta importancia a si nos lavamos o
no las manos. Es cuestión de algo más que de higiene. Porque la maldad no nos
entra por la boca sino que claramente nos dice Jesús que la maldad la llevamos
tantas veces en el corazón, con nuestras actitudes torcidas, con la malicia que
ponemos en aquello que hacemos o en nuestro acercamiento a los demás, con esos
recelos y desconfianzas que discriminan, que crean divisiones, que abren
abismos entre unos y otros, en ese orgullo que nos envenena o en esa frivolidad
que nos llena de superficialidad.
Es claro lo
que nos dice Jesús, purifiquémonos para que lleguemos a una autenticidad en
nuestras vidas, llenémonos de humildad para reconocer las negruras que tantas
veces nos aparecen en nuestras relaciones con los demás, pero que son negruras
que llevamos en el corazón cuando no hemos sabido sanar las heridas que
llevamos en el alma que no es tanto lo que otros nos hayan podido hacer, sino
las actitudes negativas nuestras que nos han llevado a esos recelos y
desconfianzas.
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